Este fanfic está protegido por safrecreative. No apoyes el plagio.
Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.
Epilogo.
Bella sentía sus manos moverse involuntariamente mientras trataba de calmar su respiración. Mordió su labio inferior y se regañó mentalmente por tener aquella nueva manía tan desagradable.
«Uno, dos, tres... respira.» Repetía mentalmente mientras su cuerpo se movía de manera involuntaria. Sus tacones hicieron eco por toda la sala de su casa, soltó un gemido de frustración cuando sintió unos golpecitos en la puerta. Caminó hacia la puerta de entrada, alisando las invisibles arrugas de su vestido. Rosalie había tardado demasiado en llegar y aquello la tenía realmente nerviosa. Al abrir la puerta ni siquiera fue delicada como lo venía haciendo hace un tiempo atrás, simplemente la envolvió entre sus brazos, apretándola fuertemente. La necesitaba.
—Amiga ¡¿Qué pasó?! Vine a penas me llamaste.
Rosalie pudo identificar la desesperación en el rostro de su amiga, se limitó abrazarla y a entrar a la casa rápidamente, necesitaba saber lo que sucedía con Bella. La había llamado prácticamente estérica hace más de una hora.
—¡Jamás pensé que me pasaría algo así a mí! — Bella se alejó de ella y limpió la lágrima que amenazaba con deslizarse por su mejilla.
Rosalie frunce el ceño y ambas toman asiento en el sofá en forma de L que decora la sala.
—¿Puedes decirme que mierda sucede? — Rosalie acaricia inconscientemente su vientre, que poco a poco comienza a crecer.
—Edward tiene una puta amante Rosalie— Murmura mirando la lejana fotografía de su boda hace ya un par de años atrás. Tiene deseos de llorar, pero se contiene.
Rosalie abre sus ojos impresionada.
—¿Edward con una amante? ¡Estás loca! ¿Encontraste algo sospechoso?
La castaña sacude la cabeza negando. Realmente no tenía pruebas, pero lo sospechaba, que es casi lo mismo. Ósea el problemón que había sucedido entre ellos, era una razón poderosa, o eso pensaba ella.
—No... Ósea..., tiene un problema.
—¿Problema? — Rosalie sigue sin entender absolutamente nada.
Isabella asiente y aclara su garganta.
«Oh por todos los cielos, jamás pensé que pasaría por esto». Piensa mirando sus uñas de color rojo.
—Sabes que le ha dado por ser padre — Bella pone los ojos en blanco— Como si yo fuese una fábrica de bebes para estar disponible las veinticuatro horas del día.
Rosalie le sonríe tiernamente pensando en que ella ve la maternidad completamente diferente
—¿Pero qué pasa? — pregunta la rubia ante tantos rodeos de Isabella.
—Es una suposición, pero creo que es donde yo no estoy desesperada por la maternidad, su penecito bebe dejó de funcionar y no desea estar conmigo.
Rosalie frunce los labios conteniendo las ganas de reír ante aquel estúpido apodo que Bella le tenía al pene de Edward.
—Si le dices penecito bebe es como un poco denigrante Bella. Llega a ser, incluso, entendible que no pase nada con él. Sin embargo... creo que deberías tener una razón más poderosa.
—Rosalie, es obvio que alguien más se ocupa de hacer el trabajo sucio. Llega a casa cansado y simplemente, su... su cosa no funciona.
Rosalie niega con la cabeza mientras mira a su amiga.
—No seas idiota, no creo que te engañe, quizás... deberías acompañarlo al médico. Además ¿revisaste su celular? Los hombres son unos idiotas que jamás borran los mensajes y esas tonterías.
—No hay nada en su celular.
Bella se siente como una idiota.
—No te engaña, puedo poner mis manos al fuego Isabella. Ese hombre te mira como si fueses lo único que existiera, es por eso que todas las mujeres en la universidad quedaron desilusionadas al ver que ambos jamás se separaron.
Isabella se quedó más tranquila, pero aun no lo suficiente para olvidar el tema. Casi podía sentirla impresión que le llevó cuando se dio cuenta que simplemente aquel pedazo de carne no quiso funcionar.
—¿Estás cansado?
Edward la mira y asiente sacándose los zapatos.
—Día agotador ¿Qué hay de cenar?
Bella puso los ojos en blanco y caminó descalza por la habitación matrimonial para luego acomodarse entre las piernas de su marido.
—¿Masaje? — pregunta alzando sus manos pequeñas a la altura del rostro de Edward. Él toma su cintura fuertemente y la voltea hacia la cama, dejándose arrastrar junto con ella, para besar sus labios y bajar por su cuello.
—Eres exquisita — murmura tirando el lóbulo de su oreja.
—Te extrañaba tanto. No te vayas nunca más a esos estúpidos viajes.
Edward rió en el inicio de sus pechos y alzó el rostro para mirarla.
—No me voy porque lo desee bebe. Yo te extrañé cada segundo.
Bella acarició su cabello broncíneo, que ahora lo dejaba crecer dándole un toque sexy y rebelde, y tiró sus hebras. Edward gruñó adoraba que hiciera aquello, sus grandes manos comenzaron a explorar debajo del pijama de Isabella para sacárselo por la cabeza, dejándola completamente desnuda de la cintura hacia arriba.
Edward la admiró por unos segundos y sus ojos se posaron en su vientre.
—Vamos por ese bebe.
—¡¿Qué?! Edward no eches a perder el momento — Bella rió y se inclinó para buscar sus labios. Sus piernas rodearon su cintura y ella alzó su cadera para presionar sus intimidades...
