Ya no queda casi nada... por no decir nada. En el próximo capítulo seguramente acabe todo... Así que disfrutad de la lectura... Espero que os guste ^^
CAPÍTULO 21: Simplemente feliz
Las palabras de Dumbledore aún resonaban en su cabeza. "Prométeme tú también algo a cambio"- Le había dicho su director.- "Que intentarás que, pase lo que pase, tu historia sea un cuento de hadas y no una pesadilla"
¿Cómo iba a lograr eso? ¿Cómo iba a conseguir no rendirse? Estaba tan cansado de luchar, de enfrentarse a todo… Sólo quería que todo acabase ya. Pero sabía que eso era imposible. Las cosas no eran tan fáciles.
Suspiró y empujó el retrato de la Dama Gorda para entrar en la sala común. No había nadie. Se respiraba ese característico silencio que se da cuando todo el colegio está en calma, dormido, tras una noche de fiesta. Miró por la ventana y observó cómo un sol especialmente luminoso comenzaba a deslumbrar por entre las montañas cubiertas de nieve que rodeaban el castillo. Ron y Hermione seguramente aún dormían, igual que el resto de sus compañeros.
Si lo que le había contado Dumbledore era cierto y volvía, seguramente no volvería a ver a Ginny… y si se quedaba en esa época, iba a hacer las cosas bien, tal y como el monstruo tímido y romántico que había crecido en sus entrañas tiempo atrás siempre le decía que tenían que ser. Al recordar a aquel monstruito y a Ginny, sintió una sensación extraña, igual que la que había sentido la noche anterior en el baile. Era emoción, felicidad, entusiasmo… esa sensación indescriptible que siente uno cuando sabe qué va a pasar. Cuando estás enamorado y planeas algo con emoción. Ese día iba a volver a ser sólo de ellos dos. Sólo de los dos.
Ginny sonrió con los ojos todavía cerrados mientras se giraba en su cama y se estiraba perezosamente. La imagen de un sueño lejano en el que bailaba toda la noche con Harry se instalaba en su cabeza mientras la música de las Brujas de McBetch llegaba a sus oídos terminando de completar la imagen perfecta.
No. No había sido un sueño. Lo sabía porque aún podía escuchar la risa de Harry al intentar bailar. Todavía sentía la mano del chico en su cintura, su aliento en su oído mientras bailaban lento, sus labios en los suyos cuando la besaba… No había sido un sueño, pero no quería abrir los ojos, por si acaso. No quería despertar.
Escuchó un ruido en el cuarto y la distracción borró de su cabeza aquella imagen, aquel recuerdo. Gruñó silenciosamente y abrió los ojos dispuesta a maldecir a cualquiera que hubiese entrado. Pero en cuanto lo abrió, se topó con unos enormes ojos verdes que la miraban con demasiada atención. Soltó un pequeño gritó y, asustada, se sentó en la cama apoyada en la cabecera. El propietario de aquellos ojos verdes saltones se acercó a ella caminando encima de la cama y volvió a mirarle de muy de cerca, tanto, que podía verse perfectamente reflejada en ellos.
- ¿Ginny Weasley?
Parpadeó dos veces por si todavía seguía soñando. Pero el pequeño elfo doméstico seguía frente a ella con los ojos muy abiertos, esperando una contestación.
- Er… sí… soy yo.
- ¡Bien!- Dijo comenzando a saltar en la cama.- ¡Harry Potter se pondrá muy contento porque Dobby no se a equivocado de cama!
- ¿Harry?- Ginny frunció el entrecejo confundida y entonces comenzó a atar cabos.- ¿Eres el elfo que casi mata a Harry hace dos años?
- Eso fue un accidente…- Se sonrojó Dobby dejando de saltar.- Además, Dobby no mata, no señor. Dobby sólo mutila o hiere de gravedad… ¡Pero a Harry Potter nunca! No, a él no. Él es bueno, le ha regalado a Dobby unos calcetines por Navidad. (Alguien más adoró esta frase de Dobby en hp7? XD)
Ginny miró a los pies de elfo y vio dos calcetines desparejados que parecía que Dobby llevaba con mucho orgullo y se le escapó una risita.
- Son muy bonitos. Y… ¿Por qué estás aquí?
- Harry Potter me llamó para que la viniera a buscar. Quería que Dobby la despertara para decirle que le espera abajo. Harry Potter insistió mucho en que no me equivocara de cama…
- Me imagino…- Ginny se imaginó a Dobby despertando a su compañera Damelza y el desconcierto de esta.- ¿Harry está abajo?- El elfo asintió con energía.- Entonces ve a decirle que enseguida bajo.
