Capítulo 21 : Tenazas.
—Tan sólo estoy cansado; pronto pasará—Harry dijo a todos, apenas con un hilo de voz, aún recostado en el sofá donde Lance y Edward lo habían acomodado lo mejor que habían podido.
Ginny se había arrodillado a su lado y sujetaba su mano con adoración, observándolo con una angustia que era incapaz de ocultar.
—Ya me encuentro mucho mejor con sólo ver que tú estás bien—él le dedicó una sonrisa tranquilizadora, cariñoso.
Inmediatamente después intentó ponerse en pie, pero su cuerpo se negó en redondo a obedecerlo, y se vio obligado a volver a recostarse.
— ¿Cansado? ¡Por amor de Merlín, Jefe! ¡Estás agotado completamente! —Edward Long lo reprendió, paternal—. ¿Qué demonios has estado haciendo esta noche? ¿Has comido algo desde ayer por la mañana? —continuó, mirando a Harry con un afecto sincero, aunque enfadado.
—He de reconocer que no—el moreno se disculpó con una media sonrisa—. Tenía cosas más importantes que atender.
—Merlín todopoderoso…—Neville se lamentó, exasperado—. Harry, vas a lograr que si no te matan los mortífagos primero, alguna enfermedad lo haga—lo amonestó también sin piedad.
El corazón de Ginny se encogió al escuchar aquello, y retuvo la mano de Harry junto a su pecho, llena de ansiedad.
—Todos, hacedme el favor de salir de la sala; voy a efectuar a Harry un reconocimiento médico de urgencia, y si tan sólo es cansancio lo que tiene, como él asegura, le dejaremos dormir hasta que las ranas críen pelo; sin magia—advirtió al auror, conociendo a la perfección lo culo inquieto que era.
—No puedo… el Departamento de Seguridad Mágica…
— ¡A la mierda el Departamento de Seguridad Mágica! ¿Quieres que te sede de nuevo, auror? —su mejor amigo lo amenazó, harto de aquella situación.
—Él no es un simple auror, sino el director del Departamento de Seguridad Mágica—Lance Orley no pudo evitar hacer notar a Neville, con orgullo, sin pretender ofenderle.
Tanto Draco, como Hermione y la propia Ginny, quedaron mirando al hombre con ojos desorbitados por la sorpresa; pero no así Neville, quien no varió un ápice su actitud.
— ¡Me importa un carajo! ¿Quieres que lo haga, Harry? ¿Quieres que te sede hasta que a mí me salga de las narices? ¡Porque estoy dispuesto a hacerlo si me las tocas! ¡Así que sé responsable y descansa! —le gritó fuera de sí.
—Tienes razón, Nev—Harry reconoció, lamentando el sufrimiento que no dejaba de causar en aquel hombre que tanto le quería—. ¿Me harás el favor de ayudarme a llegar a la cama? Creo que allí descansaré mejor. — Le ofreció una mano con lentitud para que él la tomase y le ayudase a ponerse en pie.
—Claro, amigo. —El rostro de Neville se dulcificó totalmente. Y tomando la mano que el otro le ofrecía, prácticamente se lo cargó a hombros y caminó con él hacia las escaleras.
—Esperad todos aquí; yo no tardaré en volver—ordenó al resto, tajante.
—¿Ginny también? —el joven auror protestó como un niño, sin apenas fuerzas.
—Ginny, la primera. —Miró a la chica para infundirle calma, instándole a que no replicase. Y se marchó con Harry escaleras arriba, dejando a los demás con un palmo de narices.
Una vez hubo acostado al auror en un lecho amplio y confortable, y le hubo practicado todos los exámenes que creyó convenientes y que el otro soportó con paciencia, constatando que aunque se trataba de un desmesurado cansancio, como el moreno había afirmado, este era tal que habría jurado que trascendía todo lo humano. Jamás se había topado con un caso semejante y temió que las consecuencias, quizá no a corto plazo pero sí con el tiempo, llegasen a ser fatales para Harry. De momento, se aseguró de que su amigo se sumiese en un sueño reparador; aunque eso sí, mantuvo su promesa de no sedarle si él obedecía.
