*Gracias por el apoyo que he recibido, casi no contesto mensajes porque soy bastante torpe en esto, aún así estoy infinitamente agradecida.
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NO TODO ES COMO SE PINTA
—Capítulo 21—
Smoker apagó los dos puros que traía entre los labios antes de entrar en el enorme edificio departamental. Miró su reloj un poco molesto por la hora, todavía faltaba mucho para que amaneciera; sin embargo, la curiosidad lo había llevado hasta ahí.
Hacía menos de una hora que había recibido una misteriosa llamada por parte de un hombre que se negó a identificarse. Le hubiera colgado el teléfono sin pensarlo de no ser porque mencionó algo interesante «tengo información sobre Joker», habían sido las palabras que lo convencieron de seguir escuchando.
Desde la muerte del sargento Momonga, nadie más se había atrevido a mencionar siquiera a ese hombre. Actualmente era considerado tan sólo un mito dentro de la comisaría, pero Smoker estaba seguro que era completamente real. Su antiguo jefe y un colega ya fallecido de nombre Rocinante habían dedicado mucho tiempo a una investigación que misteriosamente fue cerrada de un día para otro por alguien en los altos rangos.
Smoker siempre había deseado esclarecer aquella extraña situación, y su ambición creció de sobremanera cuando se enteró que su mentor, Momonga, había muerto de un extraño ataque cardiaco pese a tener una salud perfecta.
Tomó el elevador hasta el piso diez, justo como le había indicado el desconocido por teléfono. «Por favor, dele un vistazo a lo que sucedió dentro de ese departamento, verá que hay algo más oculto…» Cuando llegó se encontró con varios policías de su mismo cuartel acordonando el sitio.
—Vaya, ¿qué haces por aquí, Smoker? Tú perteneces a homicidios, no tienes nada que ver aquí —el aludido clavó su ceñuda mirada en un detective que siempre usaba lentes oscuros y un chupete entre los labios, si mal no recordaba, le apodaban Señor Pink o algo así,
—¿qué sucedió? —preguntó con una voz autoritaria,
—una jovencita intentó suicidarse, la encontraron hace poco más de una hora, estaba casi muerta y con hipotermia. Ahora está en el hospital, no hay más que contar.
Smoker no era ningún idiota, podía ver en el rostro de aquel detective la premura por echarlo del departamento; esto, en vez de desalentarlo, acrecentó su curiosidad,
—¿de quién se trata? —el hombre regordete abrió su libreta para revisar,
—su nombre es Perona, parece ser que vivía sola y por lo que pude averiguar no tiene familiares a quienes contactar,
—¿entonces quién la encontró? —el detective del chupete chasqueó la lengua, no le gustaba que le preguntara tanto al respecto,
—era una empleada de Dracule Mihawk, quien le había puesto un guardaespaldas. Fue ese chico quien llamó a la policía.
Smoker abrió los ojos con sorpresa, así que no se trataba de una muchacha cualquiera. Se acercó un poco más para leer aquellas notas, la simple mención del acaudalado empresario ya encerraba bastantes sospechas,
—déjame pasar —el Señor Pink pareció dudar unos instantes, pero sabiendo que Smoker tenía un rango mayor al de él, no le quedó de otra más que hacerse a un lado.
Por dentro el departamento estaba impecable, no había ningún objeto tirado o roto. A su alrededor había un buen número de fotografías de la joven con varios amigos y personas famosas, tenía varios artículos de revista enmarcados donde se elogiaba su estilo y una más donde, al lado de Dracule Mihawk, aparecía en la inauguración de un enorme centro comercial. «Así que una empleada», pensó el detective. Al parecer esa mujer tenía un rango importante.
Avanzó hasta el baño donde habían encontrado a Perona, ahí había un par de policías que al parecer estaban entretenidos con una amena plática. Al verlo entrar callaron completamente, a pesar de ser novatos conocían la fama de aquel rudo detective.
—¿A qué hora aproximada pasó el incidente? —preguntó Smoker mientras se colocaba un guante y se acercaba a la tina que seguía llena de agua mezclada con sangre,
—hace dos horas a lo mucho, si hubieran tardado más en encontrarla se habría desangrado completamente —el detective sumergió levemente sus dedos en la tina para sentir la temperatura.
Estaba helada.
