¡Lo he terminado hoy! Just lean~

Capitulo 21

Elsa abrió los ojos lentamente. Hace mucho que no se sentía tan descansada. Estaba durmiendo apoyada en el pecho de la pelirroja, y cuando fue a mirarla se dio cuenta que esos ojos turquesa la miraban con atención. Inspeccionándola con una mueca tan tranquila.

-Buenos días, reina.

Elsa se sonrojó y se alejó un poco para mirarla mejor. No sabía si le sorprendía más el apodo o su sonrisa.

-¿Hace cuánto que estabas despierta?

-Ya te he dicho, el cielo me despertó. Y al parecer tenías razón, dormir contigo hace que algo en mi mente haga clic.

-¿Has recordado?

-Algo está haciéndose nítido de a poco. Pero eso no importa ahora.

Anna sonrió y la abrazó, apegándose a ella. Parecía una niñita. La mayor correspondió el abrazo. Se quedaron ahí un rato hasta que un sonido llenó la habitación. Era Anna. Y tenía hambre. La pelirroja se levantó de la cama a toda velocidad, mientras que su rostro enrojecía.

-¡Dios, Elsa, si tenías hambre tenías que decírmelo!

Soltó una carcajada y Elsa se hizo la ofendida. Ambas rieron.

-Iré a poner agua.

Elsa se quedó ahí acostada. Se acababa de dar cuenta que aún tenía el torso desnudo. Jamás imaginó que podría dormir sin ropa y seguir viva al día siguiente. Su salud no era de las mejores. Era el calor de Anna, obviamente, lo que le permitió evitar el frio. Encontró su camiseta y se la puso, al igual que se acomodó la ropa inferior. Se sentía tan extraña. Recordó algo de la nada y corrió al baño. Luego de un rato salió y revisó las sabanas. Estaba segura que "eso" ocurría.

-¿Buscas algo?

Anna se intentaba controlar y no mandarse a reír.

Elsa se sonrojó a tope y se acostó, tapándose por completo.

-No es tan trágico como suena, Elsa, relájate, quizás ni ocurrió.

Soltó una risa y volvió a la cocina. La rubia se calmó un poco y se rehízo la trenza. Quería darse una ducha con urgencia. Los recuerdos de la noche la atacaron un poco e intentó controlarlo antes de ponerse nerviosa. En un rato llegó la pelirroja con una bandeja. En ella había dos tazas y unos sándwiches.

-Le traje el desayuno.

Hizo un gesto sobreactuado que le causo gracia. Ambas comieron con tranquilidad. La primera en terminar fue Anna, que se quedó mirando la televisión. Se veía muy relajada y eso a Elsa le encantaba. Luego de un rato la rubia terminó de comer. La pelirroja, como si hubiese estado esperando aquello, sonrió y levantó la bandeja.

-¡Okey! Me iré a bañar, luego me dices lo mucho que me amas, ¿De acuerdo?

Le dio una sonrisa burlesca. Hace tiempo que no la ponía. Sonrió para sus adentros. También necesitaba una ducha. Era un día viernes con apariencia de domingo, tan relajado. Se desnudó y se metió a la ducha. El agua estaba caliente, y mucho. Se apoyó en la fría pared de azulejo. El contraste le hizo recordar lo sucedido en la noche. No quería ni jabonarse para no tener que tocar su cuerpo sensibilizado por los recuerdos. Era una sensación maravillosa. Dio un salto. Acababa de caer en cuenta que en ningún momento pudo deshacerse de la camiseta de Anna. Cuando empezó a tocarla se vio en un agujero negro, no era capaz de pensar o siquiera recordar sus objetivos. Quería tener una segundo oportunidad y poder ver el cuerpo descubierto de la pelirroja, aquel cuerpo que aún le ocultaba.

Salió de la ducha con una toalla en el cuerpo y una en el cabello. Se puso ropa interior y se puso una camisa azul encima. Cuando iba a abrocharla la pelirroja irrumpió en su cuarto. Tenía una toalla en el cuerpo y su pelo estaba aún mojado. Se veía algo hiperventilada.

-¡Creo que lo he descubierto!

Ni se miraron. Ella fue directamente a su ordenador y lo abrió, buscando la carpeta que estaban mirando el día anterior. Revisó las imágenes pero al parecer aquellas donde estaba el cuerpo boca abajo no le interesaban. Algo estaba buscando.

Abrió otras carpetas buscando algo que le ayudase.

-¿Qué buscas?

-No lo vas a creer…

Encontró una. Puso la imagen en grande y se la mostró a la rubia.

-¿Qué le encuentras de llamativo?

