—Voy a casa... yo... —murmura por decir algo, pensando en su coche y en toda la desgracia.
—Disculpa de nuevo al idiota de Preussen, le castigaré por esto... otra vez —pide Austria andando delante suyo hasta las escaleras.
—Esto es como una pesadilla —admite siguiéndole, sonrojado y frustrado con la vida en general, pensando "nunca debí salir de casa".
—Trata de relajarte y distraerte, para eso invité a England y Römer. Imagina si hubieras sido tu el foco de atención todo el tiempo —responde deteniéndose frente a la puerta se sus aposentos. Sus aposentos tienen el mismo tamaño que la habitación de Prusia, pero Prusia nunca podrá tener aposentos y Austria nunca podrá tener una habitación. Toma el pomo de la puerta abriéndola hacia dentro y sujetándole la puerta le hace un gesto a Suiza para que entre, un poco más brusco de lo normal.
Suiza entra mirando al suelo aún, poniéndose nervioso al estar en el cuarto de Austria. El cuarto huele a Austria mucho más de lo que pareciera. Tiene un escalofrío porque hay algo demasiado familiar en este olor.
Austria entra tras él y duda un segundo si cerrar o no la puerta y mira de reojo al helvético... ahí está... Otra vez. Por fin. En mitad de su cuarto, completamente solos. Se sonroja y se siente un poco incómodo con este pensamiento, apretando los ojos y acordándose "con la casa estúpidamente llena".
—Voy a prestarte algo de ropa, ¿de acuerdo? —propone cerrando la puerta y pasando hasta el armario—. ¿qué tanta necesitas?
—Verdammt... —repite pensando otra vez en sus pantalones, y en la ropa interior, y en que tiene mojado hasta el tuétano. Mira a Austria y se señala a si mismo—. ¿A ti que te parece?
Austria le mira de arriba a abajo centrándose especialmente en la zona de la mancha y carraspea sonrojándose un poco, cambiando su peso de pierna y dándole la espalda por que está idiotamente teniendo algunos problemillas. Abre el armario donde todo esta perfectamente dispuesto y ordenado por colores, tejidos y temperatura.
—Me refiero a si necesitas ropa interior también —responde.
—Ja, necesito toda la ropa, Österreich. Tengo sopa en TODOS lados —protesta sin pensar, y se sonroja al notar lo que está diciendo. Mira a Austria, concentrándose en su espalda, y luego en su baja espalda.
—Bien, no me repliques como si fuera obvio, hasta donde sé algunas personas no usan ropa interior —responde intentando no hacerse la imagen mental, eligiendo prendas.
Aprieta los ojos y se gira sin poderse creer que con todo y todo, Austria esté ocasionándole problemas tan RIDICULAMENTE evidentes.
—Y desde cuando te parece a ti que yo no uso ropa int... —se detiene a si mismo mordiéndose los labios y pellizcándose el puente de la nariz.
—La verdad, quisiera creer que no me estás preguntando si acaso yo pienso en si llevas o no igual que espero que tu no pienses eso sobre mi —responde haciendo un sobre esfuerzo por pensar que habla de sombreros, dándose la vuelta y tendiéndole un montoncito de ropa—. Simplemente me limito a preguntarte.
—¡No es como que esté pensando en tu ropa interior todo el tiempo! —se defiende usando mal las palabras como cada vez que está nervioso, arrancándole la ropa de la mano.
—Una importante matización la de "todo el tiempo" —nota mirándole por encima de las gafas—. Mi cuarto de baño está tras esa puerta seguro ya lo conoces perfectamente en cualquier caso, teniendo en cuenta qué te ha traído a la casa. Trata de no hacernos esperar más de lo necesario —le pica resaltando lo de que conoce el cuarto de baño para que piense en las cámaras.
Suiza le mira con cara de no poder creer lo que esta diciendo. Aprieta los dientes.
—Danke —responde con los dientes trabados, fulminándole con el comentario. Como que conoce el baño? Nunca lo ha visto, solo en esas fotos en las que sale desnud... VERDAMMT! Aprieta los ojos temblando y se va hacia el baño deteniéndose antes de entrar—. ¿Dónde pongo esta mierda de ropa?
—Bitte —responde en una reverencia exageradamente pomposa hasta el punto de la burla—. Es tu ropa, ¿a mi me preguntas? dásela a los perros de Deustchland.
Suiza frunce el ceño considerando esa respuesta ofensiva. Austria le sostiene la mirada levantando una ceja.
—Hablo de una bolsa de plástico —replica fríamente.
—Pues pídeme las cosas como si fueras una persona educada —replica—. Entrégasela a Preussen, me encargaré que se ocupe de limpiarla como parte del castigo. Se te será devuelta en cuanto la planche.
—Como si fuera una Per... —gruñe indignado, le mira a los ojos unos cuantos segundos con el ceño fruncido, sonrojándose más y luego se gira a la puerta del baño dando un portazo.
Austria se da la vuelta nervioso doblándose un poco sobre si mismo y soltando el aire, ordenándose lo mejor que puede sus instrumentos.
