Disclaimer: KKM no es mío y blablah... listo, ya pueden empezar a leer. El único personaje que sí es mío es Camilla que se las regalo si quieren, porque me cae mal. :D


A/N:Gracias por los reviews y disculpen por la falta de actualizaciones seguidas. Estoy tratando de mejorar eso...


Capítulo Vigésimo primero


Conrad entró en la habitación luego de varios minutos de duda ante la puerta. No era su culpa, pero el hecho de que la promesa se había roto sin poder él hacer nada lo perturbaba considerablemente.

La noche anterior lo había visto sólo por unos minutos, cuando Gisela hacía los primeros exámenes a su hermano pequeño. Le hubiera gustado quedarse más tiempo, pero temía que despertara mientras él estaba ahí. ¿Cómo lo iba a enfrentar? Había tenido tiempo de retarlo a Yuuri, pero él mismo era aún mas cobarde que el joven Maou. De hecho, se había pasado la noche vagando por los pasillos y jardines, sin poder ni querer dormir.

En sus manos sostenía una bandeja con un desayuno recién preparado por él. Habían llegado a sus oídos rumores de que el joven ya estaba despierto y quién mejor que él para saber que era lo que le gustaría comer a Wolfram en su vuelta al castillo.

Al adentrarse en el cuarto, lo primero que notó fue la silla vacía al lado de la cama. Extrañado, miró a ambos lados buscando a su hermano mayor, pero éste, simplemente estaba ausente. Era raro que no estuviera, pero de nuevo, Gwendal era una persona muy ocupada y no podía dejar sus tareas así como así.

Con pasos vacilantes, Conrad se acercó a la cama y vio que su hermano pequeño dormía todavía. Parecía que no se podía confiar en los rumores de los sirvientes después de todo. Con cuidado colocó la bandeja sobre la mesa de noche y con más cuidado todavía, se sentó al borde de la cama, tratando de ocasionar el menor movimiento posible. Le daba pena tener que despertarlo, pero en ese momento el jovencito no podía darse el lujo de saltearse una comida, y menos por dormir.

Parecía tan tranquilo... Hacía tanto tiempo que no lo veía dormir. Hacía tanto tiempo... que no lo veía en absoluto. Conrad se sintió culpable, de repente, por la felicidad que experimentaba al verlo otra vez, aún sabiendo que el regreso de su hermano no había sido ni voluntario ni placentero.

Con suavidad tocó su brazo. Por supuesto que hubiera deseado despertarlo acariciando sus cabellos o con un abrazo como cuando era niño, pero no lo creyó conveniente. El joven príncipe se hubiera enojado hasta por un simple roce, despues de todo era posible que para él, solo siguiera siendo un 'sucio medio-humano'.

Wolfram entreabrió los ojos, todavía soñoliento, pero no pasó mucho tiempo hasta que estuvieran abiertos de par en par en profunda sorpresa. Parecía que no esperaba visitas, y mucho menos la de su hermano mayor. Unos segundo permaneció así, observándolo, y al siguiente ya era de nuevo el Wolfram de siempre. A pesar de eso, a Conrad le pareció vistumbrar un ensayo de sonrisa en sus labios, que desapareció al mismo instante que fue notado por su ejecutor.

"Weller..." susurró Wolfram frunciendo el ceño. ¿Estaba enojado? Al hombre le costaba creer que no fuera así, ya que lo que había hecho estaba muy fuera del estrecho rango de perdón de su hermano. Bajando la mirada, se aclaró la garganta nerviosamente y se apuró a decir "Si es por lo de la promesa... puedes elegir el castigo que creas conveniente... se que nada va a enmendar mi error, pero quiero---"

"¿Conrad? No... no, espera" lo interrumpió Wolfram. Apenas se dejaba notar, pero había un ligero temblor en su voz y por mas que lo tratase de ocultar, estaba algo conmovido por la situación. Nisiquiera se acordaba de tal promesa, pero que su hermano la tuviera tan presente... Era algo importante... Él... Para Conrad...

La angustia del hombre se notaba en cada uno de los centímetros de su cara, tanto que Wolfram tuvo que mirar hacia otro lado. Odiaba verlo así, porque ayudarlo a levantar el ánimo no era algo que él pudiera hacer. Nunca había hecho nada por él desde que era niño, por mas que el hombre lo viviera atendiendo y cuidando. No le podía devolver el favor porque tenía algo de humano que detestaba, y porque simplemente Conrad no necesitaba de su ayuda. Más por la segunda, la primera sólo era una excusa tonta.

Sus labios apenas formaron una leve sonrisa. "No te iba a hablar de eso" riendo despacio, agregó "Nisiquiera pensé que fueras a tomar enserio mi petición, ya que significaba prohibirle algo a tu consentido Maou"

Conrad sonrió divertido ante la acidez de esas últimas palabras, replicando con suavidad "Mi consentido hermano menor siempre estuvo primero en mi lista de prioridades" y ante el rostro atónito y algo sonrojado de Wolfram, agregó "Te traje algo de comer". La comida era algo de ínfima importancia comparado con el momento del reencuentro, pero Conrad notó la incomodidad de su hermano ante ese tipo de situación y decidió desviar el tema. Por el momento, era suficiente con eso para recordarle lo mucho que le importaba.

El desayuno se veía realmente apetitoso. De repente los ojos de Wolfram se posaron en un objeto en especial que se encontraba en la bandeja. Esa taza celeste... El joven sonrió y la tomó entre sus manos. Era la misma que usaba cuando era pequeño cada vez que Conrad le preparaba café, uno que sólo él sabía preparar. En realidad el hombre no tenía ningúna receta en especial, pero era el único que parecía entender el gusto enredado del pequeño príncipe.

Apoyó sus labios en el borde y bebió un sorbo. Era el mismo sabor... pero estaba frío. Al ver la cara de disgusto del joven, Conrad preguntó "¿Qué pasa?. ¿Está amargo?. ¿o demasiado dulce...?"

"Frío"

Levantándose de su asiento, dijo sonriendo "Voy a prepararte otro, enseguida vuelvo. ¿Vas a estar bien?" Al ver asentir a su hermano comenzó a alejarse de la cama, mas se detuvo al oir que el jovencito lo llamaba. Al voltearse vio que éste sostenía la taza con el brazo extendido hacia él. "Aquí... ¿Puede ser?"

Conrad tomó el objeto entre sus manos, algo extrañado. No estaba acostumbrado a que Wolfram pidiera las cosas de buena manera. Solía ser demandante y algo cruel... sin embargo, ahora lo notaba bastante cambiado... Su carácter se había pulido y su odio parecía haber desaparecido casi por completo. Esto ponía contento al hombre, pero de alguna manera, se preguntaba si en algún momento iba a extrañar al Wolfram egoísta y de mal genio.

Al llegar a la puerta girar el picaporte observó que algo lo estaba sosteniendo al otro lado. Extrañado, abrió y no pudo ocultar su sorpresa al descubrir el rostro sonrojado de la figurita que había permanecido parada allí quien sabe por cuanto tiempo.

"¿Heika?"