Nota: ¿A que estuvo sexy el capi anterior? Jijijij. Queremos lemon, queremos lemon! No desesperen que por ahí viene…pero no aquí XD jajajajaja.
Capítulo 21-Discusion, roce y declaración.
"(…) ¡Protege, fuente, a tu preciado tesoro! (…)"
Cántico al velo de la oscuridad 5.10
Sus labios seguían encontrándose, suave y pausadamente, separándose para volver a tocarse, como si no pudiesen despegarse por mucho tiempo. Shun recorría el pecho de Hyoga con las manos, cómodo con la calidez que emanaba de la piel del rubio y sintiendo cada beso que depositaba sobre sus labios y sus mejillas, mientras él enterraba los dedos en su cabello esmeralda, dominando el ritmo.
Se obligaron a bajar el ritmo de sus acciones cuando Hyoga recordó que no pasarían solos demasiado tiempo, al menos no el suficiente para saciar el hambre que los quemaba.
Luego, las piernas de Shun flaquearon cuando volvió a marearse, cortando bruscamente el beso. Hyoga lo sujetó y ambos se sentaron en el mueble. Shun cerró los ojos y apoyó la cabeza en el espaldar, esperando que el mundo a su alrededor se detuviera.
-¡Pero qué delicado eres! No me digas que te vas a desmayar con cada beso te dé-dijo Hyoga, sonriendo con picardía.
-No te emociones, que no es por ti-dijo Shun, enarcando una ceja.
-Tsk…vamos, tienes que admitir que soy bueno-dijo Hyoga, cruzándose de brazos.
Shun lo miró con tanta intensidad que hizo tragar saliva al rubio. Nadie, nunca lo hacía sentir de esa manera y eso le encantaba. El peliverde se acercó hasta que sus labios estuvieron a escasos centímetros de distancia.
-No eres bueno hasta que yo diga lo eres-susurró.
-¿Eso es un reto?-preguntó Hyoga, con franca curiosidad.
Shun sólo sonrió y pasó la lengua por el labio inferior del rubio, haciéndolo gemir levemente, antes de separarse. Hyoga lo miró con la misma intensidad, mientras se pasaba el dedo por el labio y sonreía con la misma arrogancia que Shun había visto desde un principio y que le parecía asquerosamente erótico.
Luego, aún en contra de su voluntad, la mirada de Shun cambió de una tremenda excitación a seriedad, haciendo que Hyoga adoptara la misma expresión.
-Has estado ocupado estos días ¿Verdad?-dijo Shun.
Ambos sonrieron levemente y el rubio bajó la vista, casi apenado por aquello.
-Hablaste con Hakuren-dijo Hyoga.
-Algo así, a grandes rasgos me contó lo que pasó-respondió Shun.
Por primera vez, Shun vio a Hyoga sonrojarse ligeramente de vergüenza y sonrió cuando el gesto le pareció tierno.
-Así que…me sacaste de aquel sitio-dijo Shun.
-…Estas vivo-respondió Hyoga, sonriendo.
Shun asintió, sonriendo de la misma manera. El silencio y la aparente tranquilidad de la casa le dieron el tiempo necesario para caer en cuenta de que estaba fuera de la clínica, lejos de Noctis y con Hyoga. Sin embargo, eso no significaba paz. El rubio no tenía ni la menor idea de todo lo que Shun había sufrido temiendo haberlo puesto en peligro.
-¿Te importaría contarme todo lo que pasó?
En ese momento, escucharon los autos estacionarse fuera. Hyoga se puso la camisa de nuevo, el baño podía esperar y Shun se incorporó. Ambos fruncieron el ceño cuando Haru tocó la puerta antes de entrar.
-¡Así que de verdad has despertado, yo pensé que había sido un sueño!-dijo Haru
-No te perdonaré si alguna vez creíste que no despertaría, Haru-dijo Shun, enarcando una ceja.
-Jamás lo pensé-dijo Haru, sonriendo de orgullo y alivio.
Luego, Ikki apareció detrás del pelinegro y Shun sintió el brinco de su corazón cuando éste le sonrió con ternura. Él y Hakuren se sentaron en los muebles individuales, mientras Haru se sentó en suelo de madera.
-¿Y bien? ¿Nos vas a contar sobre tus vacaciones auspiciadas por Noctis?-preguntó el menor, con evidente sarcasmo.
-¡Oh, sí supieras lo bien que la pasé! Creo que hasta adquirí un bonito bronceado-respondió Shun, con el mismo tono.
Las bromas del peliverde relajaron el ambiente, al menos por unos instantes, hasta que su semblante volvió a endurecerse.
-Verona reabrió las heridas con un bisturí. Luego, las vendaron así, sólo para que no me desangrara.
-Nos dimos cuenta. No sé si lo recuerdas, pero entre Hyoga y yo quitamos las vendas, fue realmente doloroso para ti. Haru e Ikki te sostuvieron, aun en el estado en el que estabas nos la pusiste muy difícil, tienes mucha fuerza-dijo Hakuren.
