Capítulo 21: Amante

POV Autora

Ginny despertó en una incómoda cama de la enfermería. Tenía lo boca seca y estaba cansada. Parpadeó varias veces, no recordaba el motivo por el cual se encontraba en la enfermería.

Había terminado la clase de Transformaciones…, se decía Ginny mentalmente. Y me dirigía a los servicios higiénicos, cuando…

—¡Oh, Ginny por fin despertaste! —la pelirroja escuchó una voz llena de júbilo que se acercaba a ella—. Estaba tan preocupada por ti. Todos lo estábamos —corrigió.

Y recordó. En ese momento recordó porque estaba en la enfermería.

Y era por la culpa de esa chica que estaba con ella en la enfermería, diciéndole que estaba preocupada por ella.

Hipócrita.

Se giró para verla. Llevaba el uniforme de Slytherin perfectamente pulcro y sin ninguna arruga, y los zapatos perfectamente pulcros y brillantes. Su rostro carecía de maquillaje, sus cabellos rubios y rizados, le caía en cascada por la espalda, y su rostro todavía con rasgos infantiles era hermoso. Sí, tenía que reconocer que ella era hermosa. Hermosa y refinada. Lo notaba en su forma de andar, en su actitud.

Cygnus Potter se acercó aún más a ella y le dedico una sonrisa.

Hipócrita.

Ginny la observó de manera dura, al recordar lo que había escuchado: «Desde que llego a Hogwarts se hizo muy cercana a Harry. No puedo creer que hasta haya puesto sus pies en mi sala común.» «Las serpientes nunca dejaran de ser lo que son. Y Cygnus…». ¿Cómo había podido ella hacerle algo así? ¿Cómo pudo decirle todas esas cosas tan hermosas cuando descubrió que estaba embarazada, si luego se tenía planeado separarla del padre de su hijo?

Era una miserable. Una serpiente. No, no era una serpiente, era un basilisco.

—¿Ginny? —dijo la rubia.

Y la aludida le dedico una mirada más que furiosa, helada, fría. Cygnus al notar esa mirada en su madre, mirada que nunca antes había sido dedicada a ella, retrocedió tres pasos.

—Yo… —murmuró Cygnus, pero fue interrumpida por Ginny.

—¿Dónde está Harry?

Ginny miraba a su alrededor, y no encontró a Harry, al que más quería ver allí. Quería que la mirada a los ojos y que frente a la rubia de Slytherin le aclarara todo. Quería que le asegurara que él no tenía nada que ver con ella. Quería escuchar de los propios labios de Harry Potter decirle que ella no era su amante. Quería escuchar que ella era la única mujer a la cual ama, la madre de su primogénito.

—Eh… Harry junto con Ron y Hermione… Luna, Neville… incluso Finnigan y Thomas estuvieron aquí, pero la señora Pomfrey los hecho diciéndoles que tú necesitabas descansar y entonces…

—Entonces, ¿por qué tú estás aquí? —inquirió Ginny violentamente, mientras le seguía dedicando una mirada fría.

Cygnus retrocedió otro paso más. No comprendía el enojo de su madre.

¿Qué hice?, se preguntaba la rubia. ¿Acaso le conteste mal? ¿Fui grosera? ¿Acaso hice una broma junto con James y Fred? ¿Me porte mal con algún profesor? Tanto era su sorpresa que Cygnus no reparaba que no estaba en su época, sino en la de sus padres.

—Yo… yo… —murmuró Cygnus con los ojos acumulándose de lágrimas.

Ginny por su parte sintió dolor, sintió un dolor indescriptible ante la cara de pesar de la rubia, y se preguntaba porque. Era ella la ofendida, era ella la lastimada, era ella la engañada, la burlada… la…

—Vete —dijo Ginny, no soportaba tenerla cerca.

Cygnus parpadeó reteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.

—Lo siento, no quise molestarte —dijo la rubia con la miraba en el suelo, para luego salir prácticamente corriendo de la enfermería.

Ginny al verse sola en la enfermería, soltó las lágrimas que había estado reteniendo ella también.

—No lo puedo creer. No, Harry no puede estar engañándome con ella, por favor que no sea verdad lo que escuche —rogaba la pelirroja.

