Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos.

La historia original pertenece a A.L.


CAPÍTULO 20

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Edward avanzaba lentamente, atento al menor sonido o movimiento a su alrededor. Desde el primer momento, había logrado atraer la atención de los delincuentes sobre su persona, alejándoles todo lo posible de Bella. Estaba intentando dirigirles en la dirección contraria a la que ella debía seguir y conduciéndoles directamente hacia el camino de acceso a la carretera, lugar por el que llegaría la ayuda solicitada en caso de que hubiese sido escuchada. Pero su instinto le decía que algo iba mal, que no había conseguido desviar completamente la atención de ella.

En un primer momento, antes de separarse de Bella, le pareció detectar a tres siguiéndole. Pero desde unos minutos antes sólo podía distinguir los pasos de dos. Lo que le hacía temer que la tercera persona se había desviado para seguir un camino diferente con el fin de sorprenderle o, peor aún, había vuelto sobre sus pasos. Aunque intentaba simular que continuaba Bella a su lado, un observador experto descubriría enseguida que iba solo y ellos parecían ser profesionales bastante competentes. Todo ello indicaba que Bella estaba en peligro y no podía arriesgarse a perder más el tiempo intentando desviarlos lo máximo posible o esperando a que llegase la policía. Debía actuar de inmediato.

Se subió con sigilo a un árbol y lanzó unas pinas a lo lejos, con el fin de atraer la atención hacia esa zona, desde su posición, tenía una espléndida visión en varios metros a la redonda. Esa noche la luna brillaba en toda su intensidad, sin nubes que la ocultasen. Aunque los asaltantes debían vestir de oscuro, para camuflarse en la noche, no podían ocultarse totalmente en aquella zona bastante despejada a la que les estaba conduciendo. Antes o después aparecerían y él podría sorprenderlos, incapacitarlos y tener el terreno libre para cerciorarse de que Bella estaba fuera de peligro.

Pasaron largos minutos y Edward comenzaba a desesperar. Parecía que sus perseguidores no deseaban arriesgarse o habían descubierto su estrategia. Iba a descender del árbol cuando oyó a su espalda un leve crujido, seguido por otro más leve aún. Comprendió que su plan funcionaba y había conseguido atraer a sus perseguidores en la dirección deseada. Pronto vio aparecer una persona que se movía sigilosamente debajo de él. De pronto se paró y pareció mirar en todas direcciones, evidentemente confundido y despistado. Emitió un agudo silbido y, a los pocos segundos, otra persona se unió a la primera. Intercambiaron unas palabras y se dispusieron a continuar en direcciones diferentes.

Edward no aguardó más. En un ágil y veloz movimiento, saltó del árbol para caer sobre uno de ellos, derribándolo y protegiéndose con su cuerpo del disparo de su compañero, que giró al oír el golpe. La bala alcanzó de pleno al hombre que Edward tenía atrapado, sintiendo cómo se desplomaba inerte. A su vez, Edward disparó al otro, con siguiendo acertarle y hacerle derribar. Comprobó que el primero estaba muerto. La bala le había alcanzado en el pecho. Se acercó al segundo. Estaba herido, pero no revestía peligro. Se quejaba quedamente y se taponaba la herida del hombro con la mano. Recogió la pistola y lo registró, al igual que al primero, en busca de cualquier otra arma.

—¿Cuántos son?

El delincuente se mantuvo callado, mirándole con furia. Edward le retiró la mano con la que taponaba la herida y la presionó con la pistola. El hombre emitió un grito de dolor.

—¿Cuántos son? —repitió con apremio, al tiempo que volvía a presionar en la herida.

—Tre... tres —contestó el aludido con un hilo de voz.

—¿Dónde está el otro?

Al ver que no respondía de inmediato colocó el cañón de la pistola en la sien.

—Ha... ha vuelto atrás.

Edward no necesitó escuchar más. Le propinó un fuerte golpe en la cabeza con la culata de la pistola y se precipitó en dirección al lugar donde había dejado a Bella.