-Lo recuerdo vagamente, lo siento-dijo Shun, encogiéndose de hombros.
-Asumo que no comiste ni bebiste nada-continuó el médico.
-Asumes bien-respondió el peliverde, asintiendo.
-Eso confirma mi teoría de que tu fuerza es anormal, no deberías poder levantarte ni mucho menos caminar. Iré a prepararte algo de comer-dijo el pelinegro, levantándose.
-No es necesario…
-¡Ni lo digas!-grito Hakuren desde la cocina.
-Continua-dijo Haru.
-Me inyectaron anfetaminas. La genial idea de Verona era ponerme en una situación en la que tuviera que usar la sangre demoniaca. Me sobornó con cualquier cosa que se le ocurrió, hasta tenían un archivo con todo mi pasado, creo que sé qué edad tengo-dijo Shun.
Hyoga e Ikki se miraron instintivamente al notar como la mirada del cazador se hacía opaca y triste.
-Parece que realmente querían matarte, contaminaron tu sangre con lo primero que tuvo a la mano, desgraciada-gruñó Haru, cruzándose de brazos.
Shun sonrió por un instante, pero el cansancio lo estaba venciéndolo de nuevo. Se llevó los dedos a la frente, en un intento por organizar todos sus pensamientos y todo lo que sabía que tenía que averiguar y poner en orden.
-¿Si te inyectaron las anfetaminas para qué usaron el veneno después?-preguntó Hyoga.
-Por ti-soltó Shun, sin pensarlo.
Ikki y Haru se incorporaron, prestando especial atención, mientras Hyoga lo miraba con confusión y Shun dejaba sus pensamientos de lado para enfocar al rubio.
-Las anfetaminas y la carpeta frente a mi no funcionaron para que la obedeciera. Su deseo era verme dominado, que lo hiciera a mi voluntad, que fuera mi decisión, aceptar la sangre y controlarla. Usó la última carta que tenía bajo la manga: Tú. Así lo logró-dijo Shun.
Los tres hombres e incluso Hakuren desde la cocina, detectaron el tono casi avergonzado del cazador.
-No entiendo-dijo Hyoga, tratando de llamar su atención.
-Ella sabía de ti, Kara le dijo, pero…
En ese momento, Shun, quien estaba manipulándose las heridas en las muñecas mientras hablaba, detectó olores particulares en la habitación. Ignoró al resto y presionó sobre el corte para hacer que sangrara de nuevo.
-¿Qué demonios estás haciendo?-preguntó Hyoga.
-Mi sangre.
Ikki frunció el ceño, mirando fijamente a Shun, quien percibía el olor de su propia sangre, en sus dedos.
-Aun posees sangre demoniaca dentro de tu cuerpo, tú sabes a qué huele eso, los poderes te lo permiten-dijo Haru, encogiéndose de hombros.
-Exacto, ese es el problema, no es el mismo olor.
Haru miró extrañado a Shun, igual que Hyoga e Ikki, pero el peliverde estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para notarlo. Él conocía el olor de la sangre humana común y corriente, gracias a los poderes demoniacos. Sin embargo, ciertas personas como Hyoga y ahora Ikki, según podía notar, olían diferente. Era el tipo de aroma que atraía poderosamente a los demonios y él lo sabía porque sentía lo mismo aunque en una escala mínima y nada preocupante, todo debido a la sustancia negra dentro de su cuerpo. Jamás le prestó atención a esos olores especiales, pero esta vez era distinto porque ahora él, aunque la sangre demoniaca aún predominara, tenía ese mismo aroma.
Tensó la mandíbula y enfocó a Ikki unos instantes, antes de recobrar la compostura.
-Disculpen, no es nada.
-¿Estás seguro?-preguntó Ikki
-Sí. ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, al parecer Kara te mencionó. Verona me dijo que tenían a alguien cerca de ti, me sorprende que no te hayan matado en cuanto me sacaste de aquel lugar.
-He estado aquí desde entonces, pero ya me encontré con Andrei así que…
-¿Quién es Andrei?
-El sujeto que enviaron para matarme.
-Pues serán dos entonces porque Verona me dijo que se llamaba Yuma.
El silencio reinó en la habitación e incluso el ambiente se hizo más frio cuando Hyoga se apretó la mandíbula, furioso.
-¿Serán la misma persona?-dijo Shun, tratando de llamar su atención.
-No lo son, pero eso no es lo importante. Yuma no trabajaba para Noctis, sino para los S.T.A.R.S. Él ha estado conmigo desde que llegué aquí.
Ikki se cruzó de brazos, sintiendo en ese momento cómo se le erizaba la piel al hacer contacto con el ligero aire frio que recorría la habitación.
Shun tampoco dijo nada. Si lo que Hyoga decía era cierto, entonces Noctis ya lo tenía en la mira desde antes. Sus pensamientos volvieron a enfocarse en el olor de la sangre, lo dicho por aquel espectro y ahora esta nueva información.
-Dijiste que Noctis tenía agencias de mercenarios-dijo Hyoga.
