Los U-TVers son aquellos que usan la web U-TV para subir vídeos con los que entretener al público. Aunque eso no significa que a ellos mismos no les divierta hacerlo. Particularmente, a Comet le encantaba hacer vídeos en directo. Aquel día, estaba emitiendo desde el baño.

-¡Adivinad quién soy! -dijo mientras limpiaba la empañada cámara del portátil- ¡Sí, soy yo, Comet! Tengo noticias alucinantes para vosotros. Primero, secuestraron a Marci y luego me cargué un montón de cosas, entre ellas mi varita. Fue todo un bajón porque pensé que no volvería a hacer magia nunca más. Hasta que recibí ¡mi nueva...! -hizo una pausa al ver que había cogido un cepillo y rebuscó en un cajón hasta que sacó lo que quería- ¡VARITA! Ah, y no os preocupéis por Marci. Ella está bien, está conmigo ahora mismo. Saluda, Marci.

Comet dio la vuelta al ordenador, dejando ver a una Marcia cubierta sólo con toallas.

-¡Oye! -gritó mientras cerraba el portátil- ¡No quiero que tus followers me vean medio-desnuda!

Marcia iba a darle una charla muy enfadada, cuando la varita empezó a flotar por su cuenta sin que Comet hiciera nada. Salió disparada por la puerta del baño chocándose con las paredes para después seguir chocándose con las paredes del pasillo.

-¿Qué le pasa a tu varita?

-No tengo ni idea.

Empezaron a seguir a la varita que había bajado al piso inferior. Comet se asomó por la barandilla para mirar pero tuvo que retroceder cuando la varita volvió a subir.

-Casi me muero.

La varita fue volando hasta la habitación de Comet, dónde el libro de hechizos se la tragó. Y cuando los dos entraron en la habitación, el libro también salió disparado. Empujó a Marcia al interior del armario y, con el impulso, se le cayeron las toallas. Antes de que ninguno pudiera hacer nada, la puerta del armario se cerró.

-¡Aguanta, Marci, ya te abro!

-¡NO SE TE OCURRA ABRIR!

Marcia buscó algo que ponerse y encontró unas cuantas vendas, unos pañuelos y una especie de taparrabos. Cuando se los puso para tapar su desnudez, intentó abrir la puerta, pero fue incapaz.

-Eeem... No se abre.

-¡¿Qué?! -exclamó Comet antes de tirar de la puerta con todas sus fuerzas.

-Usa el pomo.

-¿Qué crees que intento? Ugh, normalmente abro esta puerta con mi varita.

-Pues tu libro se la ha zampado.

-No estarás cotilleando, ¿verdad? Ese es mi armario de los secretos.

-No. Tú sácame de aquí.

Comet siguió tirando sin resultado. Como tenía los ojos cerrados, no pudo ver a Glossaryck saliendo por la cerradura de la puerta y flotando hasta quedar frente a frente con él para preguntarle:

-¿Qué estás haciendo?

El sobresalto, hizo que tropezara y cayese al suelo.

-Ah, hola Glossaryck. Mi varita está encerrada ahí dentro.

-¡Eh, ¿y yo qué?!

-Ah, sí. Marci también está. Y mi libro de hechizos. Básicamente todo lo que me importa. Quiero lo que me importa.

-¿Has girado el pomo?

-¡Pues claro que sí!

Comet se levantó y fue a coger una enorme espada. Luego intentó cortar la puerta varias veces sin hacerle el menor rasguño. Había olvidado que usó un hechizo para volverla indestructible hace tiempo. Glossaryck volvió al interior y dijo:

-No, no se abre.

Marcia agarró a la diminuta mujer azul por la cabeza y le dijo:

-¡Ajá! ¿Qué pasa aquí? ¿Es esto una especie de prueba tuya o algo así?

-¿Esto una prueba? ¿Estás loca? Eres tú la que parece un kebab con vendas. Beh beh beh beh beh...

-Para, para, ¡para! Tú dime cómo salgo de aquí.

-Está bien, te diré que hacer. ¿Me escuchas?

-¡Sí, te escucho!

-Si del guiso quieres coger los trozos, descubre su secreto, eso es todo.

-¿Dices que si descubro el secreto, se abrirá la puerta por arte de magia?

-Adiós. -dijo mientras volvía a salir por la cerradura.

Marcia se dio la vuelta y la vista la desanimó. Estaba dentro de un armario mágico con muchísimo espacio en su interior. Y para colmo, estaba lleno de todo tipo de cosas raras. Revisarlo todo podría llevarle horas. Pero se armó de decisión y se adentró en esa montaña de "secretos".

Por su parte, Comet seguía intentando usar la espada para abrir la puerta. Al ver que no se cansaba, una relajada Glossaryck le preguntó:

-¿Por qué no vas a lo fácil, como haces siempre, y abres la puerta con magia?

-No puedo, mi varita está dentro.

-¿Quieres intentar la opción difícil?

-Sííííííí. ¿Qué opción es esa?

-¿No has oído hablar nunca de la opción difícil?

