El camino de vuelta siempre era el más fácil.
Las prisas y preocupaciones por llegar se habían ido, y podíamos disfrutar de la hospitalidad de nuestros hermanos retirados. En uno de los pueblos nos informaron de que las otras patrullas habían vuelto ya. Excepto la del ataque del pueblo, esa aún tenía que encontrar el nido de esas alimañas.
El viaje de vuelta soló tenía un pequeño inconveniente: teníamos que responder a las preguntas del novato.
-Entonces, ¿puedes ver el futuro?- preguntó por cien milésima vez.
Me giré y palideció. Sí, se debían notar bastante mis ganas de arrancarle la cabeza.
-No veo exactamente el futuro- expliqué otra vez-. Son más a menudo sensaciones y flashes- abrió la boca para preguntar-. Y no- le interrumpí-, no puedo elegir lo que veo. Bueno, a veces sí, pero luego tengo un dolor de cabeza de mil demonios. Son las Nornas las que me dictan más o menos lo que veo.
-¿Nor..qué?
Mientras Aaren le daba una clase sobre las criaturas de la mitología nórdica, yo desconecte un rato.
-No nos vas a contar lo que viste, ¿verdad?- dijo Maija poniéndose a mi izquierda, seguida por Lennart.
-No, no tenía planeado contaros nada debió que ví.
Hicieron un puchero.
-Dejadla tranquila- les espetó Linnae-. Ya nos lo contará cuando lo crea conveniente.
-Sí, Barbie agarrada.
Puse los ojos en blanco.
-Vale- dijo un comprensivo Aaren en tono calmado mientras se acercaba con el novato-. ¿Puedes explicarnos al menos por qué no nos debemos fiar de los gemelos?
-¿Quienes son los gemelos?
-Una pareja de hermanos rara y esmirriada que rescatamos antes de salvarte el pellejo- Astrid siempre tan elegante.
-Ah- dijo Sven algo perdido-. ¿Por qué no nos fiamos de ellos?
-Porque Karee tiene una mala sensación con ellos- le explicó una paciente Maija.
Había que admitir que estaba muy protectora con su recién descubierto sobrino. Aunque en realidad sería su tío, pero ella, hasta se Sven se supiese las relaciones entre dioses, le gustaba decir que él era su sobrino y no al revés. Le gustaba sentirse la mayor. Quizás eso se debía de que hasta el momento, ella siempre había sido la pequeña.
Sven asintió.
-Creo que lo pillo.
-Vale- dijo Aaren. Se giró hacia mí-. ¿Qué viste?
Freki gruño suavemente, notando mi molestia.
-Ví a la verdadera semidiosa que deberíamos haber encontrado.
Todos se mostraron confusos.
-¿No eran los esmirriados los que debíamos encontrar?- Holger parecía realmente sorprendido.
-No, ella murió cuando ellos la encontraron y se quedaron en su refugio.
No era completamente cierto,npero era lo que iba a decir de momento.
Todos se estremecieron.
-Que macabro- murmuró Maija.
La miré fijamente.
-Exacto. Que macabro.
Y afianzé la marcha, dejándolos confusos detrás mío.
No se lo podía contar, les confiaría mi vida, pero ellos...bueno, digamos que no eran la encarnación de la sutileza. En cuanto les contase lo que había visto, se lanzarían contra esos desgraciados y los harían pedacitos para después dárselos de merandar a Ursa, la gata de Maija.
Y no me interesaba eso. Tenía una excelente teoría de quien podría ser su padre, pero para confirmarla necesitaba observarlos más.
Los demáse siguieron, apresurando también la marcha.
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Por fin llegamos a uno de los pueblos.
-Vaya- musitó impresionado Sven, mirando a todos lados.
Sonreí, supongo que es verdad que era bastante "vaya".
Las casas eran todas de piedra gris, al igual que el suelo enlosado. Las chimeneas constatemente estaban soltando humo, y no muy lejos de allí, había una diminuta escuela. Llegamos a la plaza principal del pequeño pueblo y vimos a varios niños jugando con hachas y espadas de madera. A un lado de lanplaza había unas cafeterías, y al otro una enorme forja, donde se veía trabajando al herrero en un nuevo escudo de Hierro Divino.