Miró hacia los espejos y paredes, no había rastros de humedad que indicaran que en algún momento el agua había estado caliente. «Esta chica decidió suicidarse en agua fría». Era extraño, normalmente los suicidas que recurrían a ese tipo de muerte acostumbraban a mantener el agua caliente para aminorar el dolor y acelerar la pérdida de sangre. Al parecer la temperatura, y la hipotermia causada por la misma, le habían salvado la vida.
Se agachó para observar el fondo de la tina y luego buscó también en el suelo—¿con qué se abrió las venas? —preguntó.
Los otros policías comenzaron a mirarse entre ellos, confundidos. Smoker frunció el ceño, o los agentes que estaban ahí eran demasiado estúpidos o simplemente fingían que estaban trabajando,
—si esta chica se cortó las venas, seguramente se hirió los tendones, el objeto con el que se infligió el daño tendría que haber caído cerca del cuerpo —aclaró,
—no hemos encontrado nada —exclamó un novato que traía una cámara consigo, la verdad es que ni siquiera se habían percatado de la falta del arma. Smoker miró de reojo hacia la puerta donde estaba el Señor Pink, que no le quitaba los ojos de encima atento a cada una de sus preguntas.
Se acercó a él, sacó sus dos puros y los encendió. El humo que exhaló fue a parar al rostro del regordete detective, quien comenzó a toser,
—tenías razón, en este sitio no hay nada que ver —pasó a su lado con un leve empujón y abandonó el departamento. Estaba seguro de que esa escena ya había sido "limpiada" antes de que él llegara.
Consultó nuevamente su reloj, esa misma mañana había quedado de verse con el desconocido que le había llamado.
Después de su cita podría hacerse un tiempo para ir a ver a la joven suicida al hospital y obtener algo de información que resultara relevante.
• • •
Mihawk frotó sus sienes con ambas manos, llevaba toda la noche sin dormir.
—Tome, esto le hará bien —Hina le extendió un vaso de café que había obtenido de una máquina expendedora, el hombre lo tomó con ambas manos y agradeció. No obstante, volvió a hundirse en sus pensamientos sin darle siquiera el primer sorbo a la bebida.
Todavía no podía asimilar lo que estaba sucediendo. Por un lado Zoro había recibido un balazo; y por el otro, Perona había intentado quitarse la vida. La simple idea de imaginarse a su asistente hacer tal cosa le parecía imposible. Llevaba ya varios años trabajando con ella, siempre le había parecido una mujer fuerte y ambiciosa.
Tan sólo un par de horas atrás Hina se había comunicado con él para darle la terrible noticia. Mihawk contactó en seguida a la policía argumentando que había algo detrás de aquel supuesto suicidio; sin embargo, parecieron no tomarlo muy en serio. Aquella reacción le había hervido la sangre, fue cuando tomó la decisión de llamar al detective Smoker y pedirle que revisara el caso. Había sido un movimiento arriesgado, pero al parecer lo había convencido de ayudarlo.
En cuanto lo pudiera ver en persona pensaba explicarle con todo detalle lo que sucedía. Debía moverse rápido, antes de que Donquixote sacara su siguiente carta.
…
Un pequeño médico que más parecía un reno se acercó a él con el semblante serio. Mihawk se puso de pie en seguida —¿cómo está Perona? —preguntó inmediatamente,
—sigue con vida, lamentablemente perdió demasiada sangre… eso, sumado a la hipotermia que traía, la ha dejado en un estado de coma. Por ahora no sabemos cuánto tiempo tardará en recuperarse, hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos —el hombre de los ojos amarillos se dejó caer nuevamente sobre el sillón y pasó una de sus manos por su negra cabellera acomodando los mechones que se habían salido de control.
—Entiendo —fue lo único que salió entre sus labios,
—la trasladaremos al cuarto que ordenó para ella, ¿tiene algún familiar a quien debamos notificarle? —Mihawk negó con la cabeza,
—yo me encargaré de todo.
El hombre de los ojos amarillos abandonó su café en la mesita de al lado y se dispuso a esperar dentro de la habitación de Zoro. Había pedido que trasladaran a Perona al cuarto contiguo y desde ahí, poder estar pendiente de ambos. «Pobre chica», pensó para sí. A comparación de Zoro, no había nadie más que se preocupara por ella.
