Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Suéltame, Taichi. – exclamó con determinación, aún tratando de zafarse del agarre. – ¡Tengo algo importante que hacer esta noche!

No, Mimi. – respondió sin dejar de caminar. – Esta noche me vas a escuchar.


Dream High

Golpe de realidad


Dentro del lugar, en una de las esquinas de la sala de karaoke se encontraba el círculo de cinco chicos rodeando a Yamato, quien los miraba entre ansioso e impaciente. No sabía por qué se sentía de ese modo, pero suponía que simplemente era porque Mimi se encontraba esperándolo afuera y en unos minutos, por fin, podrían salir a cenar juntos.

Una cita.

Una cita en la que, después de meses de silencio, al fin le confesaría sus sentimientos.

– Hey, Ishida. – habló Ryo moviendo sus manos frente al rostro del rubio. – ¿Estás ahí? Pareces distraído.

Yamato parpadeo varias veces para salir de sus pensamientos y después se aclaró la garganta.

– ¿Qué pasa? – preguntó.

– Es... sólo que queríamos disculparnos por la actitud ruda que hemos tenido con ustedes. – dijo el moreno. – ¿Verdad, chicos?

Los aludidos se miraron entre ellos y atinaron a asentir con leves sonrisas en sus rostros. Definitivamente no entendían la actitud tan repentina de su amigo, pero bueno, al fin se estaba portando amable, así que no lo detendrían.

– ¿Es eso? – inquirió el rubio arqueando una ceja. – Creo que esa disculpa también se la deben a Mimi.

– Sí, bueno, eso no es todo… – continuó Ryo. – Es que… escuchamos por ahí que tenías algo que ver con Hiroaki Ishida.

Yamato apretó la mandíbula al escuchar ese nombre. Se esperaba todo por parte de esos chicos, menos que le nombraran a ese hombre.

– Eres su hijo, ¿verdad? – intervino Juri. – ¡Soy fanática de tu padre, sé todo sobre él! Sabía que uno de sus hijos estaba en una banda llamada Generation X, pero el paradero del otro era un misterio, y mírate, ¡aquí estás!

Yamato con disimulo frunció el ceño. Esa pequeña castaña le recordaba a las molestas chicas de su antigua universidad, que se la pasaban todo el tiempo hablando maravillas de su padre y no lo dejaban en paz. Fue inevitable que fugaces fragmentos de recuerdos comenzaran a volver a su mente. Recuerdos de una plática lejana...

"¿Entonces vives en los Estados Unidos con tu papá?"

"Ya no. De hecho por eso me vine a estudiar lejos, para no tener que verlo, el simple hecho de tenerlo cerca era insoportable."

El rubio permanecía en silencio, con un semblante serio, como de hielo. Su mirada se había endurecido y su cuerpo se tensó. ¿Tan mal le hacía que lo asociaran con él?

– ¿Entonces sí eres su hijo? – ahora habló Ruki, cruzándose de brazos.

– No. – respondió tajantemente.

Hubo unos instantes en los que nadie habló ante la respuesta tan terminante de Yamato, pero Ryo no tardó mucho en situar la mano sobre su barbilla como si estuviera pensando, mientras una sonrisa de medio lado se formaba en su rostro.

– Ya veo, no tienes nada que ver con él. – habló. – Claro, es sólo coincidencia de apellidos. Y pensándolo más detenidamente, no sé ni porque te asociamos con el gran Ishida, no hay comparación entre él y tú.

– ¡Ryo! – exclamó Henry regañando a su amigo, dando un paso al frente.

– ¿Qué? – replicó encogiéndose de hombros. – No es mi culpa que este rubiecito solamente nos haya querido confundir por el apellido. – fijó su vista en Yamato. – No debes usar la fama de alguien más para ser notado.

"No puedo estudiar música porque todo el mundo pensará que me estoy colgando de la fama de mi padre, incluyéndolo a él."

– Cierra la boca. – sentenció el rubio con voz fúnebre.

– ¿Por qué tan ofuscado? – preguntó Ryo. – No entiendo, ¿te molesta que hablemos de Hiroaki Ishida?

– Ya cállate, Ryo, lo estás arruinando. – habló la pelirroja. – Mira, ese apellido no es muy común. – ahora se estaba dirigiendo a Yamato. – Es obvio que tienes algo que ver con él, no importa si eres el hijo o el sobrino, lo que importa es que eres un Ishida.

– No tengo porque aclarar eso. – replicó el Yamato, tratando de mantener la calma. – Pero si lo único que querían era hablar sobre ese señor, será mejor que me vaya.

– Espera, espera. – ahora habló Ryo de nuevo. – Ruki tiene razón, disculpa de nuevo mi mal comportamiento, creo que es parte de mi personalidad y no puedo evitarlo…

Yamato resopló con pesadez.

– ¿Qué quieren?

– Pues verás, nosotros tenemos un grupo, somos los D-Tamers. – dijo el moreno. – Y no sé, al saber que llevabas el apellido Ishida me vino una idea a la cabeza…

Ahora Henry, Takato y Juri entendieron la razón por la que Ryo se había acercado a Yamato. Ruki lo había comprendido desde que escuchó el nombre completo del rubio, pero hasta ahora había decidido hablar, y justo a tiempo, ya que su líder había estado a punto de estropear un posible trato.

– No somos de andarle dando vueltas al asunto. – continuó Ruki. – Así que aquí te va, queremos que nos contactes con Hiroaki para ver si nos puede escuchar y se anima a producirnos un disco.

Yamato abrió la boca para decir algo, pero mejor prefirió guardárselo, porque a una mujer no se le contestaba del modo en que él pensaba hacerlo.

– Lo siento, pero no. – replicó conteniéndose. – Ahora, si me disculpan…

El rubio estuvo a punto de darse la vuelta, pero el pequeño castaño del grupo, Takato, lo detuvo.

– ¡Por favor! – exclamó juntando ambas manos a modo de súplica. – No te estamos pidiendo nada del otro mundo, es sólo un pequeño empujoncito el que necesitamos…

– Anda, no seas envidioso, Ishisa. – insistió Ryo. – ¿Qué? ¿Acaso tú quieres ser el único que tenga facilidades en el camino hacia la fama?

Y aunque eso último lo dijo de broma, Yamato no pareció tomarlo así.

"¿Pensarán que tuviste el camino fácil y que te estás colgando de la fama de tu padre? ¿Tan poca confianza tienes en ti mismo?"

Esas palabras se las había dicho Mimi.

Henry dirigió su mirada hacia el rubio, quien parecía que en cualquier momento se lanzaría a golpear a Ryo. No sabía que era exactamente lo que tenía tan enfurecido a Yamato, pero decidió que lo mejor sería intervenir.

– Hey, no presionen, tal vez no puede ayudarnos por ahora. – dijo el peliazul. – ¿Cierto, Yamato?

Pero antes de que el aludido si quiera tuviera intenciones de responder, intervino Juri.

– Ow, por lo menos danos el contacto. – suplicó. – ¡Me muero si lo conozco en persona!

Y de nuevo los retazos de recuerdos de aquel día en que conoció a Mimi lo invadieron.

"No sé si hayas oído hablar de Hiroaki Ishida…"

"Pues claro, es muy famoso. Compone excelente música y…"

"Él… es mi padre."

Esto ya no le estaba gustando en lo absoluto. Después de casi un año que llevaba en Tokyo, nunca había tenido que enfrentar una situación así y de hecho, ese asunto lo tenía totalmente enterrado. ¿Hiroaki Ishida? Sí, era su padre. Más bien, es su padre, pero es más que eso…

Es la razón por la que él había decidido no estudiar música.

Pero ese día en que conoció a Mimi, la inquietud por perseguir su sueño nació en él y ahora llevaba tiempo haciendo lo que más disfrutaba y no pensaba cambiar por nada, pero…

– Por favor, por favor. – la chica lo sacó de sus pensamientos. – Realmente queremos conocerlo.

– Lo siento pero yo no puedo hacer nada por ustedes. – sentenció con el propósito de concluir con esa plática que no le estaba haciendo bien.

Ryo resopló, se estaba hartando de las constantes negativas del rubio. ¿No pensaba ayudarlos? Está bien. Entonces él no se iba a guardar sus palabras.

– Ya, Juri, déjalo. – dijo en un tono arrogante. – Seguramente no puede ayudarnos por el simple hecho de que primero tiene que ayudarse a él mismo.

– ¿Qué dices? – inquirió Yamato, apretando los puños.