-No, suena difícil.

-Ya lo creo que sí. Pero te la puedo enseñar.

-Vaaaale. -contestó Comet emocionado.

-La lección empieza con mi ojo.

Comet miró fijamente a la pupila en forma de rombo que ella señalaba y, de pronto, los dos pasaron a estar en otro sitio. Estaban sobre una plataforma circular que levitaba en algo parecido al espacio exterior, solo que había un montón de gemas flotando por ahí. En medio de ambos, había una gran marmita sobre una hoguera. Glossaryck removía el contenido con un cucharón de madera mientras empezaba a enseñar:

-Imagínate que el universo es esta marmita, que la magia es el guiso que hierve en ella y que tu varita es este cucharón. Cuando...

-Mi varita no es un cucharón, es una varita.

-Es una metáfora, Comet.

-No, es una varita.

Con cara condescendiente, Glossaryck convirtió su cucharón en una réplica de la varita de Comet.

-Vale, es una varita.

-Ah, ya lo voy pillando.

-Con la varita, sólo puedes coger la parte superior del guiso. La marmita es muy profunda y la varita demasiado corta. Si quieres alcanzar la parte deliciosa del guiso, que son los trozos, tienes que llegar al fondo. -dijo metiendo sus manos dentro de la marmita y después sacándolas mucho más grandes con un montón de comida sobre ellas- ¿Lo coges?

Comet asintió y luego negó con la cabeza con un poco de asco por lo que acababa de ver. Luego, el extraño espacio que los rodeaba y la marmita con el guiso desaparecieron. Habían vuelto a la habitación de Comet.

-Vale. A ver, puedes hacer magia sin tu varita pero tienes que profundizar. Profundizar, profundizar.

-¿Sin la varita?

-Tu padre lo hizo.

-Pfff. Si el pudo hacerlo, yo también. -dijo mientras volvía a ponerse cara a cara con la puerta del armario- Vale, sólo hay que profundizar.

Pero en lugar de concentrarse en lo que le acababan de enseñar, Comet se fijó en uno de los cachorros, que acababa de entrar en su habitación. Lo cogió para intentar echar a puerta abajo con su visión láser.

-¡El láser quema!

Comet apartó al cachorro y vio que Glossaryck estaba volviendo a entrar por la cerradura y que había puesto su mano en la trayectoria del láser. Como resultado, ahora tenía un agujero pero la puerta seguía intacta.

-Lo siento mucho.

-Comet, intenta profundizar más. Coge los trozos.

Glossaryck se metió en el armario y fue flotando hacia su libro. Cuando éste se abrió, mostrando la varita, se oyó el sonido de algo cayendo y un grito de Marcia.

-¡Ah, Marcia! ¿Cómo te va por ahí coleguilla?

-¡Ya sabes! -gritó desde una montaña de trastos- ¡Intento encontrar el secreto de Comet en un armario lleno de ellos!

-Bueno, ya sabes que hago esto porque te quiero.

-Eso es raro.

-Jiji, seguro que sí. Si me disculpas, tengo trabajo. -dijo mientras las páginas del libro se cerraban sobre ella.

-Sí, yo también.

Marcia vio una pequeña caja adornada en el montón sobre el que se encontraba y la abrió pensando en que ahí podría estar el secreto. Pero todo lo que había dentro era un mini-narval deforme con varios ojos que dijo:

-Ayúda...me.

-¡Aaah!

Y así, cada uno empezó a centrarse en su misión particular. Marcia había empezado a clasificar los trastos del armario mientras Glossaryck investigaba la varita. Entre tanto, Comet seguía dándole vueltas a eso de "profundizar" pero no se le ocurría nada. Luego se acordó de una caja de termitas de Mewni que guardaba debajo de su cama. Las soltó, esperando que se comieran la puerta del armario, pero se colaron por las rejillas de la puerta.

-¡Aaah, bichos que muerden! -gritó Marcia desde dentro.

Tras el fracaso de lo que parecía ser su último recurso, Comet sabía que sólo podía hacer una cosa. Era una idea que quería evitar a toda costa, pero ya no le quedaba nada más que intentar. Así que se dirigió al espejo mágico de su habitación y dijo:

-Llama a Papá.

-Llamando a Papá.

Al cabo de un momento, el rey apareció en el espejo.

-¿Comet?

-Hola, Papá. -saludó Comet con una sonrisa.

-¿Qué has hecho?

-¡¿Qué?! ¡Oh, por favor! ¡¿Es que tiene que pasar algo para...?! -Comet suspiró en vez de terminar su frase con indignación fingida- Vale, Marci está encerrada con mi varita y Glossaryck quiere que profundice para sacarlas.

-¡¿Te ha... pedido que profundices?! -preguntó Sun totalmente sorprendido- Pero si yo no aprendí eso hasta los 19.

-Vaya... vaya... Entonces, ¡voy adelantado! -dijo Comet con una sensación de superioridad.

-Sí, eso parece.

-Bueno, la cosa es que Glossaryck no me ha dado instrucciones. Así que...

