¡Hola! ¡He vuelto! Me ha costado porque este último cuatrimestre de la universidad está siendo infernal ¡pero lo he logrado! Ya sabéis que no importa lo que tarde no pienso abandonar el fic, y mucho menos ahora que ya queda poco oooooh T_T

Para compensar, mencionar que este capítulo es un poco más largo de lo habitual jeje.

¡Muchas gracias a todos por vuestros reviews y favoritos!

No me entretengo más, a leer.

Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen pero sí este fic.

Advertencia: Hay lemon en este capítulo (Vaya! Spoiler! Pero tal y como están las cosas de puritanas últimamente y aunque el fic sea M creo que es mejor advertirlo y que nadie diga que se lleva sorpresas).


CAPÍTULO 21

Aquella mañana, Hinata se levantó completamente despejada. Era la primera vez en varios días que había sido capaz de dormir durante toda la noche y eso se le notaba en su buen despertar.

Pese a todo, decidió no ir a trabajar, ya había avisado de que no se presentaría en toda la semana y, aunque esa mañana se encontrara bien, todavía no quería arriesgarse a tener una recaída de su estado emocional.

No obstante, no era capaz de entender a qué venía su bienestar tan repentino y en el fondo sentía que aquel día iba a ser distinto a los demás, lo cual no estaba muy segura de si le iba a gustar.

Aun así decidió comenzar con su rutina habitual, desayunar, arreglarse, limpiar por enésima vez la casa, tan sólo aquella mañana había optado por encender la radio y escuchar música animada.

Ya bien entrada la mañana, un pequeño suceso acabó con su rutina. Escuchó por encima de la música el timbre del telefonillo de entrada al edificio, y pensando que simplemente podía tratarse del cartero, lo atendió.

—¿Sí? —dijo.

—Hinata.

La joven sintió como su corazón dejó de latir, para luego comenzar de nuevo con fuerza. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y por poco deja caer el teléfono intercomunicador.

No necesitaba escucharle hablar más para saber quién era. Aquella voz seria y calmada que había plagado sus sueños y pesadillas los últimos días.

—¿G-gaara? —fue todo lo que pudo decir, su cuerpo y mente estaban paralizados.

—Hinata, abre por favor, tenemos que hablar —le pidió. Su voz ahora sonaba algo lastimosa y suplicante.

Fue en ese mismo instante cuando la joven pudo por fin reaccionar.

—Yo… no tengo nada que hablar contigo —espetó tratando de sonar segura, todo lo contrario a cómo se sentía en ese momento.

—Hinata, por favor, déjame explicarte… —le volvió a pedir Gaara.

—N-no hay nada más que necesite que me expliques —contestó ella felicitándose por haber podido sonar muy cortante.

—No pienso marcharme de aquí hasta que me escuches —le dijo él con convicción.

—¡Y yo no te pienso abrir, márchate!

Dicho esto colgó el auricular con fuerza y se dejó caer en el suelo. Sus lágrimas no se hicieron esperar y comenzó a llorar amargamente. Pese a todo el tiempo que llevaba tratando de mentalizarse en que tarde o temprano volvería a verle, escuchar de nuevo su voz tras todo lo que había pasado había sido demasiado para ella.

Encogió las rodillas y ocultó su cabeza tras ellas dejando que su llanto fluyera libremente. Por muy fuerte que se creyera, era todo lo contrario, y habían bastado un par de segundos de conversación para que toda la fortaleza que estaba reuniendo durante esos días se desplomara por completo.

Después de varios minutos, por fin se tranquilizó. Se levantó con cuidado y trató de rehacerse. Lo mejor era seguir con su rutina, no pensar.

Pese a que al principio lo consiguió, nuevamente su mente había vuelto a viajar a todos sus recuerdos con Gaara, no obstante, las dudas que le asaltaban esta vez eran distintas.

"No pienso marcharme de aquí hasta que me escuches", le había dicho. ¿Sería verdad? Había pasado ya cerca de una hora desde que habían hablado, tal vez se hubiera cansado de esperar.

Casi inconscientemente, sus pasos le llevaron hasta el gran ventanal del salón de su casa, por el cual se podía ver perfectamente la calle al vivir en un segundo piso. Tan sólo le separaban de esa vista las cortinas sedosas y blancas que lo adornaban.

Con el corazón latiéndole a mil por hora se aferró a las cortinas y haciendo acopio de valor, las descorrió ligeramente para asomarse hacia el cristal.