Ryo mostró su típica sonrisa de medio lado, lucía confiado.

– Es evidente que cantas bien y tienes un poco de talento, pero nada que ver con el gran Hiroaki Ishida. – dijo con mucha seguridad. – Se nota que no te agrada llevar su apellido, y eso es porque sabes que no le llegas ni a los talones.

"Siempre van a haber comparaciones."

"¿Qué acaso eso no es cobardía? ¿Temes ser comparado con tu padre?"

Yamato no supo cómo, pero ya estaba en el suelo, sobre Ryo, golpeándolo con toda su ira, con todas sus fuerzas. ¿Por qué había reaccionado de ese modo? No tenía idea, probablemente porque todos sus temores internos habían vuelto a la superficie en un corto instante.

– ¡Yamato, cálmate! – exclamó Henry, quien ahora yacía de rodillas en el suelo, tratando de quitarlo de encima de su amigo, por lo que Ryo aprovechó y ahora él le propinó un fuerte golpe al rubio.

Se había desatado una pelea.

La poca gente que quedaba en el local se había empezado a reunir en donde estaba el escándalo. Juri se encontraba gritando horrorizada mientras Takato, Ruki y Jenrya trataban de detener a ambos chicos.

Yamato de nueva cuenta terminó sobre Ryo, comenzando a golpearlo sin pausa, sin freno, sin culpa. Él no era así, una voz interna le gritaba que dejara de hacerlo, pero en ese momento estaba sordo, lo único que venía a su mente eran recuerdos…

Recuerdos de las discusiones con su padre.

Recuerdos de cuando se salió de su casa para alejarse de su sombra.

De cuando decidió dejar de lado la música para evitar suposiciones.

Para evitar situaciones como esta.

Recuerdos de todos esos sentimientos reprimidos.

Sentimientos de desconfianza, de insuficiencia, de frustración, de enojo, de coraje… de ira.

Ira que estaba siendo desatada ahí mismo y no parecía tener intenciones de parar, pero una ola de agua fría hizo que se detuviera en seco. Miró a su alrededor, todas las personas del lugar veían la escena entre curiosos y preocupados, y ahí estaba el profesor Kido, quien parecía molesto, o tal vez decepcionado, y traía entre sus manos una gran tina, de la que supuso salió el agua que lo había dejado empapado.

– Yamato, será mejor que nos vayamos. – habló el mayor acercándose a su alumno y tomándolo del brazo para que se levantara.

– I-idiota… – musitó Ryo limpiándose la sangre que corría por la comisura de sus labios mientras era levantado por Henry y Ruki.

– Basta Ryo, tú empezaste… – habló Takato. – Lo mejor será que nos vayamos ya.

– No pudiste haberlo dicho mejor. – lo secundó Henry. – Vámonos.

– Nosotros también deberíamos irnos, Yamato. – dijo Joe.

– Sí, claro… – replicó el rubio, tratando de normalizar el ritmo de su respiración.

– Si por mí fuera, esto no se quedaría así. – habló Ryo, apartándose del agarre de sus amigos. – De todos modos me voy tranquilo, pues yo no soy el del problema. Lástima por ti, la sombra de tu padre te va a perseguir siempre.

Yamato achicó la mirada y dio un paso al frente, pero de inmediato fue detenido por su profesor.

– Es suficiente. – sentenció Joe.

– Vámonos ya, Ryo. – esta vez habló Ruki, quien se mantenía cruzada de brazos.

El moreno le lanzó una última mirada a Yamato y después se giró para comenzar a caminar hacia la salida de la sala de karaoke, el resto del grupo lo siguió en silencio, con excepción de Henry, quien parecía apenado.

– Lo siento, no sabía cuáles eran sus intenciones. – se disculpó con Yamato. – No hagas caso a todo lo que dijo y mejor disfruta la noche. Tienes una cita, ¿no?

Esa última oración lo hizo aterrizarse por completo. ¡Claro, tenía su cena con Mimi! De pronto y extrañamente rápido, el asunto de su padre quedó en segundo plano y fue como si una luz iluminara su camino.

Mimi.

Mimi.

Mimi.

Tenía que verla, y tenía que verla YA. Sabía que ella era la única capaz de, sin siquiera proponérselo, hacer que olvidara este incidente por completo. El sólo ver sus hermosos ojos color chocolate y esa sonrisa que solamente le dedicaba a él era suficiente para que en su interior sólo existiera un sentimiento de dicha. La necesitaba, necesitaba estar con ella en este mismo instante.

Salió de su trance con la sola intención de ir corriendo hacia la entrada, donde la chica lo esperaba, pero fue detenido por el agarre de su profesor.

– No debería dejarte ir en ese estado.

Yamato iba a responderle que no pensaba pedirle permiso, pero suspiró con pesadez para calmarse por completo.

– Lo siento profesor, pero ya pasó, no se preocupe.

Joe negó con la cabeza.

– Después me tendrás que explicar. – dijo con una leve sonrisa. – Ve a lavarte la cara y apresúrate a ir con Mimi, ya sabes que no le gusta esperar.

El rubio le devolvió la sonrisa y después asintió, comenzando a caminar hacia los sanitarios para revisar su aspecto, que seguramente no era el mejor.

::

En ese momento, en los tocadores de Alta Voce, se encontraban Sora y Catalina. La francesa se estaba retocando en maquillaje en los labios mientras que la pelirroja la esperaba, recargada en la pared.

– Hey, ¿interrumpí algo importante entre Mimi y tú? – le preguntó la rubia, quien seguía mirándose al espejo, ahora acomodándose el cabello. – Es que parecía que hablaban.

– ¿Ah? No… no era nada importante. – replicó Sora, algo dudosa.

Catalina dejó de arreglarse, para mirar a su amiga.

– ¿En serio? Ambas se veían muy sonrientes.

– Fue solamente porque la presentación salió muy bien. – dijo acercándose al espejo para fingir que se arreglaba el cabello.

– Oh, es que se me hizo raro… ella y tú no se llevan nada bien. – exclamó desviando la mirada y arqueando las cejas. – ¿Ya se arreglaron las cosas entre ustedes?

Sora tardó un poco en responder.

– Pues solíamos ser amigas, no creo que haya necesidad de "arreglar las cosas" para que podamos hablar. – replicó mirando a la rubia en el reflejo del espejo.

– Ja… – bufó descaradamente. – No mientas, la rivalidad entre ambas es conocida por toda la academia.

La pelirroja se dio la vuelta para mirarla cara a cara, y antes de hablar, sonrió levemente.

– El que me vieras con Mimi no significa nada. – dijo restándole importancia al asunto. – Yo… solamente quiero que las cosas con ella se calmen un poco.

– ¿Y eso para qué? – preguntó la rubia.

– Pues… no me conviene tener problemas con nadie, quiero tranquilidad. – replicó rápidamente. – Y bueno, voy a buscar a los demás. – dijo refiriéndose a Taichi y a Ken. – ¿Vienes?

– Adelántate, necesito ir al baño.

Sora ya no respondió, simplemente se encogió de hombros y salió de los tocadores a paso apresurado. ¿A qué había venido todo ese interrogatorio de Catalina? Quién sabe, y aunque la conocía y la consideraba su amiga, nunca sabía las verdaderas intenciones de la rubia. Pero una pregunta que le hizo rondaba por su cabeza…

"¿Ya se arreglaron las cosas entre ustedes?"

Sonrió internamente. Durante estos dos días en Roma las cosas con Mimi parecían menos tensas. En la contienda de baile se divirtieron y se felicitaron, y esta noche habían cantado juntas como si nunca nada hubiera pasado entre ellas y… ¿para qué negarlo? Estaba feliz. Tal vez lo mejor sería tratar de hacer las paces con la castaña, después de todo, antes de entrar a la Academia YG, ella era su mejor amiga.

Pero...

¿Y todo ese odio que ella misma juraba tenerle a Mimi? Era extraño, pues en estos momentos no lo sentía, pero si se ponía a recordar todos los sucesos ocurridos en el pasado…

Resopló. Desde el día en que se sintió derrotada por el equipo de Mimi en la competencia de baile, el ver la actitud tan optimista y esa sonrisa en el rostro de la castaña la habían dejado pensando. ¿Por qué ella se sentía tan miserable después de haber ganado mientras Mimi sonreía de oreja a oreja?

Quizás era porque la castaña había dejado todos los rencores atrás mientras ella se seguía alimentando de ellos pero, ¿realmente quería seguir así?