Estaba Hans boca arriba esta vez. Su cuerpo estaba limpio, como cuando estaban haciendo autopsias. Su rostro se veía duro y su cuerpo estaba marcado con una musculatura considerable. En el pecho tenía una enorme cicatriz. Se veía en su rostro una afeitada descuidada, no sabía si estaba así o era post mortem. Era Hans. Al menos no lo conocía lo suficiente para decir lo contrario.

-¿Qué tiene de malo?

-Todo, Elsa.

La mirada de Anna estaba llena de brillo. Había descubierto algo y se veía feliz por eso.

-Escucha atentamente, Els. Primero; Hans nunca tenia barba, siempre era muy cuidadoso con eso.

-¿Y?

-Que si se rasurara todos los días la barba crecería parcialmente uniforme, no con ese chivo. Segundo punto; Hans era un debilucho y flacucho. Su cuerpo nunca estuvo bien formado y él no era de la clase de hombres que le interesara verse más fuerte.

Elsa empezaba a comprender su punto.

-Y último punto, y el más importante, Hans no tenía esa cicatriz, más bien, era tan cuidadoso que ni cicatrices ni heridas tenia. En resumen, este hombre no es Hans.

Estaba sorprendida, demasiado, pero aun habían cosas que no le cuadraban.

-Espera, ¿Entonces porque se parece tanto a Hans? No me digas que también tenía un hermano gemelo.

-Parecido, pero aún más terrorífico. Eso recordé mientras me duchaba. Hans tenía un montón de hermanos mayores, ¡Eran como trece! Su familia era adinerada así que no escatimaban en hijos ni en cosas materiales. Cuando él tenía quince, su hermano tres años mayor empezó un negocio con drogas. Como era mayor de edad y podían meterlo preso se sometió a un cambio de identidad. Se puso el nombre de su hermano menor, y también se hizo una o dos cirugías estéticas, eran las mínimas, así parecerse a su hermano cuando creciera. Hizo todo esto así que si lo pillaban se podía escudar con que era su hermanito pequeño y no podían llevárselo. Era un extraño enredo que jamás comprendí. Ambos se llamaban igual para crear confusión. No lo tengo muy claro, pero este hermano se llamaba George, y cuando Hans me contó de su historia yo inmediatamente me alejé de él.

-Entonces un día llegó él e intentó besarte.

-Entonces al saber que no era Hans entré en pánico e intente protegerme.

-Pero aun no entiendo qué posición tenía Andrea entonces.

-Esa zorra lo sabía todo. George estaba con ella, Andrea siempre prefería los tipos adinerados, y como este era narco tenía toda la pasta que ella quisiera. Salíamos con hombres parecidos, entonces el extraño rumor empezó a salir a la luz, era una situación confusa, además, George era tan promiscuo como Andrea. Lo vi muchas veces en esos lugares de mala muerte a los que iba cuando yo tenía quince. Claro, Hans me salvó de ese mundo, entonces luego dejé de recordarlo. La cosa es simple, Andrea al ver a George encima de mí, solo quiso vengarse. Quizás. No lo sé.

-Jamás mataste a Hans, entonces.

-No, solo a Hans el narco.

-… ¿Y de ser el caso, que hace Hans aquí?

-Me está humillando, me está asustando, porque yo maté a su hermano. Además, como quedó la fábrica a nombre de un Hans Wrestler Isles, y seguro quisieron que el "no narco" siguiera el trabajo. Salir de LA debía ser una gran idea, así mataría a dos pájaros de un tiro. Se llama igual que el muerto, es como si ni siquiera estuviese vivo.

-Parece salido de una película…

-De una película bizarra de los 70's.

-¿Te sientes mejor sabiendo esto?

-En realidad sí, me alegra haber matado a ese bastardo, se lo merecía.

Elsa soltó una risa. Primera vez que la veía hurgando en sus recuerdos y no se veía triste o exaltada. Más bien se veía feliz y rejuvenecida. Se quedaron mirando unos segundos. Estaba pensando aquello en la ducha y ahora tenía a la pelirroja en frente de ella, solo con una toalla rodeándola. Todo lo conversado le entró por una oreja y le salió por la otra. ¿Era el amor lo que la estaba enloqueciendo? No podía siquiera dejar de mirarla. Podía ver como las pecas llenaban sus hombros. Sus piernas se veían firmes. Lamentaba que el resto estuviese censurado. ¿Qué? Ya no podía ni entenderse, era demasiado, incluso para su control.

No sabía cómo estaba mirándola hasta que la misma pelirroja se empezó a poner nerviosa.

-B-bueno, eso quería mostrarte…

Empezó a caminar a la salida. No iba a dejarla salir. No podía.

