21
El sábado por la noche, el Marble´s estaba a reventar. A House le costó trabajo encontrar un hueco en la barra cuando llegó a las nueve y media de la noche.
Había dormido en su hostal de siempre. Cuando se había roto la magia del encantamiento, Cuddy le había pedido que se marchase. Él le había dicho adiós con un abrazo y una sonrisa y le había prometido que iría a verla al día siguiente.
-¿Por qué no hay otra persona contigo en la barra?-preguntó alzando la voz por encima de la muchedumbre.
-¿Por qué lo dices?-dijo Cuddy colocando cuatro vasos con hielo en frente de unos paisanos y sirviéndoles ron de una botella.
-El local está lleno. Hay una camarera más atendiendo las mesas ¿Dónde está tu refuerzo?
-No lo necesito.
Pero estaba claro que lo necesitaba. La mujer se movía de un lado a otro de la barra con la agilidad de una lagartija y aún así no daba abasto. Más de cincuenta clientes agolpados en el mostrador, pidiendo sin parar y dos camareras reclamando bebida para sus mesas era más que suficiente.
-¡Lisa!-gritó un muchacho joven situado a un par de metros a la derecha de House.-¿Dónde está ese cambio?
Ella empezó a mirar alrededor suyo, cogida por sorpresa.
-¿Me has dado el dinero, Jim? No recuerdo…
-Te he dado veinte pavos hace casi cinco minutos.
-Dame un momento.
House la vio dirigirse a la caja. Abrió el cajón y luego miró alrededor, buscando algo. La gente la seguía llamando para pedirle bebida.
-Lisa, apúntame cuatro Budweiser y dos colas en la quince. Ah y dos hamburguesas dobles-dijo Alice, la camarera rubia, ocupando el espacio de la barra destinado a los camareros.-Y pónmelas por favor. Sólo las cervezas, los refrescos ya me los he llevado antes.
-Un momento, Alice.
-Vamos, aún tengo que comandar la siete y la doce.
-Jim, no veo por aquí tu cambio, ¿estás seguro…?
-Pues claro que estoy seguro. Venga guapa, que tengo que irme. Me he tomado una cerveza y te he dado un billete de veinte.
Cuddy abrió el cajón del cambio y sacó el dinero correspondiente a la vuelta. Luego anotó algo rápidamente en un papel y lo metió dentro.
Le dio su vuelta a Jim pero el par de minutos perdidos había resultado catastrófico y ahora el trabajo se le amontonaba. La barra estaba llena de vasos sucios. Las camareras se quejaban de que les faltaba bebida y la gente no paraba de demandar que les sirviese, les cobrase, les informase de idioteces y les diese conversación.
House los observaba y sentía que los quería matar a bastonazos. Pero sabía que eso no la ayudaría. Entonces, siguiendo un extraño impulso, se retiró de la barra, dejando libre un pequeño hueco que en seguida ocupó otra persona.
Recorrió el largo del mostrador, apartando a empujones a la gente y llegó al pequeño hueco reservado para las camareras. Entonces, simplemente, pasó al otro lado.
-¿Qué os pongo pueblerinos?-dijo dirigiéndose al primer grupo que vio.
-¡Vas a llamar pueblerino a tu…!
-Tienes dos opciones, o pedirme o morirte de sed, tú mismo.
-Ponme una botella de tinto de la casa.
-¿Cuántas copas?
-Somos cinco.
-A poco vais a tocar. Sólo tú tienes cara de bebértelas dobladas.
-¡Lisa! ¡Mira este tío!-dijo el hombre llamando la atención de la camarera.
Entonces Cuddy vio a House dentro de la barra y corrió hacia él con cara de desesperación.
-¡House! Espera tu turno, no puedes entrar a servirte…
-No estoy aquí para ponerme la bebida, estoy aquí para ayudarte.
-Lárgate. Ahora.
-¿Dónde tienes las botellas de tinto de la casa?
Ella lo miraba con cara de no entender nada. A él la situación le parecía cada vez más divertida.
-Cuddy, se te está acumulando el trabajo. Dime donde está el vino y vete a atender a la gente si no quieres que te lluevan las hojas de reclamaciones.
Tras titubear unos segundos, ella se dirigió a la estantería de los vinos y sacó una botella. Se la entregó junto con un abridor para descorchar.
-Usa esas copas.
Después se dio la vuelta y se dirigió al otro extremo de la barra.
Tras servirle el vino a los paletos, House hizo una rápida inspección ocular, abriendo puertas y neveras, intentando localizar la mercancía.
-A ver pareja, ¿qué se ofrece por aquí?-dijo preguntándole a dos jovenzuelos claramente enamorados.
-Dos limonadas.
-Como se nota que sois guapos. Estos de aquí al lado seguro que necesitan cuatro whiskys sólo para plantearse el precalentamiento-dijo señalando a una pareja muy poco agraciada situada a la derecha de los chicos.
-¿Qué has dicho?-dijo el aludido alzando el puño.
