Disclaimer: Todo lo que reconozcas es de Stephenie Meyer. Lo demás de mi autoría. Muchas gracias por leer.

Nos leemos abajo. Capítulo de largo duración ( 1313 )


Encendiendo fuego bajo la lluvia

"De lo que tengo miedo, es de tu miedo" William Shakespeare

Capítulo XX

Incómoda desconfianza

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Bella

Como imaginé los más interesados por nuestra relación nos miraron 'disimuladamente' cuando entramos en último lugar al comedor. Realmente quise rodar los ojos y soltar un bufido exasperado, pero me contuve. A pesar de saber que debía mantenerme calmada y siempre sonriente, la conversación con Tanya me había dejado inquieta y con las defensas reforzadas.

Por lo menos de algo estaba segura, nada tenía que ver con el improvisado y enérgico beso que me había robado Edward.

Divisé a Tanya y a su familia, justo al costado de Carlisle y los demás Cullen. Gracias al cielo, los lugares que estaban vacíos y que suponía nos pertenecía estaban con Esme a un lado y Alec al otro, lo cual me hizo suspirar y soltar un poco el brazo de mi esposo en alivio. Él movió mi asiento en la forma más caballerosa posible haciéndome sonreír cínicamente en su dirección como toda respuesta inarticulada de mi parte, Edward no se quedó atrás e hizo el mismo gesto con mucha más delicadeza.

Hipócrita.

Alec me saludó con su mano haciéndome reír con su facha: chaqueta de cuero, pantalones rasgados, pulseras de metal y los pelos de punta.

-Muy apropiado-. Le susurré aguantando la risa.

Alec solo se limitó a sonreír y tomar uno de los tenedores frente a él para tratar de comer uno de los delicados panecillos que estaban al centro de la mesa. Su padre no tardó en regañarlo, cosa que me dejó helada en el momento en que aquellas tan conocidas palabras salieron de la boca de Aro Vulturi.

-Compórtate a la altura de la familia, mocoso. No nos decepciones más.

Rápidamente mi vista se fijó en ese hombre con gesto altanero y ególatra.

No podía estar menos asombrada, toda esta familia estaba loca. La rabia que surgía de mí cuando Carlisle usaba esas mismas palabras cada vez que he tenido la oportunidad de escuchar una conversación con Edward, renació al momento que sentí como Alec se encogía y trataba de disimular su tristeza… y mi esposo lo supo al instante porque su brazo se posicionó sobre mis hombros mientras besaba el que estaba más cerca de su rostro, para llamar mi atención. Cerré mis ojos y a ciegas alargué una de mis manos para apretar una de las de Alec, quien me respondió con un fuerte y juguetón apretón.

-No pasa nada.- murmuró.

Sonreía socarrón pero sabía que estaba afectado ¿Quién no? Ahora entendía el porqué tenía tanto pavor a que su padre supiera que bailaba en vez de preocuparse por ser un estudiante modelo, como él lo querría.

Una vez más, me prometí no hacerle algo así a mi hijo, además de una nueva meta y poder ayudar a Alec.

Poco a poco los platos pasaban frente a mí, mi apetito parecía haberme abandonado y solo comía por obligación a bocados muy pequeños mientras la mesa se convertía en un monótono y superficial murmullo de conversaciones. La verdad era que me sentía observada y no era para menos. Todos estaban al pendiente de la nueva y embarazada esposa de Edward, la simple mujer que lo había atrapado en las redes del engaño.

Las náuseas me atraparon desprevenida haciendo que saltara en mi puesto para cubrirme con una mano mi boca. Alec y Edward me miraron preocupados, mientras yo no tardaba en ponerme con un tomate ya que había llamado la atención de la mayoría de los comensales a nuestro alrededor.

Perfecto.

Sin decir más que un 'Lo siento', me levanté y me dirigí hacia el exterior del gran comedor esperando encontrarme con alguien que me guiara hacia uno de los baños de visita de esa gran mansión, la cual jamás había visitado y por lo tanto, me parecía lo especialmente tétrica como para perderme en sus pasillos. Una anciana de pelo castaño y expresión dulce se cruzó en mi camino, justo en el momento preciso y a su ritmo, amablemente me mostró el baño más cercano.

-Por aquí señora Cullen.

-Gracias, lamento desviarla de sus quehaceres. Muchísimas gracias.

-Esta mansión es mucho más ostentosa que la del pequeño Edward, señora-. Sonreí ante el adjetivo que usó para describirlo, en el momento en que también me preguntaba el porqué lo había llamado así, tan cariñosamente.

-¿Es que usted conoce a Edward de pequeño?.- dije mientras con alivio sentía como el malestar disminuía considerablemente.

No escuché una respuesta de su parte ya que su mirada a mis espaldas me alarmó de tal forma que supe que nuestra conversación estaba siendo interrumpida y acaba en ese mismo instante. La amable anciana se tensó en su puesto, y rápidamente se despidió. No bastó que me girara para saber que alguien no amable había llegado a nuestro lado, ni tampoco me costó imaginar quien pudiera ser aquella persona. Respiré, puse mis manos sobre mi vientre adoptando mi ya conocida postura de batalla antes de enfrentarla.

Es momento de recibir más golpes, pensé burlándome un poco. No era momento de ser derrotista.

-Pensé que ibas al baño-. Afirmó Alice, mientras su pie golpeaba el suelo cuestionándome con su mirada mientras me repasaba de pies a cabeza nada halagadoramente.

Cuadré mis hombros y endurecí mi mirada. Tenía que construir un muro entre ellos y yo para que nada pudiera afectarme. Ni sus palabras, ni sus gestos… nada. Y tenía que construirlos cada vez más alto y fuertes.

-Esta amable mujer me estaba enseñando donde quedaba antes de que la espantaras, si me permites-. Intenté moverme pero su postura me lo impidió. Respiré para serenarme una vez más ante su infantil movida, no quería hacer nada de lo que pudiera arrepentirme luego.

Mi bebé estaba de acuerdo conmigo.

-Si hubieras preguntado te hubieras enterado que hay uno al costado del comedor, no al final del ala sur de la mansión.

Su comentario me hizo sentir tonta y sumamente minúscula a su lado, sin embargo no me disculpé, no tenía porqué, así que me mantuve en silencio devolviendo su inquisitoria mirada a su atuendo.

Alice tenía unos tacos altísimos, y un vestido amarillo que casi me cegaba al enfocar la vista directamente sobre él, su cabello en una melena perfectamente lisa y adornada solo con un broche de evidente valor… en resumen su vestuario resultaba espectacular pero su actitud apestaba.