El helvético se recarga en la puerta por dentro y aprieta los ojos con fuerza, respira una vez, entreabre los ojos y mira la ropa en sus manos. La ropa del imbécil, estúpido que solo hacia que burlarse de el. La ropa de Austria. Traga saliva, cierra los ojos otra vez y hunde la nariz en la ropa, sin poder evitarlo, aspirando profundamente. Oh sí, huele a Austria, muchísimo... Tanto que siente un vacío en el estomago y un escalofrío. Aprieta los puños frustrado.
—AAAAAAAHH! LE ODIO! LE DETESTOOO! —grita apagando su voz lo mejor que puede con la ropa maldita.
Sin entender que le ocurre Austria respira un par de veces y se vuelve al armario buscando en un cajón una bolsa de plástico, al oír el grito sonríe con malicia y se acerca a la puerta, pegando la oreja y escuchando.
Suiza se calma un poco con los gritos, aunque aun respira agitadamente. Deja la ropa encima de la taza del baño y se agacha aflojándose las botas; deteniéndose del lavabo levanta un pie y se quita la primera bota dejándola caer al suelo con fuerza, hace lo mismo con la otra.
Se recarga en el lavabo con las dos manos y se mira al espejo frustrándose consigo mismo, cerrando los ojos y negando con la cabeza. Bufa un poco mientras se desabrocha la camisa desfajándosela del pantalón y finalmente arrojándola al suelo. Gruñe pensando que es totalmente ridículo que pese a las estúpidas y molestas circunstancias, el este aquí frente al espejo teniendo esos problemas ridículos.
Austria aprieta los ojos empezando a arrepentirse de hacer esto puesto que los sonidos le dan una imagen casi más clara que si lo estuviera viendo y además interviene su imaginación bastante potente. Se sonroja pensando que no hay muchas ocasiones últimamente de esto.
El Suizo no se entera de nada mas allá de la puerta del baño, peleándose consigo mismo. Suspira, desabotonándose el pantalón y bajando el cierre, se baja los pantalones hasta las rodillas apretando los ojos al ver la ridícula tienda de campana que trae montada. Joder... Pero... Pero si todo estaba saliendo MAL, y ¡él le odiaba! Gruñe bajándose los calzoncillos también tomando aire sonoramente al sentir la temperatura fresca del aire en contraste con sus regiones vitales... No tan frescas.
Austria aprieta los dientes sin poder creer que estén en esta situación con una puerta entre ellos sin poder cruzarla, sabiendo que ya esta desnudo... pensando que si Francia le viera estaría BURLÁNDOSE de él.
Suiza por su parte esta teniendo una discusión mental bastante acida con sus partes intimas, y su partes intimas van ganando sin que pueda hacer nada para detenerlas, cerrando los ojos y abriendo la llave de agua helada, metiendo sus calzoncillos a ella dispuesto a lavarlos para limpiarse/enfriarse con ellos.
El austríaco se riñe a si mismo por querer salir corriendo y decide que quizás no pueda volver a hacer esto nunca mas. Toma aire profundamente, golpea la puerta y la abre.
—Schweiz?
Austria... ¿Qué coño tenía que aunque pasaba el tiempo y lo odiara, seguía teniendo estos estúpidos efectos en él? Era ridículo y molesto, con su voz molesta y su sonrisa de lado, altanera, burlona. Era insoportable, especialmente cuando le miraba a los ojos y sonreía y solo con eso él sabía que se estaba burl...
—AAAAAAHHH NEIN! Nein! NEINNEINNEIN! ¿QUÉ QUIERES? —sale de sus pensamientos de golpe, aterrorizado, trastabillando un poco y cubriéndose con las manos y con sus calzoncillos, histericolocoperdido.
Austria le mira de arriba a abajo y se sonroja aún más, traga saliva intentando calmarse y sonríe de lado para mostrar una seguridad que no tiene, así que le sale una cosa rara. Tiembla. Levanta la bolsa de plástico con dos dedos sin dejar de comérselo con los ojos.
—La bolsa.
Todos hemos tenido pesadillas crueles en la vida... Pero esta, con todo y todo, parecía ser una de esas sádicas y crueles en la vida de suiza.
Austria deja la bolsa sobre el lavamanos, se pasa una mano por el pelo y se humedece los labios, mirándole directamente a los ojos.
Ahí estaba Austria, alto, hermoso, sensual, vestido de pies a cabeza sonriendo frente a el. Aquí estaba Suiza, desnudo, avergonzado, temblando y con su pene erecto entre las manos. Las rodillas le fallan un poco y Austria dice algo de algo raro, extendiéndole algo extraño.
—Tal como lo recordaba, las horas de entrenamiento dan sus frutos —susurra lentamente con el corazón acelerado y se da la vuelta para salir, sin poder soportarlo mas, cerrando la puerta tras el.
Suiza se sonroja todo lo sonrojable mientras Austria habla paralizado aun. Sale del trance en cuanto cierra la puerta, con un salto.
—VERDAMMT! NO ENTRES QUENOVESQUEESTOYVISTIENDOAAS HAUWJABAHAAAAA! —histeria
Austria se para un segundo al otro lado pensando que acaba de hacer el ridículo mas espantoso y encima no podía relajarse. Aprieta los dientes maldiciéndose.
—Schweiz —le habla a través de la puerta.
El rubio tiembla pensando en que cuantas veces mas tendrá que humillarle el austriaco para que le parezca suficiente.