-Dos limonadas con hielo por aquí-contestó House mirándolo desafiante.-¿Te pongo un whisky?
Cuddy se acercó otra vez a él y le sujetó del brazo.
-House, te agradezco que me ayudes pero si sigues insultando a la gente sólo vas a conseguir que Jackson me pegue una buena patada en el culo.
-¿Has visto que caras?-dijo él entre dientes.-Dudo que pueda callarme.
-Vamos a hacer una cosa. Dedícate a servirle la bebida a las meseras y a quitar vasos sucios. Eso es el lavavajillas. De los clientes me encargo yo.
-Como quieras.
La mujer se dispuso a marcharse pero él la detuvo.
-Cuddy.
-¿Qué?-preguntó ella poniendo los ojos en blanco.
-Estás muy guapa.
Un par de horas más tarde, todo había acabado. Quedaban unos cuantos borrachos y rezagados apoyados en la barra. House había abandonado su "puesto" y se había unido a ellos. La casa le había invitado a una copa.
Cuddy estaba cargando las neveras cuando Jackson entró en el bar.
-¿Se ha metido un tío en la barra para ayudarte?-dijo dirigiéndose a ella.
-Si se hubiese metido un camarero, no habría hecho falta que se metiese un tío-contestó House girando el taburete en su dirección.
-¿Ha sido usted?
-Puedes tutearme, ya casi trabajo para ti.
-House, deja que yo aclare esto con mi jefe-dijo ella posando su mano sobre el brazo del médico.
-Espero que lo hagas-dijo Jackson mirándola fijamente.
-House es un amigo, vio que en un momento dado el trabajo me desbordaba…
-En un momento dado no, te desbordaba en todos los momentos-replicó House.
-¡Cállate! El caso es House es…
-Soy un profesional de la hostelería-interrumpió el nefrólogo.-Es simple degeneración profesional. Si veo a un colega del gremio en apuros, lo ayudo. Eso es todo.
-No tendrías que haberle permitido entrar-añadió Jackson.
-El caso es que no tenía tiempo de echarme a patadas y a la vez atender a la multitud de neandertales que la necesitaba. Y, por si te sirve de consuelo, no me ha dejado acercarme a la caja.
-¿Cuál es tu especialidad? En hostelería, me refiero.
-Soy cocinero aunque también he hecho mis pinitos como camarero. Tuve mi propio negocio en Nueva York durante cinco años.
-¿En serio? ¿Cómo se llamaba?
-House´s House.
-No me suena.
-Era demasiado elitista. No todo el mundo ha oído hablar de él. Seguro que has oído hablar de McDonald´s
-Vaya, tenemos un listillo. Estoy buscando un ayudante para mi cocina. Si te animas…
-¿Para esta cocina? Hacéis bocadillos y hamburguesas. No es mi especialidad.
-Tengo una chica nueva trabajando y es bastante lenta, le vendría bien un refuerzo los fines de semana.
-¿Me estás ofreciendo un trabajo de fin de semana haciendo perritos calientes? Búscate un estudiante arruinado.
-Viernes noche, sábado completo y domingo al medio día. Una jornada completa y dos medias. Ciento cuarenta pavos por el fin de semana.
-Ciento cincuenta. Y el sábado quiero tener el mismo horario que Cuddy.
-¿Que quién?
-Ésta de aquí.
-Ah Lisa, claro. Ni hablar. Entras una hora antes para preparar y te vas a tu casa un par de horas por la tarde a descansar y a ducharte. Es el horario de cocina.
-Descansaré y me ducharé si lo creo conveniente. No quiero contrato.
-Eso está hecho.
Los dos hombres chocaron las manos ante la mirada estupefacta de Cuddy, que aún no era capaz de asimilar lo que acababa de suceder. Cuando Jackson se marchó, House se apoyó en la barra con los dedos entrelazados, observando a Cuddy con mirada divertida.
-Bueno, como veo que te ha comido la lengua el gato, creo que me voy a ir a otro sitio donde me den conversación-dijo levantándose del taburete.-Te espero en el pub de la esquina, muñeca.
Cuddy tardó casi cuarenta minutos en aparecer. House sabía que llegaría hecha un basilisco y no se equivocaba.
-¿Eres imbécil o retrasado mental?-dijo llegando a su altura.
-¿Te apetece que nos tomemos una copa en la playa?
-En la playa hace frío.
-No tanto como ayer.
-Aún así…
-¿Qué bebes?
-Vozka con naranja.
-Esa es mi chica. ¡Camarero! Un vozka con naranja y un whisky solo. Nos los llevamos.
Había que caminar casi un kilómetro para llegar a la playa y House tenía el coche aparcado demasiado lejos. Antes de llegar, ambos habían terminado sus copas. Cuddy no había abierto la boca en todo el camino. Estaba claro que no le gustaba hablar mientras caminaba.
Ella tenía razón. En la playa hacía frío. Buscaron un rincón al lado de una barca abandonada algo alejado del agua para evitar el relente. Ambos apoyaron la espalda en la madera, sosteniendo los vasos vacíos en las manos.
