...
XX
GINNY
¿Ya les había contado que cada vez que ocurren hitos inexplicables en mi vida, las respuestas parecen no querer aparecer?
Así fue después de tremendo encuentro que tuvimos con Harry contra la pared de mi casa y donde casi termino en su cama.
Temblaba de solo pensarlo. Ese Domingo que era su cumpleaños desapareció muy temprano. Si bien no me gustaba escuchar conversaciones detrás de las puertas creía estar casi segura que sus padres lo habían invitado a almorzar.
No lo vi en todo el día y un pesado vacío se apoderó de mi cuerpo. Era una idiota, me estaba ilusionando como una adolescente. Sí, me gustaba Harry, me gustaba mi mejor amigo y no era para menos. El tiempo había comenzado a transcurrir y pronto se cumplirían tres meses de convivencia. Michael había quedado en el pasado, olvidado y enterrado, dejando en mí una sensación de asco y de derrota por haber desperdiciado tantos años de mi vida con un idiota como él.
Las llamadas de Luna no se hicieron esperar. Todo el día insistió hasta tal punto que terminó por enviarme mensajes de voz con los insultos más intensos y creativos que se le ocurrieron. No se iba a quedar tranquila hasta no contarle lo que había ocurrido en la cocina de su casa. Solo esperaba que supiera mantener su boca cerrada y no le hubiese dicho nada a Neville.
Pero yo no quería hablar con nadie. Mi cabeza era un nido de aves rapiña. Mis sentimientos estaban histéricos, mi corazón no dejaba de latir, mi vanidad se vio sobrepasada cuando descubrí que me había mirado en el espejo más de treinta veces solo para saber si estaba presentable para él.
¡Me estaba volviendo el tipo de mujer que siempre odié!
Decidí salir y pasar el resto de mi domingo en las ferias dominicales. Fui hasta Nothing Hill y me quedé dando vueltas hasta entada la tarde. Cuando regresé al departamento Harry no había regresado, pero sí había una nota pegada al refrigerador con un magneto: "Llegaré tarde, noche de bar".
Suspiré, arrugué el papel y lo arrojé a la basura. ¿En qué estaba pensando?, ¿qué hablaríamos de lo ocurrido?, ¿qué me dejaría una nota diciéndome que me extrañaba? Harry no era así, él no sentía nada por nadie, no se amarraba y mucho menos discutiría un asunto que no le interesaba o que fácilmente ya había olvidado. No lo había hecho con el beso robado en la sala y menos lo haría con un encuentro casi sexual.
Decidí acostarme temprano. El lunes era día de trabajo y tenía que estar muy despierta para continuar con el vestido de mi cuñada.
Eso no significaba que no me hubiera ido a dormir completamente frustrada.
…
Pero la vida seguía y una nueva semana había comenzado, tenía que enfocarme en el vestido de Hermione, aunque las llamadas de Luna me estuvieran volviendo loca y me distrajeran de las cosas importantes.
Decidí apagar el celular por esa mañana.
Romilda había vuelto a sus labores habituales en el taller. Teníamos una gran carta de pedidos y clientas exclusivas que habían comenzado a cotizar para hacerse un vestido y no pensaba desperdiciarlas, era la mejor solución para no pensar en él.
A pesar de que le había dado una semana libre, Romilda aún parecía lejana y abatida. Cada vez que le hablaba algo me respondía con otra cosa. El brillo que la solía destacar había desaparecido y no sabía por qué.
Mientras trabajaba en la máquina de coser con algunas telas del vestido de Hermione, me animé a preguntarle intentando sonar sutil.
—¿Estás bien? —indagué—. Hace varios días que te noto distraída, ¿no te sirvió la semana libre?
Ella suspiró profundamente mientras terminaba de hacer la costura de una falda.
—Disculpa…—me miró y sonrió con desgana.
Dejé de hacer lo que estaba haciendo. Definitivamente esa actitud no era normal. Si bien no éramos íntimas amigas la consideraba una persona cercana, y por el solo hecho de ser mi asistente me debía una explicación. No podía tener alguien a cargo si no me podía entregar resultados.
