Disfruten la lectura.
*"""*
Severus Snape hizo una profunda mueca, que al final ignoró, tratando de concentrarse en la observación profunda de la mano envenenada de Dumbledore, obviamente la maldición seguía allí, a pesar de todos sus intentos, Albus había acudido por ayuda demasiado tarde y cuando Snape había comenzado a lanzar hechizos, no pudo hacer gran cosa.
La maldición se extendería, tal vez mucho lento a como realmente sucedería, eso sólo gracias a la intervención de Snape, pero de todos modos, la maldición aún era muy real y concluiría con la muerte del hombre.
—Es todo—susurró separándose con una profunda mueca y los hombros en posición derrotada—no hay nada más que pueda hacer—Dumbledore asintió.
—Gracias por tu ayuda, Severus. Has hecho más de lo que yo esperaba…
—Sí hubiese venido a mí antes tal vez yo… de todos modos ¿Qué fue lo que tocó?—Dumbledore le sonrió con misterio.
—Nada que merezca ser mencionado. Todos vamos a morir Severus y yo ya tuve una vida muy larga y fructífera.
—Sí, pero usted es el líder de todos nosotros, ¿sabe que va a suceder cuando se muera? Todo va a resultar en caos—Dumbledore negó, con tranquilidad.
—Oh no, a mí me gusta considerarme más como un peón, no soy de cerca el más importante, por eso estoy seguro que voy mi muerte no va a ser el final—Snape chasqueó la lengua antes de caminar hacia el frente del escritorio, después se sentó en la silla libre.
—Me gustaría poder tener la misma confianza que usted, pero Voldemort cada vez tiene más poder, Lucius sólo está preparando el terreno para su gran presentación—Dumbledore suspiró.
—¿Cómo la están llevando tus alumnos? Me refiero, claro, a su relación con Umbridge.
—Mucho mejor que las otras casas, se lo aseguro. Draco es prácticamente intocable, por consiguiente su sequito goza del mismo derecho.
—¿Y los otros alumnos, Severus? ¿Quiénes han sido los más castigados está semana?—Snape frunció el ceño.
—Zack Potter sigue encabezando la lista, lo que no es raro, no creo siquiera que tenga tiempo libre para hacer la tarea. Aunque Ronald Weasley y Susan Bones también han sido castigados de forma severa está semana—. Dumbledore no pudo evitar soltar el aire lentamente, era preocupante el caso de Zack Potter, mucho más que cualquier otro. No sólo porque Umbridge parecía haberle tomado manía, sino también porque Albus tenía buenas razones para sospechar que sus castigos eran más severos de lo que parecían.
—¿Sería mucho pedir que trataras de ayudar al niño, Severus? me preocupa lo poco que parece importarle ser castigado—el aludido no pudo evitar fruncir el ceño.
—Es tan parecido a su arrogante padre…
—Pero su madre sigue siendo Lily Potter—al escuchar aquel nombre, Severus perdió el color de la cara y por pura inercia, se hizo hacia atrás. Escuchar su nombre, incluso aunque fuese en una sencilla oración lo ponía nervioso, mareado, lastimado, herido.
Eran una multitud de malas sensaciones que siempre terminaban por hacerlo recordar su último encuentro, hacía más de una década, cuando el primogénito de Lily había… bueno, había muerto.
—Yo… yo lo intentare—susurró bajando levemente la vista, Dumbledore asintió sin indagar más en un tema que para ambos era peliagudo.
Había tantos matices en el pasado, tantos matices en las relaciones y las personas que algunos eran demasiado dolorosos como para remover.
—Sé que Umbridge ha hablado contigo, que el hecho de que conozcas a Lucius hace que ella tenga en cuenta tu opinión. ¿Por qué no le pides que te ceda algunos días de castigos de Zack Potter? Para nadie es un secreto su mutua aversión, ella probablemente va a pensar que será un gran golpe para el niño Potter.
—Yo no pienso solapar a ese niño.
—No te pediría eso, pero algo me hace pensar que Umbridge tiene formas más extremistas para castigar, y vetada como esta por el ministro, no creo que se sienta amenazada, ni siquiera por mí. Me sentiría más seguro, Severus, si Zack Potter se pasa sus castigos puliendo calderos y acomodando pergaminos que con nuestra suma inquisitoria.
Severus frunció el ceño antes de observar la mano enmagrecida de Dumbledore, y evitando un escalofrió, asintió muy a su pesar, después se preparó para abandonar la habitación.
Pero antes decir nada, sucedió algo.
Fue un ruido rápido, que hizo que ambos giraran la cabeza a la chimenea que ahora había cambiado el color de sus llamas que casi al instante habían expulsado un sencillo pergamino, Severus se levantó al instante, y con la mirada curiosa, tomó el pergamino antes de caminar de regreso y ofrecérselo a Dumbledore.
Quien lo tomó con la mano libre, dio una rápida inspección y después observó preocupado a Severus, quien no pudo hacer otra cosa más que removerse incómodo.
—Será mejor que te vayas, Lily no va a tardar en aparecer—aclaró, antes de hacer un sencillo movimiento de varita, que cambió las llamas a su color natural.
Ante aquella declaración, Snape volvió a perder el color. Nervioso entonces observó a su mentor, como esperando que él le dijera que era todo una broma, pero en su expresión no vio más que verdad y aquello le sentó terriblemente mal.
Hacía poco más de un año que no veía a Lily, ni siquiera de lejos y escondido como anteriormente lo había hecho, así que cuando por fin pudo darse cuenta que probablemente la pelirroja aparecería en la oficina, se levantó trastabillando con sus propios pies y nervioso caminó hacia la puerta.
Sin embargo, no pudo llegar muy lejos. Mientras caminaba, las llamas volvieron a cambiar de color y está vez, por ellas, salió una persona que aterrizó de forma impecable. Al verla, Snape no fue capaz de moverse.
Parecía nerviosa, casi desesperada. Con la ropa arrugada, como si se la hubiese puesto con prisas y el cabello suelto y sin peinar, tanto así sólo dio puntos a su teoría. Sin embargo, lo que más le preocupó fue la expresión que adornaba su rostro, su hermoso rostro.
Lily era hermosa, hermosa como una niña, como una adolescente y como una mujer. Y Severus no pudo evitar darse cuenta que sus sentimientos no habían cambiado ni un poco en todo el tiempo que ambos habían permanecido separados del otro, más por deseo de Lily que por los suyos propios.
Tal vez… tal vez las cosas hubiesen podido ser diferentes si el mayor de los Potter hubiese sobrevivido, pero no había sido así, y Severus jamás podría perdonárselo, el rostro repleto de lágrimas y suciedad de Lily Evans, cuando le había pedido a gritos que no se le volviera a acercar, le perseguiría hasta el momento en el que muriera.
Lily mientras tanto, parecía haberse dado cuenta de su presencia y con los ojos bien abiertos, se le había quedado observando. Snape tuvo miedo de regresarle la mirada, pero al hacerlo no vio el odio que tan bien se había quedado grabado en su memoria, había otra cosa que no pudo entender cuando ella por fin decidió ignorarlo y centrar su atención en el anciano.
Ni siquiera pareció darse cuenta de la mano enmagrecida de Dumbledore, abrió la boca pero de ella no salieron más que sonidos aislados, así que la cerró, dio un gran suspiró y se pasó la mano temblorosa por el cabello.
—William desapareció—dijo al fin, y aunque Severus no reconoció el nombre, pudo darse cuenta de que era importante cuando Dumbledore su puso rígido y abriendo su totalidad los ojos, se levantó de su lugar—. Él… él no estaba está mañana cuando James lo fue a buscar, parece que se fue en su escoba porque esa tampoco está. Remus y Sirius junto a James, por supuesto, lo han estado buscando la última hora pero no hay rastros de él…—susurró rígida, después se estremeció y soltó un gemido ahogado—. Ayer hubo un ataque de dementores en Hogsmeade, alguien hizo explotar un árbol y… yo no sé qué… no sabemos qué más hacer.
—Ahora Lily, trata de tranquilizarte, ¿está bien? Algo me dice que William se encuentra sano—ella se estremeció, Dumbledore se acercó su lado para darle una palmadita en el hombros, después la llevo hasta un asiento libre.
—Yo no podía simplemente quedarme en casa—Dumnbledore asintió, entendiéndola.
—¿Ya revisaron Hogsmeade?—ella asintió.
—Entre los tres pudieron cubrirlo todo, al menos el pueblo, falta el bosque pero… ¡Hubieron dementores! Y yo ni siquiera me di cuenta de cuándo abandono el cuarto—el anciano asintió, con una mueca afable—. Yo sólo vine a pedirle ayuda, la necesitamos.
—Entonces te voy a ayudar, vamos a encontrarlo Lily, no te preocupes—ella asintió antes de levantarse y dar un respiro profundo—. Tal vez será mejor que te quedes aquí…
—¡Por supuesto que no! simplemente moriría de preocupación. Yo también quiero ayudar—Dumbledore asintió antes de caminar hacia la chimenea, parecía haberse olvidado de Snape, pero cuando Lily volvió a desaparecer sin siquiera dar una segunda mirada al hombre, porque probablemente estaba más preocupada por otras cosas, el anciano asintió a éste.
—Trata de hablar con Umbridge respecto a Zack.
—¿Quién es William?—cuestionó sin poderlo evitar.
—Ahora no es el momento, Severus—aclaró antes de desaparecer también.