-.-.-.-.-

—¿Cygnus? —una voz sedosa la llamo, y ella con las lágrimas resbalándose por sus sonrojadas mejillas, se volvió hacia la dueña de esa voz—. Cygnus, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras? —preguntó con preocupación.

La rubia lo único que hizo fue correr hacia Hermione, su madre biológica, abrazarla y llorar en su hombro.

«Entonces, ¿por qué tú estás aquí?», «Vete». Cygnus no se podía sacar de la cabeza las palabras de su madre, habían sido tan duras. Ella nunca le había hablado de esa manera, nunca la había mirado de esa forma, era todo lo contrario, tierna, cariñosa y comprensiva con ella. Siempre la escuchaba y la aconsejaba cuando tenía algún problema. Pero ahora, no comprendía que le sucedía.

Hermione sorprendida, solo atino a devolverle el abrazo y darle palmaditas en la espalda tratando de consolarla. Luego reacciono, y se preocupó más, porque una chica tan segura de sí misma podría estar llorando en el pasillo menos transitado por alumnos y profesores.

—Tranquila —murmuró, pero la rubia seguía llorando—. Todo tiene solución. ¿Quieres contarme?

Cygnus se separa un poco de Hermione, suspiró y se pasó las mangas de su túnica en su rostro, limpiando las lágrimas.

—Mi… mi m-mamá… esta… esta eno… en-enojada… conmigo… —dijo entre sollozos.

Hermione no sabía porque se sentía tan mal al ver en ese estado a Cygnus. Solo sabía que si algún día tuviera una hija, nunca la haría llorar. Y de pronto se imaginó a una hija suya y de Draco, se la imaginaba tan rubia, pálida y con los ojos grises como Draco, miró a Cygnus detenidamente.

Sería como Cygnus, pensó Hermione. Con esas mismas facciones tan delicadas como las de ella, y con ese porte.

Negó con la cabeza y volvió a poner su atención en la chica.

—¿Por qué se enojó contigo? —le preguntó.

—No lo sé —contestó Cygnus, volviendo a pasar la manga de su túnica en su rostro—. No sé lo que hice para que se enojara… tal vez sean cosas de su estado…

—¿Estado? —repitió Hermione—. ¿Acaso tu madre está embarazada?

Cygnus parpadeó y luego sin saber que decir, simplemente asintió.

Hermione sonrió mientras le acariciaba los rubios risos.

—No te preocupes, yo he leído que las mujeres embarazadas tienen diferentes cambios de humor, y que las hormonas las vuelven locas. Ya verás que se le pasara pronto, y todo será igual que antes —la consoló.

—Sí, tienes razón, tal vez son solo cosas del embarazo. Solo me sorprendió su mirada, ella nunca me había mirado de esa manera —terminó de limpiarse las lágrimas y sonrió. Pero aunque Cygnus sonreía, sabía que en el fondo algo le sucedía a su madre, podía notar su furia hacia ella.

Hermione parpadeó confundida. Aun no se acostumbraba a ver la sonrisa de Draco en el rostro de Cygnus. Pero claro, luego recordó que eran hermanos. Bueno, medios hermanos.

Por un momento Hermione creyó que el causante de las lágrimas de Cygnus había sido Draco, con eso de que había decidió odiarla solo porque ella era el resultado de la infidelidad de su padre. Pero Cygnus no tenía la culpa de nada, de absolutamente nada, ya que ella no había pedido nacer, en todo caso si Draco quería encontrar un culpable, pues ese era su padre junto con su amante. Pero Cygnus no, ella no era culpable.

No sé qué es lo que voy hacer, pero tú no vas a lastimar a Cygnus, Draco, pensaba Hermione. Y de que cumpliría su propósito, lo cumplía, o se dejaba de llamar Hermione Jean Granger.

—Gracias por todo, Hermione —dijo Cygnus, ya más calmada—. Podrías decirle a Harry que Ginny ya despertó, por favor. Ella quería verlo.

La tristeza aumento en cuanto recordó como Ginny prácticamente la había corrido de la enfermería.

—Sí, claro.

—Ah, y por favor… no le digas nada a nadie sobre que me encontraste en… este estado tan lamentable.

—¿Por qué? —preguntó Hermione.

—No quiero que nadie sepa sobre este momento de debilidad. Ya sabes, tengo una imagen que cuidar y no me gustaría que me compararan con Myrtle la Llorona por esto.

