Ya casi estaba amaneciendo cuando Severus se rindió de cansancio. Se había pasado la noche entera elaborando pociones, incapaz de dormir, y se tenía que levantar pronto dentro de nada, pero sabía que un poco de descanso podía ayudar para un día largo. Arrastrándose hacia su dormitorio, se desvistió haciendo un gesto con la mano y cayó rendido en la cama.
Hermione se despertó confusa. Parecía como si hubiera estado durmiendo durante años, y aún así un manto de cansancio la arrastró otra vez a estirarse en el sofá. Se acordó del sueño de la noche anterior con un gruñido. De vuelta a la realidad, donde la verdad era dura, fría y dolorosa.
Necesitaba ir al lavabo, pero estaba segura de que el único que había en sus habitaciones estaba en el dormitorio de él. ¿Me atrevo? Era como si él no estuviera ahí y todo estuviera hechizado en contra de ella, pero ella tarde o temprano tendría que intentar entrar. Poniéndose de pie, se movió hasta quedarse enfrente de la puerta. ¿Qué pasa si él está ahí dentro? No quería pasar por en medio del dormitorio del Maestro de Pociones. Ella ya sabía que dormía desnudo. Pero aún así, parecía que era demasiado tarde como para que él aún estuviera durmiendo. Pero ella no sabía hasta cuando dormía él.
¿Debería llamar a la puerta? Se preguntó. Si él estaba ahí, seguramente sí debería hacerlo. Pero entonces, en este momento no tenían una relación muy educada. Por supuesto que ella tampoco es que quisiera provocar el temperamento de él. Pero es que ella realmente necesitada usar el baño.
Decidió que intentaría abrir la puerta y que sólo llamaría si estuviera hechizada contra ella. Después de todo, si Severus Snape no quería que ella se fuera a ninguna parte, la tendría hechizada.
La puerta se abrió y ella sintió una oleada de miedo como un niño cuando no quiere que lo pillen en medio de una travesura. Sólo unos cuantos pasos más y se podría meter dentro. Pero entonces lo oyó: una respiración profunda. Él está ahí. Al menos sonaba como si él estuviera dormido, en vez de…bueno…como la otra vez…
Pero ella no podía aguantarse. Caminando de puntillas por su habitación, estaba asustada incluso de mirarle, pasó sin respirar hasta que estuvo segura dentro del baño cerrando la puerta detrás de ella.
Después de soltarlo todo, Hermione empezó a sentirse un poco intrépida. ¿Severus Snape quería a una chica Gryffindor en sus habitaciones? Bueno, pues tendría que demostrarle a él lo muy equivocado que estaba sobre ello. Asegurándose de que la puerta del baño estaba cerrada, Hermione empezó a darse un baño en la lujosa bañera de él. Dejó que el agua caliente llenara la bañera antes de que se desnudara y se sumergiera dentro de ella. El agua sobresalía un poco, pero a ella le daba igual. De hecho, sus labios se curvaron en una maliciosa sonrisa.
El jabón de Snape no sería juficiente. Resultaba que el hombre sólo usaba una barra de jabón sin perfume para todo. Conjurando su pequeña mochila de cuentas, Hermione empezó a sacar los diferentes tipos de champús que tenía y los puso al lado de la bañera. Oh, sí. Esto iba a estar muy bien.
Cuando salió del baño, de todas formas, el profesor ya se había ido. Motivada por una inesperada inspiración, Hermione se metió en la cama de él, apoyando a propósito su húmedo pelo perfumado en sus almohadas y sábanas. Estaba segura de que la dulce y femenina fragancia volvería loco a su estirado profesor. No era algo que la magia no pudiera desahacer, pero era el principio de algo, y ella estaba convencida en hacer de su vida un infierno de todas las formas en las que pudiera.
El estómago de Hermione se quejó y ella se preguntó si los elfos domésticos le traerían comida aquí. Seguro que su profesor no esperaba que ella se muriera de hambre. ''¿Dobby?'' susurró tímidamente. El elfo apareció inmediatamente en los pies de la cama.
''¿Si Señorita Amiga de Harry Potter?''
''Dobby, me preguntaba si podías traerme algo para comer…'' dijo ella.