Media hora después, Neville se reunió con los demás, quienes aguardaban aún en el comedor, preocupados.
—Tranquilos, Harry descansa—les aseguró con una sonrisa que intentaba ocultar por completo sus propios temores—. Le he suministrado una poción revitalizadora que casi hace milagros, y en cuanto despierte, haremos que se alimente como es debido, el muy tozudo.
—Lance y yo estábamos llegando a la casa, en busca de Harry, pues sabíamos que anoche una misión muy importante lo mantuvo ocupado y porque tenemos noticias muy importantes que él está aguardando con suma impaciencia; pero al no llegar esta mañana al Ministerio de Magia a primerísima hora, como habíamos quedado, hemos temido lo peor. Y como decía, al llegar aquí, él mismo ha aparecido ante nuestras propias narices, para dejarse caer al suelo después como un peso muerto—Edward relató, aún alterado.
—Por un momento hemos creído que había muerto de verdad—Lance añadió para dar énfasis a las palabras de su compañero—. No sé qué demonios ha estado haciendo esta noche, pero sea lo que sea, le ha chupado hasta la última gota de energía que tenía en el cuerpo.
—¿Tampoco ustedes saben nada sobre qué ha estado haciendo Harry hasta ahora?—Ginny los miró de hito en hito con los ojos como platos, sin poderlo creer.
—No tenemos ni la más mínima pista—Edward negó con la cabeza enérgicamente—. Tan sólo sabemos que sea lo que sea, está relacionado con el caso que nos ocupa y que es sumamente importante.
Ginny negó con la cabeza, rendida y se encaró nuevamente con Neville.
—¿Harry no padece ninguna enfermedad, ni está herido, entonces? —insistió.
—Tranquila, preciosa; él volverá a encontrarse bien en cuestión de horas. Y tú y yo tenemos un asunto pendiente—él le recordó.
—Acompáñame a la sala de estar—ella pidió al sanador, mientras asentía con la cabeza.
Y ambos se marcharon, para sorpresa de los dos recién llegados.
—Ginny tampoco ha estado muy bien últimamente—Draco cortó cualquier especulación de ambos hombres con aquellas palabras—. Neville va a revisarla también, ya que ha venido a visitarnos.
Los dos asintieron, conformes.
—¿Es cierto que Harry se ha convertido en el Director del Departamento de Seguridad Mágica? — Hermione les preguntó, aún sorprendida. —¿Cuándo?
—Ayer mismo, al final de la mañana—Edward Long afirmó con seriedad—. La verdad es que lo esperábamos; no existe ningún auror más capacitado que él para asumir ese cargo; pero no de este modo tan sorpresivo y abrupto.
—Ya es suficiente—Lance silenció a su compañero, reprobador—. Harry ha asumido una carga muy pesada, una terrible responsabilidad, y todo el Departamento le apoyaremos pase lo que pase, sin dudar. Eso es lo único que podemos revelaros por el momento.
—Por Merlín… me siento como si estuviésemos al borde de una nueva guerra—Hermione se lamentó con tristeza, abrazándose a Draco.
—Yo te protegeré, pase lo que pase—el rubio le aseguró una vez más.
—Y yo a ti—ella dejó bien claro, mirando al rubio con desafío—.Tú deberías hablar con tus padres y hacer que se marchen de la ciudad lo antes posible, con la excusa del trasplante de riñón a tu padre—añadió mirando al joven con preocupación.
—No voy a dejaros solas ahora, con Harry en tan mal estado—él negó, rotundo, apretándola contra su cuerpo por instinto.
—Esa idea de que su familia abandone la ciudad es muy interesante… y conveniente—Orley comentó a Draco, reflexivo.
Y él lo traspasó con una mirada de furia, sintiéndose invadido en su propia intimidad.