No. No quería.

Tal vez lo mejor sería tratar de hacer las paces con Mimi.

Una leve sonrisa apareció en su rostro al considerar esa posibilidad.

Continuó su camino hacia el salón de karaoke, pero, justo antes de llegar a este, en el cuarto de al lado escuchó la voz del presidente Min Fujisaki, quien hablaba con otro hombre, seguramente el socio con quien había estado todo el día.

– Esos dos chicos me llamaron mucho la atención. – dijo Min. – Le pregunté a Ken y me dijo que sus nombres eran Mimi Tachikawa y Yamato Ishida.

– Sí, pude notar que no les quitaste los ojos de encima. – replicó su acompañante. – Yo no sé mucho de música, pero sí de dinero, y creo que ambos serían una buena adquisición para JBS Records.

– Eso mismo pensé, y a la chica puedo imaginarla perfectamente en el grupo. – informó el presidente. – Es muy bonita, tiene buena presencia en el escenario y además su voz es extraordinaria.

– Sí, es buena, definitivamente tiene el paquete completo.

– Y fíjate que justo en estos días he pensado que Generation X necesita un cambio, y creo que Tachikawa podría ser lo que estoy buscando. – dijo Min.

Sora, quien escuchaba en silencio y muy atenta por detrás de la puerta, comenzó a sentirse nerviosa. ¿Un cambio?

– Oh, ¿entonces vas a integrarla al grupo?

– No exactamente. – replicó. – Verás… últimamente he notado que el rendimiento de Sora no es el mismo.

– Pues de hecho, yo no sé porqué la reclutaste a ella si tenías a alguien como Tachikawa.

– Créeme que si hubiera visto a Mimi Tachikawa antes, no estaríamos teniendo esta plática. – dijo el presidente. – Supongo que en cuanto volvamos a Tokyo iré a hablar con el director Yano.

– ¿Pero en verdad vas a reemplazar a Sora? – preguntó incrédulo su socio. – ¿Así de un día para otro?

– ¿Se te hace muy drástico? – indagó el joven empresario. – Yo creo que es lo mejor para el grupo.

– Pues no discutiré contigo, por algo eres el presidente.

– Sí, por ahora dejemos Generation X de lado, quiero hablar sobre el chico Ishida.

– ¿Ishida, dices? – exclamó el hombre. – ¿Cómo Hiroaki Ishida?

– Hmm, no lo había analizado, pero tienes razón, es el mismo apellido. – dijo Min, pensativo. – Interesante…

Pero Sora ya no pudo seguir escuchando y salió corriendo de ahí, tratando de contener lágrimas que no tardarían mucho en desbordarse. Llegó al final del pasillo y dobló en una esquina donde solamente había puertas cerradas y ni una sola alma, y ahí fue donde se dejó caer al suelo, recargada en la pared y con sus dos manos en la boca.

¿Reemplazarla en el grupo… por Mimi?

Apretó los puños mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla. ¡No podía ser posible! ¿Por qué la castaña siempre tenía que ser mejor que ella? ¿Por qué siempre terminaba humillándola? ¿Por qué siempre la hacía sentir tan miserable?

Limpió con su dedo índice el camino que había dejado esa lágrima y cerró los ojos con pesadez. No era el momento de ponerse a llorar. Ella no permitiría que Mimi ocupara su lugar.

Eso no.

::

En las calles de la cuidad, Taichi llevaba ya más de quince minutos jalando a Mimi contra su voluntad, o bueno, la chica desde hace rato ya parecía haberse rendido y ahora solo caminaba sumamente molesta, siendo guiada por el castaño.

– ¿Sabes? – habló Mimi. – Podría denunciarte de secuestro por esto.

Taichi rió.

– ¿Ya tengo el honor de que me dirijas de nuevo la palabra?

Mimi giró los ojos. Realmente estaba enojada. No quería hablar con él y además tenía que volver con Yamato.

– Ya caminamos mucho, ¿a dónde piensas ir? – preguntó manteniendo su tono de voz serio.

– IREMOS a un lugar donde nadie pueda interrumpirnos. – dijo, remarcando la palabra en plural.

La chica ya no respondió y siguió caminando con pesadez, resignada a que no podía contra la fuerza de Taichi y ahora tenía que seguirlo. Iban pasando por un parque donde, por la hora, solo había unas cuantas personas, pero pudo escuchar a la perfección a un par de chicas hablando japonés.

– Estoy segura de que sí es Taichi Yagami, mis ojos no me fallan… – le susurró una a la otra.

– ¡Oh por Dios, no puedo creer que esté en Roma! – exclamó su amiga. – ¿Pero… quien es esa chica?

– Ni idea, pero los medios pagan por esta clase de cosas. – replicó sacando su cámara y tomando descaradamente una foto con flash.

Taichi se detuvo al sentir el flashazo de la cámara y observo a ambas jóvenes, que ya se encontraban de pie y seguían tomando fotos sin pena alguna. Comenzó a tensarse, recordaba perfectamente el incidente que Mimi había tenido con sus fans, pero justo cuando pensó que la chica iba a recriminarle a él, esta comenzó a caminar en dirección a las portadoras de la cámara.

– Dame eso. – le ordenó a la pelinegra, quien traía el aparato.

– ¿Ah? Claro que no, es mía. – replicó esta.

Pero Mimi simplemente giró los ojos y con rapidez le arrebató la cámara de las manos. Ocasionando que la otra chica, una de cabello corto, la tomara del brazo para intentar quitársela.

– ¡Estás loca! ¿Por qué me quitas la cámara? – bufó la pelinegra, ahora también luchando por su pertenencia.

– ¿Y todavía preguntas? – preguntó Mimi, alzando la voz. – ¡Tú eras la que me estaba tomando fotos sin descaro alguno!

– ¡No te las estábamos tomando a ti! – habló su acompañante. – ¡Devuélvela!

– ¿A no? – exclamó la castaña revisando la pantalla del objeto. – Llevas un poco más de cuatro fotografías y en todas salgo yo.

– ¡Devuélveme mi cámara! – gritó la pelinegra tomando fuerte el brazo de Mimi para comenzar a jalar de nuevo, pero alguien se acercó y con una facilidad impresionante retiró el aparato de las manos de la castaña.

– ¡Taichi! – exclamaron ambas jóvenes, emocionadas.

– Lo siento mucho. – se disculpó el moreno por parte de Mimi. – Tengan, esto es suyo. – dijo devolviéndoles la cámara.

– ¡Gracias, eres un amor! – chilló la pelinegra.

Mimi miró incrédula a Taichi y se dio la vuelta para comenzar a alejarse. ¡Ella no tendría por qué estar aguantando esas cosas! Iba caminando a paso rápido, pero justo cuando intento acelerar el paso, el fuerte agarre del moreno la detuvo.

La chica lo volteó a ver de inmediato, directo a los ojos, para que entendiera que realmente estaba enojada.

– ¡Suéltame ya! – exclamó. – ¡Es por cosas como estas que yo ya no quiero tener nada que ver contigo! ¡No puedes obligarme a escucharte, así que déjame en paz!

La castaña trató de soltarse de nuevo, pero todos sus intentos fueron en vano. Taichi no la iba a dejar ir.

– Por favor Mimi, tan solo dame unos minutos, en verdad necesito que me escuches.

Y justo cuando acabó de decir eso, volvió a sentir tras él el flashazo de una cámara. Maldijo la situación en su mente. ¿Por qué siempre se le tenía que complicar todo? Pero no, esta vez nada ni nadie iba a impedir que hablara con Mimi.

Otro flash se disparó. Taichi dirigió la mirada hacia ambas jóvenes y, sin soltar de la mano a Mimi, caminó hacia ellas, arrastrando a la castaña con él, a lo que el dúo de chicas dio unos cuantos pasos atrás y la pelinegra guardó la cámara en su bolsa.

– Por favor… ayúdenme. – les dijo a ambas una vez que se situó frente a ellas. – Yo… ella... hay tantas cosas que necesitamos hablar… – trató de explicar.

Mimi lo miró de reojo, pero permaneció dándoles la espalda.

– Desde hace tiempo tengo muchísimas cosas que decirle, pero por situaciones complicadas, nunca pude acercarme a ella como debía hacerlo. – continuó, procurando ser lo más sincero posible.

La pelinegra bajó la mirada, algo apenada, al igual que su amiga.