—WAS?
C
—Ni lo lamento ni me arrepiento, o no lo habría hecho expresamente como ha sido el caso —confiesa cínicamente.
—¡Lárgate! —chilla producto de la histeria sin pensar realmente en lo que el Moreno dice
—Ah, por cierto podría asegurar que las cámaras de Preussen siguen perfectamente instalada y conectadas, así que yo de ti no me recrearía mucho —añade malignamente, antes de irse.
El helvético tiembla empezando a vestirse HISTÉRICO, pensando en lo que ha dicho. Pero... ¿Qué coño es lo que ha dicho? ¿Que lo ha echo a propósito? Y... ¿Por qué lo haría a propósito? Sus regiones vitales opinan que esa es una cosa FANTÁSTICA, dando saltitos de alegría, mientras su cerebro opina que es una absoluta estupidez y que debería irse a casa. Ciertamente sus regiones vitales deciden que el cerebro esta aun recibiendo mucho oxigeno y le cortan aún más la irrigación sanguínea. Ajem... Suiza sale vestido de pies a cabeza con ropa de Austria y el estilo de Austria (incluyendo el pañuelo), en cinco minutos. Y contrario a lo que dice su cerebro no se larga a casa, no, sino vuelve al comedor.
Mientras el helvético sufre ataques de corazón en el cuarto de Austria, la situación en el comedor es casi igual de desalentadora para Prusia, que esta de rodillas fregando el suelo solo, tratando de consolarse con que ahora el austriaco debe estar absolutamente incomodo y nervioso en su cuarto. O quizás teniendo sexo. Aprieta los ojos y le rechinan los dientes. No, no, Prusia, eso no es malo, por que así podrá burlarse de ambos, chantajearles con las fotos y luego el señorito se largara a Bern y él vivirá feliz para siempre en Berlin sin tener que soportarle por un día más.
Hungría se agacha frente a el tomando un trapo y le sonríe, a un sin enterarse de nada de lo que pasa.
—Eso fue a propósito —le da un golpecito en el hombro con el trapo —, muy buena... ¡hay que subir a tomarles fotos!
Prusia que sigue en actitud molesta sonríe un poco cuando nota que alguien reconoce su esfuerzo, levanta la vista.
—Ya sabes que yo soy Awesome.
Hungría hace los ojos en blanco pero no deja de sonreír, levanta la cara y se quita el fleco de los ojos, dándole al albino una perfecta perspectiva de las dos buenas razones por las que definitivamente no es hombre.
Prusia la sigue mirando y cuando nota que se agacha se le van los ojos y la cabeza perdiéndose entre sus dos razones. Se sonroja y se ríe idiotamente sin dejar de mirarlas de forma descarada, sin notar al pajarito dispuesto a demostrarles a todos que sus cinco metros de awesomidad no son un mito. Sangra un poquito de la nariz sin moverse ni seguir limpiando.
—Apúrate, venga, que queremos subir por fotos... más vale que no estén haciendo nada aún, que si nos perdemos algo por esto te mato —le da un golpe en el brazo sin enterarse inicialmente hasta que levanta la cara y le mira.
Prusia sale de su ensimismamiento un poco tarde con un "Was?" suavecito y cuando se nota a si mismo se sonroja completamente llevándose las manos al asunto de forma obvia, poniéndose de pie y apartándose de ella.
Hungría levanta las cejas mirándole... y sonrojándose, abriendo los ojos como platos.
—Prusia, ¿estás bien, tío? —pregunta España malignamente al ver la escena. Prusia salta, mira otra vez a Hungría.
—Voy al baño —sentencia para ella y luego se vuelve a España y Francia, que están descojonándose, al menos el español—. ¡Sois unos cabrones! —grita mientras sale corriendo sin soltarse el asunto.
Hungría mira a Prusia de arriba a abajo y luego mira a España y a Francia de reojo, que en efecto, siguen ambos descojonados.
—¿Qué ha pasado?
—Que va a pasar, que tu estás arrebatadora esta noche, ¿no has visto como te miraba? Aunque Prusia no te lo va a decir —responde España sonriendo. Hungría se sonroja y le da un trapazo en la pierna al moreno, quién se ríe.
—No digas tonterías, lo que quiere es escaquearse de limpiar —protesta —, y yo aquí perdiendo el tiempo mientras pueden estar pasando cosas interesantes arriba.
—Ve a ver... Y llévate la cámara... Y dile a Prusia que no sea cobarde y salga del baño que esta muy feo hacer guarrerías con todos aquí —responde España poniendo las manos sobre los hombros de Romano.
—Cállate, Spanyolország —se ríe levantándose y dándole el trapo—. Ahora tú limpias.
—¡Oh! —protesta en broma y se ríe tomándolo, acercándose a Veneciano, quien está muy interesado en mirar a Alemania por debajo de la mesa, aprovechando que esta de rodillas en el suelo. Alemania está completamente en firmes, posición perfecta de ataque.
Veneciano sonríe y mira a España haciendo "Veee"
—Yo creo que deberías hacer algo con él —sonríe España a Italia mientras limpia—. Esta a punto de caramelo.
