Viernes, 06 de noviembre de 2015.
Hola, hola a todas ustedes y el día de hoy, jejeje, un capitulo menos traumatizante que el de la semana pasada :P si, si, es que creo que me pasé :v
Muchas gracias a todas y cada una de ustedes por leer y comentar, se los agradezco mucho. No puedo contestar reviews una por una porque no tengo el tiempo pero, no me puedo ir sin agradecerles por todo el apoyo y el cariño que me transmiten con cada una de sus palabras. Muchas gracias a Yssareyes, a Miriam, a Cindy04 a la nueva chica que me ha estado leyendo y comentando, gumimegume, a mi querida Clarissa que creo que no se esperaba pero para nada que matara a Rei y Nicolas, a mi bella Elizabeth y si se me olvida alguien, lo siento pero ya saben, yo soy medio loca :P
Besitos y abrazos. Espero les guste el capi de hoy.
Capítulo 21
Mientras muy lejos del rancho de Darien los hombres de Zafiro metían los cadáveres de Nicolás y Rei a un auto para hacerlos estrellar y que pareciera eso, que habían muerto en un accidente automovilístico, Darien era despertado de su confortable y muy reparador sueño por uno de sus más confiables trabajadores.
Levantándose de la cama y teniendo mucho cuidado de no despertar a Serena, la acomodó con delicadeza y le dio un dulce beso en la frente antes de ir a la puerta y ver qué era lo que Malachite quería a esa hora de la noche. Eran más de la diez. Más le valía a Malachite que se tratara algo de vida o muerte porque Darien estaba más que cómodo durmiendo abrazado a Serena. Estaba que no se cambiaba por nadie.
— Malachite, ¿Qué pasó? De sobra sabes que cuando…
—…que cuando esta con ella no le gusta que lo molesten para nada y deja que me encargue de todo pero no, hoy no puedo hacer eso señor.
Darien se cerró mejor la bata de dormir y empezó a mirarlo muy preocupado.
— Acaba de llamar Yaten señor. Dice que la cosa con el perro de Uzumaki, su primo y sus hombres, esta color de hormiga.
— Ay no. —Se llevó una mano a la cabeza con desesperación— ¿Y que más dijo?
— Sólo dijo que Uzumaki exigía hablar con alguno de los jefes; o sea con alguien de los Black o con usted señor. Le dije que ya mismo nos íbamos para allá a ser sus refuerzos pero…
— No, lo mejor es cortar esto por lo sano. Nos vamos ya mismo para allá Malachite; y Malachite…
— ¿Si señor?
— Ve con los muchachos y que se alisten. Preparen las mejores armas que tengan porque aunque voy a ir a tratar de ver como resuelvo este mierdero en el que nos metió el "gran sabio" de forma civilizada, nunca se sabe. Es mejor ir preparado.
— Sí señor.
— Malachite, ¿de casualidad no tienes algo de ropa que me puedas prestar?
Sonrió y lo miró con los ojos entrecerrados.
Darien era el jefe de todos ellos y era la máxima autoridad impuesta en ese y en muchos otros ranchos por el "gran sabio" pero él no los veía como eso, siempre los vio como sus amigos. Por eso riéndose y haciéndolo reír con su pregunta, pasó a explicarle (mientras Malachite sonreía de verlo tan apenado) porque le estaba pidiendo prestada algo de ropa.
— Serena. Si entro y empiezo a buscar ropa para cambiarme, seguro la despierto y después empieza a hacer preguntas que no le puedo responder y ahora no tengo tiempo para eso.
— Que hablando de eso y con todo el respeto que usted me merece jefe pero… ¿en serio? ¿Hasta cuándo piensa seguir con esa muchacha? Eso puede terminar siendo un problema para usted.
— Y se pone peor Malachite.
Sonrió mientras le puso una mano en el hombro y empezaba a caminar con él hasta su habitación para poder cambiarse y salir con ellos.
