CAPITULO 21

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Dobby entró en la habitación de Hermione, interrumpiéndola en sus recuerdos, para llevarla algo de comer.

Durante el tiempo que el elfo llevaba trabajando en el castillo, él y Aubrie se habían hecho muy amigos de Lonna y estaban constantemente pendientes de que la chica comiera y no se sintiera muy sola.

Al marcharse el elfo, Hermione volvió a sumergirse en sus pensamientos.

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El bosque era exactamente igual a como ella lo había soñado todos esos meses y no la costó mucho trabajo llegar a la explanada donde se supone tenía que estar Broz esperándola.

"Hola ¿hay alguien?" gritó Hermione, pero no obtuvo respuesta.

Llevaba un par de horas esperando, sentada, con la espalda apoyada en uno de los árboles cuando comenzó a pensar que tal vez debería haber hecho caso a Dumbledore y haberse ido al castillo a meterse en su cama, calentita y mullida.

Suspiró decepcionada. Al salir de la mansión estaba totalmente convencida de que iba a encontrar a Broz y a sus hombres, pero estaba empezando a asumir que tal vez su sueño hubiera sido solo eso, un maldito y estúpido sueño.

Se puso de pie y se dirigió hacía el lugar por donde había llegado, cuando noto varias figuras moverse entre los árboles. Instintivamente se puso en guardia, blandiendo su varita y girando sobre si misma rápidamente, vigilando todos los ángulos posibles.

Todo ocurrió como en uno de sus sueños, las figuras negras se acercaron lentamente hacia ella y la rodearon.

"No nos tengas miedo, Hermione" le dijo la voz que ella tan bien recordaba, viendo que ella le estaba apuntando con su varita. "No vamos a hacerte daño"

"¿Quiénes sois?" preguntó instintivamente. Por supuesto que sabía quienes eran, pero estaba tan nerviosa que la pregunta la salió sola, sin darse cuenta.

"Tu lo sabes, sino ¿no estarías aquí? ¿No es cierto?" preguntó el hombre.

"Cierto" dijo Hermione sonriendo. "Me gustaría que me llevaras ante Broz para poder hablar con él"

"Por supuesto. Lleva mucho tiempo esperándote, pero antes tenemos que tomar algunas precauciones" dicho esto, uno de los hombres que estaba detrás de ella la colocó una capa sobre los hombros y la cubrió la cabeza con la capucha. Al instante, la tela comenzó a adherirse sobre su piel hasta tapar cada milímetro de su cara, excepto las fosas nasales que eran lo único al descubierto.

No podía ver nada y comenzó a asustarse, pero todavía tenía la varita y sabía que si las cosas se ponían feas podría usarla, así que se aferró fuerte a ella y dejó que los hombres la guiaran.

No tardaron mucho en llegar y una vez dentro la quitaron la capa. No la costó trabajo que sus ojos se acostumbraran a la luz, puesto que no había ninguna. Siguieron caminado por estrechos pasillos y cada vez que doblaban una esquina, Hermione notaba como la cantidad de personas que les acompañaban se iba reduciendo.

El hombre que iba delante de ella paró en seco y se giró "Ya hemos llegado"dijo y Hermione pudo ver como los ojos le brillaban con un extraño color plateado. Abrió una puerta y la hizo pasar.

Era un enorme salón rectangular, de techo muy alto con una gran lámpara de cristal ovalada con por lo menos cincuenta velas. Las paredes eran de mármol negro y el suelo de mármol rojo sangre. Al fondo colgaban desde el techo unas gigantescas cortinas de seda del mismo tono que el suelo. Eso era todo lo que había en la sala.

No sabía si era por efecto de la habitación o por estar esperando sola tanto tiempo pero comenzaba a sentir que la faltaba el aire y comenzó a impacientarse. Pocos minutos después, apareció de detrás de las cortinas un hombre alto, su pelo era rubio y su piel tan pálida que Hermione hubiera jurado que si se hubiera acercado a él podría haber visto a través de su piel los huesos de su cara.

"Llevábamos mucho esperándote" la dijo. Su voz era grave y resonaba con eco en la habitación.