-Si me disculpas…- Volví a repetir un poco más alto y frío, imitando a mi esposo en su actitud mandona antes de que mi cuñada y yo, nos sumiéramos en alguna especie de guerra mundial que no deseaba en estos momentos, tratando de pasar por su lado para entrar al cuarto de baño de una vez por todas. Si bien las ganas de vomitar se habían esfumado en el momento exacto en el que abandoné ese comedor infestado de hipócritas, mi vejiga no aguantaba un ataque verbal más. Menos de ella.

Realmente necesita usar el maldito baño.

Alice siempre había estado distante a lo que se refería a nuestro forzado matrimonio. No me miraba, ni me hablaba y eso estaba bien conmigo. Si ella respetaba a mi familia, yo respetaría su opinión, fuera cual fuera. Personalmente era partidaria de respetar las decisiones y opiniones siempre y cuando respeten al blanco de todas ellas, y esencialmente Alice lo estaba haciendo. Jamás había escuchado un 'zorra' o 'cazafortunas' de su boca y eso para mí era suficiente como para tener el deseo de mantener esta distante relación sin incidentes que involucraran sangre o palabrotas.

Bueno, hasta hoy.

-¿Qué es lo que mi hermano vio en ti? Sinceramente no lo entiendo- dijo manteniéndose en su posición y si bien su voz no detonaba hostilidad, su lenguaje corporal demostraba que no me tenía ni respeto ni afecto.

Muy bien, Isabella. Esto significa guerra entonces.

-Ya sabes lo que dicen; que el amor es ciego y esas cosas- . Respondí alejándome frustrada y a la vez cansada de todo esto. Tratando de no ejercer más presión en su costado para que me dejara pasar de una vez por todas. Estiré uno de los costados de la flor de seda azul que cubría uno de los costados de mis costillas, en un vano intento de mantener la compostura.

Parecía que todo el mundo tenía algo que decir hoy y la verdad era que me lo esperaba, sería estúpida si no y sinceramente no me consideraba tal cosa. Lo que no esperaba era que estas batallas verbales me cansaran tanto, debía enfrentar a cada Cullen y lo sabía, pero el tema ya me estaba poniendo tensa, irritable y muy exhausta.

Y no podía demostrárselos, ni siquiera a Edward y eso, cansaba aún más.

-Mira Isabella, si lo que quieres es dinero, te lo daremos… mucho dinero-. Recalcó haciendo énfasis en la palabra como si así resultara más atractiva, ignorando el hecho de que para mí solo la hacía más repulsiva.- Solo deja a mi hermano en paz.

La pequeña Cullen tuvo el descaro de levantar su cartera de noche y sacar una chequera de ella, mientras cerraba mis ojos para encausar el cúmulo de emociones que comenzaron a fluir por mis venas.

Decepción, rabia, frustración, intolerancia, tristeza… furia. Todas en un solo instante.

-No te atrevas a escribir ese cheque.- Le siseé lentamente mientras daba unos pasos hacia atrás.- Nunca dejo de sorprenderme de ustedes los ricos… todo lo solucionan con dinero.

-Y yo no entiendo a las escaladoras, que se hacen las respetables cuando lo único que quieren es drenarles los bolsillos a incrédulos. Ni siquiera te dignas a usar tacones, es inaceptable.

-Mira Alice, me da mucha pena escuchar que tengas una opinión tan baja de tu propio hermano, pero no es sorpresa, luego de escuchar a tu padre decir lo mismo cada vez que tiene la oportunidad.- Miré a mí alrededor tratando de buscar algo en lo que distraerme para no soltar todas las cosas que quería decirle, si bien yo no era por naturaleza una persona violenta durante estos meses sabía que estaba más propensa a soltar uno que otro. Edward podía dar fe de eso.

Respira Bella.

-Edward y yo somos una familia ahora- continué tomando una de las rosas que se encontraban en un frasco de vidrio simétricamente alineados, disfrutando de sus tonalidades rosas mientras mi corazón se lograba calmar un poco.- Les guste o no, por lo tanto no permitiré que nos insultes porque te crees en el derecho de hacerlo, cuando estás actuando solo como una entrometida.

-No soy una entrometida, ¡estoy protegiendo a la familia!

-Las buenas intenciones no son nada si no están bien encaminadas.- Hice una mueca de dolor cuando una de las espinas cortó la piel de mi dedo anular, rápidamente lo llevé a mi boca mientras miraba en el reflejo del espejo el colgante que adornaba mi pecho y el anillo que adornaba el dedo que se encontraba en mi boca.- Déjame darte un consejo: madura…

Alice abrió la boca como si pretendiera decir algo pero su cuerpo no cooperaba en hacerlo, aproveché su estupor para colarme hacía el baño como si el diablo me pisara los talones, acariciando la joya mientras caminaba hacia mi destino, feliz y serena.

No me atreví a pensar el motivo, porque seguramente la respuesta no me gustaría, pero dejar callado a un Cullen merecía una risita.

¡Oh, sí!

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-¿Dónde rayos te habías metido?- preguntó Edward con su habitual tono enfadado y exasperado que tan bien le quedaban cuando tenía que ocultarlo de la demás gente y no podía. Cuando volví al comedor se mantenía una acalorada conversación de lo que supuse era política y la mayoría no notó mi regreso.- Esme no pudo encontrarte.

Miré a Esme apenada, mientras ella me medio sonreía cálidamente en respuesta y volvía su atención a la conversación que su marido estaba liderando.

-En el baño.

-No me mientas.

-No te miento. Tu hermana me hizo una visita sin embargo.

Sus emociones mutaron hacia la curiosidad manteniendo un poco del enfado en gesto, tan típico de él. Su ceño fruncido parecía estar tatuado cuando se trataba de mí que me daban unas ganas de pasarle mi mano sobre su cara solo para que cambiara la dirección de sus cejas.

-¿Qué pasó con Alice?

-¿No podemos hablarlo luego? Me siento más observada que de costumbre con tu cara tan cerca de la mía.- No se alejó ni un centímetro y se acercó un poco más para besar mi mejilla, como si estuviera retándome. Demostrando lo testarudo que éramos el uno con el otro siempre… si yo decía 'Aléjate', él decía 'Me acerco'.

-Esto está por terminar, nos iremos pronto- susurró mirando a su alrededor y levantando la copa hacia su tío Aro, quien lo observaba a lo lejos. De lo cerca que estábamos pude notar la tensión de su cuerpo al hacer gesto, asegurándome que tampoco era de su agrado aquel tipo.