– No saben lo difícil que fue poder reunirme con ella. – recordó todos sus intentos fallidos con una amarga sonrisa. – Es una persona muy, muy especial para mí y realmente no quiero perderla.

Mimi se había girado un poco, atenta a las palabras de Taichi. ¿Por qué tenía que ser tan débil? Se supone que debía seguir molesta, mostrarse dura. Pero desde siempre lo había sabido, sabía que si el moreno lograba cruzar más de tres palabras con ella, terminaría cediendo, pues ese era un efecto que el chico tenía sobre ella.

– Así que por favor… – continuó Taichi. – Necesito de su ayuda para que ella no se vaya y escuche todo lo que tengo que decirle.

– Ya, ya entendimos… – habló la pelinegra con su cámara entre las manos. – Borraré las fotos.

– Y ya no tomaremos más. – completó la otra. – Ustedes continúen con su plática.

Dicho esto, la joven tomó del brazo a su amiga y ambas se perdieron rápidamente de la vista de Mimi y Taichi. Cuando la castaña sintió que el moreno bajó la guardia, con todas sus fuerzas retiró su brazo del agarre del chico y se le plantó en frente.

– Después de escuchar todo eso, de pronto me dio curiosidad. – habló, casi gritando. – ¡A ver, dime todo eso que necesito saber!

Mimi había tratado se sonar tranquila, pero era evidente que no lo logró. Ahora tenía un horrible nudo en la garganta y sus ojos estaban cristalinos. Tenía que aguantar si no quería lanzarse a llorar como una idiota. Y es que fue inevitable que una oleada de recuerdos la invadieran, recuerdos muy dolorosos que no quería revivir.

Pero tal vez, ya era hora.

– Mimi, es que todo esto que ha pasado fue un malentendido desde un comienzo, yo…

– ¿Un malentendido? ¡Ja! ¿Qué se supone que malentendí? – lo interrumpió, tratando de modular su voz. – ¡Tú fuiste quien me pidió que cantáramos juntos en el escenario y también fuiste tú quien rompió esa promesa! – sí, ahora estaba gritando.

– ¡Era la única manera! – replicó de inmediato, también alzando la voz.

– ¿La única manera DE QUÉ, Taichi? – exclamó Mimi, tratando de calmarse. Y es que en cuestión de segundos le había revelado al chico lo dolida que estaba.

– De que me pudiera quedar en Japón. – replicó, ahora también traía los ojos cristalinos.

– ¿Eh? – exclamó confundida. Nunca se hubiera esperado esa respuesta.

El castaño suspiró.

– Mi padre quería mandarme al extranjero a estudiar. Pasaron… muchas cosas, primero amenazó con mandar a Hikari, pero yo no iba a permitirlo…

Mimi se mantuvo en silencio, observando como Taichi también parecía luchar por no quebrarse.

– Si no hubiera hecho lo que hice… habría desaparecido. Desaparecido sin que nadie lo notara, sin que nadie supiera nada sobre mí… – dijo apretando los puños. – Incluso tú, tampoco hubieras sabido…

La castaña no terminaba de asimilar lo que Taichi le estaba diciendo. ¿Entonces no había roto la promesa solamente para participar en el Showcase real y debutar? ¿No la había abandonado en el escenario por voluntad propia?

– Pero… – habló al fin, casi en un susurro. – ¿Por qué tu papá haría algo así?

– Por las elecciones, simplemente me quería lejos, estudiando algo que valiera la pena, según él. – dijo a la vez que comenzaba a recordar esos tiempos. – Yo quería que se sintiera orgulloso de mí, así que accedí a hacer lo que me pidió. Y por evitar cualquier escándalo con la prensa, nadie debía enterarse…

– Entonces… – habló Mimi, al fin comenzando a hilar todo.

– Cuando el presidente Min me llamó para preguntarme si quería debutar, no pude negarme. – continuó él. – Necesitaba que el mundo me conociera antes de que conociera a mi padre.

La castaña bajó la mirada, sintiendo que ya no podía sostenérsela al chico, por lo que este continuó.

– Ese era el único modo en el que, si yo desaparecía de pronto, todos se enterarían y armarían el escándalo que perjudicaría a mi padre en su campaña política. – explicó ya más calmado. – Era el único modo de no desaparecer…

Mimi levantó un poco la mirada, sin saber que hacer o decir, solamente sabía que su enojo estaba descendiendo gradualmente, era como si de pronto ya no estuviera todo ese rencor que se había formado a raíz de la traición de Taichi, ya todo estaba aclarado, por lo menos un poco...

– Sé que… mis métodos no fueron los mejores, pero realmente quería escapar de mi padre, quería vivir mi propia vida. – hizo una pausa. – Y… quería estar a tu lado. – ahora él fue quien desvió la mirada.

– Taichi… – soltó Mimi casi en un susurro. Tal vez enojo se había ido, pero aún sentía esas irreversibles ganas de llorar, y no sabía si era de tristeza, de alegría, de alivio, de añoro…

– Todos esos momentos que pasamos juntos no podían irse a la basura… – dijo el moreno. – Dejar pasar tanto tiempo sin aclarar las cosas fue el error más tonto que he cometido en mi vida.

Silencio.

El ambiente se hundió en un silencio total, acompañado de una fresca brisa en la que las miradas de ambos se cruzaron y supieron que las palabras estaban de más. Mimi de pronto se paró en la punta de sus pies y se acercó a Taichi para tomar el cuello doblado del abrigo del chico y levantarlo, cubriéndole así la mitad de la cara.

– Si hacemos esto, tal vez las personas no te reconozcan. – explicó la castaña, aún acomodándole el cuello. – Sabes que no me gustan tus fanáticas locas. – sinceró, dedicándole una muy leve sonrisa.

Taichi de inmediato respondió al gesto también sonriendo, aunque sabía que la chica no podría saberlo, pues tenía la boca cubierta con su abrigo. Pero Mimi pudo saber que el moreno sonreía por el brillo que adquirieron sus ojos.

– Y bueno… – habló de nuevo. – ¿A dónde íbamos a ir?

Ya se disculparía después con Yamato y además buscaría una forma de compensarlo. Seguro que él entendería.

Taichi no cabía en toda la felicidad que estaba sintiendo en esos momentos. ¿Entonces Mimi al fin lo había perdonado? Y no solamente lo había escuchado, si no que le permitiría pasar un rato con ella. Era más de lo que hubiera esperado.

¿Pero que mas daba eso? Estaba feliz.

Así que sin más, tomó la mano de la chica para guiarla a donde quería ir desde un inicio, a un sitio donde estaba seguro de que iban a estar solos.

::

En ese mismo momento, en el bar-karaoke Alta Voce, un recién aseado Yamato caminaba por el pasillo, dirigiéndose a la salida del lugar. Y es que su ida a los sanitarios había tomado más tiempo del planeado, pues había tenido que lavarse la cara, sacudir su ropa, secar a como pudo su cabello y tratar de disimular esa hinchazón que traía en su labio inferior.

– Mala noche para pelear… – susurró para sus adentros.

Pero eso ya no importaba, pues ahora solamente estaba pensando en alguna excusa para Mimi, pues había tardado mucho más de lo esperado, y sí, tal vez le contaría después el incidente con ese idiota de Ryo, pero no esta noche.

Esta noche tenía que ser especial.

Una sonrisa se formó en sus labios. Era definitivo, Mimi Tachikawa era la única con el poder de alegrarlo en momentos así. Y es que la expectativa de ir a cenar con ella a un hermoso restaurante en Roma lo hacía sentirse ansioso e incluso algo nervioso, pues al fin le confesaría sus sentimientos.

Llegó a la puerta del local y salió de inmediato buscando con la mirada a Mimi, pero no había rastro de la chica. Frunció levemente el ceño y caminó un poco más hacia fuera para revisar los alrededores, pero tampoco la encontró.

– ¿Habrá ido al tocador? – se preguntó internamente.

Lanzó un suspiro al aire y se recargó en la puerta del local. Si la chica había vuelto a entrar, no tardaría en salir de nuevo al no encontrarlo. Espero en silencio por un lapso de aproximadamente cinco minutos, hasta que escuchó un par de voces dirigiéndose hacia donde estaba.

– Hey. – lo saludó Ken. – Pensé que ya sólo nosotros estábamos aquí. – exclamó refiriéndose a Catalina, quien lo acompañaba.

– De hecho, pero ya vamos de vuelta al hotel. – dijo la rubia. – ¿Vienes?

– No, no, vayan ustedes, yo estoy esperando a Mimi. – replicó Yamato.