Veneciano le sonríe un poco menos idiotamente y se mete bajo la mesa fingiendo limpiar ante la mirada atenta de España... En cuanto está seguro que Alemania le ha perdido de vista, arremanga el mantel y mete la cabeza sobre su falda, dándole un besito en la punta de su firmeza.
Hungría se levanta sacudiéndose la falda y peinándose un poco sale hacia el pasillo al tiempo que Alemania salta como tres metros.
Italia hace "Vee" y se vuelve con España quien le acaricia la cabeza diciéndole que esta muy orgulloso de él y que es muy mono. Alemania vuelve a estar en shock.
—Italien!
—Sí? —pregunta aun de rodillas, dándole una perspectiva perfecta de su aprieta los ojos y suelta una tosesilla, pensando que hay algo que está muy mal.
—T-Termina ya de limpiar. Y abre las ventanas.
—Siii~ —canta tan feliz. Alemania valora la posibilidad de meterse un hielo a los pantalones, se quita el sueter que traía y se abre un botón de la camisa, pensando que hace MUCHÍSIMO calor.
Italia, que ya se ha quitado la chaqueta y arremangado la camisa para limpiar, se afloja la corbata y se va a las ventanas mientras España gatea por debajo de la mesa tratando de molestar a Romano cuanto más puede.
Alemania le sigue con la mirada todo el rato, viéndole el culo con ojos desorbitados.
—Vaffanculo pervertido! —Romano pega un grito y una patada a España, quien se ríe frotando la mejilla contra su pierna como si fuera un gato—. Tienes dos opciones, idiota... o haces lo que TIENES que hacer, o me dejas de molestar hasta que estés dispuesto a hacerlo —le amenaza romanito frunciendo el ceño.
—¿Quieres que lo haga aquí frente a todos? ¿Quién es el pervertido ahora?
El italiano sureño se sonroja mucho, apretando los ojos y las piernas.
—A mi no me importa que todos lo vean, así oirán como gimes para mi —sonríe.
—Spagna... cállate —protesta mirándole seriamente. El español se ríe otra vez y lo hace por que de solo imaginarlo le esta afectando a él también.
Romano aprieta los ojos, y toma a España del cuello de la camisa, jalándole hacia él y dándole un beso en los labios. España se lo devuelve poniéndose de rodillas y luego de pie perdiendo la olla. Finalmente el italiano aprieta los ojos y toma mucha de su fuerza de voluntad el lograr separarse. El ibérico parpadea sin saber por qué para.
—Ve.. a... sentarte a tu lugar.
—Oh! —lloriquea el de ojos verdes. Romano se humedece los labios y le mira con furia. España le da un beso rápido en los labios y hace lo que le pide. El menor frunce el ceño y se cruza de brazos, sonrojado.
Mientras Inglaterra hace un increíble esfuerzo por concentrar TODA su atención en su teléfono donde esta escribiéndose con Sealand, Canada, America, Seychelles, Australia y la India a la vez. Para su desesperación, ninguno le hace ni caso. Intentando no mirar a los presentes y no mirar a Francia sobre todo.
—¿Con quién te escribes, cher? —pregunta Francia quitándose un zapato y moviendo su pie hacia el tobillo del inglés.
—Shut up —responde dispuesto a contestar solamente eso a cada cosa que le diga, ignorando el ronroneante acento del francés.
—¿Es una nueva colonia tuya, "shut up"? —sonríe arrastrando las letras y acariciándole un poquito más la pantorrilla.
—Shut up! —le fulmina apartando la pierna, temblando—. No me toques.
—Oui, oí el nombre la primera vez. Es un poco cruel para una colonia llamarse shut-up, pero bueno... cada quien —sonríe humedeciéndose los labios y dejando de tocarle.
—Obviamente no es nombre —protesta mirando el teléfono intensamente como es fuera a hacer que alguien le contestara, pero NADIE lo hace.
—¿Te hiciste algo en el pelo hoy? —pregunta volviendo a tocarle, ahora la rodilla con el pie.
—No me toques —vuelve a apartar la rodilla HISTERICO mirándole fijamente y se arrepiente automáticamente sonrojándose más y apartado la vista—. Ah! Mira! Es America! —finge que le ha contestado.
—¿Por qué no quieres que te toque, mon amour? —pregunta con el acento más marcado que le sale, acercándose a la mesa y recargándose en ella, sin dejar de mirarle. El inglés se sonroja aun más y le sucede a su cuerpo exactamente la respuesta sincera que se ha formado en su cabeza. Sacando humo por las orejas.
—Por que me caes mal y no quiero saber nada de ti, Frog.
—Yo tengo exactamente el mismo problema que tú... —responde Francia en un tono ligeramente más serio, y más grave, bajando el tono de voz. Inglaterra traga saliva y se revuelve.
—Ya lo sé, por eso mismo, ve a hablar con tus amigos o lo que sea.
—Es que justo por ese problema, no me interesan mis amigos, Angleterre... —sube bastante la pierna esta vez, hasta su muslo. El británico da un salto y vuelve a mirarle en pánico y vuelve a bajar la vista.
—No sé de qué me hablas, ¿tu problema no es que te caigo mal? Por que yo no tengo otro problema —miente.
—Non, mi problema esta en... otros factores más relacionados con ciertas reacciones que provocas —le acaricia y él se aparta con un escalofrío.