"Lo siento mucho."

"Está bien. Ahora dime ¿Por qué necesitas nuestra ayuda?" la interrogó él hombre.

"Quiero derrotar a Voldemort" le respondió más convencida que nunca.

"La venganza es una motivación poderosa, pero la mayoría de las veces se vuelve contra uno mismo, destruyéndole."

Hermione miró al suelo y respiró hondo. "Estoy dispuesta a correr el riesgo" dijo mirándole a los ojos de nuevo.

"Tal vez nosotros no. Dame un motivo por el cual debamos arriesgar todo lo que poseemos por ayudarte"

"No es solo por ayudarme a mí, es por ayudar al resto del mundo también, incluso a vuestra propia gente. El os quiere de su lado y se que está haciendo todo lo posible por reclutar a todo tipo de criaturas y magos. Si lo consigue vais a perder mucho más de lo que pudierais ganar" contestó Hermione.

"Todavía no veo la ventaja de ponernos de vuestro lado" le contestó el hombre con indiferencia cruzándose de brazos.

"¿En serio? Déjame pensar... ¿Qué ventajas tendría vivir en un mundo donde todas las personas puedan vivir libres y sean respetadas, no solo por sus semejantes, si no también por el resto de las gentes con las que conviven, pudiendo tener un hogar, una familia, un trabajo, comida en la mesa todos los días y una cama donde descansar, poder pasear tranquilamente por la calle y recibir una educación?" Le contestó Hermione enfadada.

"¿Que ventajas puede tener todo eso sobre vivir escondidos por miedo a que alguien a quien no le gustes, solo porque un maldito sádico diga quien merece vivir y quien merece morir, te mate. O peor aún, te torture hasta que tu cuerpo no pueda resistir más dolor y mueras. O simplemente mueras de frío por no tener un sitio donde dormir, o de hambre, o simplemente algún otro sádico seguidor del primero esté en su casa aburrido y decida que quiere ir de cacería y tu seas su presa, o peor aún, alguien a quien tu quieres?" le respondió Hermione. "¿Tiene usted familia señor Broz?"

El hombre no contestó, se quedó mirando a Hermione unos instantes "Sígueme" la dijo y con una ágil movimiento se giró sobre si mismo y desapareció detrás de la cortina.

Ella, por supuesto, le siguió y descubrió otra habitación diferente. Era también de mármol y las paredes seguían siendo negras, pero el suelo era en color marfil. En el lateral izquierdo, sobre una tarima recubierta por una alfombra persa de color granate había un trono tapizado.

De la nada apareció una figura negra encapuchada y se sentó "Vladimir, tráenos algo de beber" dijo quitándose la capucha. El hombre instantáneamente se marchó haciendo una reverencia.

Era una mujer aparentemente joven, su piel parecía tersa pero era igual de pálida que la del hombre al que llamó Vladimir. Su pelo era largo y oscuro con grandes ojos de un azul casi blanquecino.

"Permíteme presentarme. Yo soy Anahid Broz, Condesa de Dracul y de Leova, Vizcondesa de Vratsa, Baronesa de Cseszneky y Señora de la ciudad subterránea de Berat."

"Es un placer" dijo Hermione inclinando un poco la cabeza muy sorprendida. Nunca se hubiera podido imaginar que Broz fuera una mujer y mucho menos con títulos nobiliarios.

"Suele pasar. Nadie espera que sea una mujer y a mi me gusta que sea de esa manera porque crea mayor incertidumbre." La dijo. "No te preocupes, no te estoy leyendo la mente. Todavía" añadió viendo como a Hermione casi se le salen los ojos de las orbitas del asombro.

"¿Sabe legeremancia?" preguntó Hermione sorprendida.

"Se muchas más cosas de las que te puedas imaginar. Cuatrocientos treinta y siete años dan para aprender mucho" le dijo la mujer. "¿Cómo crees si no que he conseguido introducirme en tus sueños? Las mentes son tan vulnerables mientras se duerme que me ha resultado muy fácil entrar en la tuya"

En ese instante entró Vladimir con una bandeja de madera de ébano con varias copas de cristal, seguido del hombre con el que se había encontrado en el bosque.