-Quédate.

Anna dio un salto. Hace mucho que no escuchaba esa voz autoritaria. La miró de reojo. Se veía demasiado sexy así a medio vestir, y con esa voz. Era inevitable, esa sensación tan de mujer/policía poderosa le hacía bajar o subir, dependiendo de cómo se mire, todas sus barreras.

Aunque con Elsa no creía tener barreras… ¿No?

¿¡Que estaba pensando!? ¡Estaba desnuda! No era una persona que se dejase mirar, mucho menos una persona desinhibida en aquel aspecto. Miró la puerta y luego a la rubia. Estaba más cerca de la rubia, pero si corría podría salir de ahí. Miró a la rubia de nuevo. Tragó pesado y empezó a correr.

¿A quién engañaba? ¿Huir de la mejor policía de New York? Ja Ja.

Sintió algo frio en su mano. Dirigió su mirada y había una esposa en su muñeca. ¿Qué? Miró a Elsa y vio una sonrisa autosuficiente en su rostro. Se sentía perdida. La rubia la jaló suavemente y Anna, viendo su mano comprometida, se vio obligada a seguirla. La rubia se sentó en la orilla de la cama, se sacó la toalla del cabello y cruzó las piernas con una elegancia que era demasiado propia de ella.

La cabeza de Anna iba a explotar con tanta sensualidad. Quería agradecer, en parte, que las cortinas estuviesen cerradas y no entrara tanta cantidad de luz, o ahora mismo estaría llorando por ayuda.

-Ven aquí, Anna.

Si existía momento para desangrarse, este lo era. ¿Hans, George, drogas, narcos, muerte, juicio, cárcel? Pfff, todo había desaparecido. Si algún poder tenia Elsa, ese era el de poder hacer que toda su mente se diese vuelta. Aunque no sabía con seguridad que fuese un buen poder. Se acercó a paso lento ya que la cercanía ya era bastante. La rubia golpeó sus piernas cruzadas con una de sus manos. Era una señal. Una señal de "siéntate en mis piernas o te amarrare a la cama y morirás aquí".

-Es una venganza, terminar lo que empezamos ¿No? Por lo de ayer.

Intentaba mantener la voz fuerte que solía ocupar cuando se sentía sobrepasada en algo, pero sus nervios eran demasiados. Y por otra parte, se sentía en la obligación, de una manera u otra, de hacerle caso. Pero nuevamente, estaba desnuda, estar ahí sentada era un gran peligro para su propia seguridad física y mental.

-Quiero que estés cerca de mí.

Okey, Elsa sabia sus debilidades, y sabía que esa semi-petición con ese puchero eran demasiado para ella. Tomó aire y se sentó en las piernas de Elsa. Un sentía su pelo mojado en su espalda, así como sus piernas y brazos aun húmedos. ¿No podía secarse y vestirse antes de ir a mostrar las pruebas? ¿No podía solo pensar un poquito?

Elsa la observaba con atención. Ahora se arrepentía de ser siempre la chica que llama la atención aunque no la requiera…tanto. Se sentía débil. Y odiaba sentirse débil. Tomó la camisa de Elsa y se la sacó de un tirón, empezó a besarla con un sentimiento que no comprendía del todo mientras que sus dedos se enterraron en el cabello platinado.

La rubia correspondió el beso con la misma intensidad. Era bastante excitante la situación. Ahora entendía cuando las personas le decían cosas como "Cuando pruebas el fruto prohibido ya no puedes negarte". Y así era. Quería tener a Anna entre sus brazos. Quería sentirla. Quería ahogarla con sus besos. Quería explorar su cuerpo. Quería hacer todo lo que se pudiese hacer.

El amor era un arma de doble filo, y ahora, ambas, habían explorado ambas caras de ese amor. Pelearse, golpearse, odiarse, amarse, quererse, sentirse, cuidarse y miles de cosas más. Era algo intenso e indescriptible.

Anna sintió los brazos de la rubia rodeándola. Sintió su lengua haciendo presión en su boca. De un segundo a otro estaba siendo depositada en la cama. Elsa seguía acariciándola, temerosa, con sus manos. A la pelirroja le impresionaba cuan roja estaba la mayor. Hasta su cuello estaba rojizo. Algo hizo clic en ella. Elsa no estaba segura de tocarla. Nunca se había dejado tocar o siquiera desnudarse ante alguien. Esas cicatrices que la llenaban, que la rodeaban, que le recordaban el infierno que pasó. Pero en el fondo deseaba poder decirle a alguien todas las situaciones que le ocurrieron. Todo y todos los que la hicieron sufrir. ¿Era capaz de enseñarle eso a la rubia? ¿Era capaz de confiar en ella absolutamente?