El tono del rubio era muy bajo, pero Ikki lo escuchó perfectamente. Ambas miradas se encontraron, llenas de incertidumbre y seriedad.
-La información que necesito vienen en camino. Te la daré si la quieres ver, pero puede que no te guste lo que consigas-dijo Ikki, en tono sombrío.
-A ellos tampoco les gustará lo que consigan aquí si resulta que esa información es verídica-dijo el rubio.
No se percataba de que Shun lo miraba. Él sintió una ola de excitación embargarlo cuando vio la actitud y mirada amenazantes de Hyoga.
-Pues será la única manera de corroborar algo, dudo que pueda entrar de nuevo a Kaina sin que me caigan encima los guardaespaldas de Verona-dijo Shun.
-Me temo que yo tampoco podré hacerlo-dijo Haru, sonrojándose levemente.
-Tampoco tenía pensado que entraras, pero ¿Por qué lo dices?
-Verás, es que…
-Haru perdió su trabajo como bartender-intervino Hyoga-fue mi decisión.
-Tomaste muchas decisiones por lo que veo-dijo Shun, mirándolo y enarcando una ceja.
Hyoga no respondió, sólo tensó la mandíbula y frunció el ceño. No estaba seguro de que el tono del peliverde fuese amigable.
-Como realizar una misión suicida en un país donde no tienes autoridad de ningún tipo, involucrar civiles, poniendo sus vidas en peligro, confiar en extraños, irrumpir ilegalmente en propiedad privada…
En ese momento, el rubio, estando más que molesto por el evidente reclamo de Shun, se levantó bruscamente del asiento y le dio la espalda. El cazador sabía que podría enfurecerlo; aun así, continuó.
-…y la mejor de todas: agredir a dos agentes de Noctis, siendo uno de ellos una mujer. Te luciste, gaijin-dijo Shun.
Hyoga se debatió durante dos segundos entre la rabia y la vergüenza, optando finalmente por la primera. Cuando se giró, su mirada brillaba de furia y chocó con la de Shun, quien sonrió casi con placer al verla
-Sí, hice todo eso –siseó Hyoga-y sabía exactamente todo lo que estaba haciendo.
-¿En serio? Pudiste haberla matado-dijo Shun, endureciendo tanto la mirada como el tono de voz.
-¡Y era exactamente lo que quería hacer!-estalló Hyoga-¡Tú pudiste haber muerto por su culpa, Shun, terminé metido en la ducha contigo. Ahora Noctis está detrás de mí por sacarte de ahí, te estabas muriendo! ¡Sí, hice todo eso ¿Y qué?!
Por alguna razón, la rabia y actitud de Hyoga sólo excitaban a Shun. Éste trataba de comportarse lo mejor posible, pero lo único que quería era saltarle encima; sólo se contenía porque no estaban solos y por lo que necesitaba saber realmente de Hyoga. Sin embargo, aquello no era impedimento para seguir molestando al rubio.
-¿E hiciste todo eso por mi?-preguntó Shun, levantándose.
-No, sólo es un pasatiempo salvarle el culo a ingratos arrogantes como tú-respondió Hyoga, en el tono más afilado posible.
Shun contuvo la risa lo mejor que pudo, la escondió detrás de un falso gesto de dolor.
-¿Y lo harías otra vez?
-¡Por supuesto que lo haría otra vez, pero si quieres ir a buscar tu amiga en aquel nido de ratas pues haz lo que te dé la gana, no me interesa!
-Gracias-dijo de pronto.
-¿Disculpa?-dijo Hyoga, enarcando una ceja.
-Sólo estaba probándote-dijo Shun, cruzándose de brazos.
Haru miró a Ikki, preguntándole con la mirada si entendía algo, pero éste se encogió de hombros y negó con la cabeza.
Hyoga, por su parte, entrecerró los ojos, mirando a Shun con más furia que nunca. Llegó incluso a intimidarlo, y por ende, a atraerlo mucho mas.
-¿Qué coño fue lo que dijiste? –siseó.
Ikki fijó la vista en el rubio. Poco le importaba la conversación, siempre y cuando Hyoga no fuera una amenaza real para Shun, él no intervendría.
-Sólo estaba probándote. Gracias por salvar mi vida-dijo Shun, guiñándole un ojo y regalándole su característica sonrisa entre tierna y picara.
Lejos de calmarlo, como él suponía, Hyoga no hizo otra cosa que molestarse más.
-¡Pues ve a probar a otro imbécil!
El rubio se dispuso a salir rápidamente de la casa. Haru quiso alertarlo de que aquello era una muy mala idea, pero la mirada de Shun lo convenció de mantener la boca cerrada.
-No se te ocurra dejarme hablando solo-siseó Shun.
-Mírame hacerlo y vete a la mierda-exclamó Hyoga.
El portazo retumbó detrás de Hyoga. Shun bajó la mirada de nuevo hacia Haru, quien acababa de levantarse, junto con Ikki.
-¿Acaba de enviarme a la mierda?-preguntó Shun, con franco asombro.
