Era más de media noche cuando Oliver regresó a casa. No había cenado, pero estaba demasiado cansado como para tener hambre. Tan sólo quería meterse en la cama y dormir durante todo un día completo. Se movió por loft sin hacer ruido, Clark y los niños ya estaban en la cama y no quería molestarles.
Se metió en la cama, junto a Clark, pero el frío de su cuerpo despertó a su compañero, que lentamente, todavía adormecido, se dio la vuelta y apoyó la cabeza sobre su pecho. Oliver lo escuchó suspirar y notó que sus manos lo abrazaban con fuerza.
"¿Cómo va la recaudación de fondos?" Dijo Clark alargando las palabras más de la cuenta y así ser capaz de pensar en lo siguiente que quería decir.
"Larga, a veces desesperante, pero creo que puedo conseguir una buena suma para la campaña."
Clark sonrió; todavía se le hacía raro, hablar de campaña o imaginar a Oliver como alcalde Metropolis; pero sobretodo se preguntaba como sería capaz e hacerlo todo al mismo tiempo, ser marido, padre, alcalde y superhéroe. No se extrañaba que llegara completamente destrozado a casa.
"¿Qué vas a hacer mañana?" Clark levantó la vista, abriendo por fin los ojos y mirando a su compañero. "Me gustaría pasar un rato contigo y los niños. No hacen más que preguntar por ti."
"Yo también les hecho mucho de menos." Oliver besó la frente de Clark y cerró los ojos. "Pero también quiero que tengan el futuro que se merecen. Si dejo que Johnson gane, permitiré que lleve a cabo el acta de los enmascarados como él mismo la llama. Tendremos que darnos a conocer, quitarnos la doble identidad y mostrarnos al mundo; pero dentro de unos años, serán los niños y puede que ellos no quieran ser justicieros, tal vez no quieran que la gente sepa que son especiales. No voy a permitir que por el simple hecho de tener alguna habilidad especial tengan que salir a la luz si no quieren."
"¿Ese es el discurso que has dado hoy?"
Clark se apoyó sobre su brazo para poder ver mejor a su compañero; le acarició la mejilla y se quedó en silencio, simplemente mirándole, contemplando un rostro que había amado desde el primer momento, un rostro que le hacía llegar a sitios imposibles y al mismo tiempo conseguía que lo más difícil pareciera simple.
"Sabes Clark, tengo un miedo terrible a perder las elecciones." Clark permaneció en silencio, dejando que el millonario siguiera hablando. "Nunca he hecho algo como esto y ahora me estoy poniendo frente a la gente ,diciendo que soy la mejor elección para esta ciudad. Todos sabemos que no es así, cualquiera que haya visto o leído algo sobre mi pasado, sabrá que no lo soy."
"Vamos, Oliver, no te subestimes tanto. Todos hemos cometido errores en nuestras vidas, nadie es perfecto. Pero tu has cambiado. Ahora eres un padre de familia un marido." Oliver sonrió ante aquello. "Tienes unos niños que te adoran y quieres hacer lo mejor por ellos y por el resto de ciudadanos de esta ciudad. Creo que algo así te convierte directamente en la mejor opción."
Oliver bostezó y cerró los ojos, sin darse cuenta, en menos de cinco minutos, ya estaba completamente dormido, entre los brazos de Clark, soñando con el día de las elecciones, el día en el que su vida podía volver a cambiar por completo.
Lo que ni Oliver, ni Clark sabían, era que su vida iba a dar un giro tremendo a la mañana siguiente, nada más levantarse, mientras daban el desayuno a los gemelos.
Las vacaciones acababan de terminar y los gemelos habían comenzado el día de antes una nueva aventura en su vida, el colegio. Pese a que Clark hubiera querido llevarlos a un colegio como el que había ido él, Oliver había insistido en que para estar bien preparados, quería llevarlos al mejor y ese no podía ser otro que el colegio Richmond de Metropolis.
"Es un sitio para niños ricos." Había dicho Clark cuando Oliver se lo había comentado.
"Yo fui a ese colegio." Clark sonrió. "Bueno, tal vez no sea el mejor ejemplo, pero ese colegio es el mejor del condado y posiblemente del estado."
Como no podía ser de otra forma Clark acabó aceptando y cuando vio el lugar con sus propios ojos, se dio cuenta que Oliver tenía razón. Aquel lugar era increíble, sus instalaciones como nunca las había visto Clark y contaba con un campo de hierba enorme donde los niños podrían moverse con libertad. Tal y como había dicho Oliver, era el mejor sitio para sus hijos y tras el primer día de colegio, los dos niños estabna totalmente encantados con el lugar.
Durante el desayuno hablaron animadamente sobre lo que habían hecho aquel primer día y lo que iban a hacer durante el curso. Se reían y hablaban de lo mucho que les gustaba su profesora la señorita Lauren.
Alguien llamó a la puerta del apartamento, mientras los niños se tomaban sus boles de cereales. No esperaban a nadie y mucho menos a esas horas de la mañana, por lo que tanto Clark como Oliver, temieron que se tratara de la prensa. Sin embargo, al abrir la puerta, se dieron cuenta que era algo mucho peor.
"¿Tess que haces aquí?"
Clark se estremeció al escuchar aquel nombre, que esperaba no volver a escuchar en toda su vida. No podía decir que les hubiera arruinado la vida, pues al fin y al cabo les había dejado a los niños. Pero les había hecho mucho daño, sobre todo a Oliver al hacerle creer que podrían tener otro bebé. Por eso había esperado no tener que volver a encontrársela nunca más y mucho menos en su propia casa.
