Capítulo 21

Si la Dra. Devereaux no fuera una mujer debería haberle dado un buen golpe, incluso pensando que lo había hecho a propósito como parte de la resistencia capitolina. No podía creer que me hubiera dejado tres meses creyendo que mi esposa estaba muerta y ahora resultaba que quizá no. Cuanto más nos acercábamos, más se inquietaba mi corazón con la esperanza de revivir los pocos recuerdos que tenía. Tantas veces que la sentía a mi lado, que podía arrancarla de mis sueños; tantas noches sintiendo su piel, sus labios, sus latidos, su olor; solo para despertar solo en una cama que era muy grande para una persona. Era ira, esperanza, desesperación, amor, pánico, y todo junto en ese momento. Me acerqué a una puerta de una habitación de hospital que al igual que antes tenía una pequeña ventana vidriada, con el pánico propio de la incertidumbre, no sabría que vería del otro lado.

Me atreví finalmente a mirar a través del cristal y allí estaba Sophie, y era cierto, se veía como ella ya sin veneno, sin el verde en las venas, sin la palidez de la piel casi transparente. Sólo pude sentir amor y gratitud mientras entraba y me acercaba más, para asegurarme de que fuera real. Un aparato respirador cubría su nariz y su boca, mientras estaba muy quieta, y aún se veía en sus huesos. Tomé su mano y besé sus dedos mientras lloraba agradecido por tenerla conmigo aunque sea sólo un momento más. No provoqué ninguna reacción en ella, se suponía que estaba en coma, pero viva. Apreté más fuerte su mano y noté que allí seguía el anillo, que yo tampoco me había quitado, lo recorrí con mi dedo índice y me acerqué a besar su frente.

Ya no podía confiar en ningún médico de este distrito, debía llamar a Orson y sacarla de aquí cuanto antes. Tampoco volvería a dejarla sola mientras estuviera en ese distrito horrible, ni aunque debiera encadenarme a su cama de hospital. Le pedí a Beatrice que lo llamara y él accedió a estar aquí cuanto antes. A la mañana siguiente estábamos volviendo a casa. Orson revisó exhaustivamente a Sophie y concluyó que lo que había dicho la Dra. Devereaux sobre el veneno era cierto, pero su cuerpo logró ganar la batalla que todos creían perdida. Hubo alguna persona que murió de la misma manera, y eso hubiera sucedido si hubiera perdido la batalla, pero según parece confundieron las identificaciones. Y eso dándoles el beneficio de la duda.

-De todas formas hay algo que no entiendo doc, ¿por qué está en coma entonces?

-Pienso que es un efecto colateral del veneno, toda la energía del cuerpo se concentró en una función y el resto se descuidó. Además no sabemos cómo la han alimentado este tiempo, ese hospital no es de fiar. Necesitamos algunos estudios.

-¿Crees que podrá recuperarse? –el pánico volvía a dominarme, no podía perder esta oportunidad de retomar mi vida con mi amada.

-Eso espero, pero ten paciencia, ya veremos. Te prometo que haré lo mejor que pueda. –Asentí, intenté relajarme mientras el tren avanzaba hacia nuestro hogar, y sólo rogaba porque Sophie volviera a estar bien.

Pasaron algunos días en los que todo siguió igual, con Sophie en el hospital de nuestro distrito, mientras no quise revelar nada a nadie hasta no estar seguro. En especial a mis hijos, no quería darles falsas esperanzas y luego volver a romperles el corazón. Pero la semana siguiente Orson volvió a llamarme para comunicarme sobre los resultados de los estudios.

-Para empezar, con una alimentación adecuada logré que ganara algo de peso, estaba al borde de la desnutrición. ¿Qué tipo de médicos eran? –me encogí de hombros.

-Del Capitolio supongo. Pero no importa, continúa.

-Bueno, si está en coma es un efecto colateral del veneno y la falta de nutrientes, el cuerpo se desconecta para ahorrar recursos; es un mecanismo de defensa normal.

-¿Y el respirador?

-Lo mismo, no tenía energía suficiente para respirar por sí misma, así que en lugar de buscar el motivo sólo le enchufaron la máquina. Créeme que eran los profesionales más incompetententes que he visto jamás. –Puse los ojos en blanco, era demasiado inocente pensar que todo esto fuera causa de la incompetencia de un par- Además sus músculos están atrofiados porque ha estado demasiado tiempo sin moverlos, cuando despierte le esperan largos ejercicios para poder desenvolverse como antes.