—¿Qué pasa Edward? — pregunta cuando no siente absolutamente nada. Edward la mira con su ceño fruncido y soporta su peso en sus brazos.
—Dame un minuto — pide confundido. Edward se sienta en la cama apoyando su espalda en la cabecera de esta. Bella se sienta a horcajadas de él y comienzan a besar fogosamente, Edward acaricia sus pechos, los muerde, pasa su lengua lentamente por su pezón, sus intimidades se vuelven a tocar y nada.
—¡¿Que mierda pasa Edward?! — Bella se aleja molesta y toma su camiseta para ponérsela inmediatamente. Edward mira su miembro bajo el pantalón y solo hay un pequeño bulto lacio.
—No sé. Bella... Bella... dejé de funcionar.
Bella pone los ojos en blanco y camina por la habitación.
—Seguramente te follaste unas cuentas en tu dichoso viaje para que ahora llegues a tu casa y que tu pedazo de carne — dice apuntando donde su miembro debería cobrar vida propia— no despierte Edward.
Edward mira su miembro y se siente desesperado, jamás en toda su vida le había pasado algo así, ni siquiera cuando se masturbaba día y noche cuando era virgen,
—Ayúdame amor.
Bella lo mira y niega con la cabeza.
—Te haría un masaje cielo, pero creo que tu secretaría estaría más a gusto con eso.
Edward la mira, confundido, pero está demasiado distraído para negar lo que Isabella dijo. Vuelve a mirar su pedazo de carne sin vida...
«Estoy cagado» pensó.
Isabella sacude la cabeza al recordar como él no negó absolutamente nada.
—¿Tienes hambre? —Le pregunta a su amiga Rosalie.
—Más bien sed.
—Okey, voy por un jugo ¿Está bien? — Rosalie asiente y Bella desaparece hacia la cocina que solo se encuentra a unos pasos.
—¿Cómo te has sentido? Ya sabes con eso de los mareos y mierdas.
Rosalie hizo una mueca y se levantó del sofá para seguir a su amiga, se sentó en la barra del desayuno.
—Creo que Emmett jamás me vio vomitar tanto en mi vida.
Bella sonríe.
—Pues si quieres vomitar ahora..., puedes salir al jardín o mejor aún, puedes vomitar la almohada de Edward.
Rosalie suelta una carcajada recibiendo el vaso de jugo que Isabella dejó para ella.
—Tú ni con todos los años que tienes encima maduras. — comentó la rubia luego de toma un sorbo.
—Ya ves a Renée, tiene más de cincuenta y sigue igual de loca. A propósito vendrá a visitarnos este fin de semana.
Rosalie la mira y ríe.
—Eso es nuevo — comenta—. ¿Le contaste lo de Edward?
Isabella niega y suelta todo el aire de sus pulmones al recordar aquel episodio.
—No, no he querido decirle.
Bella avanza hacia su amiga y toca vientre.
—¿Se siente raro? — pregunta. Rosalie niega.
—Se siente diferente. Es como si... no sé, a pesar de que aun no lo conozco, lo amo con toda mi alma.
Bella sonríe orgullosa de su amiga. Su mente la visualiza a ella embarazada, pero le cuesta un poco imaginarse con un vientre gigante, haciendo biberones o cambiando paños. Aunque la idea no le desagrada en lo más mínimo.
—Debe ser una experiencia linda.
—Lo es Bella..., y tú deberías considerarlo — Rosalie sonríe y mira su reloj—Bien. Tengo control médico y tengo que pasar a buscar a Emmett al trabajo.
Isabella asiente y la va a despedir a la puerta, no sin antes volver acariciar su pequeño vientre de cuatro meses.
—Cuídate y no pienses estupideces. Edward te ama y siempre te amó.
Bella la abraza y besa su mejilla.
—Eres genial. Trataré de madurar pronto, creo que necesitaba verte.
—Llámame para contarme como te fue con Renée, estoy segura que le agradaría verme.
Rosalie dice sarcásticamente, y camina hacia su automóvil para marcharse a buscar a su marido.
Bella mira la hora y sabe que Edward está por llegar del trabajo. Camina hacia el interior de su casa y piensa en todo lo que le dijo Rosalie. Edward siempre la llamaba varias veces al día para saber cómo se encontraba, la mimaba. Siempre, hasta hace unos días, le hacía el amor con devoción, su mirada, sus pequeños detalles. Sonrió, por primera vez en días, al pensar en él y se encontró ansiosa de poder verlo.
Fue a la cocina y sacó un vaso de bebida cuando sintió su celular sonar. Corrió hacia el sofá, donde estaba el móvil y contestó.
—Hola hija.
—Hola Charlie ¿Cómo estás? — pregunta sonriendo mientras vuelve a la cocina por su vaso de coca cola.
—Cansado, creo que los años se me están viniendo encima.
Isabella sonríe y toma un sorbo de su bebida.
—No seas dramático. ¿Cuándo vendrás a vernos? Te extraño.
Charlie sonríe del otro lado de la línea y tiene deseos de tomar un avión y viajar a Seattle para ver a su hija mayor.
—A penas tenga un tiempo hija. Seguramente en un mes, el trabajo me tiene ocupado.
—Lo sé.
—Te he extrañado mucho, pero me tengo que ir, un paciente me está esperando. Mándale mis saludos a Edward y más le vale que se esté portando bien. No soy policía, pero podría seguirlo hasta el fin del mundo si te hace algo.