-Gracias a Dios.

-Gracias a mí, es que nos iremos antes.- Aseguró volviendo a su posición.- Me lo agradecerás después, Bella.

-Como tú digas.- Contesté y al momento que dije esas palabras, recordé lo que había pasado la última vez que las había dicho provocando un poco de rubor en mis mejillas que oculté girándome hacia Alec.

Alec parecía querer fundirse con la silla en un intento de desaparecer de ahí. Lo entendía y envidiaba profundamente pues deseaba con todas mis ganas poder desaparecer de ahí, pero no podía darme las libertades que él y su hermana sí. Ella, Jane parecía tan o más aburrida que su hermano gemelo y ambos eran la imagen de lo inadecuado, pero la esencia de lo real. ¿Complicado, cierto? Quizás porque nada en esta familia era fácil es que calzaban en toda esta cena, nadie parecía prestarles demasiada atención. No estaban vestidos para la ocasión y tampoco parecían querer estar allí más que por compromiso.

Pronto Alec me presentó a su hermana, quien sin ser grosera no parecía muy a gusto con la animosidad de su hermano para conmigo. Suponía que le había llegado uno de los tantos comentarios que circulaban a mis espaldas y en las revistas a los ojos de todos, lo que no favorecía una primera buena impresión.

Luego de unos interminables minutos, la mano de Edward se posicionó a mi espalda en forma suave y cariñosa –llámese sobreactuada- para llamar mi atención, pero no fue necesario que me girara para averiguar que quería, ya que él apoyó su mentón en mi hombro e informó que tenía que reunirse con su padre y un grupo de gente importante antes que nos pudiéramos ir. Asentí y él besó el espacio que su mentón desocupó antes de levantarse y golpear a Alec en la nuca, ordenándole que nos cuidara.

Cuando escuché y entendí el 'nos' sonreí, golpeándome automáticamente por ello y recordándome que bien podía cuidarme sola.

No me permití sobre pensarlo ni un segundo más, no tenía sentido, porque nada bueno podía salir de pensar en las acciones de Edward, todavía estaba convencida de que nada en él era en vano y en estos momentos no quería llenar mi cabeza de teorías que solamente encontraría salida en mi cabeza. Además, toda su familia me observaba de reojo como si fuéramos una especie de circo, sacándome un poco de mis casillas a cada momento.

El tiempo pasó lentamente mientras conversaba con Alec y pronto se nos unió Esme cuando Carlisle se excusó al baño. El tema se había enfocado en mi embarazo, lo cual me hizo relajar y sentir cómoda entre esas paredes tan hostiles. Alabé la decoración de Esme y su vestido, y ella se disculpó una vez más por las palabras de su marido y por la poca conversación que podía ofrecerme. Lo entendía, ella era la anfitriona y como tal tenía que conversar con todos los invitados, no podía cuidarme de su familia por mucho que lo deseara.

Me despedí de ella cuando su marido le indicó que fueran a hablar con un hombre gordo y calvo de la esquina contraria. Alec, por el contrario, se había disculpado un momento para contestar una llamada.

-Alice me habló de su encuentro.- Tanya acompañada de Jane quien parecía incómoda al lado de su hermana. Habían aparecido de la nada a mi costado al mismo instante en el que me levantaba para estiran un poco mis hinchadas piernas. Jane me miró en forma de disculpa pero sin posibilidad de correr hacia otra dirección. Su hermana la había traído como testigo o fachada, suponía, y no tenía opción de marcharse.

-Supongo que ha dicho muchas cosas.- respondí con una de mis manos sobando mi baja espalda en forma reconfortante.

Round 3.

- Me caes bien, Isabella, pero eres una paria. ¿Qué te hace pensar que puedes ser una buena esposa para mi primo? Nos criamos juntos, él puede decir que me odia pero sé que me quiere mucho, cuidamos a los nuestros y tú, no eres parte del clan.- Dijo muy segura de dar en el clavo, pero no podía estar más equivocada.

¡Dios, esta gente no se cansa nunca!

Ignoré su comentario mientras veía a Edward salir del despacho de su padre despidiéndose de todos esos hombres tan serios y respingones dando un poco de esperanza de acabar pronto con esta noche. Cuando nuestros ojos se encontraron le hice una mueca que esperaba pudiera interpretar como 'Vámonos ya' mientras soltaba el aire que retenía.

-Tanya vámonos, ¿quiéres?- Jane le rogó a su hermana sin resultado.

- O, ¿qué te hace pensar que puedes ser una buena madre para su hijo?- terminó logrando que todo el murmullo de la sala que nos rodeaba se volviera insignificante para mis oídos.

¿Qué había dicho?

Me giré mostrándome más afectada de lo que debería haber dejado ver, pude sentir mi rostro comenzar a arder por el enfado en cosa de segundos y mis manos comenzar a picar por la inminente carga de furia que sus palabras me provocaron.

¿Qué se había atrevido a decir?

Y sin más, lo perdí.

Y Edward lo supo al momento que volvimos a cruzar miradas y la suya claramente mostró el miedo y el temor a lo que sabía que venía a continuación.

El sonido de mi palma chocando con la mejilla de la rubia resonó en el pasillo en el que nos encontrábamos de manera exagerada, pareciendo, a mi manera de ver, más fuerte de lo que realmente había sido. Su mejilla roja, la sonrisita de Jane, Edward corriendo a mi encuentro para evitar lo que sea que viniera en respuesta… estaba preparada para su enfado, sus gritos y reproches.

Porque Edward lo sabía, sabía que nadie… nadie cuestionaba mi amor por mi bebé y quedaba tan tranquila con sus palabras. Se lo merecía.

-Seré una buena madre, mucho mejor de lo que tu podrías soñar serlo alguna vez. No te atrevas a repetirlo, ¿me has oído?- dije con la voz contenida pero lo suficientemente alto como para que escuchara solo ella. Su hermano, Félix, se puso a su lado para sostenerla mientras mantenía mi mirada alta, segura y altiva, escaneando a las personas que habían presenciado el penoso espectáculo y retándola a que hicieran algún comentario.

No me amedrentarían, ella se lo merecía y sería capaz de mucho más por mis hijos.

-¡Isabella!- Pronto me vi arrastrada por la brusca mano de Edward hacía un costado, fuera de la línea de batalla.

Pasaron unos minutos antes que la conmoción se calmara y para que Edward dejara de temblar de enojo y comenzara disminuir su brusquedad al sostenerme y arrastrarme. Me solté con la mayor delicadeza que su mano me permitió y me dirigí estoica hacia Esme y Carlisle, quienes parecían en estado de shock, con el mejor rostro y la forma más dulce y amable que tenía de expresarme.