—Anda, suelta, ¿qué ocurre? —la insté, ella dejó la falda a algún lado y comenzó a parpadear con rapidez mirando hacia otro lado. Solo ahí comprendí que la cosa era grave, porque intentaba no llorar— Romilda…
—Me siento tan… idiota, estúpida…usada —se quejó dejando que las lágrimas fluyeran, el peso que había sentido durante la mañana creció un poco, mis sospechas de que Harry estaba involucrado en su actitud no se me había quitado de la cabeza.
—Puedes contarme —dije sentándome a su lado, le pasé la mano por la espalda como un burdo intento de consolarla, pero la verdad era que estaba siendo bastante torpe. Ella hipó y se secó la nariz con la manga de su blusa.
—Por favor…—suspiró—. No pienses mal de mí, yo no soy así… soy una buena persona, una buena hija…—cerró los ojos con fuerza y lloró con ganas, mi incertidumbre cada vez se intensificaba más.
—Por Dios Romilda, ni que hubieras asesinado a alguien, ¿qué ocurre? —sabía muy dentro de mí que no quería saber la respuesta porque la presentía, solo que mi cerebro no le había dado ni forma ni un nombre.
Se secó la cara con las manos, respiró profundamente y botó el aire agachando la cabeza para no mirarme.
—Me…—tembló—. Me acosté con Harry.
¡Bum!
Mi cerebro y todo mi cuerpo hicieron implosión con aquella confesión. Me sentí… no sabía cómo me sentía. Pero algo dentro de mí se quebró dolorosamente.
Era de esperarse. Ambos estaban saliendo y tarde o temprano terminarían encamándose. Tal vez muy dentro de mí esperaba lo mismo que algunas ilusas como Romilda esperaban, que Harry fuera sensato, que usara su corazón y no su verga.
Pero sabía que era imposible, y lo sabía por el solo hecho de ver a Romilda llorando por alguien que probablemente no la había vuelto a llamar después de entregarse con tanta ilusión. Culpaba a los libros de "Cincuenta Sombras de Grey"* por hacerle creer eso a las mujeres: que podrían cambiar a un hombre por amor.
Harry no se comprometía, jamás lo haría y eso significaba acostarse con todas las mujeres que se le cruzaran sin prometer nada a cambio, solo su propia satisfacción. Él nunca iba a enamorarse.
Dentro de mí algo se hizo pedazos poco a poco, me estaba auto convenciendo de algo que ni siquiera le había dicho a Romilda, porque tenía que decirle la verdad. Debía decirle que conocía a Harry y que él no haría nada por volver a verla. Pero sabía que dijera lo dijera, también sería una forma de consolarme.
—¿Cuándo sucedió?—le pregunté en un susurro. No me había dado cuenta que mi boca se había secado.
Se sorbió la nariz.
—Después de la primera noche que salimos juntos, al otro día me llamó —suspiró—. Me propuso juntarnos. Si me invitaba por segunda vez supuse que era porque íbamos por buen camino. Nos juntamos muy tarde, compró unas cervezas en un supermercado, ya había bebido… las tomamos en su auto y luego nos fuimos a un hotel —se abrazó—. No lo sé Ginny, parecía enojado con algo, siento que se desquitó conmigo.
Sentía ganas de enterrar las uñas en mis manos. El imbécil me había besado el día antes de haberse acostado con ella. Apreté los labios contra los dientes en una línea que me hizo doler. Filtré lo que mi corazón sentía y seguí el hilo de la conversación algo sorprendida por lo que me había dicho.
—¿Te violentó? —pregunté temerosa, la historia no tenía sentido, Harry era un idiota, pero violento, jamás.
—No, no…—susurró agitando la cabeza—. De hecho estaba algo más pasional. Las cosas fueron bajo mi consentimiento, jamás me forzó ni obligó a nada.
—¿Entonces… qué fue lo que ocurrió?, ¿qué te hizo?
Apretó su agarre contra su cuerpo y gimió adolorida.