Bella suelta una carcajada creyéndolo un completo loco.
—Mejor ve a trabajar. Adiós papá te quiero.
—Yo más tesoro.
Bella se queda mirando el celular en sus manos, pensando en su padre y en todo lo que han vivido juntos los últimos diez años. Parece como si hubiese sido ayer cuando lo vio por primera vez de pie en la puerta de su casa.
Isabella sacudió su cabeza y se encontró caminando por su casa, verificando que todo estuviera en orden; no quería ser una mujer que se la pasa viendo televisión. Su trabajo, como trabajadora social, no le demanda demasiado tiempo, así que por lo general a las cinco de la tarde ya estaba en casa.
Es casi la hora de la cena, pero como no tenia deseos de cocinar hoy, pidió una pizza familiar, solo esperaba que Edward no la regañara, ya que el metabolismo no es el mismo a los, casi, treinta años de edad. Bella se siente aterrada de cumplir treinta años, cada mañana verifica si tiene alguna estúpida arruga en su rostro, jamás pensó que sería una mujer acomplejada por su edad, pero tampoco se sentía una adulta, como dijo Rosalie, su madurez seguía siendo la de una adolescente.
Escuchó como el automóvil de Edward se estacionaba en el porche de la casa.
De pronto se sintió avergonzada, ya que estos últimos días se había comportado como una perra con él, prácticamente tirándole el plato de cenar en la mesa. Corrió hacia el sofá y prendió la televisión, tratando de parecer casual, sintió las llaves de su marido y la puerta se abrió a los pocos segundos después.
Edward miró a Bella cambiando canales distraídamente y sabe que hace unos minutos ella no estaba ahí, la conoce demasiado. Sonríe a pesar de todo.
—Hola nene — Bella deja el control remoto a un lado y mira al hombre que ama.
Edward sonríe aun más, ya que hace días ella no lo llamaba así, al parecer las cosas mejorarían y se le quitaría aquella estúpida obsesión de que él la engañaba.
—Hola — Edward cierra la puerta y camina hacia ella, dejando su maletín en el suelo —¿Cómo te fue hoy? — Se sienta junto a ella y besa sus labios.
—Bien, un caso complicado realmente, pero bien ¿y a ti?
Una cosa había cambiado a lo largo de estos diez años, y es que Bella es mucho más demostrativa con sus sentimientos, había aprendido a no ocultar lo que siente. Ella simplemente ama a Edward como jamás pensó amar a nadie y cada día se lo demuestra con pequeños detalles.
—Bien, estaba ansioso por llegar a casa bebe — Edward la arrastra hacia él y la sienta en sus piernas como si fuese una niña. Bella pasó su brazo por el hombro de Edward y besó su mejilla.
—Edward..., lo siento tanto. He sido una mierda contigo estos días.
El hombre frunce el ceño y sus ojos verdes la miran intensamente. Su mano despeja el rostro de su mujer.
—Te dije que no seas ridícula. Yo te amo más que nada en la vida y no te cambiaría por nadie.
—Lo sé y yo también te amo tontito.
Ambos sonríen y sus labios se encuentran suavemente, deleitándose, sus lenguas no tardan en encontrarse y exploran la boca del otro lentamente. Las manos de Edward se aferran a la cintura de Bella y ella trata de acercarse mucho más a él. Extraña su cercanía, sus manos sobre su piel... Bella gime cuando él comienza un camino de besos hacia su clavícula.
—Te necesito tanto. — murmura él pasando sus manos por los muslos de su esposa.
—Yo también, mucho amor — Bella se quita la camiseta que trae encima, quedando en sostén y se pone ahorcajadas de él. Edward mira el inicio de sus pechos y comienza a besar por encima del sujetador. Bella comienza a respirar con dificultad, pero un toque a la puerta los sobresaltó a ambos.
—¿Esperas a alguien? —
—No, sigue... — Bella toma el rostro de Edward y lo lleva hacia el inicio de sus pechos, donde estaba dos segundos antes. Edward sonríe y comienza a juguetear con su lengua, pero nuevamente unos golpes, ya impacientes, en la puerta los sobresalta.
—Jodida mierda. — Bella se levanta el sofá completamente molesta por la interrupción y camina hacia la puerta, olvidándose completamente que solo iba en un pequeño sujetador de encaje que, prácticamente, no deja nada a la imaginación.
Edward la mira caminar hacia la puerta con el ceño fruncido.
—¡¿Bella...
—¡¿Quién demonios quiere tirar la puerta de mi casa?! — dice al abrir. Se encuentra con un joven de unos dieciocho años, con una camiseta de algodón de color rojo y unos jeans, y por supuesto el infaltable gorro ridículo en su cabeza.
—¿Pi...Pizza?
Bella alza la ceja y asiente, aun sin percatarse que estaba prácticamente desnuda en la puerta, hasta que siente una especie de tela envolverse en su torso y que alguien la empuja bruscamente hacia el interior de la casa.
—¿Cuánto es? —
Oh, Edward está furioso... su voz ronca y su ceño fruncido. Bella camina hacia el sofá para tomar su blusa y se la pone rápidamente sin decir ni una sola palabra. Edward cierra la puerta de un golpe y camina con la caja de pizza en sus manos dejándola en la barra del desayuno.
—Edward...
—Podrías procurar ponerte ropa cuando abres la puerta Isabella.
Bella se sonroja y muerde su labio inferior.
«Oh, mi nene»
—Estaba distraída no me di cuenta.
Edward asiente, no tiene deseos de discutir.