-¿Te apetece otra copa? Puedo ir a algún bar…
-No.
-¿Estás enfadada?
-¿Por qué lo has hecho?
-Para fastidiar a ese gorila.
-Venga ya.
-Y porque, de todas maneras, me paso aquí los fines de semana. No me viene mal sacarme un dinero extra.
-No lo necesitas. Ganas bastante.
-Te puedo asegurar que me cuesta más que a ti llegar a fin de mes.
-Si te costase tanto, no vendrías tan seguido.
-Estoy dejando de lado otros vicios.
-¿Esto es un vicio?
-¿Ahora mismo? Verte lo es.
-No eres cocinero.
-Pues no. Ni si quiera sé freír un huevo.
-Jackson se dará cuenta el fin de semana que viene. Me vas a dejar en ridículo.
-Le diré a Wilson que me dé clases intensivas esta semana. Ya verás como para el viernes por la noche soy capaz de preparar un bocadillo de salchichón.
-¿Cómo está Wilson?
-Igual de insoportable.
Cuddy deslizó la espalda sobre las tablas de la embarcación, quedando casi tumbada y fijando la vista en el mar. House la observaba de reojo. Se había duchado en el bar y su pelo estaba rizado. Él no sabía si la prefería con el pelo liso o rizado. De ambas maneras estaba preciosa.
-Hace frío-dijo House al cabo de un rato viendo que ella no tenía intención de iniciar otra conversación.
-Lo sé.
-Se supone que tienes que quejarte para que la situación juegue en mi favor.
-Hace frío. Me queje o no me queje lo va a seguir haciendo.
-Ya, pero si te quejases tendría la oportunidad de ofrecerte mi chaqueta e incluso de pasarte el brazo por encima y puede que hasta me llevase algún roce.
-¿Hay algún momento del día en el que no pienses en sexo?
-Sí, cuando no te veo. No, espera. Entonces me lo sigo imaginando. La respuesta es no.
-Ni si quiera nos hemos acostado.
-Eso tiene solución. Quítate las bragas.
Ella rompió a reír. House realmente no sabía como actuar con ella. A veces estaba feliz como un cascabel, otras triste y deprimida. No sabía como iba a reaccionar en cada momento y era consciente del peligro que eso implicaba.
Cuddy se tumbó en la arena de lado y él hizo lo mismo, a casi medio metro de ella. Entonces la mujer se acercó a él y acopló su cuerpo al suyo, mirándolo de frente.
-No quiero acostarme contigo, House. No después de lo que pasó anoche.
-Sé que fui un bruto y que tú…
-No me refiero a eso. Me refiero a lo que pasó después.
-Después me besaste. Y me acariciaste.
-Sí.
-¿No quieres acostarte conmigo porque ya nos hemos besado? Es absurdo.
-No quiero que se convierta en algo vulgar.
-¿El sexo es vulgar?
-Yo lo soy.
Él se incorporó casi de golpe, mirándola incrédulo. El razonamiento de la mujer le parecía ilógico y ridículo. No sabía qué podía pasar por su cabeza para decir algo así.
-Cuddy, necesito saber una cosa.
-Depende.
-Hace unas semanas me dijiste que ya no eras médico. ¿Puedo saber cuándo perdiste la licencia?
Ella lo miró, casi alarmada. Se incorporó y empezó a buscar algo en su bolso. House sabía que no buscaba nada en especial. Simplemente intentaba tranquilizarse.
-Cuddy, por favor...
-Nunca he dicho que haya perdido la licencia.
-¿Sigues siendo médico?
-No.
-Lo eres si aún conservas tu título.
-Si un cantante no canta, ¿sigue siendo cantante?
-Si se ha ganado la vida cantando, entonces supongo que sí.
-Era cantante. ¿Lo comprendes? Lo era pero ya no lo es. Yo era médico.
-¿Qué te impide serlo ahora?
-Yo me lo impido. House, por favor, no quiero hablar de ello.
El hombre comprendió que ella empezaría a ponerse nerviosa pronto si no dejaba el tema pero aún tenía que preguntarle algo más.
-Una última cosa. Te prometo que después te llevaré a casa. Lo que ocurrió…sea lo que sea lo que pasó para hacerte tomar la decisión de no ejercer más la medicina, ¿tiene algo que ver con algún suceso ocurrido en el Princeton cuando aún lo dirigías?
-No. Bueno en parte sí. Todo comenzó cuando tuve que marcharme del Princeton. A partir de ahí las cosas se torcieron y se fueron poniendo cada vez peor y…
-¿Tuviste que marcharte? Creí que habías renunciado.
-Eso es cierto a medias. House, en serio, no quiero seguir con esto.
-¿Sigues teniendo frío?
-Sí.
-Ponte mi chaqueta, te llevo a casa.
-¿House?
-¿Qué?
-Gracias por ayudarme esta noche.