—¡Yo no estoy haciendo nada! —chilla como si le hubiera acusado y le suena el teléfono con la respuesta de Canadá, que obviamente va a ser olímpicamente ignorada.
—Eso es lo que tú crees, mon petit. Podría demostrártelo con un problema tan gráfico como el que tienes tu entre... manos —responde muy suavemente, sonriéndole de lado a lado.
—¿De qué hablas? ¡Solo te he dicho que me dejes en paz! —sigue defendiéndose. Francia le vuelve a buscar la pierna y se humedece los labios.
—Non, no voy a dejarte en paz.
—Entonces me iré yo —responde haciendo ademán de levantarse y vuelve a sentarse sin mirarle sonrojándose más.
Francia se tensa un instante y sonríe agradeciendo el problema. Se levanta él, mostrando una bastante decente tienda de campaña, sin ningún pudor y alcanza la botella de vino.
—¿Quieres un poco? —pregunta sonriendo.
Inglaterra se sonroja aún más al desviar la mirada por que le llama la atención la tour Eiffel. Francia le sigue mirando intensamente, de esas en que le mira en plan "puede caerse el mundo que yo TE ESTOY MIRANDO A TI", esperando una respuesta
—Y... N... Ye... No... I... —vacila sin saber ni que dice, inconexamente.
—Ehm... quoi? —presiona sonriendo.
—What? —tiembla sin saber de que hablan.
—Que si quieres que te de un poco —repite arrastrando las palabras, mostrando la botella en su mano.
—W-W-What? —pregunta entendiendo una cosa completamente diferente. Francia repite, más lentamente, moviendo la botella.
—Que si quieres... que te de un poco...
—Estas... Estas hablando de... T-te refieres... —mira la botella—. YES
Francia sonríe y le cierra un ojo.
—Eso pensé... —se humedece los labios y se acerca un poco más al inglés—. ¿Te sirvo vino también?
—Acabo de decirte que si, git! —protesta y cae en la cuenta de lo que pasa—. I mean... NO! You bloody wanker!
Francia se ríe un poco alejando la botella sin servirle.
—¡Sí quiero vino! Bloody hell —protesta levantándose para tomarla.
Francia le mira intensamente al big ben, que está dando la hora en punto desde hace rato, pasándose una lengua por los labios, pero Inglaterra no lo nota intentando tomar la botella, por que como siempre se ha olvidado de casi todo cuando está hablando con el francés.
Francia le aleja la botella acercándola a si mismo e Inglaterra frunce el ceño abocándose sobre la mesa para quitársela.
Francia le sonríe más, mirándole a los ojos y levantándose. Le toma del brazo que estira hacia el y se le acerca al oído en un solo movimiento. El británico desfrunce el ceño y vuelve a sonrojarse mirando alrededor, intentando separarse y soltarse, reaccionando más.
—Te prometo que... hoy —le susurra al oído lentamente y luego le suelta.
—What? —consigue chillar agudamente cuando vuelve a sentarse haciéndose lo más bolita que puede.
El francés hace cara de desinterés, sentándose otra vez y sirviéndose vino. Alemania les mira sin entender, pensando que Francia es demasiado... sexual.
Entre tanto Austria, no se si alguien se acuerda de él, moreno, con gafas, bastante alto, bastante insoportable y uno de los protagonistas de la historia, ha salido del cuarto topándose a Hungría en el pasillo
—Ohh... ¡sonrojado! —ella le sonríe al austríaco mirándole a los ojos —. ¿Ha pasado algo?
Austria vacila y se le borra la sonrisilla que además llevaba, sonrojándose un poco más.
—Nada en absoluto, solo se está cambiando.
—Ohh... ¿en tu cuarto o en tu baño? —pregunta con sonrisilla.
—¿Hace alguna diferencia? —pregunta poniéndose bien las gafas, intentando no pensar en lo que acaba de ver.
—Pues... sí —le sonríe —, quizás haya dejado alguna camarita por ahí...
—Nein. Las he quitado todas —responde no tan seguro como querría
—Ay querido, parecer que no me conoces —inclina la cabeza —. ¿Estás bien?
—Perfectamente —responde agobiándose ahora por que podría verle entrar a propósito y una cosa era Suiza y otra que Prusia le Viera hacer eso. Le pone una mano en el pecho y mirándole a los ojos. Él la mira nervioso.
—LA cámara está en tu cuarto y Prusia no sabe que está.
"Estupendo, así que le iba a ver hacer el ridículo espantoso en la puerta del baño espiando patéticamente a Suiza desnudándose" aprieta los ojos.
Hungría vacila nerviosa.
—Se ha metido al baño, creo que quería lavarse un poco, no tengo no idea.
Le sostiene la mirada y sonríe inclinando la cabeza.
—¿Qué pasó en el cuarto que no quieres que vea con la cámara que no tengo ahí?
—Nada, solo peleamos para variar. Creo que si lo ves vas a reñirme por hacerlo —responde no con una mentira, pero no la estricta verdad ya que aunque lo vea, no puede probar nada.
—Agh Austria... besos, son los que tienen que darse, besos... —le toma del brazo sonriendo.
—Habrá suerte si no me dispara —sonríe de lado, cínicamente.
