Hola a todos, los lectores y lectoras. Espero que esten muy bien pasando un buen día/tarde/noche. Aquí reportándome con un capítulo más esperando que sea de su agrado. Como siempre se aceptan criticas buenas y malas que todo es bien recibido por un servidor. Sin más, me despido mandándoles un saludo. Nos leemos pronto.

Capítulo 21: Un verdadero hogar

La incrédula mirada de todos se concentraba sobre su amiga, quien terminaba de narrar la horrenda visión que había tenido hace un par de horas. Abril apenas y pudo contarles intentando que su narración fuera lo más detallada y apegada a su experiencia, aunque eso significará recordar de nuevo lo que observó y vivió durante ese tiempo en que su mente quedó atrapada en aquel mundo oscuro. Al terminar cubrió su rostro con ambas manos intentando sacarlo de su cabeza, mientras su padre se arrodillaba a su lado rodeándola con sus brazos.

Se encontraban reunidos en la pizzería Antonio´s, por última vez pues habían decidido regresar a su verdadero hogar esa misma noche.

Splinter fue el primero en acercarse a ellos, colocando una mano en el hombro de la chica. Abril retiró sutilmente sus manos para descubrir sus ojos, encontrándose con la compasiva mirada de su sensei.

— Está bien, Abril — le dijo de manera piadosa intentando calmarla —. Te agradecemos tu esfuerzo por recordar algo como eso y darnos la mayor información posible — Abril asintió levemente con la cabeza mientras relajaba su cuerpo, sólo entonces el resto se acercó. Mikey la abrazó con sinceridad e inocencia intentando que se sintiera protegida.

— Pero, ¿qué creen que haya sido esa cosa que vio? — interrumpió de pronto Casey.

— No parece ser algo con lo que nos hayamos enfrentado antes — Donnie se llevó la mano a la barbilla mientras trataba de buscar algo entre las pistas que le había proporcionado la chica con su relato, pero nada le parecía evidente —. Además no me explicó como algo tan intangible como la oscuridad podría convertirse en nuestro enemigo.

— No necesariamente tendría que ser la oscuridad en sí — Splinter interrumpió a su hijo —, tal vez solo sea un enemigo que se valga de ella. No obstante… — el sensei cerró un momento sus ojos al tiempo que recorría con los dedos su larga barba, recordando algunos eventos en su vida que parecían dar sentido a lo que ocurría, pero podría estar equivocado. Esperaba estar equivocado. Tal vez era demasiado pronto para decirles algo sin la suficiente evidencia, prefería no preocuparlos de más — Olvídenlo no es importante — dijo de manera tajante.

— Tal vez la sombra que vio Abril es ese tal "Marca" que mencionó Kraang Superior — intervinó de pronto Mikey.

— ¿Marca? — preguntó Casey sin entender de lo que estaba hablando.

— Creo que dijo Arkkan — le corrigió Abril recuperada de su momentánea crisis nerviosa —. Antes de que Bishop le disparará, ese Kraang nos amenazó, más específicamente a Splinter y Mikey — dirigió una mirada compasiva a ambos. Mikey se llevó las manos a la boca imitando el gesto de comerse las uñas que no tenía, lo cual fue interrumpido bruscamente por un manotazo de parte de Rafael — y mencionó a un tal Arkkan, que traería algo peor que la invasión Kraang.

— Sí, no creo que tu visión haya sido fortuita y sin ninguna relación — indicó Donnie de forma reflexiva.

— Como sea, creo que por esta noche nos merecemos un descanso — sugirió su sensei —. Hoy dimos un gran paso para derrotar a nuestros enemigos.

— Si tiene razón, sensei. No puedo esperar para volver a mi laboratorio — le secundó emocionado Donatello.

— Nosotros nos retiramos también — dijo Kirby abrazando a su hija —. Han sido muchas emociones y quiero que Abril descanse y se olvide por un momento de todas estas… criaturas — al decir esta palabra miro con recelo a las tortugas, en cierta forma los culpaba por haber introducida a Abril en esa vida inverosímil donde tenía que pelear contra extraterrestres, mutantes y robots.

Abril se despidió de sus amigos prometiendo visitarlos por la mañana de nuevo en su guarida y ayudarlos a limpiar, pues era seguro que sería un desastre después de tanto tiempo. Casey hizo lo mismo, en su mente estaba ansioso por regresar a su casa y dormir nuevamente con su familia.