Saltó de la cama al mismo tiempo que Dobby se desaparecía con un chasquido de dedos y un sonoro "crack" que hizo que Damelza, la única de su curso que se había quedado en el castillo para Navidad, se removiera en su cama sin llegar a despertarse. Ginny suspiró comenzando a vestirse en silencio. Este tenía pinta de ser un gran día.
Se tumbó en el sofá mientras hacía tiempo. La chimenea estaba encendida y el calor de las llamas llegaba hasta él, adormeciéndole. Cerró los ojos mientras se relajaba y pensaba sólo en el sonido del crepitar del fuego. Una risita inconfundible le hizo abrir un ojo. Ginny, apoyada en el respaldo del sofá, le miraba sonriente.
- ¿Tanto he tardado que te has quedado dormido?
Harry sonrió y volvió a cerrar el ojo.
- Soñaba contigo.
- Mentiroso…
- Es cierto.- Dijo abriendo los ojos de nuevo.
- ¿Sí? ¿Y qué soñabas?
- Algo parecido a esto…
Harry se incorporó y acercando su cara a la de ella la besó lentamente, saboreando cada segundo que pasaba. Se separaron y notó cómo Ginny le miraba con ojos chispeantes.
- Un bueno sueño…
Se levantó del sofá y la cogió de la mano.
- Vamos a desayunar.
- Es pronto todavía. No debe haber nadie despierto en todo el castillo.
- Por eso, vamos.
Harry tiró de su mano y Ginny se dejó guiar. Caminaron por los pasillos agarrados de la mano, comentando los cuadros y riendo de los fantasmas. Parándose para besarse detrás de las armaduras y corriendo para que la Señora Norris no los viera. Ginny reía feliz. Pensando que, después de todo, algo así tendría que ser salir con Harry sin importar que nadie los viera. Caminando por los pasillos divirtiéndose, haciendo el tonto y queriéndose.
Entraron al Gran Comedor y, como se había imaginado, no había nadie dentro. Las mesas estaban vacías, salvo un pequeño rincón en la mesa de Gryffindor donde dos platos y un montón de comida los esperaban. Harry sonrió y volvió a tirar de ella.
- ¿Esto es para nosotros?- Preguntó sentándose frente a uno de los platos.
- Ser amigo de Dobby tiene ciertos privilegios.- Haciendo lo mismo en frente de ella.
- Ese elfo es…
- ¿Raro?
- Iba a decir que es adorable. Es imposible que te caiga mal.
- Puede que tengas razón…- Harry comenzó a untarse una tostada mientras hablaba.- Pero bueno, tú siempre ves el lado positivo de todo y de todos.
- No es tan así.
- ¿Ah, no?
- No… Te confesaré algo.- Harry la miraba atento.- Cuando conocí a Hermione, no la soportaba.
- ¿Qué? ¿Por qué?- Se extrañó sabiendo lo bien que se llevaban.
- ¿No es obvio? Pasabais mucho tiempo juntos y pensé que entre ella y tú había algo.
- Hermione y yo… ¿En serio? ¿Tú también?
Ginny se encogió de hombros y comenzó a partir con el tenedor el huevo frito que tenía en el plato en trozos muy pequeñitos.
- Sí… Pero en cuanto la conocí se me fueron todas las dudas. Estaba clarísimo lo que sentía por mi hermano, aunque ella se lo tomara a broma. Hasta que el año pasado lo admitió y me lo confesó.
- ¿Supiste antes que ella lo que sentía por Ron?
- Si una chica aguanta a mi hermano sin ser de la familia algo raro pasa…
Harry sonrió y bebió un largo trago de su zumo de calabaza mientras observaba a Ginny. Estaba enfrascada en su labor de preparar su desayuno. Había partido el huevo frito en trocitos muy pequeños, había hecho lo mismo con el tocino y lo había mezclado todo junto con pequeños pedazos de pan tostado con mermelada. Harry levantó las cejas hasta que Ginny le miró. Al darse cuenta se puso ligeramente roja.
- ¿Vas a comerte eso?
- Sé que es un tanto raro, pero…
- ¿Un tanto raro?
- Cuando Ron vino a Hogwarts yo estaba muy triste porque me había quedado sola en casa, así que a la mañana siguiente mi padre quiso animarme y pasar conmigo el día entero. Intentó hacer el desayuno, pero el bote de mermelada se le cayó dentro de mi plato de huevos con tocino… y acabamos comiéndonoslo los dos entre risas. Nunca desayuno así si hay alguien delante, pero ahora…
- Sólo estoy yo.
- Exacto.- Ginny se llevó a la boca el tenedor y comenzó a saborear con gusto mientras Harry le miraba con el ceño fruncido.- Deberías probarlo, no está tan mal.
- No gracias.- Dijo haciendo una mueca de asco con la cara.
- ¡Venga! Demuestra que eres un auténtico Gryffindor…
- Esto no es cuestión de valentía, si lo pruebo acabo vomitando.