*""""*
Lizzy sería capaz de enumerar muchas cosas que de verdad la habían sorprendido, especialmente en los últimos meses en donde todo parecía ir de mal en peor, pero sin duda alguna conocer su historia, su verdadera historia hasta ahora era lo que más la había sorprendido, como un doloroso recordatorio de que nada era lo que parecía.
Ni siquiera aquello de lo que había estado tan segura. En especial ahora que podía ver a su tía y ver en su expresión lo mucho que le dolía recordar.
Janeth de hecho, parecía un poco deshecha, con la mirada perdida y las lágrimas salvajes en las mejillas, que de alguna manera habían escapado de sus ojos. Una imagen que Ginny pocas veces había podido ver en ella, mucho menos ahora que en realidad sabía por qué le dolía tanto hablar sobre la muerte de su madre adoptiva.
—Para Sophia fuiste todo desde el momento en el que tuvo en sus brazos y poco después fuiste su hijo también legalmente, de verdad, pocas cosas puedo decirte que recuerde que ella realmente amó, pero tú, mi querida pelirroja, estuviste en la cima de todo.
—¿Por qué?—susurró sin saber cómo sentirse aún, porque todo era mucho más personal y doloroso de lo que ella había pensado, desde la forma en la que había llegado a la vida de Janeth hasta el momento en el que ambas hermanas habían logrado encontrar una partera que fingiese haber estado en un parto que obviamente jamás había sucedido.
—No lo sé, querida, dudo que alguna vez pueda comprenderlo, pero ella vio algo en ti que yo después también noté, porque eres única, especial y fuerte. Quizá porque ella siempre trató de mostrarse como alguien brillante y llena de talento, yo sé poco sobre su mundo, pero sabía acerca del racismo que existía por los hijos de muggles, y mi hermana, quizá por inseguridad, siempre trató de demostrar lo fuerte que era y de alguna manera… dejó mucho tras de ella por alcanzar esa meta. Tal vez… tal vez por eso ella y yo no nos pudimos llevar cuando ambas crecimos, porque a mí me hastiaba la perfección que siempre quería lograr y a ella, como bien me dijo cuando vino contigo, le resultaba ciertamente incomodo ver que yo me comía el mundo a mordidas, que hacia todo lo que ella no había podido hacer.
Lizzy asintió, entendiendo el punto, cualquiera que conociera a su tía podía dar fe de su forma excéntrica y única de ser, independiente y ajena al qué dirán, algo que había enseñado a Lizzy y de lo que estaba completamente agradecida.
—¿Qué pasó después… después de que me convirtió en su hija legalmente?—susurró, deseosa de saber cómo continuaba la historia, su tía soltó un suspiro antes de ser capaz de continuar.
—Tratamos de hacer la vida tan normal como fuese posible, ella estaba enferma, yo tenía que ir a la escuela, trabajar y cuidar de ti cuando la fiebre era demasiado alta—dijo al fin, observando a la nada, quizá recordando—. Mis sentimientos en esa época, normalmente son más bien agridulces, te quería mucho, pero me dolía ver a mi hermana así y no ser capaz de hacer nada, además, todo el peso económico caía sobre mí y pronto comencé a faltar a clases para doblar turnos en el trabajo.
—¡Oh tía!—vocifera Lizzy, quien durante la plática había podido tranquilizarse y darse cuenta de todo el panorama, Sophia, fuese como fuese, se había hecho cargo de ella como si fuese su propia hija y posteriormente lo había hecho Janeth a pesar de que era joven, tenía un futuro brillante y realmente no poseía ninguna relación sanguínea con ella, bien podría haberla dejado en un orfanato, pero no lo había hecho, y no creía ser capaz de agradecer jamás aquello.
Así que dejando a un lado su actitud hostil, tomó la mano de su tía, quien rápidamente regreso el gesto con una sonrisa nerviosa en sus labios.
—Yo tenía la esperanza de que Sophia no se diese cuenta de ello, pero al final lo hizo. ¿Quién sabe? Quizá fue lo mejor, sucede que una de mis compañeras llamó a la casa para preguntar por mí, porque hacía dos días que faltaba y mi hermana, que era muy inteligente, sólo tuvo que sumar dos más dos para darse cuenta de lo que estaba pasando. Así que cuando llegué me gritó un poco, después lloró otro tanto y al final me dijo que no podía simplemente seguir exprimiéndome, que era una carga más que una ayuda y que mis estudios eran muy importantes.
"Quiso irse entonces, ¿pero a dónde? Yo, durante todo el tiempo que habíamos pasado juntas pude darme cuenta de que no hacía más magia, y no me refiero a no sólo no hacerla, sino que también tenía la total certeza de que no podía. ¿El por qué? No lo sabía en ese momento, pero ingenuamente creí que se debía a su estado de salud actual, así que me negué rotundamente a que me dejara. Siéndote sincera, no tenía la menor idea acerca de si tenía amistades cercanas o alguien a quién acudir, pero antes que a todos, me había escogido a mí y eso era suficiente para saber que no podía dejarla ir"
"Así que le propuse algo de lo que ella se negó rotundamente. Realmente, peleamos mucho por eso, pero entonces yo te mencione a ti y ella al final acepto, porque eras prioridad aunque aquello la hiciese sentir culpable, así que vendimos la casa"
—¿La casa de sus padres? Pero yo pensé que…—no pudo continuar, cada año su tía la llevaba a un lugar bastante bonito, con casas en mejores condiciones y autos nuevos estaciones fuera, entonces ambas se paraban frente a una casa en la esquina del lugar, que tenía cortinas azules y estaba pintada también de azul más claro. Se veía bonita, de dos pisos, cómoda y cálida. Entonces su tía le contaba historias acerca de Sophia y ella, cuando ambas eran niñas y jugaban en el patio trasero o en las habitaciones de su casa.
Entonces cuando terminaba, soltaba un suspiro anhelante y concluía diciendo que sus padres antes de morir la habían vendido para comprarse algo más pequeño en donde ambos pudiesen vivir solos y no sentirse tan pequeños en un hogar diseñado para más personas.
Lizzy siempre se había jurado algún día, ser capaz de comprar aquella casa para su tía, pero jamás imaginó que realmente había sido ella la que la había vendido y aquello la hizo sentir culpable, algo que notó la mujer, porque le dio una apretón cariñoso a su mano que aún sostenía.
—A día de hoy, no me arrepiento, si quieres saberlo. Realmente, fue la mejor opción en ese momento, y como la casa estaba ubicada en un barrio bastante bueno y estaba en perfectas condiciones, sólo nos tomó una semana encontrar un potencial comprador y después, otra semana en arreglar todos los papeles. Y en menos de un mes, ambas nos trasladamos a un departamento con agua y electricidad, pero pequeño e infestado de malos vecinos, siendo sincera, lo compramos a un muy buen precio, tanto así que quedamos con suficiente dinero como para que pudiese seguir mis estudios sin problemas y Sophia dejase de sentirse culpable.
"Pero el estrés de todo, junto con la mudanza en sí fue mucho para tu madre. De hecho, tuvieron que ayudarme a subirla hasta el departamento, que estaba en un tercer piso, y del que ella no volvió a salir desde el momento en el que entró. No lo sé, quizá en ese momento, me sentó mal, porque ambas, en un complicidad casi vergonzosa, sabíamos que a ella le quedaba poco de vida y la idea que… bueno, muriera en un lugar así, era odiosa…—susurró, interrumpiéndose justo en ese momento para tomar una respiración profunda—. Vivó sólo un mes más, las últimas semanas con fiebres altas y alucinaciones con pequeños momentos de razón en donde me pedía que no te dejase sola. Y luego… una semana antes de… de… que ella muriera, me confesó por fin todo.
Llegando a ese punto, Janeth por fin soltó un sollozo tembloroso, Lizzy no lo pudo soportar más, se levantó para acomodarse a su lado y darle el gran abrazo que tanto se merecían ambas. Era deprimente, muy deprimente.
Janeth se tropezó con un juguete de bebé, y tratando de balacearse para no caer, apretó a la niña en sus brazos y susurró frases tranquilizadoras, se detuvo hasta que por fin fue capaz de controlar su gravedad y soltando un suspiró, apretó a la niña en su costado antes de darle una patada al juguete y caminar hacia la habitación en donde su hermana se pasaba las veinticuatro horas del día.
Era extraño, tan extraño que Janeth a menudo se había desvelado imaginando con los ojos bien abiertos, lo que sería de su nueva vida. Y las vueltas del destino, que ahora le demostraban que por cada vida que terminaba, una nueva se hacía presente, y como la ley de la vida lo requería, su misión era seguir adelante, no estancarse en lo que estaba perdiendo.
Así que con cuidado entró al cuarto, sólo para descubrir que su hermana aún dormía con un paño en la frente, que Janeth con cuidado quitó para meterlo en una pequeña cubeta, mojarlo y exprimirlo y volverlo a poner en su cabeza, después se sentó, meció a la pequeña y besó la matita de cabello pelirrojo, que en partes parecía rubio pero que ya amenazaba por ser sólo rojo.
Y entonces, con la tristeza encima observó a su hermana, olvidándose por un momento de las tareas y de las cuentas que aún tenía que pagar, algo le decía que ya no tendría tanto tiempo para observarla y aquello la llenaba de pesar y dolor.
Sería la única sobreviviente de su familia, sería la única que alguna vez recordaría cuan felices habían sido de niñas, con su padre y su madre. Pero no estaría sola, y aquel pensamiento la reconfortaba, Lizzy se quedaría a su lado, aunque fuese ahora sólo un bebé.