''Oh claro, Señorita Amiga de Harry Potter, Dobby puede traerle a la Señorita Amiga de Harry Potter lo que ella quiera comer,'' respondió el elfo. Hermione podía sentir como una sonrisa malvada aparecía en su cara.
Hermione no se molestó en ser cuidadosa con las migas en la cama del profesor. Ni se preocupó de dejar los platos de comida que no se había acabado por toda la habitación de él y al lado de sus almohadas. Estirándose, admiró su trabajo y se permitió a sí misma recostarse entre las suaves sábanas.
Severus volvió mucho más temprano de lo usual. Se convenció a sí mismo de que no era porque quería comprobar cómo estaba Granger. De todas formas, cuando un rápido vistazo por su sala de estar reveló que ella no estaba allí, sintió una oleada de preocupación al pensar que de alguna manera, se había escapado. Al entrar a su habitación, se sintió aliviado de notar que ese no era el caso. No, la cabezona muchacha estaba espachurrada a lo largo de su cama, acurrucada en sus sábanas, y claramente había dado lo mejor de sí para ensuciar su habitación. ¿Era esa su forma de rebelarse contra él? Ni siquiera le importaba. El hecho era que, ella estaba en su cama. Su pelo estaba húmedo del baño que se había dado cuando él se había despertado antes, y sus dulces labios estaban entreabiertos.
Dos pueden jugar a un juego, Señorita Granger, pensó. Además, podía permitirse una pequeña siesta. Tan silenciosamente como podía, Severus Snape limpió la suciedad con un movimiento de su varita y se metió en la cama con Hermione.
Hermione se despertó ante la sensación de un brazo rodeándole la cintura. Casi chilló de miedo antes de darse cuenta de que su profesor estaba dormido a su lado. ¿Cuándo ha vuelto? Aparentemente Snape había vuelto y había decidido echarse una siesta con ella aún en su cama. No estaba segura si estaba actuando para su propio beneficio o si estaba manipulando la situación para darle una lección a ella. Sea cual fuera la intención, él estaba respirando profundamente en la oreja de ella y sujetando su cuerpo fuertemente contra él.
Estoy acurrucándome con el Profesor Snape, no pudo evitar pensar. ¿¡Qué haces estúpida?! ¡Él es el enemigo! Ante ese pensamiento, Hermione trató de alejarse, pero él sólo gruñó profundamente, de un modo que hizo sonrojar a Hermione, y la empujó más fuerte contra él. ¡¿Qué es eso?! Hermione de repente se dio cuenta de que Snape tenía una erección y estaba presionándose contra el culo de ella. Su cara estaba ardiendo, pero no sabía si de vergüenza o de excitación. Se odiaba a sí misma por sentirse atraída por este hombre. ¿A caso no había demostrado ayer que realmente era el horrible bastardo que ella nunca había pensado que era?
Hermione trató una vez más de quitar el brazo que tenía él alrededor de ella, pero él sólo gimió contra su oreja, se presionó más fuerte contra su espalda, y metió su nariz entre su pelo, obviamente disfrutando de la fragancia. Esa no era la intención. Cada uno de sus malvados planes habían fallado. Llegados a ese punto, Hermione estaba demasiado avergonzada de tener que despertarlo y que se diera cuenta de que ella supiera que él se había acurrucado con ella. Quizás podía pretender estar dormida y esperar a que él se despertara por sí sólo.
Hermione se despertó unos momentos después, sorprendida de que se hubiera quedado dormida. El agarre de Snape se había relajado y ella intentó escurrirse mientras tenía oportunidad. Desafortunadamente, eso fue suficiente como para despertar al dormido hombre, quién, en su estado medio dormido, acercó a la chica a él otra vez, moviendo sus manos perezosamente para masajear sus pechos mientras bostezaba en su oreja. De repente, él se quedó parado, y ella supo que finalmente había recordado dónde se encontraba. Apartándose de golpe de ella, el profesor estuvo fuera de la cama y de camino al baño antes de que Hermione tuviera oportunidad de darse la vuelta.