- ¡No seas exagerado!- Ginny rió y le acercó su tenedor a la boca, pero Harry lo esquivó rápido.
- ¿Mermelada con huevos y tocino? No gracias…
- Sólo es mermelada…- Metió un dedo en el bote con sabor a fresa y se lo llevo a la boca.- Muy rica…
- Yo soy más de tarta de melaza.
- Nadie desprecia el plato especial de Arthur Weasley sin haberlo comido antes. Pruébalo.
- No.- Harry se hacía el enfadado, pero una pequeña sonrisa se asomaba en sus labios.
- Pruébalo
- Que No
- Pruébalo o…
- ¿O…? ¿Qué vas a hacerme?
Ginny volvió a coger el tarro de mermelada y le miró amenazante.
- Pruébalo o no será mi desayuno el que acabe cubierto de mermelada. Y te aviso que puede llegar a ser muy pegajosa…
- No te atreverás.
- ¿No?
Ginny le miraba desafiante con el bote en la mano y Harry, divertido, se preparaba para salir corriendo al menor indicio de que la pelirroja le fuese a manchar. La chica se inclinó ligeramente y Harry retrocedió unos milímetros. Los dos se miraban a los ojos, esperando cualquier movimiento. Y en un abrir y cerrar de ojos, ambos se levantaron a toda velocidad y salieron disparados uno a cada lado de la gran mesa de Gryffindor. Comenzaron a correr, Ginny detrás de él, con la mermelada en la mano, sorteando las mesas mientras reían. Ginny le alcanzó en un extremo de la mesa de Ravenclaw y él le aprisionó contra la mesa intentando quitarle el tarro. Forcejearon entre risas hasta que Ginny, metiendo la mano en la mermelada, logró esquivarle y pringarle la cara de fresa. Las carcajadas de la chica pudieron haberse escuchado por todo el colegio y Harry, sin poder evitarlo, se unió a sus risas. El chico acercó su cara peligrosamente cerca de la de ella y Ginny dejó de reírse.
- Me las pagarás.- Susurró.
Ginny alzó la mano y cogió un poco de la mermelada que tenía en la mejilla para llevársela a la boca.
- Sabes a fresa… Muy rico.
Harry volvió a reírse y cogiéndola de la mano, salieron del Gran Comedor. Se dirigieron al baño de las chicas del segundo piso, donde podían entrar los dos mientras por el camino Ginny se burlaba de él cariñosamente. Entraron y Harry se quitó las gafas para limpiarse la cara en el lavabo.
- No me gusta mucho este baño…- Susurró la pelirroja.
Ginny se apoyó a su lado y las cogió, jugando con ella entre los dedos mientras le observaba limpiarse la cara.
- Nunca te había visto sin gafas.
- ¿Y qué tal estoy?- La miró sugerente.
- La verdad es que te prefiero con ellas. Aunque así se te ven más los ojos, son muy bonitos, muy verdes.
- Sí…- Harry le miró burlonamente.- ¿Cómo un sapo en escabeche?
Las mejillas de Ginny se pusieron tan rojas como su pelo y las gafas casi se le escapan de las manos.
- No sé por qué dices eso.
- ¿No? ¿De verdad?- Ginny bufó resignada.
- Déjalo ¿Quieres?
- Está bien.- Harry comenzó a cerrar el grifo mientras recitaba aquel pequeño poema que la pelirroja le escribió tiempo atrás.- "Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche y el pelo negro como una pizarra cuando anochece."
- ¡Harry!- Protestó mientras le pegaba en el brazo.
- Vale, vale, ya me callo.
Ginny se puso las gafas del chico y le miró.
- ¡Merlín! Tienes la vista fatal.
- Dámelas.- Harry se las puso y la miró.- ¿Así mejor?
- Mucho más guapo.
Entonces Harry comenzó a escuchar unas voces que penetraban en el gran silencio que había por todo el castillo. Agarró a Ginny por la cintura y la arrastró con él dentro del baño más cercano. La chica iba a protestar pero Harry le tapó la boca con la mano, indicándole con la mirada que se callara y escuchara. Eran Ron y Hermione.
- Puede que hayan venido aquí.- Se escuchó a Ron.
Harry se subió a la taza del retrete para que no les vieran si miraban por debajo de las puertas. Le tendió una mano a Ginny y esta subió con él. Harry le sujetó de la cintura para que no cayera mientras veía los pies de Ron pasar por donde ellos.
- Aquí tampoco están.- Decía Hermione y escucharon cómo gruñía Ron.
- Harry… Cómo le esté haciendo algo…
- Ron, por favor, que estén solos no significa que estén haciendo nada malo.
- Ya, claro. ¡Harry es un tío, Hermione! Hace lo que todos.
Escucharon cómo Hermione reía y comenzaba a hablar más bajito, cómo acercándose a Ron.