— Hoy le pedí que se casara conmigo y me dijo que sí.
— ¿Qué usted hizo qué cosa? Ay no señor, no puedo creer que sea verdad lo que me está diciendo pero está bien, entiendo. Vamos, se cambia y pues, ahí disculpara usted que la ropa no sea tan fina como la suya pero eso sí, es cómoda y está muy limpia.
— Tú como siempre tan amable conmigo Malachite y bueno, recuérdame entonces subirte el sueldo para que compres más ropa.
Rieron mientras Malachite sacaba prendas de su "modesto" armario y las ponía sobre la cama.
— Cuando me case con Serena y nos vengamos a vivir aquí, me va tocar estarte molestando a cada rato. Esa mujer es muy curiosa y cada vez me cuesta más trabajo esconderme de ella.
Malachite sonrió y al mismo tiempo lo miró con genuina preocupación mientras sacaba un par de botas estilo militar y se las pasaba. Dándole espacio para que se cambiara, puso un chaleco anti balas (cortesía de su fan más querida, Neherenia) sobre la cama y salió de la habitación.
Mientras Darien se cambiaba y renegaba mentalmente de la vida que llevaba, Malachite fue a cumplir con la orden que le dio. Fue a sacar de la guardia del rancho a Jedite y a Neflyte para poder ir con ellos y con Darien hasta donde estaba Yaten y los demás dándose bala con los hombres de Uzumaki. Luego tendría que llamar al club en donde estaba Ziocite con su chica preferida, con Mercury, para sacarlo de su idilio. Desde ya se reía por los gritos que sabía iba a darle por haber llamado a interrumpirlo; Mercury mantenía muy ocupada y él también. Casi nunca coincidían.
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Al otro día y entrando en la habitación con cautela para no despertarla…
— Serena… buenos días mi hermoso ángel y… ¿Serena? Serena, ¿estás en el baño princesa? Serena, no te escondas traviesa.
Darien entró a la habitación muy a eso de las nueve de la mañana sin saber ni tener una idea, que Serena se había ido desde la noche anterior. Recibiendo una llamada de Michiru a las doce de la noche diciendo que la necesitaban porque les había llegado un caso importante, se despertó inmediatamente cuando ella pronunció un apellido: Chiba. Mientras Serena se vestía y tomaba lápiz y papel de su bolsa para dejarle una nota a Darien, escuchaba que Michiru le daba detalles y sus ojos se llenaron de ilusión. Pensó que esa era una estupenda oportunidad para dar con él, con el asesino de su papá.
Dejando la nota y saliendo a toda velocidad en una de las camionetas que Darien tenía en el rancho y que desde luego puso a su disposición, seguía trabajando sin descanso mientras Darien leía esa nota que lo había dejado en shock. No podía creer que lo que ahí dijera fuera cierto.
"Hola mi amor y disculpa que tenga que irme; que a todas estas Endimión, ¿tú dónde demonios estas a esta hora eh? Como sea… debo ir a la estación porque parece que mataron a la hermana de Chiba; ya sabes, el tal caballero. Parece que la mujer y el tipo que encontraron están relacionados con ese sujeto y bueno, de sobra sabes lo mucho que me interesa porque creo que Haruka y su equipo tienen razón. El tal Darien Chiba y el caballero, al parecer son el mismo. Un beso amor. Te amo. Llámame en cuanto leas esto."
El rostro del pobre Darien se llenó de amargas y extensas lágrimas. Arrugando la nota y sentándose sobre la suave cama en donde las sabanas de seda estaban muy revolcadas, lloraba su perdida. Estaba casi seguro que se trataba de ella. En ese momento entendió toda la preocupación y el nerviosísimo del día anterior.
Presintió todo el día la muerte de Rei.
