20.

Líos en Stormenhand

La noche del lunes Artemis soñó con Lila Elmira. Con sus ojos pardos entrecerrados y sus dedos chiquitos y regordetes apuntándola. Se levantó perturbada, pero sin recordar nada del sueño, tomó una de las aceitunas que estaban en un platito sobre su mesa de noche y la masticó lentamente, mientras sentía a Saba, a su lado, revolverse entre las sábanas. Lo miró y pensó, casi sin poder controlar a la voz de su cabeza, que seguramente Saba estaba soñando con el horrible recuerdo más hermoso que jamás había visto. Con el recuerdo del Pensadero que, para bien o para mal, ya era parte de su cotidiano. Suspiró.

- ¿Msmsms msmssmm… bien?- balbuceó Saba.

Artemis sonrió de medio labio. Estar con Saba y comer aceitunas la hacía sentirse como en Navidad.

Puso la pepa en otro platito de la mesa de noche y dejó que el brazo de Saba, que en ese momento intentaba rodearla, la abrigara y la condujera a un sueño tranquilo.


-En guardia-

Artemis puso las piernas en ele respetando la separación debida entre los talones, haciendo que su cuerpo se ladeara ligeramente hacia el enemigo. Flexionó las rodillas, dirigidas hacia fuera, hasta que estas estuvieran paralelas a las puntas de los pies, hizo un pequeño rebote para comprobar la firmeza de su postura. Sus dos manos ya estaban alzadas. La izquierda permanecía suelta a la altura de su oreja, el codo paralelo a su hombro sostenía el antebrazo que debía permanecer relajado; el codo derecho estaba a la altura de sus costillas, cerca de ellas, no recordaba a cuantos centímetros debía estar, pero estaba segura de que esos eran los adecuados, ni muy hacia fuera, ni muy hacia adentro. Su antebrazo subía y al final de este, la muñeca firme, pero flexible. En la mano sujetaba su florete, aún con cuidado, sus dedos medios dolían si los apretaba mucho contra la empuñadura.

Sus ojos fijos en el contrincante, mirando el tamaño de sus piernas e intentando calcular el alcance de sus brazos.

Todo en un segundo.

-Otto, la columna derecha, Creixell, siéntate un poco más… a ver… más, más… ahí. El codo adentro Greg y los pies, fíjate en tus pies, el de adelante tiene que apuntar hacia delante… así. A ver…- el profesor Pólux Altair se paseaba por entre las parejas corrigiendo las posturas de los alumnos.

Chicos de tercer curso de Valthemoon, Darkenlord y Stormenhand se miraban entre ellos e intentaban corregir sus posturas antes de que el profesor lo hiciera, revisaban sus piernas, sus codos y las puntas de sus pies; lanzaban miradas atemorizantes a quien estuviera al frente, como si realmente estuvieran a punto de pelear. Todos intentaban ser perfectos o mejores que la clase anterior y, por sobre todas las cosas, que el profesor Altair lo notara, que se los dijera, que confirmara las sospechas. Los días en los que las sesiones eran obligatorias habían terminado y con ellos se habían extinguido los disforzados a los que el esgrima no les interesaba, porque esgrima en tercero dejaba de ser obligatorio, lo que significaba que todos los que estaban ahí, conociendo las dificultades del deporte y la exigencia del profesor Pólux, querían estarlo.

-Bajen- indicó el profesor Altair- ahora… ¡en guardia!-

Artemis se puso en guardia en un segundo. Era sencillo hacerlo, natural.

-Bien, Artemis… bien…-

El Profesor Pólux Altair le sonrió, complacido. Las mejillas de Artemis se pusieron rojas mientras asentía agradecida y enrojecieron más al seguir el recorrido de su espalda, que se perdía entre las parejas. No podía dejar de pensar en lo mucho que se parecía a su manera de caminar cuando era más joven. Seguía siendo confiado y un poco altanero. No podía dejar de pensar en lo mucho que había cambiado su mirada desde que era joven. Se le hacía raro que le sonriera con esa sonrisa de profesor… cuando él no era más que un estudiante temerario de Stormenhand al que le gustaba meterse en problemas. No podía dejar de pensar en Pólux Altair, porque sentía que lo había conocido hacía años, que era mayor que él… pero por otro lado… porque sentía que le estaba robando recuerdos preciosos, invaluables, que nadie más que él debería reproducir cuanto quisiera en su cabeza.

- ¡En guardia!- le gritó Saba.

Artemis se sobresaltó y dejó caer el florete.

-Eres un idiota- le dijo, cuando lo estaba recogiendo.

-Y tú estás perdidamente enamorada del profesor Altair-

-No es eso-

- ¡Artemis, Saba dejen de hablar!-

Artemis bajó la cabeza inmediatamente, avergonzada porque el profesor le llamó la atención. Saba bajó la cabeza también, pero para ocultar una carcajada.

-No, no es para nada eso- le dijo a su amiga, después de que los dos volvieran a ponerse en guardia.

-Ahora quiero duelos cortos. Hacen un par de movimientos y se detienen. Uno ataca y el otro defiende. Luego el otro ataca y… ¿me entienden?-

-Sí profesor-

-No olviden el saludo… ya olvidaron el saludo… a ver, todos juntos. Primera. Muestren el arma, recojan el arma, no muy abajo… la empuñadura a la altura del mentón… ahí. Bien. Ahora sí, saludo a su contrincante, estiren el arma hacia delante, recojan, de nuevo, al mentón, saludo a un lado… a los jurados, recojan, saludo al otro… público y guarden. Bien. Ahora sí pueden empezar- todos se pusieron en guardia- pero empiecen con el saludo, pues-

Los ojillos entrecerrados del profesor hicieron reír a la clase.

- ¡Augh!-

De pronto un grito. Todos pararon y se volvieron a ver. A dos parejas de Artemis, una chica de Valthemoon había sido rozada por la punta desprotegida del florete de su contrincante, otra chica, que miraba la herida sangrante con los ojos muy abiertos, aún en la posición de ataque. Artemis conocía a la herida, la había visto un par de veces con Sami… tenía la nariz grande y aguileña y los ojos muy oscuros.

Ni bien el profesor Altair se llevó a Hypatía, la herida y a Judith, la hiriente, el gimnasio estalló en murmullos y chismes. Un chico de Valthemoon que estaba a su lado le dijo a su pareja, otro chico de Valthemoon, que "la flecha de Judith era demasiado fácil de esquivar".

-Obvio, Fran. Lo que pasa es Hypatía estaba distraída mirando al profesor- dijo el otro chico, haciendo que a Saba le estalle una tos convulsiva.

Artemis se puso en guardia y empezó a atacar a su mejor amigo, que por poco termina con el seguro del florete incrustado en el pecho.

-Esos seguros siempre están sueltos, ¿no Ghana?-

Hada hacía pareja con Ghana a unos centímetros de Artemis y Saba; desde la pelea las dos parecían haber formado un lazo bastante fuerte, alimentado por el hecho de que ni Creixell ni Ru hablaban con ellas, o con nadie más de la clase.

-Sí, son peligrosos. Este curso es un poco peligroso en general, Hada. Ten cuidado-

-Ningún peligro- el chico de Valthemoon, Fran, rebatió a Ghana- solo tienes que tener la vista fija en tu contrincante y no distraerte con el profesor-

A Saba le volvió la tos.

- ¡Ya basta!- Artemis dejó de pelear y se paró derecha- no me gusta el profesor Altair- aseguró, entre dientes.

Saba se encogió de hombros y se puso en guardia. Artemis hizo lo mismo.

-Entonces que hacían tus ojos pegados en su trasero- el elfo dio un paso adelante.

-Espalda- Artemis retrocedió.

- ¡Ajá!-

-No estaba mirándolo, mirándolo- Artemis detuvo un ataque de Saba.

- ¿Estabas babeando, babeando?-

Artemis puso los ojos en blanco y se resignó a seguir con la pelea, sin responderle nada a su mejor amigo hasta que se le bajara la estupidez y la dejara hablar. Esquivó un ataque de Saba, nuevamente, dos, tres, adivinó una finta y dio por terminada la pelea. Se saludaron. Se volvieron a saludar, se pusieron el guardia y la que empezó a atacar esa nueva vez fue Artemis, pero con mayor rapidez y fuerza que de costumbre, como si tuviera serias intenciones de golpear a Saba. Eso iba a hacer que su mejor amigo se concentrara en su defensa.

-Estaba pensando en el Pensadero- confesó, después del segundo ataque.

Como lo había calculado, Saba no bromeó. Estaba demasiado ocupado deteniendo a Artemis y asimilando la nueva información, como para pensar en algo gracioso.

- ¿Ya te dejó de doler la cabeza?-

-Sí-

Artemis recordó cómo se llenó de rabia consigo misma la noche en que Sami les enseñó a poner sus propios recuerdos en el Pensadero.

-Los recuerdos- dijo Sami emocionada, porque por fin Artemis y Saba habían dejado de zambullirse en los recuerdos que ya habían visto y habían decidido prestarle atención- no caen al Pensadero porque sí, alguien los mete ahí y no necesariamente el dueño del Pensadero, porque un Pensadero no tiene dueño. O sea, los puede meter cualquier persona, que sepa como, claro, porque hay un procedimiento especial-

Saba codeó a Artemis y ella sonrió. Sami asintió, tomó bastante aire, pero antes de que continuara, Saba la interrumpió.

-Momento- dijo- si los puede meter cualquier persona, entonces… esos recuerdos no son necesariamente de la profesora Gabrián, pueden ser de cualquiera de las personas que hayan estado y si ese Pensadero no es de la profesora Gabrián, puede ser de alguien más, puede ser de la escuela, puede que ni los profesores sepan que existen y que no lo estén vigilando-

- ¡No!- exclamó Sami, dando brinquitos sentada- no puede ser que los profesores no sepan que existe porque el recuerdo ha cambiado desde la última vez que vinimos, lo que quiere decir que alguien más ha dejado su recuerdo. Y, yo creo que sí es la profesora Gabrián la que recuerda, porque… ¿Se han fijado en que ella es la que aparece en todo momento?-

-Puede ser cualquiera- opinó Saba.

-Es ella-

- ¿Y si no?-

Artemis levantó las cejas. Sami no había estado tan segura de que fuera la profesora Gabrián, al principio, es más, había hecho lo posible por demostrar que no. ¿Por qué tanta decisión de un momento para otro?

La respuesta le llegó a los segundos.

-Eso no es lo importante- les dijo Sami, agitada y con los ojos brillando. Artemis casi podía escuchar los latidos de su corazón.

- ¿Y si nos encuentra?- Saba estaba determinado a molestarla.

-No nos va a encontrar, porque mi plan es perfecto. ¿Saben qué es lo que sí importa? Que sé como meter los recuerdos a un Pensadero-

Saba detuvo su pregunta incómoda en la punta de la lengua. Artemis abrió los ojos como platos y al instante los dos estaban de pié con las varitas en alto, mirando a Sami con impaciencia, deseando que ella les enseñara como meter sus recuerdos en el Pensadero. Sami sonrió complacida y se tomó su tiempo para pararse. Artemis la ayudó a hacerlo. Podían poner sus recuerdos en el Pensadero, Artemis había estado fantaseando con la idea de uno propio para hacerlo funcionar como diario y ver lo que tanto quería ver. Ver el Salto de nuevo, como una película. Se preguntó si los sueños también podían entrar ahí.

- ¿Quieren que les enseñe?-

Artemis y Saba asintieron emocionados.