—Me abandonó —lloró—. Yo…amanecí sola en la habitación del hotel que él dejó pagada. Intenté comunicarme pero nunca más me respondió, ni siquiera sé dónde vive —gimió—… Había tenido experiencias antes con un novio, pero con Harry que es más adulto creí que las cosas irían por un camino más formal, ¿cómo pude ser tan idiota?, lo llevaba conociendo unas semanas. ¿Es muy iluso pensar que alguien quiera acostarse contigo para formalizar? ¿Soy tan inocente Ginny?
Le acaricié el cabello.
—No, no eres inocente —dije acongojada. Aunque por dentro solo quería agarrarlo a golpes—. Cuando llegas a cierto punto en tu vida comienzas a mirar hacia delante y ya no quieres un novio, quieres algo más —le dije intentando apaciguarla—. Las mujeres pensamos en un futuro, y para muchas… —pausé, lamentablemente tenía que sincerarme conmigo misma también—… Muchas creemos que tener sexo con alguien se transforma en hacer el amor cuando finalmente crees que te estás entregando a alguien que siente lo mismo por ti. Ya no es solo placer, es entrega, es confianza, es dar todo de ti, estás absolutamente vulnerable, ya no hay nada más que te puedan quitar porque has dado todo, y se lo has dado a quién creías que sentía lo mismo por ti. Eso es muy noble. ¿Inocente? No. ¿Precipitado?, tal vez. Creo que debiste haberle dado más oportunidades para conocerlo antes de haber aceptado entregarte tan rápido.
Se pasó sus manos por la cara y luego por el pelo. Tenía su nariz roja.
—No debí haber confiado…—me miró e hizo una mueca amarga—. Creo que en un principio la atracción era porque lo encontraba atractivo, muy guapo para que se fijase en mí. Creía que era una mujer con suerte. No entiendo por qué lo creí, un hombre como él jamás se fijaría en mí como yo lo deseo.
Me mordí el labio y la abracé por la cintura apoyando mi cabeza en su hombro. No sabía qué pensar, qué creer. La sensación de imaginarme a Harry con Romilda en la cama me daba nauseas, aunque desde que lo conocía siempre estaba con una mujer distinta cada día. Creía que tal vez mi disconformidad se debía a que ahora conocía a una de sus víctimas y además me había encariñado con ella. Estaba viendo su sufrimiento en primer plano.
Suspiré profundamente. Tenía que decirle la verdad.
—Escucha, yo… tengo algo que decirte —susurré. Me erguí y la obligué a mirarme de frente. Cerré los ojos con fuerza—. No te culparé si luego de lo que te diga quieras marcharte del taller. Si no te lo conté antes no era por querer ocultarte información, simplemente quedé tan impresionada en ese momento que no supe cómo reaccionar.
Parpadeó con rapidez.
—No entiendo… —hipó sorbiéndose la nariz.
Me coloqué un mechón tras la oreja.
—Yo… —inflé mi boca y solté el aire—. Yo conozco a Harry desde hace tiempo —solté.
La miré directo a los ojos para no esconderle nada, ella abrió los suyos impresionada.
—¿Cómo?... —murmuró. Desvió la mirada al frente con sorpresa y luego de un silencio me volvió a mirar— ¿También se acostó contigo?
Sabía que me había sonrojado y que mi cuerpo había entrado en calor. Era inevitable si la noche anterior habíamos estado a punto de hacerlo.
—No… no… —agité mi cabeza para quitar el rubor de mis mejillas—. Lo conozco Romilda, somos…—carraspeé—. Es mi mejor amigo.
Comenzó a respirar con rapidez y se puso de pie lanzando al suelo la falda que había estado zurciendo.
—¿Cómo dices? —Preguntó alterada. Apreté los labios. Ya lo veía venir, arrancaría del taller. Y si lo hacía, no iba a impedírselo.
—Eso, somos amigos —le conté con suavidad. La vi pasearse como gato enjaulado. Dejé que procesara la información. Cuando su respiración comenzó a apaciguarse, continué—: El día que vino a buscarte quedé algo impresionada, pero no tuve tiempo de decir nada. Confiaba en que él te daría una buena impresión después de descubrir que yo te conocía. Jamás pensé que sería tan ruin…
Romilda se giró con fuerza hacia mí. Sus ojos estaban hinchados. Podía ver su orgullo destrozado a millas. Entendí que de las pocas palabras que había dicho, no solo le había revelado que sabía cómo era él, sino, que me esperaba aquel resultado.