—¿Por qué pediste pizza?
—No quise cocinar.
Bella se siente como una niña regañada por su padre. Le saca la lengua y camina hacia las encimeras de la cocina sacando dos platos y vasos.
—Pedí la que te gusta a ti.
Edward asiente y saca el jugo del refrigerador. Esta molesto, celoso, muy celoso de que un chiquillo mirara las bubbis de su mujer.
Se sentaron a comer en completo silencio. Bella lo mira fijamente y tiene deseos de lanzarle la pizza en su hermoso cabello para que al menos dijera algo.
—¿Me vas a ignorar toda la noche?
Edward niega.
—¿Entonces?
—Estoy comiendo Bella. La gente normal no habla con la boca llena.
Bella traga su comida y pone los ojos en blanco.
—Jamás fui normal entonces, lo sabes desde que teníamos cinco años Edward.
Edward, aunque no lo quiere, sonríe.
—Estás loca.
—Tú también lo estas.
—Para estar con la misma cabeza loca toda la vida, debo estarlo.
—Divorciémonos entonces. — dice Bella en modo de broma. Edward sonríe y niega.
—No te daré el divorcio.
—Te quitaré todos los bienes Edward.
Ambos sonríen y Bella se levanta para besar el cabello de Edward.
—Tienes el cabello lindo. Lástima que Esme jamás te dejo usarlo largo
—Mi mama tiene problemas serios.
—Espero que no siga con la idea del nieto.
Edward de pronto se pone serio y alza sus cejas.
—Bella...
—Oh no, no comenzaras con eso de nuevo. Las cosas siguen su curso Edward. Cuando tengamos un hijo será cuando tenga que suceder. Además tu... penecito bebe sigue sin funcionar y así es imposible.
—Fui al doctor.
Bella frunce el ceño y lo queda mirando fijamente.
—¿Por qué no me dijiste? Pude haberte acompañado Edward.
—Yo..., no sé.
—En las buenas y en las malas Nene — Bella recoge los platos y se sienta al frente de Edward. — ¿Y?
—Nada.
—¿Nada? ¿Cómo nada?
—No tengo absolutamente nada.
—¿Y por qué no funciona? — Bella se siente preocupada ¿Qué pasa si no funciona nunca más? La idea de tener familia le agrada, por supuesto que sí, solo es de la idea de no forzarlo, pero si Edward...
—Los resultados salieron todos normales, no hay una... razón. — Edward interrumpe sus pensamientos. Bella mira a su marido y su rostro de preocupación.
—Tranquilo, encontraremos la solución.
Edward sonríe tristemente y solo la abraza para besarla suavemente.
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—¿Por qué no me dices tu problema? Quizás pueda hacerte un masaje.
Edward abre los ojos y su rostro es de un completo color carmesí. Mira a su suegra, específicamente sus manos pequeñas, iguales a las de Bella. El pensamiento de tener las manos de Renée sobre su... miembro es asqueroso, ni siquiera puede pensarlo.
—¡Qué! No, no. Ni que estuviese loco Renée.
—Oh vamos hijo, te conozco de pequeño — Renée sonríe al verlo tan avergonzado —. Además mis manos son... mágicas.
Bella camina con los vasos de jugos y los deja en la mesita de centro. Contiene una sonrisa al ver el rostro de Edward.
—¿Qué sucede? — pregunta su esposa inocentemente.
Renée mira a su hija y suspira.
—Aun no sé qué sucede. Le dije a Edward que podía ayudarlo con su problema, pero no quiere masajes.
Bella suelta una carcajada y Edward frunce el ceño.
—Mamá, ni creas que te dejaré que le hagas un masaje a su penecito.
Renée la mira confundida y luego comprende toda la situación.
—Oh..., entiendo. ¿No tienes erección Edward?
—No lo diga así, es..., vergonzoso.
—Oh vamos..., tengo mis años, no soy idiota.
Bella se sienta al lado de su marido y toma su mano, y la acaricia distraídamente.
—Haremos un ejercicio.
Edward siente el sudor bajar por su cuello. No tiene idea de lo que su loca suegra podría hacerle.
—¿Qué clase de ejercicio?
Renée lo observa por unos segundos y sonríe.
—Lo que tú tienes es un bloqueo enérgico. Cuando uno está expuesto a emociones fuertes o traumas, los centros energéticos se bloquean ¿Entiendes? ¿Deseas algo Edward?..., quizás algo que te genere estrés.
Bella se mordió el labio y mira a su marido. El trabajo podría generarle estrés a Edward, quizás deberían tomarse unas vacaciones juntos y tratar de relajarse.
—No, ósea..., no soy obsesionado ni nada.
—¿Seguro?
Edward baja la mirada y suspira. Bella comprende todo en aquel momento ¿Tanta es la insistencia de ser padre? Bella frunce el ceño, no sabía realmente la magnitud de los deseos de Edward por tener un hijo.
—Bueno si, pero no me genera estrés.
—Eso es lo que crees — dice Renée—. Haremos unos ejercicios de relajación.
—Mamá, eso no funcionará — dice Bella
Renée la fulminó con la mirada.
—Tu ve a preparar la cena Isabella, eso es lo que hace una buena esposa.
Bella le saca la lengua.
—Claro, solo me tienen para cocinar. — dice antes de caminar a la cocina. Mira de reojo a su madre y a Edward cuando está en la cocina aliñando ensaladas, suelta una risita al ver a ambos inclinados hacia el suelo, subiendo las manos al cielo y respirando de forma extraña.