"Ya que estamos todos deberíamos comenzar a tratar el asunto que tenemos entre manos" dijo la mujer.

"¿Estás segura que es ella la mujer del augurio?" preguntó el hombre

"Por supuesto, Khalid. Puedo olerlo desde aquí" dijo Broz mirando fijamente a Hermione.

"¿Cómo es posible...?" preguntó atónita Hermione.

"Como ya te he dicho antes, hay muchas cosas que ignoras." La interrumpió Broz. "Hace casi dos años yo misma hice un vaticinio en el que se hacía referencia a mi y a mi primogénito, aunque por aquel entonces no supe de quienes se trataba. En ella se anunciaba la muerte de mi hijo y anunciaba que yo me tendría que aliar contigo para derrotar a su asesino y vengar su muerte."

"Usted también puede hacer profecías?" cada segundo que pasaba con esa mujer, Hermione estaba más asombrada ¿Cuántos secretos escondería?

"Es una de las muchas capacidades innatas que tenemos los que hemos nacido vampiros. En equivalencia a vosotros los magos, yo sería una sangre pura. Todos mis antepasados fueron vampiros por nacimiento y mi hijo también. Ahora que él ha sido asesinado, yo soy la última de mi linaje." La contó Broz muy seriamente.

"¿Cómo está tan segura de que yo soy la mujer de la que habla su profecía? Podría ser cualquier persona."

"Podría, pero no lo es" la respondió acercándose a ella y mirándola muy fijamente a los ojos.

"El vaticinio decía que solo esa mujer sería capaz de encontrarnos. Una mujer venida desde un tiempo muy lejano para cambiar el futuro del mundo y conocedora de secretos que nadie más conoce. Una mujer capaz de asociarse con oscuras criaturas para conseguir sus propósitos y que con una de ellas ha consumado uno de los rituales más ancestrales que existen. Una mujer con una fuerza interior que ella misma desconoce que posee, pero que pronto descubrirá."

"Pero yo no he realizado ningún ritual con nadie" dijo Hermione.

Anahid Broz se acercó a Hermione y la sujetó con fuerza la barbilla, clavándola sus largísimas uñas en las mejillas y miró dentro de sus ojos. Inmediatamente, Hermione comenzó a ver claramente pequeños fragmentos de la noche en la que Remus la envió la carta y pasaron casi toda la noche haciendo el amor.

"Claro que los has hecho, muchacha. ¿Tan ciega estas que no puedes reconocer un hechizo aunque lo tengas delante de tus propias narices?" la respondió. "Abre tu mente"

Hermione no paraba de darle vueltas a la cabeza "¿Con la palabra ritual, se referiría al hecho de que hicimos el amor?" pensaba.

Broz, pareció comprender sus dudas "Al principio de los tiempos, cuando dos amantes querían unirse para el resto de sus vidas, realizaban un ritual a modo de ceremonia que consistía en reunir los cinco elementos básicos. A saber, fuego para avivar la pasión, agua para nutrir el espíritu, carne fresca para que nunca falte alimento en el hogar, música para alimentar la armonía y un árbol para que las raíces del amor sean tan fuertes y arraiguen tan dentro de la pareja que ni la más fuerte de las tormentas consiga arrancarlo" según Broz iba enumerando los elementos iba mostrando los dedos de su mano derecha.

"Al comenzar el ritual, los amantes tenían que encender una hoguera y danzar alrededor de ella al ritmo de la música. Al terminar la canción debían darse de comer y beber mutuamente y finalmente desnudos y en contacto con las raíces de un árbol, debían copular pronunciando las palabras adecuadas. Por supuesto, como bien sabrás uno de los requisitos indispensables para realizar un hechizo es el contacto visual."

"Nunca perder el contacto visual" susurró Hermione al mismo tiempo que recordaba los detalles de esa noche. "Pero nosotros no hicimos el amor sobre las raíces de ningún árbol, ni danzamos al rededor de ninguna hoguera" la dijo Hermione.