-Literalmente. Creo que es la primera vez que te pasa ¿No es así? Y un hombre además-dijo Haru.
Shun volvió a mirar hacia la puerta y sonrió con picardía.
-Lo que no entiendo es por qué me da la impresión de que no estás molesto-dijo Haru.
-Chico difícil-dijo Shun, pensando en voz alta.
-Eso te pasa por no buscarte una chica-dijo Haru, palmeándole la espalda.
El peliverde sonrió y miró a Ikki, quien se mantenía callado. El moreno le respondió con una sonrisa dulce que Shun imitó automáticamente.
-No te preocupes, no podrá ir muy lejos-dijo Ikki, guiñándole un ojo.
-¿Te quedarás?
-Si quieres-respondió Ikki.
Shun asintió y fue directo hacia la puerta, cojeando levemente.
-¡Me guardan sushi!-dijo, antes de perderse de vista.
Hyoga ya estaba al lado de su auto, pero éste estaba desafortunadamente apresado por el de Ikki. No tenía manera alguna de sacarlo sin llevarse el auto azul por delante. Aun así, estaba tan molesto que poco le importaba aquello, ya pagaría por los daños. Tomó las llaves y justo cuando la metió en la rendija una mano blanca se posó sobre el techo negro. Decidió no prestarle atención y abrió la puerta, obligando a Shun a apartar la mano, pero éste se atravesó entre Hyoga y el asiento, quedando a escasos centímetros de su rostro cuando se disponía a entrar en el auto.
Por un momento, Hyoga se vio invadido por el calor y el nerviosismo que le causaba la cercanía de Shun. Se moría de rabia, no entendía por qué demonios aquel sujeto tan seguro de sí mismo y pícaro podía parecerle tan jodidamente atractivo.
Las mejillas de Shun se tornaron de un leve color rosado y sonrió casi con el mismo nerviosismo. Hyoga tragó saliva al necesitar de toda su fuerza para no dejarse llevar por la punzada en su corazón al verlo tan preciosamente sonrojado. Apretó la mano que sostenía el borde superior de la puerta, gesto que le bastó al peliverde para confirmar que temblaba ligeramente.
-¿Nervioso?-susurró, Shun, enarcando una ceja.
-Frío-dijo Hyoga, seco con sarcasmo.
Shun sonrío al recordar que fue la misma respuesta que le dio al rubio cuando éste lo hizo estremecerse con su tacto. Así, le indicaba tres cosas: no tenía frío, sabía que él tampoco lo tuvo en aquel momento y seguía muy, muy molesto.
-Muévete, ahora-ordenó Hyoga.
Shun se mordió el labio, conteniéndose al sentirse tan excitado por la actitud dominante del rubio, cuya respiración comenzaba a atorarse por la visión que le regalaba el peliverde. Tenía que salir de ahí lo más dignamente que podía antes de perder todo su autocontrol y devorarse a Shun ahí mismo, como su cuerpo le pedía a gritos.
Quería apartarlo él mismo, pero si lo tocaba terminaría por perder los estribos y Shun no parecía tener la más mínima intención de apartarse, por lo que Hyoga optó por abandonar el auto y darse la vuelta.
Si tenía que caminar lo haría.
Todo fuera por salir de ahí y no cometer una locura. Además, se suponía que debía estar furioso con el cazador, no derritiéndose por él como la mantequilla al sol.
Shun, por su parte, volvió a echar todos sus planes de largarse y conservar su dignidad por la borda, cuando puso un par de llaves frente a su rostro, obligándolo a detenerse.
-Taki vino cuando no estabas-dijo Shun.
Hyoga volvió a mirarlo y se encogió de hombros.
-Trajo las motos. Están del otro lado de la casa-dijo Shun, haciendo un ademán con la cabeza- Creo que tú y yo tenemos una cita pendiente ¿O no?
-Como si pudieras manejar herido-dijo Hyoga, poniendo los ojos en blanco.
-Te asombraría la cantidad de cosas que puedo hacer estando herido-dijo Shun, sonriendo con malicia.
-¿Me estas jodiendo?
-No, si así fuera te darías cuenta-dijo Shun, cruzándose de brazos.
La mirada lasciva y hambrienta de Shun hizo que la piel del rubio se erizara y una corriente eléctrica subiera por su espina dorsal. Se sintió en peligro, extrañamente, como acechado por algún animal. Puso los ojos en blanco y desvió la mirada de la del peliverde, más por sus propios pensamientos que por otra cosa. Debía haber perdido la cabeza en algún momento, no era posible que le gustara sentirse amenazado por él ¡¿Acaso era masoquista?!
-¿Y bien? ¿Damos un paseo o no te atreves?-preguntó Shun, enarcando una ceja.
-De ninguna manera. No voy a ser el culpable de que se te abra la pierna otra vez-dijo Hyoga.
El rubio continúo su camino, pero por alguna razón se sentía como una basura al dejar atrás al menor. Afortunadamente, Shun le dio la excusa perfecta para retractarse.