Las pálidas manos pasaban por la punta de la toalla que la cubría, una, dos, hasta tres veces, pero no era capaz de sacarla. Se sentía casi como una abusadora. Miró el rostro de Anna. Esta tenía el ceño algo fruncido. ¿Estaba enojada?

-¿Anna? ¿Estas bien?

-Solo hazlo, Elsa.

No podía creerlo. Anna estaba ansiosa. Quería lo suficiente a la rubia para dar ese paso de confianza. Y claro, el momento también la llenaba de ansias. No era muy paciente y no sabía cuánto tendría que esperar para ver la reacción de Elsa al verla. Solo quería terminar eso rápido.

La rubia tragó pesado. Era la señal. Tomó la toalla que la rodeaba y empezó a descubrir la piel levemente morena. Anna tapó sus partes íntimas con sus brazos. ¿Qué más podía pedir? Lo importante en el caso eran las cicatrices. Estaban ahí. Al igual que aquella vez. Anna miraba hacia otro lado mientras los ojos azules inspeccionaban la piel frente a ellos. Habían algunas más grandes y otras más pequeñas. Podía jurar que varias de las pequeñas habían sido provocadas por una navaja. Las más grandes…por golpes. Golpes duros y certeros, golpes constantes en la misma dirección. Pasó sus pálidos dedos por algunas de ellas. La piel estaba levemente levantada en algunos sectores debido a la cicatrización. Tenía dudas. ¿Quién se las hizo? ¿Cuándo? ¿La policía? ¿Sus compañeros? Se sintió culpable. El que la trajesen a New York era por ella, solo por ella. Si ella no estuviese en ese puesto en aquel tiempo, ellos no traerían a la joven a esa gran ciudad. No tendrían necesidad. Todo se hubiese quedado en L.A.

Se dio cuenta que lloraba cuando unas gotas caían por el abdomen de la pelirroja, y claro, ella también la miraba con preocupación.

-¿Todo bien, Els? Hey, ¿Por qué lloras? No llores.

-Lo siento, Anna, por mi culpa te ha pasado todo esto. Yo era la detective que ellos querían para ti y por eso tuviste un duro viaje…sin contar todo el tiempo que te hicieron daño…lo siento.

Anna sonrió, no con felicidad, pero si con un afecto diferente.

-Intento cubrirme así que no puedo señalarte, algunas de esas me las hice cuando tenía quince. Ya sabes, andaba en antros difíciles. L.A. es una ciudad de locura y vicios, y yo los disfrutaba. Aunque no siempre me iba bien. No es tu culpa, es mía por ser una descuidada y una cría. Además, el sufrimiento tuvo sus beneficios al conocerte.

-Gracias…

-¿Eh? ¿Gracias por qué?

-Por dejarme verlas y confiar en mí…

Anna se sonrojó y le sonrió a la rubia.

-Es porque te amo.

Rodeó el cuello de la rubia y la apegó a su cuerpo. Bueno, en un principio lo encontró buena idea hasta darse cuenta de su desnudes. ¿¡No podía pensar un poquito!? Sintió un escalofrió cuando las frías manos de la rubia tocaban su piel. La rubia se incomodó al respecto.

-…Lo siento…No lo hare más…

Anna estaba temblando y claramente pensaba que era su culpa. Sus manos siempre heladas, su cuerpo siempre helado. Debía ser molesto para la pelirroja el tener que sentir ese frio. Pero esta estaba temblando por una razón diferente.

Amaba a Elsa. Había superado todas las barreras autoimpuestas en algún momento de su vida. Quizás había hecho esas cosas más veces. Quizás era un mundo ya explorado. Pero necesitaba a Elsa. Quería sentir a Elsa. Quería que ambas pudiesen ser de la otra, sin restricciones, sin miedos, sin vacilaciones. Sabía lo que Elsa creía, pero ella estaba mal. No le molestaba el frio, no le molestaba Elsa. Al contrario, la quería cada vez mas cerca.

-No me molesta, Elsa…solo…deja de pensar…

La rubia se sonrojó. ¿Dejar de pensar? Si dejaba de hacerlo quizás haría algo que molestaría a la pelirroja. No quería eso, pero, ¿Qué quería en realidad? Si, quería que Anna fuese suya. Lo dijo antes y lo reiteraba ahora. Anna no se negaba a aquello. Tenia la fuerza, la habilidad, hasta la terquedad suficiente para negarse si fuese el caso. ¿De que tenia miedo entonces? Quizas escuchar algo negativo de esos labios. Queria escuchar como le decía su nombre entre jadeos, pero y si no fuese el caso…¿Y si-?