—¿Con cual pistola? —pregunta ella sonriendito
—Nein —la detiene pero sonríe un poco—. Nein! —le advierte señalándole. Ella se ríe un poco apretándole ligeramente el brazo.
—¿Cómo te ayudo, querido?
—Entretén a Preussen —sentencia—. Este circo es bastante complicado sin idiotas por en medio.
Hungría le mira y sonríe ampliamente muy contenta.
—Sabía que estabas intentando algo, ¡Lo sabía! —suelta victoriosa—. ¡Tienes un plan!
—Ehm... ¿Sobrevivir cuenta como un plan? —levanta una ceja.
—¿Sobrevivir a qué? Tu le estás seduciendo y el sigue aquí, ¿no? Con todo y que alguien le tiró la sopa encima, no se fue corriendo sino subió a tu cuarto.
Austria le mira uno segundos más de lo que es cómodo, intensamente y en silencio. Hungría vacila un poco.
Entra al comedor sin decir nada, acercándose a Alemania, quien se esta abriendo lo botones de la camisa. Hungría entra tras el buscando a Prusia con la mirada, se gira con España preguntándole con la mirada. Él la mira con una sonrisa de "¿dónde va a estar?"
Hungría hae los ojos en blanco y se dirige al baño.
—Poroszországggg!
Dónde Prusia está intentando calmarse sin ningún éxito mientras jura que va matar a Francia y a España, que vaya amigos tiene y que... se sonroja deteniéndose al oír eso
—J-j... ja?
—Saaal, venga! Te estás perdiendo la diversión.
Se recrimina a si mismo por haber pensado un momento que iba a decirle que venía a ayudarle y luego se plantea por otro momento la posibilidad de ser él quién se lo pida.
—Mein gott, ya... ya voy, dame unos minutos —pide metiendo la cabeza en el agua.
—Svájc aun no baja, pero no quiero ni imaginar qué puede pasarte si Ausztria quiere empezar y no estás... otros tres años de castigo —toca otra vez
—Verdamnt —aprieta los ojos por que tiene razón—. Vale, vale... —se las arregla para que sus, oh, sí, cinco metros abulten lo menos posible, lo cual es bastante difícil por que además hoy lleva una camiseta un poco corta en vez de una camisa, mirándose a si mismo y apretando los ojos, sonrojado, pasa el pestillo de la puerta y se mete una mano en el bolsillo intentando disimular, abriendo la puerta.
—¡Están pasando cosas muy raras en el comedor! ¿Estás bien? Te has escaqueado bien de no limpiar el piso, me debes una —le señala con el dedo.
El albino traga saliva y se sonroja un poco más, riéndose nerviosito y se le va la vista otra vez por que ahora sabe que están ahí... aprieta los ojos. Hungría lo nota un poquito y se sonroja levemente, tratando de ignorarlo. Sonríe.
—Pero el baño de Svájc en sopa valió la pena... creo que veremos adelantos —le jala de la camiseta y él la sigue casi por inercia empezando a andar de una forma bastante torpe.
La chica le mira de reojo, notando algo extraño pero sin saber qué y Prusia se muerde el labio apartando la vista sin saber si decirle o no, por que le da vergüenza que sepa que él... pero es que si ella no sabe no es ni la mitad de divertido.
—Ungarn... —empieza sin mirarla. La chica se detiene y le mira a la cara, sonriendo—. Hay un secreto —la mira y se sonroja un poco más, apartando la vista de nuevo, humedeciéndose los labios.
Hungría levanta las cejas y se le acerca sonriendo maligna ahora, el alemán tiembla un poco mirándola con los ojos más abiertos, dándo un pasito atrás.
—¿Cuál secreto? —pregunta bajando la voz, y acercándose otra vez a él.
—La... la... A-algunas... yo... —vacila reaccionando más mientras vuelven a írsele los ojos.
Hungría levanta las cejas y baja la mirada a donde está mirando el albino. Se sonroja un poquito, pero no se mueve.
—A... Ajá?
Sacude la cabeza moviendo las manos en sus bolsillos, apretando los ojos para concentrarse.
—El primer plato.
—¿Qué pasa con el primer plato? —mira hacia el comedor
—Le pusimos viagra —responde tan bestia como es él. La húngara se gira a mirarle a la cara y luego inevitablemente le mira a los cinco metros con los ojos muy abiertos.
Prusia se dobla levantando una pierna y carraspea apartando la cara y sonrojándose más. Hungría sangra de la nariz sin poder evitarlo.
—No se lo digas a West... ni al señorito —pide pasando por su lado dirigiéndose al comedor. Ella se limpia un poco la cara con la mano y le detiene del brazo.
—Me estás diciendo que TODOS... Oh, dios mío...
—Ja... —responde en un susurro intentando que le suelte. Hungría se detiene un segundo y luego le salta al cuello por la espalda, abrazándole.
—WAAh! —grita sacando las manos de los bolsillos, asustado.
—Eso es awesomeee! —se ríe ella, el albino aprieta los ojos queriéndose morir al sentir sus senos en su espalda.
—U-Ungarn... —pide en un susurro, agobiado por su cercanía y sus manos y... todo en general. Finalmente la chica le suelta empujándole un poco, sonriente, aun sin realmente enterarse de la magnitud de la situación.