- ¿Y qué hacen todos los tíos?
- Ya sabes…
Entonces dejaron de escuchar nada salvo la respiración de sus amigos. Se estaban besando. Harry rodó los ojos mientras Ginny reía silenciosa.
- Vamos a seguir buscándoles.- Sugirió Hermione.
- No, espera un poco más…
Y otra vez silencio. Si supiesen que ellos dos estaban en el baño escondidos les daba algo. Escucharon cómo Hermione reía.
- ¿No estabas desesperado por buscar a tu hermana?
- Seguro que está bien, puede que estén en la sala de los menesteres.
- ¿Y si no?
- Podemos quedarnos nosotros allí…
De nuevo silencio. Ginny negó con la cabeza divertida al escuchar a su hermano. Harry abrió unos milímetros la puerta y miró fuera. Ya no había nadie. Miró a Ginny y vio que la tenía muy cerca, todavía agarrada de la cintura, pegada a él. La acercó todavía más mientras sus caras comenzaban a acercarse lentamente. Podían sentir el aliento del otro.
- ¡Harry!- Gritó una voz.
La cabeza de Myrtle la llorona los miraba desde la puerta. Ginny soltó y grito y Harry del susto metió el pie en el retrete.
- ¿Qué quieres?- Gruñó Harry mientras salía seguido de Ginny y del fantasma y se secaba el pantalón con un hechizo.
- ¿Quién es ella?- Preguntó enfadada apuntando a Ginny.
- Es… una amiga.
- ¿Una amiga? ¡Pensé que teníamos algo!- Myrtle comenzó a sollozar y Ginny miró a Harry sin entender, con las cejas alzadas.- Te estaba reservando mi retrete favorito y un sitio en las tuberías…
- Es muy… amable por tu parte, Myrtle, pero…
El fantasma de la chica le miraba furiosa, a punto de echarse a llorar.
- Mejor te espero fuera, Harry…- Le susurró Ginny intentando no molestar a Myrtle.
Desde su primer año en Hogwarts con la historia del diario, prefería no acercarse a ese baño ni a ese fantasma en particular.
- ¡No! Ginny, espera.
- Te espero fuera, de verdad.
Salió arrastrando los pies y se apoyó en la pared al lado de la puerta. No le gustaba mucho ese baño y los fantasmas que rondaban por él. No le traían muy buenos recuerdos… Vio a un par de alumnos caminando silenciosos a lo lejos por el pasillo, demasiado dormidos todavía como para prestarle atención. El colegio comenzaba a despertar. A los pocos segundos salió Harry con mala cara.
- ¿También voy a tener que competir con los fantasmas del colegio por ti?- Preguntó con una sonrisa de lado.
- Lo siento…
Ginny se encogió de hombros y miró sus pies.
- Si te sirve de algo.- Dijo acercándose a ella y abrazándola.- No tienes que competir con nadie, eres a la única que quiero.
Sonrió agradeciendo que Harry no hablara de la cámara de los secretos ni del diario. Miró a sus ojos verdes e incluso pensó por un momento que por la mente de Harry, nada de eso estaba pasando en ese momento. Como si Voldemort y esos recuerdos ni si quiera hubiesen cruzado su cabeza ni un segundo. Y sólo se preocupaba por ella, por cómo se sentía.
- ¿Por qué no quieres que Ron y Hermione nos vean?
- Me apetece que pasemos el día solos… Y seguro que ellos también.
- Aún no me creo que estén juntos.- Comentó abrazándose más a él.
- Dímelo a mí.
- ¿Y qué quieres hacer?
A Harry volvieron a brillarle los ojos por un momento mientras pensaba y sonreía.
- Se me ocurre algo, pero tenemos que ir a por los abrigos.
- ¿Salir? ¿Con este frío?- Harry asintió con ganas.- Está bien… pero le escribimos una nota a Ron, no quiero que acabe poniendo el castillo patas arriba para saber dónde estoy.
Harry rió y comenzaron a caminar por el pasillo mientras Harry le pasaba el brazo por los hombros. Después de haberse abrigado bien y haberle escrito una escueta pero tranquilizadora nota a Ron, salieron a los jardines del colegio. Harry llevaba su saeta de fuego en una mano. Ginny le había mirado como si estuviera loco cuando le había dicho que quería volar con ella. ¿Con ese tiempo? Definitivamente ese chico estaba loco. Pero aceptó. Porque tenía que reconocerlo, ella también quería hacerlo. ¿Cuántas veces había soñado que juntos volaban en escoba y Harry le declaraba su amor? ¿O que la invitaba a subir a su escoba después de haber ganado un partido con Gryffindor? Aceptó y ambos se dirigieron a los jardines.