-Gracias por invitarnos, ha sido una velada encantadora - dije besando a Esme en su mejilla y evitando a Carlise cuando me devolví con Edward para salir de la mansión rumbo a nuestra casa.

Inhala, exhala, pensaba mientras nos subíamos al automóvil sintiéndome por primera vez en la velada orgullosa de mi misma, tanto que sin previo aviso y bajo la mirada confusa de Edward comencé a reír como si no hubiera un mañana.

Quizás hubiera actuado como una luchadoras de barro o algo así, esfumando por completo la imagen de respetable esposa... pero se sentía bien. ¡Vaya, sí que se sentía estupendo!

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Luego de mi ataque de risa, el ambiente había estado… tenso, pero eso era usual entre nosotros así que me mantuve alejada de un posible estallido del hombre que se sentaba a mi lado pero el tiempo pasó y pasó… y nada. Llegamos a la mansión, subimos a nuestra habitación, nos preparamos para ir a dormir y nada había sucedido, ni siquiera un comentario sarcástico o mordaz. Eso era lo que en estos momentos me tenía de los nervios.

Edward estaba con sus habituales lentes de lectura con toda su atención en un documento con números y gráficos, al parecer más importantes e interesantes que una pelea conmigo. Me removí incómoda en mi puesto y él ni siquiera pestañeó ante la distracción.

Esto era serio.

-Okay, esto ha ido demasiado lejos. ¿No tienes nada que decirme?

-¿Algo como qué?- respondió sin siquiera quitar los ojos del papel.

¡Argh!

-'Bella, has sido irrespetuosa y no has cumplido tu parte del trato, ¡te odio! ¡No saldrás de esta casa en mucho tiempo!'- dije imitando su voz colocando la mi voz ronca y haciendo movimientos con mis manos mientras me volvía a acomodar en mi lado de la cama.

-No sabía que eras una niña que necesitara ser castigada.

-No soy una niña.

-Si tú lo dices.

-Esa es mi línea- lo reté intentando que mostrara algo de emoción, algo que me dijera que era lo que estaba pensando y sintiendo en estos momentos, pero nada.

Lo miré enojada mientras él continuaba leyendo, al final decidí recostarme bajo las mantas con mi cuerpo en su dirección, observándolo con el único motivo de tratar de adivinar qué rayos planeaba, curiosa por su pasividad y enojada por lo mismo. Bueno, también tenía la esperanza de incomodarlo, pero estaba hecho de piedra y como tal nada lo inmutaba.

Ni siquiera mi mirada penetrante y mis suspiros desesperados cada cinco segundos.

Después de todo, la velada no había estado tan mal, había aguantando siendo una estatua sonriente y cariñosa la mayoría de ella, me había comportado como él quería, pero bien sabía Edward que yo no era como él y por lo tanto defendía a mi familia de comentarios hirientes y desdeñosos. A los míos nadie los tocaba y esperaba que pudiera entenderlo… si me dejara contarle y explicarle como fue todo, podría defenderme, podría hacerle ver mi punto y podría… ¿Qué? ¿Perdonarme? ¡Él no tenía nada que perdonarme!

Pero ahí estaba él, ensimismado en su maldito papel sin prestarme la más mínima atención, como si el que se estuviera protegiendo fuera él de mí y no al revés.

Me rendí al momento en que cerré mis ojos y caí inmediatamente dormida.

Nada pasó durante esa noche, ni menos durante la madrugada del día siguiente cuando, como todos los días, se levantó a penas el despertador sonó para ir al bendito gimnasio antes de ir a la oficina. Tampoco durante los días que siguieron, con sus respectivas noches.

Nada.

Anduve esos días irritada, y en parte se debía a la detestable incertidumbre en la que Edward me había mantenido toda la maldita semana, necesitaba que sacara lo que le molestaba… todo. Que me gritara y me amenazara, que nos gritáramos, que nos odiábamos y que nos diéramos la espalda antes de dormir y amanecer abrazados misteriosamente luego en la madrugada.

Tachen lo último.

¡Dios! Estaba loca. Hace dos meses era mucho mejor ignorarlo y ya, pero ahora era como parte de mi rutina diaria una pelea con él, un comentario desdeñoso, una crítica, una sonrisa maliciosa, una insinuación, ¡Algo! Y el que no estuviera haciendo nada de eso me tenía desquiciada. Por primera vez en mucho tiempo no me imaginaba sola en el mundo y lo quisiera o no, Edward era parte de esa disfuncional familia que mi mente se ensimismaba en pertenecer.

¡Argh!

Abrí el vestidor con brusquedad y traté de vestirme con un poco más de esfuerzo que el de costumbre. Me sentí un poco incomoda y fuera de lugar con este vestido de premamá rosa de algodón, un cárdigan y las sandalias con un poco de tacón, solo un poco.

¿Mostraba mucho? ¿Me veía bien?

Bufé enojada conmigo misma y comencé a buscar algo de maquillaje que Tia me había dejado en una hermosa cajita en mi lado de la repisa del baño, junto con todas las cremas antiestrías e hidratantes. Cuando terminé de aplicarme la sombra de ojos y un poco, poquísimo de brillo labial, tomé mi mochila y salí hacia la cocina en busca de Benjamín.

-¿Va a salir, señora Bella?- preguntó Tia mientras ayudaba a la chica de la cocina a terminar de guardar la loza del desayuno, deteniéndose en seco al mirar mi atuendo y accesorios.

-Sí, ¿está Benjamín disponible? No quiero incomodarlo.

-Por supuesto, él está para eso.- Dejó el plato donde correspondía y caminó hacia el teléfono para marcarlo.- Se ve muy bien.

-Gracias.- respondí ruborizándome un poco, aún un tanto insegura y tomando con más fuerza la mochila en mi hombro.

-Permítame decirle algo…- asentí al verla colgar el teléfono y dudar un poco.- ¿No compramos bolsos más acordes, la última vez que fuimos al centro comercial?

-¿Qué tiene de malo mi mochila?

-Nada, pero le quedaría perfecta un bolso de cuero café.- Rodé los ojos.- Está bien, lo siento. No es de mi incumbencia. Benjamín está por llegar.

-No te angusties, la próxima vez elegiré un bolso más… a la ¿moda?

Tia sonrió justo cuando su esposo, me indicaba que podía subir al automóvil para dirigirnos a donde sea que fuese. Rápidamente le indiqué que quería ir al cementerio y sin más preámbulo comenzamos el viaje en silencio.