Llorando ante sus conclusiones gracias a la nota que le había dejado su único amor, se limpió el rostro, se levantó y se dispuso a confirmar esa información ante de llamar a Serena. Sacó su teléfono e inmediatamente marcó al número de Rei. Cansado de dar vueltas por la habitación y recibir la misma respuesta: correo de voz, decidió llamar a quien no quería. Buscó el número de Zafiro y lo llamó.
Cosa para lo que Zafiro estaba más que preparado.
— Hola, hola cuñado. ¿Y eso? ¿A qué debo el honor de tu llamada?
— Disculpa que te llame tan temprano pero es que estoy llamando a Rei y no me contesta. ¿De casualidad está contigo? ¿Me la puedes pasar?
— Oye no, ¿Qué? No, no, Darien, yo no estoy con Rei. —Abrazó más a Petzite que dormía cómodamente sobre su pecho—Ella se fue ayer de viaje. ¿Qué no te acuerdas que tú mismo disque le diste dinero para que se fuera en uno de esos cruceros? No la veo desde ayer en la tarde.
— Claro, ya hasta se me había olvidado que eso fue lo que me dijo Rei que le diría para poderse escapar con Nicolás. –Pensó Darien con preocupación—Eh si, si, si, ahora que lo dices ya me acordé pero no, pensé que saldría hoy en la mañana. No ayer.
— Pues ya ves, —río como si nada—tu hermana me odia tanto que prefirió irse desde ayer. No sé nada de ella pero tienes razón, esto ya está raro. Llamaré a la agencia de viajes y en cuanto sepa algo te llamo. ¿De acuerdo?
— Te lo agradecería mucho. Adiós Zafiro. En el caso de que saber algo antes que tú te llamo y te digo.
— Gracias. Hablamos más tarde cuñado.
Sonriendo con maldad, con mucha perversión, despertó a Petzite porque quería decirle algo antes de irse a hacer la mejor actuación de su vida. Antes de irse a tener que reconocer a Rei a la morgue.
— Ummmm, Zafiro mi amor, ¿Qué quieres? ¿Qué no ves que aún es temprano mi amor?
— Despierta ya perezosa que tengo que decirte; no, más bien, tengo que pedirte algo antes de irme.
— ¿Y cómo que será? ¿Quieres que te lo chupe tan temprano o qué mi amor?
Rieron ambos.
— No, no se trata de eso; aunque no estaría mal pero como sea, no me distraigas Petzite.
— Dime. Soy toda oídos amor mío.
— Exactamente Petzite, así es.
Sonrió y le tomó las manos.
— Quiero que me disculpes por haber sido tan ciego, por no haberme dado cuenta antes.
— ¿De qué? ¿Qué te pasa Zafiro? Tú no eres así y…
— De que siempre has tenido razón. Tú eres la mujer ideal y perfecta para mi Petzite. Quiero que estemos juntos ahora que soy viudo y…
— Oye, ¿Cómo? ¿No me digas que…?
— Sí. —Le guiñó un ojo y sonrió con maldad—Así fue. Soy un hombre libre desde anoche y quiero estar contigo. Quiero que me sigas queriendo como me quieres Petzite y a cambio de tu amor; y de tu sexo por supuesto…
Río al igual que ella lo hizo.
— Zafiro….
—…te ofrezco convertirte en lo que ya de por sí eres. Te convertiré en toda una reina, en MI reina y te llenaré de todas las comodidades y lujos que me pidas. No te digo que te seré fiel y todas esas mamadas porque…
— ¿Estás hablando en serio Zafiro? ¿De verdad, de verdad?
— Que yo sepa comediante no soy Petzite. —Dijo con total seriedad y si, aunque él estaba serio ella río nerviosa—Bueno pero, ¿y entonces? ¿Sí o no? Porque si me dices que sí, tendrías que venirte a vivir conmigo al D.F y…
— Claro que sí Zafiro.
Contestó con una enorme sonrisa de oreja a oreja mientras apretaba sus manos con más fuerza.