—¿Jan?—por un momento la aludida pensó estar soñando, pero raídamente desechó la idea, cuando su hermana, que sin movimiento alguno se había despertado, la observó con sus ojos tristes, nublados por el dolor, antes de que inevitablemente se fijara en el bultito que su hermana cargaba y una sonrisa sincera se posara en sus labios.
—Debes descansar, Sophi, duerme otro rato.
—Pero no quiero, todo el día lo hago, todo el día me duele. Déjame al menos estar un momento despierta, Jan—susurró con la vista aún fija en la niña, quien dormía plácidamente en los brazos de su tía— ¿Cómo está?
—Muy bien—aclaró su hermana, antes de moverse un poco para dejar que Sophia observase mejor a la niña—. Tiene una salud de hierro, aunque extraña un poco a su mamá.
—Yo también la extraño, a ambas, pero no hay mucho que podamos hacer.
—Eso es porque no has querido que vayamos al médico, y yo siento como… como si fuese cómplice de tu muerte, como si solamente te ayudara a morir antes—Sophia no contestó al instante, pareció perdida en sus propios recuerdos antes de observar detenidamente a su hermana y lentamente deshacerse del paño húmedo en la frente.
—¿Puedes ayudarme a sentar?
—Sophi…
—No, has sido buena conmigo, mucho más de lo que lo merezco, vendiste la casa, te hiciste cargo de Lizzy… yo sólo quiero hablar contigo, mereces que te explique todo—susurró antes de tratar de levantarse sin ayuda, Janeth no perdió tiempo, dejó a la bebé acostada en la cama y ayudo a su hermana a sentarse, acción que pareció acabarla completamente.
—Tomate tu tiempo, hermana, yo voy a estar aquí—susurró acariciándole el cabello, Sophia respiró con fuerza unas pocas veces antes de asentir.
—¿Podrías acercar a Lizzy un poco más a mí, Jan?—la aludida asintió, volvió a cargar a la niña aún dormida y la acostó a un lado de su hermana, quien con cuidado le acarició el cabello—. ¿La cuidaras cuando yo muera?
—Sophi…
—Sólo respóndanme.
—Tú no vas a morirte—susurró tragando en seco, su hermana le regaló una sonrisa triste.
—Sería bueno creerlo, pero a estas alturas es estúpido seguir mintiéndonos, Jan, voy a morirme y tú tendrás ser más valiente de lo que eres. De hecho, siempre has sido la más valiente de las dos, tal vez por eso te tenía un poco de envidia.
—¿Tú a mí? Esa es una buena broma, eres mágica Sophie, puedes hacer todas esas cosas grandiosa e increíbles con tan sólo mover tu varita y decir algunas palabras, yo…
—Ya no más—susurró cortándola en seco, Janeth la observó un poco curiosa.
—¿Qué?
—La magia, ya no más. Ya no puedo hacerla más, no ahora y no cuando aparecí en tu vida, y estoy segura que ya lo habías notado, eres… eres muy observadora—la aludida soltó un suspiro, nerviosa por fin se había dado cuenta que habían comenzado a entrar en terreno peligroso, en secretos que parecían casi inconfesables.
—Yo… sí, si lo he notado. Sé que no puedes hacerla, ni siquiera he visto tu varita y no me lo explico, no parece tener sentido. ¿Es normal en tu mundo?
—Mi mundo—susurró riendo por lo bajo, después tomó una gran bocanada de aire antes de continuar—, mi mundo está aquí ahora, tal vez ni siquiera debería de haber salido de él en un principio, pude haber sido feliz aquí, ¿sabes? Pero no me arrepiento, de otra forma no hubiese podido encontrarme con Lizzy.
—¿Sus padres están muertos?—susurró conteniendo el aliento y obviando de buena manera lo dicho por su hermana, en parte porque ella siempre había anhelado un poquito su vida y en parte también porque parecía que Sophia no había sido tan feliz como había aparentado, y aquello era triste.
—No lo sé… yo creo que sí, en ataques como en el que… en fin, sería un milagro que sobrevivieran o sobreviviera ella—contestó, antes de observar a la niña y sonreír un poquito—. Yo soy su madre ahora, y tú eres su tía.
—Pero, ¿Y si alguien la está buscando? ¿Has pensado en eso? porque yo sí, aunque trató de no hacerlo, porque mi lealtad es contigo, pero no puedo siquiera imaginar estar en el lugar de sus otros padres, y ya sé que suena horrible, porque la quiero, pero podríamos ir a parar a la cárcel si alguien se entera de lo que hicimos—dijo al fin, soltando todas las dudas que siempre habían rondado en su cabeza, Sophia le sonrió, aun observando a la niña.
—Eres muy buena, como una mujer, ya no más como una niña—susurró hablando con lentitud, con la voz cansada tan diferente a la locuaz de su hermana—. Voy a decirte todo, porque ya no me queda mucho tiempo, pero eso si te aseguro, nadie la está buscado, no al menos físicamente, aunque espiritualmente tal vez sí que la están buscando.
—¿A qué te refieres con eso?—cuestionó Janeth, entiendo cada vez menos, su hermana suspiró.
—Sólo escucha, ¿está bien?—esperó a que su hermana asintiera antes de continuar—. Ese día, el día que aparecí frente a ti, había estado trabajando por mucho tiempo, el trabajo es mucho cuando se está en guerra, así que era común que a nosotras nos mandaran a otras áreas por falta de personal, así que yo pasé de curar huesos rotos al área de maternidad, más específicamente a cuidar a los niños recién nacidos—susurró, tomándose el tiempo para regularizar su trabajosa respiración—. Fueron sólo horas las que yo estuve allí, pero fui capaz de ver algo que jamás había notado en mí. No lo sé, creo que quedé prendada por cada niño y niña, los vi a todos como personas maravillosas, me asombré de lo que podía sentir y pensé por un momento, que quizá estaba desperdiciando mi vida, que lo que tenía que hacer era ser madre.
—Tú jamás has despreciado nada de tu vida Soph—la interrumpió Janeth, acariciándole levemente el brazo, ella sonrió.
—Gracias, pero eso no fue lo que yo sentí en ese momento, porque pude verme sentado sola en mi sofá, con un bote de palomitas a un lado y nadie con quien compartirlas, y eso fue triste. No lo sé, quizá allí estuvo mi error, me enamore por completo de la idea de ser madre y por unos segundos traté a todos esos niños como mis hijos, los amé de una forma que ni yo misma comprendí y fui infeliz y a la vez feliz por ellos, hasta que… hasta que el infierno comenzó. Un minuto era todo silencio y al siguiente todo fue fuego, dolor, llanto.
—¿Qué, qué pasó?—cuestionó cuando su hermana no continuó, parecía haberse perdido en sus doloroso recuerdos.
—Un ataque de mortifagos en donde sabían que más lastimarían, todo fue tan rápida. Algunas de las enfermeras con las que estaba ya habían huido, otras quizá estaban heridas, yo había podido cubrirme porque había sacado mi varita a tiempo, pero el fuego fue mucho, no pudimos escapar, y los niños lloraban…—se detuvo para apretar con fuerza los ojos y resistir el impulso doloroso de llorar—. Lloraban tanto, pero también había silencio, algunas quizá ya se habían asfixiado por el humo o muerto por el fuego… y yo estaba allí, medio agazapada en el piso, con la vista fija en las baldosas y con la única misión de llevar aire a mis pulmones, porque se había vuelto casi imposible respirar, deseaba que alguien nos salvara.
—¿Nadie lo hizo? —Janeth susurró, mordiéndose ligeramente el labio, era horrible aquello que su hermana le estaba contando.
—Probablemente no podían hacerlo, no lo sé, quizá también estaban luchando contra su propio infierno. Pero mi batalla se volvió personal cuando me levanté lentamente y con la vista lastimada, pude ver a un bebé. Pequeño, abandonado, luchando también por respirar… habían muchos niños allí, muchos, pero yo sólo pude verla a ella, el por qué, no lo sé aún, tal vez no haya una explicación. Pero antes siquiera de darme cuenta, la tomé entre mis brazos y volví a agazaparme. El fuego lo estaba extinguiendo todo, apenas podía yo respirar, no quería siquiera imaginar cómo estaba siendo todo para ella y sus frágiles pulmones, sólo quería que se salvara así que la apreté con fuerza sobre mi pecho…
—¿Qué pasó después? ¿Los rescataron?—cuestionó Janeth, limpiándose ligeramente las mejillas, su pálida hermana negó.
—No, nadie vino.
—Pero entonces…
—Al graduarme hice un trabajo sobre hechizos mágicos antiguos de curación—susurró interrumpiéndola, ella la dejó continuar—. Y por casualidad me encontré con uno que no necesariamente era un hechizo, ni que tampoco era conocido. Sólo lo leí de pasada y lo olvidé hasta ese momento. Vino claro a mi mente cuando Lizzy dejo de llorar y sólo hubo silencio, sin saber qué hacer, sólo la abracé con más fuerza y la sentí en mi corazón, ¿eso tiene siquiera lógica? No me importó lo que había leído acerca del hechizo, sólo quería que se salvara, yo podía irme al carajo…—era tan pocas las veces que Janeth había visto a su hermana maldecir, que la observó sorprendida, ella no se almendró.
"Fue rápido he incoloro, un momento tu vida se acaba sin tener sentido y al siguiente te reconoces, por primera vez en años te reconoces. Yo la sentí mía, la amé sin siquiera poder entenderlo, la elevé en todo sentido, y entonces, todo fue silencio. Después… hubo otra explosión, pero esta vez apenas pude lastimarme, había algo, algo real que ambas estábamos viviendo, y era doloroso, pero no un dolor malo, de aquellos que te quiebran el espíritu y te hacen desear estar muerta, este se sentía bien."