El resto se apresuró a recoger las pocas pertenencias que tenían. En pocos minutos estaban listos para abandonar la pizzería que los había recibido durante ese tiempo. En cierta forma sentían una nostalgia por abandonar ese lugar que se había convertido en su refugio los últimos meses, pero era mayor la emoción por volver a su hogar, su verdadero hogar.

Mikey fue el último en salir del restaurant abandonado, se quedó un momento a solas observando el lugar con los ojos llorosos, sosteniendo en sus manos la hielera donde se encontraba Ice Cream Kitty.

— ¿Qué te pasa, enano? — preguntó Rafael quien regresó al notar que el menor de sus hermanos tardaba en seguirlos.

— Es muy triste… — respondió con un nudo en la garganta —. Tener que abandonar la pizzería.

— ¡Pero si vamos a nuestra casa! — Rafael no entendía la tristeza de su hermano, tal vez le había tomado cariño a ese hogar temporal — Deberías estar contento por regresar a nuestra verdadera casa.

— Pero es que aquí teníamos todo lo necesario para preparar pizzas… ¡Gratis!. ¿No lo entiendes hermano? ¡Eran gratis! — lo miraba angustiado casi al borde de las lágrimas —. Era el paraíso de toda tortuga. No se cómo lograré superar este golpe tan duro.

— Eres un… – lo tomó del caparazón jalándolo a la salida —, no sé cómo es que siempre terminó soportando tus tonterías. Créeme lo superaras —. Finalmente logró sacarlo para alcanzar al resto que ya los esperaban para continuar el camino hacia la guarida.

Una hora después llegaban a su guarida en las alcantarillas. A pesar de haber acabado con la invasión Kraang, el lugar aún se encontraba resguardado por un par de androides sondas, los cuales destruyeron fácilmente.

Se encontraban de pie en la sala, observando el desastre y destrucción del lugar justo como había quedado tras su batalla con el Kraang Superior. Si cerraban los ojos casi podían ver a los androides Kraang disparándoles con sus armas, mientras más portales se abrían trayendo a más enemigos consigo, o a su sensei enfrentándose al líder de los extraterrestres mientras les pedía con desesperación que salieran de ahí. Amargos recuerdos que aún prevalecían en su memoria, pero que ahora eran solo eso: recuerdos.

– Pero que desastre – exclamó repentinamente Rafael despertando a todos de su letargo.

— Sí, el Kraang de verdad causó estragos en la guarida. Me pregunto si… — Donatello corrió rápidamente a su laboratorio, de una patada terminó por retirar la puerta que se encontraba medio caída. Estando dentro recorrió la habitación hasta detenerse en lo que buscaba. Por fin suspiró aliviado, al percatarse que Timothy aún se encontraba congelado, en el mismo lugar en que lo había dejado meses atrás.

Volvió a reunirse con su familia en la sala, donde Splinter les pidió que fueran a tomar el tan merecido descanso "mañana habrá tiempo para arreglar este desorden", les dijo casi como una orden a la cual todos aceptaron de buena gana, pues sus cuerpos lo pedían debido a lodíficil de la misión de esa noche.

Los tres hermanos se dirigieron a sus respectivas habitaciones, despidiéndose de los demás, poco sabían que su sueño tendría que esperar un rato más, pues las habitaciones estaban demasiado sucias, después de tantos meses sin ser limpiadas. Solo Mikey pareció no importarle la suciedad y el deterioro de su lugar de descanso, por lo que fue el único que se arrojó de inmediato a la cama levantando una densa nube de polvo al impactarla con su cuerpo.

Splinter observó a su hija dirigirse de forma diligente hacia el dojo. El lugar no se había salvado de los daños durante la pelea contra el Kraang y el deterioro por el tiempo que permaneció inhabitado. Varias piezas del tatami se encontraban seriamente dañadas, así mismo las molduras de madera en las paredes habían sido arrancadas en varias zonas, las armas que solían formar parte de la decoración se encontraban desperdigadas por todo el piso e incluso algunas estaban destrozadas e inservibles. Milagrosamente, el viejo árbol al centro del dojo se había mantenido firme y, a pesar de algunas ramas, hojas secas por la falta de cuidado y muescas en el tronco, no presentaba un daño severo que tuvieran que lamentar.