– ¿A Tachikawa? – preguntó Catalina. – Creo que ella ya se fue.

– ¿Qué? – exclamó abriendo los ojos de par en par. – ¿Sola?

Claro, tal vez se había ofendido por lo mucho que la hizo esperar y al ser tan ella, de digna y orgullosa, se había ido. ¡Pero estaba loca! Apenas conocía Roma y era de noche, ¡era muy peligroso! ¿Y si algo le pasaba?

– No, de hecho yo la vi con Taichi, al parecer tenían prisa, pues salieron a paso veloz. – informó Ken.

Yamato se quedó helado al escuchar las palabras del peliazul. ¿Mimi se había ido… con Taichi?

– ¿Es en serio? – exclamó Catalina, incrédula. – WOW, ¿habrán aprovechado Roma para tener una cita? – dirigió la mirada a su amigo. – ¿De verdad los viste juntos, Ken?

– Sí, no puedo equivocarme. – replicó el chico. – Se fueron juntos desde hace rato.

– Bueno, ya luego le exigiremos a Tai que nos cuente. – dijo la francesa. – Pero ya vámonos de aquí, está comenzando a hacer frío.

– ¿Seguro que no vienes, Yamato? – preguntó Ken, mirando al rubio.

– No. – replicó secamente. – Vayan ustedes.

Y sin más, el peliazul se encogió de hombros y se fue al lado de Catalina en busca de un taxi, pues la chica no pensaba caminar de vuelta al hotel.

Yamato los miró desaparecer en la oscuridad de la noche y después alzó su rostro para observar el cielo. ¿Entonces Mimi se había ido con Taichi? ¿Por qué? Ella y él tenían una cita, no era posible que la castaña lo hubiera dejado plantado cuando ambos la habían planeado juntos…

Una extraña sensación comenzó a invadir su pecho. ¿Era enojo? ¿Era decepción? ¿Tristeza? No estaba seguro, pero se sentía horrible. Era algo que nunca antes había experimentado, no eran unos simples celos, pues esos sabía identificarlos, era más que eso…

Sacudió la cabeza, tratando de alejar los pensamientos que lo atormentaban. Ni siquiera estaba seguro de que las palabras de Ken fueran ciertas, y aunque el chico era de los que no mentían, él había elegido no creerle. No le creería hasta hablar con Mimi primero. Aunque tampoco iba a negar que estaba molesto.

Comenzó a caminar lentamente dispuesto a volver al hotel, pero la voz de alguien lo llamó, haciendo que se detuviera y volteara hacia atrás, donde divisó a un hombre, el presidente Min Fujisaki, para ser exactos, corriendo hacia él.

– Tú eres Yamato Ishida, ¿cierto? – preguntó Fujisaki una vez que estuvo frente a él y recuperó el aire.

El rubio simplemente asintió, no tenía ganas de hablar.

– Te vi cantando hace rato sobre el escenario. – continuó el presidente. – ¿Sabes quién soy, chico?

– Min Fujisaki, de los JBS Records. – replicó casi robóticamente.

– Oh, tú si sabes. – dijo con una sonrisa. – Es una suerte que te haya visto hoy, pensaba buscarte hasta que volviéramos a Tokyo, necesito hablar contigo.

El rubio estuvo a punto de negarse, pues realmente estaba fastidiado, la noche había resultado ser un fiasco total. Pero Min Fujisaki se le adelantó.

– ¿No te interesaría debutar como solista en mi compañía?

Yamato se quedó sin habla ante tal proposición. ¿Debutar como solista? ¿Así de pronto? ¡Eso no lo veía venir! Y es que… realmente no creía haber escuchado bien. ¿Por qué de pronto venía el presidente de los JBS Records a ofrecerle tal cosa? Sí, está bien, lo había visto sobre el escenario hace un rato, pero no por eso podía asegurar que tenía madera de solista.

Aunque bueno, por Dios, las razones estaban de más, ¡le estaban preguntando si quería debutar! Si bien su mayor sueño era la música, esa oportunidad valía oro.

– ¿Yamato, me escuchaste? – preguntó el hombre al ver que el rubio no respondía.

– Claro, sí. – replicó de inmediato. – Es sólo que me sorprendió su proposición tan repentina.

– Oh, yo no suelo reclutar chicos sin antes analizarlos bien, pero contigo haré una excepción, basta saber con que eres un Ishida. – dijo con una sonrisa.

¿Qué cosa?

Y esa fue la gota que derramó el vaso para Yamato, quien ahora estaba completamente arrepentido de haberse detenido a escuchar a ese hombre.

Era el colmo.

– Los hijos de Hiroaki tienen que ser míos. – continuó Fujisaki. – No por nada Takeru es el más talentoso y popular en Generation X. Sé que si te tengo a ti, mi compañía llegará aún más lejos.

– ¿Entonces me está reclutando sin previo análisis sólo porque soy un Ishida? – preguntó alzando la voz, se podría decir que hasta con un deje de ironía.

– ¿Y te parece poco? ¡Eres hijo de una leyenda en esta industria, por supuesto que no necesitas ningún análisis! – exclamó el mayor, como si recalcara lo obvio. – Debes estar agradecido con tu padre, pues ese apellido te abrirá muchas puertas en este terreno.

Y de nuevo, recuerdos entremezclados azotaron la mente del rubio.

"Anda, no seas envidioso, Ishisa. ¿Qué? ¿Acaso tú quieres ser el único que tenga facilidades en el camino hacia la fama?"

"¿Pensarán que tuviste el camino fácil y que te estás colgando de la fama de tu padre?"

– Lo siento, pero voy a tener que rechazar su oferta. – dijo sin más, tratando de contener la rabia que nuevamente quería salir.

– ¿Qué dices? ¡No puedes estar hablando en serio! – exclamó Min Fujisaki, incrédulo.

– Oh, claro que hablo enserio, señor. – replicó Yamato sin molestarse en disimular su enojo. – No pienso usar mi apellido como una ventaja, yo quiero debutar por mí mismo, no por ser el hijo de ese hombre.

– No digas tonterías, chico. Yo soy el presidente de los JBS Records, una de las compañías disqueras más fuertes en el mercado musical de Asia, y te diré que para esta industria, lo más valioso que tienes esese apellido. – dijo el hombre. – Yo no entiendo porque te molesta, al contrario, deberías usar la fama que ya tiene tu padre a tu favor.

Yamato se tensó por completo al escuchar ese comentario. No, claro que no se iba a lanzar a golpearlo a él también, pero ganas no le faltaban, y es que realmente era el colmo. Ese, sin duda, era el único modo de terminar de arruinarle la noche. Fue como un remate a todo lo que había sucedido.

Sí, tenía planeado hacer caso omiso de las palabras de Ryo, pero ahora era otra persona, y no cualquiera, era Min Fujisaki quien le reiteraba lo que él ya sabía: en el mundo de la música no verían más allá de su apellido.

Y ya no le importaba que todos pensaran que se estaba colgando de la fama de su padre. No, desde que conoció a Mimi y entró a YG le quedó muy en claro que debía perseguir sus sueños sin importarle nada, sin importarle lo que pensaran los demás. ¡Pero es que ahora él mismo se estaba dando cuenta de que sí, efectivamente estaba teniendo facilidades por ser el hijo de Hiroaki Ishida!

Todos sus temores, todo lo que alguna vez lo detuvo en el camino de sus sueños, todo eso había llegado y lo había golpeado sin piedad, lo había despertado y llevado de vuelta a la realidad.

"Lástima por ti, la sombra de tu padre te va a perseguir siempre."

– Escucha, Yamato, no sé en qué tanto estés pensando, pero te aviso que tengo prisa. – habló el presidente Min. – Contigo seré tolerante y dejaré que me des tu respuesta después. – dijo sacando una de sus tarjetas de su saco. – Toma.

El rubio tomó el papel sin muchas ganas, lo mejor sería no decir nada más, para que ese hombre se fuera de una vez.

– Y como dije, que no te disguste llevar ese apellido, mejor aprovéchalo, ¡ya es famoso por sí solo! – dijo el hombre. – Esperaré tu respuesta, nos vemos en Tokyo.

Dicho esto, el mayor dio la vuelta y se dirigió al estacionamiento del local, donde seguramente tenía su automóvil estacionado.