Y allí abajo estaba él. Tan serio como siempre, tan guapo como siempre. Con sus cabellos pelirrojos reluciendo con la luz del sol que se colaba a través de las nubes. Observando la puerta de entrada al edificio como si así se pudiera abrir mágicamente.

Como si lo hubiera presentido, su mirada giró y ascendió hasta llegar al ventanal desde donde ella le estaba observando. Sus miradas se cruzaron. Los ojos aguamarina de Gaara le transmitieron tal intensidad de emociones que sintió un pinchazo en el corazón y se retiró de la ventana rápidamente.

Nuevamente, los recuerdos comenzaron a inundarla. Recuerdos de poco después de casarse, recuerdos de cuando estaban juntos y… recuerdos de aquella noche en que se enteró de todo.

Se llevó rápidamente la mano a la boca y cerró con fuerza los ojos para evitar volver a llorar. Por suerte para ella, lo consiguió tras unos minutos.

Volvió a tranquilizarse y a pensar en qué podía hacer para alejar su mente de todo. Casi al instante, supo qué hacer. Todavía quedaba mucho para la hora de comer, pero se prepararía el menú más complicado y laborioso que pudiera conseguir con los ingredientes que tuviera en casa, ya que salir del edificio estaba totalmente descartado.

Así lo hizo, incluso preparó la mesa de forma adorable y cuidadosa, y después se encargó de lavar los platos y los cientos de cazos y sartenes que había usado. Finalmente, a primera hora de la tarde, volvió a encontrarse sin saber qué hacer con todos sus recuerdos deseando salir de nuevo a flote.

Miró el reloj, las cuatro de la tarde. Se asomó a la ventana de nuevo descubriendo una tarde triste y grisácea y allí volvió a encontrarse con la misma persona de antes. Gaara llevaba ya más de cuatro horas bajo su ventana, y aunque ahora no parecía tan decidido, y se apoyaba pesadamente sobre un árbol frente a su portal, seguía ahí.

En ese mismo instante, Hinata sintió todo su interior arder. Arder de rabia, de ira. Se mordió un labio con fuerza para contenerse, pero en ese instante lo que más deseaba era abrir la ventana y comenzar a gritarle improperios al pelirrojo, y si podía tirarle algún jarrón en la cabeza también lo haría, y con mucho gusto.

¿Por qué seguía ahí? ¿Por qué no se iba? ¿Por qué no la dejaba en paz? ¿No había tenido suficiente con todo lo que le había hecho?

Todas esas preguntas aparecieron por su mente y, por suerte para ella, se felicitó internamente por no tener ganas de llorar. Realmente, ahora de lo que tenía ganas era de destrozar cosas.

Encontró una revista vieja sobre moda. Ni siquiera sabía qué hacía ahí, tal vez alguna de sus amigas se la dejaría olvidada tiempo atrás. Sin importarle nada, la cogió y con un grito comenzó a arrancar hojas y hacerlas añicos descargando toda su frustración.

Pese a que recoger los pedazos del suelo hubiese sido un buen entretenimiento, no lo hizo. En su lugar la dejó allí tirada por el suelo y se encargaba de pisotearla fuertemente cada vez que pasaba por allí.

Había conseguido sobrevivir a la tarde y ahora que comenzaba a oscurecer, volvió a prepararse una cena elaborada, volvió a poner una mesa cuidadosa y volvió a fregar los platos con dedicación. Incluso se acostó en la cama aunque sabía perfectamente que no iba a poder dormir.

Cinco minutos antes se había vuelto a asomar por la ventana y allí estaba Gaara. Esta vez sentado en el banco bajo el árbol frente a su portal. Parecía agotado y algo abatido, y esta imagen no dejaba de repetirse en la mente de Hinata una y otra vez.

Salió de la cama y se dirigió al cuarto baño. Se prepararía un baño caliente, con velas, sales, y música chill out, leería un buen libro y tras una hora o así, saldría de allí arrugada como una pasa pero relajada y como nueva.

Por desgracia para ella, era una romántica empedernida y la mayoría de libros que tenía hablaban sobre épicos romances y grandes dramas. La única novela policiaca que había podido encontrar hablaba sobre un loco psicópata que se dedicaba a espiar a sus víctimas durante días mientras estaban en casa. ¿De qué le sonaba aquello?

De cualquier forma, el baño, las sales y la música sí que cumplieron con su cometido y cuando salió de la bañera, se secó el pelo y lo recogió todo, se sentía tan relajada que supo que se quedaría dormida en cuanto su cabeza tocara la almohada de su cama.