• • •
Zoro despertó temprano, tras haber pasado un buen rato de la noche anterior transcribiendo palabras de Corazón para Law, había caído agotado. Al voltear hacia su derecha no pudo evitar sonreír. Mihawk se había quedado dormido en el sillón de al lado. «¿A qué hora regresó?» había dormido tan profundo que no tenía la menor idea. Se incorporó ligeramente para observarlo con detenimiento, a pesar de que el mayor se veía sereno mantenía el ceño levemente fruncido. «Continúa preocupado», pensó. En cuanto saliera de aquel hospital buscaría la manera de ayudarlo a relajarse un poco… un masaje tal vez… un poco de tiempo a solas…
—ayúdenme… —la voz de una mujer lo alertó de pronto, se concentró en escuchar unos suaves sollozos que provenían de fuera —¡no entiendo nada!, ayúdenme.
Zoro miró a Mihawk, quien al parecer estaba tan cansado que no lograba escucharla. La voz le sonaba familiar, así que decidió ponerse en pie. Sintió un fuerte dolor sobre su muslo, pero asiendo el suero que traía conectado a manera de bastón no tuvo problema para avanzar hacia la puerta.
El pasillo se encontraba prácticamente vacío, sólo los guardias de seguridad se mantenían cerca por instrucciones de Hina, aunque conservaban una distancia prudente. Ellos tampoco parecían escuchar la voz de la joven. Lo vieron salir, pero no se movieron de su sitio.
Se acercó a la puerta del cuarto de al lado y llamó con suavidad, al parecer la mujer lloraba con tal desespero que no prestó atención, finalmente se decidió a abrir y entrar sin permiso.
Su expresión se llenó de pánico cuando encontró a Perona metida en una cama. Se acercó lo más rápido que pudo, le habló bajito, pero no tardó en darse cuenta que se encontraba inconsciente. Los aparatos a los que estaba conectada marcaban un pulso bajo, al menos estaba con vida —si tú estás aquí, ¿quién estaba llorando?
Detrás de él sintió que algo se movía y giró rápidamente la cabeza.
Retrocedió un par de pasos por la impresión, el suero que sujetaba con su mano se enredó entre los cables que pasaban por el piso y terminó en el suelo. Se talló el ojo bueno intentando comprender lo que estaba frente a él.
Había a otra Perona flotando cerca del techo,
—Zoro…
La joven lo miró con los ojos llenos de lágrimas que enjugaba una y otra vez con las mangas de su camisa —Zoro… ¿acaso tú sí puedes verme?
El peli verde no contestó enseguida, había algo muy peculiar en ella, miró nuevamente el cuerpo que tenía detrás de él. La joven seguía con vida —no comprendo —exclamó.
Perona se aventó hacia él en un intento de abrazarlo pero traspasó su cuerpo sin querer. —¡Ayúdame!, ¡no sé qué está pasando! —agarró su hermoso cabello con ambas manos tirando de él, encogió sus piernas en posición fetal y metió el rostro entre ellas—, ¡no estoy muerta, no puedo estarlo!
Zoro tardó unos instantes en reaccionar —escucha, no te preocupes, encontraremos la solución a ésto —agregó finalmente.
Durante toda su vida había visto un sinnúmero de fantasmas, pero jamás uno como ése. Perona flotaba en el aire en vez de caminar como el resto, además de que su espectro no irradiaba el frío característico de los muertos,
—¿qué te sucedió?, Perona, ¿por qué estás aquí?
La joven comenzó a llorar de nuevo y se acercó hasta su cuerpo. Verse a sí misma le causaba terror, quiso tocar su propio ser, pero sus dedos traspasaron la materia. —Hace rato me percaté de que estaba mirando mi propio cuerpo desde fuera, escuché que le decían al Señor Dracule que había intentado suicidarme —paseó sus dedos cerca de las vendas que cubrían sus heridas—, todo es mentira, yo jamás haría algo como eso,
—¿acaso fue Doflamingo? —preguntó el peli verde apretando los puños, la joven movió la cabeza en forma negativa,
—fue Kuro, el antiguo mayordomo de la mansión —Zoro se sorprendió al escuchar eso, recordó que hace tiempo Tashigi le había relatado la historia de aquel tipo; de cómo había intentado abusar de Conis y de la lucha que Perona y ella habían armado en un intento por ayudarla. Finalmente había sido el cocinero quien le dio una paliza y lo mandó a la cárcel.
—Se supone que estaba preso —continuó el espectro de Perona—. Cuando entré en el departamento ya me estaba esperando... intentó… abusar de mí y fue cuando logré reconocerlo —rodeó sus propios brazos estremeciéndose al recordar las manos de aquel maldito sobre su cuerpo—. Después él… me tomó del cuello… y es lo último que recuerdo.