—¿Tú… sabías que él se iba a acostar conmigo solo por placer?, ¿sabías que me iba a usar? —se quejó llorando. Agité la cabeza y me puse de pie.
—No… no —intenté calmarla—. Le dije mil veces que no jugara contigo, que no te lo merecías, pero él insistía en que seguiría contigo. Supuse que estaba comenzando a sentir algo por ti, pero jamás creí que llegaría a hacerte lo que le hizo a las otras mujeres.
—¿Otras mujeres…?—las lágrimas salieron a litros de sus ojos—. ¿Con cuántas más se ha acostado? ¿Yo fui una más de su lista? ¿Eso me estás queriendo decir?
Me pasé las manos por la cara. No sabía qué decirle. Yo debí haberle advertido sobre Harry, le debí haber dicho cuando tuve la oportunidad, pero algo dentro de mí quería verlo cambiar. Si Romilda despertaba algo en él significaba que aún tenía algo de humanidad en su corazón… que podía sentir algo por una mujer que no fuera solo el deseo por una noche.
¡Era una idiota egoísta! Había usado a Romilda como carnada para probar una teoría y la pobre había salido absolutamente destrozada en el intento.
¿En qué me estaba convirtiendo?
—Romilda, escucha…—me acerqué y la tomé por las manos. Tenía que saber la verdad pero tampoco podía perderla. No podía dejar que saliera tan lastimada por algo que yo podría haber evitado desde el principio.
—¿Por qué me hiciste esto?, ¿qué te hice? —jadeó. No me había dado cuenta de que también había empezado a llorar.
—¡Nada! No me has hecho nada —le sequé las lágrimas y traté de forzarla a que me mirara—. El día que te vi con Harry no supe qué decir. Después los vi besándose en el bar y creí que iban por buen camino y…
—¿Nos viste besándonos? —se soltó de mis manos asustada—. ¿Nos seguiste?
Diablos…
—¿Qué? No… no, yo tenía una cita y…
—¡Eres una mentirosa! —exclamó llorando. Se hizo un lado para tomar su bolso y se alejó hasta la puerta—. Debí haberlo sabido… ¿le buscas parejas, cierto? ¿Cómo te paga por cada chica que le encuentras? ¿Con sexo?
Cerró la puerta antes de que pudiera decir nada. Me quedé de piedra. La mejor asistente que había tenido había salido de mi taller no solo destruida, sino que con la peor impresión que tenía de mí.
No podía culparla. Dentro de todo había sido la causante de su reacción. Era mi responsabilidad decirle la verdad sobre Harry y nunca se lo dije. Debí de haberle advertido el primer día y no lo había hecho.
Repentinamente sentí la acides invadir mi cuerpo. Había dañado a una persona noble, buena, honesta y amable por proteger a Harry, quién además ni siquiera se lo merecía.
—Imbécil, imbécil —me dije enojada. Me arrojé sobre la silla donde había estado Romilda y me llevé la cabeza a las manos. Al menos le había pagado por su ayuda con el vestido de Minerva, pero ahora que se venía la temporada alta no podía perderla. Tenía que traerla de regreso. ¡Necesitaba a Romilda en el taller!
Decidí cerrar temprano y salir a despejar mi cabeza, el vestido de Hermione podía esperar. Viéndolo en perspectiva, todo había sucedido por culpa de Harry. Harry y su maldito afán por utilizar a las mujeres, Harry y su errático comportamiento dominante, ese que me hacía creer que algo le sucedía conmigo cuando tal vez solo tenía ganas de quitarse los deseos sexuales con quien estaba más cerca.
Caminé rápidamente sin mirar ningún punto fijo. No sabía si habían pasado minutos u horas, los adoquines del camino se veían realmente interesantes mientras vivía perdida en mi mundo personal. Estaba tan inmersa en mis pensamientos que de repente choqué contra la espalda de alguien.
—¡Rayos! Lo siento mucho —me quejé sobándome la nariz.