Bella jamás pensó ver a su marido así, solo espera que al menos eso le ayude a relajarse.
La idea de verlo con un bebe entre sus brazos la hizo sonreír. Le gustaba la idea de la maternidad. Se imaginó un pequeño igual a Edward, con su carita perfecta, ojitos claros, corriendo por la casa. Un pequeño que fuese igual de adorable que su padre cuando era un pequeño de cinco años. Se vio embarazada y Edward consintiéndola constantemente.
Bella en aquel momento tomo, quizás, la decisión más importante de su vida. Jamás podría volver amar a alguien como ama a Edward, jamás encontraría un hombre que aceptara todas sus locuras, que la amara incondicionalmente, a pesar de todos los errores que cometió en el pasado. Isabella tomó la decisión de dejar sus pastillas y formar una familia con su marido.
Después de la cena Edward y Renée lavaron los platos sucios. Bella estaba mirando la pequeña maleta de su madre, y se sintió nostálgica de dejar que se fuera a Forks, por más que había insistido en que viviera en Seattle, Renée no quiso abandonar la tranquilidad de un pueblito pequeño, donde era completamente feliz.
Renée sonrió al abrazar a Edward.
—Creo que estarás bien, recuerda Edward relájate, las cosas vendrán solas.
Edward asiente.
—Gracias Renée.
—Renée te hubieses quedado más días. — Dice Bella abrazándola fuertemente.
—Oh no, mi bebe no puede quedar solo mucho tiempo— dice la mujer acariciando la mejilla de su hija.
—No sé en qué momento cuidas más de un perro, de lo que cuidaste de mí.
—Tú siempre fuiste independiente, Jake no lo es.
—Perro idiota — murmura Bella recordando cómo le ladraba cada vez que ella pisaba su antigua casa— Es tan asqueroso mamá, debiste al menos, elegir un perrito más lindo.
—Jake lo es... interiormente.
Los tres sonríen.
—Cuídate Renée. Llámame cuando llegues a Forks.
—Lo haré tesoro.
Aquella noche ambos durmieron abrazados. Bella no quiso intentar nada por miedo a que volviese a pasar lo mismo y Edward se sintiese frustrado. Solo se limitaron a ver una vieja película, comiendo chatarras en la cama, como solían hacerlo en su viejo departamento en la época de universidad.
Y asi los días pasaban rápidamente y sus pastillas anticonceptivas seguían guardadas en el cajón de su mesita de noche, Edward ni siquiera lo sospechaba.
La tarde del viernes Edward llegó con un enorme ramo de rosas rojas, Bella lo recibió con una exquisita cena, lasaña. La mesa del living decorada y velas encendidas, la luz de toda la casa tenue y ella vestida con un vestido ajustado de color negro y zapatos de tacón.
—¿A qué se debe esto? — Edward la toma por la cintura y la acerca hacia él para besar sus labios.
—Solo quería sorprenderte.
—Siempre me sorprendes.
Bella acaricia su cabello y le sonríe.
—Cenemos.
Ella camina hacia la cocina y sirve los platos, y los lleva hacia la mesa. Toma sus flores y las pone en agua, para luego sentarse junto a su marido. Cenaron en una conversación agradable sobre el día laboral, para cuando terminaron Edward ayudo a Bella a lavar los platos y guardarlos.
—Ven.
Bella toma su mano y lo lleva hacia la habitación.
—¿Pretendes hacerme algo señora Cullen?
Bella sonríe pícaramente y asiente.
—Sí. Quiero hacer muchas cosas, pero iremos con calma.
Al llegar Edward se encontró en una habitación iluminada por pequeñas velas aromáticas, sonrió y sus manos fueron directamente hacia la cintura de Bella, para acercarla lo más posible a él. Esto, quizás, es lo más tierno que había hecho Bella. Ella se ve algo incomoda o más bien avergonzada, ya que baja la mirada.
—Sé que es cursi, pero tenía ganas de hacer algo así — aclara cuando Edward toma su mentón y lo alza para mirarla a los ojos. Bella se encuentra con sus ojos ardientes y deseosos. Siente como un escalofrío la recorre completamente, centrándose principalmente en su intimidad.
—Eres cursi Bella, siempre lo fuiste. —Sus manos van directamente al rostro de Bella, tomándolo delicadamente, acercándola... casi besando sus labios—. Por eso te amo.
—Yo también te amo nene — susurra ella antes de él se incline y la bese furiosamente.
Las manos codiciosas de Edward comienzan a recorrer el contorno de su cuerpo, mientras sus labios se mueven en perfecta sincronía. Es como si el tiempo entre ellos jamás hubiese pasado, simplemente estaban hechos el uno para el otro, el tiempo lo había demostrado a lo largo de todos los años en los cuales siempre permanecieron juntos.
Edward comienza a dejar un camino de besos hacia el cuello de su esposa, su lengua recorre cada parte de su piel expuesta por aquel diminuto vestido que ha tenido deseos de quitarlo desde que llegó a casa.
Bella comienza a respirar entrecortadamente cuando siente los labios de Edward en el inicio de sus pechos. Él se separa y lentamente comienza a bajar el cierre de su vestido, y este cae al suelo rápidamente y sin esperar demasiado se quita la camisa, y se desabrocha el pantalón.
—Ey..., eso quiero hacerlo yo— reclama Isabella quitando las manos de su pantalón. Bella baja el cierre lentamente, tocando intencionalmente el miembro de Edward que comienza a despertar después de días—. Oh nene..., vamos. Relájate.