No obstante, vio a través de la ventana una repentina luz que pronto vino acompañada por un fuerte trueno. En ese momento se percató de que estaba lloviendo a cántaros y su mente no pudo hacer otra cosa más que preocuparse nuevamente.

Con miedo se acercó una última vez al ventanal de su salón y se asomó con cuidado. Efectivamente una lluvia torrencial caía sobre la ciudad. Su corazón de pronto dejó de latir.

Y ahí estaba él, ahí seguía él. Tras más de doce horas y una terrible tormenta no se había movido de su sitio en el banco. Tan sólo trataba levemente de agazaparse en su chaqueta.

Hinata no pudo evitar una exclamación. Por muy enfadada que estuviera, por mucho que le doliera todo lo que había pasado, simplemente no podía dejarle ahí a la intemperie. Era algo que ella como persona no podía permitir, o eso fue lo que se dijo a sí misma.

Se abalanzó a toda prisa sobre el telefonillo y apretó el botón para abrir la puerta del portal. Cuando pudo escuchar que esta se abría lo soltó y sin llegar a colgar de nuevo, retrocedió un par de pasos. Acababa de entrar en pánico.


Gaara no sabía cuánto tiempo llevaba esperando en la puerta, ni quería saberlo. Ni siquiera se había llevado su reloj consigo precisamente para evitar la tentación de conocer cuántas horas llevaba esperando. Sólo creyó desfallecer cuando comenzó a llover, pero aun así aguantó. Estaba muerto de frío y calado hasta los huesos, pero no le importó.

Cuando comenzó a escuchar el silbido que hacía la puerta del portal abriéndose, al principio no se lo podía creer. Reaccionó en seguida y entró rápidamente con miedo a que Hinata cambiara de opinión.

Subió a toda prisa las escaleras del edificio, saltándose algunos escalones para llegar más rápido al segundo piso y casi sin aire, frenó junto a la puerta del piso. Al encontrarla cerrada, llamó al timbre.

Hinata creía que moriría de un ataque al corazón cuando escuchó el timbre sonar. Trató de controlar sus nervios, tragó saliva y abrió la puerta. En el umbral se encontró a Gaara, completamente empapado y tratando de regular su respiración tras subir a toda prisa. Algunas gotas caían sobre su rostro a través de los mechones pelirrojos de su pelo rebelde. Y, tal vez fuera por llevar varios días sin verle, a Hinata le pareció más guapo que nunca.

—Hin…

—¡Toma! —le cortó la joven antes de que Gaara pudiera decir palabra.

Le tendió un par de prendas de ropa y tomándolo por el brazo le hizo entrar a la casa cerrando la puerta tras de sí.

—Es algo de ropa de Neji —le explicó—. El baño está allí, date una ducha y entra en calor, yo pondré a secar tu ropa mojada —añadió a toda prisa.

Tal vez por la sorpresa, o porque Hinata le arrastró hasta el aseo y cerró la puerta, Gaara no fue capaz de decir nada.

Una vez que él desapareció en el baño, la joven suspiró. Impedirle hablar era una buena estrategia pero sabía que de ahora en adelante, cuando saliera de la ducha, no le iba a funcionar.

El pelirrojo todavía no había sido capaz de analizar todo lo sucedido pero dado que estaba helado de frío decidió hacerle caso. Cuanto antes se duchara antes saldría y podría hablar con ella.

Un par de minutos después, salió del baño con unos vaqueros oscuros algo gastados y una simple camiseta blanca. Hinata le maldijo por haber tardado tan poco.

—Hinata —comenzó a hablar de nuevo pero ella le silenció levantando una mano que acto seguido se convirtió en un dedo índice indicándole el sofá.

—Ahí —fue todo lo que le respondió ella.

Nuevamente Gaara obedeció, se sentó en el sofá y encontró sobre la mesa de café frente a él una taza de leche con galletas de chocolate.

Ahora que había podido finalmente estar en paz con sus sentimientos, se preguntó a sí mismo si era capaz de quererla incluso más. Después de todo lo que le había hecho, de como la había hecho sufrir, ella aún era capaz de prepararle un vaso de leche caliente con galletas para evitar que se resfriara.

—Gracias —fue todo lo que pudo decir.

Hinata fingió no prestarle atención y recogió su ropa mojada del suelo del cuarto de baño para después meterla en la secadora.

—¿Quieres más? —le preguntó ella de pronto al ver que había acabado con sus galletas.