Yamato se quedó parado en el mismo sitio durante unos minutos, sintiendo como todo ese enojo contenido comenzaba a aflorar. En ese preciso momento quería lanzar todo por la borda, alejarse de todo lo que tuviera que ver con la tan aclamada "industria musical" y nunca más saber nada al respecto.

¿Por qué rayos había accedido entrar a esa estúpida Academia de artes cuando sabía que algo así sucedería tarde o temprano?

Siempre lo había sabido, toda su vida había estado seguro de que, si intentaba incursionar en el mundo de la música, todos lo tomarían en cuenta por el apellido y no por su talento. No se fijarían en él como Yamato, sino que lo verían como el hijo de Hiroaki Ishida, y él no estaba dispuesto a ser su sombra.

Y si él ya lo sabía…

¿Por qué ahora estaba estudiando música?

Apretó sus puños con fuerza y después alzó la tarjeta de Min Fujisaki para observarla con desdén, aún a sabiendas de que el papel no iba a sentir su mirada llena de ira. En cuestión de segundos, y sin poder evitarlo, rompió la tarjeta en mil pedazos, y antes de que los trozos de esta pudieran llegar al suelo, el viento se los llevó.

Pero el viento también trajo algo consigo, un pedazo de papel que chocó en el pecho del rubio, haciendo que lo tomara entre sus manos.

– Bella Vista… – leyó en voz queda.

El papel que había llegado a él era el anuncio publicitario de ese elegante restaurant al que se supone que hoy iría a cenar con Mimi.

Y de pronto la respuesta a su pregunta anterior fue más que clara.

De no haber sido por Mimi Tachikawa, él no se habría aventurado a arriesgarse con la música. No, claro que no, pues estaba muy cómodo estudiando arquitectura hasta que esa obstinada chica apareció a restregarle en la cara que era un cobarde, para después hipnotizarlo con su hermosa voz y para que al final…

– Terminara completamente enamorado de ella... – finalizó en voz alta.

Mimi había sido la razón por la que ahora le estaba pasando esto, pero por supuesto que, al poner todo sobre una balanza, valía la pena. Por su puesto, ella valía la pena y era por ella que estaba seguro de que no se arrepentía de haber tomado esa decisión de seguir su sueño por más contraproducente que hubiera resultado.

Una ligera sonrisa se formó en sus labios con el sólo hecho de recordar el rostro de la castaña, su voz, sus ojos, su forma de hablarle, de mirarlo…

Sí, estaba seguro de que por ella todo valía la pena.

Otra brisa de viento sopló, ocasionando que el rubio cerrara los ojos y respirara profundamente, cosa que lo hizo relajarse un poco. Abrió los ojos con lentitud y volvió a mirar el papel que tenía en sus manos.

Bueno, las cosas no habían salido como hubiera querido, pero eso no significaba que su última noche en Roma tuviera que terminar así. Comenzó a caminar dispuesto a buscar un taxi, ya que había decidido ir a cenar a aquel restaurante.

Sin duda hubiera resultado mejor si Mimi estuviera con él, ya que se supone que esa noche le iba a decir todo lo que sentía por ella. Suspiró. No ganaría nada amargándose y lamentándose. Disfrutaría, a su modo, su noche en Roma e iría a cenar solo al Bella Vista.

Ya encontraría otra ocasión para confesarle sus sentimientos a Mimi.

::

Llevaban ya un largo rato tomados de la mano, ambos sin decir palabra alguna, solamente viviendo el momento. Ninguno de los dos se hubiera imaginado que terminarían esa noche dando un paseo por las iluminadas calles de Roma, juntos. Mimi tan sólo se dejaba guiar por Taichi mientras este apretaba su mano con delicadeza, sabiendo que ya no tenía que llevarla por la fuerza.

– Es aquí.

El castaño se detuvo justo frente a una enorme rueda de la fortuna. Mimi abrió los ojos de par en par al reconocerla. Era la noria que había visto con Yamato el día anterior, solamente que de noche lucía completamente distinta, llena de luces, tan hermosa y radiante.

– Dos, por favor. – dijo el chico cuando estuvieron frente a la taquilla.

La encargada les sonrió y les entregó dos pequeños boletos para después guiarlos hacia uno de los vagones de la gran rueda, cerrando la puerta cuando ambos estuvieron dentro.

Mimi tomó asiento de inmediato y Taichi se sentó frente a ella. El vagón era pequeño, cabrían si acaso cuatro personas como máximo, dos en cada uno de los asientos. En menos de un minuto, la rueda empezó a girar con lentitud, ocasionado que Mimi pegara ambas manos al vidrio y comenzara a observar el panorama.

Era grandioso. Majestuoso.

La novedad de esos vagones era que toda la cubierta de estos era transparente con algunos toques de metal, lo que le permitía poder disfrutar del paisaje en su totalidad, mirara para donde mirara, podía ver Roma en su máximo esplendor. Las luces, los edificios, la gente.

Hacia arriba podía ver el cielo nocturno, hacia abajo podía ver la altura a la que estaban y hacia ambos lados tenía la vista entera para poder deleitarse con tan hermosa ciudad. Parecía una niña pequeña volteando para todos lados emocionada, pero no le importaba, ya en esos momentos sentía una inusual dicha en su interior. Giró su cabeza de nuevo para mirar hacia el otro lado, pero se detuvo al pasarla por los ojos te Taichi, que la miraban profundamente, cosa que la hizo reaccionar.

– El paisaje es muy hermoso. – dijo sin más.

– Desde ayer que la vi, pensé en subirme contigo. – exclamó el chico, refiriéndose a la rueda. – Claro, nunca pensé que eso sería posible, y míranos ahora…

Mimi sonrió levemente.

– Nunca imaginé que Roma pudiera verse tan majestuoso…

– Es una ciudad increíble, no me había tocado venir. – confesó el moreno, ahora admirando el paisaje.

Hubo una pausa llena de silencio, en la que la castaña desvió su mirada de nuevo hacia el horizonte, pero después la devolvió a Taichi.

– Jamás se me habría ocurrido que el lugar al que me traerías sería a este.

El chico sonrió con cierta melancolía.

– ¿Sabes? – exclamó él, quedamente. – Las ruedas de la fortuna me traen muy gratos recuerdos… – dijo sin dejar de sonreír. – Cuando era pequeño, eran escasos los días en los que veía a mi papá, pues siempre estaba ocupado con sus asuntos políticos. – lanzó un suspiro. – Recuerdo… que un fin de semana él llegó del trabajo temprano, con una sonrisa en su rostro y nos llevó a mamá, a Hikari y a mí a un parque de diversiones…

La sonrisa del moreno se hizo más grande y prosiguió con su relato con cierto pesar. El simple hecho de recordar ese paseo familiar lo llenaba de nostalgia, pues sabía que, a estas alturas, algo así no se repetiría.

– Él nunca hacía ese tipo de cosas, por lo que mi hermana y yo no podíamos estar más felices. Y bueno, era un sábado por la tarde, y como era de esperarse, el parque estaba repleto de gente, por lo que solamente alcanzamos a subirnos a la rueda de la fortuna. – soltó una pequeña carcajada.

Mimi se contagió por las risas del chico y sonrió con sinceridad.

– Yo siempre solía preguntarme por qué la gente se subiría a una atracción así, tan tediosa y carente de adrenalina, pero… desde ese día, todo cambió. – continuó el chico con su historia. – Fue tan agradable, todos platicábamos como nunca y no podíamos dejar de sonreír… realmente no quería que el paseo acabara, no quería bajar de la rueda.

De pronto sus ojos se pusieron cristalinos al comenzar a recordar ese momento. Rayos, no quería mostrarse débil frente a Mimi, pero no podía evitarlo, ya que ese día fue uno de los pocos que había compartido con su padre, quien desde siempre había puesto a la política antes que a su familia.

– Taichi… – susurró Mimi al notar como el semblante del chico comenzaba a entristecerse.

– Yo sólo… quería quedarme en la rueda y que el paseo nunca acabara, que fuera eterno. – dijo el chico desviando la mirada, para observar el panorama. – Girando y girando, todo lo que yo deseaba era que ese preciso instante nunca acabara…

Mimi imitó la acción de Taichi y también posó sus ojos sobre la vista que el traslúcido vagón de la rueda les regalaba. En esos momentos se encontraban girando, girando con lentitud, tal y como el moreno lo había descrito en su relato. Ella abrió la boca, queriendo decir algo, pero nada salió, puesto a que no encontró las palabras indicadas.

