"No susurraste en mi oído, lo hiciste en mi alma. No besaste mis labios, besaste mi alma."
Judy Garland.
Capítulo 21: Roce de almas.
Severus fue abriendo los ojos con cierta pereza, ya de por si le costaba despegar sus parpados por el dolor que le causaba realizar esa simple acción. Con el sueño pegado a sus ojos, muy lentamente comenzó a abrir los párpados. Aunque, el verdadero motivo de su prematuro despertar fue los recuerdos del baño. No le gustaba sentirse así, no quería admitir que el acontecimiento que había vivido en los baños del este le estaban afectando más de lo que él quería. Y odiaba que fuera así. Con todo lo que había llevado a sus espaldas por tantos largos años… y dejar que aquello lo alterara.
Más que molesto.
Una punzada de dolor caló su pecho. El ver ahí a Lily, en silencio. Viendo lo que le estaban haciendo, sin hacer nada. Paralizada, sin tan siquiera gritar. Sin molestarse en aclarar lo que realmente sucedió. Sin desvelar la cruda realidad. Haciendo creer que a todos que él le había forzado a mantener relaciones... Solo de pensarlo su alma se rompía en dos.
"Violar" pensó con ira. El jamás haría algo tan cobarde como eso, el jamás sería como el puerco de su padre. Jamás tocaría de esa manera tan sucia a una mujer. Y sin embargo, el simple hecho de haberse cruzado con aquella pelirroja y tener mala fama por ser de Slytherin ya le catalogaban como un animal desgraciado capaz de hacer semejante vejación... a veces pensaba en que parte los Gryffindors se diferenciaba de ellos. Cuando los propios leones actuaban igual que ellos bajo otra ideología. Eran tan patéticos, echándose flores así mismo, alardeando de ser gente de honor y con un pragmatismo incorruptible… y ahí estaban, hechizando a un alumno, amordazándolo, inmovilizándolo, golpeándolo hasta la inconsciencia. Y para más Inri, el propio James Potter lanzó un hechizo desmallador al que era su mejor amigo.
Dos caras de una misma moneda.
Sin embargo, había dudas que asaltaban en su mente. ¿Que pasaría ahora?, definitivamente la amistad que tuvo alguna vez con Lily se esfumó en cuestión de segundos... y de la peor manera posible.
¿Por qué?, ¿por que le hizo Lily todo esto? ¿a qué precio?, ¿mereció la pena? Ya no sabía ni que pensar, era una mezcla amarga y dolorosa. Saber que aquella pelirroja que lo ayudaba a seguir día a día en aquella espantosa familia, se había convertido en su peor pesadilla. Aquella chica a la que tanto amó le dió las espaldas por un tonto impulso que tuvo. Ahora ¿que le quedaba? No se sentía con fuerzas para volver a confiar en alguien ¿como saber si le iban a volver a traicionar? Tenía miedo, miedo de que le volvieran a hacerle tanto daño. Tenía el alma llena de cicatrices, llena de heridas que faltaban por curar, y justo, cuando empezaba a poner orden en su vida, se la destrozaban en cuestión de segundos. Esa sensación de traición no se le iba de su cuerpo. El silencio de aquella chica, su mirada…
Ese beso de Judas.
Y lo que era peor, los que vinieron a protegerlos fueron precisamente las personas que más detestaba. Sirius Black. ¿Que diablos hacía ahí? ¿por qué supo donde se encontraba? ¿que quisó decir Amal con que había cumplido? ¿que diablos era el perro? Y Amal… Merlín, ¿porque diantres tenía que ser muggle? Bufó para sus adentros. No sabía si ese sentimiento que tenía era por su procedencia, o por el modo tan vulnerable que le encontró. De igual forma, ya lo hablaron en su momento, el podía ignorar su procedencia, podía ignorar que era lo que más detestaba. Pero ahora… ¿podría hacerlo?
Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas.