— Yo te amo. Te amo mucho mi amor y así no me dieras nada, no importa. Con tal de poder ser tu mujer, la legal, la original, iría y haría lo que tú me pidieras. Todo lo que tú quieras mi amor.
— Ah maldito Diamante, ¿así es como vives con Esmeralda? ¡Pues con razón! ¡Ni una sola objeción!—Pensó con diversión mientras ella lo veía a los ojos zafiro muy, muy enamorada—Muy bien, me alegra. Entonces empieza a dejar todo listo aquí porque cuando menos creas, vengo por ti. Nos iremos a vivir a mi casa.
— Zafiro, mi amor.
— Dime.
— ¿Podría pedirte que no viviéramos en esa casa? ¿Podríamos vivir en otra parte, en donde no haya estado esa?
— Claro, eso no es problema. Busca un lugar que te guste y me dices. Lo compraré enseguida pero eso si eh, —dijo mientras se vestía—nada de ponerme a comprar muebles porque yo para esa mierda no sirvo.
— Claro que sí mi amor, como tú digas.
Zafiro sonrió, le tomó el delicado rostro desmaquillado en una mano y con mucha delicadeza, se acercó a ella y le dio un beso. La besó y la besó tan delicadamente que por un momento Petzite llegó a pensar que ese no era él. Zafiro era rudo, apasionado, violento. No lo reconocía en ese momento.
Por eso enarcando una ceja y ya preocupada por sus delicadas caricias y besos, iba a separarse de él y preguntarle qué era lo que le pasaba pero cuando el empezó a caer sobre ella y desgarró con violencia aquella blusa rosada de seda, se relajó.
— Sí, este si eres tú. —Pensó con diversión mientras el descendía para succionarle los ya erizados pezones— ¿No que te tienes que ir?
— Ah, que se vayan al demonio. Te cojo una vez más y de ahí si me voy. ¿O es que no quieres?
— ¡Ah Zafiro sí!—Gimió fuertemente cuando el haló su cuerpo por los pezones— ¡Claro que si mi amor!
— Sí, ahora si voy a empezar a vivir bien. –Pensó mientras la veía retorcerse de placer—Debí haber hecho esto desde un principio. No debí perder tanto tiempo con la perra esa de Rei.
En otra parte y mientras Zafiro gozaba de su reciente soltería, Serena veía algo que no debía ver. Algo que destrozó su corazón.
"Para mi amado Endimión. Att: tu ángel de ojos celestes"
— No, no, ¡no! ¡Esto no puede ser!—Pensaba Serena pálida del miedo mientras no dejaba de leer la inscripción de aquel único y costoso reloj— ¡Este es el reloj que le regalé a Endimión hace quince días! ¡¿Por qué lo trae Seiya diciendo que lo encontró en…?!
— Bombón, oye Serena, ¿Qué tienes mujer? ¡Estas pálida!
— ¿Dónde, donde dices que encontraste este reloj Seiya?
— En el puerto. En donde al parecer el cartel de la hoja y los hombres del caballero se dieron bala anoche. Pero bombón, ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?—Preguntó con angustia mientras del bello rostro de Serena y sus únicos ojos celestes, empezaban a deslizarse las lágrimas.
— Nada, no es nada Seiya.
— ¿Cómo que no es nada? ¡Pero si estas llorando mujer! Dime por favor, ¿Qué te pasa? ¿Quieres que llame a Haruka o…?
— ¡No!—Se asustó al pensar en la reacción de Haruka. Seguro si se enteraba la mataría a regaños— No, no, no es nada y discúlpame Seiya pero debo ir a poner esto con el resto de la evidencia.
— ¿Estas segura que no pasa nada? Uno no llora y se pone así por nada Serena. Dime, nosotros somos amigos. ¿No? Anda, dime. Tal vez yo pueda ayudarte.
— Estoy bien Seiya.
Resbalaron dos lágrimas más mientras ella apretaba aquel reloj con fuerza.