-Pero esta sería la primera vez que lo hago. Ni siquiera sé si es doloroso o no. Ni siquiera sé si funciona bien, es un poco peligroso, la verdad-

-Yo pruebo primero si tienes miedo- se ofreció Saba- dime qué hago-

-Ya- Sami sonrió y se puso delante de Saba, para que la imitara- tienes que pensar en algo muy específico, un recuerdo en especial. Visualizarlo ¿ya?-

-Ya-

-Ahora…-

Artemis frotaba sus manos en la capa, hincándose los pulgares con la tela que juntaba, estaba tratando de memorizar todo lo que Sami decía, cada movimiento que hacía hacer a Saba, los recuerdos, separar uno, apuntar la varita a la sien, decir las palabras…

Saba soltó un gemido lastimero. Artemis y Sami se paralizaron: un hilo plateado delgado salía de su sien, pegado a la punta de su varita, que separaba poco a poco de él. Todo lento, seguramente dolía mucho.

- ¿Qué… qu… qué hago?- preguntó Saba, jadeando.

-Ponlo en el Pensadero- respondió Sami, gritando.

Saba se mordió los labios cuando dio un último tirón y el hilo plateado se arrancó completamente de su sien. Artemis lo miraba paralizada. El hilillo se dirigió, aún fuertemente pegado de la varita de su mejor amigo, hacia el Pensadero y cuando estuvo frente a él, se soltó.

Artemis y Saba corrieron a ver lo que pasaba. Una explosión seguramente, un resplandor, figuritas plateadas saliendo al borde, para invitarlos a ver el recuerdo de Saba… pero nada. Artemis y Saba se volvieron hacia Sami, que también miraba, con las manos unidas y cuando ella cruzó los ojos con los de sus amigos, que estaban decepcionados, sólo se encogió de hombros.

-Asómense- les dijo.

Artemis miró a Saba, él asintió, ninguno podía hablar, no tenían aliento suficiente. Se tomaron de las manos y agacharon las cabezas sobre el Pensadero, hasta que sus frentes casi tocaron el agua.

La mirada hiriente de un elfo llegó a la cabeza de Artemis como un destello y se detuvo repentinamente. Saba paró su defensa en seco y se acercó a su mejor amiga, que se frotaba los ojos, intentando hacer que el hermoso rostro que la repudiaba desapareciera.

- ¿Te sientes bien?-

-Sí… es...-

- ¿Mi tío Dorian?-

-No- mintió Artemis. No podía decirle a Saba que era su tío, no podía preocuparlo más… él sabía que su recuerdo en el Pensadero produjo las pesadillas que ella y Sami habían tenido desde comienzos de semana, es más, esa era una de las razones por las que Saba no había dejado de dormir una sola noche con Artemis, para cuidarla de las pesadillas… porque se sentía culpable- me acordé de los profesores-

Saba volvió a su lugar.

Después del recuerdo terrible de Saba, fue turno de Artemis, pero tuvo que intentarlo dos veces, porque le empezó a doler la cabeza fuertemente. Sami dijo que podía haber dicho mal las palabras y como consecuencia, se ocasionó una jaqueca, por eso empezó desde cero, incluso cambió de recuerdo y cuando el hilillo plateado dejó completamente su sien, a penas pudo dejarlo dentro del Pensadero, porque todo estaba borroso y ella se sentía tembleque.

Al final de la jornada, pasada la medianoche, Sami concluyó que miles podían ser los resultados de sacar recuerdos de uno, literalmente. Uno de ellos, el de Artemis: dolores de cabeza y mareos.

El asalto concluyó. Artemis y Saba se saludaron.

- ¿Ibas en serio, no?- le preguntó Saba.

Artemis asintió.

-Era la única manera de que me dejaras hablar- admitió- pero no lo hiciste mal-

-Gracias- Saba sonrió ampliamente.

Miles de suspiros seguidos de exclamaciones de dolor llegaron a continuación. Todas las chicas del gimnasio se detuvieron de golpe para ver a Saba sonreír y algunas terminaron heridas por sus contrincantes, sobre todo si estos eran hombres. Sin embargo, un par de aceros continuaban chocando al fondo tan violentamente que llamaron la atención de Artemis, quien recorrió todo el gimnasio con la mirada, intentando encontrar a los causantes.

Ru y Creixell. Debió suponerlo. Los dos estaban considerablemente alejados de toda la clase y peleaban concentrados, indiferentes a lo que sucedía a su alrededor. Artemis resopló y quitó la mirada rápidamente, pero en el camino de vuelta a su mejor amigo, encontró algo que la enfadó aún más: Hanna Marianne, mirando fijamente a Saba, con las mejillas sonrosadas (una de ellas amoratada, debajo de muchos litros de maquillaje) y una sonrisa embobada. Cuando se dio cuenta de que se había quedado así, Marianne sacudió la cabeza, mordiéndose un labio y se puso en guardia, pero giraba cada cuanto los ojos hacia Saba.

Los ojos de Saba también giraron levemente hacia un lado.

Artemis, que se había estado mordiendo la lengua para no decir nada, sintió como algo muy caliente borboteaba en la boca de su estómago y subía hasta su cabeza, como lava en un volcán a punto de estallar.

- ¿Te estabas luciendo?- le preguntó, apretando los dientes.

-No- negó Saba, sonriendo.

-Sabías que ella te estaba mirando y te esforzaste más. Eso se llama lucirse-

-Me esforcé más porque me ibas a matar- respondió Saba, fresco como una lechuga.

-No seas cíni…-

-Mira, ahí está Sami- Saba señaló a la puerta del gimnasio.

- ¿Qué diablos haría Sami aquí?- preguntó Artemis, mirándolo a los ojos.

-Ahí está, de verdad-

Artemis se volvió y realmente vio a Sami en la puerta del gimnasio, mirando de cuando en cuando hacia el Castillo Joven y el resto del tiempo hacia adentro, buscándolos entre las parejas. Cuando los encontró les indicó con una mano que fueran hacia ella y ellos corrieron hacia su amiga.

-A las siete- les dijo ni bien llegaron.

-Siete ¿Estás segura?- preguntó Saba.

-Sí. La profesora Gabrián tiene asesoría con los de último año, la profesora Ater y el profesor Cástor Altair están metidos en un asunto de orientación vocacional y el profesor Pólux va a vigilar la detención de la noche-

-Ya- dijo Artemis- nosotros salimos de taller de latín a las siete y nos encontramos en la puerta de los camerinos-

-Vamos a usar las escobas- añadió Saba, sonriéndole a Sami.

- ¿Robarlas?- preguntó Sami, antes de mirar hacia el Castillo Joven, para asegurarse de que ningún profesor estaba por ahí.

-No robarlas, tomarlas un momento-

-No creo, esto podría poner en peligro el plan…-

-Artemis y yo ya lo calculamos todo. Hasta sabíamos lo que ibas a decir-

Artemis asintió.

-No podemos entrar en escobas al Castillo Viejo- observó Sami, que trataba de no prestarle atención a sus mejillas coloradas- los fantasmas nos pueden ver-

-Las vamos a dejar afuera- respondió Artemis- anoche marcamos un lugar perfecto para ocultarlas-

-Por eso se demoraron tanto…-

-Las escobas lo van a hacer todo más rápido. Mira, podemos coger la grande y entramos los tres sin problema, tú vas al centro, yo manejo y Artemis vigila la retaguardia. Si algo va mal, es nuestra culpa-

-Más rápido llegamos, más tiempo pasamos con el Pensadero- recitó Artemis.

Sami miró a sus amigos alternativamente durante un prolongado segundo de duda y luego se encogió de hombros. Artemis y Saba se miraron emocionados.

-Ya. Entonces, me voy-

Sami abrazó a Artemis y a Saba, además, le dio un beso, pero se quedó congelada con el rostro junto a su mejilla. Artemis la miró con los ojos muy abiertos y antes de decir cualquier cosa, Sami se paró muy derecha y señaló sobre sus hombros.

-Sus amigos se están peleando-

Artemis y Saba se voltearon y vieron como dos chicos de camisetas morado oscuro se apuntaban con los floretes al cuello, respiraban rápidamente, haciendo que sus armas subieran y bajaran con cada exhalación. Nada más en ellos se movía, ni el cabello abultado de Marcus, ni el cerquillo tupido de Ru.

Los demás habían dejado de practicar por completo y ahora rodeaban a los Stormenhand, con los ojos fijos en la próxima pelea.

Saba fue el primero en correr hacia ellos, lo siguió Artemis y tras ella Sami, olvidando que ya no era parte de la clase de esgrima.

-Te estás pasando demasiado, Ru- le dijo Marcus.

- ¿Qué pasó?- Saba se detuvo junto a un chico de Darkenlord, que veía la pelea desde lejos. Artemis avanzó un par de pasos más, perdiéndose la explicación de la pelea y llegando tan adelante como para ver los ojos de los dos chicos: Marcus miraba furioso y en el ojo visible de Ru no había expresión alguna.

Oyó un sollozo tras ella y esperó que Ghana tranquilizara a Hada, que siempre se ponía nerviosa en esas ocasiones.

-Ya es hora de que dejes las estupideces de lado, ha pasado bastante tiempo… y sigues así, por una cosa idiota-

Ru no respondió. Los ojos de Marcus lo miraron aún con más fuerza y tras él, Artemis vio a Sean y a Otto, que estaban completamente absortos en la pelea, incapaces de moverse. En el rostro ausente del pelirrojo Artemis percibió un atisbo de sonrisa, Otto estaba aliviándose de la falta de respuesta de Ru, pero Artemis sabía que eso era más peligroso que un grito. Estaba acostumbrada al silencio, su tío casi nunca hablaba, ella casi nunca hablaba y nadie más vivía en casa. Con los años, aprendió a entender los silencios casi tan bien como las palabras. Aprendió a diferenciar los silencios de alivio de los de molestia, los silencios de alegría de los que precedían a una mirada furibunda. Todo un proceso inconsciente tan natural para una niña en crecimiento como el aprendizaje de una lengua; Artemis no supo que mecanismos usó, pero algo dentro de ella le dijo que el silencio de Ru no podía ser bueno.

- ¡Madura! No puedes…-

- ¿Quieres callarte?- le preguntó Ru, mirándolo de arriba abajo, con el tono aburrido- quítame esa cosa, quiero ir a tomar agua-

- ¡Ru!- bramó Marcus, cortando el intento de Ru de apartar su florete con un movimiento de ataque. Ru se puso inmediatamente en guardia.

-Por fin- le dijo una chica de Darkenlord a un chico de Valthemoon, ambos estaban delante de Artemis- pensé que estos Stormies nunca se iban a pelear-

-Por favor ¿Cuando esos salvajes han arreglado sus problemas sin pelear?-

Ru bajó su florete y luego lo dejó caer.

-Me aburres- le dijo a Marcus, antes de darle la espalda.

En un movimiento rápido, Marcus tiró el florete al piso y desenfundó su varita. No tuvo que llamar a Ru, porque para el momento en el que lo estaba apuntando, éste ya estaba con la varita desenfundada.

-Atrévete- amenazó Ru.

- ¿Quién mierda te crees?- explotó Marcus, tan alto que Artemis volvió a oír el sollozo de Hada tras ella.- ¡Ah! ¿Qué mierda crees que eres? Eres un pobre imbécil, como nosotros… no te equivoques, Ru, no te estoy rogando que vuelvas a hablarnos, te estoy diciendo que bajes de tu nube y veas…-

-A mi no me hablas así-

-Toda tu pose de líder es una farsa-

-Igual que tu pose de mejor amigo-

Los destellos fueron inmediatos. Artemis protegió a Sami abriendo los brazos ante ella y esperó, con los ojos entrecerrados por el brillo, a que todo se normalizara para ver qué estaba pasando.