-Por favor-dijo él, suavemente.
No necesitaba decir más.
Una sola oración, dicha con aquel tono suave, casi avergonzado y dulce y toda su voluntad cayó estrepitosa y vergonzosamente al piso.
Se giró casi inmediatamente y se detuvo de nuevo frente a él, dispuesto a obedecerlo en lo que fuera. Luego, sin poderlo evitar puso una mano sobre la puerta y la otra sobre el techo del auto, arrinconando a Shun. Bajó la cabeza, apoyó la frente en el hombro del peliverde y cerró los ojos, dejándose llevar por la pasión que crecía dentro de él, sintiéndola con cada centímetro de su cuerpo, como se le erizaba toda la piel al estar tan cerca del cazador.
Shun ladeó un poco el rostro y su mejilla rozó intencionalmente la oreja del rubio. Tensó la mandíbula al tener que contenerse para abrazarlo y demostrarle cómo lo hacía temblar con su sola presencia. Aún así, no podía acercarse más a Hyoga, no hasta que estuviese seguro de los sentimientos del rubio hacia él. Shun ya conocía los suyos, al menos en parte, pero tenía que estar seguro de Hyoga.
-Vamos-dijo Shun- Apártate.
-No quiero-respondió Hyoga.
El peliverde cerró los ojos, excitado. Esa voz ronca y oscura tan cerca de él, lo enloquecía. Le costaba la vida romper el momento, pero si seguía percibiendo el aroma del rubio terminaría por meterse en el asiento trasero del auto con él y enviar todo al demonio y no podía hacer eso, no ahora, ni ahí.
-Por favor…
-Oblígame.
Hyoga poco escuchaba ya. Quería y necesitaba besarlo ahora, no después, ni dentro de algunos minutos o días. Ahora. Y así lo hizo.
Mientras pasaba los labios por su cuello, con la mano contraria tomaba su rostro y lo obligaba a mirarlo para ir directo a su boca que invadió con la lengua sin permiso ni objeción, provocando estremecimientos y gemidos roncos en el peliverde, dejándose llevar por esa sangre caliente que Shun despertó en él, el asesino más frio y despiadado de los S.T.A.R.S. Éste lo tomó por la camisa, acercándolo más y en un momento de absoluta locura quiso meter la mano en su pantalón, sentir la excitación del rubio, pero se detuvo cuando llegó a su cintura. Sin saber de dónde sacó la voluntad para apartar suavemente el rostro y obligar a Hyoga a retroceder. Sin embargo, éste sabía que lo hacía a regañadientes puesto que podía notarlo sus ojos verdes vidriosos y sus mejillas teñidas al rojo vivo: Shun estaba tan excitado como él. Ambos corazones palpitaban igual de rápido y ambos cuerpos pedían mucho más contacto, mas roces, menos ropa.
Shun dejó le mano en el estómago duro del rubio, mientras jadeaba y se echaba a reír.
-Esto es ridículo. Cada minuto que paso con él…es más fuerte lo que siento-pensó.
-¿Ahora qué es tan gracioso?-preguntó Hyoga, ya pudiendo hablar de nuevo.
-Nada. Sígueme, quiero que veas un sitio-respondió Shun.
-Eso implicaría dejarte ganar-dijo Hyoga, enarcando una ceja.
-Tienes buena memoria ¿Cierto?-preguntó Shun, sonriendo.
-Fotográfica, prácticamente.
-Entonces memoriza el camino-dijo Shun.
Hyoga puso los ojos en blancos y lo siguió al otro lado de la casa.
-Qué mal hábito el tuyo de andar lanzando ordenes. No te acostumbres.-gruñó
Shun sólo ladeo el rostro, sonrió y guiñó un ojo. Hyoga se sonrojó, frunció el ceño y apartó la vista. No estaba dispuesto a perdonarlo tan fácilmente y Shun lo sabía. Lejos de molestarle, le encantaba el carácter fuerte y la personalidad dominante del rubio.
Las motos eran enormes, de color negro plomo y plata. Brillaban con la luz del sol en pleno día, luciendo especialmente hermosas y ansiosas por correr.
-¿Listo para tragar el polvo, gaijin?-preguntó Shun, moviéndole las llaves frente al rostro.
-Ya quisieras-dijo Hyoga, tomándolas.
Shun volvió a sonreír.
Pronto estuvieron en camino, aún a regañadientes, Hyoga lo seguía. Demostraba seguir molesto, pero internamente estaba preocupado por Shun, ya que, si bien se veía mucho más repuesto, no había comido nada y debía estar cansado. Además, no sabía qué pensaba él sobre Kara y su actitud con la chica. Era cierto que la agredió y que realmente, muy en el fondo, quería matarla.
En más de una ocasión, sus pensamientos lo alejaron del camino, ya que, aunque le preocupara el asunto de Kara, no podía dejar de pensar en aquellos besos donde se devoraron el uno al otro. Si Shun había respondido de esa manera tan apasionada, aún a sabiendas de todo aquello, entonces, no había nada de qué preocuparse. Sin embargo, sentía ansiedad por saber a dónde lo llevaba.
