Capítulo 20: Adoketos(Inesperado)
Apenas terminó el evento de arquería, decidió refugiarse en una de las tiendas que cubrían a los bebederos. Originalmente pensó en irse a su Templo para tomar un largo baño de agua fría pero pronto recordó que en esos momentos no quería ser visto por nadie. Al menos no por gente que lo conociera lo suficiente como para decidir comenzar una conversación con él.
Si bien la fuente estaba repleta (como parecía estarlo todo el Santuario), todos estaban demasiado ocupados descansando o conversando entre sí, por lo que no le prestaban atención.
Repasó el borde del cuello de su túnica, recargando ambos codos sobre sus rodillas.
Hacía tiempo que no se sentía tan confundido. Apenas unos días estaba totalmente seguro de en dónde estaba y hacia donde iba pero ahora ya no estaba seguro de nada. En un principio, el descubrir los celos de Camus lo llenaron de alegría. Para él, esos sentimientos eran una reafirmación de la profunda amistad que compartían y estaba feliz de verse merecedor de semejante interés. Sin embargo, después de que lo pensó con mayor detenimiento, llegó a la conclusión de que tal vez el rechazo de su amigo hacia Kanon no se debía tanto por celos sino por verdadera desconfianza hacia él. Camus pensaba que él era peligroso y que esa relación no llevaría a nada bueno.
Y, espeluznantemente, Saga parecía estar de acuerdo con él.
La intromisión del mayor fue repentina y, sobre todo, molesta. Pero, a pesar de todo, le costaba trabajo no confiar en él y podía imaginarse que sus temores no estaban precisamente mal infundados. Después de todo, Kanon era su gemelo.
Si había alguien que lo conociera a fondo, tenía que ser él.
Además, sus palabras tenían sentido.
El gemelo menor actuaba de dos modos diferentes cuando estaba a su lado pero solo entonces reparó en ello. Un Kanon era el que dormitaba o decía estupideces a la sombra de una columna, escondido de los ojos ajenos; y otro el que llamaba la atención del público, sonriendo maliciosamente mientras sujetaba su mano derecha, fingiendo interés que no ofrecía en ningún otro momento en su herida.
Aquel hombre ostentaba aquel contacto físico. Sobre todo cuando su hermano estaba cerca.
La clara evidencia, las palabras de Saga y los reprobables antecedentes de Kanon apuntaban todos hacia la misma dirección.
-"Es un imbécil."
Esa era buena. ¡Kanon aprovechándose de él para pasar un buen rato a expensas de su hermano! Claro, estúpidamente tardó toda una eternidad en darse cuenta de lo que ocurría pero ahora que había abierto los ojos, era hora poner manos en el asunto. ¿O realmente creyó que podría salirse con la suya? No. No se jodía con el Santo de Escorpio sin salir ileso.
No cuando el insulto perjudicaba a una de sus posesiones más valiosas: su orgullo.
Tenía solo dos opciones y una era mandarlo al demonio. Aquel hombre tenía bien merecida una vida destinada a la solitud eterna y tal vez de ese modo aprendería a ser un poco más consciente de sus actos (aunque dudaba que eso fuera a pasar en algún momento). Desafortunadamente, aquella opción no era la más factible. Si el asunto fuera tan fácil no estaría en ese predicamento. Camus tenía razón: Kanon se había convertido en su obsesión y le sería muy difícil superarla. Tan difícil, que ni siquiera lo intentaría. Aún no.
De ese modo llegó a su segunda opción. En primer lugar, tendría que confirmar sus sospechas preguntándole directamente. Seguramente Kanon ni siquiera intentaría negar su culpabilidad y de ese modo sería más fácil hacerle entender que simplemente… era un reverendo imbécil y que tenía que dejar de hacer estupideces.
No confiaba en que la situación terminara bien pero no le importaba. Cualquier cosa era mejor a que lo que sentía en esos momentos. Al menos eso suponía.
-"¿Desea un poco de agua?"
