Hola a todos nuevamente! :) Es lunes y eso significa actualización! Así que por esa razón ando aquí trayendo nuevos caps para iniciar la semana y no se me aburran demasiado XD Aunque sé que la cosa está yendo lenta y media patosa, pero bueno, se debe desarrollar la historia bien o las cosas no tendrán sentido alguno e.e En fin, espero les guste w Saludos y besos amorosos a todos! : )

Capítulo 21.- Problemas a bordo

¿Dónde podría encontrarse la blanquecina luna?¿Qué había sido de las pequeñas estrellas que sabían cómo orientar a las personas durante sus viajes?¿Por qué la oscuridad que allí imperaba solamente podía ser disipada por el fulgor amarillento que emanaban esos faroles de pared?

Mirar al cielo jamás inspiró tanta nostalgia, las nubes mismas se hundieron en la sombra y la noche tiránica propagaba su reinado por tiempo indefinido, condenando a todo ese territorio a una vida privada de sol, el azul celeste del cielo y el significado más simple de mañana.

Sin embargo, existían quienes amaban aquel mundo carente de calidez y vivos colores, que no les importaba contemplar un cielo ausente de astros luminosos; sencillamente habían renunciado a las maravillas del amanecer. Para ellos solamente existían las noches.

La simetría que acompañaba a la inmensa ciudad nunca antes había sido tan magistral, tan prolongada, tan exquisita. Es como si el que la hubiera levantado hubiera sido un obsesionado por la perfección, una que posiblemente sólo alcanzó en el instante en que trasladó esa ciudad de su mente hacia la realidad.

Las calles eran angostas, tapizadas con adoquín en tonos salmón, formando secuencias llamativas y elegantes. Las casas se hallaban distribuidas geométricamente, gozando de una arquitectura tradicional, pero no por ello les restaba encanto, sino todo lo contrario. Sus puertas eran corredizas, hechas de papel y madera, los techos estaban construidos con teja negra y el tono carmesí coloreaba cada una de las paredes exteriores de las moradas, logrando de aquel sitio algo mágico y tenebroso.

¿En dónde se encontraba la gente?¿A dónde se hallaba toda la actividad propia de una ciudad?¿Es que acaso todos preferían la luz artificial que irradiaba desde el interior de sus casas que exponerse al exterior? Tal vez el enorme silencio que existía tras sus puertas era lo que verdaderamente les aterraba más que la oscuridad misma.

No obstante, ¿qué eran esos sonidos que se percibían retumbando por la ciudad?¿Es que había quienes estaban intentando hacer algo más que recorrer aquella silenciosa ciudad?

Tres siluetas se movían de tejado en tejado, corriendo a enorme velocidad, como si escaparan de algo que sólo fuera visible para sus ojos y que fuera incapaz de producir ruido alguno. Pero su persecución habría de cesar no por decisión propia si no porque frente a esas tres mujeres se encontraban esos extraños hombres cuyos cuerpos estaban cubiertos por mantas bicolor rojo y negro mientras sus rostros y nucas estaban cubiertas por esas expresivas máscaras, donde una denotaba una inmensa alegría y la otra estaba hundida en la tragedia.

—Regresen al centro de la ciudad –ordenó el hombre de en medio de aquella formación-.

—No tenemos interés en seguir sus órdenes –dijo la pelirroja con una mirada llena de irritación que sólo podía ser trasmitida en el momento en que sus puños pudieran impactarse contra alguno de esos molestos guardias-.

Boa Sandersonia, Boa Marigold y Margaret, no poseen autorización para dejar esta isla –se escuchó bajo ellas, sobre aquella delgada callejuela-.

Durante el tiempo que llevaban allí no habían contemplado aquel rostro…Nunca una mirada como la que él poseía les había provocado curiosidad al mismo tiempo que miedo. Y no era porque luciera siquiera perverso o se mostrara intimidante, había algo en él que lo tornaba escalofriante y de cuidado.

—¡Sable-sama! –expresaron aquellos tres hombres al unísono y con enorme respeto-.

—Pueden retirarse –ordenó sin siquiera mirar a sus subordinados-.

—Está bien, Sable-sama –dijeron como último antes de abandonar la escena-.

—¡Así que tú eres el que está detrás de todo esto! –gritó enfurecida Sandersonia-.

—No creo que haya algún problema si les digo que así es –el hombre las miraba penetrantemente, sonriéndoles un poco, como si les causara sana diversión el contemplarles en tal situación-.

—¡Miserable, será mejor que nos dejes irnos de esta isla! –ordenaba vehemente Marigold- O lo lamentarás.

—Aunque lograsen derrotarme, no podrían dejar esta isla en realidad. Por lo que les sugiero que no desperdicien sus energías inútilmente y disfruten su estadía en la amada isla de Fiore –pedía con normalidad-.

—¿Fiore…? –decía pensativa Margaret- ¿Es así como se llama esa mujer que nos tendió la emboscada en la Isla de las Kujas?

—Sí, ella misma fue –agregaba sin demasiada importancia mientras empezaba a caminar sin prisa alguna- No precipiten su muerte inútilmente, sus vidas aún son valiosas para mí.