Frunció el ceño al comenzar a reconocer el camino. Apretó los puños sobre los manubrios del volante con fuerza y nerviosismo al darse cuenta de que Shun pasaría peligrosamente cerca de mansión Kido. Por fortuna, tomaron otro camino y la gran casa sólo se vio a la distancia. Pocos minutos después, Shun comenzó a disminuir la velocidad, obligando a Hyoga a realizar la misma acción.
Cuando se quitó el casco negro, vio con claridad donde se encontraban. Estaban frente a una estructura muy parecida al coliseo romano. Estaba abandonada y en ruinas, de hecho toda esa parte de la ciudad presentaba las mismas precarias condiciones. Shun por su parte, recién se estaba bajando de la moto, agradeciendo a todos los cielos que fuese tan veloz como para llegar rápido y librarlo del terrible dolor que le provocaba el roce del pantalón con la herida del muslo y la tensión de su costado por la posición que tenía.
-Estilo italiano, ¡qué romántico, ¿Debo sonrojarme?!-preguntó Hyoga, con sarcasmo.
-Lo haces cada vez que te miro o me acerco demasiado de cualquier manera-dijo Shun, guiñándole un ojo.
Hyoga afiló la mirada y tensó la mandíbula. Le había salido el tiro por la culata.
Shun, por su parte, lideró la caminata hasta entrar a las ruinas de aquel edificio que le causaba tanta nostalgia, cosa que mantuvo en secreto incluso para Haru.
Una vez que el rubio entró, vio como en el centro había un ring y todo el sitio era rodeado por largas filas de sillas, muchas caídas o rotas y las paredes rayadas por pandilleros. El ring estaba parcialmente destruido, Hyoga notó inmediatamente que había sido producto de alguna batalla.
-Y yo pensaba que ya te debía la vida cuando me salvaste de aquel espectro en la carretera. No se compara con todo lo que hiciste después. De no ser por ti, no habría salido de ahí. Noctis…Verona…ellos realmente me ganaron esa pelea. -dijo Shun.
Hyoga lo vio bajar la cabeza y meter las manos en los bolsillos, como si estuviese decepcionado de sí mismo. Lo entendía y lo respetaba aun más por eso y se sentía impotente de no poder hacer nada por ayudarlo, ¿Qué podía decirle?, no tenía la más mínima idea.
-Peleé contra demonios aquí en una ocasión y me pasó algo que jamás le conté a nadie-dijo Shun, casi distraído, mirando hacia más allá del ring-de habérselo contado a Kara me habría internado de cabeza en un psiquiátrico.
Hyoga frunció el ceño, no estando seguro de adonde lo llevaba ahora la conversación y su corazón comenzaba a retumbar dentro de su pecho, causándole aquella molesta sensación de no saber qué podría pasar.
-Quizá deba empezar por decirte que sólo recuerdo los últimos diez años de mi vida. Algo pasó, un grave accidente, por lo visto, que me causó amnesia.
El rubio apretó los puños con fuerza. Shun no lo notó, él lo miraba a los ojos y podía ver cierta tristeza y ansiedad en aquellos orbes celestes.
-¿Nunca has buscado información, algo sobre ti?-preguntó Hyoga.
-Sí, todos callejones sin salida. Hasta que me cansé. Era y sigue siendo demasiado doloroso. Pero, cuando estuve aquí, fue como si algo hiciera "click" en mi mente. Haru estaba conmigo, me dijo que desde la mira del rifle pudo ver que mis ojos eran negros, como si estuviesen cubiertos por algún velo o algo así.
Hyoga tragó saliva, palideciendo de pronto al recordar que a él le había pasado lo mismo al estar en el orfanato.
-Peleé en ese estado de trance, no era consciente de lo que estaba haciendo, de hecho no lo recuerdo, para variar. No veía a los demonios, veía otros hombres, vestidos con ropajes extraños, como si fueran armaduras. No peleaban contra mí, sino conmigo.
Hyoga sintió que, de pronto, hacía demasiado calor en aquel lugar. La sensación de que algo importante venia estaba oprimiendo su pecho.
-Luego, cuando todo terminó, la pelea aparentemente, vino lo peor o lo mejor, no sé cómo llamarlo. Sé que todo este sitio estaba en perfectas condiciones, había muchísima gente gritando animada. Yo estaba cerca de la entrada-dijo Shun, mirando hacia la puerta-había personas a mi alrededor, pero no reconocí a ninguno. Recuerdo que alguien llegó de pronto, porque el gentío empezó a gritar como locos. No tengo idea de quién era, pero apareció cerca de aquellas escaleras que se ven a la distancia. Esa… extraña armadura, por llamarla de alguna forma, era blanca y azul. Por supuesto, no pude ver su rostro-dijo Shun, poniendo los ojos en blanco-no podían ponérmela tan fácil ¿Verdad? Pero, eso no es lo importante. Lo que sí recuerdo perfectamente es lo que sentí cuando lo vi.