Al llegar allí no encontró rastro de ella ni señales de lucha, pero eso no lo tranquilizó. Decidió continuar hasta el embarcadero. Con suerte, ella habría logrado su objetivo y estaría a salvo, navegando hasta la otra orilla del lago. Pero cuando faltaban pocos metros para llegar, el sonido de una voz le hizo detenerse en seco.

—Deja lo que estás haciendo y ven aquí.

Era una voz masculina, fría y calmada, alarmantemente peligrosa.

—Obedece o te pego un tiro. Eso te dolerá aunque no te matará. Y si tengo que llevarte a rastras todo el camino, lo haré.

Edward se tensó por el pánico. Sus suposiciones eran acertadas: uno de los secuestradores había logrado encontrar a Bella. Se acercó sigilosamente para estudiar la situación. La zona en la que él se hallaba estaba un poco elevada sobre el embarcadero, al que se accedía tras bajar por una pequeña pendiente. Ello le permitía una buena posición para abatir al delincuente en caso de tener la oportunidad. Pero Edward comprobó con consternación que la visibilidad a esa distancia no era suficiente y corría el riesgo de acertar a Bella, que en ese momento salía del agua y se reunía con el hombre armado. Cuando éste estuvo a su lado, la agarró fuertemente del brazo y la zarandeó con violencia.

—Escúchame, zorra. De ahora en adelante me obedecerás sin oponer resistencia. Prefiero llevarte viva pero, si me causas problemas, te mataré. ¿Comprendes?

Bella afirmó con la cabeza, incapaz de hablar. Temblaba perceptivamente, tanto por el frío como por el temor hacia el hombre que la amenazaba. Este llevaba un atuendo oscuro y el rostro cubierto por lo que parecía ser una capa de pintura negra, pero el tono de su voz le indicaba que cumpliría su amenaza.

—Siéntate y no intentes ninguna estupidez. Esperaremos a que mis hombres se reúnan con nosotros.

La hizo sentarse en el muelle y él se colocó tras ella sin dejar de apuntarle. Bella obedeció sin oponer resistencia. Las palabras del hombre la atemorizaron aún más al comprender su significado: cuando acabasen con Edward, el resto de la banda se reuniría con el jefe.

—¿Cómo... cómo nos encontraron? —preguntó Bella con voz temblorosa.

—Tengo mis fuentes —fue la escueta respuesta del hombre.

Bella no podía conformarse con esa respuesta, la culpa la corroía. Comprendía que ella era la responsable de que hubiesen descubierto su situación, pero necesitaba que se lo confirmase.

—¿Han intervenido el teléfono móvil de mi padre?

El hombre emitió una sonora carcajada.

—Siento decepcionarte, guapa, pero nuestros medios no son tan sofisticados. Además, no hacía falta. Mi contacto en la casa es muy hábil en obtener información de primera mano.

—¡Leah! —exclamó asombrada, al comprender de quién se trataba. La esposa de su padre les había traicionado.

—Vaya, veo que no eres tan estúpida como aparentas.

Con tristeza, comprendió que no se alegraba de haber acertado en la opinión que tenía de su madrastra. Su padre no se merecía eso.

—¿Por qué lo ha hecho? ¿Por dinero? No era necesario, mi padre estaba dispuesto a darle todo lo que ella hubiese deseado.

—No ha sido por dinero. Ha colaborado conmigo por algo que valora aún más.

—¿Lo ama a usted?

El hombre volvió a soltar otra de sus desagradables carcajadas.

—No, guapa, no. Aunque parezca mentira, está enamorada de Swan. Pero quiere a otra persona aún más, y por ella ha traicionado a tu padre.

—Bella estaba perpleja e intrigada.

—¿A quién?

—Eres una zorrita curiosa y quieres saberlo todo. No importa, antes o después se descubrirá y esa puta también recibirá su merecido.

Bella no pudo evitar un escalofrío de temor ante las palabras del hombre.