No entendía porqué, de entre todos los alumnos que había en Hogwarts se querría preocupar tanto por él. ¿quería algo de el? ¿era un simple juguete? O ¿tal vez un simple capricho? ¿querría algún tipo de información? ¿que era? El sabía que el no era esa clase de persona. No tenía esa clase de superficialidad. No tenía ese tipo de mente pobre y carente de inteligencia. Él se fijaba en algo que muy pocos hacían. El miraba, escarbaba bajo la piel, bajo el alma. Sabía desnudar a cualquier persona, sabía como hacer que cualquier persona revelase hasta sus más sucios secretos.
Muy bien sabía que Amal era diferente, pero no podía evitar que el miedo a ser traicionado de esa manera nublara su juicio.
Exhaló con cierta lentitud, casi como si estuviera conteniendo el aire. Miró de un lado a otro para descubrir que, de alguna forma había acabado en la cama, con un pijama blanco y con cientos de vendas y tiritas. No sabía si era de día o de noche. Las ventanas estaban totalmente cerradas y la única luz que había eran las galaxias proyectadas del mecánico.
Un atisbo de ilusión surgió en su mente. Amal… realmente cuidaba los detalles. Había una estela azulada en toda la oscura habitación, cientos y cientos de galaxias se desplazaban con lentitud. Como si el tiempo les perteneciera. Parecía que el propio Severus fuera el señor del tiempo, el señor de la energía cósmica observando a todo y a todos desde su altar de las estrellas, algo… que ni los mejores filósofos de todos los tiempos lograrían entender. Una cantata al poder divino y absoluto.
Como si el fuera un Dios.
Como si estuviera echo para él. Su alma, de alguna forma, pareció calmar su inquietud al ver como un niño soñador aquel tipo de magia. Sin embargo, cuando se giró de la cama vio que no había nadie, un vacío en aquella colcha que tantos secretos había guardado.
Estaba decepcionado.
No recordaba en que momento se había quedado dormido, ni en que momento le habían traído a la cama, tampoco es que le importase.
En ese momento los recuerdos le vinieron de golpe. Había besado a Amal… precisamente lo que el odiaba, la representación de su mayor desprecio echo carne… Bajo otras circunstancias, probablemente se habría tachado de loco o que, teniendo en cuenta la situación, había perdido los estribos. Peor no era el caso, no se arrepentía de haberlo hecho. Incluso, sintióun ligero cosquilleo que renacía de sus labios. No estaba del todo seguro como debía catalogar aquel beso. Fue violento, cargado de torpeza y desesperación… pero oh, cuanta carga emocional, cuantas palabras habían sido calladas en aquel furibundo acto de deseo. Aunque, probablemente lo que más le gustase fuera las expresiones que Amal le evocó… sus motivos. El ver que lloraba por él, ¡por él! Como si fuera a Amal quien le hubiese hecho daño. Como si hubiesen sido a él quien había sufrido semejante humillación. Esa mirada desesperada por la agonía sufrida por el Slytherin. El modo en que se culpaba… Su trémula mirada, centelleante, límpida, acuosa por las lágrimas. Sus labios temblorosos y sus mejillas húmedas... oh, aquellas lágrimas. Aquello había sido el principal detonante, las mejillas brillantes junto a los ojos vidriosos. Esa expresión había despertado partes de su cuerpo que no creyó que despertarían por eso.
Claramente iba a repetirlo y daba igual cuantas veces fueran.
Ese muggle permaneciera a su lado, aunque tuviera que atarlo con cadenas. Aunque tuviera que hechizarlo.
Lo que ahora rondaba en su mente, era un duda considerable. ¿Que pasaría ahora? ¿el moreno lo rechazaría? ¿pondría alguna excusa? ¿que sería de él? Aquel beso no había sido un impulso. Después de lo que pasó en los baños… ahora más que nunca sabía que el Squib tenía que pertenecerle. Y no podía haber un no como respuesta.
Se enderezó de la cama, sacando los pies de la caliente manta. Miró conmocionado su tobillo, que tan solo de ver el color ya le daban a cualquiera ganas de vomitar. Lo más inteligente sería no forzar su pie.
—¿Severus?— la voz de Amal se pudo escuchar desde el otro lado de la puerta. Por un segundo, tuvo el impulso de ir hacia él, pero tal como tenía el pie, era mejor no hacerlo.