— No te preocupes. Nos vemos ahora.
Serena le dio la espalda a Seiya y caminó lo más rápido que pudo hasta su cubículo. Tomando su bolsa, metiendo aquel reloj en ella y luego disponiéndose a salir de la estación de policía para ir y confrontar a Darien, se encontró con Luna que no venía con muy buenas noticias. Bueno, al menos no para ella.
— Luna.
— ¿Te vas Serena?
— Sí. Es que ya sabes lo olvidadiza que soy. —Sonrió fingidamente—Dejé una memoria en la casa y la necesito para poder seguir trabajando. No creo que me demore nada y…
— Pues vete de una vez porque lo que tenemos hoy es trabajo Serena. Ya identificamos los cuerpos y si, está más que confirmado que esa mujer era la hermana del caballero.
— ¿Sí?
— Sí. —Sonrió Luna muy satisfecha—Gracias a los registros dentales que Michiru logró conseguir, pudimos identificar los cuerpos; ya ves en el estado que llegaron a medicina legal, estaban muy quemados. Uno era Nicolás Kumada. Agente encubierto y el más diestro de la academia y ella, era Rei Hino de Black.
— Oye, espera un momento. ¿Cómo así que Hino? ¿No se supone que el caballero se apellida es Chiba? ¿Entonces? No entiendo.
— Y así es. Lo que pasa es que en los registros actuales ella aparece así pero en los registros dentales, sale su nombre completo: Rei Hino Chiba. En ningún otro documento sale con ese nombre. Era la hermana de Chiba y Serena, sinceramente que pesar mi amor.
— ¿Por qué lo dices Luna? ¿Por qué pones esa cara?
— Pobre mujer. –Dijo Luna y se veía afectada—Mira como terminó y todo por ser la hermana de ese tipo. Que pesar, estaba embarazada. Según los análisis no tenía más de…. Serena, ¡¿Serena qué tienes?! ¡Serena!
Serena salió corriendo hacia los baños porque las ganas de vomitar, fueron demasiado fuertes. Entrando a un baño y después de azotar la puerta, vomitó. Vomitó del asco que le dio atar cabos y darse cuenta que era verdad. Endimión, su amado Endimión y a quien ella creía conocer tan bien, a quien amaba con toda su alma, era nada más y nada menos que Darien Chiba. Uno de los delincuentes más buscados de todo México. El hombre que había matado a su papá de aquella forma tan cruel.
Saliendo del baño, lavándose la boca y la cara, se miró al espejo y dijo con mucho enojo…
— ¡Soy una estúpida! ¡Claro! ¡¿Cómo no me di cuenta antes ah?! "Ángel de ojos celestes" ¡El mismo se confesó desde el inicio y yo no me di cuenta! Ah no, pero no se va seguir burlando de mí.
Sacando fuerzas de donde no tenia, sacó su celular de la bolsa y lo llamó. Tenía que asegurarse de que estaba disponible para no perder la ida.
— ¿Serena? Hola mi princesa. ¿Dónde estás?
— Cínico de…—pensaba mientras se miraba al espejo y sostenía el teléfono—hola mi amor. ¿Yo? Yo estoy trabajando Endimión. ¿Acaso no leíste la nota que te dejé?
— Sí, si la leí y es el colmo contigo princesa. ¿Cómo se te ocurre salir a esa hora de la noche y sola? Pudiste haberle pedido a alguno de los muchachos que te…
— Como sea Endimión, no te llamo para eso. Ahora no tengo tiempo para discutir contigo por lo de siempre.
— ¿Qué te pasa Serena? —Preguntó Darien preocupado al notarla tan ofuscada— ¿Estas enojada conmigo? ¿Qué te hice mi hermoso ángel?
—Nada, nada, no te preocupes por mí…—tomó alientos para poder llamarlo de esa manera aunque no quería—…mi amor. Mejor dime, ¿en dónde estás tú? Quiero verte.