-Ja, ¿de qué me sonará eso? -preguntó con ironía- No es nada fácil. Para profundizar, tienes que usar todo lo que tienes.

-¿Todo? -preguntó Comet antes de mirar hacia los pisos superiores de su torre- Aah.

-Comet, ¿seguro que has entendido lo que...?

-Sí, claro. Adiós, Papá.

Tras colgar, Comet fue hacia arriba para poder bajar una gran catapulta al piso de abajo y luego empezó a cargar, literalmente, todas sus cosas en ella. Mientras tanto, Marcia casi había terminado de clasificar los trastos del armario en secretos y no secretos.

-Bueno, creo que ya está todo. Marcia Díaz, estás avanzando.

-¿Lo quieres todo, armario? Pues ahí va todo.

Comet cortó la cuerda de la catapulta y todos los objetos colisionaron con la puerta del armario, provocando una sacudida en el interior que derrumbó los montones que había hecho Marcia. Pero la puerta no había recibido el menor daño. Totalmente invadido por un sentimiento de derrota, Comet se tumbó junto a la puerta y empezó a hablar:

-Bueno, Marci, parece que soy un cucharón. No puedo llegar al fondo del guiso. ¿Cómo te va por ahí dentro?

-No muy bien. De hecho, tú, Comet, te has cargado todos mis esfuerzos.

-Quizás no sea para tanto. Puedo pasarte comida por debajo, traerte los deberes... Tu vida no tiene por qué ser mala.

-¡Comet, no pienso quedarme a vivir en tu armario!

Tras esa respuesta, el libro de hechizos empezó a brillar y se abrió sólo, dejando a Glossaryck y a la varita al descubierto. Marcia cogió enfadada a su única compañía para decirle:

-¡Basta de acertijos, dime lo que tengo que encontrar! -y justo después de eso, el cristal de la frente de Glossaryck se iluminó con fuerza- ¡Ah, mis ojos!

Al retroceder, Marcia se chocó contra una pared. El golpe hizo que algo cayese de un estante. Marcia enfocó la luz del cristal de Glossaryck y vio un libro en el suelo.

-¡Ajá, así que buscaba esto!

-Bingo.

-¡Comet, lo he encontrado! Es un libro.

-Estupendo, leer mantendrá tu mente activa.

Marcia se sentó en el suelo y usó la luz del cristal de Glossaryck como linterna.

-Está escrito en mewniano. Ah, esta página no. "Capítulo 1: Papá es un plasta".

-¿"Papá es un plasta"? -Comet se incorporó y recordó con miedo dónde había escrito eso- ¡Marci, no! ¡No, no, no, no, no, no, no, no, no, no!

-Dame un minuto, Comet.

-¡Marci, eso no es lo que buscas! ¡No lo leas!

-Esto no me dice nada, mejor me lo salto.

-¡Marci, deja eso!

-"... como cuando cumplí 10 años y puse toxirranas en las camas de los sirvientes." -al terminar de leer esa frase, la luz se apagó- ¡Eh!

-Uy, se me han acabado las pilas. Profundiza.

Glossaryck volvió a su libro y lo cerró. Como estaba muy oscuro como para leer, Marcia se arrimó a la puerta para aprovechar la luz que se colaba por las rejillas.

-¡Marci, que no es eso! ¡No es eso! -gritaba Comet desesperado.

-"Capítulo 11:"... ¿"Marci"?

-Profundiza.

A diferencia de los gritos de antes, Comet había dicho eso muy calmado. Sus ojos y las marcas de sus mejillas empezaron a brillar y él mismo comenzó a levitar. A los pocos segundos, una llave hecha de luz apareció en la cerradura del armario y se giró. La puerta se abrió, y Marcia cayó al suelo. Luego Comet descendió y el brillo de sus ojos y sus mejillas desapareció. Tras un momento en silencio con cara de incredulidad, saltó y exclamó:

-¡Lo he logrado! ¡Sí, sí! ¡No soy un cucharón, Marci! ¡He profundizado! -cuando terminó de celebrarlo, le cogió el libro de las manos y lo dejó caer sobre su cara.

-¡Ay!

-Perdona, ¡pero no vuelvas a leerlo!

El libro de hechizos empezó a rodar él solo por el suelo, sorprendiendo a los dos. Cuando salió del armario, se abrió por la página en la que se encontraban Glossaryck y la varita.

-Bueno... -dijo ella- está rota, pero pruébala.

Glossaryck le pasó la varita a Comet y, cuando él la cogió, surgió un estallido mágico que dejó la habitación llena de una especie de baba verde con brillos y creó una versión más pequeña del mismo color de la torre en la que estaban todos. Tanto Comet como Marcia se habían quedado sin palabras. Pasó un momento en el que nadie dijo nada hasta que Comet rompió ese silencio:

-Eeeeh...

-Voy a quitarme este pringue y a ponerme ropa de verdad.

-Eeeeh...

Glossaryck escupió un polvo, también del mismo color que la baba, antes de decir:

-¡Me pido la torre nueva!