Could these walls come crumbling down?
I want to feel my feet on the ground
And leave behind this prison we share
Step into the open air
Rugur estaba con la cabeza alta, mirando fijamente a Dain. El señor de los Puños de Hierro no iba a dejar pasar tamaña ofensa. Alguien había cortado una oreja a uno de sus mejores guerreros y había conseguido dejarlos a los dos en evidencia. Rugur estaba enfadado, nadie tocaba a sus mejores guerreros. Ellos eran la insignia de su dominio sobre el Orocarni, y ahora, después de tal desastrosa demostración de fuerza por parte de sus enanos, temía que el resto de clanes intentasen quitarle el poder. No podía consentirlo. Ragur, su padre, le había enseñado a nunca fiarse de los Barbiluenguos. "Recuerda Gundabad" solía decirle su padre, y él no pensaba olvidar. Rugur venía de una familia que había estado siendo el clan líder en el Orocarni desde hacía siglos, su poder era absoluto. Él sabía que el resto de clanes les temían, que ellos eran mejores, más fuertes, más listos, y si me apuras, más atractivos. Ellos eran simplemente mejor al resto de enanos, algo que a los Barbatiesos, Morenos y Pies de Piedra les había quedado claro. Parecía que iba a tener que enseñar a los hijos de Durin a estar en sus sitio. Puede que Thorin hubiese recuperado la montaña, pero él no iba a olvidar que mientras Thorin estaba buscando monedas de cobre entre la basura para alimentar a su pueblo, él había estado reinando al suyo de tal manera que no les faltase de nada.
Thorin caminó hasta el hall y Dwalin se limitó a contarle lo que había pasado. Thorin no dijo nada, simplemente caminó, con una cara oscura. Por un momento Dwalin pensó en decirle que mantuviese la cabeza fría, pero si tenía que ser sincero consigo mismo, Thorin le estaba intimidando un poco con su manera de andar y su mirada fija en un punto que él no podía ver.
Todo el mundo notó cuando Thorin entró en el hall, no hizo falta girarse, pues la atmósfera cambió. Lo que antes podía considerarse una situación incómoda, ahora era simplemente asfixiante. Thorin anduvo hasta donde se encontraba la escena. De la nada salió Rugur, con cara de pocos amigos, dispuesto a decirle algo, pero Thorin no le dejó, levantó la mano y, para sorpresa de muchos allí, Rugur se calló. La sonrisa de Dain fue apenas imperceptible, pero ahí estuvo.
'¿Qué ha pasado?' La voz de Thorin era como un trueno en medio de un cielo soleado.
El silencio que siguió fue total, hasta que Dagril habló.
'Nada importante, thanu men. Simplemente un mal entendido. Eso es todo.'
Thorin miró a Dagril. Este tenía sangre en sus manos y un poco en su ropa, sangre que sin duda era del enano sin oreja que trataba de impedir la hemorragia con un trozo de tela. Otro enano se encontraba a su lado, con la cara magullada y un ligero corte en el cuello. Thorin giró la cabeza levemente mientras miraba a Dagril. Este no se inmutó, mantuvo su mirada y no dijo más. Thorin supo en ese momento que algo había pasado, algo que el enano no quería contarle, al menos no en público.
'Tu, ¿qué ha pasado?' Dijo clavando sus ojos azules fríos como el hielo en el enano que aún conservaba las dos orejas. Este miró un momento a su señor, como buscando permiso para poder hablar, pero ante la cara inexpresiva de Rugur, volvió a mirar a Thorin.
'Ha sido un malentendido, nada más.'
Había sido muy fácil meterse con el rey cuando este no estaba, había sido muy fácil criticar a esa extraña criatura que había entrado en un reino enano. Había sido fácil y había sido divertido. Pero ahora, bajo la intensa mirada del Rey bajo la Montaña, el enano se encontraba sin palabras. Nunca había tenido a Thorin tan de cerca y por primera vez en su vida se sintió intimidado. Había vivido y luchado lo suficiente como para saber cuando un oponente era mejor que él, y no quería averiguar si las historias eran ciertas, no quería averiguar si Thorin Escudo de Roble era el mejor guerrero de su raza.