—No me malinterprete, joven; es muy probable que en los próximos días, Londres vaya a vivir episodios de su historia mágica nada… aconsejables para alguien que carece de salud, como parece ser el caso de su padre; cuanto más lo aleje de ellos, mejor. Y por la protección de esta casa no se preocupe en absoluto, Edward o yo vamos a quedarnos a custodiar a Harry mientras se encuentre convaleciente —que, conociéndole, me temo que no será mucho tiempo—, y el otro se marchará al Ministerio de Magia para que allí haya una cabeza visible, hasta que él regrese. Este no es momento para ausencias—concluyó.
—Totalmente cierto—Edward le apoyó—. Tú ve al Ministerio, que yo custodiaré a Harry—ofreció a su compañero.
—Perfecto, entonces. Márchese, Sr. Malfoy, y descuide.
Draco fijó su mirada en ambos, poco convencido.
—Ve—Hermione le animó a hacerlo, rozándole la mejilla en una suave caricia—. Nada más termine con Ginny, Neville regresará al lado de Luna y de Alice para protegerlas; y nosotras, junto con Edward, nos encargaremos de velar por la seguridad de esta casa.
—No me quedaré tranquilo hasta que regrese—él objetó, aún reticente a dejarlos.
—No nos abandonas, ya que pronto regresarás; y si lo haces libre del temor a que tus padres sufran, mejor nos podrás ayudar. Ponte en contacto con mi padre, él os prestará toda la ayuda que necesitéis.
El joven asintió, y tras mirarla a los ojos con una firme promesa de amor en ellos, se marchó antes de que su corazón le impidiese dar un sólo paso fuera de allí, siquiera.
—Yo me marcho también—Lance anunció—. He de asignar protección a Weasley cuanto antes, tal y como ayer Harry nos ordenó. Y cerraré las pesquisas que tenemos pendientes—dijo a su compañero, quien asintió.
—¿Qué Weasley? —Hermione le preguntó, temiendo lo peor.
—¿Usted qué cree, señorita? Nos veremos en el Ministerio—se despidió de Edward, y también se marchó.
—No voy a responder a pregunta alguna relacionada con mi trabajo—Edward Long negó, tajante, antes de que la castaña pudiese abrir la boca siquiera—. Así que mejor no las formule.
De este modo, Hermione no pudo más que dejarse caer sentada en uno de los sillones con frustración, a esperar.
~~o&0O0&o~~
Ginny sabía que había algo sobre Harry que Neville no le había dicho; lo había notado en su mirada premeditadamente fija en sus ojos, en su sonrisa casi bobalicona para despistarla, en los músculos agarrotados de sus manos… No tenía ni idea de qué podía ser lo que el sanador le estaba ocultando pero, sin duda, era importante; y ella no cesaría hasta averiguarlo; si Neville no soltaba prenda, Harry lo haría, aunque fuese debido al aburrimiento por tener que soportarla detrás suyo hora tras hora con la misma pregunta.
Se sintió culpable en cierto modo, pues pretendía que él le destapase hasta el último secreto de su alma y, en cambio, ella estaba dispuesta a ocultarle su embarazo durante todo el tiempo que fuera necesario. Sí… Neville no había hecho más que confirmar un hecho que ella tenía perfectamente claro… aunque aún le costaba asimilar. Hacía la friolera de cinco años había abandonado al hombre de su vida con intención de protegerle, y ahora no sólo había vuelto a su lado, sino que iba a darle un hijo… Y con una nueva profecía de por medio que auguraba el triunfal regreso del Señor Oscuro sobre el vencedor, ahora supuestamente vencido…
¿Era ella la que había propiciado la aparición de aquella profecía? Pensó que seguramente. El mortífago que la abocó a tamaña traición ya le advirtió en su momento que, si alguna vez ella regresaba al lado de Harry, él moriría. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? —se lamentó—. ¿Y qué pintaba en todo ello aquel maldito collar, que en vez de separarlos no había hecho más que unirlos para siempre? ¿Abandonar a Harry de nuevo? ¡Jamás! No podía causarle semejante sufrimiento una vez más… Sin tener en cuenta que ella misma ya no iba a ser capaz de dejarle marchar ni por un momento siquiera, sin morir de pena y de dolor inmediatamente después.