Edward cierra los ojos cuando siente la mano de Bella acariciarlo por encima del pantalón, gruñe y empuja su cadera hacia ella.
Bella poco a poco comienza a bajar su pantalón y él la ayuda a quitarlo. Ambos quedan en ropa interior, de pie, mirándose fijamente.
—Eres jodidamente hermosa.
—Lo sé. — Bromea Bella alzando la ceja—. Tú no estás nada mal.
Edward la empuja suavemente hacia la cama y se arrastra con ella, ubicándose entre sus piernas. Bella gime al sentir sus sexos frotándose por encima de la ropa.
Edward comienza nuevamente un camino de besos por su cuerpo, baja una tira de su sujetador y luego la otra. Bella alza un poco su espalda y él, de manera experta, desabrocha el sostén, dejándola desnuda de la cintura hacia arriba. La admira por unos segundos y sus labios toman su pezón derecho, lo lame, lo tira suavemente con sus dientes, provocándole a su mujer una exquisita excitación que la tiene completamente húmeda. Su lengua, luego de trabajar en sus pechos, bajan directamente hacia su estomago, pasando por su ombligo y encontrándose con una pequeña tela triangular que oculta su intimidad. Sus largos dedos juegan con la tela y luego comienza a bajarla por las cremosas piernas de Isabella, sus manos acarician toda la carne expuesta y la pequeña prenda de ropa interior no tarda en hacerle compañía al resto de la ropa tirada en el suelo.
Edward relame sus labios y sin preámbulos deja un beso sobre la intimidad de su mujer, provocándole una ola de sensaciones inexplicables.
—Oh... mierda. — Bella se remueve inquieta en la cama. La lengua de Edward fue acompañada, también, con sus largos y expertos dedos níveos, que la acariciaban de arriba hacia abajo mientras él mordía su botón del placer.
Los dedos de Edward se introducen en su interior y comienzan a moverse lentamente.
—Oh... así.
Bella lleva sus manos al cabello de Edward y tira de el. Edward al notarla casi al borde del clímax saca sus dedos de su interior y se baja bóxer.
Bella lo observa entre sus piernas. La imagen es gloriosa, casi irreal. A su mente vino aquel jovencito de dieciocho años, deseoso de perder su virginidad, acomplejado al ser el único joven en todo Forks que era virgen. Sonrió y se sintió nostálgica de aquella época en la cual ella era una completa idiota.
—Me miras fijo ¿Estás bien?
Bella suelta una carcajada al notarlo tan dispuesto a entrar en ella. La punta del miembro de su marido está en su entrada y aquello la tiene distraída.
—Solo..., estoy feliz de estar contigo tonto.
—Hablar durante el sexo ¡Que buena idea!
—Y en la mejor parte Edward.
—¿Mejor parte eh? — Edward empuja un poco sus caderas y solo entra la punta de su miembro, robándole el aire a ambos.
Bella clava sus uñas sobre la espalda de Edward y empuja sus caderas, y él entra completamente en su interior.
—¡Oh!
Gimen ambos. Edward soporta su peso en un brazo y poco a poco comienza aquel vaivén constante que esta por enloquecerlos. Edward lleva su mano libre a la pierna izquierda de Bella y la sostiene sobre su cadera, la penetración es más profunda de aquella manera. Bella cierra los ojos a causa del placer.
—Mírame... — Pide él. Bella suspira y trata de mantener los ojos fijamente en él. Los gemidos inundan la habitación.
—Más... rápido.
Edward aumenta la velocidad de sus embestidas. Las manos de la mujer viajan hacia el trasero de su marido y empujarlo con fuerza hacia ella...
—Oh...Bella... — Gime Edward cuando siente las paredes de su mujer estrecharse contra él... el clímax los alcanzó y un beso lleno de pasión fue el punto culmine. Bella mordió el labio inferior de su esposo para evitar gritar cuando sintió su liberación.
Sus respiraciones son irregulares. Edward junta sus frentes y deja salir todo el aire de sus pulmones. Bella mira el labio inferior de Edward manchado con un poco de sangre, lleva su mano derecha hacia el y lo limpia.
—Lo siento — se disculpa. Edward sale de su interior.
—¿Por qué siempre me muerdes? — pregunta una vez que su respiración se normaliza.
Bella sonríe y se encoge de hombros.
—No lo sé.
—Loquita... — Edward acaricia su cintura y ella envuelve su pierna alrededor de su cadera.
—Eso fue rápido.
—Creo que ambos lo necesitábamos.
Bella lleva su mano derecha hacia el pecho de su marido y sus dedos viajan hacia su estomago bajo, hasta llegar a su miembro, lo toma y comienza acariciarlo de arriba hacia abajo.
—Extrañaba a penecito bebe.
—¿El que te hace mugir como una vaca?
Bella ríe al recordar aquella estupidez de su adolescencia.
—Oh sí, pero ahora soy yo la que te hará gritar como una niña.
Y sin más su boca baja hacia el miembro de Edward, volviéndolo completamente loco.
Las semanas pasaron rápidamente y todo había vuelto a la normalidad. Isabella disfrutaba de su profesión como trabajadora social, su tiempo libre que le dejaba lo adoraba y no lo cambiaría por nada. Edward había insistido en que ella trabajara en el hospital, al igual que él, pero ella se negó, argumentando que cada uno tenía que tener su espacio. Además no quería ser testigo de cómo las enfermeras movían sus gordos traseros para llamar su atención, necesitaba paz mental.