'Dain, Rugur y vosotros tres, conmigo.' Thorin caminó para salir de la sala, sabía que lo estaban siguiendo, al hacerlo hizo un gesto al director de la orquesta para que continuase tocando y este así lo hizo. No había llegado aún al final de la sala cuando la gente ya había vuelto a ocupar la pista de baile. Sabía que Dwalin iba detrás de él, al igual que Balin y su hermana. Thorin salió del Hall y se dirigió a una sala privada que había en las inmediaciones. Un guardia le abrió la puerta y entró, esperando encontrar al resto al darse la vuelta. Ahí estaban, Dwalin fue el último en entrar, quedándose en la puerta.
'Estoy esperando una explicación.' Dijo mientras se apoyaba en la mesa. La sala no era muy grande, pero lo suficiente como para que diez enanos entrasen sin problemas. Se usaba como despacho para el organizador de eventos, de ahí su cercanía a la Sala de los Reyes. Contaba con una mesa, sillas y un sofá a un lado. Una gran librería con todo tipo de cosas al otro lado y un bonito tapiz de la Sala de los Reyes en construcción decoraba la pared principal, detrás de la mesa, enfrente de la puerta.
'Ya somos dos.' Dijo Dain mirando a los enanos del Orocarni.
'Ha sido una simple conversación que se nos ha ido de las manos, nada más.' Dijo Dagril con voz serena. Thorin lo miró y se preguntó por qué seguía sin decirle la verdad. Él no era así, algo había pasado y él pensaba descubrirlo.
'No importa qué haya sucedido.' Dijo Rugur dando un paso a delante. 'Nada quita el hecho de que uno de mis guerreros está con una oreja menos. Esto es una ofensa personal.'
'¿Qué quieres decir?' Dijo Dain dando otro paso al frente y mirando seriamente a Rugur.
Thorin puso una mano en el hombro de su primo, tratando de tranquilizarle. 'Quiero saber qué ha pasado, quiero saber qué ha ocasionado la pelea y quiero saberlo cuanto antes.'
La voz de Thorin no dejaba lugar a dudas. Quería saber lo ocurrido y Dagril temió por un momento lo que iba a suceder después. No sabía cómo decirle que la pelea había sido por él, que Dagril se había manchado las manos de sangre por él, aunque él no se lo hubiese pedido. Que había actuado como un joven impulsivo tratando de defender el honor de su dama. Dagril sentía vergüenza, pero aún sintiéndola, si la situación hubiese vuelto a suceder, él habría hecho lo mismo.
'Es por el mediano.' Dijo el que aún conservaba sus dos orejas. 'No sabemos qué hace aquí. No nos pareció bien que estuviera.'
Dís miró a su hermano y vio el cambio en su cara. Fue solo durante un segundo, como un fogonazo, pero ahí estuvo. Saber que el motivo de la pelea era su hobbit había movido algo en Thorin que ella no sabía explicar, pero temía que la conversación que estaban teniendo acabase en otra pelea aún mayor y más difícil de solucionar.
'Yo, simplemente, les dije que tenía tanto derecho de estar aquí como cualquier otro, pues es el hobbit que ayudó a recuperar Erebor, ¿no es así, thanu men?'
'Así es.' Dijo Thorin en tono muy bajo.
'¿Todo esto por esa criatura?' Dijo Rugur llevando las manos al cielo. 'Inaudito.'
'Cuida tus palabras, Rugur.' Dijo Dain señalándolo.
'¿O qué?'
'O serán las últimas que digas.'
Rugur se rió. 'Por favor, no pienso dedicarle más tiempo a esto.' Dicho eso se giró a Thorin, el cual hasta ahora no había dicho nada, perdido en sus pensamientos. 'Thorin, exijo un castigo. En tu reino uno de los tuyos a herido a uno de mis mejores guerreros, y casi mata al otro, por algo que no tiene ninguna importancia.'
'Tan buenos no serán cuando mi chico ha podido con ellos él solito.' Dain no había dejado de mirar a Rugur y este se giró hacia él, pues sus palabras le habían herido el orgullo. Todos los presentes temieron que se iniciase otra pelea, pero la voz de Thorin, tranquila pero fría, hizo que se les helase la sangre.