Oyó un sollozo fuerte y se volvió para decirle a Hada que se tranquilizara, pero ni bien giró los ojos, Artemis quedó paralizada. No era Hada la que lloraba.

Era Ghana.

Estaba jorobada y tembleque, con los ojos llenos de lágrimas y la mirada fija en lo que sucedía, con las manos cruzadas a la altura del pecho. Hada estaba a su lado, apretándole un hombro, pero era incapaz de hacer algo más. Igual que Artemis. Jamás había visto así a Ghana. Ghana era fuerte, Ghana sonreía, Ghana cuidaba. Ghana era débil, Ghana lloraba.

- ¡Marcus, Ru!-

Sean y Otto corrieron hacia ellos. Pero alguien más había llegado y tenía la varita en alto: Saba y en su rostro ya no había nada de la expresión pacífica que lo caracterizaba, si no que les dirigía una mirada terrible, que hizo que las chicas ahogaran sus suspiros y que Artemis recordara, levemente, su recuerdo en el Pensadero. A su temible tío Dorian.

-Imbéciles- les dijo a Marcus y a Ru.

Los dos se ponían de pié sin ayuda, los encantamientos del otro no los habían alcanzado, probablemente por la intervención de Saba, pero el impacto de lo que fuera que Saba hizo para protegerlos, los envió al piso.

Ru recogió su varita y miró de soslayo hacia atrás, hacia una de las columnas en donde Creixell estaba recostada, con los brazos cruzados y una pierna en alto, esperando que todo pase. Ella asintió y caminó rápidamente hasta ponerse a la altura de él y juntos dejaron el gimnasio, sin mirar a nadie en su camino.

Artemis persiguió sus espaldas con un retortijón en las tripas.

Ni bien Ru y Creixell salieron, Saba corrió hacia Ghana y le estiró un pañuelo azul. Su expresión fiera había desaparecido y miraba a Ghana tiernamente, como un niño a su mamá. Ghana tomó el pañuelo con la mano temblorosa y lo pasó por sus mejillas, pero era inútil, nunca se iban a secar si no dejaba de llorar y Artemis tenía la impresión de que Ghana no iba a dejar de hacerlo en mucho.

-Gha, ya…- le susurró Hada, apretando más su hombro- ya pasó-

Ghana negó y se tapó la cara con las manos. No podía hablar, no podía hacer nada más que sollozar y temblar cada vez más fuerte.

-Ghana- Saba intentó quitarle las manos de la cara, pero Ghana se rehusó.

-Es un ataque de nervios- le susurró Sami a Artemis- a mi mamá siempre se le pasan con un té de tilo bien cargado… eh… creo que ya me voy, como que sobro ¿no?... me cuentas como se puso tu amiga luego, ¿Ya?-

Artemis asintió, preguntándose si debía ir a las cocinas para conseguir té de tilo.

-Gha… está bien… ya pasó- Hada rodeó a Ghana y la estrechó con toda la fuerza que podía, que no era mucha porque a ella las lágrimas también se le escapaban.

Saba arremetió contra Marcus cuando acabó la clase y los Stormenhand se quedaron a ordenar las armas, de castigo por la escapada de Ru y Creixell.

- ¿Qué querías que hiciera?- le preguntó Marcus, apretando los dientes, era un acuerdo tácito no gritar para no poner más nerviosa a Ghana, que aún no dejaba de llorar- ¿Que me aguantara?-

-Que te lo llevaras afuera, que le dijeras lo que le tenías que decir en nuestra sala común o en un salón vacío, no que armaras tanto circo para hacer sentir más culpable a Ghana-

-Esa no fue mi intención- añadió agriamente Marcus.

-Pero lo hiciste, genio-

Artemis nunca había visto a Saba molesto con alguien que no fuera ella, por lo que no se había percatado de la dificultad que tenían los otros (los sermoneados) para mirarlo a los ojos, realmente se volvían terribles, como de otra persona.

Pero algo no le quedaba claro. ¿Por qué Saba estaba culpando a Marcus de que Ghana se hubiera puesto a llorar? Eso significaba que Ghana no se había puesto nerviosa por la situación, como pensaba Artemis y eso significaba que su corazonada era correcta: no creía que Ghana pudiera llorar por ver una pelea, ella era fuerte, era la que abrazaba a Hada cuando ella lloraba. Había algo más que no había alcanzado a oír, algo que había pasado probablemente antes de que ellos llegaran al corro de gente y que Saba sabía.

Culpable, su mejor amigo dijo que Ghana se sentía culpable.

-Eso fue tan vergonzoso- el murmullo de otra conversación llegó a los oídos de Artemis- ¿escuchaste lo que dijeron de nosotros?-

-Sí Greg, pero no creo que eso sea tan importante-

-Por favor, Joshua, ¿no te da vergüenza? Estaban apostando por uno o por otro, como si fueran hipogrifos de pelea-

-Sí…-

-Sabía que esos problemas venían con el paquete, pero no pensé que…-

- ¿Qué paquete?- preguntó Sean, que también estaba escuchando.

De pronto todos, excepto por Hada y Ghana que estaban sentadas en una esquina, con las cabezas bajas, dejaron de acomodar los floretes, los protectores y las caretas y le prestaron atención a Greg.

-El paquete de ser Stormenhand- respondió él tranquilamente.

-No te entiendo- admitió Sean.

-Ya basta- cortó Saba, aunque por su mirada, Artemis podía jurar que estaba realmente picado por saber a qué se refería Greg.

- ¿Y a ti que te pasa?- le preguntó Sean bruscamente- paras una pelea y ya eres el hada blanca de la paz?-

-Al menos no me quedé quieto, meándome de miedo-

- ¿A quién le hablas así, elfito?-

-A quien crees, miedosito-

- ¡Ya!-

Artemis bajó la cabeza ni bien fue consiente de que ese grito salió de ella y que todos los chicos la miraban sorprendidos.

-Artemis tiene razón- apoyó Otto- ya basta, si no terminamos, vamos a llegar tarde a clase-

Artemis asintió, aún sin mirar a nadie, pero agradeciéndole infinitamente a Otto por haber reaccionado a tiempo. Lo miró disimuladamente mientras todos caminaban hacia Ghana y Hada, aprovechando que Saba no estaba a su lado, y sonrió a penas porque quizá, solo quizá, ya no la odiaba.

-Gha, vamos a clase- le dijo Sean, adelantándose al resto.

La cabeza de Ghana aún estaba oculta entre sus manos, pero los sollozos habían cesado, al menos.

-Perdón- les dijo, quedamente.

Todos se quedaron petrificados.

- ¿Por qué?- Saba fue el único que reaccionó y se puso al lado de Ghana, colocándole una mano sobre el hombro.

Ghana restregó su nariz. Hada se puso en guardia, lista para calmar un probable nuevo llanto.

- ¿Gha?- llamó Otto.

Ghana hizo nuevos intentos para hablar, pero sus palabras se ahogaban en lágrimas. A Artemis le entró de pronto la urgencia de quitarle las manos de la cara porque la desesperaba no ver los ojos de Ghana.

-Porque- Ghana tomó aire- porque… porque todo ha sido mi culpa-

Saba fulminó a Marcus con la mirada

-No es cierto, Ghana- dijo un segundo después, sonando tranquilo.

-Sí es cierto… yo… yo di mi estúpida opinión sobre Lila y desde ahí Ru se enfadó y… y hoy… no debí quejarme… sabía que Ru estaba molesto, sabía que… que Creix- pero no pudo terminar porque ni bien empezó a decir el nombre de su mejor amiga, estalló en llanto y ya no la pudieron calmar.

-No te preocupes, Miss Grapehood no te va a preguntar nada, solo dile que Ghana se puso muy nerviosa… y que si puede darle algo para calmarla- fue la despedida que Saba le dio a Hada, quien asintió y se llevó a una irreconocible Ghana a la enfermería.

-Té de tilo- dijo Artemis, en la puerta del salón de Transformaciones.

- ¿Qué?- preguntó Saba.

El profesor Gamma les abrió la puerta. Tenía su acostumbrado ceño fruncido, que no parecía específicamente fruncido por la molestia de que más de la mitad de su clase llegara tarde. Otto suspiró, pero Artemis y todos sabían que podía ser demasiado pronto como para aliviarse.

Sólo Kitty y Lila Elmira, a quien Artemis evitó percibir, estaban en el salón.

-Ni Ru ni Creixell…- empezó Otto, pero un codazo preciso de Sean lo calló.

Ni un solo ruido, ni la respiración muy fuerte. El carácter de la gárgola Gamma era tan impredecible como su edad y en cualquier momento, por cualquier murmullo podía lanzarles una de esas miradas que los hacían temblar y dejarles tarea para siempre. O algo peor. Porque todos siempre tuvieron miedo de que Gamma les hiciera algo, aunque no sabían qué.

Además, ninguno tenía ganas de hablar.

- ¿Té de Tilo?-

Saba retomó la conversación de la tarde a las 6:58 p.m. cuando salían del taller de latín, un curso obligatorio para los alumnos de tercer curso que dictaba el profesor Bridge. Recorrían los pasillos sigilosamente, fijándose en que nadie los tomara muy en cuenta como para seguirlos con la mirada, porque si alguien, sobre todo alguna de las fans de Saba, los veía yendo hacia los camerinos, la noche de Pensadero estaba arruinada y si algo necesitaban en ese momento era al Pensadero, para aliviar la tensión del día.

-Sami me dijo que el té de tilo es bueno para los ataques de nervios- respondió Artemis, poniéndose la capucha.

Dejaban la seguridad del Castillo Joven.

-Marcus es un idiota- gruñó Saba, poniéndose también su capucha.

-No estaba peleando solo- señaló Artemis.

-Ru también es un idiota. Y Creixell… no sé por qué siguen con… si Marcus lo hubiera confrontado afuera o en la sala común, yo lo habría apoyado, pero…-

- ¿Qué pasó antes de que se pelearan?- preguntó Artemis de golpe. Todo el día esa duda le había dado vueltas de vueltas en la cabeza, tantas, que empezaba a sentirse mareada y con jaqueca, de nuevo.

-Se supone que el seguro del florete de Ru salió volando y le cayó a Ghana muy cerca al ojo. Ru y Creixell miraron a Ghana y en lugar de preguntarle si estaba bien, se empezaron a reír. Ghana agarró el seguro del florete y se lo devolvió a Ru, pero antes de irse le dijo algo, creo que se quejó y Ru le respondió… nadie sabe qué, pero el chico de Darkenlord que me contó me dijo que después de eso, Creixell (porque me dijo que la que lleva siempre su varita clavada en el pelo) se fue hacia la columna y Ghana ya estaba llorando. Entonces, Marcus, que había visto todo, no se aguantó y ya sabes el resto-

Saba terminó de contar la historia y la tuvo que volver a contar, porque llegaron a los camerinos, donde Sami los esperaba y ella quería saber la historia completa.

Artemis estaba perpleja. Esos no sonaban como Ru y Creixell. Ellos no se reirían de un accidente, Creixell jamás se reiría de algo que le hiciera daño a Ghana, porque eran mejor amigas o al menos eso era lo que pensaba desde primer curso. Y Ru… Ru… él había sido bueno con ella el año anterior. Era un poco idiota y violento, sí, pero… pero no parecía el tipo de chico que… la confusión y las múltiples voces dentro de su cabeza la marearon todavía más, al punto de que le empezaron náuseas, pero no dijo nada.

Pasaron unos segundos en silencio y antes de que se volvieran minutos, Sami habló.

- ¿Por qué demoraron tanto?-

-Ni tanto, son las 7:10- rebatió Saba.

-Quedamos a las siete- recordó Sami.