Dos meses y Bella se sentía extraña, algo ha cambiado en ella y, en parte, sabe a qué se debe. La idea la pone nerviosa.
Sus tacones resonaban en la calle donde ella caminaba con la cabeza en alto y una sonrisa enorme en sus labios.
«Seguramente todo el mundo piensa que estoy loca». Piensa que al pasar muchas personas la quedan mirando por ir riendo en la calle.
Sus pies comenzaron a doler y se lamentó por ponerse esos tacones de infarto. Casi suelta una carcajada histérica al ver la farmacia. Entró con pasos seguros y se acercó a la joven que estaba de pie sin hacer nada.
—Hola ¿Qué necesita? — pregunta la joven de cabello negro y rostro grasoso. Bella suspira.
—Un test de embarazo, el mejor que tenga por favor.
La joven asiente y va en busca de lo que pidió. Bella recibe un Whatsapp de Rosalie, quejándose de sus dolores de espalda. Bella le respondió con algo de pánico, seguramente a ella también le dolería la espalda, le saldrían estrías y sus caderas enancharían.
—Aquí esta.
La joven llegó y Bella no tardó en pagar. Metió la prueba en su cartera y prácticamente corrió hacia su casa. Sintió un alivio enorme al llegar, miró la hora y apenas quedaba una hora para que Edward llegara a casa, se tenía que dar prisa.
Fue directamente hacia el baño y siguiendo cada una de las instrucciones se hizo la prueba de embarazo. Dejó el test en el lavamanos y tomó respiraciones largas y profundas. Sabía que a esas alturas el test ya tendría el resultado, pero le dio cierto temor verlo. Si tenía dos barritas rojas su vida cambiaría para siempre, Edward estaría ahí para ayudarla, sabía que él sería el mejor padre para su hijo, pero...,
«¿Podre estar yo a la altura de las circunstancias? ¿Podré ser una buena madre?». Piensa mordiéndose las uñas.
Dejó sus dudas de lado cuando se dio cuenta que llevaba veinte minutos encerrada en el baño. Se puso de pie y miró directamente el test. Llevó sus manos a su vientre plano. El resultado es positivo.
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La brisa del atardecer soplaba y el largo cabello de Isabella bailaba al viento. Siente la mano de Edward sobre su espalda baja y le regala una sonrisa a su marido.
—Estoy tan cansada — se queja soltando el aire de todos sus pulmones—, pero no cambiaría esto por nada.
Edward la envuelve entre sus brazos y se inclina hacia ella.
—Yo tampoco lo haría princesa.
Isabella ríe al escuchar llamarla así.
Edward la abraza fuertemente y besa la punta de su nariz. Se miran por unos segundos hasta que Bella voltea su rostro hacia el jardín y lo ve inclinado en el lodo que se había formado a causa de las lluvias anteriores.
—Oh, William va a pescar un resfriado si sigue ahí— Bella camina hacia él, pero el niño siente sus pasos y se levanta rápidamente para correr hacia su madre. Sus pequeños brazos envuelven sus piernas y Bella acaricia su mejilla.
—¿Qué haces bebe?
William toma su mano y tira de ella para llevarla hacia donde algo llamaba su atención. El niño de apenas tres años y medio se inclina nuevamente en el lodo y apunta hacia donde se encuentra un gusano.
—Mami un gusano.
—Un gusano... — hace una mueca de asco—. ¿Te gustan?
El niño asiente y aplaude con sus manitos.
—Llevémoslo a casa para cuidar de él.
Bella mira a Edward para pedir ayuda, pero él está caminando hacia ellos. Se inclina con William y frunce su nariz a Bella.
—El gusano ya vive aquí bebe. Vamos a comer algo para ir a la cama.
William mira a su madre con aquellos enormes ojos marrones y sonríe mostrando sus dientecitos.
—Ya hace frío aquí afuera, deberíamos entrar — Bella trata de convencerlo—. Papá te leerá un cuento.
—Sip— El niño se levanta y comienza a saltar—. ¿Lo puedo elegir yo?
Edward sonríe y lo toma entre sus brazos ubicando sus piernas en sus hombros. William suelta una carcajada.
—Claro hijo.
—El cabello de papá pica — dice frunciendo la nariz. Bella lo mira y sonríe, y los tres se encaminan hacia el interior de la casa.
Bella prepara chocolate caliente y saca galletas para comer. Los tres se sientan en la barra del desayuno.
—¿Ya vendrá? — Pregunta William mirando a Bella.
—Pronto— Bella acaricia su cabello broncíneo y besa su mejilla—. Come bebe, para que seas grande y fuerte.
—¿Cómo papá?
—Como papá — dice Bella completamente derretida. Mira a su bebe y desea comérselo a besos.
Hace cuatro años estaba tan asustada por tener un bebe en su vientre, pero aquella experiencia fue una de las más hermosas que pudo haber experimentado. Edward la consintió cada segundo. Aun podía sentir sus manos sobre su vientre abultado mientras ella dormía, hablándole a William, diciéndole que sus padres lo amaban y lo esperaban con ansias. Bella fue consciente de cada una de las muestras de amor de su marido y aquello lo hizo amarlo aún más si es posible.
Edward llevó a William a su habitación para hacerlo dormir, luego de una larga tarde entre amigos en la casa de Rosalie, quien tenía a Emilia de cuatro años, era la mejor amiguita de su hijo. Además ella aprovecho la ocasión para ponerse al día con su mejor amiga.