Ante la imagen tan desolada del lugar, no pudo evitar cerrar los ojos con nostalgia, recordando la primera vez que estuvo en esa habitación, el día que finalmente descubrió la verdad sobre su padre. En su mente podía delinear cada detalle de ese lugar antes de la invasión: los colores de las pinturas, la textura de la alfombra, el brilló de las hojas metálicas de las armas y el aroma a incienso proveniente del altar donde reposaba la foto de su familia.

Se sentía invadida por una profunda tristeza al ver como ese lugar al que por primera vez podría llamar "hogar" se encontraba ahora en ruinas.

— El lugar puede estar completamente destruido — la voz de su padre interrumpió su remembranza trayéndola a la realidad, por sus palabra parecía haber adivinado los pensamientos de su hija –, pero sigue siendo nuestro hogar.

Splinter caminó con pasos ligeros hasta encontrarse a poca distancia del árbol. Posó una de sus manos sobre el tronco, en una zona donde se podía apreciar una quemadura, seguramente hecha por el disparo de un arma laser del Kraang.

— Un verdadero hogar es donde está nuestro corazón, donde esta nuestra familia — prosiguió bajo la atenta mirada de su hija a sus espaldas que guardaba un respetuoso silencio -. Este árbol es como nuestra familia, a pesar de haber sido dañado y lastimado, logró soportar durante todo este tiempo erguido con firmeza - Karai se aproximó colocándose al lado de su padre observando su mano descansando en el tronco –. Y de la misma forma en que este árbol recuperara su esplendor y belleza, con los cuidados adecuados, nuestra familia seguirá adelante y unida a pesar de las dificultades.

– Gracias, padre. Lo recordaré siempre – se viró hacía el anciano abrazándolo con fuerza –. Estoy feliz de ser ahora parte de esta familia.

– Siempre lo has sido — le dijo Splinter correspondiendo al abrazo.

Al soltarse, Splinter se dirigió al sitio donde estaba el altar en las mismas condiciones que el resto del lugar. Se tomó unos minutos para acomodar los trozos de madera de forma que formarán una especia de mesa mal realizada, pero lo suficientemente estable para que colocará la foto donde se encontraban Tang Shen, Miwa y él. Se puso de rodillas y juntó sus manos para iniciar una oración

Karai se acercó al altar improvisado, descolgándose las fundas que traía amarradas a su espalda. Desenvainó las espadas que había pertenecido a Leonardo y las colocó al pie del altar en forma paralela, así mismo sacó de uno de sus bolsas la bandana azul del líder y la colocó extendida junto a la foto de su familia. Posteriormente imitó a su padre uniéndose a él en la plegaria.

– Creo que ya es tiempo de descansar – sugirió Splinter poniéndose de pie –. Mañana podremos arreglar un altar más adecuado para nuestros queridos difuntos.

Karai asintió con la cabeza mientras buscaba un lugar donde recostarse en el dojo, como lo había hecho la única vez que durmió en la guarida. Encontró un sitio que le pareció no estaba tan dañado por lo que comenzó a caminar en busca de su saco de dormir.

– Espera, Miwa – le llamó su padre mientras caminaba pasando a su lado –. Creo que tengo para ti un lugar mejor para dormir que el suelo del dojo.

Sin estar segura a lo que se refería, lo siguió confiadamente.

Atravesaron la sala hasta el otro lado de la guarida donde se encontraba un pasillo con puertas de madera. Splinter se detuvo inmediatamente en la primera, giró el rostro para ver sobre su hombro a su hija.

Karai sentía como su corazón daba un vuelco al adivinar de qué lugar se trataba. No pudo evitar ver con nerviosismo a su padre, abriendo los ojos de par en par.

– ¿Acaso no es…?

– Sí – respondió de forma tajante mientras abría la puerta de madera permitiendo que ambos entraran –, es la habitación de Leonardo.

Splinter buscó con la mano el interruptor en la pared, encontrándolo en poco tiempo y lo activó permitiendo que la habitación se iluminará.

Aun paralizada por la oferta de su padre, Karai se quedó paralizada en el umbral de la puerta sin atreverse a dar un paso dentro de la habitación.