-Nuestra clase de latín terminó muy poco antes de las siete y lamentablemente, Sami, todavía no aprendo a aparecerme- dijo Saba, molesto.

-El profesor Bridge nos hizo traducir unas oraciones al final de la clase- explicó Artemis- ha sido un día largo-

- ¿Vamos a sacar la escoba ya?- preguntó Saba bruscamente. Artemis lo miró, pidiéndole que se tranquilizara, no quería que su reunión con Sami terminara como la clase de esgrima- ¿te fijaste si no había nadie?-

Sami asintió, sin mirarlos.

-Activé un Hechizo Simple de Protección, nos servirá al menos para ponernos a correr-

-Brillante- le dijo Artemis a Sami. Sentía que hacía mucho tiempo debía decirle eso a su mejor amiga, porque era realmente brillante- ¿Saba?-

Saba asintió. Les tocaba hacer su parte. El plan para tomar la escoba había sido concebido una noche en la que Saba fue a dormir al cuarto de Artemis y ella no podía dormir debido a las pesadillas con la mirada del tío Dorian hincándole la sien. Era demasiado sencillo como para llamarlo plan y, además, no era un original, tomaron prestado parte el procedimiento de una acción secreta que los dos realizaban cada año: Artemis abría las cerraduras, Saba conjuraba un hilillo morado para comprobar si por fin habían colocado encantamientos sensibles al movimiento y luego, entraban.

-Alohomora- susurró Artemis.

La puerta del gimnasio se abrió. Artemis se hizo a un lado y Saba avanzó.

-Filum- dijo y un hilillo morado salió de su varita, extendiéndose y extendiéndose en el aire hasta llegar al centro del camerino.

Entonces, Saba agitó la varita y el hilillo se movió con ella, como si fuera una enorme cinta de tela. El elfo hizo círculos, ondas y luego, agitó la varita como un látigo.

-Ya, libre de encantamientos- dijo, haciendo que el hilillo vuelva a su varita- podemos sacar la escoba-

Artemis volvió al frente y señaló el armario donde guardaban las escobas que no usaban frecuentemente.

- Accio escoba grande-

Oyeron un par de golpeteos dentro del armario de las escobas. Saba se volvió para mirar a los lados, pero nadie parecía andar por ahí, por suerte. Cuando regresó, Artemis ya sostenía la escoba y miraba de ésta a su varita, visiblemente satisfecha.

Sami estaba boquiabierta.

- ¿Accio? ¿Ya les enseñaron el encantamiento convocador?-

-No- respondió Saba- Artemis estaba luciendo sus sesiones en la biblioteca-

Artemis miró a otro lado cuando la Sami le clavó los ojos en la frente.

-Kitty MacDaughtry me ha estado buscando toda la semana- explicó- no quiero pelearme con ella-

-Pero podrías pegarle, como a Hanna Marianne, para que deje de molestarte- dijo Sami, después de decir "ahhhh".

-No gracias- respondió Artemis mirándola seriamente, no le gustaba golpear a la gente.

Pero si Sami era su amiga y pensaba que sí, entonces cómo pensarían los demás de Stormenhand… maldita poción del mal humor. Le había dejado la fama de salvaje, que sólo era buena cuando las admiradoras de Saba huían de los pasillos que ellos cruzaban.

- ¿Y esa cosa filum qué es?- preguntó Sami, pasando por alto la mirada seria de Artemis.

Cuando terminó de preguntar, recordó que Saba estaba mal humor y se vio claramente en su rostro el deseo de no haber preguntado nada.

Ya que Sami no podía mirar a ninguno, se puso de espaldas y cruzó los brazos. Artemis se encogió de hombros, cerró la puerta de los camerinos y puso la escoba lista para que la montaran, Saba trepó primero, luego Sami y finalmente Artemis. Saba y Artemis patearon el suelo y la escoba empezó a volar gentilmente hacia el Bosque.

Por suerte, el vuelo nocturno pareció mejorar el humor de Saba, lamentablemente empeoró el de Sami y acrecentó las náuseas de Artemis, que tuvo que hacer movimientos bruscos cada cuanto, porque Sami amenazaba una y otra vez con vomitar sin importarle hacia donde.

-Lo tenían todo planeado- les dijo Sami, cuando Artemis descubría, con un movimiento floritureado de su varita, el lugar marcado para esconder la escoba.

Había algo raro en su voz, como un dejo de reproche, pero Artemis no le prestó atención porque podía ser que Sami estuviera apretando los dientes para no vomitar.

-Por supuesto- aceptó Saba sonriendo y haciendo gala de su mejorado humor- no pensarías que te dejaríamos hacer todo el trabajo siempre-

-Eso no es cierto- rebatió Sami, cuando sorteaban escombros en la entrada al Castillo Viejo- si no espantaran a todos los escregutos y todos los bichos horrendos que hay por aquí, no me atrevería a entrar-

¿Qué?

Artemis sintió como si le hubiera entrado una piedrecilla en el ánimo, pero no estaba segura de por qué.

-A veces servimos para algo más que para espantar bichos, Sami- dijo Saba, agriamente mientras tiraba con fuerza un escreguto hacia la pared, con un movimiento brusco de su varita.

Sami se quedó helada y tuvo que empezar a trotar para alcanzar a Artemis y Saba.

Artemis comprendía perfectamente acidez de su mejor amigo y no tenía que mirarlo para adivinar lo que le estaba molestando. Los murmullos de los de Darkenlord y Valthemoon durante la pelea en clase de esgrima volvieron a sus oídos y las palabras salvajes, crees que la van a arreglan sin pelea retumbaron tan fuerte que le hicieron daño a una parte dentro de ella que aún no conocía. ¿Por qué se sentía afectada si ella no era a quien estaban criticando?

-No es lo que quise decir- les dijo Sami, haciendo un enorme esfuerzo para caminar a su ritmo, debido a que sus piernas eran cortas en comparación a las de sus mejores amigos.

-No te preocupes Sami- le dijo Saba, pero no dejó de dar zancadas.

-La historia de Goldenwand está llena de valerosos y aguerridos Stormenhand que también se desempeñaron en las artes y en la filosofía…-

-No te preocupes Sami-

-Hay una frase que se usaba en el medioevo… que dice algo como que: cuídate del Stormenhand, cuyo corazón es tan grande como su raz…-

-No te preocupes, Sami-

- ¡No! ¡Es que no entiendes!-

Habían llegado a la habitación del Pensadero y ni bien cruzaron la puerta, Sami corrió hacia él y abrió los brazos, impidiendo cualquier acción hasta que terminara de decir lo que quería decir. Su mirada se había vuelto fiera, como Artemis nunca la había visto, y la tenía clavada en los ojos de Saba.

-Escúchame- dijo firmemente.

Artemis sintió otra piedrecilla en el ánimo. El sabor de una aceituna agria, porque Sami le hablaba a Saba, sólo a Saba…

-Yo también repudio esa estupidez de creer que somos mejores que cualquiera sólo porque estamos en un señorío con cierta reputación-

Saba asintió.

-Ya, lo entiendo. Gracias Sami, ahora déjanos el Pensadero-

-No me has escuchado-

-Claro que sí y tienes toda la razón. Yo siento igual que tú-

Artemis se adelantó un par de pasos hacia el Pensadero, pero Sami la detuvo.

-No he terminado de hablar- le dijo.

Artemis sonrió de medio labio. ¿Por qué le decía eso si a ella no le estaba hablando?

-Lo siento- dijo, finalmente.

-No, ya terminó la discusión, nadie siente nada. Estamos perdiendo el tiempo que ganamos con el vuelo. Sami, no estoy molesto contigo ¿ya? Sal de ahí-

Sami se hizo a un lado. Artemis llegó primera al Pensadero y vio dentro de él.

- ¿Algo nuevo?- le preguntó Saba, ansioso.

Artemis negó.

-Pero quiero verlo otra vez-

Se sumergió en el Pensadero antes de que Saba y Sami pudieran decir nada.

- ¿Qué fue eso?-

- ¿Viste algo Osa?-

-No… escuché… ¿ves algo por allá Pólux?-

-Nada-

Artemis había aterrizado sentada justo en donde lo hizo la primera vez que vio el recuerdo. A su derecha estaba la profesora Ursa Ater, soltándose delicadamente del abrazo que el profesor Cástor Altair le había estado dando. Delante y a metros sobre sus cabezas estaba el profesor Pólux, encaramado en una rama alta, apuntando la varita hacia delante.

Estaban en un punto del Bosque al que Artemis jamás había llegado y lo podía jurar porque los árboles eran los más altos que había visto en su vida, parecía otro lugar, lejos de Goldenwand, lejos de la influencia de personas. Había huellas en los pocos espacios de tierra visibles, cascos profundos y las cortezas de los árboles estaban rajadas, como golpeadas por un gran cuerno. Las hojas casi formaban un techo sólido que impedía la vista del cielo, lo que volvía a la tarde, porque era tarde, Artemis lo comprobó la visita anterior, más oscura.

Se puso de pié rápidamente y mientras se limpiaba la tierra que no había en sus cuartos traseros, vio con mayor detenimiento el rostro de la profesora Ater. Estaba recientemente seco. Sus ojos rojos. Lágrimas aún brillando en el mentón.

- ¡Mi pobre Campanita!- se lamentó.

-Ya la vamos a encontrar Osa, hemos barrido buena parte del bosque en una semana… no debe quedar mucho- tranquilizó Pólux desde la altura.

-Debe estar muy asustada…-

Cástor amagó un abrazo, pero un gruñido fuerte y sorpresivo, como una explosión, lo detuvo en seco.

Era la profesora Morgana Gabrián, con quince años y la actitud odiosa de Hanna Marianne. Estaba muy diferente a como Artemis la había visto en el recuerdo pasado: a pesar de que se había esforzado notablemente por mantener su uniforme impecable y lo había logrado, había algo en su falta de compostura y sus ojos abiertos que confirmaban que había perdido su accesorio más importante, el control sobre sí misma y sobre la situación.

- ¡Esto es demasiado!- gritó- ¡hemos recorrido como unos idiotas todo el bosque de Goldenwand por una semana y ya me cansé de fingir que en algún momento vamos a encontrar a esa estúpida carpeta! ¡Es el Bosque de Goldenwand, por Merlín! Es infinito! Jamás terminaríamos de registrarlo. Y aunque lo hiciéramos, puede que en este momento una criatura esté cenándose esa carpeta-

Artemis cerró los ojos. No quería volver a ver la expresión de la profesora Ater pasando de la ingenua curiosidad al enojo y de ahí a la pena y de ahí al desconsuelo. Cuando los abrió, vio al profesor Cástor inmóvil, con los hombros caídos, mirando a la profesora Gabrián como si no pudiera creer que ella acabara de decir eso.

Artemis detuvo el impulso de correr a abrazar a la profesora Ater, que lloraba sola, como una niña.

- ¡Ya deja de llorar, Merlín!- gritó Morgana Gabrián, parecía enloquecida- ya tienes trece años! Deberías dejarte de chiquilladas y crecer un poco. Luego preguntas por qué no soy tu amiga-

-Deja a la Osa llorar- discutió Pólux desde arriba- tal vez así la carpeta la escucha y nos da señales de vida-

- ¡Es una carpeta, por los lentes de Merlín! No vive!- Morgana soltó un chillido desesperado, acompañado de un saltito- y probablemente el encantamiento que la hacía hablar ya se haya desvanecido-

-Ningún encantamiento la hacía hablar- dijo Ursa, entre hipidos.