"He oído las nuevas noticias. Dicen que te presentas para alcalde, tenía que comprobar si eso era cierto."
Sin esperar que ninguno de los dos le dijeran nada, Tess entró directamente en la casa. Miró a los niños; había estado tan cerca de conseguir su propósito… De haberlos tenido a su alcance, esos niños podrían haber cambiado el mundo para siempre, pero Clark se puso entre ella y los pequeños, podía leer sus pensamientos y jamás permitiría que estuviera cerca de ellos.
"Vamos chicos, es hora de ir al colegio."
No le importaba lo que Tess tuviera que decirles, sus hijos eran lo primero y estaba seguro que Oliver no tendría problemas con ella, al menos a plena luz del día. Le dio un beso de despedida.
"Llama si tienes cualquier problema. Sabes que te podré escuchar desde cualquier distancia." Le susurró al oído antes de marcharse.
Miró una vez más a esa mujer, nunca le había visto, incluso cuando no conocía cuales eran sus planes con su familia, pero ahora sabía de lo que era capaz, los escrúpulos no era algo que algo que abundara en ella. No quería dejar a Oliver solo, era lo que su instinto; pero la sonrisa de su compañero, le hizo sentirse mejor.
"Veo que Clark te cuida bien." Dijo Tess un momento más tarde d que Clark cerrara la puerta al marcharse con los niños. Se sentó en el sofá y esperó a que Oliver hiciera lo mismo.
"¿Qué es lo que quieres Tess? ¿Para que has venido a ver si tus experimentos funcionan bien?"
"Vamos Oliver no seas así. al fin y al cabo yo os di un regalo que jamás hubierais conseguido por vosotros mismos." Oliver no dijo nada, sabía que le estaba provocando para que le gritara, pero no iba a entrar en su juego así como así. "Muy bien, no estoy aquí por los niños, poruqe ya se que los he perdido."
"No has perdido nada Tess, Johnathan y Lora nunca fueron tuyos." Tess sonrió con maldad, como si escondiera un as bajo la manga al respecto, pero Oliver prefirió no preguntar. "Así que dime, ¿tu visita tan inesperada no tendrá nada ver con que yo me presente a las elecciones para alcalde verdad?"
"Veo que me conoces bien. Quiero formar parte de tu equipo."
Oliver se echó a reír, por una vez tenía gracia lo que decía Tess, aunque un segundo después se dio cuenta que no se trataba de ninguna broma. No se lo podía creer, aquella mujer hablaba completamente en serio.
"Aunque no lo creas, apoyo tu causa Oliver, por nada del mundo querría que ni tu ni Clark ni ninguno de los héroes que ocultan su identidad, tuvieran que salir a descubierto por una estúpida ley."
"No me lo trago Tess, primero intentas secuestrarme, a mi y a mis hijos y ahora quieres ayudarnos. ¿Dónde está el truco?"
"No hay ningún truco Oliver."
De repente Oliver se dio cuenta, no se trataba de él, ni de Clark, ni de ninguno de esos héroes de los que ella hablaba. Se trataba de proteger su experimento, mantener seguros a los niños, porque todavía estaba segura que podría recuperarlos en algún momento.
"Aléjate de mis hijos."
"Oliver."
"Tess lo digo en serio, podemos pelearnos entre nosotros todo lo que quieras, puedes intentar matarme, hacer conmigo lo que quieras, porque me importaría muy poco si tocas a mis hijos."
"No es lo que piensas." Sin embargo su gesto serio se transformó en una diminuta sonrisa que no pudo ocultar. "Solo quiero protegerlos."
Olive se levantó, de repente su cuerpo parecía mucho más grande, parecía haber crecido y producía una gran sombra delante de Tess. Tal vez fuera saber que sus hijos podían estar otra vez en peligro, le hacía volverse mucho más protector de lo que ya era normalmente.
"Me da igual lo que me digas, Tess, se muy bien de lo que eres capaz, se lo que hiciste conmigo y te juro que no vas a ponerles una mano encima a mis hijos."
"Oliver, si quisieras escucharme." Tess sacó una carpeta del portafolios del que no se había separado en ningún momento desde que había llegado. "Tengo información sobre tu rival; no es nada igual, tan sólo son documentos que demuestran que ese hombre quiere hacer cosas terribles con la gente especial y aunque no te lo creas quiero lo mejor para tus hijos, pues al fin y al cabo me siento responsable de ellos."
Oliver miró las hojas en la mano de Tess, todavía podía ser una trampa, una forma de liarle y conseguir lo que ella quería, pero también podía tener razón, pese a que no comprendía porque quería ayudarles realmente. Cogió las hojas finalmente y comenzó a mirarlas por encima. Había nombres, datos y lugares, comentarios horribles sobre lo que eran para Johnson la gente con ciertas habilidades especiales, lo que eran para él Jonathan y Lora.
"Quédatelo, léelo y cuando compruebes que estoy de tu parte, me llamas."
Tess se levantó y se dirigió a la puerta.
"¿Por qué estás haciendo esto?"
"Ya te lo he dicho quiero lo mejor para tus hijos."
Sin esperar más preguntas de Oliver, Tess dejó al apartamento y al millonario allí de pie, con las hojas en la mano, preguntándose, si después de todo, sería buena idea aliarse con su peor enemigo.