Prusia necesita ir a detenerse contra una pared, recuperando un poco el aliento y Hungría le mira levantando una ceja.
—Qué?
El albino niega con la cabeza y se ríe nerviosamente. La morena vacila un poco, y vuelve a mirarle la zona levantando las cejas, a lo que Prusia sale corriendo hacia su asiento sentándose entre España y Francia mirando su plato.
Hungría sangra un poquito más, y se ríe malévolamente, saliendo disparada a su cuarto por la cámara grande y encontrándose a un MUY sonrojado Suiza en las escaleras al subir.
Suiza la mira y se sonroja más, abrazando la bolsa de plástico con su ropa, entrando prácticamente corriendo al comedor.
—¿Todo bien? —pregunta Austria a Alemania. Quién le mira completamente estoico... y sonrojado e incómodo.
—Estupendo —comenta sarcástico y nervioso ante la falta de respuesta.
—No sé si voy a poder hacer lo que me pediste —confiesa sin mirarle.
—¿A qué te refieres? —pregunta. El alemán mira a Italia y cualquiera diría que está hablando de bombas nucleares con Austria de la cara de serio/contenido que trae.
—Como siga así voy a violarle antes de mañana.
—Ehm... haz lo que quieras, pero no le hagas daño —responde incomodándose un poco y mira de reojo a Suiza que acaba de entrar. Parpadea un par de veces dándole uno de esos REPASOS de arriba a abajo.
Suiza se sonroja más, sintiendo la mirada de Austria. Se acomoda el pañuelo que ya trae perfectamente acomodado. Vacila en qué hacer ahora negándose a soltar la bolsa de ropa por sus... evidentes problemas, volviendo a rabiar por tenerlos.
—Eh, Suiza, tío, te ves bien con esa ropa —comenta España y le da un golpecito a Francia para que le mire.
—Oh, pero mira que guapo y elegante —asiente el francés obviando el hecho de que los pantalones le quedan largos y se le arrastran un poco.
Suiza se sonroja más, odiándoles a ambos, parado junto a su silla con la bolsa en la mano, visiblemente incómodo sintiendo además que SUPURA olor a Austria.
Inglaterra se vuelve a mirarle también al notar que hablan de él.
—Oh, Preussen —Alemania carraspea poniéndose de pie incómodo, metiéndose las manos a los bolsillos —, ¿puedes llevarte la ropa de Suiza al cuarto de lavar, bitte?
—Was? Nein —se queda clavado en su sitio sin querer levantarse, mirando a su hermano suplicante. Alemania se incomoda y se sienta otra vez, apretando los ojos pensando que esto es terriblemente extraño e incómodo.
—Österreich, bitte —pide a Austria sin mirarle.
—Preussen, ¿no crees que ya has causado bastantes problemas? —le riñe Austria.
—Pues por eso, ve tú, señorito —replica el albino. Suiza bufa haciendo los ojos en blanco y girándose a la puerta del comedor.
—Preussen, no pienso hacer las cosas que te tocan a ti, así no vas a aprender nunca —insiste en un tono firme.
—Italien —pide Prusia —. Bitte...
—Mein gott...—protesta el Suizo saliendo por la puerta, caminando hasta la puerta de salida. Pone la bolsa sobre el paragüero y respira. Alemania mira a Austria y señala hacia la puerta. Italia se va tras él dando saltitos mientras Austria se tensa.
—Espera, Schweiz, no te vayas —pide Prusia levantándose también maldiciendo a Austria—. Schweiz... bitte —le detiene Prusia—. Dame la ropa, yo me encargo.
El suizo se sonroja más de nuevo, vacilando un poco y dándole la bolsa a Prusia, pensando que sólo le falta que Prusia note que trae feliz la cosa esa que antes llamaba sus regiones vitales y que ahora están a punto de ser desheredadas, y que se lo anuncie a gritos a todo el mundo.
—D-Dan… —ya no se oye. Prusia toma la bolsa haciendo, evidentemente una inspección completa a la zona en concreto y sonríe malignamente.
—Te ha quedado muy bien el nudo del pañuelo —comenta intentando molestarle—. Parece que te fijas bastante en el señorito.
Suiza le empuja del brazo pasando junto a el hacia el comedor, con el ceño fruncido soltando una tira de insultos en alemán que no vamos a repetir. Prusia se ríe malignamente llevándose la bolsa a la cocina y "hop!" los calzoncillos de Suiza acaban de desaparecer mágicamente del paquete.
—Mein gott in himmel —protesta Austria en cuanto ambos se han ido, soltándose un poco el pañuelo del cuello y arremangándose. Francia mira a Austria y le sonríe, cerrándole un ojo. Austria finge no verle cuando Prusia saca la cabeza y le llama a él y a España para sacar los siguientes platos.
Francia se levanta sin dejar de sonreírle a Austria mientras Suiza entra de nuevo, otra vez sonrojado, sin mirar al austríaco.
España entra a la cocina.
—¿Cómo ha ido eso? —pregunta el español dándole unos golpecitos en la espalda al alemán.
—¡Sois un par de cabrones! —se queja Prusia no tan enfadado realmente. Francia le da unas palmaditas en la mejilla.
—Tú eres un chillón. ¿Ya te la tiraste o no? —pregunta empezando a servir los platos.