- ¿Me vas a decir que era una carpeta que hablaba porque sí?-

-Te lo he dicho siempre-

-Las cosas no pueden hablar por sí mismas, Ursa, alguien las tiene que encantar para que lo hagan- la profesora Gabrián parecía estar realmente disfrutando de pinchar una por una las fantasías de la profesora Ater.

-No es cierto, El Sombrero Seleccionador…-

-El Sombrero Seleccionador es una fantasía-

-Existe, está en Hogwarts y elige a los alumnos para cada señorío-

-Se llaman casas- corrigió Morgana, con superioridad- y como nunca has estado en Hogwarts, creo que no puedes asegurar que ese objeto no sea manipulado o haya sido animado por algún otro mago en la antigüedad-

- ¡Osa, ven aquí! Creo que he visto algo!-gritó el profesor Pólux Altair.

Artemis sacudió la cabeza. Se había sumido en la discusión, entendiendo cada palabra, pero incapaz de reaccionar, de moverse, con los brazos caídos y la mirada perdida, en posición idéntica a la del profesor Cástor Altair.

- ¡Deja de ilusionarla, Pólux! No la vas a ayudar, al contr—

-No jodas, Morgana-

Artemis abrió tanto los ojos como la profesora Gabrián. Y como la vez anterior se la había pasado viendo su rostro desencajado y su berrinche silencioso, decidió que esa vez vería a la profesora Ater trepando el árbol hasta llegar al profesor Pólux.

-Elatum- dijo Ursa lo más claramente que podía, entre sus sollozos. Apuntaba al pasto bajo ella.

Artemis casi se cae de la sorpresa cuando vio que, inmediatamente después, la profesora Ater se elevaba por los aires sin miedo, como si fuera algo de todos los días.

Ese debía ser un encantamiento de alto nivel, enseñado de manera extra curricular o en asesorías para los más brillantes porque Artemis estaba en tercero y el profesor Dimber no les había dado ni pista de que se le pareciera. Además, nunca había leído ese encantamiento en los índices de los libros de texto, ni en los temarios que les entregaban a principios de año. Elatum. Elatum. Artemis lo repitió un par de veces, si se lo memorizaba, lo practicaría cuando saliera. Elatum.

La profesora Ater, una alumna brillante. Sonrió, no se le había ocurrido.

- ¡Ursa!- llamó Morgana, dejando su berrinche. Ya no parecía loca, no tanto. Un atisbo de su mirada controladora brilló en sus ojos- está prohibido hacer Encantamientos Ocultos fuera de clase-

Ursa, que ya había llegado junto a Pólux, se volvió hacia Morgana y se excusó encogiéndose de hombros.

- ¿La ves, Osa? Hacia allá, como a las 3- Pólux señaló hacia delante y un poco a la derecha, Ursa siguió su dedo con interés.

-Creo que veo algo en la hierba, Pólux… ¿crees que sea Campanita?-

-Sólo hay una manera de averiguarlo-

-Pero Morgana dice…-

-No le hagas caso-

-Pólux, no puede usar ese Encantamiento, si el profesor Dimber se entera…-

-Anda rápido Osa, ya va siendo hora de que volvamos-

-Ya-

Ursa señaló al vacío con su varita y susurró unas palabras que Artemis no pudo captar. A continuación, dio un paso fuera de la rama y Artemis corrió para atraparla, pero se detuvo cuando vio que la profesora levitaba y que alguna fuerza la hacía avanzar.

-Si el profesor Dimber se entera…- repitió Morgana, con los brazos cruzados, cuando Ursa ya no estaba, pero luego bufó y rió tranquilamente- pero es natural que use ese encantamiento, es el único que sabe hacer- terminó, para sí misma.

Pólux bajó rápidamente de la rama en la que estaba y se acercó a Morgana.

- ¿Por qué eres así con la osa?-

-No estoy diciendo nada malo, solo estoy diciendo la verdad. No es buena para hacer ningún encantamiento que no sea su Encantamiento Oculto- miró a Pólux y levantó una ceja- Y de todas maneras ¿Tú quien te crees para decirme eso? No te escuché callar a tus amigos cuando la llamaron "Squib con suerte"-

- ¿La llamaron como?-

Artemis oyó la voz del profesor Cástor y lo vio caminar hacia Morgana y su hermano como si acabara de levantarse de un largo sueño. Había estado quieto mirando a la profesora Gabrián todo ese tiempo. La primera vez que vio el recuerdo, Artemis se preguntó cuándo defendería a la profesora Ater.

-Pólux, ¿cómo la llamaron?-

- ¿Me vas a decir algo?- preguntó Pólux, a la defensiva.

-Si te metes con Ursa…-

-Morgana ha estado metiéndose con Ursa desde que llegamos y tú te quedaste como parado un imbécil, sin decir nada, Cástor. Te puedes ir a la mierda con tu "cómo la llamar…"-

- ¿A quien estás mandando a la mierda?-

-A ti, cobarde-

-Soy mayor que tú, no me hables así-

-Somos gemelos, idiota. Tres minutos no son nada-

- ¡Ya basta! ¡Protego! -

Morgana activó el campo protector justo cuando ambos ya dirigían los puños hacia el otro, por eso, incapaces de controlarlos, fueron lanzados hacia atrás ni bien el golpe rebotó con la protección invisible.

Se pusieron de pié maldiciendo. Morgana los miró fijamente, con una mirada que Artemis reconoció de inmediato: era la que le daba a sus alumnos cuando estaba muy molesta con ellos y que hacía que todos se quedaran quietos. Aún entonces, Artemis pensó que esa mirada la hacía verse mayor de lo que realmente era.

-Toda esta pelea por Ursa Ater, francamente…-

-Libérame, Morgana- pidió Pólux, sacudiendo la cabeza. Parecía resignado.

- ¿Por qué?-

-Ya me harté de que hables así de Ursa. Me largo-

- ¿Por qué la defiendes tanto? Te gusta, seguramente-

Las mejillas de Morgana se pusieron rojas cuando encaró a Pólux, pero no tanto cómo las de Cástor.

- ¿Y qué si le gusta?- preguntó él.

Morgana se volvió hacia Cástor.

-Que si le gusta… tu hermano es un falso-

- ¿Un falso?- preguntó Pólux.

-Sí- respondió Morgana, volviéndose nuevamente hacia Pólux- porque te la has pasado diciendo que no te interesa lo de la fama de los señoríos y que nosotros somos tan buenos como queramos ser… pero quieres limpiarte involucrándote con una Darkenlord, ¿no? Claro. Buena elección, Pólux, muy inteligente y muy discreto, jamás me habría dado cuenta de que estás seduciendo a Ursa-

- ¿Seduciendo?-

-Porque un Stormenhand es mejor visto si es novio de una Darkenlord ¿no?-

- ¿Estás en mandrágoras? De qué diablos estás hablando-

-No estoy en mandrágoras, estoy perfectamente consiente. Por eso insististe en que viniéramos toda la semana ¿no? A este bosque peligroso, hasta que encontremos esa cochina carpeta que ya debe estar en el estómago de alguna criatura, ¡Porque quieres estar más tiempo con Ursa!- el enojo hacía que Morgana alzara más y más la voz y que las palabras le salieran como golpes. Cuando terminó, lo hizo blandiendo su varita hacia Pólux y una maldición se le escapó, rebotó en el escudo invisible y le dio a ella de lleno en la nariz.

Con un grito Morgana cayó al suelo, con las manos en la cara y sangre escapando entre sus dedos. Cástor corrió hacia ella, pero fue lanzado hacia atrás por el encantamiento protector. Pólux se acercó a Morgana tanto como su pared invisible se lo permitía y se agachó, para estar a la altura de ella.

-Libéranos, Morgana- le dijo.

Morgana respondió con un chillido y le dirigió una mirada fulminante, con los ojos llenos de lágrimas.

-Deja que te cure, Morgana- le dijo Cástor, por el otro lado- libérame-

Morgana sacó la mano derecha de su nariz y cogió su varita, manchándola con sangre. Apuntó a Cástor pero antes de que pudiera conjurar, chilló de dolor y volvió a cubrirse la nariz con las dos manos, dejando que su varita cayera.

- ¿Ves lo que haces?- le preguntó Cástor a Pólux.

-Cállate- respondió Pólux.

- ¡Chicos!- oyeron la voz de Ursa- ¡chicos!-

Ursa regresó caminando, su rostro ya no estaba lleno de lágrimas y había una ligera sonrisa en su rostro, que Artemis no había notado hasta entonces. Ni bien vio a Morgana, tirada en el piso, corrió hacia ella.

- ¿Qué pasó?- le preguntó, hincándose junto a ella.

Morgana no respondió. Lo más probable fuera que, de todas las personas en el mundo, Ursa era la última que Morgana quería que se preocupara por ella.

-Estás sangrando- le dijo Ursa, con los ojos muy abiertos- a ver…-

Con mucho cuidado, abrió las manos de Morgana y vio su nariz llena de sangre.

-Ya, no te muevas- Ursa la apuntó con su varita.

Morgana se sacudió, aterrada.

-No te muevas Mo, si no, te va a doler más- le dijo Ursa, preocupada- va a ser bien rápido, de verdad… Miss Grapehood me enseñó el conjuro que usa para arreglarle la nariz a los chicos que se la paran rompiendo, porque yo siempre voy a la enfermería porque me rompo la nariz, ya sabes que soy un poco torpe con las bludgers y las quaffles y las escobas- se señaló la nariz- mira, no me ha quedado ninguna marca y me la he recompuesto como cuatro veces en el mes-

Morgana suspiró resignada, cerró los ojos pesadamente y bajó las manos con asco. Se notaba que reunía todas sus fuerzas para no alejar con un golpe la varita de Ursa, que en ese momento producía un destello cristalino. Se notaba que reunía todas sus fuerzas para no morirse de la humillación.

-Ya está. No dolió, ¿si o no?- Ursa le sonrió.

Morgana se palpó la nariz, aún manchada de sangre, pero curada. La movió un poco, aplastó la punta y se expandió las fosas, como buscando alguna falla, pero nada. Miró a Ursa de reojo y luego siguió palpando su nariz, luchando por no demostrar agradecimiento alguno.

Finalmente, su gesto se suavizó y se encogió de hombros.

- ¿Está bien?- le preguntó Ursa, que había contenido la respiración en todo el tiempo que duró el autoexamen de Morgana.

Morgana asintió ligeramente, Ursa sonrió aún más, parecía estar en su gloria.

-Tus manos están sucias- le dijo la profesora Gabrián, en lugar de gracias.

Ursa se miró las manos. Artemis le miró las manos a Ursa, era cierto, estaban llenas de tierra, hasta sus uñas, como si hubiera estado cavando con sus manos.

Artemis intentó acercarse más, para verlas mejor, pero un tirón desde el ombligo la obligó a retroceder.

Su expulsión del recuerdo fue tan brusca que la dejó de espaldas contra el suelo. Ni Sami ni Saba se esforzaron por levantarla y Artemis tampoco quería hacerlo, así que puso las manos tras su nuca y se quedó mirando las estrellas.

-Me toca- dijo Saba que ya estaba junto al Pensadero y sacaba de su sien una fina hebra plateada.


El miércoles Ghana no fue a clase. Esa fue la excusa perfecta para que estallaran pequeños conflictos dentro de la enorme masa de silencio anormal que fue su día. Algunos eran la continuación de los del día anterior, como el de Saba y Marcus entre la clase de Artes Oscuras y la de Encantamientos que, por intervención del profesor Dimber, no terminó más que en amenazas silenciosas durante el almuerzo. Otros eran simplemente maneras de desahogarse de la incomodidad, como la discusión subida de tono de Joshua y Kitty MacDaughtry, que se defendía como una ahogada, puesto que no tenía la menor idea de lo que pasaba y eso era justamente lo que Joshua le reprochaba.