'¿Ninguna importancia?' Dijo mirando a Rugur. Rugur no era alguien que se dejase intimidar, pero tuvo que luchar mucho por no dar un paso atrás ante la mirada de Thorin. 'Dices que no tiene ninguna importancia, pero por lo que he oído alguien ha insultado al señor Bolsón. Esa "criatura" como tu te has atrevido a llamarla, es mi invitado de honor.' Thorin dio un paso adelante. 'No pienso consentir ni la más mínima falta de respeto. Ni la más mínima.'
Fue la tranquilidad de su voz más que el frío que había en ella lo que hizo que Rugur no contestase. Nadie dijo nada, los dos enanos que habían sido atacado estaban contendiendo la respiración, el ambiente se había cargado de algo peligroso, algo que no era fácil identificar, pero todos notaron que si nadie lo impedía, algo iba a suceder.
'No hay que sacar las cosas de su sitio.' Dijo Dís intentando suavizar la situación y poniendo una mano en el brazo de Thorin. 'Creo que con una disculpa es suficiente.' Thorin la miró. 'Por esta vez.' Añadió Dís. 'Ellos no sabían que el hobbit es nuestro invitado, ¿verdad?' Dijo mirando a los dos enanos. Estos asintieron sin dudar. 'Y el asunto ya ha sido resulto. Ya saben quién el señor Bolsón y que debe ser tratado con el mayor de los honores. ¿No es así, Rugur?'
Rugur miró a la princesa y tardó unos segundo en darle una respuesta. Algo pasaba, algo sucedía con ese hobbit, algo que él no sabía. Había oído las historias, como todos, sabía que esa criatura había ayudado a recuperar Erebor, pero no podía creerse que fuese tan importante, tanto como para que le tratasen como si fuese de la realeza. Algo sucedía y Rugur pensaba averiguar qué. Puede que hubiese perdido ese asalto, pero la batalla no había hecho más que comenzar.
'Así es.' Dijo el señor de los Puños de Hierro.
'Perfecto.' La voz de la princesa sonó alegre, tranquilizadora, y Thorin dejó ir parte de esa ira que se había apoderado de él. '¿Thorin?'
Thorin asintió. 'Ha sido un malentendido, por lo que no habrá represalias. Sin embargo, la próxima vez no será así.'
'No habrá próxima vez.' Dijo el enano sin oreja y su compañero asintió.
/
Bilbo se cansaba de esperar. Thorin le había dicho que volvía en seguida, que no se moviese. Bilbo vio el miedo en sus ojos, miedo a que desapareciese como había hecho la última vez, y una punzada de culpa le recorrió el cuerpo entero. Había tanta vulnerabilidad en los ojos de Thorin que a Bilbo casi le había costado mirar. Bilbo le había prometido que le esperaría, pero se estaba cansando. La cueva era muy bonita, pero ya se la sabía de memoria. Quizás podía ir en su búsqueda. No debía de estar muy lejos de la Sala de los Reyes, no habían tardado mucho en llegar, o al menos así le pareció a Bilbo.
"Saldré a ver si me ubico y si veo que no sé dónde estoy vuelvo." Eso fue lo que se dijo, pero la verdad fue otra muy diferente. Una vez salió de la sala se encontró en un pasillo y de ese pasillo fue a otro y sin darse cuenta, ya no sabía cómo volver. "Capaz de encontrar una puerta secreta pero incapaz de encontrar la sala de donde vienes", se dijo maldiciendo en voz baja. Al fondo del pasillo oyó ruidos. No sabía volver, por lo que lo lógico era ir hacia el hall y de ahí intentar volver a la cueva. Bilbo sacó el anillo del bolsillo, no sabía muy bien por qué pero quería ponérselo. No quería llamar más la atención y el anillo era perfecto para eso. No quería encontrase con ningún miembro de la compañía, no ahora que su prioridad era hablar con Thorin.
Bilbo se puso en anillo y se sumió en ese mundo de sombras. Se dejó guiar por las voces y por el brillo del oro.
/
'Espera' Dijo Thorin cogiendo del hombro a Dagril.
Su hermana lo miró y este asintió. Los demás se acababan de ir, pero Thorin aún no estaba satisfecho con cómo había quedado la situación. Necesitaba saber. Necesitaba conocer si Bilbo estaba en peligro, y, de ser así, necesitaba neutralizar ese peligro cuanto antes. No tardó en quedarse a solas con Dagril.