Necesitaba hablar con mi padre sobre lo que había pasado la noche anterior, necesitaba encontrarme con mis raíces para saber que seguía siendo yo, la mujer que podía ser una buena persona y una buena madre. Al parecer Tanya, Carlisle, Alice e incluso, inconscientemente, Ángela habían plantado la semilla de la duda en mi cabeza, y Edward estaba amplificándolo con su actitud y eso… eso era lo que me tenía más irritada aún. ¿De verdad creía que no podía ser buena madre? ¿Eso significaría que me alejaría de mi bebé cuando este naciera? Me había prometido que no y además, ahora éramos amigos. Yo lo ayudaba a él y él me ayudaba a mí.

No me ocultaría cosas importantes, a menos que le fueran de provecho, lo cual no era mucha garantía, pero estaba segura que jamás faltaría a su palabra. Jamás me haría algo tan feo.

Cuando llegamos le pedí a Benjamín que se quedara en el auto, no había necesidad de compañía en este lugar.

Estaba vacío y muy silencioso, tanto que el sonido del viento al mover las hojas le daba esa sensación de estar entrando a otra dimensión, una donde podía estar cerca de quienes se encontraban ya en el polvo, hablarles y no creer que le estas hablando al viento.

No me costó llegar al lugar donde descansaban los restos de mi padre, y tal y como cada vez que lo visitaba me arrodillaba en su tumba, ese mismo dolor punzaba en mi pecho como si jamás se hubiera ido.

-Papá…- dije colocando una de las manos sobre el mármol.- Hoy te he traído un regalo. Ya sé que no te gustaban mucho pero estoy segura que apreciarás esto más que a las flores.

Coloqué mi mochila a un lado y saqué de su interior un marco de foto con una imagen impresa de la última ecografía que había tenido, la misma que supe que Edward había impreso para ponerla quien sabe dónde.

-Va a ser un hombrecito, ¿no es fantástico? Sé que siempre quisiste tener uno con quien mirar los partidos de béisbol. Lamento no haber puesto más empeño en entender el juego, pero estoy segura que mi bebé le encantará, si… estuvieras vivo.- No pude seguir hablando más.

Sentía una profunda tristeza pero evitaba llorar, a pesar de tener la fuerte sensación de querer lanzar un aguacero por mis ojos, lo retuve. Habían pasado tres semanas desde que no venía y ya me sentía como si faltara una parte de mí en mi pecho. No conté el tiempo que estuve hablando con mi padre, contándole todo lo que había pasado en mi vida, la infame cena, las palabras de todas esas personas, como me hacían sentir y como también, estaba decidida a luchar y no rendirme. Le conté también, como lo recordaba siempre revisando todos esos recuerdos y fotografías que almacenaba sagradamente en la habitación que ocupé la primera vez que estuve en esa gran casa que en la que ahora vivía.

Esa habitación permanecía intocable, era… mi lugar, mi espacio familiar ante todo lo desconocido durante las primeras semanas, ahora era el lugar donde podía ser yo sin tener que aparentar. La había decorado con las pocas pertenencias que había retirado del apartamento de mi padre, mis libros, mis muebles, las fotografías de mi padre pegadas a la pared junto con recortes de diarios, fotografías de cuartos de bebés de inspiración, bebés sonrientes y flores que recogía del jardín y colgaba para que se secaran distribuidas en cordeles que sostenía con clavijas a la pared frente al escritorio. También tenía una laptop, que Tia insistió en que comprara para poder investigar los cursos y materias antes de inscribirme definitivamente, unos cuantos cuadernos de croquis, lápices y cojines inflados tirados por el piso.

-¿Dónde iremos ahora, Bella?- preguntó Benjamín una vez me acomodé en el asiento trasero.

Sinceramente no me gustaba tener que depender de alguien para ir y venir, me sentía una abusadora y una esnob al pedir que alguien me llevara si yo misma podía tomar el metro o un taxi, pero sabía que ir a lugares públicos en medios de trasporte públicos sería el pan del día para esas revistas que aún querían una noticia de la infame esposa de Cullen y su embarazo, y aunque no eran muchas revistas… aún quedaban unas cuantas. Eso me gustaba aún menos que depender de un chofer. Quizás podría aprender a manejar y comprarme un auto de segunda mano.

Arreglé mi vestido y coloqué mi mochila en mis piernas antes de contestar, tomando todo el valor que esta visita me había infundido.

-Vamos a la oficina. Quiero ver a Edward.

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Antes de entrar al gran edificio de C.E.E Petroleum, le indiqué a mi amable chofer y amigo que podía volver a casa para almorzar y estar con su esposa, asegurándole que volvería con Edward… aunque no supiera si eso era cierto o no.

Suspiré al saludar a la recepcionista, quien me conocía ampliamente por las imágenes en los periódicos y previas visitas, ahora nadie dudaba que era la esposa del dueño de esta empresa y eso me facilitaba las cosas y evitaba que tuviera que andar escondiéndome o escabulléndome del personal del primer piso para poder ir a la oficina de Edward, como la primera vez.

-Bienvenida, señora Cullen, anunciaré su llegada.

-No es necesario, Gina. Muchas gracias por tu preocupación.- Le dije sonriéndole y deteniéndome frente a su módulo. Todo el edificio estaba muy bien decorado, me gustaban los colores y los muebles, le daban un aire cálido y a la vez profesional.- ¿Cómo están tus hijos?

Gina era una mujer de 25 años con dos hijos y un marido que trabajaba en el área de contabilidad de la empresa, ambos muy amables y preocupados trabajadores. Conocí a uno de sus pequeños cuando Gina no tenía donde dejarlo cuando este había salido antes de la guardería por vacaciones o algo así, y lo tenía casi escondido en su módulo jugando con unos lápices. Ese día le aseguré que Edward no diría nada e incluso le increpé cuando íbamos a la consulta con los doctores del porqué no tenía una guardería para los hijos de las personas que trabajan allí. Su respuesta: "No es rentable". La mía: "Si te hace falta dinero, la fundación Cisne te lo dará". Resultado: "Lo pensaré".

Hoy era un buen día para recordárselo, en especial cuando Cisne ya estaba haciendo las entrevistas para los emprendedores que quisieran ser ayudados con sus proyectos e investigando notas de alumnos en situación vulnerable. Leah ya había sido seleccionada tras mis indicaciones, pero con Jacob no ha habido forma de ubicarlo, lo cual me tenía entre preocupada y triste a la vez, aumentó mi irritación. Había desaparecido hacía unas semanas y algo me hizo pensar que quizás se había ido de vacaciones a su sitio usual, La Push en el extremo opuesto del continente.