—¿Ginny? —escuché una voz.
Levanté mis ojos y no pude creerlo. Sentí que me sonrojaba como una colegiala. Frente a mí Cedric Diggory me miraba desde lo alto luciendo un impecable traje gris y la camisa abierta.
—¿Es broma? —reí haciendo una mueca para enderezar mi nariz aplastada—.¿Qué haces aquí?
—Trabajo aquí —rió apuntando al edificio que estaba por encima de nuestras cabezas—. De hecho vengo saliendo de una reunión con tu hermano. Se fue hace quince minutos.
Asentí. Había olvidado que Bill seguía en Londres y yo no había podido hablar con él más de esa vez que nos juntamos con Ron en Billy's.
—Ah, entiendo —dije. Sus ojos me observaron detalladamente. Un grupo de chicos que lo rodeaban y vestían como él me miraron con curiosidad.
—¿Me disculpan? —les dijo y se acercó hasta mí apartándome a un lado—. ¿Te sientes bien? Te ves… indispuesta.
Agité la cabeza.
—Tuve un problema laboral — dije algo agitada. No me había dado cuenta de la rabia que tenía acumulada. Cedric frunció el ceño—. Disculpa, no quería sonar así… —suspiré—. Ha sido un día… extraño.
Frunció el ceño y de inmediato se miró el reloj de la muñeca.
—Mira, me encantaría quedarme a conversar —se acercó y apretó los dientes— prefiero eso a almorzar con estos pelmazos, pero… podríamos salir a cenar, ¿te parece?
Parpadeé confundida. Las palabras penetraron en mi cerebro e intentaron que negara su invitación, pero solo pude decir:
—¿Hoy?
Él se rió.
—No, hoy no puedo, pero ¿qué te parece…mmm… el miércoles?
Recién ahí me di cuenta de que había aceptado sin siquiera haberlo pensado lo suficiente. Pero luego me dije ¿Y qué? A fin de cuentas no estaba atada a nadie. Tenía suficientes pruebas de que Harry no quería nada serio. Tenía que meterme esa idea en la cabeza y que aquel beso en el pasillo solo había existido como una forma de desquitarse. Porque cuando no conseguía lo que quería, esa era su forma de cambiar el tema.
—Perfecto —dije sonriente. Cedric me devolvió la sonrisa mostrando una hilera de dientes perfectos.
—¿Quién diría que haber salido un poco antes a almorzar me habría dado la oportunidad de invitarte a ti a cenar? —me guiñó un ojo—. No soy creyente, pero si alguien ahí arriba movió los hilos para poder encontrarnos, se lo agradezco —me besó la mejilla y se alejó con un saludo de la mano—. ¡El miércoles!
Parpadeé para salir de mi estupefacción.
—¿Dónde, a qué hora? —fue lo único que pregunté.
—¡A las ocho! ¡Yo te busco! —dijo alejándose con sus compañeros de oficina.
Me quedé parada en la mitad de la vereda analizando lo que acababa de suceder. Había salido del taller para distraerme y pensar y resultaba que iba a terminar el día con una cita agendada para el miércoles con el arquitecto de mi hermano.
No podía volver a mi casa. Así que viendo las circunstancias no me quedaba otra que hablar con alguien. Me preparé mentalmente para lo que escucharía. Luna debía estar hecha una furia sin saber detalles de mi vida habiendo sido ella el testigo máximo de mis acciones. Pero necesitaba desahogarme. Ya no aguantaba.
—¡MALDITA IMBECIL! ¡LLEVO TRATANDO DE HABLAR CONTIGO DESDE AYER! ¿DÓNDE MIERDA ANDAS ESTÚPIDA? —Gritó a todo pulmón cuando me contestó al primer tono. Alejé el celular de mi oído y cerré un ojo.
—¿Hola? —saludé riendo—. ¿Por qué tan estresada?
—¿Estresada? ¡Si no fueras mi amiga te lincharía por ser tan hija de puta! —exclamó. Pude escuchar el ruido de personas tras de ella y un par de exclamaciones— ¡Ustedes cállense y sigan ordenando! —ordenó.