'Quieres saber qué ha pasado.' Dijo este dándose la vuelta.
Thorin le dejó su espacio, se fue a sentar a una silla indicándole que hiciese lo mismo.
'Comprendo que no quisieras hablar antes, y de hecho te lo agradezco, pero necesito saber qué ha pasado exactamente y qué se ha dicho.'
Dagril dio un suspiro que no pasó inadvertido a Thorin. El enano tenía aún sangre por su cuerpo y se le estaba empezando a formar un gran moratón en la mejilla izquierda. El sobrino de Dain se acercó con paso lento y se dejó caer en la silla.
'Lo insultaron. Nada más verlo. No sé cómo empezó, si he de ser sincero, pero sé que lo que dijeron sobre el hobbit no me gustó.' Dagril miró a Thorin y vio como su rostro no tenía ninguna otra expresión que la de alguien que está prestando toda su atención. 'Dijeron que no se merecía estar aquí. Yo no sabía quién era, no hasta que ellos lo dijeron. Nunca había visto un hobbit. Para serte sincero, no pensaba que fuera a ser así.'
Throrin frunció ligeramente el ceño, algo que Dagril notó.
'Dijeron que no era digno de estar aquí. Se metieron con su raza y con su forma de ser. Dijeron cosas que no me atrevo a repetir, por respeto, pero te aseguro que lo que hizo que me pegase con ellos no fueron sus palabras.'
Thorin le miró sorprendido y Dagril soltó una leve carcajada, acariciando las piernas donde empezaba a notar el dolor de los golpes recibidos.
'Sé que los Puños de Hierro son unos xenófobos, eso no es nuevo para mí. Puedo incluso entender su posición, pero lo que no tolero es que lo hiciesen de la manera en la que lo hicieron. Su tono. Su forma de decirlo, delante de todos, queriendo ser escuchados. Sobre todo cuando tú habías dejado tan claro que él… Cuando estaba claro que él era un invitado especial. Sobretodo cuando la persona con la que se meten es el principal motivo por el que Erebor haya sido recuperada.' Dagril miró a Thorin a los ojos. 'No me arrepiento de lo que he hecho, y no pienso pedir perdón.'
'No pensaba pedirte que lo hicieses.' Dijo Thorin, y Dagril pudo apreciar el cambio en su voz. Ya no hablaba con la agresividad y el frío de antes, ahora había calor en su voz, había aprecio, y eso fue algo que alegró y al mismo tiempo hirió a Dagril.
'Gracias por contármelo.'
Dagril inclinó la cabeza en señal de asentimiento y respeto. Podía sentir muchas cosas por él, sentimientos que esa noche habían quedado muy claros que no serían nunca recíprocos, pero ante todo sentía el respeto y la admiración que sintió la primera vez que le vio. Thorin era su rey; siempre sería su rey.
Antes de salir, Dagril se giró una última vez. 'No dejéis que sus palabras hagan mecha donde no hay leña, thanu men. El hobbit parece una criatura increíble, sería un honor poder conocerlo.' Y antes de que Thorin pudiese responder, se fue.
/
No estaba en la Sala de los Reyes, de eso estaba seguro. No sabía cómo, pero había llegado a lo que él pensaba que era la parte Real de Erebor. Todo el palacio, o lo que él pensó que lo era, era como una muralla gigante. Dos escaleras, colocadas de forma asimétrica, unían tres pisos. Había columnas en cada uno de ellos y unas grandes puertas. Bilbo no pudo fijarse en más detalles, pues el mundo del anillo se lo impedía, pero si se fijo en que había guardias custodiando la entrada a las escaleras. Bilbo empezó a subir y al hacerlo vio como entre los peldaños y la barandilla corría agua. Siguió subiendo, hasta llegar a la planta más alta. Ahí estaba una hermosa fuente de plata, de donde provenía el agua que recorría cada piso hasta colarse por cuatro agujeros al final de las escaleras. Una gran puerta había al otro lado de la fuente y Bilbo miró a ambos lados antes de abrir la puerta. Había llegado a la planta que, sin duda alguna, pertenecía al rey.