El Maestro de Pociones no volvió a sus habitaciones hasta bien entrada la noche. De mientras, Hermione había puesto a prueba los límites de su prisión. Al principio había estado sorprendida de que pudiera acceder al laboratorio de él. Severus Snape era un hombre muy meticuloso. Se sorprendió al saber que él había cometido un fallo tan grande como ese. Si no lo hubiera sabido antes, se podía haber imaginado que él lo había dejado accesible para ella a propósito. Como si él hubiera querido que ella elaborara la poción de Lupin.
Una vez más, se acordó de ese día meses atrás cuando su profesor le había dicho que un día él sería incapaz de elaborar la Poción Matalobos y que ella necesitaría hacerla ella sola. No te engañes, Hermione. Él sólo estaba interpretando un papel. Pero cabezona como era ella, no podía suprimir esa pequeña bola de esperanza que había en los más profundo de su ser y que quería pensar que quizás él había sido inocente ante los crímenes que se le atribuían.
Oh no, se acordó de repente, ¡no hay sangre de lobo! Ese era un ingrediente crucial. ¡No sería capaz de hacer la poción sin ese ingrediente! Durante la próxima hora y media, Hermione estuvo buscando por todo el armario de provisiones, pero no hubo suerte. ¡Mierda!
No fue hasta unas horas después, paseándose de un lado a otro de la sala de estar de él en busca de ideas, que Hermione finalmente tuvo una. ¡La red flu! Si era capaz de utilizar la red flu, entonces sería capaz de ir hasta Hogsmeade y usar allí su posición como la ''ayudante'' de Snape para comprar el ingrediente necesario. Casi no podía aguantar la alegría que sentía y cogió su pequeña mochila y se dirigió a la chimenea. Había polvo de flu en la repisa. Cómo no habré pensado en esto antes. Trató de recordar si había una chimenea en el apotecario pero decidió que era mejor intentarlo.
Un momento después estaba en el suelo de la tienda del apotecario con una ráfaga de adrenalina recorriéndo sus venas ante el pensamiento de que podía desvanecerse de alegría. De repente, el dueño estaba ayudándola a levantarse. Lo llevó un momento reconocerla, pero cuando lo hizo, estaba muy contento de su visita. Ella se acordó de la última vez que había estado en esta tienda con un poco de melancolía. Esos días había sido mucho más simples.
Hermione recogió un puñado de ingredientes para pociones que pensó que podrían ser útiles, incluyendo un buen número de esos que les había enviado a Harry y a Ron, y le dijo al hombre que lo pusiera a nombre de la cuenta de Hogwarts. Se encontró a sí misma aguantando la respiración hasta que él asintió de acuerdo y la despidió. Entrando en la red flu, nombró su destino. Y no se movió. ¡Oh no! Por supuesto que no estaba abierto, ¡para que nadie pudiera trasladarse directamente en los cuartos privados del Director! ¡Mierda! Intentó un par de vecer diferentes destinos de Hogwarts antes de rendirse. Oh bueno. Supongo que me he escapado de mi prisión. Hermione no pudo evitar reírse ante ello antes de dirigirse a Honeyduke para usar el pasaje secreto que la llevaba de vuelta al castillo.
Era tarde cuando Severus finalmente entró en sus habitaciones. La chica no estaba en la sala de estar y él se horrorizó ante la idea de que ella se hubiera apoderado de su dormitorio, pero tenía que ponerla en su sitio tarde o temprano. Ella no podía seguir pensando que llevaba las riendas de la situación. ¡Ella era su prisionera por el amor de Merlín!
Pero tampoco estaba en su dormitorio. Un rápido vistazo en el laboratorio le reveló que no estaba elaborando pociones ni en el armario de provisiones. Se había ido. Mierda. Volvió a la sala de estar.
''¿Dónde se ha ido?'' le demandó a Phineas. El viejo retrato miró a Severus desde arriba desdeñosamente.
''Estás perdiendo la delicadeza, Severus. Normalmente eres muy meticuloso.''
''¡Sólo dime dónde se ha ido!''
''Se ha ido al apotecario a través de la red flu, que lo sepas. Sólo que, me imagino que ella esperaba que pudiera volver de la misma manera…''
''¿Hace cuánto de esto?''
''Oh…horas…'' respondió Phineas. Severus gruñó de frustración. La iba a encontrar. Oh, sí. Y cuando lo hiciera, ella pagaría por esto.