—Sí —le dijo él. Llevaba todo el día sin comer, la respuesta era obvia. Cuando la joven le llevó una bandeja con más, preguntó—. ¿Las has hecho tú?

—Sí —respondió ella algo cortante.

La tensión era bastante evidente y el nerviosismo palpable sobre todo en Hinata. No obstante, Gaara estaba decidido, ya había llegado demasiado lejos y esta vez no lo iba a echar todo a perder.

Optó por permanecer en silencio mientras disfrutaba de su improvisada cena. Llevaba todo el día pensando qué le podía decir y cómo se lo iba a decir y ahora se sorprendía encontrándose sin palabras.

Hinata creía que iba a morir presa del pánico y la ansiedad. Tener a Gaara en la misma habitación, a tan poca distancia y sin pronunciar palabra estaba acabando con ella.

En cuanto el pelirrojo dio buena cuenta de toda la comida, la joven cogió las cosas y desapareció en la cocina. Pasaron unos minutos y no salía de allí.

—Hinata, por favor déjame hablar —le pidió de nuevo, todavía desde el salón.

Fue en ese momento cuando la Hyuga supo que no tenía escapatoria, todo lo que podía hacer era enfrentar toda la realidad. Salió de la cocina y aguantó la mirada aguamarina de su todavía esposo.

—Gaara, creo que ya no hay nada que me puedas decir —le dijo ella pausadamente pero con seriedad.

—Te debo una explicación —respondió él tranquilamente ante lo cual Hinata no pudo evitar una ligera risa sarcástica.

—Oh, ¿ahora ya me debes una explicación? —replicó moviéndose airada por el salón— ¿de verdad hay algo más que deba saber?

—Por favor… —comenzó Gaara en tono conciliador.

—¡No! —exclamó Hinata perdiendo la compostura.

La joven comenzó a sentir como sus ojos se empañaban en lágrimas y comenzaba a respirar agitadamente. Tenerlo allí, delante de ella, era demasiado como para soportarlo.

—¿Es que no te das cuenta… de que no quiero verte? Me hace daño…

—Hinata… —fue capaz de decir Gaara mientras se acercaba a ella y la tomaba por los hombros levemente.

—No, suéltame —le dijo casi en tono de súplica y comenzando a llorar definitivamente.

En cuanto dijo esto se separó de nuevo de él y comenzó a tomar distancia. Para cuando Gaara se dio cuenta de lo que estaba pasando ya era demasiado tarde. La joven corrió hacia su cuarto y se encerró allí.

—Por favor, márchate Gaara —escuchó que le decía entrecortadamente.

El pelirrojo suspiró, tratando de calmarse. Se acercó hacia la puerta cerrada ante él y no pudo evitar una pequeña sonrisa irónica. Hasta ahora las puertas cerradas siempre le habían impedido salir al exterior, era curioso que fuera ahora una puerta cerrada la que no le dejara entrar.

—Hinata, ¿te das cuenta de que ahí encerrada ya no tienes más remedio que escuchar todo lo que tengo que decirte? —le dijo mientras se la imaginaba a ella llevándose las manos a la cabeza en cuanto comprendiera este hecho.

Sabía que ahora Hinata no tenía a dónde ir y que le escucharía aunque realmente no quisiera. Era su oportunidad de decir todo aquello que debía haber dicho tiempo atrás y no se había atrevido a reconocer, a explicar todo aquello que nunca debió ocurrir, y sobre todo a pedir perdón.

—N-ni siquiera sé por dónde empezar —titubeó Gaara.

De inmediato se reprendió a sí mismo. Por fin había logrado que Hinata le escuchara, si bien de una forma un tanto extraña, y ahora que sólo tenía que hablar, se encontraba sin palabras.

—Lo siento —dijo—. No tiene sentido que niegue nada porque todo lo que ha ocurrido es cierto, todos los motivos son ciertos. Sé que jamás debí haber accedido a los planes de Orochimaru pero era la única alternativa que había si quería recibir mi herencia, y estaba tan desesperado… sabía cómo era tu familia y su empresa en este aspecto y esta fue la única forma de acercarme ellos para cumplir con lo que Orochimaru me estaba ordenando —le explicó—. Yo sólo quería que se me reconociera por lo que soy, por cómo soy. Por eso las acciones de la empresa de mi padre me parecían tan importantes como para hacer algo así. Qué idiota.