"No, es cierto, no realizasteis el ritual la pie de la letra, pero en vuestro caso las gran cantidad de velas que había por toda la habitación sustituyó perfectamente a la hoguera y los pétalos de rosa en la cama fueron muy buen reemplazo para las raíces del árbol, al fin y al cabo las rosas nacen de una planta que también tiene raíces ¿No es cierto?. Es todo cuestión de simbología." La explicó volviéndose a sentar.

"Este tipo de rituales nunca se realizaban al pie de la letra. Normalmente la carne cruda se solía sustituir por frutas, igual que vosotros hicisteis y como comprenderás hacer el amor sobre raíces de árboles tampoco era muy cómodo, así que se solía realizar sobre un manto de hierba"

"Nunca lo hubiera imaginado" susurró de nuevo con perplejidad y vergüenza. Esa mujer conocía todo lo que había pasado esa noche entre ellos.

"Deberías saber, que ahora entre vosotros dos hay un vínculo que ni la muerte podrá romper."

"¿Eso quiere decir que si a alguno de los dos le pasase algo nunca más podría ser feliz con ninguna otra persona?" preguntó Hermione.

"Exactamente eso"

A Hermione le dio un vuelco el corazón. ¿Sería ese el motivo por el que se sentía tan deprimida lejos de Remus?

"Creo que ya es momento para que nosotros cerremos nuestro propio trato ¿no crees?" la dijo Broz.

"¿Qué es lo que quiere a cambio de ponerse de nuestro lado?" preguntó Hermione.

"Quiero ver sufrir al asesino de mi hijo como he sufrido yo por su pérdida. Quiero que le arrebates lo único que le hace feliz"

"¿Lo único que le hace feliz? ¿Pero… como voy a…?"

"No te preocupes, llegado el momento lo sabrás. Tu eres la única que puede hacerlo"

"Está bien. Si eso es lo que quiere haré todo lo que pueda para no defraudarla, pero ¿y si no lo consigo?" preguntó preocupada.

"Por supuesto que lo vas a conseguir, no te preocupes más por eso, pero si que voy a requerir algo más por vuestra parte."

"Claro. Dígame"

"Mi gente se está muriendo. Nosotros, los vampiros necesitamos beber sangre y por estos bosques ya no quedan casi animales. Voldemort los ha estado haciendo desaparecer para que nos veamos obligados a buscarla en otra parte, como en los pueblos de alrededor, donde él tiene hombres que nos obligan unirnos a él a cambio de sangre o nos matan" la dijo Broz con pesar "Así fue como murió mi hijo, intentando conseguir algo de sangre para nuestra gente"

"Lo siento mucho. Está bien, encontraremos la manera de conseguir sangre para vosotros, pero necesito que me deis algo de tiempo" respondió Hermione.

"Por supuesto. En cuanto tengamos la sangre, nos encargaremos de congregar a la mayoría de vampiros posibles para nuestra causa común." la dijo Broz haciendo un gesto con la mano al hombre que sujetaba impasible la bandeja. "Vladimir, por favor"

El hombre se aproximó a ellas dándolas una copa a cada una con bebidas y otra a Khalid que se situó detrás de Broz.

"Por la unión y la victoria" dijo Broz y todos brindaron y bebieron de sus copas.

Apenas un par de minutos después, Hermione notó una ráfaga de viento y miró hacía el lugar por el que habían entrado, pero no había nada diferente allí. Al volver la cabeza de nuevo hacia donde estaba Broz y su gente descubrió con asombro que no había nadie y que la habitación había cambiado. Ahora era redonda y blanca.

El corazón se la paró al ver quien estaba allí, le mismísimo Voldemort en persona.

"Lonna Reilly. Que agradable sorpresa" dijo el hombre

Hermione en ese momento comenzó a tener miedo. La habían tendido una trampa y ella había caído como una estúpida. "Coincido en lo de sorpresa, pero desde luego es todo menos agradable"

"Vaya, la última vez que nos vimos no fuiste tan altiva" la dijo acercándose a ella. "Tal vez lo que tengo para ti te calme esos humos"

Dicho esto comenzaron a aparecer figuras alrededor de ellos dos. La primera que pudo apreciar con nitidez fue la de Remus, parecía que estaba petrificado y salió corriendo hacía él, pero Voldemort se lo impidió, levantando con su varita una barrera invisible entre los dos.