-¿Cuándo despierte? ¿Cuándo sería eso?

-En realidad no podemos saberlo. Médicamente, además de la desnutrición que la ha debilitado, no hay otro motivo. Cuando el cuerpo esté lo suficientemente fuerte volverá a conectarse. Pueden pasar dos días o dos meses, sólo nos queda esperar.

-¿Pero va a despertar? –estaba debatido entre el pánico y la esperanza, y no estaba seguro de querer escuchar esa respuesta.

-Es lo más probable. Creo que sería conveniente que la llevaras a tu casa, ya es igual que esté aquí o allí y el hospital necesita esta habitación –me encogí de hombros.

-Si tu lo crees, confío en ti. ¿Vendrás a verla?

-Claro, cada algunos días iré, o puedes llamarme si hay algún cambio.

Los seis meses que vinieron después fueron bastante monótonos. Instalamos la camilla de hospital y las máquinas en el cuarto de huéspedes mientras Sophie seguía en un sueño profundo. Al principio los niños pasaban mucho tiempo con ella, pero se desanimaron y asustaron cuando se dieron cuenta que no podía despertar a pesar de que ellos le gritaran y lloraran. Sólo a veces pasaban por el pasillo donde estaba la puerta de la habitación, la abrían apenas y le tiraban algunos besos.

No podía culparlos, también era muy frustrante para mí. Sin embargo me reconfortaba quedarme con ella, y todas las noches cuando los niños se dormían, le contaba todo lo que había sucedido en el día. No sabía si podía escucharme, pero de alguna manera me hacía sentir acompañado aunque supiera que en realidad no estaba allí. Mientras tanto la cuidaba con adoración, no sólo me dedicaba a cambiar las bolsas que por una manguerita la alimentaban, sino que la limpiaba, la depilaba, la peinaba y le pintaba las uñas; para que al despertar siguiera viéndose igual que siempre y no fuera tan fuerte el impacto. Las noches que me sentía más desesperanzado me acostaba a su lado con cuidado y dormía con ella, acariciándola y diciéndole cuanto la amaba; rogando porque se quedara conmigo.

Fue una de esas noches en que sentí algo distinto, mi brazo izquierdo descansaba sobre su torso y sentí como inflaba la panza con aire. Para mí fue un rayo de esperanza en la oscuridad, porque era algo que nunca había hecho en tantos meses. Enseguida llamé a Orson sin importarme que fuera de madrugada, y en la mañana estaba en casa. Con algo de intriga y precaución, logró sacarle el respirador, y ahora podía respirar sola. Eso me daba esperanza y felicidad, quizá significara algo. Orson comentó que esto dejaba más cerca la posibilidad de que despertara en cualquier momento; mi corazón saltaba de felicidad. También dijo que no podría hablar ni comer si despertara ahora, porque su tráquea estaba hinchada y herida por albergar tanto tiempo el tubo del respirador.

No dejó que la curara con la medicina sino que era mejor esperar. Además, sus labios estaban agrietados y quebrados por haber estado tanto tiempo secos, y me dediqué los días siguientes a curarlos de a poco. Definitivamente se veía mejor que antes, había recuperado algo de color en la piel y brillo en el cabello, además ya había recuperado el peso que tenía antes de todo esto. Era hermosa sin duda, y me inquietaba con la posibilidad de que cualquier día de estos abriría sus ojos grises y volvería a mirarme. ¿Estaría enojada conmigo? ¿Me culparía? No, no lo creía. Lo más probable era que estuviera muy asustada y confundida. Pero no debería preocuparse, porque iba a cuidarla siempre para que se sintiera muy bien. Sin embargo los días pasaban y no había ningún cambio. Cuando sus labios volvieron a estar bien, sentí la necesidad de volver a acercarme y la besé despacio, pero por supuesto que ella no respondió. Derramé algunas lágrimas y volví a besarla. Recordé esa nota que le había dado hacía muchos años y volví a repetirla en su oído.

-Vuelve por favor, te necesito. –Le dí las buenas noches y no pude hacer más que irme a dormir muy triste.