Genial.

Por otro lado, Jasper me enviaba informes sobre algunas inversiones en la bolsa que traían ganancias a Cisne que podrían ser utilizadas para más proyectos y le dejé muy claro que la guardería en C.E.E Petroleum era una de ellos. En los próximos días estaría recibiendo un borrador.

-Muy bien. El mayor está con gripe, pero se está recuperando.

-Que mal. ¿Lo has llevado al doctor?

-Sí, por favor. No se preocupe.

Me despedí antes de tomar el elevador. Ya dentro, volví a suspirar al ver mi reflejo en los grandes espejos que circundaban el cubículo y antes de llegar al piso final saqué apurada de la mochila, el brillo labial y me lo apliqué sin cuestionarme mucho el porqué de la acción. Ser un poco femenina no debería causarme tanto revuelo ¡Por Dios!

Saludé a Sienna, quien me indicó a base de gestos que Edward estaba en su oficina.

Entré sin más preámbulo a su oficina. Edward se encontraba enfrascado en su computadora, tipeando furiosamente en el teclado y pasando unas imágenes indescifrables en un reproductor en la pared opuesta a la ventana.

-Dije que no me molestaran hasta después de la reunión. Fuera.- Ordenó amargamente sin siquiera dar un vistazo. Cerré la puerta furiosa, haciendo que nos enfrentáramos a una batalla de miradas, la que por primera vez gané porque Edward parecía lo bastante asombrado como para mantener el gesto furioso en su cara. Sus ojos viajaron por mi ropa, de arriba abajo haciéndome sentir incomoda y deseando desaparecer detrás de unas de sus cortinas para que no me mirara tan minuciosamente.

-¿Qué?- gruñí mientras me acercaba con paso fuerte hacia su escritorio, haciéndole evidente con mi actitud lo incómoda que me hacía sentir con su inspección.

-No sé, dime tú. Estás invadiendo mi oficina como si fueras la dueña.

-Soy mitad dueña, ¿no lo recuerdas esposito?

-Eso no es cierto, firmamos acuerdos prenupciales, cielito. Lo tuyo es tuyo y lo mío, mío.

Tenía razón.

-¿A qué se debe tu inesperada visita, Isabella? Estoy trabajando.- Continuó volviendo su vista a la pantalla y evitándome como lo había estado haciendo todos estos días, lo que era la principal razón por la que había decidido hacer esto.

Necesitaba que me dijera que pasaba por su mente, no que se lo guardara. A pesar de sus intenciones, de saber que en cierta forma no me guardaba nada de cariño y que solo se había casado conmigo por mi bebé, su estatus y poder, él era lo único seguro en mi vida, lo único real… por muy retorcido que sonara. No me había mentido ni ocultado ninguna de sus intenciones desde el principio y no soportaría que lo hiciese ahora.

-Perfecto. No te quiero quitar más tiempo así que hagamos esto rápido.- Con un movimiento brusco me senté en la silla frente a su escritorio, coloqué mi mochila sobre mis piernas a modo de defensa física ante su presencia.- Dispara.

Solo el sonido de las teclas siendo presionadas ambientaba nuestro silencio. Pero yo no hablaría, ya lo había hecho y estaba segura que él sabía perfectamente a lo que me refería.

-No te daré en el gusto.- murmuró luego de un rato.

-Bueno, no ha debido atacar a nuestro hijo.- disparé yo, a modo de defensa ante cualquier frase que pudiera decir. Le di la razón , antes que la pidiera.

¡Rayos! Parecía una desesperada.

-Se lo ha merecido entonces.- fue su respuesta, una que me gustó más de lo que debería porque era lo mismo que había pensando, pero eso no explicaba su actitud durante la semana. Así que esperé.

Pero nada.

Otra vez el silencio. Éramos un equipo, ¿cierto? Pero a pesar de todas sus palabras, algo en mí aún dudaba de ellas, necesitaba confirmación, un acto de lealtad o de camadería. ¿Era mucho pedirle eso al manipulador y oportunista Edward Cullen? Quizás había sido muy apresurado el creer que tendría alguien en quien apoyarme, en quien confiar, quizás tendría que volver a cuidarme sola, proteger mis espaldas a modo de proteger a mi hijo de esta gente.

No quería seguir luchando en solitario, simplemente, no quería.

Pero no podía creerlo, algo en mí necesitaba confirmar… creer un poco en este hombre, que decía estar ahora de mi lado, porque le convenía, pero a mi lado al fin y al cabo, al lado de su hijo.

-Me alegro que pienses así, ahora dispara. Ha pasado casi una semana y no me has gritado ni nada, ¿qué te está pasando amigo?

-¿Te gusta que te grite?

-No, por supuesto que no. Es solo que… no pareces tú. ¿Está todo bien?

-Perfecto, estaría mejor si me dejaras trabajar. El dinero no se hace solo.

-No, por si no lo sabías crece en árboles. – Mi comentario no logró ni un atisbo de sonrisa.

-Muy graciosa. Ahora vete.

Me quedé sentada en el cómodo asiento de cuero, mirando el espacio que nos rodeaba ignorando su 'dulce' petición mientras él seguía mirando su pantalla y digitando algunas cosas. En su mesa tenía adornos toscos, masculinos y oscuros. Toda la oficina lucía tonos cálidos enfatizados por la luz solar que entraba por las grandes ventanas a su espalda. Chicago se veía un tanto distante al simple humano desde esta altura. Imaginé visualizar la ciudad de noche desde un balcón a una altura similar. Sería hermoso.

Volví a mirar a mi 'esposo' trabajar. Me sentía invisible pues no me prestaba ni la más mínima atención. Había traído dinero para un taxi, pero no quería usarlo.

-Hoy ha venido a visitarme mi abogado temprano.- Comentó despreocupadamente, no podía entender que tenía que ver yo y su abogado además de los contratos que firmamos, pero que ya estaban finiquitados y resueltos. No me importaba nada más.- Te comenté hace un tiempo que todas las personas involucradas iban a pagar por su coalición con Ángela, ¿lo recuerdas?

¿Qué si lo recordaba? Claro que sí y de tan solo retomarlo en mi memoria, la rabia y el desprecio hacia esas horribles personas volvía a renacer como si jamás se hubiera ido. Empecé a tirar y apretar los tirantes de mi mochila, para lograr liberar algo de tensión.

-Lo recuerdo - le dije como toda respuesta mientras mi mandíbula se tensaba y apretaba aún más mis dedos en la tela.