Sin embargo, Ru y Creixell se mantuvieron distantes a todos, casi parecían ausentes como Ghana. Ni siquiera hablaban entre ellos, ni siquiera hablaban con los profesores. Y nadie se atrevía a acercárseles, ni Kitty MacDaughtry o Lila Elmira, aunque no estuvieran al tanto de lo que había pasado el día anterior.

Artemis no pudo dejar de preguntarse cuándo iba a parar todo eso, intentó imaginar una respuesta mirando mucho a todos, sobre todo a Ru, pero por alguna razón no pudo pensar nada más que su cabello oscuro brillaba mucho cuando le daba la luz.

Ese mismo día, al final de la clase de Pociones con la profesora Ater, en la que Artemis se esforzó por complacerla, los problemas se agravaron. Todos decidieron tácitamente ir a visitar a Ghana a la enfermería, porque Hada les dijo que estaba ahí. En el camino se encontraron con un grupo de cinco chicos de Darkenlord que le pidieron, muy seriamente, a Marcus que peleara por ellos con uno de Valthemoon que los había ofendido.

-Te podemos dar un par de galeones-

Sean, Marcus, Joshua y Saba desenfundaron las varitas rápidamente, igual que los de Darkenlord. Artemis también, pero la ocultó entre los pliegues de su capa.

-Te dije que con estos hay que tener cuidado- dijo uno de los chicos de Darkenlord.

Saba enfundó su varita. Sean se volvió hacia él con los ojos muy abiertos.

- ¿Qué haces?- le preguntó.

-No les voy a dar el gusto- dijo Saba, mirando a los de Darkenlord tranquilamente, pero Artemis reconoció en su voz un dejo de desaliento.

-Cobarde-

-Di lo que quieras-

Artemis dio un paso hacia delante, si Saba se iba y esos Darkenlord estaban dispuestos a atacarlos, tenía que equilibrar la defensa, pero no se le ocurría ningún encantamiento para defender así que dio medio paso hacia atrás.

-Otto, apoya aquí- ordenó Sean.

Otto no se movió.

-Otto…-

Los Darkenlord empezaron a reír y bajaron sus varitas. Sean, Marcus y Joshua aún estaban en guardia, pero las burlas sonoras fueron más eficaces que cualquier encantamiento y terminaron por dejarlos tan desinflados como Saba, como hipnotizados, mirando a los Darkenlord doblarse de risa y llorar y ponerse rojos.

-Ni siquiera pueden ponerse de acuerdo para una pelea de pasillo- soltó uno de ellos, entre hipidos.

-Está bien, Stormies, los perdonamos porque nos han hecho reír mucho… y… morenito, mejor no te contratamos porque necesitamos a alguien que también piense-

Los Darkenlord se fueron, riendo y burlándose en el camino. Sus risas hicieron eco en los pasillos aún cuando ya no estaban a la vista, dejando a todos los Stormenhand, incluso a los que no habían desenfundado la varita, desconcertados y heridos, incapaces de moverse o decir algo.

- ¿Qué te pasa?- le preguntó de pronto Sean a Saba, haciendo que todos despertaran y se fijaran en ellos- ¿En que estabas pensando cuando guardaste tu varita, imbécil?-

-En que todo eso de la petición era una trampa para hacer caer a los Stormenhand idiotas y claramente funcionó contigo- respondió Saba, tan tranquilo y desalentado como le había hablado a los Darkenlord, solo que esa vez, con una acidez tan ofensiva que golpeó a Sean peor que un encantamiento.

- ¿Te diste cuenta de que acabamos de quedar como unos cobardes?-

-Mejor eso a darles el gusto-

- ¡Les hemos dado el gusto de cualquier manera, elfo idiota!- explotó Sean, acercándose demasiado a Saba- pudimos callarlos, sacarles la mierda bien sacada y jamás se volverían a meter con nosotros-

-Eso demostraría que somos salvajes-

- ¡Somos Stormenhand! Stormenhand pelea, no piensa ni se esconde como un pobre tarado, nosotros somos fuertes, nos defendemos. Por eso somos Stormenhand-

- ¿Porque somos salvajes y matones descerebrados?- los ojos de Saba estaban tan abiertos y su cuello se tensaba tanto que Artemis empezó a pensar en ir a separarlos- estás prestado atención a lo que pasa, Sean? Te has dado cuenta de que todo el mundo nos mira como si fuéramos hipogrifos de pelea?-

-Me importa un rábano- Sean se peinó el mentón con cuatro dedos.

- ¡PUES DEBERÍA!- bramó Saba y acercó su cara más a la de Sean, tanto que sus narices estaban a punto de chocarse- no me gusta que nos traten así, que me traten así. Ni a ti, o a Marcus, o a Ghana o a nadie… pero no dejan de darles razones para hacerlo. Y al final del día ya no sé si no somos ese montón de salvajes que todos creen que somos-

Ni bien dejó de hablar, Saba cayó de espaldas al suelo y Sean saltó sobre él apuntando a su cuello con la varita. Lo derribó tan rápido que Artemis no pudo detenerlo, aunque sacó su varita y apuntó directamente a la cabeza de Sean, por si se ponía demasiado violento con su mejor amigo.

-Controla tus aspiraciones, Schnuppermault. A mí ningún cobarde me grita- le dijo, sosteniendo el cuello del saco con ambas manos y haciendo que al soltarlo se golpeara la cabeza con el piso.

- ¿A dónde vas?- le preguntó Otto a Sean, cuando este empezó a caminar pasillo arriba, pero Sean no le respondió.

- ¿No vas a ver a Gha?- intentó Hada, pero tampoco le respondió.

Artemis ayudó a Saba a ponerse de pié. Su amigo le dedicó una sonrisa por eso, pero Artemis no le respondió porque esa sonrisa, en lugar de tranquilizarla, la preocupó más.

-Yo voy donde Ghana- le dijo Saba a Hada-¿vas, Marcus?-

Marcus, que hasta ese momento se había mantenido en silencio y con la varita colgando de la mano derecha, se volvió hacia Saba, pero no lo miró y le dijo:

-Nadie te ha hecho líder, no actúes como Ru ¿quieres?-

Al final, sólo Hada y Otto fueron a visitar a Ghana a la enfermería.


Saba canceló la reunión que tenían el jueves para ir al Pensadero y faltó a la última clase del día, taller de Latín, es más, todo lo que quedó de miércoles y la totalidad del jueves, estuvo con un humor escandalosamente deprimente, no porque se la pasara cabizbajo, si no porque por momentos podía estar sonriéndole a alguien, pero luego gruñía por algo que Artemis hacía y luego le pedía perdón por el mal humor y luego su rostro se distorsionaba y aparecía la forma de un ave bajo él cuando empezaba a despotricar en silencio contra quien sabía qué, porque lo hacía en silencio y por mucho que Artemis intentó, no pudo oír sus exactas palabras. Y la verdad era que Artemis tampoco estaba de humor como para atender los berrinches de Saba, porque ella misma se sentía como desinflada. Por eso se escapó de taller de Latín para ir a buscar a su mejor amigo, porque si estar entre los Stormenhand era insoportable, estar en un salón con chicos de tercero de los tres señoríos era peor.

Aún le resonaba en la cabeza la pelea del día anterior entre Sean y Saba mientras intentaba hacer unas conjugaciones de verbos en taller, cuando Hanna Marianne le lanzó una bolita de pergamino a la sien. Estuvo a punto de volverse y mirarla furiosa, pero eso podía acrecentar los rumores de que eran unos salvajes. Sin embargo quedarse quieta era como afirmar que era una cobarde. Ni siquiera volverse, porque podía ser que uno Darkenlord o Valthemoon estuviera mirando, podía ser una trampa para comprobar la magnitud de su salvajismo o de su cobardía… así que sólo cerró los ojos y se preguntó qué haría su papá en su lugar. Pero empezaron las risitas de Hanna Marianne y compañía y Artemis tuvo que recoger sus cosas y salir corriendo del salón y luego salir corriendo del Castillo Joven porque una Stormenhand corriendo podía levantar sospechas, porque podía haber golpeado a alguien o estar huyendo y…

- ¡Argh!- gruñó Artemis, lanzando lo más lejos que pudo su morral.

¿Cuándo se había hecho todo tan complicado? Al principio sólo le interesaba estar en la escuela, aprender magia, ser amiga de Saba y Sami y estar con su papá. Luego Apollus y nada más. Al principio no había Stormenhand ni salvajes, ni valientes, ni cobardes, ni Lila Elmira, ni peleas ni nada. Ya tenía bastante con qué lidiar si contaba su asquerosa cicatriz exitosamente cubierta hasta ese momento. Y a Harry. No había Lila Elmira envenenándola, ni Hanna Marianne enamorando a su mejor amigo, ni peleas adolescentes entre los profesores, ni Pensadero, ni culpabilidad por ver el Pensadero, ni Ru Hugin, ni esas malditas cosquillas que sentía cada vez que lo veía y la rabia que le daba que estuviera pasando tanto tiempo con Creixell y la pena que le daba ver a Ghana mirar a Creixell y ese maldito dolor de cabeza que la cegaba en ese momento.

- ¿Has hablado con tu tío Remus?-

-No, no me ha escrito todavía-

-Entonces todavía no se va-

-No. Recién empezamos mayo… se supone que empezaría en setiembre… si acepta. Es raro, porque se supone que el señor Dumbledore ya no es director de la escuela, pero llamó a mi tío para hacerle la propuesta-

Su papá sonrió.

-Entonces debería esperar a que repongan a Dumbledore primero, ¿no?-

-Mi tío dice que eso va a suceder-

-Ya te enterarás por el periódico -

Artemis negó.

-No llegan muchos periódicos con noticias de esa parte del mundo, pero mi tío dijo que iba a escribirme si alguna decisión estaba tajantemente tomada-

Harry, que estaba al otro lado de su papá, empezó a reír.

-"Tajantemente"-

Artemis empezó a reír también y luego su papá.

-No se preocupe Miss Grapehood, yo la estoy mirando-

Artemis sintió un fuerte zumbido en el oído, acompañado por un remezón que la hizo apretar los dientes para no vomitar.

- ¿Quieres que te traiga una cubeta?-

Aún sin abrir los ojos, Artemis negó. La voz que se dirigía a ella sonaba modificada, extraña, lenta y rápida, probablemente a causa del dolor de cabeza que le volvió en el instante en el que fue consiente que estaba despierta. Estiró suavemente una mano para tomar una de las aceitunas que estaban en su mesa de noche, pero no encontró nada.

Y, cuando lo pensó bien, esa voz sonaba lejanamente parecida a la de Ghana. Pero Ghana no estaba en la habitación de las chicas, porque según Hada seguía en la…

Abrió los ojos de golpe e igualmente se sentó derecha.

Mala decisión.

Todo se movió bajo ella y tuvo que sostenerse de los brazos que Ghana le extendía para no caer. La cabeza empezó a zumbarle y a zumbarle y a doler como si le hubieran pegado repetidas veces con una sartén. Cerró los ojos y cuando lo hizo, los notó húmedos. Enterró la cabeza entre las almohadas y cuando eso no le alivió el dolor, se apretó fuertemente los dedos contra el cráneo, pero nada. Dolía demasiado. Empezó a sollozar, pero ni bien lo hizo, tosió un par de veces y tuvo que casi lanzarse hacia fuera de su cama para empezar a vomitar.

- ¡Miss Grapehood!- gritó Ghana con la voz distorsionada y la elfina llegó en un segundo junto a Artemis, llevando una cubeta.