La habitación constaba de una cama de madera cubierta por colchas con motivos japoneses, en la cabecera un librero de la misma madera donde podía identificarse una sección de libros sobre ninjutsu y otras artes marciales, y otros de literatura clásica como "el arte de la guerra" de Sun tzu; en otra sección se encontraban acomodados varios comics de "Héroes espaciales" protegidos por una cubierta de plástico. En el muro al lado de la cama se encontraba un estandarte en tela con el símbolo del clan Hamato y, a cada lado de éste, una katana como las que solía usar Leonardo. Al otro lado de la habitación se encontraba una mesa de madera rustica y una silla haciendo juego. Sobre la mesa tenía una lámpara estilo japonés, hecha de madera y papel con los kanjis de familia y honor dibujados en los lados; acompañando a la lámpara un portarretrato con la foto reciente de Splinter y las cuatro tortugas en el dojo. Completaba la decoración un afiche de "héroes espaciales" colgado en el muro sobre la mesa donde se apreciaba al capitán Ryan en el primer plano y al fondo la nave y su tripulación.

El lugar había corrido con la suerte de no ser profanado por el Kraang y, salvo por la gruesa capa de polvo adherida en todos los muebles, se podría considerar una habitación limpia y ordenada.

– ¿Estás seguro de esto? – preguntó finalmente la kunoichi.

– Por supuesto que sí, puedes quedarte con esta habitación – le respondió con firmeza –. Es mucho más cómoda que el piso del dojo y sería una lástima dejarla vacía. Además… – el semblante del sensei ensombreció un poco – quiero creer que a Leonardo le hubiera gustado que tú la tuvieras – Con estas palabras, Karai por fin tomó el valor para adentrarse en la habitación. Detuvo un momento su mirada en el afiche de "héroes espaciales", haciendo una mueca de desagrado pues no era precisamente aficionada a la serie, lo cual fue notado por su padre –. Claro que podemos quitar lo que no te guste y adornarla con algo más de tu estilo.

– ¡No! – exclamó de forma imprevista Karai. Si bien ese afiche en particular no era de su agrado, no quería cambiar nada en esa habitación. La personalidad de Leonardo estaba presente implícitamente en cada uno de los muebles, cada uno de los adornos y cada uno de los detalles del lugar. No estaba dispuesta a perder eso que sin duda le hacía recordarlo y le acercaba más a él, al menos no por el momento - Me gusta como está, padre – finalizó un tanto más serena tratando de reprimir la emoción por recibir tan preciado regalo.

– Entonces será mejor dejarte sola para que descanses. Mañana nos espera un largo día poniendo en orden nuestro hogar – Splinter se retiró cerrando la puerta de la habitación.

Por unos minutos se quedó de pie en medio de la habitación sin saber a ciencia cierta lo que debía hacer, repasando una y otra vez el lugar con la mirada. Finalmente se acercó a la cama dejándose caer en ella para sentarse. Inmediatamente el polvo que había estado acumulándose por meses, se desprendió de la colcha formando una densa nube a su alrededor.

Sofocada por la nube de polvo, Karai no tuvo más opción que levantarse inmediatamente de la cama, "que desastre" pensó mientras tosía sacudiendo la mano de un lado a otro para dispersar la polvareda.

Decidió quitar la colcha para sacudirla un poco. Al quitarla se percató que había hecho un buen trabajo manteniendo las sabanas que estaban debajo limpias, incluso la almohada parecía no tener ni una mota de polvo; sin duda gran parte de ese éxito se debía a que la cama estaba muy bien arreglada, sin dejar ningún borde descubierto.

Agradeció en silencio a Leonardo por su diligencia y pulcritud, así no tendría que dormir sobre sabanas sucias ni tendría que limpiarlas en ese momento, prefería comenzar la limpieza después de reposar un rato.

Se deshizo de la colcha sucia y se recostó en la cama abrazando la almohada. Al colocar su rostro en ella pensó que tal vez aún percibiría el olor de Leonardo impregnado, pero se dio cuenta que no estaba tan limpia como a simple vista aparentaba, pues solo podía notar un aroma a humedad y encierro.

Se levantó repentinamente al darse cuenta que había dejado la luz prendida, y estaba por ir a apagarla cuando notó algo extraño. Detrás de la almohada se asomaba una pequeña hendidura en el librero de madera que servía de cabecera, oculto a simple vista a menos que la almohada fuera retirada. Al observarle detenidamente se dio cuenta de que se trataba de un cajón. Sintió curiosidad por saber que podría ocultar ahí, pues era evidente que no cualquiera sabría dónde estaba a menos que durmiera en esa cama. Se levantó y movió el colchón lo suficiente para permitir la apertura del cajón.