Hyoga frunció el ceño cuando vio las mejillas del peliverde sonrojarse y sus ojos adquirir un brillo inusual.
-Ese sentimiento… Se me erizó la piel, estaba tan feliz y aliviado de verlo. No era un cariño de hermanos o amigos. Era algo muchísimo más fuerte.
Fue cuando el rubio entendió perfectamente: Shun tenía una persona que era especial para él. Su corazón vagaba entre la desolación y la confusión. Optó por mantener su actitud fría que tanto lo caracterizaba, pero era realmente difícil.
-Después de eso, comencé a aceptar el coqueteo de cualquier hombre que se me ofreciera, buscando alguien que me hiciera sentir, aunque fuera un poco de lo que sentí en ese momento, pero ninguno se acercaba si quiera, sólo me provocaban algo de pena, porque realmente se esforzaban por captar mi atención. Excepto tú-dijo Shun.
Sonrió ligeramente cuando vio como el color y la casi la vida regresaban al rostro del rubio. Había captado perfectamente todas las emociones en el cuerpo y facciones de Hyoga, sabía que lo había hecho sentirse miserable por escasos segundos y eso, a pesar de todo, le alegraba, ya que le decía algo sobre los sentimientos del rubio. Por ende, continuó.
-Nunca he sentido esto antes, excepto creo, que por aquella persona. Por eso necesito saber, ¿Por qué hiciste todo eso por mí, cuando apenas me conoces?
Esa era probamente la mejor pregunta de todas. Hyoga sólo tenía una respuesta.
-Honestamente, no tengo la menor idea. Cuando se trata de ti, no pienso, sólo me dejo llevar por lo que siento, no sé por qué.
Shun tensó la mandíbula y bajó la cabeza.
-Si sólo pudiese encontrarlo, saber quién es-dijo, pensando en voz alta.
Lo vio a escasos metro de distancia, pero sintió como si un gigantesco muro los separara y dejara al peliverde sumido en la completa soledad y oscuridad. Por primera vez, entendió a Ikki. No poder decirle nada, aun sabiendo que era por su bien, seguía siendo tremendamente doloroso. De pronto, la mirada de Shun cambió, volviéndose dura y afilada.
-Te ganaste mi respeto al sacarme de aquel lugar y quizá algo más, pero si crees que voy agradecerte con algo parecido a lo que pasó en la casa hace poco, estas tristemente equivocado.
Hyoga reaccionó inmediatamente, entendiendo perfectamente a dónde quería llegar: Shun necesitaba saber qué era lo que sentía por él.
-No, de ninguna manera, jamás he pensado eso-dijo él con firmeza.
-Por otro lado, si llegara a recordar quién era esa otra persona, lo que sentía por él, yo…no quiero lastimarte.
Sin poder evitarlo más tiempo, Hyoga acortó la distancia en segundos y lo abrazó con fuerza, provocándole un ligero dolor en el costado.
-No vas a lastimarme-dijo Hyoga, con la misma firmeza que antes.
-Lo dices como si supieras algo que yo no sé-dijo Shun.
Y tenía razón, pero Hyoga no podía decirle nada. En cambio, optó por decirle lo que sí consideraba correcto y de paso cobrarse algunas malas pasadas. Shun, aunque era unos diez centímetros más bajo que él, tenía mucha fuerza y desconfianza, tal como un felino salvaje, pensó Hyoga. Cada movimiento debía hacerse con mucho cuidado, así que tomó suavemente su rostro entre sus manos y sonrió con confianza.
-Sé que todo este tiempo que has estado durmiendo has gemido mi nombre cada hora con una pasión que jamás había visto.
Esta vez fue el turno de Shun de sonrojarse hasta la medula.
-Sé que has querido protegerme por todos los medios de Noctis, poniéndote en la línea de fuego.
La primera reacción del cazador hubiese sido la de apartarlo bruscamente, volver a tener el control de la situación, como siempre había sido, pero Hyoga lo tenía completamente dominado. Era como si algo le hubiese clavado los pies en el suelo, porque no podía mover un sólo y mísero músculo.
-Y sé que te estremeces cuando te toco. No necesito saber nada más. Con respecto a lo que tú quieres saber de mí, quizá esto te ayude.
Luego, Hyoga lo soltó y tomó su mano derecha para llevarla hacia su mejilla. Cerró los ojos y se entregó a la caricia del peliverde.
Shun, por su parte, pudo sentir como la piel de Hyoga ardía con una fiebre que nada tenía que ver con alguna enfermedad. Su corazón comenzó a palpitar con más fuerza, dificultándole la respiración.
Luego, Hyoga abrió los ojos y llevó la mano de Shun hasta su pecho, de manera que él pudiese sentir como el corazón del rubio retumbaba violentamente debajo de la camisa. Hyoga sonrió con ternura, esta vez sonrojándose más de la cuenta, cuando siguió bajando la mano hasta su vientre. Shun dejó de respirar al sentir el miembro semi erecto del rubio, quien cerró los ojos de nuevo y gimió acaloradamente. Luego, sintió como una fuerte corriente de electricidad recorrió su cuerpo al estar en contacto con una parte tan íntima de del rubio y acortó aún más la distancia, cegado por la excitación y el desenfreno que le causaba. Éste volvió a abrir los ojos cuando sintió la cercanía del peliverde. Ambos respiraban con dificultad.