Zoro apretó los dientes —sabes si él…
—por lo que escuché del médico que me atendió no pasó nada más —lo interrumpió la mujer a sabiendas de lo que iba a preguntar.
El peli verde se cruzó de brazos analizando sus palabras —es demasiada coincidencia que él apareciera de repente ¿no lo crees? —la joven meneó la cabeza en forma afirmativa.
Ese ataque sonaba de lo más extraño, ¿por qué ese hombre se había centrado únicamente en Perona? Y quién dejó libre a aquel monstruo. En definitiva había alguien detrás moviendo los hilos.
—¿Por qué a mí? —preguntó la chica clavando su triste mirada sobre su compañero,
—eso tenemos qué averiguarlo, por ahora, mantente en silencio y quédate aquí —Perona lo miró con sorpresa al escuchar aquellas palabras,
—¿que me quede aquí? ¿Qué piensas que voy a hacer en lo que regresas?—Zoro la miró desconcertado, así que su espectro era consciente del paso del tiempo, no como los demás fantasmas. Eso complicaría bastante las cosas,
—sólo esfúmate y ya —exclamó—, desaparece por un tiempo —la joven lo miró de mala manera,
—claro, como si pudiera hacer eso, ¿no quieres también que vaya hacia la luz?, ¡entiende!, ¡no estoy muerta!
Zoro se rascó la cabeza con molestia, ¿acaso ella jamás desaparecería? La simple idea de imaginarse el resto de su vida con Perona dándole vueltas lo estremeció de repente.
—Escucha, yo no sé lo que te está pasando, pero conozco alguien que nos puede ayudar, en cuanto me den de alta prometo llevarte con él... —el espíritu pareció sentir cierto alivio al escuchar sus palabras—, por ahora mantente en silencio, no puedo ir por ahí hablando con un fantasma,
—¡ya te dije que no estoy muerta, pedazo de imbécil! —Zoro soltó un suspiro y retomó el camino de regreso a su propio cuarto, la joven comenzó a revolotear a su alrededor provocándole un tic en el ojo, ¿acaso lo perseguiría por el resto de sus días? No tenía idea.
Al entrar en su habitación intentó hacer el menor ruido posible, sin embargo fue suficiente para que Mihawk abriera los ojos,
—Zoro, ¿qué haces levantado? —el mayor se acercó rápidamente hasta él y lo tomó con suavidad de la cintura para ayudarlo a regresar a la cama. Perona ladeó ligeramente la cabeza al mirar aquel contacto,
—¿desde cuándo el jefe te habla con tanta familiaridad? —Zoro no le respondió, simplemente decidió fingir que no podía escucharla,
—vengo de ver a Perona —le explicó al mayor—, acabo de enterarme de su situación.
El hombre de los ojos amarillos tomó asiento frente a él para explicarle las cosas que sabía. Zoro tuvo que hacer un gran esfuerzo para poner atención, ya que el espíritu de Perona no dejaba de repetir una y otra vez que todo era mentira y que había sido obra del maldito de Kuro.
—Trafalgar y yo nos reuniremos en unas horas con el detective Smoker, no quiero que te preocupes de más, esta vez tomaremos todas las precauciones posibles.
El joven bajó la mirada, gracias a la manera tan confiada con la que se había movido ahora tenía que quedarse ahí, sin poder ser de mucha ayuda. Mihawk lo tomó de la barbilla para encarar su rostro y lo besó. Zoro respondió gustoso a aquel contacto hasta que una exclamación de asombro rompió el encanto,
—¡tú y el jefe! ¡no puedo creerlo! —Perona comenzó a flotar alrededor de ambos sin poder asimilar lo que miraba. Zoro se separó de repente,
—¿todo bien? —preguntó el mayor intrigado por su repentino rechazo,
—sí, es sólo que… creo que necesito dormir otro poco —el hombre de los ojos amarillos le regaló una última caricia en el rostro,
—descansa, pasaré a ver a Perona antes de irme —el peli verde soltó un suspiro pesado al verlo partir. Lo que más deseaba era pasar tiempo a solas con él, pero con la molesta mujer dándole vueltas sería imposible.