Realmente su última frase iba tanto dirigida a su yo pasado como al presente. Lo estaba arreglando todo perfectamente, nótese la ironía. Volvió a reprenderse mentalmente. ¿Qué clase de idiota era? ¿De verdad estaba tratando de arreglar las cosas con Hinata metiendo el dedo en la herida y explicándole analíticamente por qué había hecho todo lo que hizo?

—N-ni siquiera te paraste a pensar en lo que me estabas haciendo… —escuchó que le decía la entrecortada voz de Hinata desde la habitación, pero con cierta dureza.

El joven sabía que el tono de reproche era evidente, pero se sintió aliviado al saber que ella le estaba escuchando y, si bien a través de la puerta, estaba dispuesta a hablar.

—Lo sé, fui un estúpido, estaba tan obsesionado por obtener mi herencia que ni siquiera me paré a pensar en las consecuencias de mis actos. Sabía que lo que hacía estaba mal, que era horrible, pero aun así lo hice. No tengo excusa —le respondió.

Gaara no pudo evitar llevarse las manos a la cabeza tratando de ordenar sus pensamientos. En momentos como este deseaba poder ser una persona normal, capaz de comunicarse y no ser tan socialmente inepto.

—En ese momento estaba tan ciego. Lo único que me importaba era que la gente me viera como soy, pero realmente lo había confundido con querer obtener reconocimiento —afirmó—. Desde que toda esta locura del matrimonio comenzó, tú siempre viste cosas en mí que yo siempre había deseado. Cosas buenas por una vez. Y yo vi cosas en ti que…

El joven titubeó. Si bien en los últimos días se había acostumbrado, quizá más por necesidad que por verdadera convicción, a mostrar sus sentimientos, todavía le resultaba incómodo y se sentía fuera de lugar. No pudo evitar pensar que sólo conseguiría ponerse en ridículo, y que nada de lo que dijera haría que Hinata le perdonara.

Suspiró armándose nuevamente de valor, tenía que decirlo, no podía seguir reservándose cosas tan importantes sólo para él.

—Lo que vi en ti me ha hecho sentir cosas que siempre pensé que no estaban a mi alcance —dijo por fin—, sentimientos que estaban prohibidos para mí.

Se hizo el silencio durante algunos segundos.

—¿S-sentir? —preguntó la suave voz de Hinata desde el interior.

—Hinata, te quiero —contestó Gaara sin rodeos—. Ni… ni siquiera sé cómo ocurrió ni cuándo, tampoco sé si realmente existe un momento concreto en el que te enamoras de una persona pero… en todo este tiempo que hemos pasado juntos he descubierto cosas tan buenas sobre ti que… no sabría cómo explicarlo… tú me aceptas tal y como soy… y a mí me gusta todo de ti y… ¡Ah! ¡Ni siquiera sé lo que estoy diciendo!

Tras su última exclamación Gaara se sentó en el suelo, derrotado. Odiaba estar tan perdido y no tener el control de la situación, pero sobre todo odiaba verse incapaz de explicarle a Hinata con palabras todo lo que sentía y con toda la intensidad que lo sentía.

—Al final quería hacer las cosas bien. Por eso pretendía que nos casáramos de nuevo. Esta vez de forma real sin ningún motivo más allá de nuestros sentimientos —continuó de nuevo, con más calma—. Perdóname. Dame otra oportunidad, por favor.

Esperó expectante una respuesta de Hinata que sin embargo no llegó. Esos segundos de completo silencio le bastaron para percatarse nuevamente de lo curioso de la situación. Sonrió y finalmente suspiró.

—Es bastante irónico… toda mi vida he deseado que se abriera la puerta y me dejaran salir, y ahora todo lo que quiero es que me dejes entrar…

Una vez más se volvió a hacer el silencio en la casa y Gaara se sintió desesperado. Ya no sabía qué más hacer o decir para que Hinata entendiera todo lo que estaba tratando de decirle. Se dejó caer completamente contra la pared, abatido. Sentía que había fracasado por completo.

Pasaron unos minutos, los suficientes para que el joven perdiera la noción del tiempo, pero no se movió. Realmente no porque todavía tuviera esperanzas de que Hinata acabara hablando con él sino porque realmente no tenía fuerzas para levantarse y marcharse de allí.

De pronto la puerta se abrió con tanto cuidado y silenciosamente que Gaara sólo se percató de la presencia de Hinata cuando esta estaba ya a menos de un metro de él.