"No, no. Este es solo el primero, pero todavía te quedan muchos más" la dijo.

A continuación pudo ver a Lily, a James y a Sirius.

"Ahora comienza el juego. Van a venir más invitados y tú, tendrás que elegir a uno"

"¿Elegir para que? ¿Qué vas a hacer con él?" preguntó asustada.

"Para morir, por supuesto. Nadie escapa de mí sin pagar las consecuencias"

Prosiguieron apareciendo personas petrificadas. Los siguientes fueron Harry Potter, Ronald y Ginebra Weasley y sus padres.

Hermione estaba absolutamente desconcertada, no entendía lo que estaba pasando.

"Oh, vaya. Falta alguien más" dijo Voldemort. En ese momento apareció un bebé recién nacido en el suelo. "Ahora si que puede dar comienzo el juego"

"¿Quien es el bebe?" preguntó Hermione

"¿Tu quien crees?"

"No lo se"

"De acuerdo, entonces él será el elegido" dijo Voldemort aproximándose al bebé. En cuanto llegó a su altura, el bebé comenzó a llorar.

"Noo" gritó Hermione. No sabía porque, pero aunque no sabía quien era no podía permitir que le hiciera daño.

"¿Entonces a quien?" preguntó caminando en circulo y mirando a los petrificados.

Hermione no podía elegir.

"¿No contestas? Está bien, entonces elegiré yo" Casi sin mirar a su victima gritó "Crucio" y Lily Potter cayó al suelo.

Los gritos de Hermione apenas se oyeron porque Lily gritaba de dolor. "Definitivamente no están del todo petrificados" pensó Hermione cuando Lily dejó de gritar.

"¿Qué tal ahora? ¿Se te aclaran las ideas?"

" !!Eres un maldito loco¡¡" le gritó Hermione.

"Crucio" gritó Voldemort y esta vez fue Remus el que cayó gritando al suelo.

Hermione no pudo evitar que un par de lágrimas salieran de sus ojos.

"Me estoy cansando de jugar. Elige" la advirtió Voldemort.

"No puedo elegir a ninguno" le dijo Hermione.

"Está bien" dijo y apuntó su varita en varias todas direcciones contemplando divertido las reacciones de la chica. Primero hacía Harry, después hacia Ron, y así sucesivamente con todos hasta que llegó al bebé "Avada..."

"!!Noo¡¡" gritó Hermione "A él no"

"Sería todo tan fácil si te unieras a mí. Podrías salvarlos a todos"

"Antes prefiero morir"

"¿Estás segura?. Yo podría darte cualquier cosa que desees. Podría hacer que todos los hombres del planeta te amasen. Podrías tener todo el oro del mundo. Te venerarían, harían cualquier cosa que tu quisieras, que tu les pidieras hacer, solo con ponerte de mi lado"

"Nunca"

"Entonces, que así sea" la respondió enfadado. "Avada Kedavra"

Hermione vio a cámara lenta como la luz verde de la varita de Voldemort la daba en el pecho y caía hacia atrás. En el mismo momento que sintió como su cabeza golpeaba el suelo oyó como la voz Broz decía "Ha superado la prueba"

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Lo siguiente que Hermione recordaba, era despertar de noche en medio del descampado del bosque donde se había encontrado con Khalid y sus hombres, con un enorme dolor de cabeza. ¿Qué había pasado? ¿Había sido una prueba y la había pasado? Se levantó lo más aprisa que puedo sin marearse dispuesta a aparecerse en el cuartel.

Al llegar, la recibió Melvina abrazándose rápidamente a ella.

"Oh, señorita Lonna... Cuanto me alegro de verla y de que esté bien" la dijo la elfina llorando.

"Pero Melvina, si nos acabamos de ver hace un par de horas" rió divertida Hermione acariciándola la cabeza. La elfina se soltó de Hermione y salió corriendo

"!!!Señor Remus, señor Remus, es la señorita Lonna, ha vuelto, ha vuelto¡¡¡" gritaba Melvina.