Acercó la mano a su cuello en busca de aquel collar que no había podido quitarse desde entonces, palpó la carne por todos lados: delante, detrás, hacia su garganta, hacia su pecho… ¡Por Merlín! ¡El collar había desaparecido! Totalmente sorprendida e incrédula, corrió hasta alcanzar el primer espejo que le vino a mano para confirmar lo que sus propias manos ya le habían asegurado, y al fijar su vista en el reflejo de su desnudo cuello, casi cae de culo por la impresión: efectivamente, donde debería haber un collar con un colgante en el centro adornado su esbelto cuello, no había nada en absoluto.
¡Otra tragedia más! ¡Por si los problemas eran pocos! ¿Qué iba a entregarle al mortífago en su lugar, cuando se lo reclamase? ¿Y qué iba a contarle a Harry de todo aquello, una vez todo su pasado había vuelto a ella? ¡Por mucho que ambos hubiesen acordado que ya no volvería a haber jamás secretos entre ellos, ella no podía pedirle ayuda! ¿Para qué? ¿Para que muriera?
Sintiendo que estaba empezando a perder la cordura, decidió intentar tranquilizarse; lo primero era subir a la habitación donde ella había descansado, y donde actualmente era Harry quien lo hacía. Sin duda, el maldito collar debía haber caído en aquel lugar mientras ella se hallaba inconsciente, y allí lo encontraría. Subió con rapidez las escaleras que llevaban al primer piso, corrió a lo largo del pasillo hasta alcanzar la habitación donde Harry descansaba, y entró en ella, asegurándose de no hacer ningún ruido que pudiese despertarlo.
Desde la entrada, escudriñó con la mirada la habitación por completo, concentrada; y allí estaba. Tirado en el suelo, justo al lado de una silla donde Neville había depositado la chaqueta de Harry, que sin duda le había quitado para que él pudiese descansar mejor, yacía el collar mostrando su malvada belleza descaradamente, como si anunciase a bombo y platillo que algo había cambiado; algo… ¿Pero qué, exactamente? Ginny no supo dar respuesta a aquella pregunta, a no ser que el cambio fuese consecuencia del regreso de sus propios recuerdos; tampoco pensó en relacionar directamente el hecho de que la chaqueta de Harry yaciese colocada de forma distraída justo sobre donde había caído el maldito collar abandonado, obcecada en que, fuera como fuese, era a ella a quien se le había caído ahí. Con sumo sigilo y rapidez, la pelirroja tomó en sus manos el polémico artefacto, como si quemase, y al comprobar que estaba frío como el hielo, se apresuró a abrocharlo alrededor de su cuello, angustiada.
Inmediatamente, un aura maléfica como jamás había sido consciente de haberla sentido antes, la rodeó con su mortífero manto; Ginny dio un respingo, —pensando que aquella era una más de las aciagas consecuencias que la recuperación de sus recuerdos había tenido—, y la determinación de mantener en secreto ante Harry la pérdida temporal del collar se adueñó de ella por completo; le contaría que habían vuelto sus recuerdos, sí, pero nada más saldría de sus labios. Iba a intentar protegerlo fuera como fuera y al coste que fuera; eso lo tenía más que claro. Sintiéndose más dueña de la situación una vez recuperado el maldito collar, dio un dulce beso e Harry en los labios y salió del cuarto tal y como había entrado.
~~o&0O0&o~~
Tan sólo seis horas después, Harry se presentó ante los atónitos ocupantes de la casa, quienes lo miraron con ojos desorbitados por la sorpresa, pues aunque habían esperado que aquel sueño tan necesario y reparador no durase mucho tratándose de quien se trataba, también preveían que él durmiese durante más de un día, dado el lamentable estado de salud en el que había llegado allí. Pero el auror se limitó a sonreírles con calma, satisfecho.