La puerta se abrió, dejando entre ver la silueta de Amal.
—¿Te molesto si doy la luz?— pese a la oscuridad que había, la suave luz que emanaban las falsas estrellas era suficiente para poder ver que Severus negaba con la cabeza.
Al prender la luz, desapareció por completo las constelaciones… pero lo que si hizo que se sorprendiera fue ver el cambio tan radical que había echo el mecánico con sus ropas. Lejos de ponerse las típicas camisetas holgadas y los pantalones usados que daban ganas de tirarlos. Ahora se habían vuelto en ropas totalmente elegantes.
No era nada del otro mundo, llevaba un simple jersey negro de cuello alto y unos simples pantalones negros bien planchados. Pero de alguna forma el cambio tan drástico resultaba irremediablemente impactante. Y aquellas ropas negras enmarcaba su figura de una manera sobria y austera. Ya de por si era alto, pero aquella ropa, daba la sensación de alguien distinguido, las mangas del jersey resaltando sus delgados brazos pero de una forma refinada. Los pantalones de tela negra ajustándose lo necesario en sus piernas. Los zapatos de cuero negros, haciéndolo parecer un mago de pura sangre, los guantes de cuero del mismo color y el pelo, que siempre iba despeinado lo había cambiado por uno mas acorde a su ropaje. Estaba echado hacia atrás, dejando a la vista todo su rostro. Aquel simple cambio, había conseguido que incluso su cicatriz, resultara aún más amenazadora. Incluso, en su mente, no pudo pensar que hasta un mortífago temblaría ente su mera presencia.
Cuanto poder.
—¿Ocurre algo?— la forma en la que Amal había echo la pregunta era tan inocente que le resultaba difícil de comprender porque Severus tenía esa expresión de sorpresa en la cara.
—Estás... diferente—dijo finalmente tras un largo e incómodo silencio.
Amal lo miró con cierta inquietud.
—Bueno...— el moreno se rascó la nuca con cierto nerviosismo— digamos que e decidido poner las cartas sobre la mesa—No entendió a que se refería con eso, pero tampoco preguntó. Amal se acercó a la cama y frunció en ceño.—deberías de estar tumbado, y por favor no trates de pisar, podría ser fatal para tí.
—¿Que hora es?— preguntó Severus.
Amal se quedó pensativo y rebuscó en su bolsillo. Sacó un pequeño reloj de cadena y entrecerró los ojos con un evidente cansancio.
—Las cinco y media de la mañana—bostezó con claro sueño.
Aquello debía de ser una broma ¿entonces porque diantres Amal estaba despierto?, y más importante ¿porque estaba vestido así por el castillo por la noche?… A esas horas.
—¿Que haces despiertos y vestido así en mitad de la noche?
El moreno ladeó la cabeza como un perro.
—Estuve hablando con el viejo, como se llamaba… —Amal trató de hacer memoria inútilmente— Angus... no, Arthur... Argus…
—¿Albus Dumbledore?
—¡El mismo!—exclamó Amal.
Severus trató de no tener en cuenta de que el moreno era incapaz de acordarse del nombre del mago que le dio el trabajo como mecánico.
—El caso es que fuí a hablar con él, le pedí que te diera una excedencia de varias semanas. Las heridas que tienes tardan en curarse y la enfermera no tenía mucha idea de como curar heridas de este tipo… en fín—suspiró mientras empezaba a rebuscar, lo que Severus supuso que serian pociones— Que el viejo, quería hacer como si nada hubiese ocurrido, pero yo no estaba de acuerdo. Así que le dije: "Viejo, creo que un bombazo como este caso sería mala fama para el colegio, si no quieres ser el centro de atención de la prensa vas a tener que escuchar mi petición."... y así... no se porque, pero le noté enfadado... a saber porque sera.—musitó el moreno encogiéndose de hombros.
Severus no podía terminar de creer lo que estaba escuchando, Amal estaba como una verdadera regadera.
—¿Eres consciente de que acababas de chantajear al mago mas poderoso de este siglo?—interrogó el Slytherin con incredulidad.