Fuí directa a la cafetería, donde sabía de antemano que la encontraría.
-Hola Karee.
-Hola, Agnes. ¿Como van esos viejos huesos?
La anciana abuela de Kristof rió. Hacia años que la conocía, y siempre me había caído muy bien. Sobretodo me había caído bien por no chivarse cuando me pillo escapándome hace tantos años.
-Pues viejos Karee, ¿cómo van a estar si no?
Reímos juntas. Esa anciana nonagésima tenía una energía que me encantaría poder tener a su edad.
-Bueno- dijo cuando se hubo calmado un poco-. ¿Y mi nieto?
-Bien, como siempre. Aunque se está volviendo un poco descontrolado.
Agnes rió con ganas. Kristof podría ser de todo menos descontrolado. Pero bueno, una mentirijilla nunca hacía daño. Sobre todo si esa mentirijilla le hacía reír.
-¿Karee?
Miré a Linnae que estaba apoyada en la puerta.
-Sí, ya voy.
Me despedí con un beso en la mejilla a Agnes.
-Volveré pronto- prometí.
Ella sonrió.
-Eso espero, y haber si consigues arrastrar a ese nieto mío contigo un día de estos, niña.
Reí y me fui con Linnae hacia nuestro barco.
Todos los equipos tenían un barco. Era casi tradición/obligación.
Teníamos dos barcas en un principio, y el aspecto de ambas era muy patético. Pero llegó Astrid, desmontó ambas barcazas, les puso un motor fueraborda y lo puso precioso, haciendo un único y gran barco.
Tenía a forma de uno de los antiguos barcos, con la cabeza de un dragón de frente y remos a los lados, para cuando la batería del motor se acabase. También tenía una enorme vela de color azul y blanco a rayas verticales a lo Vicky el Vikingo.
Ellos nunca entendieron de todo el chiste, pero tampoco tenía tanta importancia.
Astrid no tenía muy buen gusto en lo que a decoración de refiere, pero era una de las mejores navegantes que teníamos. Ahora estaba en cubierta, con una sonrisa de oreja a oreja manejando el timón y todos los botones que tenía.
-¿Qué tal?- pregunté acercándose a ella.
Me dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
-Mucho mejor que en esa mierda llamada tierra.
-Tú vives en esa mierda llamada tierra- le recordé.
Ella sonrió más aún.
-Rumores. Ahora cállate, desconcentras mi asombrosa genialidad, Barbie de las narices. Tú y los otros subnormales.
Todos rodamos los ojos, tremendamente divertidos.
Astrid era especial. Podría decir todas las palabrotas que quisiera ya todos nos reiríamos. Aunque fuesen insultos hacia nosotros.
-Bueno- dijo Aaren, agarrando "disimuladamente" según el, la mano de Astrid-. Camino a casa otra vez, ¿no?
-Sip- contestó Holger, estirándose y bostezando. Más de una vez me había recordado a Geri. Eran muy parecidos-. Ya era hora.
-Más le vale a Yorick dejarnos un tiempo tranquilos- añadió Linnae mientras asentía.
Todos la miramos con una ceja enmarcada: eso era difícil. Muy difícil.
-Bueno- me estiré. Freki me imitó-. Llegaremos pronto- me volví al novato-. Prepárate, y no te muestres nervioso o te comerán con patatas.
El novato tragó duro. Me volví para que no me viese sonreír.
Era tan divertido ponerlos nerviosos...
Linnae, Maija y Lennart me miraron acusatoriamente. Los demás me dirigieron una mirada aprovadora. Preferí hacerle caso solo a las aprovadoras.
Me recosté contra la borda del barco y cerré los ojos. Por fin a casa. Ya era hora de volver y descansar.
Nos topamos con una de las barcas de pescadores que salían a faenar a diario y nos dieron la mitad de la pesca para llevarla a la Casa.
-¡Gracias!- gritó Maija.
-¡Por fin una cena decente!- celebró Holger.
-¡Eso depende de quien cocine!- replicó uno de los pescadores.