"Y pensé, en ese momento, que mi sentido en la vida se resumía en salvar a la niña, a mi hija, porque apenas comenzaba una vida, tenía que poder vivirla, la mía en cambio se había marchitado y a nadie le venía en falta. Así que antes de que me diera cuenta, me sentí vacía y llena, fue extraño, vives toda una vida siendo mágica y eso sólo está allí, pero cuando se va sí que lo sientes y sólo deseas estar en donde siempre has sido aceptada, con magia o sin magia y… desapareces. Como yo, que con niña en brazos aparecí frente a ti aquella noche" —concluyó suspirando, antes de removerse ligeramente hasta volver a quedar semi acostada, y observa a la niña, quien aún dormía; pálida, quizá con fiebre muy alta, pero feliz, como ella lo había dicho, vacía y llena al mismo tiempo.
—Dios, Sophi—susurró Janeth, quien había comenzado a llorar sin restricciones, su hermana la observó y ella se movió hasta quedar a su lado, la niña en medio de ambas—. ¿Diste tu magia?
—Fue un intercambio—dijo al fin—, ella vivirá protegida, no sé qué sucede en el mundo mágico, pero sería muy mala idea que Lizzy apareciera como la única sobreviviente de una masacre cuyo único objetivo fue sembrar miedo y no dejar a nadie vivo. Ella está a salvo aquí, mi magia la protegerá incluso cuando muera, no podrá ser encontrada si ella no lo quiere, si ella misma no los busca y no lo hará, por eso tienes que prometerme que jamás le dirás nada de nada.
—Yo no puedo…
—Sí que puedes, yo soy su madre, tú eres su tía. Somos su familia, es lo único que ella tiene que saber. Está protegida aquí y es la persona que más quiero en esta vida, tengo que estar segura de que vivirá protegida, incluso si para ello tiene que alejarse de su esencia.
—Pero, ¿Qué pasa si ella lo descubre? Los secretos no son eternos—Sophia no contestó al instante.
—Entonces díselo, pero sólo si ese es el caso. No hacemos daño a nadie Jan, te lo aseguro, nadie siquiera podría aventurarse a pensar que alguien sobrevivió de ese caos, si sus otros padres están vivos, de seguro piensan que está muerta, y ya se hicieron a la idea, lo superaran, pero si están muertos, ella se quedará sola y aquí… aquí contigo tiene más protección de la que jamás tendrá en cualquier otro lugar.
—¿A qué te refieres? Cuando cumpla once su carta…
—No, su magia está protegida, encarcelada si quieres, es como si de verdad hubiese muerto en nuestro mundo. Aquí es sólo una muggle más, nadie jamás la encontrara.
Dicho aquello, ambas hermanas guardaron silencio, pensando, analizando. La vida no es fácil, está plagada de matices y sueños rotos. Hay historias de hermanos que tiene una vida sin verse y que cuando se encuentran tiene que separarse por la muerte.
Uno se va y el otro se queda. Y hay vida que florece, incluso cuando a su lado una se marchita. Lizzy despertó justo en ese momento, abrió los ojos, observó su entorno y soltó un sollozo que rápidamente fue acallado por su tía, quien la abrazó sobre su pecho, Sophia con los ojos cerrados, cantó una nana entre dientes, pálida, ida, más tranquila, quizá porque sabía que ya podía irse en paz.
—¿Sabías que ibas a morirte cuando lo hiciste, Sophia?—susurró con la niña más tranquila, la aludida dejó de cantar, hubo silencio antes de contestar.
—De todos modos iba a hacerlo, y tú te hubieses quedado sola. Ahora no lo estás, y no lo estarás, hermanita. ¿Me prometes que no le dirás nada, que será nuestro secreto?
—Yo… sí, te lo prometo—susurró apretando su mano.
En otro momento, en otra parte de la historia está la tía Janeth llorando en los brazos de su sobrina, que hace mucho tiempo dejó de ser una bebé, que ha madurado y que por fin ha sido capaz de entender completamente lo que su madre hizo. Muy aparte de los errores, de las promesas, de sus malas decisiones.
La amó, tal vez como jamás ella sería capaz de entender.
*"""""*
Hermione se acomodó un mechón de cabello tras la oreja, y con un suspiro leyó de nuevo su ensayo, pero no duró mucho tiempo antes de que por fin lo dejase a un lado y levantara la vista para poder observar a Tim, quien susurraba con cierto enojo con su hermano.
Zack parecía más demacrado, cansado, abrumado, incluso a un lado de su hermano, quien lucía también hastiado, y sin poderlo evitar se acercó un poco, y a cierta distancia fue capaz de escuchar algo en la conversación.
—¡Sólo quiero que me digas…!—ese era Tim.
—No es tu asunto, ¿Bien? Ya me cansé de decírtelo, no te incumbe nada de lo que…
—¡Eres mi hermano, mi gemelo, me incumbe todo!—vociferó levantando levemente los brazos, Zack dio una rápida mirada a sus espaldas antes de volver a observar a su hermano.
—Esto no, estoy sólo aquí y así quiero seguir, concéntrate en ti mismo y deja de ser tan…
—Voy a decirle a mamá—la simple mención de Lily hizo que Zack perdiera el color.
—No te atreverías—susurró con un tono de amenaza, Tim se cruzó de brazos.
—Lo haría si es necesario. Porque has seguido teniendo pesadillas, ¿verdad? Y esa loca de…
—Si lo haces, si le dices a ella o a papá juro que no voy a volver a dirigirte la palabra y saber que lo voy a hacer—lo interrumpió, acercándose un poco, Tim no se alejó.
—No tienes que recalcarlo, yo sé muy bien hasta dónde puede llegar tu rencor, pero no puedo sólo cruzarme de brazos y permitir que…
—No vas a permitir nada, ya se acabaron los momentos en donde ambos éramos uno solo, ya crecimos, ya no soy el mismo. Sólo déjalo estar, Tim, pierdes tu tiempo, no soy más un estúpido niño que piensa que sus padres pueden salvarlo de todo, ya crecí, sé que eso es imposible y no tengo miedo de ella, así que mantén la boca cerrada y concéntrate en pasar desapercibido, haces muy buen trabajo en eso—aclaró antes de levantarse, Tim lució lastimado por sus duras palabras, pero no bajó la vista.
—¿A dónde vas?—cuestionó aclarándose la garganta, Zack frunció el ceño.
—Tengo detención—susurró antes de alejarse, Tim lo observó irse hasta que se perdió de su vista, y cuando eso sucedió, dejo caer su cabeza entre sus manos, Hermione no pudo evitar acercarse lentamente a él y sentarse a su lado para palmearle levemente el hombro.
—¿Escuchaste todo?—susurró el niño, ella asintió mordiéndose ligeramente el labio.
—Lo siento, sé que no debía pero es… es horrible. Tienes toda la razón por estar preocupado, no dejes que sus duras palabras te lastimen—Tim suspiró con fuerza antes de levantar por fin la vista, había dolor escondido en sus ojos.
—Gracias Hermione, es bueno tener una amiga—ella le sonrió.
—Las cosas van a terminar bien, Tim, debes confiar en ello.
—¿Crees que deba decirle a mis padres?—Hermione frunció el ceño, normalmente su respuesta sería sí, pero dudaba mucho que Lily y James pudiesen hacer algo, mucho menos como estaban las cosas, así que negó lentamente.
—Por ahora mejor no, no hasta que sepamos bien lo que sucede con Zack—el niño asintió antes de subirse levemente los lentes, después ambos compartieron un cómodo silencio que fue roto cuando Ron se sentó frente a ellos.
—Entonces, ¿Cómo está todo?—cuestionó con su mejor sonrisa, Hermione no tardó en fruncir el ceño.
—¿Qué quieres?—dijo de forma brusca, Ron levantó una ceja.
—Sólo venir a saludar. Merlín, mujer, no soy tu enemigo ¿sabes?
—Bueno, dudo mucho que eso sea cierto, después de todo gozabas mucho de burlarte de mí cuando ambos éramos más jóvenes—Ron lució insultado.
—¡Fue sólo una vez!—vociferó—, y te pedí permiso, ¿No? de todos modos, no es como si sólo hubiera venido a buscarte a ti, porque si no lo sabes, Tim y yo nos conocemos desde siempre.
—Y hasta ahora le haces caso—dijo sin poderse contener, Ron frunció el ceño, desde su extraña platica en el pasillo hacia la torre, Hermione parecía más bien enojada con él, aunque aún no lograba entender por qué, así que soltó con lentitud el aire.
Tal vez el viejo Ron hubiese seguido peleándose con ella, pero este había perdido a su hermana dos veces, y aunque la primera no había sido dolorosa, la segunda sí que lo había sido, a pesar de saber que estaba bien, se sentía traicionado y tal vez herido porque ella se había ido sin decirle nada y porque a pesar de todo había aprendido a pasar el tiempo con ella.
¿Quién sabe? Jamás había pensado que le faltaba algo, (aparte de dinero cuando era más joven) pero después de darse cuenta de lo que era tener una hermana con la cual platicar, hablar y compartir información y que había sido criada tan diferente, que tenía sus propias ideas y se aferraba a ellas, poco podía decir acerca de lo que significaba y lo que sentía.
Tal vez por eso… porque había convivido con alguien tan diferente y había descubierto en ese alguien a una gran persona, se dio cuenta que quizá Hermione también entraba en esa categoría, que su gran inteligencia no era precisamente un defecto, como bien había supuesto, tal vez también tenía ese algo, como Ginny.
Así que sonrió antes de estirar su mano a la muchacha.