Al abrirlo encontró una caja alargada de madera, sobre la tapa estaba tallado el símbolo del clan Hamato de una forma bastante tosca. No tuvo dificultad para abrirlo. Dentro encontró diversas fotos. En una de ellas aparecía Leonardo solo, de unos cinco años, intentando levantar una katana que parecía más grande que él. Otra donde estaban sus hermanos y su sensei sentados en el sofá de la sala, aquí parecían tener unos diez años y no se veía a Leonardo, probablemente él tomó la foto. Otra más con sus hermanos en la cocina sonriendo frente a una especie de pastel hecho de algas, por las velas podía deducir que era de cuando cumplieron siete años.

Esas fotos eran sin dudar el tesoro más apreciado de Leonardo. Continuó pasando las fotos una a una hasta que, inesperadamente, observó un brilló en el fondo de la caja. Hizo a un lado el resto de las fotos que aún quedaban para descubrir lo que se escondía debajo de ellas. Al principio no la reconoció pero en cuanto cayó en la cuenta de lo que se trataba, no podía salir de la impresión. Se llevó la mano a la boca impidiendo que saliera cualquier sollozo que despertara a los demás, pero no pudo evitar que sus ojos se humedecieran amenazando por soltar unas lágrimas, pues en el fondo de esa caja se encontraba la espada que ella le había arrojado el día que se conocieron.

No podía creer que la hubiera guardado por tanto tiempo, lo que es más, no podía creer que la tuviera oculta en esa caja donde guardaba lo que más apreciaba Leonardo.

Guardó la espada en la caja cubriéndola nuevamente con las fotos, para posteriormente colocarla en el cajón donde la había encontrado. Acomodó el colchón en su lugar y nuevamente se recostó sosteniendo en sus manos una única foto que había dejado fuera: la foto de Leonardo intentando levantar la katana.

Veía la imagen de esa pequeña tortuga, haciendo un gran esfuerzo por blandir una espada evidentemente pesada para él, pero que aun así parecía no estar dispuesto a rendirse. Sin duda era la viva imagen de Leonardo; el mismo Leonardo que nunca se rendía y que siempre hacía su mejor esfuerzo por lograr su objetivo; al que había conocido la noche que le arrojó la espada que ahora se encontraba en la cabecera de esa misma cama; el que había hecho de todo por sacarla de su vida en el Clan del Pie y por devolverle su humanidad, para reunirla con su padre, aunque pusiera en riesgo su propia vida; el mismo Leonardo del que se había enamorado.

– Ojala estuvieras aquí conmigo. No sabes cuanta falta me haces – le dijo a la foto que sostenía en su mano con la esperanza que de algún modo pudiera oírle. Se permitió dedicarle una sonrisa triste mientras una lágrima solitaria recorría su mejilla. Con la vista perdida en esa imagen no se dio cuenta en que momento sus parpados se cerraron vencida por el sueño. Al final se quedó dormida con la luz encendida.

El Sol bañó con su rayos las calles de la ahora repleta ciudad de Nueva York. Como si fuera parte de la celebración que se vivía desde la noche anterior, ese día ni una nube se atrevió hacer acto de presencia en un cielo totalmente despejado, que le permitía al astro rey regodearse con todo su esplendor.

En la guarida el ajetreo por poner todo el orden fue el tema principal.

Habían despejado la sala de todos los escombros, y si bien el sofá no había logrado salvarse, a nadie le importó pues no tenían tiempo para sentarse a ver la televisión. Cada uno se hizo cargo de limpiar su propia habitación, pese a que Mikey insistía en que la suya no estaba "tan sucia", y era verdad, considerando las condiciones en que tenía acostumbrado dejarla, el lugar no parecía del todo diferente. A pesar de esto Splinter le pidió al menos deshacerse de las cajas de pizza y limpiar el polvo; Donatello agregó a las órdenes de su maestro el uso de un desodorante en aerosol para ocultar la peste que salía del cuarto de Mikey, a lo cual, éste último acepto fastidiado.

De igual manera el resto de las habitaciones comenzaban a volver a tener la misma calidez y esplendor de antaño. Sus esfuerzos rendían fruto, la alcantarilla de nuevo comenzaba a ser el hogar que tenían antes de la invasión.