Todos reímos ante esa gran verdad. Llegamos a tierra mucho antes de lo que una pequeña pelirroja habría deseado. Tuvimos que arrastrarla para que bajase a tierra ante las risas del sorprendido Sven.
-¡No!- rugió Astrid-. ¡Soltadme, mamarrachos de mierda si no queréis daros un baño helado!
-Haz eso- la advirtió un sonriente Aaren-, y te tiraremos al lago de cabeza.
-Y lanzaré un rayo al lago mientras estás dentro- añadí yo. Sabía que Astrid mostraría su aprobación a lo primero, pero a lo segundo...
Astrid se calló y le hizo un puchero y siguió a Aaren.
Linnae y yo nos miramos. ¿En serio se creían que nadie notaba el enamoramiento mutuo?Por favor, eso era estúpido hasta para Astrid.
Caminamos un rato por el ligero bosque de pino que constituía la flora de la isla y llegamos a una cabaña de dos pisos echa de esta misma madera. Era una cabaña humilde, solamente tenía un segundo piso porque después de quedarnos encerrados una vez porque la nueva tapó la entrada habíamos decidido tener otra salida por si acaso.
Ese invierno no fue mi favorito. Aunque ahora estaba agradecida por que lo hubiésemos hecho: era verano también pero no habría mucha diferencia de este con respecto al invierno.
Entramos al interior de la cabaña y Sven cogió aire impactado. Sonreí, era normal.
El suelo estaba cubierto por una grande y gruesa alfombra de piel, enfrente había unos grandes sofás con pequeñas mesas a juego. A la izquierda una escalera ascendente. A la izquierda una descendente.
Cogimos la descendente y enseguida nos encontramos con alguien. Más bien un grupo de alguien .
-¡Freki!- saltaron los pequeños a abrazar al gran lobo.
Este los acarició con suavidad con el hocico, acostumbrado a tratar con niños pequeños y tratándolos como si fueran sus propios cachorros. Los niños acababan de salir de un entrenamiento. Eso lo podía decir cualquiera al ver sus caritas cansadas y su ropa sucia.
-Hola guerreros.
-Hola, Sigrún- dijimos todos al unísono, inclinando la cabeza con respeto.
Al levantarla Sigrún hizo un gesto de querer hablar conmigo luego. Asentí e ignoré las miradas curiosas de mis compañeros.
-¿Qué tal los otros grupos?- preguntécmo si no lo supiera ya.
-Muy bien- fijos sonriendo-. Los Draugr han sido eliminados de raíz, los grupos ya están aquí, en cambio los de los trolls van a tardar un poco más. Huyeron hacia el bosque y los están persiguiendo.
Asenti, sólo le había preguntado porque a ella le encantaba contarlo todo. Y aunque no le hubiese preguntado, nos lo habría contado de todas maneras.
-¿Vamos al comedor?- preguntó Aaren finalmente.
Sigrún nos dedicó una de sus famosas sonrisas de psicópata.
-Estoy completamente segura de que los niños podrán ir a dar la noticia.
Todos los pequeños gimieron, aunque no estaba segura si era por tener que correr otra vez o por separarse del gran lobo.
Fuimos al comedor y poco a poco se fue llenando de gente. Esto era extraño, me solían mirar, pero esto era exagerado. Algo me dijo que esto no una a salir bien, y Dave no llegaba.
¿Habría salido mi hermano mientras no estaba y le había pasado algo? Tenía el corazón en un puño.
Por fin llegó Yorick y empezó a hacer la presentación, pero yo no podía esperar más.
-Me voy.
-¿Barbie, pero qué...?- se calló cuando vio mi expresión-. ¿Qué pasa?
-No lo sé, pero ahora lo averiguaré.
Sin decir nada más, me fui entre la multitud. Todos se apartaron, nerviosos. Freki me siguió, tan nervioso como yo. Algo no iba bien, y lo notaba en el corazón, que me latía desbocado.
Corrí hacia el salón, viendo sorprendida que había un grupo de personas rodeando algo.
-¿Dave?
Se levantó y por la impresión dí un paso hacia atrás.