Su mente se puso en blanco, nuevamente. Las manos de Anna tenían las suyas bien agarradas y las dejaba en su pecho.

-En serio, Elsa, deja de pensar o me iré a mi puto cuarto.

Soltó una risita. El calor de la piel de Anna atravesaba sus palmas. Era una tonta. ¿Necesitaba mas señales que esa?

Empezaron a besarse nuevamente. Las manos frias empezaban a tornarse mas calidas o quizás era su piel la que se acostumbraba al tacto. Elsa estaba siendo cuidadosa, tanto como ella misma habia intentado serlo la noche anterior. Soltó un suspiro. Luego otro. Sentia el aire denso. Los labios de Elsa estaban besando su torso. Por todos lados. Sin dejar algún lugar sin atención. Siempre le habían encantado los labios de la rubia, ahora le gustaban un poco mas. Soltó un gemido. Era obvio que Elsa no podría dejar sus manos tranquilas. Estaba siendo explorada con suavidad, temor y constancia. Queria abrazarla. Le dio una mirada. Aun seguía en su abdomen besando alguna de esas feas cicatrices. ¿Por qué se sentía tan bien?

Volvió a gemir. Elsa habia avanzado un poco mas. Se afirmó de las sabanas. Se sentía extraña. Se sentía casi a punto de llorar. ¿Llorar? ¿Por qué? No sabia. Estaba en un delirio hormonal sin comprension. No podía evitarlo. Soltó otro gemido que vino acompañado de un leve y lastimoso sollozo.

Estaba a segundos de adentrarse en la mas joven, hasta que escuchó un sollozo. ¿Sollozo? Miró a la pelirroja que tenia el rostro completamente enrojecizo, sus labios semi abiertos y sus ojos llorosos. ¿Qué estaba haciendo mal?

-…¿Estas bien? ¿Te estoy haciendo daño?

Anna no supo que contestarle. Estaba bien, según creía. No le habia hecho daño, y de eso estaba segura. Solo era una extraña sensación subiendo y bajando en su pecho. ¿Qué quería? Un abrazo, volvió a escuchar en su interior. Hizo un gesto con los brazos que Elsa rápidamente pudo decifrar. Subió y abrazó a la pelirroja, dejando su cabeza entre su hombro y su cuello.

-¿Mejor así?

Solo escuchó un leve susurro. No sabia que Anna necesitara tal cercanía. Le pareció tierno. Volvió a seguir con lo suyo aun manteniendo el cuerpo de la pelirroja pegado al suyo.

Escuchó un fuerte gemido, pero agradecia saber que no era de dolor. Intentaba ser suave. No queria causarle ningun dolor. No de nuevo. Anna se aferraba a su cuerpo y sin darse cuenta le empezó a desabrochar el brasier. Aun en ese estado era capaz de hacer algo, muy contrario a ella misma, que estaba demasiado atraida por las sensaciones que no era capaz de hacer algo con sus manos.

-Elsa...

Su corazón se acelero mas cuando sentia las caderas de la pelirroja moverse junto a ella. Estaba enloqueciendo. En cualquier segundo podria perder los estribos. Ambas soltaron un gemido. Anna habia contraatacado. Elsa se estremecio. De verdad tenía mucho mas coraje que ella.

El calor de Anna era muy intenso. Podia sentirlo tanto en el exterior como en el interior. Ya no podia pensar en nada. Sus gemidos se acompasaban sin parar. Podia sentir a la pelirroja temblar constantemente y ella misma se sentia temblar. Se apodero del cuello de Anna mientras esta mordia suavemente su hombro, como si intentara calmarse a si misma.

Anna empujo fuertemente en su interior y su cuerpo se revolvio de sensaciones. Su cabeza se perdio cuando la pelirroja mordio mas fuerte y su mano libre tiró de las sabanas. Su mandíbula se apretó luego de soltar un profundo suspiro. Nunca se había sentido tan llena de poder, tan llena de convicción, como en esos minutos.

Sonrio al ver el rostro rojizo de la chica. Tenia los ojos cerrados y su respiración era fuerte. Empezó a relajar su mandíbula y sin darse cuenta le empezó a dejar besos en todo su rostro, en cada peca, en cada sector lleno de rubor. Se detuvo cuándo escuchó una risita.

-Que cursi, por dios.

Se sonrojó. Ya no se entendia. La pelirroja la hacia convertirse en alguien que no conocia.

-¿Te molesta?

Los ojos turquesa, bañados en un brillo intenso, la observaron con duda. Cambió a pensativa rapidamente. Estaba relajandose poco a poco. La cercania de la rubia estaba llena de intensidad y aun no podía dejar de pensar en ella. Siempre fue algo dura con ella, en varios aspectos, otras veces llenas de suavidad. ¿Pero eso le molestaba? Sonrió.