—Empezamos mal. Lamento lo que pasó el otro día y todo lo que sucedió antes, ¿podemos al menos tratarnos? Ya sabes, dejar la hostilidad a un lado —Tim, que estaba bien preparado para otra gran discusión, abrió los ojos al máximo cuando Hermione también lo hizo, sorprendida y estupefacta.
La mano de Ron se encontró sola y libre, y la muchacha lució por un segundo nerviosa, antes de negar con lentitud, el pelirrojo pareció decepcionado, así que con cuidado bajó su mano, Hermione volvió a negar.
—¿Es esto real? Porque tú nunca has sido amable conmigo—el pelirrojo pareció avergonzado.
—Muy real, pero entiendo que… ya sabes, no quieras perdonarme y…—Hermione negó, interrumpiéndolo, después ella misma levantó su propia mano.
—Te voy a dar sólo una oportunidad—susurró con los ojos nerviosos, Ron volvió a sonreír antes de estrechar su mano.
—Gracias, entonces… ¿Te gusta jugar ajedrez?
—Ron es el mejor, Hermione, tal vez con él por fin tengas un verdadero adversario—intervino Tim, quien con una sonrisa había observado el intercambio, la muchacha sonrió a su único amigo.
—Eso ya lo veremos—susurró.
—¿Eso es un sí?
—Si quieres, no tengo nada mejor que hacer—el pelirrojo pareció emocionado antes de correr a buscar su viejo juego.
*"""""*
Harry se removió incómodo y adolorido, de hecho, podía asegurar que cada parte de su cuerpo se encontraba en su propio y natural dolor, cosa que hizo que por unos segundos no se dignara siquiera a abrir los ojos, se quedó acostado así como estaba, con la cabeza ligeramente doblada y la mano acomodada en una posición extraña, tal vez torcida, pero no rota.
Después con cuidado abrió primero un ojo, sólo para recibir la luz cegadora de un nuevo día y tener que volver a cerrarlo, removerse sobre su lugar y de nuevo, después de una dura batalla interna, volver a abrirlo, está vez tuvo más éxito y cuando su ojo logró acostumbrarse a todo, abrió con cuidado el siguiente, sólo para encontrarse en un lugar que por un minuto no reconoció.
Hasta que los eventos de la noche anterior volvieron a su cabeza, una a una las imágenes se repitieron cual fotografía y cuando fue consciente de que no había estado solo en la gran aventura, buscó con la mirada a Draco, y lo encontró aún dormido a unos pocos metros de él.
Ingenuamente creyó que aún era temprano, estaba aún un poco perdido, así que no se apresuró en nada, se relajó lo suficiente como para poder mover con lentitud el cuerpo, y después se sentó reprimiendo un gran gemido de dolor.
Sí, definitivamente su mano estaba torcida, además el lado derecho de sus gafas se había incrustado en su piel y el dolor era un poquito insoportable, así que volvió a relajarse, se quitó las gafas con la mano buena y observó en su reflejo que aún seguía manteniendo su apariencia inventada, lo que era fantástico.
Después se puso de nuevo las gafas y se dio una rápida inspección, estaba bien en todo excepto en la mano, sobreviraría. Sin embargo, Draco parecía jamás haber estado en una situación tal, de hecho, lucía más pálido de lo que estaba y su pierna izquierda parecía estar contorsionada en una posición incómoda, así que Harry se levantó y volvió a ajustar su falsa imagen.
El cabello rubio, la altura, los rasgos de la cara y el color de los ojos.
Después camino hacia el muchacho y le movió ligeramente el hombro, pero nada pasó, así que Harry, un tanto paranoico buscó que el muchacho aún respirara y cuando pudo ver el suave vaivén de su pecho, soltó un suspiro relajado y volvió a zarandearlo.
Nada pasó, así que repitió la acción sólo para obtener el mismo resultado. Se aburrió, por tanto no pensó mucho cuando buscó su varita en el piso y tomándola de nuevo en sus manos murmuro un aguamenti que empapó por completo al rubio, quien soltó un grito, se levantó al instante, sólo para volver a caerse, soltar un improperio y buscar con la mirada su varita, tal vez pensado que se trataba de un enemigo.
Sin embargo, las risas de Harry no se hicieron esperar y Draco terminó por entender todo.
—¡Joder, hombre! Eres un estúpido sangre-sucia , William… mierda, mierda… mi pierna… creo que está rota… Merlín, duele tanto, creo que voy a desmayarme y estoy… estoy todo empapado y ayer... joder, ayer fue…
—¡Oh cállate! Probablemente sólo este fracturada, tampoco se trata del fin del mundo, vas a sobrevivir, aunque es interesante escucharte balbucear y maldecir como si estuvieras en la peor tragedia.
—¡Dormí en el piso! Y mierda… ¡Me duele!
—¡No vayas a comenzar a llorar, Draco! Te lo juro, si lo haces te parto la cara.
—¿Cómo dices? ¡Pero si todo esto fue tu culpa! Y después de todo lo que pasé, me traes a este cuchitril… Yo debería estar recibiendo atención medica… ¡Soy el hijo del ministro! Cuando padre se entere…
—Debería recibir una conmemoración, después de todo salve el patético trasero de su hijo, porque te recuerdo, yo no fui el que llamó a todos esos dementores. —Draco pareció totalmente insultado.
—Bueno, si mal lo recuerdo yo tuve que cargar contigo un buen trecho, porque estabas… como decirlo, totalmente acabado en algún punto de toda la pesadillas que vivimos ayer—Harry frunció el ceño, relajando también los músculos en el proceso, por supuesto, Draco tenía razón, así que se abstuvo de lanzar otro comentario mordaz y se deslizó por la pared hasta quedar a su lado.
—Me fue realmente mal—susurró—, ¿Sentiste tú lo mismo?
—¿Los malos recuerdos?—Harry asintió así que Draco también se relajó—. Supongo entonces que también sentiste como si jamás pudieses volver a ser feliz.
—Un poco… mucho realmente, no pensé que fuese tan terrible—el rubio asintió dándole la razón.
—Es peor para los que llevan una vida más llena de desgracias y menos felicidades, yo me puse mal, pero tú parecías peor—frunció ligeramente el ceño, sin admitir que estaba realmente preocupado , tal vez lo único malo de tener amigos era que no podías ignorarlos tan fácilmente como hacías con los simples aliados.
—Bueno, no lo sé, mis padres murieron y yo lo presencié las dos veces, así que…—no terminó, la imagen mental de su padre volvió con fuerza a sus recuerdos y tuvo que relajarse para alejarla.
—Sí, bueno…—susurró el rubio, sin saber realmente qué más decir—. Me duele la pierna aún—dijo más bien incomodo, Harry sonrió.
—¿Qué has dicho niño de papá?
—¡Vaya! Pensé que ya habíamos dejado los insultos a un lado—el aludido rió.
—Tú tampoco te veías muy bien ayer—susurró sin querer dejar el tema a un lado, Draco frunció el ceño.
—¿Has visto mi varita?—Harry observó su alrededor, pero no vio nada.
—No la veo, pero tampoco trates de ignorar mi comentario, estabas mal—el rubio bufó.
—Estoy mojado hasta los huesos, no quiero enfermarme también, así que haz algo productivo y sécame ahora. Además… ¿Qué te importa a ti? Sí, está bien… ayer no fue una buena noche, es más, por un momento incluso pensé que no lo lograríamos… ¡vaya! Ya era hora—susurró cuando Harry comenzó a secarlo, el azabache rodó los ojos.
—Cómo sea, no aguantas nada, un día de estos voy a presentarte a Matt y voy a dejar que te haga un tour de su vida diaria, estoy seguro que cuando termine no volverás a ser el mismo.
—¿Es un muggle ese tal Matt? Porque sí es así la respuesta es un no—Harry rodó los ojos.
—Bueno, pues de todos modos lo voy a hacer, no creo que igual presentes mucha resistencia, y a él le vas a divertir.
—¡Yo soy el hijo del ministro!
—¡Sí! Ya lo has dicho mil veces, de todos modos, ¿Qué hora es?—el rubio frunció el ceño, después levantó la mano y observó su reloj de oro, sólo para abrir completamente los ojos.
—Pasan de las once, ¿Quién lo diría? Es ya…
—Esperas, ¿Qué jodida hora has dicho?—susurró el muchacho, claramente entrando en pánico, el rubio volvió a fruncir el ceño.
—Pasan de las once, ¿Sucede algo?
—¡Nada! Sólo que tal vez ellos ya se dieron cuenta que no estoy, que me escapé… mierda…—susurró levantándose en el acto, después caminó nervioso por la desvencijada habitación. —Van a matarme… ¿Tú no estás preocupado? ¡Deberías estar en Hogwarts!—el rubio rodó los ojos.
—Ya te dije que Umbridge me trata como me merezco, no sucede nada si falto a mis clases…
—Pero alguien seguramente te echara en falta y cuando descubran que no estas, ellos…
—Sería muy difícil que pasara, siéndote honesto—susurró con una mueca amarga en el rostro, Harry rodó los ojos, sin prestarle la menor atención, después se acercó a la escoba tirada en el piso.
—¿Qué voy a decir ahora? Muy bien… inventaré que estuve tomando con Matt… eso, y me caí por el camino, supongo que…
—¡Espera un momento!—vociferó el rubio cuando lo vio acomodar la escoba para subirse en ella—. No puedes simplemente abandonarme aquí… ¡No tengo mi varita y obviamente no puedo valerme por mí mismo!—el azabache pareció seriamente abrumado por aquello, pero aun así dejó la escoba a un lado.