—Tu madrastra guarda muchos secretos y el estúpido de tu padre se dejó cegar tanto por su belleza que no fue capaz de descubrirlos —continuó él con rabia contenida—. Pero yo no me dejo engañar tan fácilmente. Sólo tuve que escarbar un poco en su pasado para descubrir su gran secreto y aprovecharme de él.

Volvió a reír de ese modo tan espeluznante, que conseguía erizar el vello de Bella y provocarle escalofríos de puro terror.

—La muy puta se acostaba con un tío suyo desde pequeña y tuvo un hijo con tan sólo quince años. Lo hicieron pasar por su hermano, pero yo investigué a fondo y descubrí la verdad. La amenacé con contarlo todo a la prensa si no colaboraba conmigo. Como podrás suponer, eso destrozaría a su hijo, además de acabar con su pretendida carrera de actriz —rió de nuevo, orgulloso de su ingenio—. Así lo entendió ella y no tuve que insistir mucho para conseguir su colaboración.

Bella quedó profundamente impresionada por la confesión del hombre e, inmediatamente, sintió una inmensa compasión por aquella mujer, víctima de abusos en la infancia por un miembro de su propia familia y sometida a la tortura de ver cómo su vida quedaba destrozada a tan temprana edad. Se recriminó internamente por haber sido tan egoísta. La había juzgado mal desde el primer momento, llevada por meros prejuicios y negándose a concederle la menor oportunidad, ni aún por amor a su padre. Si alguna vez tenía la oportunidad, se prometió, se encargaría de subsanar el error cometido durante esos años.

—¿Sorprendida? Lo mismo que todo el mundo cuando se publique la noticia.

Bella comprendió que ese hombre estaba dispuesto a revelar el pasado de Leah a pesar de haber cumplido ella con su parte del trato.

—¿Por qué no se comporta honradamente y la deja en paz? Ella hizo lo que usted le pidió. Y, si es dinero lo que desea, mi padre podrá pagarle más que cualquier revista a la que decida vender la noticia.

—Es cierto, y puede que también lo haga. Pero no quiero negarme el placer de ver a tu papito convertido en el hazmerreír de la sociedad.

Bella comprendió que en todo ello se ocultaba algo más que el mero interés económico. Ese hombre deseaba destruir a su padre y no sólo en el aspecto financiero.

—¿Por qué odia a mi padre? ¿Qué le ha hecho él? —preguntó en un arrebato de furia e impotencia.

El hombre la cogió violentamente del brazo y la zarandeó sin compasión.

—¿Qué me ha hecho? El destrozó mi vida y la de mi familia, eso es lo que hizo. Y va a pagar por ello, no lo dudes.

Sus palabras destilaban tanto odio que Bella sintió pánico. Aquello no iba a ser un simple secuestro que acabaría felizmente cuando se pagara el rescate. A pesar del temor que experimentaba, comprendió que la única forma de salvarse, y salvar a su familia, era conociendo las motivaciones de su secuestrador e intentando razonar con él. Aparentando un valor que no sentía en realidad, se encaró con el hombre que la amenazaba.

—No es cierto. Mi padre nunca haría algo así. Es una persona honrada en todos los aspectos.

El hombre reaccionó de forma violenta ante las protestas de Bella, propinándole un fuerte bofetón que la hizo tambalearse.

—Calla, puta. No sabes nada. ¡Nada! Tu padre arruinó al mío, se apropió de su empresa y le negó toda posibilidad de salvarse de la quiebra financiera. Y no contento con eso, le quitó también la vida. Ese es tu padre, una persona despiadada y cruel.

Bella estaba espantada. Ese hombre estaba mintiendo. Su padre era una persona honrada y bondadosa y él lo estaba tachando de criminal.

—Eso no es cierto. Mi padre no ha matado a nadie.

—No tuvo que hacerlo con sus propias manos, pero lo llevó hasta el suicidio al negarle su ayuda.

—No le creo. Está mintiendo.