—¿Estás ocupada? —Pregunté inocentemente para picarla. Tuve que resguardarme bajo el toldo de una cafetería. Las nubes se estaban agolpando, en cualquier momento llovería aunque estuviésemos en pleno verano.
—Dame un segundo —contestó—.¡No se te ocurra cortar! —me exigió enojada. Escuché que le gritaba a algunas personas con la voz sumamente aguda y luego daba órdenes. Un par de ruidos intensos me obligó a alejar el auricular del oído. Luego vino el silencio— ¡Odio organizar estas ferias!
Fruncí el ceño.
—¿Qué feria? —quise saber, escuché que Luna se quejaba.
—¡La feria que organiza mi padre todos los años! Es el especial del Quisquilloso. Todas las revistas y periódicos dedicados a temas paranormales estarán aquí.
—Oh… cierto —dije rodando los ojos. Había olvidado por completo la feria del Quisquilloso, uno de los proyectos literarios del padre de Luna. Apreté los ojos rogando porque no me llegara una invitación, sino me vería obligada a ir y ya había tenido suficiente el año anterior con una loca que leía las cartas que me dijo que este año me comprometería. Bufé, como si algo de lo que había ocurrido en mi vida romántica actual tuviese sentido con aquel pronóstico.
—¿Vendrás verdad? Tengo cuatro invitaciones y tenía pensado darte una a ti y otra a Harry —noté el tono burlón y traté de pasarlo por alto. Aunque la idea de tener que asistir a la feria ya me estaba causando una pereza extraordinaria.
—Ya veremos Luna —dije algo exasperada—. Escucha, necesito hablar contigo.
—¡Es lo mínimo que tienes que hacer! ¿Cómo pudiste? ¡Necesito saber que lo que vi no fue mi imaginación!
Reí y me puse un mechón tras la oreja. Luego recordé el tema de Romilda y todo el calorcito que se había empezado a acumular en mi pecho desapareció súbitamente.
—Simplemente sucedió Luna, creo que le molestó que conociera a Cedric, se puso idiota, discutimos y… no sé…nos besamos.
—¿Le molestó Cedric? —pareció analizar la situación y luego agregó: —Ahora que lo mencionas no tenía muy buena cara cuando ustedes se fueron. Incluso le advirtió a Ron que te mantuviera vigilada para que no cayeras en los juegos de Harry —pausó—. ¿Qué está ocurriendo? De novela adolescente pasamos a drama victoriano.
Volví a reír, algunas gotas comenzaron a caer del cielo. Me apoyé contra una pared.
—Si Ron se atreve a meterse en mi vida ya sabe qué resultado tendrá —advertí, Luna pareció suspirar.
—No sé a qué estás jugando amiga, pero me tiene totalmente excitada —jadeó—. ¿Dos hombres como esos tras de ti? ¡Deberías follarte a alguno al menos para quitarme la curiosidad!
Solté una carcajada y sentí que mis mejillas se calentaban.
—No sé qué estoy haciendo Luna —dije entonces algo turbada—. Me gusta Harry, pero él…
—…Es un partido como la mierda, lo sé, yo estaría igual —dijo comprensiva—. ¿Qué sucedió cuando llegaron al departamento? ¿Hablaron?
Sentí como el calor envolvía mis piernas y subía por mi abdomen alojándose en mi vientre. En un acto reflejo junté las piernas.
Con algo de dificultad le conté sobre mi idea del muffin y del encuentro de besos en medio del pasillo la noche anterior. El grito que dio fue tan fuerte que cuando me alejé el teléfono de la oreja la gente que estaba a mí alrededor también lo escuchó.
—¡Idiota! —exclamé—. ¡No fue gran cosa!
—¡Por Dios! ¡Estuviste a punto de conocer los atributos de ese hombre! ¿Y dices que no fue gran cosa? Anda, cuenta, cómo sucedió.
—No voy a entrar en detalles —dije intentando sonar calmada—. Por un lado agradezco que no haya sucedido nada.
—Ginny…—jadeó Luna—. Estuviste a punto de follarte a Harry.