Amal lo miró por unos segundos, como si el hecho de que se lo dijeran fuera una verdadera sorpresa.
—Hombre, pensándolo así...—la expresión de pura mansedumbre se fue tornando a una más asustada, al darse cuenta de que en efecto, eso había sido un chantaje— no iré a cárcel por esto ¿no?
Severus quería darse una palmada contra la cara. Por el amor de Merlín, no sabía si ese chico era increíblemente estúpido o si era un condenado genio... puede que un poco de ambas cosas. Trataba de procesar en su mente, que un simple muggle había chantajeado inconsciente a ese mago que luchó contra Grindelwall (al que derrotó). Wow, eso era digno de recordar. Por un lado tampoco le sorprendía que el director quisiera tapar algo como eso, si durante siete largos años lo había echo... ¿porque no seguir haciéndolo?
—¿Hay algo que te moleste?— preguntó de repente el mecánico al ver el rostro inescrutable del Slytherin.
La verdad era que sí. Severus se mosqueó, Amal estaba actuando de forma normal. No sabía del todo como una persona tenía que actuar bajo esas circunstancias pero... Era como... si el beso jamas hubiese existido. Y aquello lo estaba molestando.
—¿Podrías acercarte?
Amal no entendía nada, ni el porque ese cambio tan brusco de humor. Pese a tener esas dudas rondando en su cabeza obedeció el mandato de Severus.
—¿Te duele el cuello? ¿necesitas que acomode...?—no llegó a terminar la frase por el simple echo de que el Slytherin había tirado del brazo lanzándolo contra un lado de la cama. Severus, ignorando el fuerte dolor que sentía por todo su cuerpo se puso encima del moreno. Apoyó sus maltratados brazos a cada lado de la cabeza de Amal, denegándole cualquier huida. Muy bien sabía que si el moreno si quería, podía escapar. Pero tal como tenía el joven Slytherin los brazos, sabía con certeza que no lo tocaría e insluso, no se movería de su sitio.
Severus se inclinó para besarlo. Lamió sus labios, y sin permiso alguno entró en la boca de Amal con cierta desesperación. No dejándole ni un solo segundo para que recobrara cualquier pensamiento coherente. Dejó que sus dientes mordieran con cierta violencia los labios del moreno, casi como si quisiera hacerle daño con la mera intención de hacerle ver que sus sentimientos eran reales. No había respuesta alguna en Amal y aquello lo estaba alarmando ¿acaso había sido un sueño? ¿una simple alucinación?, ¿acaso esas maravillosas sensaciones, habían sido producto de su cabeza?, con todos esos líos en el cabeza desaparecieron cuando sintió que le tocaban el pelo para acercarlo aún más para profundizar el beso. Aunque Amal estaba respondiendo de una forma algo más cohibido y tímido no tuvo problemas en entrelazar sus lenguas, creando un baile húmedo y diligente, cargado de un profundo romanticismo, pese a los actos torpes y desenfrenados de quellos dos chicos. Ignorando que necesitaban el aire en sus pulmones, ambos siguieron entregándose en besos calientes. Severus notaba como el oxígeno iba desapareciendo, pero no le importó, como si se tenía que desmayar el pleno frensí. Sintiendo como una agradable corriente eléctrica recorría todo su cuerpo, optó por dejar de hacer algo tan estúpido como pensar. Especialmente cuando notó que las manos del mecánico se enredaban libremente en el cabello azabache del Slytherin.
Y aquello le encantaba.
En la habitación solo se pudo oir una sola cosa.
Los casi inaudíbles gemidos de Amal hicieron eco por cada parámetro de su cerebro cuando una mano se adentró sin permiso alguno en el jersey negro, tocando con gentileza su estómago.
Severus se alejó un poco de Amal. Viendo como el moreno cerraba los ojos, dejándose llevar por las sensaciones. Severus sintió algo similar. Su propia magia se estaba liberando de su cuerpo, envolviendo a ambos en una extraña sensación de placer.