El hombre volvió a golpearla con violencia ante la respuesta airada de Bella.

—¡Calla o te mato antes de tiempo, aunque eso me prive del placer de ver al gran Charlie Swan rogar por algo en su vida —y, ante la mueca de estupor de ella, no satisfecho—. Sí, eso es lo que me propongo, conseguir que suplique y desespere para comprobar después que no le sirve de nada, al igual que ocurrió con mi padre. Y si crees que tu amiguito va a venir otra vez en tu ayuda, olvídate. Mis hombres ya habrán dado buena cuenta de él. No volverá a jugárnosla, descuida.

La realidad de las palabras del hombre golpeó a Bella más fuertemente que los golpes recibidos con anterioridad y que la certeza del destino que le esperaba. Esos hombres pretendían matar a Edward. Tal vez estaba muerto ya. Se hundió en la desesperación más absoluta. Su vida ya no tenía sentido.

Edward a duras penas podía contenerse. Le suponía un titánico esfuerzo permanecer como mero observador ante la escena que se desarrollaba a pocos metros, principalmente tras presenciar los estallidos de violencia dirigidos contra Bella. Las últimas palabras del hombre confirmaban que ella corría verdadero peligro y debía actuar de inmediato, aun a costa de arriesgar su propia vida. El hombre pronto advertiría que sus compinches no aparecerían y, entonces, actuaría de forma impredecible. Pero debía hacerlo con suma cautela. Comprendió que no podía arriesgarse a disparar hasta que no tuviese un blanco fácil. Y no dispondría de él mientras el secuestrador estuviese utilizando a Bella de escudo. La tenía colocada delante de él, cubriendo el único camino de acceso al embarcadero a través de la empinada senda que descendía desde la altura donde él se encontraba. Pero lo que el secuestrador no sabía era que se podía acceder también por otro lugar. Edward lo utilizaba algunas veces en su juventud, para sorprender a su tío. No sabía exactamente en qué condiciones se encontraría tras los años trascurridos, aunque era su única esperanza y no iba a desaprovecharla.

Con suma cautela y reptando sobre su vientre, se dirigió hacia el lugar indicado. Le costó dar con la ubicación exacta después de tanto tiempo y la oscuridad de la noche, pero lo consiguió en pocos minutos. Edward ahogó un grito de triunfo. Allí estaba, semienterrada tal y como la dejara en su día, la pequeña bolsa de lona que contenía la cuerda por la que descendería el empinado terraplén. La bolsa estaba bastante deteriorada, si bien la cuerda de material plastificado había resistido en buenas condiciones. La ató diestramente a un árbol y comenzó a descender sin demora. Cuando llegó abajo, sintió el impacto de las heladas aguas que le llegaban a la cintura. Ignorando el frío, avanzó lentamente hacia el embarcadero, que se hallaba a pocos metros de distancia.

Reinaba el silencio más absoluto cuando él se acercó, por lo que tuvo que moverse con extremo sigilo. Ambos continuaban en el mismo lugar que momentos antes: el secuestrador situado a la espalda de Bella mientras ambos miraban en dirección al camino de acceso. Al aparecer por la espalda de ellos, el hombre ofrecía un blanco perfecto. Pero Edward no se atrevió a dispararle en esos momentos ya que temía herir a Bella también. Tenía que conseguir que desviase la atención de ella para poder actuar con libertad, y para ello necesitaba una distracción. No le resultaría fácil acercarse sin delatar su presencia. Iba a ser inevitable que oyeran el movimiento del agua o el sonido de las pisadas en los guijarros de la orilla. Y si lo descubría antes de tiempo, el factor sorpresa se habría perdido. Era imprescindible sorprenderlo y desarmarlo antes de que él tuviese tiempo de responder al ataque.