La joven sintió como el corazón le daba un vuelco cuando el pelirrojo levantó la cabeza y la observó sorprendido. En ese instante parecía tan vulnerable que no pudo evitar volver a llorar.

Gaara se sorprendió al ver aparecer a Hinata pero aún más cuando esta se arrodilló y sentándose a su lado le abrazó con todas sus fuerzas, y cuanto más lloraba, más se aferraba a él. Tras el desconcierto inicial, le correspondió al abrazo con la misma intensidad.

Pasaron unos minutos sin moverse de allí, simplemente disfrutando de la cercanía del otro. Sólo cuando sintió que Hinata se calmaba, Gaara decidió volver a hablar.

—Te quiero, Hinata.

La joven alzó la vista y se encontró con los profundos ojos aguamarina que tanto adoraba. En ellos pudo ver todas sus emociones reflejadas con gran intensidad, una intensidad abrumadora. Su corazón comenzó a latir desbocado al escuchar aquellas palabras y se sintió ligera por un momento, como si un gran peso se hubiera retirado de su corazón.

En el fondo Hinata sabía que era tonta. Que después de todo lo que le había hecho no debía ni dignarse a dirigirle la palabra, pero simplemente no podía hacer algo así. Verle allí sentado, tan vulnerable como lo era ella misma en ese momento la conmovía.

—Yo también te quiero, Gaara —contestó ella en un leve susurro, pero sin atisbo de duda.

De pronto el rostro del joven se iluminó y volvió a abrazarla con fuerza. Hinata podía sentir como la desesperación le abandonaba al haberle escuchado responderle con esas palabras y no pudo evitar sonreír ligeramente.

—Por favor, perdóname —escuchó que él le decía sin separarse de ella.

Esta vez la joven sí se separó levemente de él. En su rostro todavía mantenía su pequeña sonrisa. Gaara la observó expectante. Ella alzó las manos para enjugarse las lágrimas que todavía corrían libremente por sus mejillas para acto seguido llevarlas a ambos lados del rostro del pelirrojo. Entonces, se acercó nuevamente a él y le besó con ternura.

Tras un segundo de sorpresa, Gaara le correspondió. Volver a sentir los suaves labios de Hinata junto a los suyos era maravilloso e indescriptible. La abrazó aún más si cabe. Una cálida sensación se apoderó de su interior al comprender lo que la joven trataba de transmitirle con ese beso y no pudo evitar un leve suspiro de alivio y emoción contenida.

Al percatarse de esto, Hinata se separó de nuevo y le observó con cariño. Gaara le mostró una de sus pequeñas y poco habituales sonrisas, dirigidas casi en exclusiva sólo para ella y la volvió a besar, pero con más intensidad.

Esto pilló por sorpresa a la joven y perdiendo el equilibrio cayó de espaldas al suelo, llevándose a Gaara sobre ella. Hinata no pudo evitar reír levemente, aun con sus labios todavía capturados por los del pelirrojo. Definitivamente era un tonta por haberle perdonado tan fácilmente, pero en ese mismo instante era la tonta más feliz del mundo, y eso era lo que le importaba.

Se dejó besar y separó los labios para dejar paso a Gaara. Este, sin perder el tiempo, comenzó a jugar con su lengua con renovada intensidad. Hinata decidió participar en el juego y llevando la mano a su cuello, le acercó hacia sí para poder acceder a su boca del mismo modo que él lo estaba haciendo.

Esto sólo instó a Gaara a seguir, quien comenzó a trazar de forma ascendente las líneas del cuerpo de Hinata provocando un leve gemido en ella cuando llegó al pecho. Sus labios abandonaron la boca de la joven y comenzaron a dejar leves besos por su mandíbula y por su cuello. Sin poder evitarlo, le dio un leve mordisco. Jamás se cansaría de saborear la suave y pálida piel de su mujer.

Hinata sentía que de nuevo la invadían sensaciones cálidas y placenteras que el dolor de los últimos días había hecho olvidar por completo. Se dejó besar y se dejó acariciar. Llevó la mano a la cabellera roja de su marido y le instó a seguir la línea de sus besos. Cuando nuevamente volvió a sentir un pequeño mordisco no pudo evitar un suspiro de excitación. Casi por instinto, aferró una de sus piernas a la cintura de Gaara atrayéndolo más si cabe hacia ella. En ese mismo momento pudo notar en su zona baja la creciente erección del joven quien, casi como un resorte, se volvió a incorporar.

Ante esto, Hinata se levantó a su vez algo descolocada y sorprendida por el movimiento tan repentino.