—¿Tienes una idea entonces?—el rubio negó, quizá un poco sorprendido por el hecho de que Harry no lo había abandonado, él lo hubiese hecho sin dudarlo, pero quizá en donde se equivocaba es era en pensar en sus compañeros de Hogwarts como algo parecido a amigos.
—Puedes… puedes ayudarme a levantarme, me dejas en Hogwarts y haces lo que quiera que vayas a hacer, porque eso sí… ¿De quién diablos hablas? ¿De tus padres? Porque parece que ellos te mantienen encerrado en tu casa William—el azabache, ahora rubio, frunció el ceño.
—Son un poco sobreprotectores—dijo al fin—, y muy dados a mantenerme siempre bajó su vista, para saber bien que estoy a salvo—Draco frunció levemente el ceño.
—¿Y eso es malo? Igual, no te pasó nada, te protegiste muy bien… eres bueno con los hechizos—el aludido perdió el color casi en el acto.
—Sí, bueno, preferiría que no mencionaras eso—susurró antes de caminar a su lado, guardar su varita y ayudarlo a levantarse con la mano buena, Draco muy a su pesar tuvo que sostenerse de él para poder mantenerse de pie, por un minuto no dijo nada, apretó los ojos y se concentró en respirar con tranquilidad, sabía que estaba siendo un poco exagerado, había visto ya la mano de William y él no parecía lastimado, pero Draco nunca se lastimaba de aquella manera, además, había tenido una muy mala noche, eso de dormir en el suelo no era nada cómodo.
—¿Por qué?—susurró al fin, cuando pudo controlar su dolor, sorprendentemente Harry no hizo ningún comentario al respecto y el rubio de repente se encontró un tanto molesto, obviamente él tenía secretos, tantos como Draco tenía, pero aun así era molesto.
—¿Crees que puedas bajar las escaleras? Porque igual puede levitarte, pero no te aseguro un viaje libre de molestias, probablemente te pegaras muchas veces en la cabeza—Draco soltó una maldición por lo bajo.
—Puedo hacerlo—dijo al fin, Harry rió por lo bajo antes de apretar su agarre por los hombros y comenzar a caminar hacia la puerta, Draco observó aquel lugar con profundidad.
—¿Dónde estamos?—Harry tardó en contestar, probablemente pensado en que tanto de la verdad debía decirle.
—Estamos en la casa de… Merlín—susurró perdiendo el color en el acto, Draco se puso peor también y olvido al instante lo que fuese que Harry tenía que decirle.
Alguien estaba subiendo, y ese alguien venía acompañado, a juzgar por los murmullos secos que ambos estaban seguros que no debían de escuchar, pero era tanto el silencio que fue imposible que no lo hicieran.
Draco al instante tuvo miedo, mucho para ser sincero, dio un paso atrás, o tal fue un brinco, pero lo hizo, haciendo que Harry trastabillara a su paso y lo soltase solo por un segundos antes de volver a sostenerlo, cuando el rubio estuvo a punto de caer.
Todo pasó en segundo, Draco deseó tener su varita a un lado, Harry lo arrastró por la habitación evitando las muecas del rubio y sin ningún cuidado lo dejó caer sobre la cama, el aludido soltó un grito de dolor y afuera los pasos se apresuraron, haciendo que al instante se quedara callado y Harry, para sorpresa del rubio, sacara su capa, se envolviera en ella y quedase totalmente invisible, no sin antes lanzarle una mirada de advertencia, que obviamente venia cargada de un "quédate callado"
Draco se sintió un poco traicionado, y hubiese crecido con más fuerza en el pensamiento de que William lo había dejado solo, de no ser porque la puerta por fin se abrió y apareció el primo de su madre, seguido de cerca por James Potter.
Sin poderlo evitar frunció el ceño, aquello dos no lo atacarían, aunque aún no entendía muy bien porque William se había escondido.
Hubo un momento de silencio, aquel duplo observó con interés y sorpresa al rubio, y él incomodo trató de levantarse, apoyado por los soportes de la cama.
—Tú… ¿Tú eres el hijo de Narcisa, verdad?—dijo al fin Sirius, haciendo caso omiso a la mueca del rubio, quien asintió con una mirada despectiva.
—Y tú eres el traidor a la sangre… padre acaba de despedirte—dijo con burla que no sintió, porque toda la situación era extraña, James Potter ni siquiera pareció prestarles atención, estaba perdido en su propia cabeza, de hecho, parecía, a ojos de Draco, un poco perturbado y torturado.
—Cómo sea, son cosas de familia, ¿No? todo se queda allí—él lo observó enojado, y Sirius pareció por fin percatarse de que el rubio no parecía estar bien, y aunque una parte de él lo detestaba, se acercó un poco.
—¿Estas bien? ¿Qué tiene tu pierna?—el aludido no pudo evitar gemir un poco de dolor.
—Creo que está rota, aunque no lo sé…
—Sirius…
—Ya voy James…—susurró el aludido, ignorando el tono de súplica en la frase—. Ahora tú muchacho, ¿Qué haces aquí?
—Yo…—susurró sin saber dónde estaba y sin ser consiente dio una rápida mirada a donde Harry había desaparecido—. Perdí mi varita y… bueno, este fue el lugar más seguro que encontré ayer cuando los dementores apa… ¡Oiga!—vociferó molesto, cuando James Potter lo tomó entre sus hombros, tenía una mirada extraña, que jamás había visto, estaba desesperado y algo en el único comentario de Draco había llamado su atención.
—¿Tú estuviste ayer allí?—Draco asintió, haciendo un movimiento brusco que permitió que James lo soltara.
—Eso fue lo que dije…
—Y no viste… ¿No viste allí a un muchacho de tu edad? tiene el cabello negro.
—De hecho, podría haber tenido cualquier color de cabello, pero tiene una escoba, saeta de fuego, es difícil de no notar—se interrumpió Sirius, haciendo a un lado a James, quien esperó ansioso la respuesta, el rubio tragó en seco, en parte recordando que William tenía una escoba de esas, pero era imposible que conociese a aquellas personas… ¿No?
—Yo… yo puede que…
—¿Lo viste?—cuestionó un desesperado James, el aludido negó, sin saber por qué.
—Estaba tratando de salvar mi vida, como puede imaginar, las escobas de las personas fueron lo último en mi lista…
—Olvídalo Sirius—susurró James, lastimado por aquella respuesta, que era verdad, pero que aun así le desesperaba—. No tiene caso y yo… ¡debemos seguir buscándolo! Él ahora podría estar…
—¡James!—vociferó Sirius, lanzándole una rápida mirada a Draco y dando a entender que comenzaba a hablar demás, el aludido soltó un suspiro tembloroso, de repente pareció totalmente derrotado.
—Yo…—susurró negando en seco antes de caminar por la habitación, Draco entrecerró los ojos, pero James no le hizo el menos caso, había comenzado a observar un objeto aún tirado en el piso de madera, cerca de la ventana y su rostro no mostraba más que realización que lentamente se convirtió en enojo, tal enojo y frustración que Draco no tardó en darse cuenta que lo observaba era la escoba de William, de hecho, Sirius parecía haber llegado a una conclusión parecida a la de su amigo, porque soltó el aire con aspereza y lo apuntó con su varita, algo que el rubio no esperaba, por lo que no pudo hacer otra cosa más que abrir los ojos completamente cuando James soltó un grito frustrado y corrió hacia él para tomarlo por el cuello ignorando sin ningún problema los quejidos del rubio.
—Tú…—susurró acercando su cara al muchacho—¿Dónde está?—dijo al fin, apretando más su agarre, de hecho parecía que apenas podía contenerse y Draco tuvo que luchar por llevar el aire a sus pulmones.
—¡James, lo estás ahorcando!—vociferó Sirius, un poco más consiente, pero no hizo nada para ayudar al rubio, quien olvido el dolor en la pierna para tomar las manos de James y tratar de alejarlas de su garganta, el aludido apretó aún más su agarre.
—No… no p… puedo… yo—susurró desesperado, James ignoró todo lo que salió de su boca, quería una respuesta y la quería ya, aunque Draco no entendía nada, de hecho, por un momento pensó que iba no iba a soportarlo más, hasta que algo sucedió.
Se escuchó el ruido de una capa caer y antes de ser consciente, William se materializo a su lado para tratar de alejar a James de Draco, el aludido lo hizo por inercia.
Parecía haberse convertido en otro hombre, uno totalmente diferente, cuando se separó del muchacho y observó pasmado a William, Draco no hizo otra cosa más que agacharse y tomar grandes bocanadas de aire, por el rabillo de ojos observó a Sirius Black lanzar un patronus, pero su atención se centró en William, quien había levantado ambas manos y observaba sorprendido a James.
—Ibas… ibas a matarlo—susurró al fin, totalmente sorprendido, su observación pasó desapercibida para todos, James no hizo otra cosa más que verle.
De repente parecía que el peso del mundo había abandonado sus hombros y con los ojos bien abiertos, estaba observando totalmente al muchacho. Draco al principio deseó decirle que se alejara, que James era peligroso, pero entonces William lo observó y vio que sus ojos habían cambiado, ahora eran verdes, verde profundo y diferente, aunque su cabello seguía siendo el mismo, su estatura había disminuidos, sus pómulos eran más altos, su nariz más pequeño. Era otra persona, y esa persona parecía conocer a ese James., quien sin perder el tiempo, se acercó hasta él y soltando un suspiro tembloroso se aferró abrazándolo con fuerza.