Hermione sonrió. Sí, era toda una Slytherin de pies a cabeza. Toda una Malfoy.

—De acuerdo, tienes mi palabra.

Cygnus volvió a sonreír, y camino directo hacia su sala común.

Hermione se quedó mirando hasta que la rubia desapareció por el pasillo, cuando de pronto reparo en algo que no había tomado en cuenta. Cygnus había dicho que la mirada de su madre la había sorprendido. Pero ¿qué mirada? ¿Cuándo la vio? ¿Acaso su madre había venido a Hogwarts? No sabía de ninguna visita de la madre de algunos de sus compañeros.

Hermione se quedó parada un momento más pensando en las palabras de Cygnus, pero no le encontró una respuesta satisfactoria.

—Después le pediré que me aclare eso de la mirada de su madre —murmuró.

Se encogió de hombros, y siguió con su camino hacia la Sala de los Menesteres, a su encuentro con el amor de su vida, pero antes le diría Harry que Ginny lo esperaba.

-.-.-.-.-

—¡Ginny! ¡Ginny! —exclamó Harry al entrar a la enfermería. Él había corrido hacia allí, apenas Hermione le comunico que la pelirroja lo esperaba.

—Guarde silencio, señor Potter —lo reprendió la señora Pomfrey—. Perturba a la paciente.

Pero Ginny no dormía, simplemente estaba con los ojos cerrados. Pensando en que había fallado, en que es lo que había hecho mal para que Harry buscara la compañía de otra mujer.

En eso estaba cuando escucho la voz de su novio en la enfermería, y luego la voz de la señora Pomfrey regañarlo, abrió los ojos de golpe, y allí lo vio, con sus ojos verdes preocupados detrás de unas gafas redondas y su cabello más alborotado de lo normal.

—Ginny —volvió a pronunciar su nombre, y ella sintió tanto amor en el llamado de su novio, era por eso que estaba tan confundida, tan dolida—. Ginny, ¿cómo te sientes?

Harry se sentó al borde la cama de la pelirroja y la toma de la mano.

Pero ella no respondió. Tenía que decirle tantas cosas, pero se había quedado sin palabras.

—¿Ginny? —la urgió Harry con preocupación.

La aludida parpadeó y luego contestó.

—Estoy bien.

—Solo unos minutos, señor Potter. Recuerde que por su lamentable estado de hace unas horas tiene que descansar —le dijo la enfermera antes de retirarse para darle privacidad.

—¿Estás segura? —insistió el buscador de Gryffindor.

Ginny asintió.

Harry sonrió, se inclinó y beso su frente.

—Eso me tranquiliza —dijo, miró a su alrededor—. ¿Dónde está Cygnus? —cuestionó.

Ginny se tensó cuando escucho a Harry preguntar por la Slytherin.

—Se fue —dijo Ginny con voz tensa, conteniendo las lágrimas.

—¿Se fue? ¿Te dejo sola? Pero ella dijo qu…

—Yo le dije que se fuera —reconoció la pelirroja—. No me apetecía verla.

—La echaste —dijo un Harry confundido—. ¿Por qué?

—Ya te lo dije, no me apetecía verla —contestó Ginny separando su mano de la mano de Harry—. ¿Por qué la dejaste conmigo? ¿Por qué a ella? ¿Y Hermione? ¿Y Luna? Ellas hubieran sido mejor compañía que esa serpiente.

Harry observaba a Ginny una y otra vez, y no podía comprender porque de la actitud de su novia con Cygnus. ¿Por qué no la quería cerca? ¿Por qué parecía que Ginny odiara de pronto a Cygnus?

Harry negó con la cabeza. Está no era su Ginny de la mañana, tan jovial y risueña. Ahora parecía que la habían cambiado por una versión de Parkinson en sus peores momentos.

—No debiste echarla, Ginny… Cygnus solo quería estar contigo porque yo…

—¿Por qué la defiendes? ¿Por qué es tan importante para ti? Ella no es familiar tuyo—preguntó una furiosa Ginny—. Y además el que debería estar conmigo eres tú, no ella.

La defiende porque es su amante, pensaba Ginny. Pero no permitiré que esa serpiente me quite al hombre que amo. Al padre de mi bebé.

—Yo fui a entregarle una tarea a Snape, y ya sabes cómo se pone si no le entrego una tarea a tiempo, es por eso que Cygnus se ofreció a cuidarte mientras yo entregaba esa tarea.