— En el rancho. La verdad estoy muy cansado y me gustaría darme un baño y dormir un rato pero no puedo. Tengo que salir a….
— ¿No será que me puedes esperar? Necesito hablar contigo.
— ¿Es grave? Te siento muy extraña princesa. ¿Qué tienes?
— Creo que solo estoy como tú, muy cansada. Esto de la muerte de la hermana de Chiba y del tipo con el que estaba, me ha tenido muy estresada. Casi que no confirmamos sus identidades.
Serena sonrió con maldad al decirle eso. Mirándose al espejo y esperando su respuesta, sonreía aún más mentalmente porque no necesitaba estarlo viendo para saber que lo había puesto en jaque. Su silencio así lo demostraba.
— ¿Endimión? ¿Sigues ahí Endimión?
— ¿Entonces…entonces se confirmó que era la hermana de ese tipo? ¿Están seguros?
— Sí. Su verdadero nombre era: Rei Hino Chiba. Y casi, casi estoy segura que el tal Nicolás Kumada, era su amante y el papá de ese pobre bebe que no tenía la culpa de nada. Pobrecita; y todo por ser hermana de ese maldito idiota.
— Tengo que irme Serena.
Dijo Darien mientras el estómago le daba vueltas.
— Déjame me desocupo de un asunto importante y te llamo para que nos veamos. ¿Está bien?
— No Endimión, yo necesito verte ya. Ahora mismo.
— Pero Serena, mi amor, esto de verdad es urgente y….
— Si, como todas tus cosas, un misterio y de vida o muerte. Nos vemos en mi casa en una hora Endimión. Haz lo que tengas que hacer en ese tiempo y más te vale que llegues. ¿Entendiste?
— No me está gustando tu tono Serena. ¿Qué es lo que te pasa? ¿No me digas que estas enojada porque anoche yo…?
— Tengo que irme y es en serio Endimión. En mi casa en una hora. Ni un minuto más ni un minuto menos. Adiós. Nos vemos ahora.
Serena colgó, le tiró el teléfono. Muy enojada al ver lo cínico y lo descarado que era, guardó su celular en la bolsa y después de verse al espejo por última vez, salió de la estación rumbo a su casa. Se fue a esperarlo para confrontarlo. Para hacer una de las cosas más difíciles que tendría que hacer en su vida. Enfrentar al asesino de su papá.
Por otro lado Darien le restó importancia al enojo de Serena porque tenía otras cosas en la cabeza: Rei. Ahora ya no solo eran presentimientos y sospechas, estaba confirmado. Su hermana había muerto. Casi estaba seguro que la culpa de todo la había tenido Zafiro pero, ¿Cómo haría para confirmarlo? No sabía por dónde empezar.
Darien estaba pensando cual era la mejor forma de hacer caer a Zafiro en su mentira cuando…
— ¿Alo? ¿Señor? No, no, espere, ¿Cómo? ¡¿Qué usted acaba de aterrizar en México y con quién?!
— Hola, hermanito. ¿Me has extrañado?
Dijo Hotaru cuando el "gran sabio" le pasó el teléfono.
— ¿No me iras a decir que no sabes con quién estás hablando? ¿Acaso eres así de ingrato, de mal hermano Darien?
— ¡Hotaru!
— Vaya, pensé que ya hasta se te había olvidado como me llamaba, hermanito querido.
Río.
— Acabamos de llegar y el "gran sabio", quiere que tú, Rei y los demás se reúnan en su casa. Tiene algo importante que decirles.
Le sonrió coqueta al malvado hombre que había envenenado su corazón.
—No tardes. Los esperamos allá.
Con el celular en la mano, no podía creer lo que pasaba. La vida le había devuelto a una hermana justo cuando le quitaba a la otra. Creía que no era justo pero si eso le parecía injusto, aun le faltaba la otra parte que terminaría por destruirlo.
Hablar con Serena.