—Was? Nein! estaba en el baño intentando arreglarlo cuando vino a buscarme y tuve que salir... —explica apretando los ojos.
—La hubieras hecho entrar —responde España tranquilamente, ayudando a Francia—. Por cierto, no me voy a quedar a oir a Austria después de cenar, Romano y yo nos pedimos tu cuarto —le comenta como si nada.
—Was? ¿Y yo? ¡No voy a dormir en el sofá!
—¿Y yo a donde me voy con Angleterre? —pregunta Francia levantando las cejas.
—Como entenderás, Romano y yo no vamos a ir con Francia e Inglaterra al cuarto de i... —se detiene—. Pues a nuestro cuarto, tío —explica España—. Tú te quedas ahí, yo en el de Prusia y él en el de Hungría.
—Was? —insiste.
—Está decidido, me lo he pedido primero —se encoge de hombros España.
—Oh, bien... suena bien. Casa llena hoy, cuanto apuestan a que Autriche se queda con Suisse...
—Pero nein! ¡pero es mi cuarto!— sigue Prusia muy nervioso—. He visto a Schweiz cuando me ha dado la ropa... pfffff —comenta haciendo un gesto con la mano y sonriendo maligno.
—Sé un caballero y ve al cuarto de la dama y no me molestes más, igual voy a acostarme yo primero —se encoge de hombros España.
—Hongríe va a estar encantada de que vayas con ella. —Francia le pone la charola con varios platos a Prusia en las manos y le sonríe —. Venga, tienes que tirártela hoy, ¡es el día!
—Eh, tú, gabacho de mierda —le llama España usando un tono de sonrisa maligna.
Francia levanta las cejas y le mira con cara de advertencia... y media sonrisa.
—Te apuesto a que mi niño grita más —le reta levantando la barbilla. Francia levanta las cejas y se ríe con voz grave.
—Non, non... cuanto quieres a que el mío grita el doble.
—El que pierda va a confesarle a Austria el asunto de las pastillas azules.
—Eso no se vale, Autriche es tu exmarido —protesta tomándole de la mano igual
—Entonces di tú algo
—Tú se lo confiesas a Suisse.
—Vale, el que pierda se lo dice a los dos.
—¿Y si perdéis los dos? —pregunta Prusia
—¿Quién va a gritar más? ¿Tú? —pregunta un poco maligno Francia, mirando al albino.
—Nein! —se sonroja—. Pero mi bruder... ¿tú has visto como le ha besado Italien? bueno, él tiene una caja sabéis con... cosas. Y... —vacila.
—Para el caso, creo que el que más grita de todos es Suisse... —Francia sonríe de lado —. Te propongo algo. Si Hongríe aunque sea hace un gritito pequeño mientras te la tiras, hacemos lo que tú quieras.
Se incomoda aun más y se ríe nerviosamente.
—Nein, nein... eso no va a pasar...
—Yo propongo que si gana Suiza o Veneciano, nos vamos los dos a confesárselo a él y a Austria —suelta España—. Pero apoyo la moción de Hungría, tío —le da un golpe en el brazo a Prusia.
—Si no pasa, es porque no quieres —Francia le sonríe a Prusia y luego se gira con España —. Bien, tenemos un trato entonces.
España le tiende la mano a Francia, sonriendo.
—Angleterre va a matarme mañana en la mañana —advierte apretando los ojos
—Se lo he dicho —les detiene Prusia.
—Eh?
—¿Qué le has dicho? —pregunta España y se vuelve a Francia—. Vente a mi cuarto si necesitas asilo político de madrugada, pero no nos despiertes
—Esto, a Ungarn... se lo he dicho, le he contado lo del viagra
—Oh... ¿y? —pregunta España. Francia hace los ojos en blanco.
—Le va a decir a Autriche.
—Pues... me ha mirado, me ha abrazado y se ha ido a por la cámara de fotos
—Nein, nein, le he pedido que no lo haga
—Te ha abrazado... ahora entiendo —el francés le pone una mano en los cinco metros —. Cher, en serio, tíratela.
Prusia se tensa de nuevo dando un salto atrás y riéndose nervioso.
—Nein! ha sido por... nein! —aprieta los ojos—. Solo estaba contenta por que ahora todo el mundo está en esas.
—Prusia, te ha abrazado. En serio, tío, te ha mira, te ve empalmado ¿y te abraza? yo no sé que coño de pista más necesitéis los germanos, no me extraña que Veneciano esté desquiciado.
—Cher, se el ejemplo de la familia, no dejes que Hongrie se desquicie como Italie.
Prusia les mira a los dos sin estar seguro en absoluto.
—Vamos a sacar los platos —sonríe España yendo a la puerta. Prusia le sigue, pensando.
El francés le da una palmada en el culo a Prusia, porque está de buenas, porque hoy toca con inglateeeeerraaaaaaaa
Prusia salta un poco mientras España muestra los platos bromeando sobre que pueden estar tranquilos que estos son sólidos y ya le han reñido a Prusia bastante por esta noche.
Y por si el ambiente no estaba lo bastante caldeado, ahora viene el postre especial... En fin, lo bonito de las perversiones no es que nadie las sepa, si no que las sepa la gente adecuada. ¿O no?