Lo mejor hubiese sido que estuviesen hablando, como hasta momentos antes. Pero Bella parecía que ya no deseaba continuar con la conversación. Las duras revelaciones del hombre debían de haberla sumido en un total abatimiento. Comprendería, al igual que él mismo que la intención del secuestrador era matarla una vez cobrado el rescate. Incluso antes, si causaba problemas. Si conseguía que Bella lo distrajese, él se podría acercar sin problemas, pero, ¿cómo darle a conocer su presencia e intenciones sin que el hombre lo advirtiese también?

De pronto recordó algo. Una noche, cuando estaban en el porche, Bella se mostró interesada por conocer los sonidos de los diferentes animales que poblaban aquellos bosques y él los fue identificando al tiempo que le enseñaba a imitarlos. Había uno en particular, la llamada de apareamiento del pato negro, que le costó mucho trabajo reproducir. Cuando lo consiguió, sintió gran alegría y se convirtió en una especie de broma íntima entre ellos.

Con un poco de suerte, pensó Edward, al oír ese peculiar cántico, ella comprendería su intención. Emitió repetidas veces el sonido sin observar reacción alguna por parte de Bella. Por fin, cuando ya comenzaba a desesperar y a resultar sospechoso el persistente sonido, Bella levantó lentamente la cabeza y pareció concentrar su atención.

—¿Qué ocurre? —preguntó el hombre, poniéndose en guardia.

Ella reaccionó con prontitud. Había captado el mensaje. Su corazón pareció estallar de felicidad. Edward estaba vivo y cerca. Intentó ocultar su alegría y distraer al hombre.

—Nada, estaba preguntándome qué estamos esperando. ¿Acaso piensa huir con la barca? —indagó, con la voz lo más calmada que pudo.

—No. Nos marcharemos en coche, tal y como hemos venido. Estoy dando tiempo a mis hombres para que acaben con tu amigo. No quiero sorpresas de última hora. Después nos reuniremos en la casa, tal y como hemos convenido.

—¿Cómo dieron con la casa? Yo no le expliqué a mi padre su ubicación exacta.

—No fuiste muy explícita, es cierto. A pesar de ello, le diste un dato esencial. Esta es la única casa de los alrededores con una antena de radiofrecuencia en su tejado. Tu guardaespaldas era un buen profesional, pero cometió el error de querer protegerte él solo. Aunque después de observaros esta noche, comprendo la razón de ello —y soltó una de sus desagradables carcajadas.

Edward aprovechó el inicio de la conversación para acercarse sin delatarse. Desafortunadamente, cuando estaba a pocos metros de distancia, el sonido de una rama al quebrarse bajo su peso delató su presencia. El hombre se giró sorprendido por el ruido, arrastrando a Bella con él y sin dejar de apuntarle con el arma. Esa reacción no era la que Edward hubiese deseado, y comprendió que la oportunidad de sorprenderle se había perdido. Continuó apuntándole mientras avanzaba, con la esperanza de que se decidiera a dispararle y él tuviese alguna oportunidad de abatirlo sin riesgo para Bella. Pero el hombre pareció comprender su intención y no se dejó engañar. Continuó encañonándola al tiempo que la situaba delante para protegerse enteramente con su cuerpo.

—Quieto ahí o le pego un tiro —sentenció con mortífera voz.

Edward se inmovilizó de inmediato. No le cabía ninguna duda de que cumpliría su amenaza.

—No tiene la menor oportunidad de escapar. Sus compinches están fuera de combate y, además, logré pedir ayuda antes de que cortaran el suministro de energía —advirtió en un intento por ganar tiempo, aún sabiendo que su última afirmación era muy dudosa.

—¡Maldito, hijo de puta! No te servirá de mucho. Estaré muy lejos de aquí antes de que lleguen los refuerzos. Lanza la pistola lejos y ponte de rodillas con los brazos en la nuca, o le hago un bonito agujero en la cabeza a tu amiga.

Edward parecía reacio a obedecer. Sabía que cuando estuviese desarmado le dispararía y, entonces, no podría proteger a Bella, pero tampoco estaba en posición de ignorar su orden. El hombre parecía muy dispuesto a cumplir su amenaza.