Era todo lo que podía desear. Pese a la piel arcillosa del chico, se podía notar perfectamente el fuerte rubor que tenía en sus mejillas, haciéndolo totalmente deseable. Sus ojos naranjas, humedeciéndose a medida que pasaban los segundos. Hacía que Severus tuviera que forzarse a si mismo en no perder los estribos. Aquella imagen, aquel cúmulo de sensaciones... ¿era Amal consciente de lo que le provocaba? De algún modo, el quería mas, quería tocarlo más, quería hacerle gritar, quería… quería… ¿pero qué? ¿porque a pesar de estar tocándolo quería llegar aún más profundo? Sentía que quería algo más... ¿pero el qué? Severus dejó de pensar, cuanto más pensaba, más tiempo perdía. Le quitó el jersey y la camiseta. Quedándose estático, mirándolo fijamente.
Las heridas que abarcaba el cuerpo del moreno eran desagradables. Las hendiduras que tenía en la piel, las quemaduras que lo habían derretido como si fuera de cera. Esos aberrantes cortes que hacían que a cualquiera se le revolviera el estómago. Sin embargo, se sintió tranquilo. Aquellas heridas lo hacían hermoso a su manera. Era igual que él. Un caballo herido, acostumbrado a las batallas de aquellas bestias que se hacían llamar hombres.
Severus miró por unos largos segundos los ojos naranjas del moreno… cielo santo, ahora entendía aquel dicho que la mirada era las puertas del alma… cuantas emociones abarcaba ese extraño chico.
Las manos del Slytherin empezaron a navegar por su cuerpo, demostrando a Amal el poco interés que tenía hacia sus cicatrices. Dejó que las yemas de sus dedos pasearan libremente por sus heridas, un baile en honor a un rey. Un vals para hacer de algo tan grotesco como un maltrato algo hermoso y bello. Como quién encuentra la belleza en lo feo. Como quien teme a la muerte y se enamora de ella. Severus se inclinó para volver a besarlo, pasando su lengua por sus labios. Tan… caliente, casi se podía quemar por el hecho de besarlo, sin embargo, pese a esa sensación logró provocar que Amal intentara inútilmente acallar sus gemidos. Algo orgulloso, mordió con algo de fuerza el labio inferior del chico.
Eso era lo que el quería, que Amal fuera el único al que le podía otorgar esos sentimientos y gemidos. Solo él podía ser testigo de ellos, nadie mas que él.
Con la mirada de un lobo hambriento empezó a morder su cuello, mientras le iba bajando poco a poco los pantalones.
Estaba seguro de que no era el único al que le dolían la entrepierna.
Sentía una extraña sensación en el pecho, como un potro salvaje corriendo por primera vez después de años en cautiverio. Como si volviera a respirar. Una extraña sensación que hasta tratar de describirlo con las palabras resultaría un insulto para esa sensación.
Sin embargo, hubo algo que lo paró, algo que lo dejó totalmente estático. Como si ese mismo potro se diera cuenta de que tenía una soga en el cuello, que al fin y al cabo, seguía atado a aquella estaca que tantos años le quitó.
No entendía el porqué, pero la cabellera de Lily apareció como una bala en su cabeza ¿porque le pasaba eso? ¿no podía ni siquiera deshacerse de ella cuando empezaba a ser feliz? Al mirar a Amal expectante ante toda la situación que el había creado se quedó inmóvil, casi con miedo a decepcionarle, no solo a él, si no así mismo. Ya le había bajado ligeramente los pantalones... pero no se atrevía a ir más allá de eso. Amal no se lo merecía y menos aún, si todavía había rastros de los recuerdos de Evans.
Amal lo miró sorprendido por unos segundos, pero al entender que fue lo que le había echo pararse rió suavemente desconcertando al Slytherin.
—No te preocupes por esto, sabrás cómo hacerlo cuando llegue el momento— dijo el moreno mientras sonreía aún mas por el desconcierto de Severus.
Si alguien viera, el modo en que se humanizó la mirada del Slytjerin muchos habrían creído de la situación un simple y bien trabajado engaño.
