Capítulo 21 – A las puertas del infierno

El lugar apestaba a muerte.

El hombre caminó sigilosamente por el suelo enlodado de la colina, pisando fuertemente para no caerse con sus botas.

El puente de piedra era muy poco transitado en esos días, pero aún pasaban por allí los carruajes que iban a la campiña, dejando atrás la congestionada Londres.

Una persona normal no encontraría nada particular en aquel lugar, pero Van Helsing conocía muy bien el olor. Y ahí había un nido infecto, y él lo encontraría.

El sol brillaba tenuemente entre la neblina, pero se sentía su calor. Mortal para cualquier nosferatu.

Los lugareños no se acercaban porque hacía poco se habían encontrado cuerpos a orillas del riachuelo, totalmente desangrados. Así que se temía la existencia de algún animal peligroso por los alrededores, pero él no comentaba nada al respecto. Él tomaba su maletín y se iba a recorrer escondrijos y parajes siniestros.

Llegó hasta bajo el puente, y las piedras desgastadas presentaban un aspecto bastante ruinoso, y se apresuró a investigar antes de que lo alcanzara el medio día, y luego la tarde y finalmente la terrible noche.

Nada atrajo su atención, pero el olor era más fuerte. Finalmente sus ojos dieron con una apertura escondida en una sombra, justo en la columna más ruinosa del susodicho puente. Y Van Helsing se dirigió directo allí.

Pensó en Grayson, y en que él podía andar en las sombras así fuera de día, pero sacudió sus temores pues ningún vampiro era como El Caído. Entraría al escondrijo y ningún ser podría atacarlo.

Adentro era asfixiante y húmedo, pero él soportó la oscuridad y el aire. Encendió una antorcha que llevaba en su maletín… la estaca sagrada rozándole la mano, bastante cerca, y después de encenderla con un cerillo empezó a iluminar el lugar: entrando por la apertura en la piedra, obviamente había un camino abierto en el interior del suelo.

Pero no era muy profundo, agachado Van Helsing no se equivocó, pudo entrar a una pequeña cámara bajo tierra, excavada y acomodada por manos humanas… y que contenía varias cajas…

El alma se le heló, porque por más acostumbrado que estuviera a esas andadas, jamás se estaba de verdad listo para enfrentar a un no-muerto, y en ese caso, a varios.

Una de las cajas llamó más su atención y decidió empezar por ésa, sin detenerse a analizar mucho las cosas. Eran cajas de madera comunes y corrientes, así que supo que sus habitantes eran vampiros inferiores, tal vez neófitos.

Abrió la caja sin dificultad, la tapa de madera superpuesta llena de polvo que casi le hace estornudar. Y sin hacer nada de ruido se movía, tal vez solamente el fuerte latido de su corazón era lo que más se escuchaba en aquel recinto.

Nunca se estaba totalmente listo, sudaba y las manos le temblaban. Van Helsing sacó su estaca y su martillo para estar listo, también llevaba una filosa espada, pero nada de eso le alivió el impacto de ver el rostro del ser oculto bajo la tapa de la caja.

Así que Lucy Westenra también había caído en sus manos. Lo sospechaba, pero albergaba todavía una vaga esperanza de que se equivocara.

Pero tampoco se equivocó.

Debía matarla, era espantosa a pesar de tener una belleza superior a la que tenía en vida…

La joven abrió los ojos cuando Van Helsing la descubrió, lo que le provocó un terrible escalofrío.

-Profesor- dijo el ser con serenidad, y sus ojos muertos estaban casi blancos en aquel momento. Recobrarían la vida cuando ella se alimentara otra vez –Entonces usted…- empezaba a descubrir lo que era, y todavía le quedaba algo de la antigua Lucy- Vaya sorpresas he tenido yo este año ¿Eh?-

-Lucy, cuánto lo siento- lamentó Van Helsing alzado al lado de la caja –Sé que Alexander Grayson te hizo esto…-

Ella torció la boca en una mueca horrible al oír aquel nombre.

-¿Dónde está él? Dime y te vengaré- le ordenó el hombre. La mujer evadía su ojos –¿Dónde está Drácula, Lucy?-

-Sigue en Londres, Van Helsing- le respondió la vampira, paralizada ante la visión del crucifijo que colgaba del cuello del cazador- Él está ahí todavía, en Londres, en su propia casa-

La vampira le dijo todo con serenidad. Y lo más sorprendente era que no parecía tener intensiones de resistirse a nada.

-Van Helsing- volvió el ser a decir con una sonrisa que no se sabía si era de burla o de satifacción –Estoy en el infierno. Usted es mi salvador entonces, vaya cosa-

Van Helsing no titubeó, rápidamente procedió a su labor terrible y sin piedad colocó la estaca en el pecho de Lucy.

Y los espantosos gritos sobrenaturales que venían de la guarida bajo el puente apenas se oyeron en los alrededores.


Ilona parecía estar dormida, pero su aspecto en aquella cama era peor que el de un cadáver, y no se podría decir por qué, su belleza era sobrenatural ahora. Era un ser que estaba a puertas del infierno, y de alguna eso se veía en su materia. Si algún ser humano normal la viera, no podría soportarlo.

-Ilona, muy pronto despertarás- le decía él, expectante, sentado al lado de la cama, en la penumbra –Y sé que no será fácil-

Reinfield había llegado a la habitación en ese momento para encontrarse con el Amo, y llevaba una carpeta de papeles en su brazo.

-Deberás alimentarte, de ellos- murmuraba el Amo cabizbajo, hablándole a la muerta.

-¿Señor?-

Alexander se fijó en su sirviente, o más bien, su abogado, y admiró su presencia. Parecía todo un señor. Reinfield se encargaría de Carfax de ese día en adelante.

-Qué bueno, los papeles- dijo al verlo. Se irguió en la silla -¿Tenemos todo en orden para la venta?-

-Sí, afortunadamente-

-Bien, ése será tu trabajo, lo último que tienes que hacer aquí en Inglaterra-

El hombre obervaba nervioso el cuerpo en la cama. Alexander prosiguió:

-Mi vengadora pronto despertará y la Orden del Dragón conocerá su ira, Reinfield. La ira de Ilona-

Ésas fueron las palabras de Alexander Grayson ese día, esperando la noche, lo que se venía cuando Ilona regresara de la muerte en aquel cuerpo.


La música con la que yo ambiento este fic está en el blog, que por cierto tengo que actualizar. Me gusta poner mis fics en blogs y detesto Fanfiction porque no admite links aquí grr.

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