-Pues…- continuó volteando y colocando sus manos bajo su barbilla con una expresión satisfecha.- Las investigaciones los muestran culpables… a todos. Ni siquiera pueden ejercer su profesión nunca más, y además nos han tenido que pagar una indemnización generosa, por daños irreparables. Incluso, el médico jefe ha sido demandado por complicidad en homicidio premeditado y arriesga años en la cárcel.- Terminó riendo y tapando su boca para evitar demostrar alegría mayor.

-¿De verdad?

-Sí. Puedes confiar en mi palabra cuando te la doy. Soy serio y cumplo lo que prometo, espero lo tengas claro.

No podía creerlo. Toda la rabia, toda la desesperación, todo el sufrimiento no iban a desaparecer tan pronto, lo sabía, pero un nuevo sentimiento lograba interponerse a él, opacándolos un poco y logrando quitar un peso de encima, logrando calmarme y dándome la facultad de poder decir, al fin, que la justicia no era solo una ilusión. A todos los que hacían cosas malas les llega su castigo… tarde o temprano.

Reí con él, mientras el ambiente se volvía ligero.

-Tienes que pensar que vas a hacer con el dinero de la indemnización.- Agregó cuando se dio cuenta que nos reímos al unísono, destruyendo todo el ambiente que de repente se había creado.

Bueno si hablaba de dinero, me destruía el ánimo a mí también. ¡Que no todo es dinero!

-No me interesa. No lo quiero.

-Supuse que lo dirías, así que lo destiné al fondo para la construcción de esa inútil guardería. ¿Contenta? - agregó volteándose al ordenador como si no fuera la gran cosa.

-¡¿Estás hablando en serio? ¿Vas a construir la guardería?

No lo podía creer, estuvo escuchando lo que le dije y lo estuvo considerando.

-Sí, el dinero no es mío, es tuyo. Además la fundación tendrá que pagar los sueldos.

-Claro.- Me reí mientras permanecía entusiasmada en mi puesto sin la menor intención de levantarme pero claramente con demasiada energía en el cuerpo.

Estuve durante un buen rato imaginando las cosas que podía comprar para que los niños tuvieran dónde y con qué jugar, e incluso imaginé traer a mi bebé a jugar de vez en cuando, Edward no se podía oponer a tener a su hijo cerca y estaba segura que me lo agradecería por muy tacaño, manipulador y egoísta que fuera. Imaginar que el dinero de esas horribles personas iba a ser usado para algo con propósito me dejaba todavía de mejor humor… aunque no duró mucho en la atmosfera que reinaba en la oficina.

Volvimos a la hostilidad y tensión. No soportaba su mutismo e inactividad, así que dije lo primero que se vino a la mente.

-¿Sabes? He estado pensando que llevamos algo así como tres meses viviendo juntos, somos amigos y todo eso, pero no sé nada de ti.- Dije rápidamente temiendo no tener el valor de poder pronunciarlo todo.

Por fin, su mirada se posó en la mía, retiró sus anteojos de lectura dejándolos encima de su escritorio caoba y apartando la mirada de su computadora. Parecía curioso y asombrado.

Seguí temiendo ser interrumpida y a la vez deseándolo. ¿Tenía sentido?

-Así que he pensando en venir a hacerte una visita a tu oficina y ver qué haces. Estoy curiosa y la verdad es que me aburro en casa.

-Puedes salir de compras o a esas cosas que hacen las mujeres.- Contestó cerrando los ojos y presionándolos con sus dedos para descansar un poco.

-Pues ahí lo tienes, ¡ni siquiera me conoces!- Tomé uno de los adornos frente a mi y comencé a girarlo entre mis dedos -¿Cuál es tu color favorito?

Lancé y me golpeé mentalmente por todo el circo que estaba armando. Pero bueno, ¿los amigos se conocían o no? Estaba un poco aburrida de vivir con un desconocido por mucho que no nos cayéramos bien o no nos queramos como se deberían querer las parejas casadas, estábamos obligados a vivir juntos por un largo tiempo más antes siquiera en pensar en separarnos, así que estaba en mi derecho de preguntar un poco.

-Depende del día. Mi color favorito hoy es el rosa, mañana… no sé.

¡Me respondería! Quizás no estaba tan ocupado como decía estarlo y ¿rosa? Vaya afeminado.

-¿Música favorita?- sonrió antes de girarse y concentrarse en mi rostro.

-No, por cada pregunta que me hagas tienes que responder la misma. No me someterás a este interrogatorio a mí solo, así que dime tu color favorito.- Ordenó, haciéndome sonreír con su tono mandón.

-Ehm… amarillo quizás. Es un color alegre y cálido, me hace pensar en el sol.

-No tengo música favorita, me gusta de todo un poco. Te toca.

-Me gusta Frank Sinatra, a mi padre le encantaba. Soy de música tranquila, nada muy pesado.

Y así por un buen rato; ¿Cuál es tu comida favorita?, si estuvieras en una isla desierta, ¿qué te llevarías? ¿Te gustan las verduras? ¿Cuál es tu actor favorito, tu actriz? ¿Tu película favorita? ¿Playa o campo? ¿Tu cita favorita, tu auto? ¿Tu hobby?

Seguimos conversando cosas sin sentido, haciendo preguntas tontas y hasta riéndonos de nuestras propias respuestas. Era extraño, pero no tanto como para espantarme.

La verdad sea dicha, es que lo estaba pasando bien.

Él siguió trabajando, dejándome estar ahí sin hostigarme más a que me fuera, me aseguró que antes de irse tendría una reunión y que podía quedarme en la oficina mientras lo esperaba. Hasta pidió el almuerzo para que comiéramos mientras seguíamos las preguntas, habíamos pasado de un momento a otro de las tontas y nos habíamos adentramos a las profundas y sustanciales. Bueno, no tanto así pero si vergonzosas desde mi punto de vista. Lo cierto era que la curiosidad a veces me mataba y prefería matar al gato que dudar todo el tiempo.

-Esto está muy rico.- Saboreé el helado que le había pedido como antojo mientras, agradecía a la joven que retiraba nuestro servicio desde la mesa destinada para eso en una esquina de la oficina de Edward.

-¿Has terminado con el interrogatorio ya? No lo creo.

-No. Cuéntame como fue tu primer beso.

-¿Para qué? No importa el primero sino el último.- Aseguró robándome un poco del helado y haciéndome fruncirle el ceño enojada.

-Estoy curiosa, nada más. Además se supone que como tu esposa debo saberlo.

-Primaria supongo. No recuerdo más allá.