Absortos en sus respectivas tareas de limpieza, nadie se percató que el día se iba apresuradamente, hasta que la noche los sorprendió, aún con varias cosas por hacer.

Satisfecho con el proceder de sus hijos, Splinter decidió omitir el entrenamiento de ese día y el patrullaje nocturno, prefería darles un respiro para continuar con la faena por la mañana.

Mientras se preparaban para descansar, en las calles de la ciudad, ahora iluminadas por la luz artificial de los postes, había quienes no descansaban.

Aprovechando que ahora las calles estaban vacías y con la noche como aliada, un camión blindado, con el escudo de la Fuerza de Protección Terrestre a los costados, transitaba escoltado por dos vehículos más hacia las afueras de la ciudad.

Dentro del compartimento de carga, un grupo de seis soldados cuidaban un cargamento valioso para sus superiores: dos Kraang vivos.

Dentro de lo que quedaba de sus droides, los extraterrestres chillaban una y otra vez exigiendo su liberación, a lo cual los soldados solo les hacían bromas y se mofaban de su situación.

La diversión de los soldados fue interrumpida de manera abrupta, cuando el vehículo en el que viajaban colisionó con algo en el exterior, provocando que sus tripulantes se esparcieran por el piso. Confundidos y desorientados todavía por el impacto, uno de ellos logró llegar al intercomunicador que le permitía hablar con los soldados en la cabina de conducción.

– ¡Bukowski! ¿Qué demonios sucede allá fuera? – exigía al conductor del vehículo, pues las únicas ventanas a los costados eran de un tamaño reducido, por lo que no lograban ver con que habían chocado. La respuesta tardó en llegar por lo que el soldado volvió a insistir – ¿Bukowski? ¿Me escuchas? – Preguntó esta vez con cierto nerviosismo en su voz, nuevamente solo recibió estática por respuesta – ¡Atención, preparen sus armas! – ordenó al resto de los soldados sospechando lo peor.

Otro soldado intentó reportar la situación a su Base – ¡Aquí unidad alpha-8 reportando un posible ataque! ¡Necesitamos refuerzos! –. Interrumpió de pronto su comunicación al quedar pasmado por lo que ocurrió.

Se escuchó primero el sonido de metal retorciéndose, un chillido que taladraba sus oídos, proveniente de la puerta trasera que los separaba del exterior. Tan repentino como el impacto de hace un momento, la puerta salió disparada, arrancada por completo del vehículo como si estuviera hecha de cartón.

Los soldados comenzaron a disparar a discreción sin tener un objetivo a la vista, guiados por el temor de ser atacados por algo enorme capaz de arrancar una puerta de acero de esa forma, pero sus disparos se perdieron en la calle sin impactar a nadie.

Una orden les indicó que dejaran de disparar a lo cual obedecieron, justo para escuchar una estruendosa carcajada que hacía eco por la calle vacía.

Estaba completamente oscuro, la única luz que resplandecía eran las llamas que envolvían uno de los vehículos que los escoltaban.

Sin entender que es lo que ocurría y completamente atemorizados, ninguno se aventuraba a salir del vehículo. Permanecían de pie, hombro con hombro, con sus armas en alto en espera de que el enemigo apareciera frente a sus ojos.

El soldado que se había comunicado a la base recibió respuesta finalmente – ¡Base Nueva York! ¡Aquí unidad alpha-8 solici…! – No logró terminar su mensaje. Su voz fue acallada cuando su garganta era atravesada por una espada. El agresor se encontraba frente a él y ni siquiera lo vio venir, se introdujo dentro del compartimento deslizándose entre la oscuridad con una velocidad indescriptible tomándolos por sorpresa. Los demás soldados solo lograron verlo cuando ya se encontraba entre ellos, después de haber cobrado a su primera víctima.

Intentaron reaccionar rápidamente, desviar las armas que apuntaban al exterior hacia el enemigo que se encontraba ahora entre ellos, pero su velocidad los sobrepasaba. Dibujaba arcos firmes y perfectos por el aire, cortando con exactitud el cuerpo de los soldados, que en vano luchaban por intentar defenderse, cuando lo único que alcanzaban a ver era brillo de las espadas que reflejaban las llamas del exterior. Solo uno de los soldados logró accionar su arma disparando un par de veces, pero debido a lo estrecho del lugar y a su nerviosismo, solo logró impactar a uno de sus propios compañeros. Fue el último en caer, con su pecho perforado por una estocada.