-No me molesta nada de ti, solo cuando me ignoras.

Elsa resopló.

-Lo dices como si lo hiciera siempre.

-¿No es así?

Soltó un quejido cuando los largos dedos de la rubia se habían aferrado a su mejilla y la tiraba con fuerza.

-¡Hey!

Se besaron lentamente hasta que escucharon el timbre.

Se miraron con duda. ¿Podia ser él?

Se levantaron y se vistieron con lo que llevaban hace un momento, casi automaticamente. Elsa tomó su arma y ambas avanzaron hacia la puerta. El living seguia bañado por una leve oscuridad. Elsa tomó el pomo de la puerta pero Anna le arrebató el puesto.

-Tu tienes el arma.

Susurró despacio y le cedio el lado. Apuntó con el arma y la pelirroja abrio la puerta de golpe.

No habia nadie.

-Huyó antes.

-Mira eso, Anna.

Habia una especie de paquete en el suelo. La pelirroja miro a todos lados y lo tomó.

-¿Que pasa si es una bomba?

Anna puso cara de horror y tiró el paquete nuevamente al suelo.

-No quiero mas bombas.

Elsa soltó una risita y fue a tomar el paquete. No tenia el peso de una bomba comun, ni tenia algun sonido que la identificara como tal. Tuvo que desactivar varias en su vida y esa no era una bomba. Mas bien tenia un peso liviano con algo en él.

Cerraron la puerta y empezaron a abrir el paquete. Anna tembló al ver una especie de ropa color rojo. Elsa miró con duda y tomó la ropa, estirandola. Era una camiseta verdosa manchada de sangre putrefacta. Ambas se taparon la nariz como reflejo.

-¿Una broma?

-Es la polera que tenía George.

Sentía aquel olor fuerte a cigarrillo. Estaba acostumbrada a ese aroma. Caminó entre la multitud bañada con una luz azul. Se vio tambalear y chocó con alguien. Esa persona no la miró ni ella inicio algun contacto visual. Siguio su camino. Queria dirigirse a la salida, pero más bien no la podía encontrar. Terminó cerca de los baños donde había un olor fuerte a orina en todo el perimetro. No importaba, a esas horas de la noche no estaba sensible a nada.

Una chica, quizas de unos años mayor se le acercó. "¿Estas bien?", le preguntó para luego continuar, " No te ves bien."

La pelirroja enfocó la mirada en la chica. Era rubia y tenía unos ojos llamativos de un color que no supo decifrar. Tenía razón. Estaba pésimo. Pero ella misma sabia que habia estado en peores, asi que no le sorprendia su estado.

-Estoy bien.

-¿Como has entrado aqui? Eres muy joven.

Anna le miró con una mueca algo furiosa, y algo porque no estaba realmente enojada.

-No es tu problema.

Pasó de ella y volvió a introducirse en la multitud. Los cuerpos, igual de extasiados, se agolpaban entre si. Le daba rabia no poder salir de ahi. Un tipo la empujó y esta casi cae hacia atras, pero pudo sentir unos brazos deteniendola en el momento justo. Se dio vuelta y volvió a ver a aquella rubia. Se quedaron mirando mientras la musica cambiaba a una mas ritmica y con menos sicodelia.

Anna no sabia si estaba lo suficientemente ebria o aquella desconocida le estaba bailando. Se veia madura y seria, pero la incitaba a bailar.

-No se si eres una stalker o estas tan ebria como yo.

La rubia le sonrió con picardía.

-No bebo, al menos no lo que venden aquí.

Sin darse cuenta ya se estaba moviendo al ritmo de la musica. Siguiendo el paso de la chica. De verdad había sido seducida.

-Me sorprende que no bebas.

-Me sorprende que aun puedas bailar.

-Soy buena haciendo lo imposible.

-¿Te invito una copa?

-Eso no suena muy razonable.

-Tú no suenas razonable al decirme eso.

-De acuerdo, llevame a la barra.

Soltó una risa mientras los dedos de la rubia se aferraban a su muñeca y la tironeaba por la pista. Cuando llegaron a la barra esta estaba con grupos de personas amontonadas esperando sus bebidas. La rubia solo estiro su mano, y en menos de un minuto ya tenia una cerveza en su poder.

-Eso es impresionante.

-Me gusta hacer lo imposible.

Habia algo en aquella rubia que le llamaba la atención. Tenia un "algo" que le hacía sentir extraña. Bebio su cerveza en unos segundos, a base de unos grandes tragos.