Inmediatamente Remus salió corriendo de la cocina con cara de preocupación y se abrazó a Hermione. "Oh, cielos, pequeña, estábamos tan preocupados" la susurró apretándola contra su cuerpo lo más que podía.

Durante unos segundos permanecieron abrazados. A Hermione le temblaron las rodillas y le palpitó el corazón como hacía tiempo que no lo hacía. Lo único de lo que era consciente en ese momento fue de cuanto le quería y cuanto le estaba echando de menos. Notó como se la hizo un nudo la garganta y haciendo un gran esfuerzo se separó de él.

"Creo que estáis exagerando un poco. Solo he estado fuera un par de horas" dijo con media sonrisa en los labios.

"¿Un par de horas? Por el amor de dios Lonna, has estado fuera dos malditos días" la respondió Lupin elevando el tono de voz.

"No puede ser" susurró Hermione sin salir de su asombro.

Lupin envió un patronus a Dumbledore avisándole del retorno de la chica y fueron a la cocina para que la chica comiera un poco mientras le contaba a Remus y al director, que apareció un par de minutos después, con todo lujo de detalles lo que había pasado, excepto por los de la noche del ritual, claro está.

"¿Cómo es posible que hayan pasado dos días si para mi han pasado solo unas pocas horas?" le preguntó a Dumbledore.

"Francamente, no lo se, querida. Tal vez la bebida que te dieron tenía un potente somnífero y pasaste durmiendo dos días. De todos modos, si vuelves a quedar con esa mujer me gustaría que no fueras sola ¿De acuerdo?" dijo el director.

"Está bien"

"Ahora es mejor que volvamos al castillo, mañana por la mañana muy temprano tengo que salir con Hagrid a buscar a los gigantes."

Hermione tenía la esperanza que Lupin la pidiera que se quedase a dormir en la mansión, pero lo único que este hizo fue darles las buenas noches y acompañarles hasta la puerta, ante la decepción de la chica.

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A la mañana siguiente ya había tomado una decisión, iba a ir a ver a Remus para pedirle que volvieran a estar juntos. No podía más con la angustia de estar separados. El único problema era que todavía no sabía como romper la barrera que ella misma había creado entre ellos dos, así que se pasó el resto del día pensado en la mejor manera de hacerlo. Al día siguiente, el día antes de navidades se lo pediría, iría a buscarle al cuartel, le declararía su amor y le pediría otra oportunidad para estar juntos.

Las dos mañanas posteriores a su encuentro con Broz se había levantado muy mareada, apenas probaba bocado y lo poco que comía lo vomitaba. ¿Y si la habían echado algo en la bebida que aparte de crearla la alucinación y dejarla inconsciente por dos días la había sentado mal? Así que preocupada fue a ver a Madame Pomfrey.

"Querida, ya tengo los resultados de tus exámenes. No he encontrado ningún rastro de ninguna sustancia extraña en tu organismo, así que en ese sentido puedes estar tranquila. Lo único que he encontrado que estás bastante baja de hierro, así que tendrás que seguir una dieta especial." La dijo la enfermera.

"De acuerdo. Muchas gracias" la respondió Hermione y se levantó de la silla en la que estaba sentada para marcharse.

"Un momento muchacha. Todavía no he terminado. Siéntate, por favor." dijo la enfermera y Hermione hizo lo que la mujer la indicó.

"Se que la navidad es mañana, pero tengo un regalo para ti" la dijo la mujer sonriendo "Enhorabuena querida. Estás embarazada".

Si no hubiera sido porque estaba sentada, Hermione se hubiera caído redonda al suelo de la impresión. "¿Em…embarazada? …No puede ser…" balbuceó Hermione.

"Si querida. Me atrevería decir que de ocho semanas. Ahora, por tu bien y sobre todo por el del bebe tienes que procurar seguir la dieta que te doy a rajatabla. También te voy a dar una poción para que te tomes dos veces al día para las nauseas. ¿Tienes alguna duda?" preguntó Madame Pomfrey.