Milo alzó el rostro, adivinando la identidad de la joven que alzó la pregunta.
-"Vaya… hasta que te veo trabajando."
Maias cargaba entre sus manos un cántaro con agua. Le ofrecía el contenido del recipiente con una mueca despectiva, amenazándole sin palabras en verter toda el agua a sus pies solo por molestar.
-"Sabes que no es por gusto."- Dejó el cántaro en el suelo. –"Qué bueno que te veo."
-"Temo no compartir tu entusiasmo."
-"Ayer me invitaron a ser parte de la procesión. Haz algo para que no tenga qué hacerlo."
El mayor se enderezó y retiró de su frente un par de mechones que le impedían ver a su hermana con claridad.
-"¿Y qué quieres que diga? ¿Qué eres alérgica al incienso? No creas que es tan fácil como decir 'no quiero que participe'. Es un gran honor el que te han ofrecido. Sólo las muchachas más trabajadoras y obedientes pueden jactarse de ser elegidas para la ceremonia."- Arqueó la ceja y sonrió de lado. –"Obviamente a ti te eligieron sólo por ser la hermana de uno de los 12. Pero no creas que ya por eso puedes darte el lujo de rechazar la invitación."
-"Sé que hay niñas más merecedoras que yo. A mí no me interesa esto. Yo solo estoy de paso y sería rudo participar sin interés."
-"¡Ah! Pero sería más rudo negarte a hacerlo. ¿Te costaría tanto trabajo fingir?"
-"Yo no hago esas cosas."
-"No."- Arrugó la nariz, molesto. –"Claro que no."
-"¿Entonces?"
-"Te he dicho que no puedo hacer mucho. De cualquier forma, la que acabaría viéndose grosera serías tú. Para eso, mejor diles tú misma lo que piensas."
Maias desvió la mirada y comenzó a oprimir su pulgar derecho. Parecía que al fin entendía la clase de situación en la que se encontraba.
-"Estoy perdida."
-"No exageres. Son solo unas cuantas horas de tu tiempo. Después de que termine tendrás una interesante historia qué contar y podrás seguir con tu vida como si nada hubiera pasado."
-"¿Qué tal si caigo frente a todos?"- De haberse visto al espejo, hubiese notado el ligero sonroje de sus mejillas. Y se hubiera odiado por eso.
-"Así que eso era… ¡estás nerviosa! No te preocupes: lo peor que puede pasar es que te tropieces con la bandeja de miel, ensucies el peplo, caigas de boca y le muestres a todos tu falda alzada."- Recibió un no muy sutil golpe en la frente.
-"¡Animal!"
-"¡Oye, muchacha!"- Una grave y desconocida voz los interrumpió. –"¡Tráeme algo de beber, ¿quieres?!"
Maias bufó, recogió el cántaro y dio media vuelta, alejándose a grandes y violentos pasos. Se forzó a sí misma a decir la última palabra.
-"¡Esto no se va a quedar así!"
Milo dejó escapar una risita.
Una risa que tenía un pequeño rastro de nerviosismo.
Definitivamente, eso no se quedaría así. Tarde o temprano esa muchacha se vengaría o al menos insistiría con el asunto de la procesión.
-"Mujeres…"- Murmuró.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.
Kanon.
Esa noche tendría que hablar con Kanon.
Aquella noche, después de pasar un par de horas en la fiesta, Milo decidió que era hora de regresar a su Templo. No planeaba hacer escala en Géminis ya que seguramente Kanon estaría en Escorpio, esperándole impacientemente en su escalinata, comiendo algo recién robado de su cocina.
De hecho, le sorprendió el no verle el día anterior, después de que lo dejó abandonado en el loutron. Seguramente se disgustó tanto que no quiso reclamarle inmediatamente. Cosa rara, considerando que hubiera podido chantajearlo fácilmente. '¿Cómo pudiste olvidarme?' diría. 'Estuve esperando por horas y no regresaste'. Aunque, seguramente, no esperó ni quince minutos. '¡Tienes qué recompensarme por esto! ¿Qué tal si mandas a llamar a esa niña para que me haga algo de comer? Ya vi que tú no eres precisamente un gran chef.' Y él, sintiéndose culpable, le hubiera ofrecido hasta parte de lo que ganó en el concurso.