-Ya veo porque te embriagas tan rapido.

-¿Eres espía?

La chica volvió a sonreir. Anna acababa de darse cuenta de lo hermosa que era. Se parecía un ángel entre tanta gente extraña y estúpida. Se sintió caer de nuevo pero pudo estabilizarse.

-Necesitas aire.

Volvió a tomar su muñeca y la encaminó por diferentes lugares hasta que de la nada la música se detuvo y el aire fresco le invadió los pulmones. Si, eso necesitaba. Dejó de ver a la rubia y sin pensarlo empezó a caminar por la calle. Estaba relativamente vacio, solo un par de jovenes se mantenian en la puerta del local. Vio a una de sus amigas y se acercó a ella, sin importarle las demas personas que se hallaban a su alrededor.

-Hey, ¿Como va todo?

-Bien, adentro esta un poco aburrido, un amigo nos va a invitar a su casa a fumar de su pasta, ¿Te nos unes, Anna?

-Suena divertido, pero quiero buscar a una chica que me encontré adentro.

-Eres una casanova, ¿Ya dejaste a Julie?

-¿Julie? Ah, ¿Esa pelirroja? Solo me acosté con ella un par de veces, parece que tenia novio, pero era un disfuncional.

Anna soltó una carcajada y su amiga, de un cabello negro azabache, le siguio.

-Haces mejor su trabajo. Te dejo ir entonces.

Se sonrieron y la pelirroja se devolvio en sus pasos. Paso unos minutos entre la entrada del local y un callejon colindante. Debio pedirle el numero a la chica, o lo que sea. No se dio cuenta cuando se quedó en la soledad absoluta. No le importaba, estaba demasiado ebria para preocuparse. Escuchó su nombre. Una, dos, tres veces. Quizas mas. No estaba tan ebria tampoco para imaginarlo. Se diriguio al lugar de donde provenía el llamado. Un hombre joven, mayor que ella, la tomó por sorpresa. Anna no se asustó. No le tenia miedo a nadie. Lo miró con suficiencia.

-¿Asi que soy un disfuncional, eh?

El chico tenia un rostro entre dolido y exaltado. Quizas si tenia un poco de miedo, ahora que sabia que se habia acostado con la novia de aquel gorila.

-No te enfades conmigo, ella me dijo aquello.

-Ya le dare su merecido.

-Espera, a ti te conozco.

No alcanzó a hacer nada porque el hombre le habia encestado un gran golpe en la cara. Cayó al suelo estrepitosamente y logro sentir varios golpes en su abdomen. Algunos le ardían luego de un rato. El hombre se detuvo de la nada y su imagen desaparecio para mostrar a esa rubia enloquecedora.

-¿¡Quien te hizo esto!?

-El...narco...

La rubia se levantó deprisa y sacó, lo que su visión le permitió ver, un arma. Salio de ahi rapidamente y cerró los ojos, desmayándose en ese mismo lugar.

-¿Anna?

Abrio los ojos. Estaba en el sofa y aquellos ojos azules la miraban con preocupación. ¿Que fue eso? ¿Que fue todo eso?

-...Elsa...

-¿Si?

Quizas si estaba loca.

-Nada...no importa.

Pasaron unos minutos sin hablarse. Elsa tomaba la caja y la camiseta y las metía en una bolsa. Era algo así como una evidencia, aunque ese ya no fuese su trabajo. Anna se había desmayado, estaba algo pálida, pero ya se veía un poco más lucida. Al parecer los recuerdos siguen llegando. Son como las réplicas luego de un terremoto. No se sabe cuándo se detendrán ni por cuanto duraran, y claramente, no se sabrán que tan fuertes serán.

-¿Estas mejor?

-Sí, solo que me choqueo un poco todo esto, siento haberte preocupado.

Anna se dio cuenta que Elsa estaba vestida y al mirarse se dio cuenta que también lo estaba. Se sonrojó fuertemente.

-Elsa…

-¿Si?

-Eres una pervertida…

Decidieron que lo mejor que podrían hacer era salir de la casa y relajarse un poco. El estar encerradas en un lugar donde el enemigo conoce a la perfección es un poco…perturbante. Fueron a comer comida china, al mismo restaurante donde fueron cuando se conocieron. Tenía el mismo aire de siempre y todos andaban muy alegres. ¿O ellas andaban muy tensas? Le pidieron al hombre chino un menú y se quedaron esperando con aquellas galletas de la suerte. Esta vez Anna no se la comería entera.

-Me da miedo abrirla.

-¿Recuerdas lo que te salió la primera vez?

-¿Algo de que la verdad se revela?

-Si.

-Al parecer iba más dedicada a mí misma que a mi juicio.