Estaba echo un desastre, al parecer acababa de volver de una salida. Tenía la camisa blanca manchada de sangre, y su capa de piel de oso estaba desgarrada en múltiples lugares.
-Oh, Dave- dije aproximándome a él-. ¿Estás herido?- él era la única persona por la que me mostraría débil. Lo abraze y noté que estaba tenso como un arco. Me separé de él-. ¿Qué pasa, Dave?
Su rostro era duro, y ví que detrás de él los chicos estaban tensos. Los gemelos estaban al fondo, murmurando con cierta diversión. Elyn me sonreía como si estuviésemos compartiendo un chiste privado.
-¿No tienes algo que quieras contarme, Katherine?- su tono era inexpresivo, al igual que su rostro.
Me tensé, ¿se le habría escapado a Sigrún o a Hilda? No, ellas sabían que ni debían de preocuparle. Dí un paso atrás, cautelosa y con el rostro indescifrable. Freki empezó a gruñir suavemente.
-¿A qué te refieres, Dave?
Hizo un gesto, como si estuviese enfadado pero no supiera cómo mostrarlo. Me sorprendí, ¿quería discutir conmigo? Jamás habíamos discutido. Y no, no era una broma o un engaño. Jamás en mis quince años de existencia había recibido de Dave algo más que palabras de aliento o de cariño.
-No te hagas la loca, Katherine- estaba jugando sucio: sabía cuanto odiaba el nombre que me había dado nuestra madre.
-No me hago nada, Daven- gruñí. Freki me secundó.
Dave frunció el ceño y puso cara de intentar estar enfadado.
-¿Cuando me lo ibas a contar?
Retrocedí un paso, afianzando mis pies en el suelo y elevando mi barbilla para mirarle fijamente a los ojos. Pareció dudar, pero apretó sus labios en una fina línea. Entraron mi equipo y los demás. Miré a Hilda y a Sigrún con una pregunta en los ojos y negaron con la cabeza, ofendidas por que dudase de ellas.
Volví para encarar a mi hermano.
-Contarte el qué- gruñí enfadada-. No estoy de humor, Dave.
-Yo menos- replicó dando un paso hacia delante.
Me mantuve firme en mi sitio.
-Pues deja de ir con rodeos- espeté.
Ahora sí que parecía enfadado.
-El liderazgo- amargura pura y dura en su voz-. Desde el primer día y nunca me lo contaste. Nunca.
-¿Eh?- estaba confusa, y ahora Dave si que parecía enfadado de verdad.
-¿Tan poco confías en mí? ¿Tan poco respeto te doy como para no contarme nada?- estaba herido-. No me digas que ni siquiera pensaste en preguntarme antes de aceptar.
Eso me borró la confusión.
-¿Preguntarte?- ahora era yo la enfadada.
Freki y Geri se gruñeron el uno al otro. Les miré y se callaron, sollozando como cachorrillos regañados.
Dave dudó un segundo.
-Sí, para que te diese permiso.
-¿Perdón?- todos los demás retrocedieron. A lo lejos sonó un trueno-. ¿Dices acaso que yo no puedo hacer elecciones libremente? ¿Que tengo que pedir permiso antes de decidir que voy a hacer con MI vida? ¿Que mi juicio está nublado?- se oía desde aquí que afuera había comenzado una tormenta.
Dave estaba confuso.
Antes de que hiciese algo de lo que me arrepintiera, me dí la vuelta para irme. Dave me agarró el brazo demasiado fuerte y me giró con brusquedad.
-No he terminado contigo.
Le dí un bofetón. Me miró impactado, como todos los demás.
-Yo contigo sí.
Geri se agachó para ayudar a Dave y Freki me siguio mientras corría, demasiado impresionada por todo lo ocurrido para pensar en otra cosa que no fuera salir de allí.
Salir a la tormenta que había provocado. Oí un trueno subiendo las escaleras.
-¡Barbie!- gritaron detrás de mí.
No hice caso.
Salí dando un portazo con Freki a mi lado.
No importa cuanto cambien las cosas, nunca olvides quien eres.