Sin duda eso es lo que hubiera ocurrido de no haber sido porque ahora las cosas eran diferentes.
-"Ya era hora de que llegaras."
Acertó en el lugar en el que lo encontraría pero falló al decir que estaría comiendo. De algún modo aquel desvergonzado encontró la antigua cava de su maestro y ahora disfrutaba empinándose un pequeño vaso con wodka.
El cuadro le pareció nostálgico.
-"¿Cómo iba a saber que estarías aquí?"- Entrecerró los ojos, entonando su frase de un modo ligeramente melódico.
-"Ayer te estuve esperando."
-"Después de que dejé a Saga pensé en regresar."- Mintió. –"Pero supuse que ya te habías ido y decidí ir a entrenar."
El otro rió.
-"Al menos sirvió para algo. Escuché que ganaste."
-"Bicampeón."- Se jactó. –"Tri si contamos el que gané como aprendiz."
-"A final de cuentas, no eres un bueno para nada. La vida da muchas sorpresas, ¿a qué no?"- Echó su cabeza hacia atrás, bostezando. –"¿Y? ¿De qué fue de lo que hablaste con mi hermano mayor?"
-"¿De qué?"- Arqueó la ceja y apretó los labios. –"Me parece que tienes una muy buena idea de lo que pasó."
Kanon sonrió de medio lado, ladeando su cabeza con arrogancia.
-"Sabía que iría contigo tarde o temprano. No le harás caso, ¿verdad? No puedes negar que es divertido molestarlo."- Le extendió la mano, invitándolo a sentarse a su lado. Un severo ceño fruncido le dio a entender que aquella invitación no era bien recibida.
-"Esto es divertido sólo para ti."- Posó su mano izquierda en su cintura, extendiendo un pie delante del otro. –"Era eso, ¿verdad? Desde el principio. Desde el día en el que te conocí sólo me aceptaste a tu lado porque sabías que eso molestaría a Saga."
-"Admito que fue un motivo."- Enderezó su espalda, cruzándose de piernas sobre el frío piso de mármol. –"Pero, ¿crees que te aguantaría todo este tiempo sólo por eso? No me hagas repetir lo que me hiciste decir el otro día."
Milo negó con la cabeza, indignado pero conteniéndose. Si mostraba su verdadero enojo podría decir más de la cuenta y, si lo hacía, podría echarlo todo a perder. O peor aún, podría sentirse culpable.
El frío aire que chocaba contra sus ojos le provocaba ardor y le obligaba a pestañear más de lo normal.
-"Lo sé. Lo entiendo. Aunque no lo creas, no tengo dudas de tu amistad."
-"Entonces, ¿cuál es el bendito problema?"- Milo vaciló por unos instantes. Kanon, harto de esperar, se puso de pie, dejando a un lado su vaso y acercándose a él. –"Creí que también era divertido para ti. Podríamos hacerlo rabiar hasta la muerte. Si quisieras, claro."- Una mano se posó en su mentón. El repentino acercamiento le hubiera hecho retroceder pero, al ver los agresivos ojos del hombre frente a él, pareció olvidar cómo moverse.
-"Me encantaría si la situación fuese otra pero me temo que no puedo darme ese lujo. Para serte sincero, en estos momentos no puedo decir que me interese tu amistad. No es lo que busco de ti."
Y Kanon, finalmente, lo entendió.
–"Es broma, ¿verdad?"- Su voz tembló, tanto por nerviosismo como por la sorpresa de sentir que el agarre en su barbilla se hacía más fuerte.