"¿Dudas? ¿Qué si tengo dudas? Que tal ¿Por qué me tiene que estar pasando a mi esto en este preciso momento?" se preguntó Hermione a si misma.

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Dobby volvió a entrar en la habitación para comprobar que se hubiera comido todo, o por lo menos algo, pero Hermione no había tocado el plato.

"Señorita Lonna, tiene que comer. Hágalo por el bebe. El la necesita." Hermione les había contado al elfo y a Aubrie, nada más salir de la enfermería, la noticia. A decir verdad, los dos elfos la habían hecho un interrogatorio de lo más duro al verla llorando desconsoladamente y no la quedó más remedio que contárselo, aunque primero les hizo prometer que no se lo contarían a nadie.

"Está bien Dobby" le respondió y comenzó a comer.

"Señorita Lonna, Aubrie me ha pedido que la diga que mañana vamos a ir a casa de Melvina a pasar las navidades juntos y quiere que la señorita venga también."

"Dala las gracias de mi parte, Dobby, pero ya tengo otros planes"

"¿Va a aceptar la invitación de la señora Potter?" Hermione asintió para que Dobby no la hiciera más preguntas, pero sus verdaderos planes consistían en quedarse encerrada en su habitación, pensando en que iba hacer a partir de ahora. Estaba muerta de miedo de la reacción de Remus cuando se enterase de su embarazo.

"Dobby se alegra mucho. Seguro que allí podrá ver al señor Lupin" la dijo el elfo muy contento.

Al terminar de cenar, Dobby se marchó y la dejó sola con sus pensamientos de nuevo.

Aunque los cristales seguían empañados, ya no podía ver nada al otro lado porque había anochecido.

Se pasó el resto de la noche sentada en la silla, pensando en su nuevo futuro y en Remus, por supuesto. También pensó en sus padres. Ojala tuviera cerca a su madre para que la aconsejara en estos complicados momentos. La echaba muchísimo de menos.

La mañana siguiente amaneció nevando muchísimo más que el día anterior. Según la radio, estaba siendo el día de navidad más frió de los últimos trece años, así que Hermione se vistió lo más abrigada que pudo. Necesitaba salir a pasear.

En las calles de Londres apenas había gente. El gélido viento bufaba tan alto que no se podía oír nada más. La nieve que seguía cayendo copiosamente impedía que pudiera ver más allá de donde pisaba, aunque no la importaba, porque caminaba sin rumbo fijo.

Perdida en sus pensamientos, Hermione cansada de caminar, se paró delante de una casa que la resultaba muy familiar. Al acercarse un poco más el corazón se la paró de golpe. Era la casa de sus padres.

Durante varios minutos permaneció de pie mirando a la puerta, esperando. A pesar de estar tiritando por el frió no se movía. Estaba comenzando a parecer uno de los muñecos de nieve que los vecinos habían hecho en las puertas de las casas. La nieve la estaba empezando a cuajar sobre el fino gorro de lana que se había puesto y sobre los hombros, además apenas se la veían los pies, ya que los tenía enterrados bajo una capa de unos cinco centímetros de espesor de nieve.

"Disculpe señorita, ¿quería algo?" la preguntó un hombre sacándola de su ensimismamiento.

"Eh…no…verá…" comenzó a responderle cuando se paró en seco a causa de la impresión. Era su padre. Hermione sintió como la faltaba el aire.

"¿Se encuentra bien?" la preguntó la mujer que estaba al lado del hombre.

Hermione la miró. Era su madre y llevaba un pequeño bulto entre los brazos que comenzó a llorar. Era ella misma, de apenas tres meses.

Todo esto la superaba con creces, comenzó a llorar y estaba temblando aunque no solo por el frío. Volvió a mirar a sus padres y a si misma y echó a correr lo más rápido que la nieve y sus entumecidas piernas la permitieron.

Cuando estuvo segura que nadie la veía se apareció. Al mirar a su alrededor, por unos instantes no supo donde estaba hasta que una voz familiar la hizo situarse.

"Lonna ¿Te encuentras bien?"

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