—¿Y porque no dejaste a alguien más cuidándome? Inclusive estar sola hubiera sido mejor.

—Ginny… —dijo Harry casi perdiendo la paciencia.

—No la quiero cerca de mí, y tampoco cerca de ti… ni cerca de ninguno de nuestros amigos —sentenció la pelirroja.

—Es suficiente, Ginevra —dijo Harry levantándose de la cama—. Cygnus no te ha hecho nada como para que la empieces a rechazar, es más estaba muy preocupada por ti, por tu salud, por la salud del bebé.

Sí, claro, como no. Esta tan preocupada por mí, y por mi bebé que trata de quitarle el padre a mi hijo, pensaba la pelirroja.

Las lágrimas que Ginny había estado reteniendo empezaron a resbalarse por sus mejillas, lloraba por tristeza, por impotencia, y por la infidelidad de Harry recientemente descubierta, porque si, ahora estaba segura que su Harry tenía alguna relación clandestina con Cygnus, lo pudo descubrir por la manera en que la había defendido.

Harry al ver llorar a Ginny se sintió mal. Tal vez solo era alguna reacción del embarazo. Tal vez se le pasaría mañana. Tal vez solo Cygnus estuvo en un momento de sensible de Ginny y por eso ahora esta no la quería cerca. O tal vez… A Harry ya no se le ocurría nada más para justificar la actitud de su novia.

—Lo siento —se disculpó Harry, no sabía porque se disculpaba, pero lo hacía. Esta disculpa para Ginny fue el detonante, ella pensaba que él se disculpa por su infidelidad—. Ginny…

—¿Desde cuándo? —preguntó la pelirroja.

Harry la miró confundido.

—¿Desde cuándo qué?

—Sabes de lo que te estoy hablando.

—No, no lo sé, por eso te lo pregunto.

Ginny se sentó lentamente en la incómoda cama. Limpio sus lágrimas y lo miró fijamente.

—¿Desde cuándo ella es tu amante?

¿Amante? ¿Ginny piensa que tengo una amante?, se preguntaba Harry. Negó con la cabeza, eso eran inverosímil, casi como si le dijeran que Hagrid sabía ballet.

Pero ahora lo comprendía todo, el desmayo de Ginny, su ira, sus lágrimas, su tristeza y confusión. Y todo eso lo había pagado su hija Cygnus.

Luego hablaré con ella y le aclaré todo, se prometió Harry.

—Ginny, no… estás equivocada —hizo una pausa para acercarse a ella y volver a tomarle de las manos, pero ésta lo evito, cruzando los brazos sobre su pecho. Harry respiró profundo para empezar a explicarle que solo a ella quería—. No tengo ninguna amante. Tú eres la única mujer a la que amo.

—Eres un mentiroso —dijo una inconsolable Ginny.

—Te lo juro, Ginny.

Ginny simplemente lloraba, y detestaba mostrarse tan débil delante de Harry, pero es que las hormonas eran unas verdaderas molestias en esos momentos.

—Te vieron —gritó Ginny—. ¡Te vieron con tu amante!

—No… —trataba de explicarse Harry.

—Deja de mentir. Te vieron con ella. Por eso era que todas me miraban y luego empezaban a cuchichear. No les quise hacer caso, pensaba que era por otro motivo, pero no, era porque te vieron con esa… con esa Cygnus.

Harry empalideció al escuchar el nombre de la rubia.

—¿Cygnus? —repitió.

—Sí, ella es tu amante. Ya no lo niegues más.

—Estás equivocada, Ginny. Cygnus no es mi amante, ni ella ni ninguna otra —se pasó una mano por sus desordenados cabellos—. Eso sería inmoral…

—Inmoral es tu acto —replicó la pelirroja.

—Cygnus no es mi amante… ella es…

—Si no vas a reconocer tu infidelidad mejor vete. ¡Déjame sola! —gritó esto último.

La señora Pomfrey rápidamente apareció cerca de su paciente al escucharla gritar, y al verla llorando miró reprobatoriamente a Harry.

—Señor Potter le dije que no perturbara a mi paciente —dijo con seriedad—, y como eso es lo único que ha hecho, le pido por favor que vaya. Regrese cuando la señorita Weasley se encuentre tranquila.