Había vuelto a nevar esa noche y el suelo volvía a estar cubierto de una gruesa capa de nieve. Una nieve tan fina que parecía polvo y te daban ganas de tirarte en ella como si fuesen nubes. Harry se colocó en su escoba y la invitó a que hiciera lo mismo delante de él. La rodeó por la cintura cogiendo el mango de la escoba y Ginny sintió un vértigo especial en el estómago cuando Harry pegó con el pie al suelo y salieron volando a toda velocidad. Se tapó los ojos durante unos segundos y contuvo la respiración. Nunca había volado en una escoba tan rápida. Tardó poco en acostumbrarse. Había nacido para eso, para volar. Y comenzó a reírse como una niña pequeña, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras observaba cada vez el vastillo más y más pequeño y sentía el aire en su cara, emocionada.
Harry la escuchaba y la risa se le contagiaba. No había razón para reír, pero lo hacía. Había volado miles de veces y de muchos modos distintos. Pero compartir ese momento con ella estaba haciendo que amase más todavía coger la escoba y surcar el cielo a toda velocidad. El aire era frío, y sus mejillas comenzaban a enrojecer. Tenía la necesidad de cerrar lo ojos y sólo dejarse llevar. Pero debía mantener la escoba firme.
Ginny se enderezó en la escoba y se separó un poco de él. Cerró los ojos como no podía hacerlo Harry. Extendió los brazos sintiendo la velocidad y la emoción pegarle en la cara. Harry comenzó a subir la velocidad haciendo que Ginny gritara, peor no asustada. No supo cuanto tiempo estuvieron así. Gritando, riendo, haciendo el tonto en cima de la escoba.
Podían haber pasado horas o minutos, que no se había dado cuenta. Ni de la hora, ni del frío, ni del hambre que deberían tener.
Al rato, Ginny se acurrucó en el pecho de Harry y este apoyó la barbilla en su hombro, todavía sin poder quitarse la sonrisa de la cara.
- Debe ser la hora de la comida. ¿Tienes hambre?- Ginny negó con la cabeza.- Yo tampoco.
La chica giró la cara y le miró, viéndose reflejada en sus gafas. Y alzando un poco la cabeza lo besó, pillando desprevenido a Harry. Entonces Ginny se separó gritando, esta vez no por la emoción.
- ¡Mi gorro!
Ginny miraba hacia abajo viendo cómo su gorro de lana caía despacio arrastrado por el viento.
- ¿Qué ocurre?
- Se me ha caído el gorro…
Harry miró también hacia abajo y comenzó a bajar despacio siguiendo la trayectoria de la prenda. El gorro había caído en el enorme lago helado de Hogwarts, muy cerca de la orilla. Aterrizaron cerca de un árbol y apoyaron en el la escoba.
- ¿Es seguro?- Preguntó Ginny al ver que Harry comenzaba a adentrarse en el hielo.
- Sí, no hay problemas, sólo hay que…
Sus palabras fueron interrumpidas. Al dar el siguiente paso, resbaló y Harry cayó al suelo haciendo un gran ruido al chocar su trasero con el hielo. Ginny al principio se asustó, pero al ver la cara tan graciosa que tenía Harry soltó una gran carcajada que hizo eco.
- Sí, el suelo es seguro…- Aseguró con una mueca de dolor.- Ayúdame, anda.
Ginny se acercó a él adentrándose también en el hielo con más agilidad que Harry y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Se separó de él una vez de pie y se deslizó por el hielo hasta coger su gorro.
- ¿Cómo haces que parezca tan fácil?- Preguntó frustrado al ver que él casi no podía tenerse en pie.
- Hay un pequeño lago cerca de La Madriguera.- Le contó.- Los inviernos que hace mucho frío el agua se congela y solemos patinar allí. Aunque estos últimos años no se ha helado suficiente.
- Ahora lo entiendo.
- Inténtalo.- Le propuso al deslizarse hasta él y cogerle de las manos.
- ¿Qué? ¡No! Seguro que se me da tan mal como bailar.
- ¿Has patinado alguna vez?
- No.
- ¿Entonces cómo lo sabes? Sólo inténtalo…
- Ginny…- Harry la miró no muy convencido.- No tengo coordinación con mis pies, en serio.
- No digas tonterías. A noche no bailaste tan mal.- Intentaba convencerle.
- Ambos sabemos que moverme no es lo mío… Creo que ni voy a volver a intentar bailar otra vez.
- ¿Nunca? ¿Jamás?
- No.- Ginny suspiró derrotada.- Salvo…
- ¿Qué te obligue?- Sonrió.
- No. Salvo el día de nuestra boda.
Ginny se quedó sin palabras. ¿Harry hablaba en serio? Le sostuvo la mirada esperando ver si sus palabras eran una broma, pero Harry se limitaba a sonreír ligeramente colorado. ¿O sólo era el frío lo que le hacía estar así?