Gaara bajó la mirada. Casi se le podía notar algo avergonzado pese a su habitual inexpresividad. Se había dejado llevar y no estaba completamente seguro de si continuar con lo que estaban haciendo era buena idea o sólo empeoraría situación. A fin de cuentas, acababan de reconciliarse y llevar las cosas a ese nivel tan pronto quizá podría provocar que Hinata se arrepintiera de su decisión de perdonarle.

—Creo que no deberíamos continuar… —dijo en voz baja y dubitativo.

La propia Hinata se sorprendió al escucharle, no tanto por las palabras que había pronunciado sino por la forma en la que lo había hecho. Pocas veces, por no decir ninguna, había escuchado a Gaara hablar de forma tan indecisa.

En cuanto el pelirrojo se levantó, la joven sintió inmediatamente la falta de su calor y sobre todo de ese estado de excitación tan maravilloso en el que había entrado. Ya había comprobado que Gaara sentía físicamente la misma necesidad y la inseguridad en sus palabras sólo hacía que se reafirmara en esto. Puesto que él dudaba, ahora sería ella quien tomaría la decisión por los dos.

—Pues yo creo que deberíamos continuar —le respondió sin un atisbo de duda y mirándole fijamente a los ojos.

Gaara la observó con detenimiento y algo aturdido. Su parte masculina decidió tomar el control. Si ella estaba tan segura de hacerlo, no iba a ser él quien le hiciera cambiar de opinión.

Se abalanzó de nuevo sobre ella y la besó con fuerza. Hinata, sorprendida, casi vuelve a caer al suelo de no ser porque Gaara la sujetó. Ella rió, divertida ante el repentino arrebato de su marido pero no dejó ni un segundo de besarle. Pasados unos segundos, para sorpresa suya, el joven la tomó en brazos, se la llevó al dormitorio y la tendió sobre la cama. Hinata no podía dejar de sonreír con cariño ante los gestos tan atípicos del pelirrojo.

Gaara se quitó la camiseta y el pantalón prestados y volvió a colocarse sobre Hinata, esta vez en la cama. Sus manos comenzaron a recorrer el cuerpo de la joven y pronto su ropa también comenzó a sobrar. Le retiró con urgencia la camiseta dejando al descubierto sus pechos desnudos tirándola al suelo sin miramientos.

Casi al instante, atrapó con la boca uno de sus erectos pezones mientras que llevaba la mano a su otro pecho sin dejarlo desatendido. Hinata jadeó, alzó las manos hacia Gaara y entrelazó sus dedos con los cabellos alborotados de este mientras que la otra se posaba sobre la mano con la que él le masajeaba.

Cuando Gaara comenzó a ascender depositando besos por su pecho hasta llegar de nuevo con intensidad a su boca, Hinata se decidió a trazar las líneas de la espalda del joven atrayéndolo más hacia sí. Entonces, con ambas manos le empujó repentinamente con fuerza y consiguió tumbarlo en la cama para colocarse ella sentada encima de él.

La joven sonrió con ternura ante la mirada sorprendida que le dirigió Gaara y se agachó hasta posar sus labios sobre los de él. Desde allí comenzó a besar su mandíbula y a acariciar su pecho con suavidad pero a la vez con decisión. Movía las caderas en un suave vaivén excitante, un claro anticipo de lo que pasaría a continuación. Sus besos se fueron deslizando hasta llegar a su abdomen y después a la frontera de su ropa interior.

Hinata alzó la vista hacia la de Gaara y le dirigió una pequeña sonrisa, pero justo antes de que pudiera hacer ningún movimiento, este se volvió a incorporar con rapidez sobresaltando a la joven y atrayéndola de nuevo hacia sí hasta que ambos quedaron sentados en la cama pero fuertemente abrazados.

Antes de que ella pudiera reaccionar notó como su mano se deslizaba poco a poco por su cuerpo hasta atravesar su ropa interior y una poderosa sensación de placer la inundó cuando las caricias llegaron a su sexo.

—¡Gaara! —exclamó aferrándose aún más a él.

Sintiendo los hábiles dedos de su marido en su interior, y el roce de sus cuerpos, piel con piel, Hinata se dejó llevar por la sensación liberadora que nacía dentro de ella al volver a tenerle cerca. Suspiró extasiada y le volvió a besar mientras movía las caderas instándole a continuar, profundizando el movimiento y el absoluto placer que le hacía sentir.