Ginny se abrazó a él, emocionada, al igual que Hermione; mientras Edward Long intentaba quedar en un discreto segundo plano, aunque para los entrenados ojos de Harry, aquella velada impaciencia que el hombre trataba disimular por todos los medios a su alcance no pasó desapercibida en absoluto.
—Supongo que Neville se ha marchado para reunirse con Luna y con la pequeña Lily. ¿Y Draco? —Miró a ambas mujeres con rostro escrutador, extrañado por no verle escoltando a su adorada Hermione, como se empeñaba en hacer últimamente.
—Él se ha marchado, alertado por tus compañeros, para poner a sus padres a salvo aprovechando la operación de su padre, dado lo que parece que se avecina—Hermione respondió, mirando a su mejor amigo con angustia—. Regresará en cuanto se haya asegurado de que ambos estarán seguros en el mundo muggle donde van a ocultarse. ¿Qué sucede realmente, Harry? —exigió saber.
—Los mortífagos es lo que está pasando—él respondió. Su voz mostraba toda la ira, la frustración y el cansancio que aquella situación le estaba provocando—. Pero eso va a cambiar. ¡Oh, sí, va a cambiar! —aseguró con tanta seguridad que Long no pudo más que mirarle con sorpresa, esperanzado—. ¿Qué tienes, Edward? — Clavó una mirada firme en su subordinado, quien no pudo aguantar más para ponerle al tanto de lo que él interpretaba como importantes noticias.
—Todos están en el caldero, todas, Harry: The Blue Dragon, de donde los vecinos se quejan porque aseguran que de allí no hace más que salir gente a la que han visto luego trapicheando con sustancias prohibidas, pero a quienes no se atreven a denunciar por medio a las posibles represalias; las dos mansiones de Locke, que tan sólo son de la familia Locke en apariencia, pero cuya astronómica hipoteca soporta la Asociación de magos Por Los Orígenes, que a su vez tiene multitud de denuncias menores por desorden público. Y mira tú por donde, los magos y brujas denunciados son los mismos a quienes los vencinos de The Blue Dragon, por lo bajo, están acusando… Y así hasta el final. Todos, Harry, no se salva ni uno de los lugares que Huxley nos reveló—concluyó con entusiasmo—. Y apellidos como O´Deneres, Dwing y Omstong no paran de aparecer en todos los testimonios.
—Todos mortífagos… Por Merlín, no sé porqué… pero esto me huele a chamusquina—Harry se lamentó, pensativo.
—No entiendo, Jefe. Pero si la información es la más fiable que hemos obtenido en años, teniendo en cuenta la fiabilidad de la fuente que nos la ha proporcionado—Edward clavó en él una mirada de recelo, contagiado de sus dudas—. No me irás a decir que Devon…
Harry negó con la cabeza, contundente.
—No me hagas caso, es sólo una corazonada. De todos modos, esto se acaba hoy—afirmó, resuelto—. Porque ya no queda tiempo para echarse atrás después de lo que he hecho. Pero sobre todo, por todos los magos y brujas que han sufrido de algún modo el azote mortífago a lo largo de su vida; por Ginny, por Hermione, por Ron, por Neville, Luna y Lily, por Devon, por todos vosotros, y por mí, maldita sea.
Caminó con paso decidido hasta el perchero que descansaba cerca de la puerta de entrada de la casa, cogió una de sus chaquetas que estaban colgadas allí y se la puso, impetuoso. Después se encaminó hacia la chimenea, mientras ordenada a Long:
—Nos vemos en el Ministerio de Magia dentro de cinco minutos. Les espera la mayor y la más inesperada redada de sus vidas—aseguró con serenidad.
Edward le tomó la delantera tras asentir, más y más entusiasmado por momentos, pero no llegó a marcharse al ver que Harry no iba a poder seguirlo, ya que Ginny le había tomado de la mano, haciendo que sus miradas se encontrasen. Y si no lo hubiese hecho Ginny lo habría hecho Hermione, quien no dejaba de observarle inmensamente preocupada.