—¡No lo digas así, estúpida! —Me quejé con una risa. El que lo dijera alguien en voz alta solo lo volvía más real.
—¿Y qué sucedió después?, ¿qué te ha dicho?
Fruncí los labios. Una leve brisa había comenzado a circular entre las gotas de agua y comenzaron a mojar mi nariz.
—No lo veo desde ayer, así que no sé nada de su vida las últimas horas —confesé algo abatida. Lo cierto era que yo creía que cada uno intentaba escapar del otro. Y con justa razón.
Luna hizo un ruido con los labios.
—Son unos cobardes —dijo adivinando en parte mis pensamientos—. ¿Por qué no le dices lo que te sucede? ¿Cómo sabes? Tal vez él siente lo mismo.
Reí irónica.
—Luna, sé realista —acoté—. Harry no se compromete con nadie. No le gusta nadie más que él mismo. Si anoche hubiese sucedido algo nada habría cambiado en su vida, solo yo habría salido perjudicada, él habría tenido que irse del departamento y…
Me detuve. Ese era el meollo del problema.
—Temes que se acabe tu amistad con él —adivinó Luna—. Te gusta mucho como para perderlo admitiéndole tus sentimientos.
Suspiré.
—En parte sí, pero tampoco sé qué siento realmente —pausé, debía contarle lo sucedido con Romilda para que comprendiera con quién estaba involucrándome—, y no sé si quiero sentir algo más fuerte, temo sentir algo más fuerte Luna.
—Ginny… estás hablando como una virgen despechada —dijo jocosa, cerré los ojos cuando la lluvia se volvió más intensa y me mojó las pestañas— y ambas sabemos que de virgen no tienes nada —rió.
Pero no me causó tanta gracia. Recordé a Romilda destrozada y me metí a fuego en la cabeza que era por culpa de Harry.
—Luna, tú… no sabes…—suspiré: —Le dije a Romilda que era amiga de Harry.
Se quedó en silencio un instante.
—Supongo que no significa nada bueno —acotó. Yo moví la cabeza asintiendo, aunque sabía que no me estaba viendo.
—Se acostaron Luna —susurré. Me pasé una mano por la cara para quitarme las gotas de lluvia que me salpicaban encima. Solo ahí comprendí que algunas gotas no venían del cielo.
—¿Se acos…? ¿Estás segura?
—Claro que sí…—le dije—. Estaba muy rara hace muchos días, hoy lloró como si la vida se le fuese en eso, estaba destrozada Luna… se entregó a alguien creyendo que tendría una oportunidad y luego la despechó… se olvidó de ella —gemí con un nudo en la garganta—. ¿Entiendes ahora por qué no puedo sentir nada más? ¡Maldita sea la hora que lo dejé entrar a mi casa! ¿Por qué no podían seguir las cosas como estaban?
—Ginny, Ginny… escucha —dijo Luna con rapidez—. Todos sabemos cómo es Harry. Si temes acercarte mucho a él y salir herida, ya sabes cuál es la solución—emitió un quejido—. Mierda, estoy sonando como Hermione, pero cuando hay que ponerse sensatas hay que acudir a su inteligencia —respiró profundamente—. O lo sacas de tu casa, o… dejas que las cosas tomen el curso que están siguiendo.
Odiaba admitirlo, me dolía admitirlo. Pero no quería que se fuera, no ahora que ya había involucrado hasta cierto punto a mis emociones. Me exasperé. Me estaba contradiciendo. No quería sentir más, pero ahí estaba, luchando con la necesidad de un plan a futuro cuando llegara la hora de echarlo de mi casa.
—Por ahora, creo que aplicaré las mismas reglas de su juego, olvidar lo que sucedió —me preocupó ver en el cielo una nube demasiado gris y oscura, la brisa se había convertido en viento y repentinamente el ambiente se había enfriado—. Además, todavía tengo la salida con Cedric, así que…
—Espera, espera… ¿Cómo dices? —exclamó Luna interrumpiéndome—. ¿Saldrás con Cedric? Pero… no entiendo, ¿cómo...cuándo…?