El modo en que Amal lo consolaba, el modo en que aquel chico era capaz de entenderle sin tan siquiera decir una sola palabra. El modo en que entendía el lenguaje de sus miradas. La forma… la forma en que sentía que lo mimaba con sus actos, cargado de un profundo romanticismo. Como si fuera el bálsamo absoluto para su alma. El modo en que lo desnudaba de una forma tierna y gentil.
Era como si el fuese un jarrón de valor incalculable y lo hubiesen tirado por otro, aún con sus añicos, que no valían nada. Amal vino a él como un restaurador y con paciencia, ternura y entrega había pegado cada parte que le habían roto. Esa sensación, la notó.
Se sentía tan amado.
—¿No te importa esperar?
Amal lo miró con tanto cariño, que hizo que el corazón de Severus se le paralizara por un momento.
—Cualquier cosa que hagas estará bien para mi.
Aquellas palabras, aquellas simples palabras fueron suficiente para entender que Amal era alguien muy especial, y que por ello, había que cuidarlo y mantenerlo a su lado.
Tal vez era eso, el echo de que Amal siempre iba dos pasos por delante. Siempre preocupándose por él, siempre poniéndole a él primero, mimándolo a su manera, demostrándole la importancia que tenía. Diablos, no podía contra él. Jamás se habían preocupado de esa forma, jamás le habían prestado tanta atención.
Amal lo trataba con el respeto que merecía.
—¿Dije algo raro?
Severus negó con la cabeza. Le gustaba. No, era algo más profundo que ni el mismo se atrevía a mirar, esa era la realidad. Resultaba irónico, pero por alguna razón, estar con Amal. Darle esos besos, esas caricias... le resultaba natural, era como si el propio cuerpo le exigía estar con él.
Sin embargo, también tenía miedo. Ya le habían hecho mucho daño. Lily se había encargado de demostrárselo mintiendo sobre él y destrozando la amistad que tenían. James la alejo de él, cambiando totalmente su personalidad, y esta vez, no iba a permitir que volviera a pasar lo mismo.
—¿Que significo para ti?—Aquella pregunta le tomó desprevenido al moreno, que se enderezó de la cama con clara sorpresa en su cara.
Amal lo sujetó del brazo con firmeza.
—Tú logras calmar esos demonios internos que tengo—hizo una breve pausa, mirando intensamente a los ojos de negros de Severus— Tu presencia me da la paz que tanto anhelaba buscar.—cogió la muñeca del Slytherin y se la llevo a su rostro, envolviéndose en ella. Casi como si fuera su último aliento de oxígeno—simplemente tu mera existencia me resulta necesaria para vivir.
La forma en la que lo miraba, como si el realmente fuera su vivir, como si en verdad fuera su oxígeno. Como la inspiración necesaria de Beatriz a Dante. Como un pintor y sus obras. Como Shakespeare y sus novelas. Como el escritor y su imaginación. Aquello lo paralizó ¿Los sentimientos de Amal eran reales? Desde luego, aquello era una declaración en toda regla. Severus miró fijamente a los ojos naranjas del moreno, era imposible no perderse en esos remolinos hipnotizantes de fuego. Sabía que decía la verdad, sus ojos eran cristalinos como sus intenciones. Y la verdad fuera dicha, le gusto oír aquello, sabía a ciencia cierta que Amal no era de decir palabras bonitas y no cumplirlas... mas bien era todo lo contrario.
Severus no supo decir, era uno de esos momentos en los que se había quedado sin habla.
—Soy consciente de que todavía estas enamorado de esa chica.—Para su desgracia, no pudo negarse. Era verdad, todavía estaba enamorado de Lily. Pero no de la forma que el creía. Y quería hacérselo entender.
—No es como tu… —
—Te enamoraste de lo que ella te hizo creer, te enamoraste de su falsa personalidad...—habló con tranquilidad y con seguridad— se que tardaras en deshacerte de todo los sentimientos que ella te introdujo...—vio un atisbo similar a la culpabilidad en los ojos negros de Severus— pero no te preocupes, te esperare.