Subió la escalera con algo de dificultad y caminó hacia la habitación de William, abrió la puerta tratando de no hacer ruido y sonrío ante la imagen. Edward estaba leyéndole un cuento antes de dormir y su pequeñito estaba de costado con sus ojos cerrados. Edward la mira y sonríe antes de arropar a su hijo y salir de la habitación.
—Hoy gastó demasiada energía corriendo — Edward pone una mano en la enorme barriga de su esposa y la acaricia suavemente—. ¿Cómo te sientes?
—Cansada, creo que me duele demasiado la espalda y los pies — se queja Bella—. ¿Vamos a la cama?
Edward sonríe pícaramente y Bella golpea su hombro juguetonamente.
—Eres un pervertido. Solo quiero descansar nene.
—Vamos.
Edward la guía hacia la habitación y al entrar Bella se quita inmediatamente los zapatos que trae puestos. Camina hacia el closet y saca un viejo pantalón de algodón y un sweater. Edward se sienta en la cama y Bella se sienta entre sus piernas, apoyando su espalda en el pecho de su marido.
—Mira — Bella toma las manos de Edward y las lleva a su vientre de siete meses y medio de embarazo—. ¿La sientes moverse?
Edward sonríe orgulloso y pasa sus manos alrededor de todo el vientre de Bella. No puede creer que este viviendo esto nuevamente, es el mejor regalo que Bella pudo haberle dado, sus hijos, su familia, toda la felicidad que sentía al llegar a casa luego de una jornada de trabajo, para jugar con William y no perderse ningún detalle del embarazo de su esposa.
—Creo que será algo inquieta— Comenta Edward. Besa la mejilla de Bella y lame el lóbulo de su oreja—. Como tú
—William también es inquieto, pero hace los mismos pucheros que hacías tú cuando eras un niño. Y esa carita de "Yo no hice eso" es increíble.
Bella ríe y su bebe vuelve a moverse en su interior.
—Quiero conocerla — Edward toma el cabello de Bella y lo deja al lado izquierdo, sus labios van a su piel expuesta y deja un beso ahí—, Me la imagino con tu cabello, con tus ojos, como los de William.
—Será hermosa, Nene— dice Bella moviendo sus pies algo hinchados—. Y será la bebe más consentida de Seattle. Sobretodo conociéndote a ti y a William, que no para de preguntan cuándo va a llegar su hermanita.
Isabella con ayuda de Edward se acuesta de costado en la cama, y Edward se acuesta a su lado mirándola fijamente. Es increíble cómo han pasado los años, y siente como si todo hubiese sido ayer. Aun puede escuchar aquella Bella deslenguada que no se medía en lo que decía, aquella Bella pequeña que soñaba con un padre, aquella adolescente que lo cautivó en todos los sentidos, en ese tiempo su mejor amiga, ahora su esposa y la mujer que más amaba en la vida.
—Gracias. — Acaricia el rostro de su marido—. Yo jamás pensé que sería así de feliz y menos pensé que terminaría contigo.
Edward se inclina y besa sus labios suavemente.
—Todo por un pequeño favor — comenta Bella recordando.
—Un favor que nos cambio la vida— murmura Edward—. Mi loquita Bella. Siempre me hiciste el hombre más feliz, gracias a ti por darme la alegría de tener una familia tan hermosa.
Bella siente sus ojos humedecerse y traga saliva con dificultad.
«Malditas hormonas». Piensa enfurruñada.
—Te amo tanto Nene, tanto, tanto.
Edward la estrecha contra su cuerpo y besa su cabello.
—Yo también te amo Isabella. Siempre, hasta que seamos dos viejos locos.
—Siempre juntos Nene.
—Siempre.
FIN.
Hola mis nenas. Aquí estoy después de un mes. Las que están en mi grupo de Facebook saben las razones por las cuales me demoré, problemas en Septiembre, universidad, estuve sin internet, falta de inspiración, y además jaja tenía pensado otro final completamente diferente que escribí y no me gustó en lo absoluto.
A lo que vamos ¿Les gustó el final? Sé que Bella no es la misma con la cual comenzamos, pero tengan en cuenta que en el epilogo ya pasa de los treinta años, toda una mujer madura y responsable. Me quise enfocar más en ella, siempre me sucede lo mismo con mis Bellas, las adoro.
William me llenó de ternura, creo que le roba el corazón a sus padres y a mí también ¿A ustedes?
Ay bueno, hace más de un año mientras un día escribía TSOS se me vino a la mente dos amigos y una mujer deslenguada y loca. No pensé que lo haría fanfic, realmente mi mente suele crear historias que solo quedan en ideas inconclusas. Gracias infinitamente a mis amigas que le incitaron a publicar este fanfic.
Gracias a todas ustedes, quienes con sus comentarios en cada capítulo me sacaban enormes sonrisas. Gracias aquellas personitas que recomendaban mi fanfic, también aquellas lectoras silenciosas, Aquellas que me leen de hace años.
Hasta aquí llegó nuestro Nene, Espero que les haya gustado tanto como a mí me gustó escribirlo.
Se pueden unir en mi grupo de fanfic en Facebook (Link en mi perfil)
Las invito a leer Mi ángel, "FTWTH" también publicada aquí en fanfiction. La historia está bastante avanzada, solo le quedan un par de capítulos. Y eso sería...
Espero sus últimos comentarios para nuestro nene y su hermosa familia. Me encanta leerlos y me hacen muy feliz.
Gracias por leer Lecciones para Enamorar.
Un beso, hasta la próxima. Las quiere Aniet.