- ¿Qué has dicho?
- Ya sabes… esa cosa que suelen hacer las parejas después de decir "Sí, quiero".
- Se a que te refieres. Es sólo que…
Harry rió al ver a Ginny tan sorprendida por el comentario. Pero no podía engañar a nadie. Si tenía que volver a hacerlo, si se imaginaba otro baile, otra situación en la que tendría que bailar delante de mucha gente, ese era el día de su boda. Y Ginny era la única con la que imaginaba esa escena. La única con la que volvería a bailar. La única que podía hacerle bailar.
- No querrás decepcionar a nuestros invitados…
Ginny sonrió ampliamente. No le estaba pidiendo nada. Pero era una promesa de futuro. De que ella era la única y siempre lo sería. Comenzaba a ponerse tan roja como solía ponerse antes de que Harry viniera de ese futuro no tan lejano y desvió el tema para intentar que no se notara.
- Inténtalo.- Volvió a insistir retomando la conversación anterior.- Sólo tienes que deslizar los pies.
- Ginny…
Esta se acercó a él, casi rozando sus labios y lo miró haciendo un puchero.
- ¿Por mí?
Harry desvió un momento la mirada y Ginny sabía que había ganado. Este suspiró y la agarró fuerte de las manos.
- Tú ganas…
Ginny estiró los brazos en forma de victoria, soltándose de Harry y haciendo que este casi caiga de nuevo al frío hielo.
- Lo siento… Ven, agárrame. Es fácil…
Harry volvió a agarrarse a las manos de Ginny, quién en frente de él, se deslizaba pasito a pasito por el frío hielo, arrastrando a un torpe Harry que intentaba no caerse. Pasaron el rato entre risas y bromas, con un Harry cada vez más decidido y más desenvuelto, que poco a poco comenzaba a deslizarse él solo. En una de esas, cuando Harry intentaba moverse más rápido y sin manos, el hielo le jugó una mala pasada y, resbalándose, agarró a Ginny por la cintura y cayeron juntos al suelo.
Ginny, en cima de él, comenzó a reírse como llevaba haciendo todo el día. Y aunque a Harry volvía dolerle el trasero, no le importaba. Porque el sonido de Ginny era una de las cosas que más le gustaba escuchar.
Y lo mejor de todo, era lo contagiosa que era. Porque cuando ella reía no podía evitar unírsele.
Los dos caminaban debajo de la capa invisible mientras caminaban por los pasillos. Sólo se les veía un pequeño trozo de los pies, imperceptible para todos. Comenzaba a hacer demasiado frío fuera y a irse el sol entre risas, bromas y besos. Habían dejado la escoba en el cuarto y comprobado que Ron había cogido la nota que habían escrito para no preocuparle. Ahora, siendo invisibles para el resto del mundo, caminaban bajo aquella capa, dirigiéndose a las cocinas del colegio. Sus estómagos podían resistir, distraídos por la diversión, pero hasta el monstruito que habitaba las entrañas de Harry suplicaba por comida.
Vieron a Ron y Hermione acercarse desde el otro lado del pasillo y se pegaron a la pared esperando que pasaran.
- Como no vayan a cenar…- Refunfuñaba Ron.
- ¿Quieres calmarte?
- ¡Todo el día desaparecidos!
- Te han dejado una nota…- Intentaba excusarles Hermione.
- "No contéis en todo el día con nosotros."- Recitaba Ron.- "Estamos por los alrededores pasándolo bien. No os preocupéis, todo va bien".
- ¿Y por qué te preocupas entonces?
Ron se paró en seco y miró a la chica como si fuera lo más evidente del mundo la razón de su mal humor.
- ¡Pasándolo bien!- Repitió las palabras.- Ya sé yo cómo quiere pasárselo de bien el pervertido de Harry...
- Ron…- Hermione se acercó a él y le agarró de los brazos para que le prestara atención.- Tienes que dejar de pensar a cada rato que Harry está por ahí metiéndole mano a tu hermana.- Ron gruñó haciéndole saber a Hermione que sabía que tenía razón.- ¿No confías en él?
Harry, desde debajo de la capa invisible, tragó saliva esperando la respuesta.
- Sí, pero Ginny haría cualquier cosa por él. Cualquier cosa, Hermione.
A Hermione se le escapó una risita y Harry pudo imaginarse que su amiga comenzaba a imaginarse las cosas pasaban por la mente de Ron.
- Y Harry también haría lo que fuera por ti. No pondría en peligro vuestra amistad por nada del mundo.
- Lo sé, yo tampoco.- Ron suspiró y Harry sonrió.
- Ni si quiera por lo mucho que quiere a tu hermana.
- Enamorado…- Repitió Ron las palabras como si no se lo creyera todavía.- Sigo sin comprender cómo al fin se fijó en la plasta de Ginny.