—Harry, no puedes marcharte así, no sin haber descansado lo suficiente. Además, tenemos que hablar—Ginny aseguró con voz firme, dándose cuenta de que el descanso al que había aludido no iba a frenar el ansia del auror por regresar al Ministerio de Magia de inmediato.
—Sí, princesa, tenemos que hablar; en cuanto yo regrese esta noche del Ministerio de Magia, lo haremos largo y tendido—él le aseguró, acariciándole la mejilla suavemente mientras la mirada con adoración.
—Pero esto es muy importante—ella insistió, dispuesta a no dejarle marchar sin estar completamente segura de que él se había repuesto por completo, algo que dudaba totalmente.
—Y mi trabajo de hoy también lo es; tanto, que de su éxito depende la seguridad de todos lo magos y brujas. Por no decir la tuya, la de Hermione y de todos aquellos a quienes más quiero. Además, de un hechizo voy a zanjar dos problemas.
—No te entiendo…
—Tu falta de memoria y tu collar, Ginny; puedo asegurarte que forman parte de todo esto.
Por un momento ella lo miró con absoluta sorpresa, desconcertada. Mas luego replicó:
—A mí tan sólo me importa tu seguridad.
—No lo estás diciendo en serio…
—Ojalá pudiera decirlo en serio. Pero está claro que no; las vidas de todos los magos y brujas del Reino Unido me inquietan también, y mucho. Pero tú eres quien más me preocupa: acabas de reponerte medianamente de un exceso de trabajo terrible, no has comido todavía ni una miga de pan, siquiera; y pretendes que te deje marchar así como así… No pienso hacerlo, te pongas como te pongas.
Por un instante, él suspiró.
—Vamos a hacer un trato: tú me preparas un bocadillo y yo me lo como mientras trabajo en el Cuartel General de Aurores. ¿Te parece? Te prometo que me lo comeré nada más llegue, palabra.
— ¿Pero eso te parece de recibo, jefe? Podemos perder un cuarto de hora perfectamente para que comas un plato de sopa caliente y un tentempié, al menos—su subordinado objetó, también preocupado.
—Tú, a callar—el auror le ordenó, medio en broma—. Ginny, en serio… necesito marcharme, no puedo entretenerme aquí ni un minuto más.
—¡Oh, está bien! –ella capituló con enfado—. Pero esta noche me las vas a pagar todas juntas. ¡Harás lo que yo diga, y punto!
—Lo que tú digas, te lo prometo—. La tomó entre sus brazos y la pegó a su cuerpo con desesperación—. Por favor, Hermione y tú no salgáis de aquí hasta que yo regrese, por nada del mundo. ¿Lo haréis? —. Miró a ambas mujeres de hito en hito, buscando un firme compromiso por parte de cada una de ellas. Ambas asintieron a regañadientes—. Cuando regrese esta noche os pondré al tanto de todo, absolutamente todo el asunto, que viene de lejos.
—Un minuto, Harry, dame un minuto para que te prepare el bocadillo, ¿entendido? — Ginny lo amenazó.
—Entendido, mamá.
Apenas media hora después, Harry desapareció en la chimenea bajo la reprobadora mirada de Ginny y de Hermione.
—No entiendo nada—Ginny se lamentó, frustrada por la cabezonería de su prometido—. ¿Cómo es eso de que Harry se ha convertido de la noche a la mañana en Director del Departamento de Seguridad Mágica? ¿Qué ha pasado con Devon Huxley, entonces? ¿Y qué nos ha comentado, no sé qué sobre los mortífagos? — Las preguntas bailaban en su mente con una inconexa danza. De un modo inesperado, sin embargo, dejó de hablar para incluir en todo aquel batiburrillo de ideas algo que no había tenido tiempo de analizar, hasta el momento: sus propios recuerdos, que habían regresado a ella hacía nada, sirvieron de nexo de unión que puso orden entre todo aquel caos. —¡Debemos encontrar a Harry! ¡No hay tiempo que perder! — Tomó a Hermion de la mano y tiró con urgencia de ella, llevándola hacia la chimenea, sin pararse a mirarla siquiera.