Le conté con rapidez los pormenores desde la salida de Romilda hasta llegar a mi encuentro con Cedric. Luna no gritó —gracias a Dios—, pero emitió un sinfín de respiraciones hiperventiladas que hasta a mí me asfixiaron.
—¿Qué vas a hacer? —quiso saber entusiasmada. Miré al cielo, la lluvia había comenzado a caer a cantaros, el toldo ya no era suficiente.
—Ya le dije que sí, así que…
—¿Lo dices en serio? —exclamó entusiasmada. Podía sentir cómo armaba algún plan en su cabeza, traté de interrumpirla antes de que abriera la boca.
—Sí, pero será solo una salida de amigos —dije intentando controlarme a mí misma. En realidad no sabía qué quería. Harry tenía que salir de mis planes y Cedric… parecía disponible… e interesado.
La escuché reír.
—Deberías escribir un libro de tu vida, querida —rió—. A las mujeres les encanta leer las novelas donde una mujer es competida por dos hombres guapos.
—A mí nadie me está compitiendo Luna —suspiré—. Harry simplemente se desquita con besos cuando no quiere enfrentar una situación específica, y Cedric… solo está siendo amable. El final de esta historia no le agradaría a nadie, la chica igual terminará sola.
Luna hizo un ruido con la boca como de globo desinflado, típico cuando no le gustaba que las cosas no salieran como ella esperaba.
La oí suspirar y contestar con un exaltado improperio a alguien que le había preguntado algo.
—¿Y con Romilda, qué harás? —quiso saber—. ¿Le dirás a Harry lo que sucedió?
Me rasqué la cabeza y fruncí la nariz cuando la lluvia comenzó a volar directamente hacia mí.
—No lo sé Luna, tengo mi cabeza hecha un lío—confesé—-. Pero sí tengo que hacer algo para solucionar mi situación con ella. Con Harry… Ya veré qué hacer, y con Cedric… iré a cenar con él y ver qué sucede en el camino.
—Me encanta que me consideres para tus secretos —dijo feliz—. Yo solo espero que tu vida se enderece amiga querida, necesitas a un hombre en ella, y aunque sea un polvo de una noche, créeme, todo valdrá la pena.
Reí ante el comentario. Asomé la cabeza bajo el toldo y noté que la lluvia no amainaría.
—Tengo que irme, estoy en plena calle y la lluvia no tiene intención de parar.
—Londres, ¿ah?
—Londres —dije rodando los ojos. La única ciudad donde me sucedían estas cosas. Me preguntaba cómo habría sido mi vida si hubiese nacido en Tailandia, tal vez no habría tenido tantos problemas si hubiese vivido rodeada de elefantes—.Te mantendré informada —le avisé.
—¡Más te vale! —exclamó del otro lado —¡No se te ocurra dejarme esperando de nuevo! Corté justo cuando una cortina de agua se abalanzaba sobre la ciudad.
—¡Mierda! ¡Maldito verano!
En realidad, no tenía con quién más desquitarme. El clima era una buena forma de exclamar a los cuatro vientos lo estresada que me tenía mi vida en esos momentos.
Notas:
Les agradezco a todos quien me han leído y los reviews del capítulo anterior.
En el próximo, Harry se enterará de la cita con Cedric, ¿y?... se vienen algunas sorpresas necesarias.
*Sobre el comentario de Grey: Confieso que me leí los libros y los encontré malísimos. Sobre todo con esa premisa tan básica de "chica simple cambia a hombre guapo por amor". Creo que los leí con la ilusión de que apareciera algo más interesante, algún rastro de un argumento más intrínseco y complicado que hiciera que la historia se volviera digna de un best seller, pero lo único que conseguí fue perder tiempo valioso de mi vida con una porno cualquiera. No era el sexo, era la historia.
No pretendo ofender a nadie o a quienes les gustó. Pero he leído fics eróticos de mejor calidad, contenido y argumento, que los de Grey.
Es una crítica sin deseos de ofender. Solo una opinión. Por supuesto si les gustó es totalmente respetable, pero quise utilizar la analogía para lo que piensa Ginny sobre ese tipo de mujeres que se ilusionan creyendo que el amor cambia a las personas ;)
¡Nos leemos!
Kate.-