– Llevo algunos meses pensando en que… si no tuviera los recuerdos de ese día, todo hubiera sido fácil… – habló el chico de pronto, aún sin retirar su mirada de la ciudad envuelta en la magia nocturna.

Mimi lo miró con curiosidad.

– ¿A qué te refieres? – preguntó.

– Cuando mi papá trató de mandarme al extranjero, cuando me quiso alejar de todo, cuando quiso que desapareciera solamente para evitar escándalos… – posó sus ojos sobre los de la castaña. – Si no recordara lo que sentí ese día, en la rueda de la fortuna, hubiera sido muy fácil simplemente comenzar a odiarlo y ya.

La chica se entristeció por completo al escuchar las palabras de Taichi, ya que este le hablaba con tanto dolor impregnado en su voz, que hasta a ella comenzaba a pesarle.

– No… no debemos odiar a nuestros padres. – fue lo único que atinó a decir.

Hubiera querido poder expresarse mejor, pero en esos momentos se sentía extrañamente abrumada.

– No podría odiarlo… sólo por eso. Por ese día, yo sé que mi papá en verdad me quiere, bueno, nos quiere. – corrigió, refiriéndose a toda su familia. – Y por eso no pude simplemente ignorar lo que me pedía y dejarlo de lado. – sus ojos comenzaron a arderle. – Supongo que el niño que hay en mí aún necesita sentir el respaldo de su padre, lo único que yo quería era que él pudiera sentirse orgulloso de mí.

Y Mimi de nuevo quiso responder, pero ahora tenía un gran nudo en la garganta que se lo impedía. Hoy comprendía mejor a Taichi, ahora entendía todo lo que el moreno había sufrido y hasta sentía que había sido injusta con él al nunca permitirle explicarse. Si ella no hubiera sido tan obstinada, las cosas actualmente serían muy diferentes…

Sí. Porque ella en el fondo sabía que si Taichi no se hubiera ausentado tanto tiempo de su vida, podría haberse llegado a enamorar de él.

O tal vez sí llegó a estarlo alguna vez.

Nunca estuvo segura de sus sentimientos hacia el chico, pero tenía claro uno de los momentos más dolorosos de toda su vida fue cuando el moreno la traicionó y después simplemente se fue, dejándola totalmente desconsolada y hundida en una especie de abismo en el que nunca había estado.

Siempre que recordaba todas esas noches de llanto que pasó por Taichi, en su cabeza rondaba la incógnita de que si alguna vez estuvo enamorada de él…

– ¿Sabes, Mimi?

La voz del chico la regresó a la realidad, haciendo que lo mirara a los ojos.

– A pesar de que ese día con mi familia fue muy especial, ahora lo maldigo. – exclamó con seriedad. – Nada de esto habría pasado si ese día no hubiera existido… – dijo bajando la mirada. – No te habría abandonado el día de nuestro concierto, no habría roto nuestra promesa y tampoco me habría perdido de tanto tiempo que pudimos pasar juntos…

Mimi sintió sus ojos arder y el nudo que tenía en su garganta comenzó a subir. No entendía la razón, pero estaba segura de que si no se controlaba, lágrimas empezarían a salir.

– No digas eso… tú disfrutaste ese día. – dijo tratando de mostrar una sonrisa, aunque en realidad ni siquiera podía articular bien. – N-no es un recuerdo que debas maldecir o borrar de… tu mente…

Planeaba continuar con su oración, pero una lágrima bajando por su mejilla se lo impidió. Rápidamente giró su rostro y pasó su mano derecha por la comisura de sus ojos para evitar que salieran más. No quería que Taichi descubriera lo vulnerable que estaba.

Pero fue inevitable.

– ¿Por qué lloras? – preguntó el moreno.

Y cuando Mimi regresó su mirada cristalina hacia los ojos del chico, descubrió que él también lloraba. Sus ojos estaban derramando lágrimas sin dejar de verla con añoranza y dolor reflejado, ocasionando que ella no pudiera contenerse más, soltándose en un llanto silencioso.

Se sentía como una tonta llorando así sin saber la razón. No tenía idea si lloraba de felicidad, por volver a tener a Taichi en su vida, o de tristeza, al saber todo lo que había sufrido el chico, o de pesar, al recordar todo el dolor que su ausencia le había causado…

Tal vez eran los tres, o incluso más sentimientos mezclados, el caso era que ahora lloraba sin reprimirse, mirando a Taichi fijamente a los ojos.

– Perdóname… – habló el chico, quien seguía llorando, pero era un llanto mucho más silencioso que el de ella. – No es la primera vez que te hago llorar, ¿cierto?

Mimi no respondió, simplemente bajó la mirada y juntó ambas manos sobre sus rodillas. No, esa no era la primera vez que lloraba por Taichi, pero el sentimiento de estos momentos no se comparaba con el de tiempo atrás, ahora su llanto era distinto…

Un escalofrío recorrió su espalda al sentir la mano del chico acariciando su mejilla, haciendo que levantara la mirada y se encontrara con los ojos castaños de Taichi, mirándola de un modo inusual, tan distinto y profundo que sólo atinó a hacer su cabeza para atrás.

Era una situación extraña. Estaban en Roma, dentro de un vagón en la rueda de la fortuna, girando y girando lentamente, ambos con lágrimas en los ojos, y ahora el chico se encontraba hincado frente a ella, aún sin retirar la mano de su rostro.

– Mimi, aún después de todo este tiempo, no te he podido sacar de mis pensamientos…

Las palabras de Taichi la hicieron estremecerse, pero no pudo decir nada, puesto a que el chico continuó, mirándola directamente a los ojos.

– Por favor, no vuelvas a apartarme de tu lado… – susurró él, pasando su dedo índice por la comisura de los ojos de la chica, para retirar una lágrima que acababa de salir.

– Taichi… – articuló Mimi de modo casi inaudible, pero él pudo escucharla perfectamente.

– Prometo que… nunca más te haré llorar.

Y dicho esto, el moreno posó su mano libre sobre la otra mejilla de Mimi y comenzó a acercarse con lentitud hacia ella, entrecerrando los ojos. Iba despacio, pero sin indicio alguno de duda…

La castaña por su parte se encontraba estática, simplemente paralizada. Veía el rostro de Taichi acercándose al de ella, cada segundo más y más cerca de sus labios. Ninguna extremidad del cuerpo le respondía, sabía que el chico estaba a punto de besarla y su cuerpo no parecía reaccionar. Y, de pronto, sin saber porqué, al ver como él inclinaba su rostro y cerraba por completo sus ojos, ella también cerró los suyos, dejándose llevar por completo.

::

Un sereno Yamato Ishida había llegado hace rato al hermoso restaurante Bella Vista, donde el atractivo principal era precisamente el panorama que ofrecía, pues se encontraba en el doceavo piso de un elegante edificio, y todo el lugar estaba repleto de ventanales enormes que dejaban ver la imponente rueda de la fortuna en todo su esplendor. Y es que esta se encontraba a escasos cinco metros de distancia del ventanal.

Cuando recién llegó al lugar, un mesero le indicó que esperara un poco mientras preparaba su mesa, por lo que el rubio, con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón, caminó tranquilamente hacia el inmenso vitral, quedando maravillado por la vista tan espléndida de la noria que este le brindaba.

Pero…

¿Qué pasa cuando la vida decide jugar contigo a su antojo y hacerte sentir como el ser más miserable del planeta?

¿Qué pasa cuando el destino decide ponerte, por coincidencia, en el lugar menos indicado, justo en el momento menos indicado?

Los ojos azules del rubio se abrieron de par en par cuando, frente a él, pasando lentamente dentro de uno de los vagones de la rueda, observó como Taichi sostenía con ambas manos el rostro de Mimi mientras se acercaba despacio a ella, y como esta simplemente cerraba los ojos, inmóvil…

Inconscientemente alzó su mano derecha y la pegó en el vidrio, dando un paso al frente, como si quisiera evitar el contacto entre los labios de ambos a pesar de que sabía que era inútil, pues él estaba dentro de un edificio y ellos… ella…

Ella…

Mimi estaba justo frente a sus ojos, en la rueda de la fortuna.

Yamato dio otro paso al frente y, en ese preciso instante, Taichi acabó con la poca distancia que separaba sus labios con los de la castaña y los unió a los de ella en un beso.

Un beso.

El rubio notó con claridad cómo Mimi se estremecía al contacto, pero no se alejó, no retiró sus labios de los de Taichi.