¿Porque tenía esa mezcla tan agridulce en sus venas? Ese chico era consciente de lo que pasaba por su cabeza, de sus sentimientos, pese haber sido él quién empezó todo y sin embargo, ahí estaba él. Diciéndole que no pasaba nada porque tuviera todavía sentimientos hacia la pelirroja. Diciéndole que lo esperaría complacientemente.
Como un perro fiel.
Irónicamente aquel insulto resultó ser más realista de lo que el había llegado a imaginar.
Severus tenía la mirada perdida. ¿que tenía que hacer para tenerlo a su lado? ¿que tenía que hacer para no perderlo? Dejó que su cabeza se apoyara en el hombro de Amal.
Se aborrecía a si mismo por tener todavía esos desagradables sentimientos hacia Lily, quería arrancárselos y poder estar libremente con Amal. Quería besarlo cuantas veces quisiera sin que la pelirroja viniera a su mente. Amal no se merecía estar con alguien que no se había desprendido de ese tipo de recuerdos.
Pese a ello, el mejor consuelo fue recibir los cálidos brazos de Amal rodeándole la espalda y atrayéndolo hacia él, y tumbándolo a un lado de la cama con cuidado.
—¿No te lo e dicho? esperaré todo lo que haga falta. No te presiones, algo como eso lleva su tiempo.—dijo con lentitud— yo estaré ahí para lo que necesites y por favor, recuerda esto...—dio un casto beso en la cabeza del chico— No tienes la culpa.
Severus negó con la cabeza, si, ya lo había podido observar con sus propios ojos. Pero por un lado no podía evitar tener ese pensamiento en la cabeza.
—¿Porque no vas a dormir?,— la expresión de Amal era prácticamente una de pura sorpresa—no es como si tuvieras que arreglar algo.
El moreno frunció en morro, quedándose pensativo.
—Bueno, tendré que irme sobre el medio día,.
—¿Y eso?—interrogó el muchacho.
Amal sonrió de oreja o oreja, demostrando un brillo absoluto de felicidad en sus ojos.
—E hecho un experimento, y quiero ver como va—dió una ancha sonrisa a Severus— digamos que quiero probar una nueva cerradura en los baños, además a esa hora en cuando menos gentío hay. —dijo aquello último con un repentino bostezo.
—¿Y no sería mejor, dormir hasta esa hora?
Amal asintió con la cabeza.
—Si, la verdad es que tienes razón— el moreno estiro sus músculos, mientras soltaba un suspiro contenido.—por alguna razón estoy agotadísimo.
Severus miró atentamente todos los movimientos de Amal, pese a ser de complexión delgada, estaba seguro que no tendría problemas en derribar a cualquier alumno de Hogwarts.
Amal se levantó de la cama.
—¿ A donde vas?
—Mmm, a dormir en el sofá.—respondió como si fuera lo más obvio del mundo.
Severus enarcó una ceja. No sabía como decirle que no quería que se marchara de la habitación. Aunque, él moreno supo descifrar que era lo que quería… como siempre.
—Si no duermo contigo es porque quiero dejar tu espacio personal, no soy quien para invadirlo... Quiero que te sientas libre y cómodo, no quiero que te fuerces en hacer algo que no deseas.—Una vez más, Amal le demostraba lo especial que era. Siempre pensando en como estaría en su lugar, siempre pensando en su comodidad a costa de la suya—te pregunto esto ahora, ¿Quieres que me quede contigo? Independientemente de la respuesta no me ofenderé con ninguna de ellas.
Severus se quedó en silencio, pero sus ojos pedían a voz en grito; "Quédate".
No fue necesario nada más. Amal sonrió con esa expresión pacifica de costumbre, abrió la cama y se metió en ella. Severus mantuvo ese rostro inescrutable, pero el tener ahí a Amal de alguna forma lo reconfortaba, se sentía a su manera protegido. Tenía la sensación de que las pesadillas no vovlerían. Era cálido, todo en el era así. Pese a ser de mundos completamente diferentes, de alguna forma se entendían como individuos. Y también, dormir con el moreno, le aseguraba dulces sueños. Sin pesadillas, sin recuerdos.
Sin dolor.