Le bastaron unos segundos para acabar con los soldados, posteriormente se giró para buscar su verdadero objetivo. Los dos extraterrestres veían, a través de su prisión de cristal, a la figura acercárseles con intenciones desconocidas. Solo cuando lo tuvieron muy cerca pudieron identificarlo.

Ambos Kraang respiraron aliviados al reconocer a un aliado en el agresor.

– Kraang agradece al conocido co… – la espada perforó el cristal hasta llegar a la criatura que estaba detrás de él, acabando con su vida rápidamente.

– No… espera… esto no es lo que el conocido como Arkkan prometió – de inmediato con la misma espada con la que había atravesado al primer extraterrestre, hizo un movimiento horizontal y de un tajo partió al otro Kraang.

Estaba por enfundar su espada cuando un ruido le detuvo. Un ligero "click" a sus espaldas, que identificó de inmediato como un arma siendo amartillada. Tan veloz como habían sido sus ataques previos, se giró esquivando el disparo antes de cercenar la cabeza de uno de los soldados que había logrado sobrevivir al primer ataque.

La cabeza cayó fuera del vehículo y comenzó a rodar por la calle, siendo detenida por el pie de otra figura que hasta ese momento veía pasivamente los eventos. Ejerció un poco de presión para aplastar el cráneo del soldado, despedazándolo aun con el caso puesto. Emitió una risa entre dientes para denotar lo divertido que esto le había parecido.

– Si ya acabaste de divertirte podrías ayudarme – le dijo el usuario de la espada quien cargaba a uno de los androides en su hombro, mientras le arrojaba al otro.

– ¿De qué sirve hacer esto si no podemos divertirnos? – le respondió con una voz aguda al tiempo que levantaba al androide del piso, sin borrar la sonrisa de su rostro.

– Ya habrá tiempo para eso – le respondió con seriedad extendiendo la mano para pedirle algo.

De inmediato comprendió lo que quería y le arrojó un dispositivo en forma elipsoidal. Al recibirlo con su mano libre, presionó un par de botones para posteriormente arrojarla sobre su hombro dentro del vehículo blindado.

El dispositivo comenzó a emitir una luz roja parpadeante que poco a poco comenzó a hacerlo con mayor rapidez hasta que finalmente explotó con una intensa llamarada que envolvió el camión consumiéndolo por completo.

Sin volver el rostro, los dos agresores se perdieron con su botín en medio de la noche.

La respuesta fue casi inmediata pero al llegar al lugar todo había terminado.

Bishop veía con frustración el camión blindado completamente fundido, la igual que los vehículos de escolta.

A pesar de que habían logrado apagar el fuego, la masa de metal derretido aún emanaba cierto calor, por lo que acercarse demasiado aún era peligroso.

– No hay sobrevivientes – le informó la Teniente Dross aunque fuera más que evidente. Bishop no le respondió, se limitaba a ver como sus soldados continuaban arrojando agua a lo que quedaba del vehículo, en un intento por disminuir su temperatura –. Seguramente fue el Kraang rescatando a los especímenes que capturamos.

Aun sin responderle se aproximó a la cabeza destrozada sobre el pavimento, ahora circundada por una línea de tiza. – El Kraang no suele utilizar armas cortantes – le dijo finalmente mientras pasaba uno de sus dedos por el borde del cuello –, y esto es un corte demasiado limpio y preciso.

– ¿Quién cree que haya sido?

– No lo sé – sin sentir asco alguno, desprendió parte del casco que se encontraba incrustado en la masa encefálica. Giró hacia la Teniente con un aparto en la mano extendida –, pero vamos a averiguarlo.

La teniente tomó el dispositivo. Se trataba de una pequeña cámara dispuesta en los cascos de todos los soldados. Se encontraba destruida pero tenían técnicos que podría obtener información, si es que había logrado grabar algo.

– Comunícate con el cuartel. Diles que envíen a su mejor técnico inmediatamente – hecho una mirada nuevamente a la masa derretida sobre el pavimento, frunciendo el ceño con rencor –. Y dile al General Hawking que lo lamento, pero no recibirá su paquete.