-Vamos hija, bota todo lo que tengas ahí- le dijo- Ghana, sostén su cabeza por favor, querida-

-Sí-

-Artemis, linda niña… si no fuera mucha molestia… si sientes que te vas a quedar dormida antes de terminar de vomitar… no lo hagas-

-Me… duele… demasiado… la cabeza, Miss Grapehood- logró decir Artemis entre arcada y arcada.

Sus lágrimas se mezclaron con el vómito que caía a la cubeta y el mal sabor de sus propios labios la desesperó. Odiaba vomitar. Odiaba ese maldito dolor de cabeza inhumano. Deseaba con todo su corazón que llegara el desmayo del que Miss Grapehood le estaba hablando o que Ghana, que la sostenía gentilmente, se apiadara de ella y la dejara inconsciente con un encantamiento, lo que fuera.

-No llores Artemis, aquí estoy-

Sentía las manos de su papá abrazándola con cuidado y sosteniéndole la frente. Sentía su cuerpo caliente junto al de ella, intentando abrigarla, aliviarla. Sentía que sus lágrimas se secaban, a pesar de que parecía que jamás dejaría de vomitar.

-Ya oíste a la enfermera, bota todo lo que tengas-

-No me gusta vomitar, papá- logró decir.

-Yo estoy aquí… nada te va a pasar… ¿ya? No tengas miedo, estoy aquí-

-Empacho fulminante- dictaminó Miss Grapehood, mientras le daba a Artemis una horrible poción verde para que se la tomara de un solo sorbo- por comer tantas aceitunas. O sea que, desde este momento hasta nuevo aviso, dejarás de comerlas-

Antes de que Artemis empezara a protestar, Miss Grapehood lanzó la última advertencia.

-Si te siguen los dolores de cabeza le voy a decir al profesor Pólux Altair que, lamentablemente, no pasaste el examen de salud-

Artemis abrió mucho los ojos. Saba, que estaba a su lado, aclaró las cosas o, más bien, las empeoró:

- ¿El obligatorio para entrar al Pre-Torneo de Esgrima, Miss Grapehood?-

-Ese mismo-


-Así que no es porque no me gusten tus regalos, porque sabes que me encantan, hermanito, pero si me traes aceitunas, me las voy a comer y de verdad quiero entrar a ese Pre-Torneo-

Lo primero que hizo Artemis después de salir de la enfermería, fue correr a la lechucería para hablar con Apollus y contarle lo que Miss Grapehood había diagnosticado sobre sus dolores de cabeza y vómitos. Pero sobre todo quería pedirle que no le llevara más aceitunas, porque le daría mucha pena no recibir algo que él le llevara.

Apollus la miró fijamente, Artemis asintió.

-Pero ni bien termine, te juro que comeré todas las aceitunas que me des- le dijo, al cabo- todas… hasta que empiece el Torneo y me pidan otro examen médico-

Apollus chilló.

- ¡No es que te prefiera al esgrima!- salvó Artemis, hablando más fuerte- es que de verdad quiero participar, hermanito-

-Y creo que lo tomó bien- le dijo Artemis a Saba la tarde siguiente, cuando hablaban de Apollus.

- ¿Tan bien como Sami?- preguntó el elfo, agachándose para recoger un cepillo de dientes que acababa de botar.

-Sami lo tomó bien- recordó Artemis- de todas maneras no tendría por qué molestarse, para paranoicos tenemos suficiente contigo-

-Sami me gritó-

-Pero no por eso-

Artemis y Saba se miraron y asintieron. Ya eran las siete de la noche del sábado y los demás Stormenhand seguramente habían vuelto del seminario inter semanal obligatorio de Criaturas Mágicas, que se dictaba en algún lugar del Bosque de Goldenwand. Seguramente estaban todos desparramados ante el fuego en la Sala Común. Artemis y Saba suspiraron mirando por la ventana.

- ¿Sami habrá ido a ver el Pensadero?- preguntó Saba.

-Le dijimos que no había problema con que fuera sola- respondió Artemis- la hice perder como dos días. Yo no aguantaría esperar tanto si estuviera en su lugar-

-Sí, pero de todas maneras, encontramos el Pensadero juntos, se suponía que íbamos a estar siempre los tres… aunque…-

-Hay recuerdos que queremos ver solos- completó la frase Artemis.

Saba asintió.

Seguro los tres querían hacer eso hacía mucho tiempo, pero no encontraban la manera de decirlo sin sonar egoístas. Lo bueno de que Sami estuviera sola frente al Pensadero en ese momento era que a Artemis y a Saba les correspondía una sesión en solitario. Y pedirlas después sería mucho más sencillo.

-Tenía una cita con Hanna hoy- comentó Saba al cabo, casualmente.

Artemis lo fulminó con la mirada. ¿Qué le hacía pensar que ella quería saber cualquier cosa de su relación con la tipa esa? A menos que hubiera decidido sacarla de su cabeza para siempre… pero eso no iba a suceder.

-Tuve que cancelarla, me molestó mucho-

- ¡Ya!-

-Sólo quería decir eso… estar aquí sin hablar hace que el tiempo se pase más lento-

-Hablemos de otra cosa-

-Ya no sé de qué. Han pasado siete horas, Artemis-

-Hemos estado más tiempo juntos-

- ¡Sabes a lo que me refiero! Siete horas limpiando calderos viejos con cepillos de dientes pone de mal humor a cualquiera! Deberías colaborar un poco con temas de conversación-

-Si no hubieras encantado a Sean saliendo de Runas, no estaríamos aquí- recordó Artemis.

- ¿Y tú? No estás de a gratis-

-A Viper le encanta castigar en parejas-

-Y supongo que el furnunculus a Kitty MacDaughtry no tuvo nada que ver-

Artemis y Saba se miraron furiosos, con el ceño fruncido, mientras limpiaban las paredes de un caldero especialmente grande y sucio, con un diminuto cepillo de dientes, cuyas cerdas estaban tan sucias que Artemis podía jurar que más era lo que ensuciaban que lo que limpiaban.

Se ganaron ese castigo después de la última clase del viernes, cuando empezaban a gozar del fin de semana. Saliendo de Runas y Encantamientos Antiguos, Saba no pudo aguantar más la voz taladrante de Sean y le lanzó el encantamiento de pegado de labios justo al mismo tiempo que Artemis llenaba de furúnculos a Kitty MacDaughtry que ya había cruzado la línea de la antipatía. Como usar magia en los pasillos no estaba prohibido en Goldenwand y era bastante natural que los alumnos lo hicieran, Artemis y Saba no pensaron en mayores consecuencias, sin embargo, no contaban con que Viper miraba todo desde la puerta de su aula, atentamente, incapaz de mediar el conflicto, esperando (según pensaba Artemis) a que ellos picaran el anzuelo y ¡zas! le dieran el placer de castigar a alguien.

-Lo de Sean era cuestión de tiempo, de todas maneras- dijo Saba, bajito.

Artemis le dio una mirada cálida con sus ojos negros y le puso la mano que tenía libre en el hombro.

-Es que… cuando fui a verte a la enfermería y vi a Ghana… me dio pena pensar que cuando vuelva a clases, todo el mundo la va a tratar como si fuera una salvaje y se va a poner peor. Y me da rabia que nadie se de cuenta de que cada cosa que hacen empeora el asunto. Yo sé que somos fuertes y todo lo que dicen los libros de texto, pero eso no significa que tengamos que ser unas bestias. ¿O sí? Ya no sé qué pensar, porque parece que nadie se da cuenta de las diferencias y tal vez soy yo el que está muy susceptible… o… no sé qué soy y…-

Saba tiró el cepillo y se pasó ambas manos por la cabeza.

Artemis, de pronto, comprendió por qué su mejor amigo estaba así. Todo tenía que ver con el recuerdo que puso en el Pensadero, las palabras de su hermoso y temible tío Dorian retumbaron en su cabeza claramente, haciéndola temblar.

-Elfo, Veela, humano y ¿ahora también mago? No te asustes Saba, sólo… estamos asombrados por lo polifacético que eres-

Su mejor amigo jamás había dicho nada en contra de ser elfo, veela y humano, es más, Artemis solía pensar que Saba estaba encantado con eso; pero tras su recuerdo en el Pensadero se dio cuenta del problema que eso podía significar. Visto desde cierto punto, ser elfo, veela y humano también significaba que no era completamente elfo, ni completamente veela, ni completamente humano, que no era ninguno de los tres. Y lo único que tenía "completamente" era la magia. Podía decir que era mago y punto. Pero de pronto, alguien venía a cuestionar su posición en el mundo mágico, en el mundo que él tenía por sentado. Y no era un mago como los demás, si no que era un Stormenhand salvaje. O Valiente. O Bestia. O Fuerte. Entonces volvía a ser nada.

Yo soy hija de Sirius Black. Sobrina de Remus Lupin. Artemis Black Lupin. Stormenhand. ¿Salvaje o valiente?

Hubo un sonido molesto, como de campanas viejas, cuando Artemis soltó el cepillo para ir corriendo a abrazar a Saba.

- ¿Qué…?-

Su mejor amigo quiso alejarla para preguntarle qué le pasaba, pero luego fue aceptando, poco a poco, el abrazo que ella le daba.

¡PLA!

Se oyó el sonido seco de un cuerpo golpeando la pared.

Artemis y Saba se separaron y corrieron a la puerta. Abrieron un resquicio y pudieron ver a través de él a un chico rubio que tenía los ojos vendados, chorreándose como gelatina por la pared, ante tres chicos encapuchados que lo apuntaban con sus varitas.

-A ver Dan ¿Qué te hemos dicho de hacer estupideces?- preguntó uno de ellos, picando con su varita el cuello del chico vendado.

-Que le pida consejos a tu mamá, Apple-

Todo el cuerpo de Artemis se enfrió y se puso tieso como una piedra. Su corazón dejó de palpitar y sus manos temblaban tanto que tuvo que alejarse de la puerta para no abrirla. Y se quedó así, quieta. Apple Easthouse y sus amigotes estaban ahí… en cualquier momento podían verla. Tenía que salir de ahí.

- ¿Cómo sabes…? Blue, ¿le tapaste bien los ojos?-

-Reconozco tu voz, idiota. Y el otro es Bluesmith, gracias por la pista-

- ¡Hey Black!-

Artemis se volvió. No había nadie, pero la habían llamado.

Dio dos pasos más y se tropezó con algo.

-No te pases de inteligente Dan, mira que no te queremos hacer daño-

-Felizmente, ya estaba empezando a asustarme-

-Lo único que queremos es que te dejes de hacer tonterías por el aire ¿Ya?-

-No sé de qué hablas-

-Sabes perfectamente de qué hablo-

-Estás en mandrágoras, Stormenhand-

Poco a poco, los demás se le acercaron, la tomaron de los brazos. Uno le abrazó la cintura y otro le agarró la cabeza con mucha fuerza y la hizo mirar al frente.

- ¿Ahora no te dan ganas de asustar a nadie, no?- le dijo aquel a quien la obligaban a ver.

Y la golpeó.

-Artemis- llamó Saba, en susurros- tenemos que ayudarlo-

No lo había visto en casi dos años. Pensó que ya lo había superado, que ya no le temía, pero el solo escuchar su nombre la había puesto a temblar… y Saba quería que ellos hicieran algo? Que se pusieran al descubierto? Y si él la veía? Y si volvía a atraparla?

-Artemis-

No, no, no, no, no, no, no, no. Apple Easthouse no. Tenía que salir de ahí.

Cerró los ojos y tragó saliva. Tal vez si se quedaba así mucho tiempo todo terminaría.