-¿Convencido?-susurró Hyoga
-Bastante-asintió Shun.
Los escasos centímetros que quedaban entre sus bocas se perdieron cuando Shun tomó su rostro y unió sus labios a los de Hyoga. Éste lo tomó de la cintura, pegándolo a su cuerpo y fundiéndose con él en un beso salvaje y agresivo. Ambos dejaron de pensar, sólo dejándose llevar por aquel deseo y amor que crecía entre ellos. Sus lenguas volvieron a encontrarse dentro de la boca de Shun, ambos gimieron al mismo tiempo e intensificaron el contacto al morderse los labios hasta sacarse un poco de sangre.
Del otro lado del coliseo, dos figuras escondidas en las sombras los observaban. Ambos se miraron, percibiendo los pensamientos del otro.
-Es hora de informar.
Luego, ambos desaparecieron sin que la pareja los notara.
La tremenda descarga de emociones drenó toda la fuerza de Shun y éste terminó perder el equilibrio y las piernas dejaron de sostenerlo. Los fuertes brazos de Hyoga impidieron de nuevo que cayera al piso cuan pesado era.
-Estoy empezando a creer que beso demasiado bien-dijo Hyoga.
Shun se echó a reír, mientras se soltaba suavemente del agarre de Hyoga y se recostaba en la pared para dejarse caer al piso.
-Condenadamente bien, pero él no tiene que enterarse.
Flexionó las rodillas y bajó la cabeza para que la sangre fluyera a ésta de nuevo y no a los bajos fondos. El rubio se sentó a su lado e instintivamente, el cazador levantó la cabeza, la apoyó en su hombro y cerró los ojos, sin tener idea de cuánto alegraba a Hyoga aquel pequeño gesto.
-¿Me contarás cómo me bañé contigo y no lo recuerdo?-preguntó Shun.
-Te lo contaré, pero después, no quiero que te quedes dormido a mitad de la historia.
-Estoy muy cansado-susurró Shun.
-Me lo imagino, no has comido nada en mucho tiempo. Hakuren me matará cuando regresemos. Ah, te aviso que me quedé sin departamento, así que viviré en tu casa.
-Si no tengo más remedio-dijo Shun, en falso tono de molestia.
-No lo tienes-dijo Hyoga, besándolo en la frente.
Luego, el rubio se levantó y le tendió la mano a Shun para llevarlo hasta las motos. Justo antes de que agarrara el casco, Hyoga le quitó las llaves.
-Ni lo pienses, te estás desmayando del cansancio. Vendrás conmigo y yo regresaré por la moto con Ikki-ordenó Hyoga.
-Puedo manejar, ya lo hecho así-reclamó Shun.
-Eso era cuando estabas solo, ya no-dijo Hyoga.
Sin que pudiese evitarlo, el rubio volvió a besarlo, esta vez de manera dulce y pausada. Todos los pensamientos de Shun se fueron a kilómetros de distancia, de manera que cuando Hyoga volvió a mirarlo, éste sólo pudo asentir vagamente. El rubio sonrió satisfecho y tomó a Shun de la mano y lo llevó hasta su moto.
-Tramposo-gruñó Shun.
Hyoga solo se echó a reir.
Al llegar a la casa, Ikki abrió la puerta, tensándose inmediatamente al ver a Shun inconsciente en brazos de Hyoga. Se apartó inmediatamente para dejarlo entrar. Hakuren y Haru se le unieron al verlo poner al menor en el sofá.
-¿Qué demonios pasó?-preguntó Ikki.
Hyoga percibió claramente el tono amenazador del moreno. Se levantó para dejar que Hakuren lo revisara.
-No te preocupes, no pasó nada malo, sólo está muy cansado.
-Es normal, no se ha recuperado completamente-dijo Hakuren, mientras le tomaba el pulso.
-Tengo que ir a buscar la otra moto ¿Puedes venir conmigo? Tengo que hablarte de algo importante-dijo Hyoga.
Ikki lo miró, la seriedad en el rostro del rubio lo alertó de que hablaba en serio. Asintió y se apartó para dejarlo pasar.
-Regresaremos pronto.
Luego, ambos salieron de la casa, se montaron en la moto del rubio y éste arrancó a toda velocidad.
-¿A dónde vamos?-preguntó Ikki
-A un lugar que creo que te va sorprender-dijo Hyoga.
Mientras tanto…
Las dos figuras que antes fuesen espías se inclinaban frente a Radamanthys, quien esperaba sentado, detrás del escritorio de Verona. A su lado estaba la castaña y del otro, Andrei aún limpiándose la herida que le hiciera Ikki. Ambos espías venían con información que sabían le gustaría a su líder.