-Edward- le dije divertida por su actitud, mientras pasaba la lengua por la cuchara.- No estoy hablando de besos inocentes… ¿Cuándo fue tu primer beso… de verdad?

-¿Me contarás el tuyo?

-Solo si respondes honestamente.

Pareció meditarlo por unos segundos antes de decidirse, dándome tiempo de seguir comiendo.

Estaba riquísimo.

-Catorce. Con mi prima. Estábamos experimentando.

Casi, casi perdí todo el contenido de mi boca en su camisa.

-¿Qué? ¿Con qué prima?

-Vamos, no te pongas celosa.

-No estoy celosa, pero si fue Tanya… Edward que asco.

Dejé el pocillo casi vacío en la mesa, imaginando el beso y poniendo mala cara. ¿Primer beso con Tanya? ¿Con una prima? Eso era… extraño y hasta depravado. Y ¡Diablos! Quizás que más experimentaron juntos, lo que explicaría su antipatía.

Esta familia estaba loca. Comprobado.

-Responde.- ordenó sacándome de mi estupor.

¡Oh sí! Mi primer beso. No tan emocionante como el suyo, por supuesto.

-No tan precoz, fue como a los diecisiete, bastante inocente pero él metió su lengua y pues… sí, ese fue mi primer beso real.

-¿Te gustó?

-No, fue… baboso. El pobre chico no sabía lo que hacía y, pues, yo tampoco. Me mordió, nuestros dientes chocaban.- reí al recordarlo, realmente fue una experiencia.

-¿Y tu primera vez?

-¿Ah?

-¿Tu primera vez, la primera vez que tuviste sexo?- su pregunta me pilló volando bajo, muy bajo. Tanto que me ahogué con mi propia saliva, logrando que casi me atragantara.- Dime, yo te responderé también. Esto se esta poniendo divertido, no lo arruines ahora y sé sincera.

-Bueno mi primera vez fue…- al recordarla todo mi cuerpo se estremeció, no fue espectacular pero para dos adolescentes primerizos tampoco estuvo tan mal.- No estuvo mal, él fue cuidadoso y no me hizo daño innecesario. No tuve un orgasmo pero no fue un mal comienzo.

Respondí bajando el volumen de mi voz a cada palabra. Avergonzada, sí. Incómoda, también.

-¿Nada más?

-¿Qué querías? ¿Qué te diga que fui toda una estrella porno mi primera vez? En la vida real eso no pasa.- Contesté un tanto enojada por su actitud altanera, como si con su mirada me dijera que él lo hubiera hecho mejor, quizás estaba un poco segura que tenía razón lo cual me molestaba aún más porque en realidad ¡No lo sabía!

Mierda.

- Tu turno y no me inventes una porno.- Conseguí decir entre mis dientes.

-Ah, no. La primera vez que tuve sexo fue con una compañera de curso cuando tenía quince. Nos saltamos la clase de deportes y lo hicimos en las duchas, la chica era experimentada y probada por la mayoría del estudiantado. Me dio una buena mamada y luego pues, ella misma me acomodó. No duré mucho pero bueno, ahora duro muchísimo más que eso, te lo aseguro.

Silencio.

Mis mejillas se incendiaron al momento exacto en que mi mente dibujó la imagen de él durando un poco más entre mis piernas.

¡Dios santísimo y todo lo santo del mundo!

Edward se levantó de su puesto frente a mí como si nada hubiese pasado, tomó una carpeta de su mesa antes de girarse hacía mi, levantar sus hojas e indicarme algo que no entendí. Menos ahora que tenía mi mente en otro lado mucho más oscuro, así que tuvo que decirlo en voz alta para que le prestara atención.

-Voy a la reunión, puedes recostarte ahí si lo deseas. Volveré como en media hora.

Asentí aún acalorada por sus palabras. Sin embargo, un pequeño e insignificante engranaje comenzó a girar sin poder controlarlo, algo que sabía tenía en mi interior pero que no había tenido el valor siquiera de identificar antes, estaba aterrada de tan solo pensarlo… de modo que lo dije, salió sin poder evitar que formara las palabras una a una.

-¿Te has enamorado alguna vez, Edward?

Sabía de dónde, pero no sabía el porqué. Solo sabía que tenía que preguntarlo, necesitando una respuesta sincera y lamentablemente no sabía si la obtendría o no.

-Sí.- respondió de espaldas.- Hace mucho tiempo, muchísimo, pero es parte del pasado.

Su cuerpo parecía tenso y sus dedos apretados dentro del agarre a su carpeta, temía que la arrugara y arruinara, pero más temía las consecuencias de su respuesta.

-¿Qué sucederá cuando te vuelvas a enamorar? Cuando encuentres a una persona especial y estés casado conmigo, ¿te divorciarás y pedirás la custodia de mi hijo? Y como ya no me necesitarás, ¿me desecharás y romperás nuestros contratos? ¿Me lo quitarás?

Logré pronunciar cada palabra con el dolor de mi alma, mucho más que el dolor familiar de la pérdida de mi padre, era el dolor que imaginaba al perder a mi hijo.

No sería tan fuerte si eso pasara, eso podría fácilmente conmigo. Mi bebé, mi familia.

-No volveré a enamorarme, Bella.- aseguró firme y fuertemente.- No hay necesidad de preocuparse por eso. No te quitaré a nuestro bebé.

Cerró la puerta con un suave golpe controlando su fuerza y temperamento, pero afortunadamente antes que él pudiera verme llorar por la explosión de emociones que había estado albergando durante todo el día.

Confiaba en él y no sabía si hacía bien o mal. Si podría salir perdiendo o herida.

Lágrima tras lágrima caían pidiendo impedir lo inevitable.

No lo sabía y eso me mataba, porque quería saberlo y no lograba entender cómo.

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NDLA: ¡Hola! Demoré menos, pero lo hice. Ha sido un capítulo largo y pido disculpas porqué no ha llegado al momento del parto. Gracias por las sugerencias y recomendaciones, estos dos se merecen un poco más de desarrollo. Ahora según la linea de tiempo, se nos viene el cumpleaños de Edward ¿Qué sucedera? Bueno, mucho pasó en este capítulo sin embargo y ha salido a la luz una pregunta que quizas muchas tenían, y bella la lanzó como si su mente la obligara a ellos.

Espero les haya gustado el capítulo.

Muchas gracias por el paciente beteo a Ericastelo en el capítulo extralargo de hoy.

Me he prometido a mi misma no hacer notas tan largas así que con un enorme abrazo me despido. Nos leemos. Besotes.

Enichepi