-Artemis- volvió a llamar Saba- tenemos… si no a ese chico…-

Artemis no lo miró. No era su asunto, no tenían por qué meterse. Saba no sabía, a él nunca le habían hecho eso. Atacarla en medio de la noche, en el bosque. Golpearla.

-No voy a dejar que te pase nada. Solo salimos, para que se vayan-

Sus caras dando vueltas alrededor de ella, riéndose y todo su cuerpo doliendo. Mareada, con la cabeza reventando de dolor. Como con los dementores. No podía.

-Entonces voy solo- le dijo Saba, sacando su varita.

-No vayas, por favor- pidió Artemis- por favor.

-Tranquilízate. No me van a hacer nada-

-Por favor…-

Pero Saba no la escuchó y salió rápidamente. Artemis no lo detuvo, estaba segura de que ni bien lo vieran iban a caer sobre él… y el vendado no podría hacer nada para ayudar… iban a golpear a su mejor amigo… no podía dejar que le hicieran daño a su mejor amigo.

Corrió junto a Saba.

- ¡Hey!- gritó él.

Apple Eastohouse, Bluesmith y el otro chico se volvieron hacia el elfo, justo en el momento en el que Artemis llegaba junto a él.

Saba apretó ligeramente su muñeca, porque cuando los ojos de Apple reconocieron los de ella, la sintió desvanecerse.

- ¿Qué están haciendo?-

-El es Schnuppermault ¿no?- preguntó Bluesmith- el niño elfo-

-Sí- admitió Saba- váyanse-y le dijo a Artemis, por la comisura de la boca- anda con el chico de la venda-

No. No. Apple Easthouse tenía la mirada fija en ella y hasta sonreía un poco. Artemis tembló. No podía moverse, no podía hacer nada más que mirarlo y temblar. Él se regocijaba, parecía satisfecho, le gustaba que ella estuviera así.

- ¿Ahora no te dan ganas de asustar a nadie, no?-

-Dos de tercero contra tres de sexto- dijo el tercer chico, burlón- creo que mejor nos vamos-

Bluesmith rió a carcajadas, Apple Easthouse sonrió más.

Artemis retrocedió un paso, las varitas de los tres chicos apuntaron automáticamente hacia ellos, hacia sus frentes. El tipo tenía razón, eran de sexto, no iban a poder con ellos… no los iban a vencer a punta de Confundus y encantamientos levitadores, no podrían contra Apple Eastohuse aunque todo Stormenhand de tercer curso estuviera ahí...

Tenía que pedirle disculpas. Tenía que rogarle que no les hicieran nada.

Miró a Saba y un par de lágrimas de terror se escaparon de sus ojos, porque su mejor amigo ya los apuntaba.

Las varitas de los tres se sexto lo apuntaron. Artemis chilló.

-No queremos hacerte nada, Schnuppermault- empezó Apple Easthouse, sin quitar del todo su mirada de Artemis- Dicen que eres un buen Stormenhand… solo déjanos a la chica y te dejamos ir-

No. No. No. No. No.

Saba la iba a dejar sola y ellos la llevarían al Bosque, de nuevo.

-No- dijo Saba firmemente, dando un paso delante de Artemis.

-Vas a quedar tan feo que tus admiradoras te van a perseguir para golpearte-

Apple Easthouse y el tercero se rieron.

-Buen chiste, Blue-

-Gracias Hank, se me acaba de ocurrir-

-Última oportunidad, elfito- dijo Apple Easthouse

- ¡Que no!-

- ¡Furnunculus!

- ¡Protego!

Artemis se quedó quieta, mirando en todas direcciones, con los ojos rojos, llenos de lágrimas y el cuerpo temblando sin control. A su lado, Saba miraba boquiabierto la maldición que acababa de desvanecerse justo antes de tocarlo. Una gota gruesa de sudor surcaba lentamente su mejilla mientras intentaba explicarse qué había pasado.

Apple Easthouse, Bluesmith y ese tal Hank se volvieron.

- ¡Petrificus Totalus!-

Artemis se cubrió la cara con las manos. Un segundo después, oyó a tres cuerpos pesados caer, levantó los ojos y vio a Apple Easthouse, Bluesmith y Hank yaciendo ante Saba, petrificados, pero con los ojos moviéndose de un lado para otro dentro de sus cuencas. Saba miró boquiabierto a Artemis y luego los dos miraron hacia delante, hacia el chico que se había aparecido por el comienzo del corredor, que aún apuntaba a los tres de sexto curso con su varita.

- ¿Qué pasó?- gritó el vendado- ¿están bien?-

El otro chico caminó hacia ellos, su cabello castaño sujeto en una colita de caballo se movía con cada paso que daba, y con un movimiento de su varita quitó la protección que había conjurado para Artemis y Saba.

-Capitán- dijo el elfo, acercándosele sorprendido.

-Schnuppermault- respondió él chico de la colita, frunciendo el ceño- no pensé que eras del tipo de chico que se metía en problemas-

-No es eso, es que…-

Pero Saba no pudo continuar porque oyó un sonido seco. Una caída y luego sollozos que le hicieron temblar las piernas, porque jamás los había escuchado antes.

Corrió hacia Artemis y dudo en arrodillarse, por un segundo estuvo tan petrificado como Easthouse y sus amigos, porque nunca había visto a su mejor amiga así. Estaba sentada, jorobada, llorando abiertamente y con las manos temblorosas a medio camino de su rostro. Nerviosa, asustada, débil. Jamás la había visto así.

- ¿Artemis?- finalmente optó por hincarse a su lado- Artemis…-

Pero Artemis no respondía.

-Están petrificados- intentó abrazarla, pero temblaba tanto que no podía sostenerla- no te van a hacer nada-

- ¡Saba!- lo llamó el chico de la coleta.

- ¿Capitán?-

- ¿Sabes quienes son estos?- preguntó señalando a los tres petrificados en el piso.

-Sí- admitió Saba- uno de ellos se llama Apple Easthouse.

- ¿Tu amiga los conoce?-

-Sí-

El chico que tenía los ojos vendados apareció tras ellos, ya sin venda y cojeando. Miró a los petrificados, sacó su varita y apuntó justo en la frente a Bluesmith, pero en lugar de encantarlo, lo pateó.

-Dan, déjalos, luego van a tener una excusa para molestarte- aconsejó el chico de la coleta, al que Saba llamaba capitán.

- ¿Por qué te estaban molestando?- le preguntó Saba a Dan.

-Porque son unos Stormenhand salvajes-

-Yo también soy Stormenhand- admitió Saba, con la voz ronca.

-Yo también- admitió el chico de coleta.

-Ya, no se molesten, era un decir. Tú sabes que no creo en esas cosas, Fleance-

El chico de coleta, Fleance, asintió.

-Dejemos a estos tres aquí, vamos a otro lado. Schnuppermault, tú ven con nosotros y trae a tu amiga-

-Nosotros estamos castigados, capitán-

-Entonces quédate con Apple, Blue y Hank, seguro te van a querer ayudar cuando se recompongan-

-Lo siento, capitán-

Artemis sintió como los brazos de Saba la rodeaban y la ayudaban a ponerse en pié y luego, a caminar. Cerró los ojos durante todo el camino, dejándose guiar por el abrazo de Saba y el sonido de los pasos de los chicos altos que iban delante de ellos. El temblor de todo su cuerpo fue disminuyendo conforme se fueron alejando, pero sólo abrió los ojos cuando sintió al viento helado golpeándole la cara. Los habían llevado hasta el claro y los dos grandes que iban delante de ellos siguieron caminando hasta llegar a los camerinos

-Pasen- les dijo Fleance, después de abrir la puerta con su varita.

Saba tuvo que cargar a Artemis cuando ella casi se desmaya porque tres varitas los apuntaron nuevamente.

-Tranquilos, tranquilos- dijo Fleance, tras ellos- somos nosotros.

Una chica pelirroja de cabello corto, un chico bajito sin cabello y otro más alto que tenía el cabello puntiagudo, bajaron las varitas.

-Encontré a Dan-

Dan saludó con la mano. La chica pelirroja suspiró aliviada.

- ¿Quiénes son ellos?- preguntó el chico del cabello puntiagudo.

Fleance les dio una mirada rápida y sonrió de medio labio. Todo eso, el camerino a oscuras, los alumnos mayores reunidos allí y todo el misterio con el que hablaban, no le dio buena espina a Artemis.

-El es Saba Schnuppermault, el nuevo buscador de la escuela y ella… su amiga-

-Artemis Black- dijo Saba, por Artemis, que aún no podía hablar- te lo iba a decir, pero estabas en la enfermería… sorpresa, estoy en el equipo de quidditch- le susurró Saba a Artemis.

- ¿Los dos saltan?- preguntó el chico sin pelo.

- ¿Saltamos?- le preguntó Saba a Fleance.

-Ah… a ver… Saba, amiga de Saba, ella es- Fleance señaló a la chica pelirroja de cabello corto- Alina Hamal, a su lado- el chico bajito sin cabello levantó las cejas- Bert Falcone y Adrian Acutus, yo soy Fleance, este otro es Dan Bryce ya lo conocen… y nosotros somos eso que a la profesora Ater le encanta llamar, vergonzosamente, La Sociedad Secreta del Salto-


Hola a todas, aquí un nuevo capítulo.

Zelany, no te preocupes por la ausencia... pero gracias por ponerte al día de todas maneras. Con lo de Remus... creo que toma el trabajo porque lo necesita y además porque si Artemis compite con Hogwarts, no hay manera de que ella gane, son los recuerdos de Remus, de sus años más queridos... y Artemis... bueno... cuando empecé esta segunda versión de La Muerte del Silencio me dije que el lazo de Artemis y Remus no debía ser de amor incondicional porque, lo quiera o no, ella es una especie de carga para él y un cargo de conciencia bastante fuerte, porque siente que la está arrastrando a la pobreza y lo de Azkaban... en fin. Eso no significa que no la quiera o que no se preocupe por ella, al contrario. Más de esto a continuación. Je. Muchas gracias por leer. Ah! Lo de Harry y los sueños... viene a continuación (no en el capi, si no en la historia)

Cris, no es que Saba no haya apreciado las palabras de Artemis, es que nunca las escuchó, porque cuando ella se las iba a decir, él le dijo lo de la práctica de quidditch y con todo lo de Hanna Marianne que pasó después, el asunto quedó relegado. Ghana es muy amable. Me ha pasado algo bastante curioso con los personajes de tercer curso de Stormenhand, en realidad, que (como recordarás) no existían en la primera versión de esta historia... y es que... no sé... les he tomado bastante cariño, cuando al principio eran nombres de referencia nada más. La otra vez hasta les he puesto patronus a todos! no sé que me pasa... Sobre Artemis, bueno, creo que tiene severas dificultades para relacionarse con las personas. Cambiando de tema, ya arreglé lo de las palabras que no salen.. tuve que revisar dos veces el texto. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer, se que siempre estas muy ocupada.

Andrea, lo de resaca lo puse por el movimiento de las olas (retroceso) cuando llegan a la orilla, que es una metáfora medio monse respecto a lo que le pasó a Artemis: una gran tempestad (lo de la poción del mal humor) y luego una llegada tranquila a la orilla, como si la ola se hubiera cansado y diera lo último que le queda, luego retrocede y vuelve a las andadas. Pero como eres una rufiana incurable, solo se te ocurrio lo dl otro sentido¿no? jejejejeje. Mentira! Sobre Saba y Hanna... no puedes negar que a veces chicos muy buena gente se mueren por tipas así. Debe ser por algo. Creixell está tan molesta con Ghana por cosas que, probablemente, solo ellas dos entienden. Cosas que pasan.

Ahora sí, espero q les guste. Un beso

(capítulo corregido)