—¡Por todos los dragones, Ginny! ¿De qué estás hablando? —Hermione no pudo evitar preguntarle, plantando los pies en el suelo dispuesta a no dar un paso más sin haber recibido antes una explicación satisfactoria.
—Devon Huxley, Hermione. Ya sé de qué me suena Devon Huxley. ¡Soy rematadamente idiota! —se acusó con rabia—¿Cómo no he sido capaz hasta ahora de no darme cuenta de que fue él quien me obligó a renunciar a mis recuerdos?
—¿Fuiste tú misma quien renunciaste a tus recuerdos? ¿No los perdiste? —Hermione la miró, alucinada.
—¡Pues claro que renuncié a ellos! ¿En serio crees que iba a poder vivir sabiendo que había perdido para siempre al único hombre que he amado en mi vida? Lo que no sé es cómo demonios han vuelto a mí, no tengo ni la más absoluta idea.
—Ginny, no entiendo nada, nada...—se lamentó, confusa.
—O vienes conmigo o me voy sola. Ahora no hay tiempo para explicaciones. Huxley ha estado tomando el pelo al Ministerio de Magia entero, sin contar que todos los magos y brujas vamos a parlo bien caro. O Harry detiene todo esto o…
No pudo acabar la frase, pues un estruendo que hizo temblar hasta los cimientos de la casa, logró que inmediatamente después, Hermione tomara a Ginny por ambas manos y le dijese mirándola fijamente a los ojos:
—Están aquí.
—¿Quiénes? —la pelirroja preguntó fijando su vista también en su amiga, sin comprender, mientras el estruendo se sucedía de un modo intermitente sin cesar del todo en intensidad.
—¿Cuándo y dónde recuerdas haber vivido algo semejante?—la otra preguntó con todos sus sentidos alerta; no había necesitado más que un par de segundos para identificar el origen de lo que parecía in terremoto a gran escala que provocaba derrumbes en el exterior. Había desviado su mirada, ahora no cesaba de dirigirla a su alrededor.
Por un momento Ginny quedó pensativa, pero de pronto abrió los ojos desmesuradamente y un grito sordo se ahogó en su garganta.
—Merlín bendito… Hogwarts… —logró musitar al fin, apenas con un hilo de voz.
—Howgarts. Prepárate, Ginny, porque aunque esta casa sea el bastión familiar mejor defendido, ni de lejos alcanza las defensas del viejo Castillo. Con los suficientes magos y brujas de su lado, si lograron irrumpir allí, nada impedirá que aquí lo hagan en unos minutos, o quizá menos.
Ambas mujeres enarbolaron sus varitas, espalda contra espalda, sin dejar de escrutar a su alrededor, preparadas para vender muy caras sus vidas. Parecía que, definitivamente, Harry se las tendría que arreglar solo, sin la imprescindible información que Ginny había pretendido darle. En su fuero interno, ella rezó a todos los poderes mágicos del universo para que velasen por él.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Sí, es un capítulo demasiado corto, después de tanto tiempo sin dar señales de vida. Pero he sacado el tiempo para escribirlo de donde no lo tengo, ni lo tendré en mucho tiempo. Así que he decidido no demorar más su publicación porque no tengo ni puñetera idea de cuándo podré volver a actualizar. Y lo digo TOTALMENTE EN SERIO. No he podido corregirlo siquiera porque si lo hubiese hecho, no lo publico (no tengo tiempo ni para eso).
Así que no puedo más que agradecer desde lo más hondo de mi corazón la fidelidad de todos aquellos que continuéis a mi lado en este fic, si es que queda alguno (lamentablemente para mí, pero no puedo hacer otra cosa) y enviaron un abrazo muy fuerte, con la promesa de que aunque tarde mil años en terminar el fic, lo haré.
Os quiero.
Rose.