Escucharon un murmullo tras ellos y voltearon, pero sólo estaba una de las viejas armaduras del colegio pegada a la pared. Hermione entrecerró los ojos, arrugó un poco el entrecejo y volvió a mirar a Ron.
- Deja de preocuparte por ellos, ¿de acuerdo?
- Está bien…- Cedió por fin el pelirrojo.- Pero vamos a cenar, por favor.
- Aún es pronto.
- Lo sé, pero me muero de hambre.
Ron comenzó a caminar por el pasillo en dirección al Gran Comedor. Hermione volvió a girarse y Harry notó cómo miraba hacia ellos. Se encogió ligeramente para tapar el pequeño trozo que se veía de sus zapatos.
- ¿Vienes o voy a tener que ir por ti?- La llamó Ron.
Hermione sonrió echándole un último vistazo a la pared "vacía" y corrió hasta Ron.
- Mi hermano es un idiota…- Susurró Ginny.
Harry asintió dándole la razón. Pero dentro de él no podía evitar sentir un calor especial que le invadía y le calmaba de un modo extraño. "Y Harry también haría lo que fuera por ti." Había dicho Hermione. "No pondría en peligro vuestra amistad por nada del mundo." Las palabras de Hermione eran ciertas y sabía que las de Ron también. Quería a Ron, era su amigo, su hermano. Sabía que ambos, aunque nunca se lo dijesen porque les costaba demasiado decirlo abiertamente, darían su vida el uno por el otro. Porque eso hacían los amigos. Eso hacía la familia.
Continuaron caminando bajo la capa de invisibilidad hasta llegar a las cocinas del colegio, donde un grupo alborotado de elfos iban de un lado para otro a toda velocidad preparando ajetreados la cena que estaba punto de comenzar. Dobby, en cuanto vio a Harry y a Ginny entrando se abalanzó sobre él entusiasmado y les preparó una improvisada mesa en un rincón para poder comer algo como habían pedido ellos. No querían estar con todos los demás alumnos, ese día era sólo para ellos, nada más que para ellos. Y nada más invadía la mente de Harry que pasar el rato con ella.
Al cabo de los minutos los frenéticos elfos fueron relajando el paso y desapareciendo la mayoría hasta que no quedaron más que unos cuantos rezagados. La comida ya estaba lista. Habían terminado su trabajo. Harry bebió un largo trago de jugo de calabaza mientras miraba a Ginny comer con ganas su pollo asado con patatas fritas.
- El apetito de un Weasley nunca flaquea.- Ginny se limpió con la servilleta.- ¿Sois todos así?
- Deberías habernos visto cuando éramos pequeños.- Ginny le miró con ojos soñadores recordando.- Mamá tiene una foto de todos juntos cuando yo tendría… unos tres años. Salimos los siete sentados en la mesa desayunando. Aquello era un campo de batalla más que un comedor…
- Pero seguro que era muy divertido.
- Cuando no se mete alguno de tus hermanos contigo lo hace otro…- Comentó un poco molesta.- Pero también tienes siempre a alguien que te defienda o que quiera pasar el rato contigo. Es imposible sentirse solo.
- Creo que por eso siempre me gustó tu familia. Sois tantos que es imposible no querer a alguno.
Ginny pareció meditarlo un momento.
- Percy puede llegar a ser un plasta… Pero es mi hermano.- Se encogió de hombros.
- Aunque hay algo malo de tener tantos hermanos.- Ginny arqueó una ceja.- Que todos querrán matarme si pienso si quiera en tocarte.
- Te conocen desde hace tanto que eres parte de la familia. No tienes de que preocuparte.
- Pero no soy de la familia, Ginny, ese es el punto. ¿Te imaginas lo que pasará por la mente de todos el día que les digamos que estamos juntos?
Un escalofrío le invadió ante la perspectiva de un futuro con Harry. Un futuro en el que hacían su relación oficial y les comunicaban a todos… todo.
- Querrán matarte.- Afirmó.
- Exacto.- Harry volvió a beber de su vaso.- O imagínate el día que les digas que estás embarazada. Para que ocurra eso nosotros habremos tenido que…- Las mejillas de Ginny se pusieron ligeramente rojas.- ¿Con qué cara me presento yo en tu casa sabiendo que ellos saben que nosotros…? Tú me entiendes.
Aunque un poco avergonzada por lo que acababa de decir, Ginny comenzó a reírse ante las preocupaciones de Harry. Lo miró y por primera vez desde que lo conocía le vio preocupado pero feliz. No era esa expresión que tenía siempre que hablaban de Voldemort o como la que había tenido esos últimos días desde que había tenido ese extraño viaje. Estaba preocupado, sí, pero en el fondo estaba feliz, y se divertía con aquella conversación. Como si por mucho que le aterrase enfrentarse a sus hermanos a la vez estuviese deseando hacerlo.