-"Ma's e do thoil e..."-
Siseó sus palabras casi sin abrir la boca. –"¿Crees que te aguantaría todo este tiempo por algunas cuantas migajas de tu tiempo? Nunca lo he hecho. Siempre he necesitado más."- Hizo una pausa. –"Siempre he querido ser parte de tu vida."-"¿Por qué?"
Milo le dejó ir y se alzó de hombros.
-"Porque soy un estúpido, por supuesto."- Alzó la mirada. –"Creo que ya no quiero jugar contigo, Kanon. Buscaré algún pasatiempo más sano. Tal vez volveré a matar cangrejos en la playa."
-"Espera un momento. No digas esas cosas. ¿Por qué te pones así? No actúes como si hubiera hecho esto a propósito. ¿Cómo diablos iba yo a saberlo?"
-"La ignorancia no excusa al delito. Pero deja… ya he dicho que si hay un estúpido aquí soy yo por haber dejado que esto pasara. Vete a tu Templo ahora. Vete a donde quieras."
Alzó su mano derecha en señal de despido y se dirigió hacia la puerta principal.
-"Milo…"- Arrastró las vocales en señal de ruego.
-"Y sobre la apuesta, lo mejor es que te olvides de ella. Dile a Saga. Ahora se podrán entender mejor y tal vez hasta decida darte un par de boletos como premio a tu buen comportamiento."
Kanon se mantuvo en su lugar por mucho tiempo y no salió de su trance hasta que un mosquito voló cerca de su oreja. Agitó su mano izquierda a la altura de su cabeza y caminó de regreso a la escalinata, sentándose a lado de su olvidado vaso de wodka.
Golpeó su cabeza en contra de la columna que usaba como respaldo y suspiró. Apenas y podía creer que los rumores eran ciertos. ¡Lo que decía la gentuza era verdad! El ratoncito loco estaba interesado en él.
¡Y aún no tenía la más mínima idea del por qué!
-"Bueno, está loco. Eso ya lo sabía."
No se podía confiar de hombres tan emocionalmente perturbados como Milo. Ahora que lo pensaba mejor, realmente debió de verlo venir. O, al menos, debió de haberse dado cuenta antes.
Terminó lo poco que quedaba de su bebida, deseando tener el coraje de meterse al Templo de Escorpio para robar un poco más. Jugó con el vaso por unos minutos hasta que decidió que lo mejor era irse de ahí. El muchacho estaba tan molesto que si sentía su presencia por más tiempo, saldría para echarlo a patadas.
Sonrió al imaginarse la escena.
La noche era joven y la luz de decenas de fogatas se alzaba a lo lejos.
Kanon se levantó, estiró sus brazos y comenzó a bajar las escaleras, la extraña confesión (¿podía llamarle así?) de Milo aún haciendo eco en su mente. Aún no estaba seguro de qué pensar pero sabía que la situación no le molestaba. Muy al contrario, apenas y podía esperar por lo que el mañana traería.
Entonces volvería a hablar con él.
Aquel enojo no podía durar demasiado ¿o sí?
Además, de un modo u otro le cobraría esa apuesta.
Comentario de la Autora: "Ma's e do thoil" e es "Por favor" en escocés gaélico.
Lamento mucho haber tardado tanto! Pero me enfermé y la verdad estaba demasiado cansada para actualizar este fic (usualmente me toma mucho tiempo el hacerlo).*sigh* Este capítulo se me hizo ridículamente complicado. Cuando manejo dos egos tan grandes como los de Milo y los de Kanon me es casi imposible imaginármelos enojados el uno con el otro. Bueno... sí enojados pero partiéndose las caras a golpes. ¿Una pelea de palabras? Eso es mucho más complicado. Es por eso que en realidad no hubo gritos ni nada. No me los podía imaginar discutiendo sin que hubiese sangre de por medio (XD debió de haber sangre de por medio ahora que lo pienso). No creo que me haya salido muy bien pero... considerando el trabajo que me costó creo que fue lo suficientemente decente.
Espero que les haya gustado. Respuestas a sus reviews en sus mails/mi profile!