*"""""*
Draco Malfoy sabía que algo estaba completamente mal, era todo realmente, algo no cuadraba y ese algo tenía que ver con William, quien desde el momento en el que había salido de la capa de invisibilidad, no lo había visto a los ojos, lo estaba ignorando y aquello le hastiaba.
Vale, que toda la situación era extraña, desde James Potter hasta Sirius Black, quien había sacado en algún momento de la historia un Translador, que muy a su pesar había tenido que tomar, mientras William aún trataba de separarse de James, quien no parecía querer decir nada.
Entonces habían aparecido a las puertas de Hogwarts, Draco cayéndose al piso y James con un fuerte a garre al brazo de William, Sirius ni siquiera le dijo nada, ni una sola explicación trató de darle, le tomó por el hombro y le obligo a levantarse, ni siquiera pareció interesado en explicarle nada, le lanzó una mirada fulminante y le hizo caminar.
—¿James?—escuchó a William decir en algún momento, iban a pocos pasos detrás de ellos, así que no fue difícil para Draco entender por qué el silencio era muy pesado.
—Sólo…. Sólo no digas nada—susurró James, en respuesta, en su tono de voz había algo, quizá coraje, quizá frustración, por lo que el aludido se mantuvo callado, haciendo que Draco por inercia lo hiciera.
El viaje fue eterno, aunque tal vez había sido su mente, porque todos en aquel grupo actuaban extraño y Draco, que fingió no sufrir por su pierna, había estado más concentrado en su dolor que en lo que pasaba a su alrededor, además estaba pensando en su varita, que obviamente había perdido en algún momento de la noche y que esperaba, realmente lo hacía, volver a recuperarla.
Los alumnos estaban ya en clases, así que los pasillos fueron aún silenciosos e incomodos; siendo sincero, el rubio esperaba encontrar a alguien que pudiese alejarlo de aquel trio, pero nadie apareció para su mala suerte, así que llegó al ala de enfermería quejándose por todo lo alto, tanto fue así que cuando las puertas se abrieron, Poppy en seguida corrió hacia él.
Draco entonces se dio el gusto de exagerar tanto como fuese posible y culpar a aquellos buenos para nada, ignorando en buena parte a Lily Potter, quien estaba dándole un férreo abrazo a William, quien sinceramente le importaba poco en aquel momento, así que cuando Poppy lo recostó en una cama y le aseguró que sólo era una pequeña fractura, Draco esperaba cualquier cosa, cualquiera, menos que cerrara las cortinas y le dejase curándose totalmente solo.
Realmente, no había entendido porqué todo estaba tan callado, hasta se preguntó si se había quedado solo, así que se había arrastrado y había levantado levemente la cortina, solo para encontrar una escena que a futuro incluso le seguiría sorprendiendo.
Poppy obviamente había puesto un encanto para que Draco no pudiese escuchar nada, pero aunque no entendía nada de lo que parecían ser fuertes gritos, sí que podía ver la escena, William por fin se había separado de la sangra sucia, incluso Dumbledore había aparecido ya en escena, pero lo más sorprendente eran los obvios gritos del muchacho, quien hacia grandes movimientos con la mano y parecía realmente enojado.
No que James Potter se quedara atrás, tenía la cara roja, estaba también vociferando y ambos parecían no querer ceder para el otro, Sirius Black ya se había desplazado, parecía pálido como la cera y de vez en cuando lanzaba miradas silenciosas a William.
Todo fue tan raro, que rápidamente pudo darse cuenta que lo que fuese que ambos estuviesen gritando, no era apto para los oídos de Draco, ya fuese porque era algo muy personal o muy relacionado a quien-no-debe-ser-nombrado, quien obviamente había hecho el ataque a los dementores.
Y Draco odiaba que le ocultasen cosas, de verdad, no lo soportaba, quizá porque en su casa siempre había sido así y llegar a Hogwarts había significado hacerse de un control que ni siquiera había imaginado, así que un poco desesperado, siguió observando la escena.
William tenía secretos, secretos que hasta el momento Draco no sabía, no que él no los tuviera, porque si que los tenía, pero siempre había pensado que William era tan transparente como el agua, y ahora era más que obvio que incluso le había mentido, que quizá jamás le había mostrado su verdadera apariencia y que de alguna manera estaba relacionado con los sangre traidores que tanto odiaba su padre.
Así que con cuidado, trató de leer los labios de aquellas personas, le costó trabajo y apenas pudo captar algunas palabras bastante sonadas, nada tenía mucho sentido, hasta que Sirius Black abrió la boca, y cuando lo hizo le apuntó directamente.
Draco aún era incapaz de escuchar nada, pero en seguida los gritos cesaron, o al menos las bocas dejaron de moverse, todos le observaron y se sintió ruborizar, enojado con Black por haberlo descubierto, sin embargo, cuando estaba a punto de bajar la vista y cerrar las cortinas, pudo leer algo en los labios de Black que lo dejó helado, sentimiento que se multiplicó cuando James Potter asintió.
Y con eso, Draco supo que obviamente sabía algo que no debía de saber.
*"""""*
—¡Sólo quiero que me dejes explicarte, James!—vociferó Harry, tomando aire con fuerza y observando con verdadero enojo a su padre, que sí, que sabía que los había preocupado y mucho, que James sabía parecido casi al borde del colapso, que su madre lo había abrazado con tal sentimiento doloroso, sabía todo eso, pero tampoco iba a dejar que James lo tratase como a un niño.
Estaba arrepentido, de verdad, y había llegado a la enfermería dolido y angustiado, quería pedir perdón pero apenas y había abiertos la boca cuando James explotado, literal, la cara se había vuelto roja como un tomate y apuntándolo había comenzado a gritarle.
Y Harry sabía todo eso, sabía que estaban en una guerra, que se suponía que estaba muerto, que habían dementores, que había estado desaparecido toda una noche, lo sabía, pero parecía que James no entendía que no era ningún niño, que estar atrapado en una casa cuando antes había tenido tanta libertad, le sentaba mal, que extraño un mucho a todos, a Lizzy, a Aura, a Matt, incluso a Tim.
—¡No te dejo nada, Harry! ¡Diablos! ¿Qué no entiendes? ¡No puedes simplemente escaparte y esperar que… ¿Qué diablos esperabas de esto, morir…. porque?! ¡Espera! No es la primera vez que sales, ¿verdad? ¿¡desde hace cuánto haces esto!?
—Bueno… ¡Y qué más da! ¡No me ha pasado nada!
— ¡No te pregunté eso! ¡Ya no eres un niño! ¿Sabes los peligroso y estúpido que…?
— ¡Exacto! Ya no soy un niño, ¡Y parece que todo el tiempo lo olvidas, James!
— ¡Pues empieza a actuar como uno! Sabes lo… ¿imaginas lo preocupados que estábamos? ¡Hubo un ataque!
—¡Ya lo sé! Y estoy vivo, ¿O no? ¡Los sentí, James! ¿Y sabes que podía hacer? ¡Nada... porque… diablos! ¡Ni siquiera puedo decir el hechizo más simple por mí mismo!—James perdió el color en el acto, fue doloroso escuchar aquello de su propio hijo, pero aun así no bajó la guardia.
—¡Por eso no debes salir de casa!
—¡No soy ningún trofeo! ¡No puedes simplemente esperar que me encierre y…!
—¡jamás he dicho que fueras un trofeo, eres mi hijo, me importa una mierda la cicatriz y tu magia, nada de eso vale nada, por esas cosas fueron por las que te perdí y no pude estar contigo desde que era un…!
—¡Pero también todo eso me salvó! Y lo olvidad tan fácilmente…
—¡Tú eres el que olvida las cosas, Harry, tienes una idea de lo que…!
—Yo opino—interrumpió por fin Sirius, blanco como la cera, pero seguro dio un paso al frente, ambos, padre e hijo lo observaron apuntar hacia la cama del enfermo niño, Harry en seguida observó aquel lugar sólo para ver la cabeza de su amigo asomando entre las cortinas—. Yo creo que lo mejor es acabar con esto, ya saben, utilizar un Obliviate—continuó, aun apuntando al rubio, quien abrió con totalidad los ojos.
Y Harry sintió miedo, era obvio que Draco no podría salir de aquel lugar recordando lo que sabía, pero tampoco creía ser capaz de permitir que a su único amigo en aquel momento le hiciesen una cosa así.
Sin embargo, James, totalmente ajeno a lo que su hijo sentía, asintió con sequedad. Y Harry, quizá desesperado por ganar tiempo, se aclaró la garganta antes de caminar hacia su madre.
—¿Lily?—susurró, todos lo observaron, el fingió tragar en seco—. Creo que tengo la mano fracturada—concluyó, fingiendo más dolor del que tenía, al instante la mujer lo tomó entre sus brazos, lista para ayudarlo.
*""""""*
Hoy la volví a ver. Pasaron exactamente cinco meses y tres días desde la última vez que pude verla, o al menos visualizarla desde una distancia prudente, escondido detrás de las sombras, y perdido en su sonrisa brusca.
No ha cambiado nada, ¿Cómo es eso posible? No es que lleve la cuenta, pero lo hago, las fotos allí siguen, los recuerdos aún queman, mi mejor amiga aún me persigue.
Hay un gran trecho entre la mujer que es hoy a lo que fue cuando aún iba a Hogwarts. En aquellos tiempos era más feliz, sonreía todo el tiempo, y eran sonrisas genuinas que alumbraban su cara y hacían brillar sus ojos.
Después todo fue sombras, en sus pupilas y sus gestos. No quedó nada, y fue toda mi culpa. Me merezco el infierno, me lo merezco sin contemplaciones, la misericordia hace mucho que dejó de ser una opción para mí, porque cuando haces tal daño a la única persona que estás seguro de querer en esta vida, lo único que mereces es una muerte dura y dolorosa.