No sabía qué ocurría, qué pasaba por la cabeza de Harry en esos momentos. O qué no pasaba para verlo tan despejado y sin pensar en nada oscuro como había hecho desde hacía tanto tiempo. Pero le agradaba verle así, realmente feliz. Y no le cambiaría por nada.
- No te rías.- Dijo el también divertido.- Pobres de nuestros hijos, pensarán que su padre es un gallina que no se sabe enfrentar a sus tíos.
- ¿Nuestros hijos?- Bromeó con él.- ¿Cuántos piensas tener?
Harry lo pensó un momento.
- Cuatro.
- ¿Cuatro?- Se sorprendió.- Son muchos.
- Hablo la que tiene seis hermanos…
- Por eso lo digo. Sé de lo que hablo.
- ¿Cuántos quieres tener tú?
- Dos. Niño y niña.
- ¿Sólo?
- Está bien, lleguemos a un acuerdo. Tren, ni para ti ni para mi.
Harry asintió conforme y Ginny se rió acariciándole la mano.
- ¿Desde cuándo tienes el instinto paternal tan desarrollado?
Algo pasó por la mente de Harry pero este prefirió callarse y limitarse a sonreír.
- Termina de cenar, anda.
Los dos miraban la oscura noche apoyados desde la barandilla de la torre de astronomía. No decían nada. Sólo había silencio entre ellos. Pero se les hacía tremendamente agradable compartir ese sencillo momento. No hacía falta hablar, decir o hacer nada. Simplemente miraban a ninguna parte. A algún punto en la lejanía donde les alcanzara la vista. El cielo estaba despejado, la luna brillaba y las estrellas les hacían compañía.
Una ráfaga de viento sopló fuerte haciendo que Ginny se estremeciera. Harry se acercó más, si es que era posible, y la rodeó con el brazo izquierdo sin dejar de mirar al frente. Ginny se recargó en su hombro y suspiró haciendo salir vapor de su boca por el frío que hacía.
- Gracias.- Susurró.
- ¿Por qué?
- Por este día.- Dijo encogiéndose de hombros.- Por fijarte en mí…
Harry se giró y le acarició la cara con sus manos frías.
- Tú me haces feliz. Nunca lo olvides. ¿Me lo prometes?
Ginny asintió como una niña pequeña y se abrazó a él, escondiendo su cara en el pecho del chico. Una melodía comenzó a sonar y Harry alzó la cabeza. Fawkes volaba en la oscuridad de la noche, produciendo una de aquellas maravillosas melodías que sólo un ser como él podía emitir. Harry la abrazó con más fuerza y cerró los ojos.
- Te quiero, Harry.
Había sido un susurro pero él lo había escuchado perfectamente. Su corazón latió más fuerte al escuchar esas palabras. Todavía abrazado a ella comenzó a moverse lentamente mientras escuchaban la canción del fénix. Ginny le correspondía y le seguía. Respiró hondo, inundando sus fosas nasales del olor tan característico del perfume de Ginny. Ni si quiera bailaban. Sólo se movían lentamente, abrazados, mientras la melodía llegaba a sus oídos.
- ¿No decías que no volverías a bailar?
- A esto podría acostumbrarme…
Ginny rió bajito y acomodó su cabeza pegándola más al cuerpo de él. Contuvo el aire. Ese había sido un día soñado, pero tenía miedo de perderle. De que se fuera. Y no podía aplazar esa charla más tiempo.
- Harry, deberíamos hablar de algo.
- Ahora mismo… no me importa.- Le respondió con simpleza mientras continuaba moviéndose lentamente.
- Pero…
- Shhh…
Harry le mandó callar y ella obedeció. No quería hablar de nada, hacer nada. Sólo permanecer así, como estaban. Porque por primera vez en mucho tiempo, Harry era simplemente feliz.
Ninguno de los dos quería que aquello se acabara. Porque en ese momento sólo estaban ellos dos en aquel enorme colegio. Dos perdonas abrazadas, bailando. Ella, él, la canción de Fawkes…
Y el resto estaba borroso.
No importaba…
Sintió vértigo y un pequeño mareo. Abrió los ojos.
Todo seguía borroso, pero era diferente.
Hola a todos!
Espero que os haya gustado!
Sí, me ha salido un poco cursi, somanticón... pero bueno... estoy sensible estos días XD
Como he dicho arriba, no queda nada... esto se termina... Muchísimas gracias por vuestros reviews, que me hacen tantísimas ilusión y me animan a seguir escribiendo. Así que os invito a seguir haciendolo! xfis ^^
El siguiente ya lo tengo a puntito a puntito de terminar... espero subirlo pronto... !
Un beso enorme y hasta el próximo y último... aunque puede que haga un pequeño epílogo XD
Iruna!