-Quizás esta vez es algo diferente.

Anna abrió la galleta con duda y estiró el papel.

-"Las almas predestinadas serán unidas por el destino."

Elsa se le quedo viendo mientras que su rostro enrojecía.

-Dios, que cursi…

Anna sonrió sin poder ocultar un sonrojo que le llenaba hasta las orejas. Ambas se sonrieron cómplices y luego de un rato recibieron su pedido. Estaba tan rico como la primera vez que fueron. Ese sabor levemente picante, con un toque diferente, algo hogareño y cálido. Sin duda el hecho de estar con la rubia era aún más gratificante.

-Hey, Elsa, no abriste la tuya.

-Cierto.

Elsa tomó su galleta y la abrió, estiró el papel y lo leyó.

-"La intuición puede ser tan fuerte como el amor."

-¿Eh?

Anna se apoyó en la mesa y leyó el papel por sí misma.

-¿A qué se refiere?

-Quizás que debo confiar en mi intuición.

-¿Y qué te dice tu intuición?

Ambas se quedaron mirando. Elsa frunció el ceño y se cruzó de brazos. Quizás todo eso era una señal. Su intuición… ¿Qué le decía?

-Me dice que tenemos que ir a Los Ángeles por respuestas…

-Oh… ¡Oh! Suena fantástico, Elsa, pero…ya sabes…aun me quedan 6 días…y no puedo salir de la ciudad…

-¿Desde cuándo Anna Summers hace caso a las reglas?

La pelirroja abrió los ojos de golpe. Luego soltó un suspiro que vino seguido por una carcajada.

-Quizás solo intento estar a tu nivel, Elsa.

-No creo que puedas superarme, soy policía después de todo.

-De acuerdo, señorita sabelotodo, ¿Cuál es tu idea para salir de aquí?

-Han cambiado las cosas últimamente, Anna, lo que mi intuición me dice es que Hans te puede atacar en cualquier momento, teniendo al gobierno unido con Andrea jamás te dejaran en paz, se aprovecharan y te dejaran vulnerable. En Los Ángeles tienen que tener menos contacto con Andrea, y claro, estoy cien por ciento segura de que ella está encerrada aquí. Deben estar esperando el momento en que tú seas legalmente libre para poder hacer algo con ella.

-Sigo sin pillarlo.

-Si nos escabullimos a Los Ángeles estarás a salvo, al tener a una policía menos alterada por el gobierno, al tener a tu amigo de la infancia ahí puedes enterarte de cualquier persona sospechosa que entre a la ciudad, conozco buenas personas cuando viajé ahí en el pasado, y claro, allí no saben de todo el contacto que tienes conmigo, en cambio aquí todos lo saben.

-De acuerdo, allá estaré más protegida. Pero tarde o temprano se enteraran que estoy allí. Algún contacto en L.A. les avisará de que entramos a la ciudad ¡O se enteraran apenas salimos de New York!

-Yo sé cómo crear una distracción para la gente que nos vigila, puedo crear movimientos falsos para que sigan creyendo que estamos activas. Ahora, Anna, la parte importante, ¿Sabes de alguien que haga identificaciones falsas?

-¿Eh…? ¿Eso no es muy sucio? Y en ese caso, ¿No deberías tu saberlo?

-Todos los que hacían dichas cosas eran perdedores y fueron fáciles de capturar, tú sabes de ese mundo, un mundo al que mis métodos están obsoletos e inútiles. Soy una policía, si ellos fuesen poco profesionales ya los habría atrapado.

Anna frunció el ceño. Miró alrededor del restaurante. Respiró profundamente recordando aquel tiempo en las clases de yoga. Ella era una delincuente, podía reconocer a alguien de "su tipo" con solo verlo. Sonrió al recordar a un hombre grande, fuerte, intimidante, y poseedor de tanta pasta y poder como fuese posible imaginar.

-Se me ocurre el lugar perfecto.

Holis~ Me he atrasado esta vez porque me he olvidado del seguimiento de la historia, ya saben, mientras más largo es, más grande es la confusión entre capítulos xD

Como sea, mañana empiezo a trabajar hasta el día de navidad, así que me apuré en subirlo y a pesar de haber escrito un par de frases más decidí cortarlo para mantener el suspenso.

Les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo muy adelantado, pero quien sabe cuándo nuestros destinos vuelvan a unirse xD

Ojalá les haya gustado este capítulo aunque siento que le faltó algo de magia…(Tenia una inspiración bastante pobre este mes, además lo revisé apurada xD)

Cuídense mucho e intenten no comer ni tomar tanto estas festividades, les manda mi dieta pospuesta…

¡Ciao!