—Yo no quiero verlo —dijo Ginny y un sollozo hizo que su cuerpo temblara.

—No me iré, no puedo dejarla así —replicó Harry.

—Señor Potter por favor, será mejor que abandone la enfermería, es lo mejor en estos momentos.

—Pero…

—Yo cuidaré de la señorita Weasley —y eso fue lo último que dijo la enfermera, sin darle tiempo a replicar. Harry miró una vez más a Ginny, pero ésta no lo miraba.

Harry asintió, y salió cabizbajo de la enfermería.

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En el año 2016 – Época actual

Astoria estaba furiosa, y con motivos, según cría ella.

Primero, volver a Londres no le agradaba en lo más mínimo. ¿Qué tenía de malo Italia?, se preguntaba. Pero no, Draco no escucho razones, a él se le había metido en la cabeza regresar. Y regresaron. En contra de su voluntad. Si no fuera por ella, Astoria no hubiera tenido ningún problema con regresar.

—¡Ah, maldición! —gruñó con ira.

Segundo, había tenido que ir a Hogwarts junto con Draco por un problema que su hijo mayor había tenido con el hijo de Potter. Bueno, en realidad no le importaba que su hijo le hiciera la vida miserable a ese chiquillo, pero lo que verdaderamente la había indignado era que Draco no había apoyado a su hijo, sino todo lo contrario, prácticamente había salido a favor de Potter, y hasta se había atrevido a golpear a Orión.

Eres un estúpido, Draco, pensaba.

Y tercero, desde que Draco y ella habían regresado a su mansión luego de Hogwarts, Draco la ignoraba olímpicamente. Ni siquiera la miraba, y las cosas parecían empeorar cada vez más. Astoria sospechaba que todo esto tenía que ver con la impura.

Unas risitas burlonas sacaron a Astoria de sus cavilaciones. Se volvió y allí lo vio.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Astoria al hombre de tez morena que estaba recostado en el marco de la puerta.

—El que debería hacer esa pregunta soy yo. Te recuerdo que esta es mi casa —respondió el hombre.

—Ya sé que esta es tu maldita casa, pero creía que estabas en Italia, no aquí.

—Sí, se cree muchas cosas, la gente suele creer muchas cosas sobre mí, pero eso no quiere decir que sean ciertas —dijo el moreno, con una sonrisa cínica en los labios.

Cosa que molesto más a Astoria.

—Déjate de estupideces, Blaise. ¿Y dime que haces aquí? —exigió.

—Te extrañaba —respondió Blaise caminando hacia la distinguida mujer, para luego tomarla de la cintura—. ¿Tú me extrañaste, preciosa? —le susurró en el odio.

—No tengo tiempo para tus tonterías.

Blaise ignoró el comentario de Astoria y la beso. Ella al comienzo se resistió, pero luego le siguió el beso al moreno. El beso cada vez se hacía más intenso, y mientras se besaban caminaban hacia el sofá. Ambos cayeron en el sofá y siguieron besándose, pero tuvieron que parar por un poco de oxígeno.

—Veo que si me extrañaste, cariño. ¿Qué? ¿Acaso Draco no te atiende como te mereces?

Astoria volvió a fruncir el ceño al escuchar el nombre de su esposo.

—Draco es un idiota —gruñó Astoria, con amargura. Se acomodó bien el sofá—. Se atrevió a golpear a Orión.

Blaise la miró asombrado.

—No lo creo, Draco no golpearía a su hijo.

—Pues lo hizo y lo peor de todo es que fue por un Potter. ¡Por defender a un Potter!

Blaise no pudo evitar reírse.

Astoria giró la cabeza para mirarlo.

—Si vuelvo a escuchar tu patética risa otra vez, juro que te lanzare un crucio —lo amenazó.

—No me hables de esa forma que me excitas —la volvió a tomar de la cintura y le empezó a besar y morder el cuello.

—No hagas eso, me dejaras una marca y Draco…

—Podría darse cuenta —completo Blaise—. Por favor, Astoria. ¿A quién quieres engañar? Tú y yo sabemos perfectamente que si te dejo una preciosa marca en el cuello, Draco no se daría cuenta porque ni te mira. Y en el remoto caso de que notara la marca, en vez de armarte una escena de celos se pondría feliz, porque así ya tendría una excusa para divorciarse de ti. Y te imaginas a Draco divorciado de ti, ¿sabes lo primero que haría? —Astoria no respondió, y Blaise continuo—, pues lo primero que haría sería buscar a…

—¡Ni siquiera te atrevas a mencionar a esa sangre sucia, Blaise! —gritó Astoria, empujándolo para quitárselo de encima.