—Ahora que ya puedes hablar con confianza… ¡cuéntamelo todo! —demandó el espíritu,
—jamás —Zoro se acostó sobre su cama, le dio la espalda y se dispuso a dormir,
—vamos, ¡cuéntamelo! ¡no seas así conmigo! ¡Zoro!, ¡hazme caso! ¡Zoro!...
El aludido se echó la sábana sobre el rostro e intentó tapar sus oídos. Debía llevarla con Basil lo más pronto posible, estaba seguro de que no aguantaría mucho tiempo con aquella molesta mujer hablándole todo el tiempo.
• • •
—Nami, en serio, no es necesario, ya me siento mejor —Usopp, quien tenía medio cuerpo vendado desde que Hina lo había atropellado, se encontraba en el hospital central. Su compañera había insistido en llevarlo para una "revisión exhaustiva" no comprendía muy bien su repentino interés por su salud, dado que el día del accidente lo había abandonado a su suerte. La reportera empujaba la silla de ruedas mientras miraba a su alrededor en todas direcciones,
—¡vamos Usopp!, quiero estar segura de que te encuentras bien —le acomodó un par de palmadas fuertes en el cuerpo provocándole un intenso dolor—. Además… nuestro objetivo se encuentra en este hospital, ¿no te has enterado? Hay dos trabajadores de Dracule Mihawk internados aquí.
El pobre camarógrafo entrecerró los ojos, así que todos aquellos cuidados eran sólo una pantalla para poder colarse en las instalaciones. —Eres una maldita sin corazón ¿lo sabes? —La Gata Ladrona le cerró un ojo y le sacó la lengua, no era la primera ni la última persona que se lo decía,
—llegamos —tocó la puerta del laboratorio de rayos X y abandonó al joven afuera—, si preguntan, fui al baño, ¿de acuerdo?, te he mandado a sacar placas de casi todo el cuerpo así que sé paciente, estarás aquí por un largo rato…
Antes de que Usopp pudiera recriminarle aquel comportamiento, la reportera desapareció de su vista —debo conseguir otro trabajo —soltó con resignación. En definitiva esa mujer lograría matarlo un día de éstos.
Nami se metió a un almacén y robó un uniforme de enfermera, escondió sus cosas en un rincón y tomó las escaleras de emergencia hasta llegar al piso donde, según sus informantes, estaban los cuartos de los jóvenes. Abrió la puerta, al parecer no había nadie cerca. No había dado más de diez pasos sobre aquel largo pasillo cuando una voz detrás de ella la sorprendió de repente,
—¿qué haces aquí? ¿No sabes que el área está restringida temporalmente?
Al voltear su rostro se llenó de pánico, la persona que le hablaba era la mismísima Hina. —Pe… perdone, soy nueva y no estaba enterada… ¡pero ya me voy! —la jefa de seguridad pegó su brazo contra la pared cortándole el avance y se acercó a su rostro escrutándola con sumo cuidado. La reportera quedó atrapada sin poder controlar el temblor que comenzaba a atacar sus rodillas, siempre había sabido como lidiar con los hombres, pero ahora ninguno de sus encantos la salvarían de ésta,
—¿por qué no puedo creer en tus palabras?— agregó la intimidante mujer—, qué te parece si bajamos con tus superiores a aclarar algunas dudas...
Nami, tragó saliva, ahora sí estaba perdida.
—Vamos Hina-ya, no deberías ser tan exigente, es sólo una pobre enfermera— Nami alcanzó a ver a un atractivo médico que acababa de llegar por el elevador, Hina lo miró con el mismo gesto intimidante, pero al parecer el médico ya la conocía. El hombre de ojos grises se acercó a la jefa de seguridad y le tocó el hombro para que se alejara un poco de la pobre "enfermera" —vete antes de que hagas enojar más a Hina —le dijo. Nami asintió con un movimiento rápido de cabeza, apretó el botón del elevador y se metió a toda prisa sin atreverse a mirar hacia atrás.
«Gracias, eres mi salvador», pensó para sus adentros. Esta vez la había librado por poco. Estaba segura de que Hina le hubiera sacado toda la verdad… y no de una manera amable. Ni hablar, tendría que esperar afuera hasta que Dracule Mihawk abandonara el hospital.
…
Tras ver a la enfermera huir, Law miró su reloj.
—Es hora —le susurró a la jefa de seguridad. La mujer hizo un gesto afirmativo y se dio la vuelta para notificarle a su jefe.
Entre más pronto partieran a su cita con el detective Smoker, mejor.