Gaara volvió a tumbarla sobre la cama sin romper ni un segundo su contacto y la besó con más intensidad del mismo modo que sus incursiones también se hicieron más certeras en el interior de Hinata. Esta rompió el beso para exclamar de nuevo su nombre y el joven se permitió una sonrisa contenida. Lo único que deseaba en ese momento era hacer sentir bien a Hinata después de tanto daño. Sólo quería verla feliz y disfrutar y la respuesta tan positiva a sus caricias después de todo lo que había ocurrido le hacía sentir fuerzas renovadas. No obstante, y siendo un poco egoísta, también sabía que necesitaba tenerla toda para él de inmediato.

La joven protestó con un ligero jadeo por la repentina falta de contacto pero Gaara se levantó igualmente. En apenas dos segundos se despojó de su ropa interior e hizo lo mismo con Hinata y se colocó sobre ella de nuevo.

Entonces se miraron a los ojos y toda la urgencia con la que habían comenzado desapareció. En ellos sólo quedó reflejado el sentimiento más poderoso que los unía. Estaban enamorados y eso era lo único que importaba.

Volvieron a besarse al tiempo que Gaara la penetró lentamente, pero con decisión. Hinata sintió que las fuerzas le fallaban y se abandonaba al placer de sentirle en su interior. Aferró sus piernas a la cadera de su marido y dejó que este marcara el ritmo al principio tierno y sensual pero que poco a poco se volvía más rápido y profundo.

La joven volvió a gritar el nombre de su amante entre jadeos entrecortados mientras le pedía más intensidad. Tener a Gaara en su interior era la sensación más maravillosa e indescriptible que podía sentir y sabía que jamás se cansaría de estar con él. Justo cuando pensaba que no podía ser mejor notó como sus paredes se contraían alrededor del miembro de su marido mientras una oleada de placer le recorría todo el cuerpo hasta casi perder el sentido.

Al notar la fuerte sacudida del orgasmo de su esposa Gaara no pudo aguantar mucho más y tras pocas embestidas más él también le acompañaba en el éxtasis vaciándose por completo en el interior de su esposa.

Se dejó caer sobre ella unos segundos, agotado. Poco a poco comenzó a moverse, sacó su miembro con cuidado provocando un leve jadeo de Hinata y se colocó a su lado, abrazándola.

Nuevamente ambos volvieron a mirarse a los ojos. Sus respiraciones estaban entrecortadas y sus cuerpos sudorosos y ardiendo todavía de pasión. De nuevos sus labios volvieron a encontrarse y se fundieron en un beso lleno de cariño.

Cuando se separaron unos milímetros, Hinata le miró con una pequeña y apacible sonrisa. En ese momento, Gaara se sentía la persona más feliz del mundo y pudo comprobar por primera vez que no había un sentimiento más pleno que aquel de amar y sentirse amado. Y por esta misma razón, lucharía con todas sus fuerzas por conservarlo para que ya nada ni nadie se lo pudiera arrebatar.


¡Hasta aquí el capítulo!

Debo reconocer que he tenido varios conflictos vitales con este capítulo (qué exagerada soy XD) El primero: Escribir lemon se me da fatal! T.T Pero como la experiencia sólo se consigue con la práctica la única forma de mejorar es seguir escribiendo jeje.

El segundo: En mi casa, en mi ciudad y ya no sé si en todo mi país al teléfono que comunica la casa con la puerta del portal se le llama "telefonillo" pero no sé si en el resto de países se le dice igual así que sí, tuve un gran conflicto y no sabía cómo escribirlo de una forma neutra XD ya véis qué tontería.

Y el tercero y más importante: En mi casa, en mi ciudad... vale, entre las personas que conozco, y tampoco puedo generalizar en España así que hablo por mí, decir "te amo" suena muy... telenovela, poético, como poco natural y sobre todo muuuuy anticuado, por eso decimos "te quiero". Creo que en el resto de países pueda no ser así y os haya resultado raro cuando Gaara le dice "te quiero" en lugar de "te amo" pero es que a mí si me dicen "te amo" se me queda cara de la llama del Ola k Ase como mínimo. Por eso opté por escribir de forma que yo me sintiera más cómoda.

En fin, que menudo testamento me está saliendo hoy. Ya sabéis que me encanta leer vuestra opinión así que si me dejáis un review con cualquier duda, sugerencia, crítica constructiva, siempre serán bien recibidas y trataré de contestar lo mejor que pueda. ^^

¡Y ya me voy. Me despido hasta la próxima!

Almar-chan