—No lo hagas, Edward. ¡Te matará! —gritó Bella alarmada, al comprender que pensaba sacrificarse por ella.

Edward la miró largamente, revelándole todas las emociones que lo embargaban en ese momento: pasión, ternura, adoración... amor, también pesar por haberla llevado a esa situación y poner en peligro su vida. Fue un arrogante al creer que era capaz de protegerla. Lo menos que podía hacer ahora era dar su vida por ella. Dudaba de que su sacrificio sirviera para algo y ese era su mayor tormento. Sabía que Bella moriría también.

—Deprisa y sin trucos —ordenó el hombre con voz imperiosa.

Edward comprendió que estaba perdido y decidió obedecer. Lanzó la pistola unos metros y se arrodilló en la grava, al tiempo que alzaba los brazos.

El hombre sonrió y, retirando la pistola de la cabeza de Bella, apuntó directamente a Edward.

—Esto por todos los problemas que me has causado, cabrón.

Edward comprendió lo que iba a hacer y se lanzó al suelo, al tiempo que extraía el arma que llevaba oculta en la espalda. Pero Bella también advirtió la intención del hombre y trató de evitarlo.

—¡No! —pronunció en un grito desgarrador, y se lanzó sobre él para impedírselo en el preciso momento que disparaba.

Edward contempló con estupor como Bella se desplomaba pesadamente sobre el pedregoso suelo. Ahogando un grito de terror, disparó repetidamente sobre el homicida al tiempo que se incorporaba presuroso y se dirigía hacia el inerte cuerpo femenino para comprobar la magnitud del daño ocasionado. No se molestó en mirar hacia el hombre que yacía derribado a pocos centímetros. Sabía que había exhalado el último suspiro cuando una de las balas le atravesó certeramente el corazón.

Bella estaba mortalmente pálida y mantenía los ojos cerrados. Edward le tomó el pulso. Aunque débil, aún latía. Una irregular mancha negruzca se agrandaba por momentos en su costado izquierdo. La bala, disparada a escasos centímetros, la había atravesado limpiamente, saliendo por su espalda. Por suerte, parecía no haber tocado la columna vertebral ni órganos importantes en esa zona. Pero el mayor problema que revestía era la pérdida de sangre.

—Cariño, debes resistir. Eres fuerte. Aguanta, por favor, aguanta —susurraba acongojadamente, mientras se quitaba el pantalón e improvisaba un vendaje que taponara la herida.

Debía llevarla lo antes posible a un hospital o se desangraría. Comenzaba a cogerla en sus brazos cuando un sonido, cada vez de mayor intensidad y que reconoció al momento, llamó su atención. Tras unos minutos, apareció un helicóptero apuntándole con su fuerte haz de luz.

—¿Algún herido? —preguntó la voz de Eleazer por el altavoz.

—Bella. Está grave.

Ya estaban comenzando a deslizarse por unas cuerdas cuatro hombres de los cuerpos especiales de la policía, y con ellos una camilla en la que colocaron a la herida para subirla al helicóptero.

Edward informó a los hombres de la situación y el lugar en el que se hallaba el resto de la banda y subió al helicóptero detrás de Bella.

Su tío lo miró con preocupación cuando llegó a su lado. Él lo tranquilizó con un gesto y se dirigió hacia la joven, que continuaba sin recobrar el conocimiento. Le retiró el cabello del rostro y posó los labios en su fría frente.

—Dios mío, no permitas que ella muera —pidió con fervor, y una gruesa lágrima rodó por su mejilla.


Oh, Bella está herida!

(^_^)凸

Buenas! Eh vuelto! Como verán no pude actualizar antes por motivos personales!

Este es el ante-último capítulo. Nos queda el último que lo subiré el viernes!

Sinceramente quiero aprovechar y agradecerles cada uno de sus mensajes, son sumamente importantes para mi.

Mis sinceras disculpas por la demora!

Gracias por leerme!

๑۩۞۩๑

#Andre!#