No palabras de aliento, no momentos felices. Porque la felicidad es para otros, para personas que puedan sentirla y vivirla, yo hace mucho que dejé de hacer esas dos cosas.
Hubo un tiempo, cuando mi ropa era vieja y antigua y mi padre gritaba y golpeaba, que yo fui completamente feliz. Aún a pesar de mi situación, verla a ella y sentirla mía fue todo lo que necesité, y pensé, porque lo hice, que no había mejor lugar en el mundo que estar a su lado, que incluso si para ella siempre fuese sólo un amugo, es más, incluso si mi padre seguía golpeando y mi madre seguía bajando la cabeza, porque estar a su lado fue lo que más me hacía feliz en la vida.
Luego vino Hogwarts, y las cosas se complicaron, fue estúpido, inmaduro. Nuestros caminos indudablemente se separaron, ella se casó, yo me perdí en mi propia oscuridad. ¿Quién sabe? No me gusta pensarlo, pero quizá si yo hubiese sido un poquito más valiente y ella un tanto más obstinada, las cosas hubiesen sido diferentes.
Jamás le dije nada lo que sentía por ella, y no creo, ni a estas alturas, que haya palabras para explicarlo, mucho menos cuando el sueño más recurrente es el que más odio.
Me quema, me aniquila, me absorbe. ¿Es eso querer? Porque la quiero, más de lo que puedo entender, es como un siempre, siempre para sonreír, siempre para amar, siempre para vivir. Que sí, que merezco el infierno, que merezco su odio, y si esto, lo que siento, es amar, entonces estoy perdido, y lo peor, creo, es que allí me quiero quedar, vivir de su odio es mejor que vivir de la nada, porque la nada incinera por dentro, en cambio así quemo en sus recuerdos como ella lo hace en los míos, quizá incluso sueñe conmigo, aunque todos esos sueños sean pesadillas, ¿Y no es mejor eso que nada?
*¨*Recuerdo**
Afuera llovía, suaves gotas como un "plop, plop" se avecinaban contra la ventana, y hacia frio, un frio que calaba en los huesos y lo hacia estremecerse, pero no se movió, ni un centímetro. Afuera el mundo podría acabarse, caer bolas de fuego gigantes y aniquilar la raza humana, pero aun así, aún y si todo terminase, nada se compararía al dolor que estaba sintiendo en ese momento.
Lily Potter aún le observaba, aunque hubiese preferido que no lo hiciera. En sus ojos había nada, un profundo vacío que gritaba en agonía, se veía tan rota, tan pequeña, tan poco de lo que era. Pero, de una manera retorcida, más fuerte de lo que alguna vez la había visto.
Porque si el amor era el sentimiento más poderoso, el odio, contradictorio y doloroso, era incluso más fuerte. El odio te mantenía vivo, te mantenía en tus cabales, y cuando todo lo que amas lo pierdes, es probablemente, la única fuente para continuar sano o insano, ¿quién sabe?
Lily Potter era todo eso, era odio en su máxima expresión y todo estaba dirigido hacia Severus Snape.
—No quiero que te vuelvas a acercar a mí o a James—dijo al fin, sin estremecerse un poco, con la voz rota por las largas horas que había pasado llorando. Snape sabía que acababan de enterrar un féretro vacío hacía poco, que los Potter estaban tan rotos que la gran popularidad que habían alcanzado por la derrota del señor oscuro, la habían pasado complemente en alto, que no habían salido de su casa en días, que no hablaban con nadie, que James Potter había dejado su trabajo y Lily su gran futuro truncado.
Y le dolió, jamás, ni una sola vez, Severus se había imaginado que dejar a Lily viva pero sin su hijo, era matarla por dentro, que sólo se quedaría una cascara vacía y que esa cascara vacía no quería nada que ver con él.
¿El cómo se había enterado? Poco le importaba en aquel momento, probablemente había escuchado por equivocación o quizá sólo lo había deducido, pero sabía, con total certeza, que Severus había sido quien le había dicho la profecía al Señor Oscuro.
Así que tragó en seco, obligando a sus músculos a no moverse, aceptando con total entereza el odio de la única mujer que significaba algo para él.
—No…—su voz se quebró y se abrazó a sí misma, dejando que su cabello pelirrojo se balanceara como una cortina—, no quiero saber por qué, no me interesa, porque al final nada de eso me ha va a regresar a… a Harry…
Y de nuevo, los sollozos llegaron a sus oídos. La vida no es sencilla, o al menos jamás lo fue para Severus Snape, pero una de las cosas más dolor le han causado en su vida, ha sido presenciar esa escena, ver como una mujer se rompe y no poder hacer nada, más que morir, eso sin duda sería bueno para ella, que tanto lo odiaba.
—No quiero…—se detuvo, aguantando pequeñas convulsiones de dolor, había tanto de ese que venía en olas que arrasaban con todo, y lo dejaban solo, desalmado, abandonado.
El infierno sería mejor, sin duda alguna.
—No te quiero ya nada, Severus Snape. No te quiero cerca, tampoco lejos, esfúmate, es Toddo lo que quiero. No quiero verte, escucharte y saberte. Enterré, junto con mi hijo… mi bebé… todo lo que fuiste para mí. Ahora eres nada, polvo… dolor. Yo creo que…te odio… ¡Dios, duele tanto!—y de nuevo, comenzó a llorar, ahora con más fuerza, con más sentimiento.
A ojos de cualquier persona, hubiese parecido débil, derrotada, y lo era, era todas esas cosas, pero para Severus también era fortaleza, como un continuo fantasma, más parecido a un dementor insalvable que había llegado aniquilando todo y llevándose junto a ella toda la felicidad que aún Snape tenía.
Hubiese dado todo lo que tenía porque el niño Potter no hubiese muerto, incluso dejar que Lily muriese en su lugar. Porque si a cambio, lo único que queda es una mujer medio vacía, medio nada de lo que fue, sin sonrisas y ojos brillantes, sin palabras de aliento o pequeños "Sev" que sonaban a gloria, era como si estuviese muerta en vida.
Porque nada era más doloroso que verla aparecerse bajó la puerta de su casa sólo para escuchar de sus labios, cuanto le odiaba y lo mucho que deseaba que estuviese muerto, aunque no lo dijera. Porque Voldemort podía ese gran culpable, pero para Lily Potter todos los que habían ayudado a que el hombre cumpliera su propósito, merecían el mismo castigo que su señor.
Severus Snape, Colagusano… y jamás, en toda su vida, había pensado que sería catalogado a la misma categoría que el pequeño y traídos amigo de James Potter.
—Lily…
Susurró, sin saber por qué, tal vez porque en su mente aún había una pequeña esperanza, que es esfumó al momento en el que ella lo observó, aún convulsionándose por el llanto.
—¡Nada! ¡No quiero escucharte decir nada! Harry… ¡Yo con gusto hubiese muerto por él, pero no me dejaron! Era mi niño… era mío. Y tú… él ya no tendrá la oportunidad de crecer, de aprender a hablar y de ir a Hogwarts… y yo estoy muriendo con él, Snape. Cada parte de mí le pertenece, mi vida gira en torno a él… ¿Qué voy a hacer ahora?
Entonces, sucedió, fue rápido. Lily soltó una arcada, después otra, parecía mareada, cansada, angustiada, con el peso del mundo sobre sus hombros. Entonces, se acuclilló, con la respiración acelerada y la cara pálida.
Las palabras había dolido, y mucho. Pero quizá la mejor venganza de Lily Evans era haber dejado aquella imagen en la mente de Severus.
—Te odio—susurró cuando pudo recuperar el aliento—. Te odio… te odio tanto.
Y entonces, sin darle una segunda mirada, ni siquiera levantarse, desapareció, dejando a su pasado a un hombre totalmente roto.
Dicen que la vida termina cuando uno muere, que después no queda nada, que todo es vacío. Pero a veces, algunas personas no tienen tal suerte, su vida termina cuando respiran, y es vacio, no felicidad, no amistad, no esperanza.
Todo es vacío.
Y Severus Snape lo sabía mejor que nadie, aunque volver a ver a Lily le había darse cuenta de algo diferente en ella, aún a pesar de lucir desesperada, cansada y abrumada, había algo en sus ojos que Snape había pensado jamás volver a ver y aquello, tristemente, no le dio ni una pequeña esperanza.
*"""""*
¡Hola! Primero, no me voy a disculpar, porque lo hago siempre. Pero bueno, que ya casi estamos en vacaciones y espero tener mucho más tiempo, ahorita, con lo de exámenes finales y trabajos no me quedo tiempo ni para respirar. Pero justo ayer soñé que actualizaba y cuando desperté me dije: Vamos, si ya hasta lo sueñas es porque ya es necesario que actualices.
Así que aquí estoy, gracias a mi subconsciente. Este es un capítulo ligeramente más largo, que creo que se lo tenían bien merecido por la larga espera. Trataré de no desaparecer por tanto tiempo, pero bueno, que ya saben que siempre vuelvo, algunos secretos ya han sido desvelados, otros no tardan en aparecer, y lo más importante, la caza de los horrocruxes ya está cerca.
Espero que el capítulo haya compensado el tiempo que pasó para que actualizara. Y sí… no contesto reviews porque ando con prisas y no quería dejarlos sin actualización más tiempo, para muchas gracias a los que comentaron, me alegraron el día, cualquier duda la contestó en el siguiente capítulo.
Nos vemos en la siguiente actualización.