Bilbo había tenido suerte. Sabía que nunca sería capaz de llegar a la cueva de nuevo, ni iba a volverse visible para preguntar cómo se llegaba a la Sala de los Reyes, pero él sabía que tarde o temprano Thorin volvería a sus aposentos. Bilbo no se había parado a pensar en que iba a auto-invitarse a los aposentos de Thorin. Ningún hobbit, mucho menos un Bolsón, se atrevería a algo así. Tampoco había pensado en qué decía de él, ni en si era buena idea ir a lo que se consideraba la casa de Thorin después de lo que había pasado entre ellos. Bilbo no se había planteado nada de esto pues en ese preciso momento solo tenía una cosa en mente: encontrar a Thorin.
Bilbo abrió la gran puerta tallada con dificultad. Nada más conseguir una ranura lo suficientemente grande como para pasar, dejó de empujar y entró. No pudo evitar toser nada más hacerlo y cuando por fin se le pasó el ataque y pudo mirar a su alrededor se dio cuenta de que algo no estaba bien. Delante de él había una pasillo enorme, en el cual a ambos lados había numerosas puertas y, al final, una puerta enorme. No fue eso lo que le llamó la atención, fue el polvo, fue el ambiente a cerrado. Había algo que no cuadraba, algo que no debería estar en un sitio que se usaba todos los días, que el rey usaba para vivir. Bilbo recorrió el pasillo, llegando hasta la gran puerta que intuyó que sería el dormitorio. Estaba entre abierta y Bilbo no tuvo más que empujar un poco para poder pasar. Lo que vio a continuación le conmovió tanto que casi suelta un gemido.
La estancia era una enorme sala de estar que acababa en unas puertas abiertas por las cuales se podía ver el dormitorio. Toda la sala estaba decorada con oro y lujosas joyas, hermosos muebles, y los objetos más extraños que Bilbo había visto. Todo en la sala llamaba a la nobleza, a un poderoso rey y guerrero. Toda la sala era espectacular, impresionante y llena de polvo. Bilbo sintió lo mismo que había sentido cuando entró en la sala del guardia tanto tiempo atrás, con la diferencia de que en esta ocasión no había cadáveres por el suelo. La capa de polvo era tan gruesa que no dejaba ver alguno de los objetos que habían por la mesa. Bilbo se quitó el anillo para poder verlo todo mejor. Era como si nadie hubiese puesto un pie en ese cuarto en más de ciento cincuenta años. En ese momento notó un escalofrío y se giró, mirando el largo pasillo que había dejado atrás y preguntándose si toda la planta estaría igual de desierta y abandonada.
/
Thorin había buscado a Bilbo, pero este no estaba en la cueva. Tampoco estaba en la fiesta. No estaba en las afueras de Erebor. No estaba en ninguno de los lados que podía imaginar. Bilbo, simplemente, no estaba. Thorin no pudo evitar sentir una inmensa rabia. Bilbo había vuelto a desaparecer. Entró en palacio y subió las escaleras. Bilbo se había ido, se había vuelto a ir. Pero, ¿por qué? No podía entenderlo. No después de cómo habían estado hacía unas horas. Thorin había tenido la sensación al besar a Bilbo de que el hobbit no quería volverse a separar de su lado. No sabía qué había pasado, y averiguar que se había derramado sangre simplemente porque Bilbo estuviera en Erebor le había puesto nervioso. Puede que Dagril tuviese razón, no había motivo para sacar la situación de contexto. Aún así no estaría tranquilo hasta ver a Bilbo sano y salvo.
No dejó que su guardia personal le abriese la puerta. Entró en sus aposentos mientras gritaba que no quería que nadie le molestase. Bilbo no estaba y no había dejado ninguna señal, ninguna pista, nada. No había dejado nada. Thorin temía que no lo volviese a ver. Temía que hubiese hecho algo, cometido algún error, algo que hubiese hecho que el hobbit se marchase. Se quitó el chaleco con cuello de piel y lo dejó caer al suelo. Algo tenía que haber hecho, pero no sabía qué. Algo.
El rey de Erebor no dejó de dar vueltas, yendo de una lado de la habitación al otro. Colocándose momentáneamente en un extremo de su sala de estar para luego irse apresuradamente al otro extremo, murmurando frases incomprensibles. No se dio cuenta de que la puerta se había abierto ligeramente y en seguida se había vuelto a cerrar. No notó que había alguien en esa habitación ni notó los ojos de Bilbo mirándole hasta que éste carraspeó.