Una insoportable punzada de dolor lo apuñaló en el pecho. Todo se nubló y el mundo se detuvo para él en ese momento, sintiendo como si todo el peso de este se fuera de lleno contra su cuerpo y quisiera aplastarlo, cayendo sobre él sin clemencia, con todas sus fuerzas, presionándolo, ahogándolo.

Dio un paso hacia atrás, como por inercia, sin poder despegar los ojos de la escena que estaba presenciando. El vagón de la rueda de la fortuna subía lentamente, haciendo que él también elevara su rostro, como si esperara que de un momento a otro la chica se apartara de Taichi y lo alejara de ella.

Pero eso no sucedió.

Mientras el ventanal le permitió ver el vagón, que nunca dejó de subir con desquiciante lentitud, ninguno de los dos había roto aquel beso, beso que, para él, marcaba el final…

Pues sin Mimi, ¿qué sentido tenía la música?

Al fin el vagón se perdió de su vista y él se quedó inerte, mirando el horizonte, sin enfocar nada en específico, solamente la nada. De pronto sintió algo cálido bajar por su mejilla y de inmediato subió su mano para confirmar que sí, había sido una lágrima.

¿Entonces así se sentía un corazón roto?

Dolía, dolía mucho, pero no supo porqué ese sentimiento venía combinado con cólera, con rabia, con frustración, a la vez que varios recuerdos golpearon su mente, como su fueran flashes fugaces…

"La rueda. Si quieres podemos subir."

"No me gusta, es para niños pequeños. Solamente la estaba viendo, ni loca me subiría."

Él no tendría por qué haber presenciado ese momento.

"Ya, tendremos toda la noche libre, recuerda que íbamos a ir a cenar. Eso en verdad me anima."

"A mí también."

Pero no sólo eran recuerdos recientes los que llegaban a su cabeza como si quisieran acabar con él por completo, también estaban otros, que ahora veía mucho más lejanos que antes…

"Soy Mimi Tachikawa, y vengo desde Tokyo para llevarte conmigo a la Academia YG."

"¿Tú que sabes?, no me conoces."

Esa sonrisa...

"Pero si vienes conmigo a la Academia YG podríamos conocernos."

Apretó su cabeza con ambas manos ante el terrible dolor que empezó a sentir y sin meditarlo más, a paso acelerado, comenzó a caminar hacia las escaleras del lugar sin siquiera considerar esperar al elevador, pues debía salir de ahí cuanto antes, antes de que esos ventanales terminaran por comprimirse y aplastarlo por completo.

Y es que todo había sucedido en una sola noche.

Esa misma noche se había dado cuenta de que sus suposiciones y más grandes temores eran ciertos. La razón por la que se había alejado de la música, y de la cual apenas se estaba olvidando, había llegado a abofetearlo de la nada y sin sutileza alguna, para recordarle que no podía simplemente hacer como si su apellido no le afectara.

Él era Yamato Ishida, hijo del gran Hiroaki Ishida, una leyenda de la cultura musical, y no podía escaparse de eso. Hoy le había quedado claro que, si alguien lo buscaba, no iba a ser por su talento, no iba a ser por sus méritos, iba a ser por la única y exclusiva razón de que llevaba el apellido Ishida.

"Él… es mi padre."

"Sí, ya lo sabía."

"¿Lo sabías?"

"¿Tiene algo de malo que lo sepa?"

"No. No tiene nada de malo, pero es por eso que no puedo ir a la Academia YG."

¿Y entonces porqué demonios ahora estaba en YG cuando siempre había tenido claro que NO debía?

Qué pregunta más estúpida.

"¿Es por eso que estás dejando ir tu sueño? ¡Eres un cobarde!"

¡Todo se resumía a una sola persona!

Mimi Tachikawa.

Ella, ella era la culpable de que ahora le estuviera pasando todo esto.

Si ella no hubiera llegado a su vida, él seguiría tranquilo, alejado de todo esto que ahora lo estaba matando. ¡Y esos insoportables recuerdos no dejaban de llegar!

"Entonces… ¿vendrás a Tokyo conmigo?"

Llegó al fin al primer piso y salió casi corriendo del edificio, respirando con rapidez todo el aire que podía, como si este le hubiera estado haciendo falta, y así era, pues se sentía completamente sofocado y el martilleo en su cabeza —y en su pecho— lo estaba matando.

Hace justo unos momentos había decidido que, por Mimi, valdría la pena aguantarlo todo pero…

¿Y ahora?

¿Qué pasaría ahora?

Volvió a su cabeza la imagen que acababa de presenciar, la de Taichi y Mimi besándose. Las manos de él sobre sus mejillas, los ojos de ella cerrándose, los labios de ambos haciendo contacto en un beso del cual ella no se apartó.

Era un estúpido.

¿Cómo pudo olvidar todo lo que Mimi había llorado y sufrido cuando Taichi se fue? ¡Idiota, él siempre lo había sabido! Era obvio que ella sentía algo por el moreno. Pero es que… con todo el tiempo que pasó, con todos los momentos que vivieron juntos, pensó que, tal vez, Mimi correspondería sus sentimientos.

Y ahora se sentía como el imbécil más grande del mundo.

¿Por qué tuvo que haberse enamorado de ella?

Y además...

¿Qué estaba haciendo ahí?

La música, que era su sueño, ya no valía nada.

Y Mimi…

Sin ella ya no tenía sentido estar allí.


.

Notas de la autora:

...

UY. Que dramático estuvo el asunto.

¡Buenos días solecitos! (?) :D! Yo aquí feliz de poder traerles este capítulo. Estas dos semanas de mi vida han sido un ASCO total, no he dormido nada, no he hecho otra cosa que no sean renders, y entre el trabajo y la escuela me están matando, peeero, estos últimos días pude darme una escapadita para escribir, y ya, esto salió. UHM, siento que todo me pudo haber quedado mejor, pero no me gusta dejarlos esperar más de dos semanas, así que me esmeré e hice mi mayor esfuerzo porque quedara decente.

Y es que este es un capítulo importantísimo.

Ahora le tocó sufrir a Yama. Hmm, como dije arriba, estuvo dramático, pero es que lo de su papá y la música era una subtrama que abrí desde el capítulo TRES ("Surgen Complicaciones") y no había tenido la oportunidad de desarrollarla so, no quería dejarla sin seguimiento y aquí vi mi oportunidad de aprovechar. Pues sí, desde un inicio Yamato le dijo a Mimi que no podía estudiar música por evitarse situaciones como las que sucedieron en este capítulo, es por eso que me permití usar muchos fragmentos de recuerdos para ir complementando y añadirle más drama aún XD...

Y ya ven, al final terminó accediendo a estudiar en YG, todo gracias a Mimi, de quien se enamoró y ahora ella (sin darse cuenta) le rompió el corazón. UHM, ¿cómo creen que reaccione nuestro rubio? HAHAHA, no se asusten, les aviso que a partir de esto se viene el Mimato del bueno. Mimi necesitaba que esto sucediera para que se diera cuenta de sus sentimientos hacia Yamato. Aunque aclaro, eso no quiere decir que la tendrán fácil, dramadramadrama ~ ¿cuántas veces he mencionado esa palabra en estas notas xD?

Hablando de otras cosas también importantes que sucedieron en el cap: Pues Sora apenas comenzó a considerar hacer las paces con Mimi y BOOM, se entera de que la quieren reemplazar, KJJJ, a la pelirroja le espera un trago amargo (y Taiora, lo prometo). Y mencionando a nuestro moreno favorito, hahaha, ¡ay Taichi! ¿Por qué tenías que besarla D:? Créanme que yo sufrí al escribir esa escena, pero tenía que suceder. Y SI, de mala ese era "EL BESO" del que les venía hablando desde hace varios caps XD! PERO NO SE PREOCUPEN, tengo planeado el beso Mimato, no tardará mucho y tendrá más acción que este insípido beso Michi.

EN FIN, ya me extendí de más, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SUS REVIEWS que me hacen tan feliz y dichosa :D! Les juro que por ustedes me doy un tiempo (que realmente no tengo) para escribir y no demorarme mucho. Tengan en cuenta que nunca los he dejado más de dos semanas esperando y eso es dificil de hacer ;A;! Pero ustedes lo valen! ~ ¡Muchísimas gracias! Ya les contesté en privado :)!

Nos leemos pronto.
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~

UY, les aviso que en tres semanas salgo de vacaciones y las actualizaciones semanales VOLVERÁN for sure! :D
¡Gracias por seguir la historia, los adoro!
Dejen review ~