—Sí, una sangre sucia —se burló Blaise—, y aun teniendo la sangre sucia, Draco la prefirió, la prefiere aun, antes que a ti. Recuerdas que si tú no le hubieras puesto Amortentia en el jugo de calabaza a Draco, él nunca hubiera estado contigo y entonces no te habrías podido embarazar de Orión. Y si eso no hubiera pasado, Draco en estos momentos estaría casado con esa sangre sucia y de seguro con par de hijos mestizos, pero feliz.

—¡Cállate! —volvió a gritar a Astoria—. No me hagas perder la poca paciencia que me queda, Blaise.

—Tranquila, Astoria. Tranquila —dijo el moreno.

—Mejor me voy —dijo Astoria, parándose del sofá—. Tengo que enviarle unas cosas a Cassiopeia.

—Cassiopeia —repitió Blaise y su tono de voz denotaba adoración—. ¿Cómo esta ella? ¿Cómo le va en Hogwarts? —Astoria le dedico una mirada fiera al moreno—. No me mires así, ¿qué acaso un padre no puede preguntar por su hija?

Astoria se acercó al moreno con una mirada llena de odio.

—¡El padre de Cassiopeia es Draco! Él es su padre, su único padre —siseó Astoria.

—Eso no es cierto —contradijo Blaise, poniéndose serio por primera vez—. Yo soy el verdadero padre de Cassiopeia. No es mi problema que tú hayas empezado a creerte tu propia mentira, porque eso de que Draco es el padre de Cassiopeia, los únicos tontos que te creyeron son tus padres, los padres de Draco y Draco, porque ni siquiera tu hermana está completamente segura. Y tienes suerte de que la pequeña Cassie se parezca a ti, porque si se pareciera a mí no hubieras podido mantener esa mentira de que tú trajiste al mundo a la primera Malfoy después de más de diez generaciones.

—Cierra la boca —siseó Astoria.

—Tú no trajiste al mundo a la primera Malfoy —siguió hablando Blaise sin importarle Astoria—, tú trajiste al mundo a la primera Zabini. Cassiopeia Zabini. Suena mejor que Malfoy, ¿no lo crees?

—¡CÁLLATE! —gritó Astoria—. No vuelvas a repetirlo, no vuelvas a repetirlo, ¿me oyes? Nunca en tu vida —dijo apuntándolo con su varita—. Tú no serás un problema más en mi vida.

—Cálmate —dijo Blaise levanto las manos—. Calma, yo no diré nada, no debes preocuparte por mí, querida, preocúpate por la sangre sucia de Granger. Estoy seguro de que ahora que Draco regreso, intentara hacer algo para quitarte a tu esposo, así como tú se lo quitaste una vez a ella.

—Eso no pasara nunca, antes la mato.

—¿La has visto? —preguntó Blaise ignorando la amenaza de Astoria—. Recuerdo que Granger no era una preciosidad, pero tenía un no sé qué, que atraía, que excitaba… y ese carácter suyo tan serio e indomable, no se dejaba de nadie… Oh, y su piel parecía muy suave… Que lastima, sino fuera una sangre sucia, hasta yo me la habría llevado a la cama un par de veces…

—¡CRUCIO! —gritó Astoria ya sin poder soportar más las palabras de Blaise.

El moreno había caído al suelo cuando el hechizo impacto en él. Se revolcaba de dolor, pero Astoria no se detenía, es más sonreía, disfrutaba del dolor que le infligía a su amante.

Varios minutos después Astoria detuvo el hechizo, se acercó a un casi inconsciente Blaise, se puso a su altura y le susurró al oído.

—La próxima vez que abras la boca para decir estupideces, te juro que te lanzo la maldición asesina.

Se puso nuevamente en pie, acomodo sus ropas y sonriendo a su adolorido amante, desapareció.


Muchas gracias a todos por sus comentarios. Lamento mucho haber demorado tanto en actualizar, pero he tenido mucho trabajo que hacer.

Saludos y disfruten la lectura

Merodeadora Black