—¿Qué pretendes? –interrogó Sandersonia quien ya se encontraba tras aquel hombre con su forma híbrida de serpiente en compañía de su hermana-.

—¿Qué pretendo? Bueno, es algo complicado de describir, por eso me ahorraré el tiempo de explicárselos. Están aquí, podrán contemplarlo ustedes mismas cuando al fin esté todo listo –dijo sin apuro alguno, incluso tras observar que se encontraba rodeado entre aquellos largos y peligrosos cuerpos serpentinos-.

De nada les servía tenerlo acorralado de esa manera si no podían siquiera tocarle. Ante sus propios ojos aquel hombre había desaparecido y sólo una pequeña risa inundó el sitio. ¿Es que acaso pensaron que iba a ser tan simple atraparlo y propinarle una buena paliza?¿Por qué creyeron que las cosas marcharían tan magníficamente bien? No era momento de subestimar a nadie, mucho menos a los que conocían y dominaban a la perfección el territorio en el que se encontraban cautivas.

¿Por qué escapar?¿Por qué dejar todo al aire cuando se podía hacer más en tales circunstancias?¿Qué importaba la diferencia numérica?

Reaccionar justo a tiempo sólo para bloquear algo que ni siquiera podían ver y que sin embargo resintieron en el instante en que advirtieron ese fugaz contacto. Experimentar un avasallador espasmo en cuanto sintieron su presencia tan próxima a las de ellas que no existía manera alguna de escapar ante lo inevitable.

El humo se había levantado y un número basto de escombros destrozaron la tranquilidad y magnificencia de la ciudad. Los cuerpos de esas hermanas serpiente ahora descansaban inmóviles entre fragmentos de casas y fríos adoquines, completamente inconscientes.

—¡¿CÓMO TE HAS ATREVIDO A HACERLES ESO?! –aulló encolerizada Margaret sosteniendo con firmeza a su serpiente, tensando aquel arco más que dispuesta a dispararle-.

—Este es mi territorio, y aquí se hace lo que yo diga…

¿De qué servía un arma que ni siquiera podía ser usada siquiera?¿De qué valía ahora todo el valor reunido para encarar a aquel hombre cuando se carecían de fuerzas necesarias para respaldar semejante actitud?¿Qué podía ser ahora ella por ese par de camaradas suyas cuando su condición estaba prácticamente en igualdad?

Un apretón y un giro rápido sin misericordia alguna fue lo único que él necesito no sólo para hacerla ceder, sino también para someterla a su infame voluntad. Ese sonido crujiente fue como una suculenta obra de teatro de dos temáticas, en donde el espectador sonreía ante las escenas cómicas de la historia y el personaje vivía en carne propia los sucesos más escabrosas.

¿Compasión? Ésa era una palabra que no tenía cavidad en el diccionario personal de aquel hombre que aún no satisfecho de haber roto aquella extremidad tan frágil del cuerpo de esa mujer, ahora postraría su atención en aquello que continuaba integro.

¿Qué era ese peso adicional que descansaba alrededor de su cuello y de alguna manera resultaba ser un estorbo para moverse adecuadamente?

—Así que ya llegaste Tasha –Sable veía de reojo a la animosa Tasha-.

—Sabes que Fiore se enfadará mucho si torturas demasiado a sus rehenes –decía divertida la chica tras soltarse de su capitán y caer sin problema alguno al suelo-.

—Cierto, siempre hace mucho drama por cosas sin sentido como éstas –se burlaba el pelirrojo-.

—Vayamos con los demás Sable-milyy.

—Está bien, de igual manera pelear con estas mujeres es muy aburrido –decía tras haberles dedicado una mirada a esas tres mujeres, que si bien habían vuelto en sí, eran incapaces de volverse a levantar-.

—Ey, Sable-milyy.

—¿Qué sucede ahora? –preguntaba tras haber empezado a caminar en compañía de la pelirosa-.

—¿Yo también puedo tener mi propia isla así como Fiore y los otros?

—Por supuesto…Mirko y tú pueden tener su propia isla y hacer de ella lo que mejor les plazca.

—¡Sable-milyy eres muy amable! –estaba realmente emocionada por la amabilidad de su capitán. No demoraría en demostrar su peculiar agradecimiento al rondar al barón mientras éste simplemente continuaba avanzando-.

—Tasha.

—¿Qué sucede Sable-milyy?

—Dime, ¿qué tan fuertes son todos ellos?

—El capitán fue herido por una bala de Mirko. No parece ser un sujeto demasiado listo, es más bien un tonto con suerte…A mí parecer no seguiría a un hombre como él y mucho menos dejaría que fuera mi capitán. El resto son personajes interesantes, especialmente ella…la nieta de Ezio.

—Me sorprende el hecho de que esté dentro de la tripulación de ese hombre, más que el hecho de que esté en nuestra contra. Siempre ha sido así, desde que la conocí.

—¿Así que la viste crecer Sable-milyy? –inquirió curiosa tras caminar al lado de su capitán-.

—No la he visto desde que tenía seis años –mencionaba un tanto pensativo al tiempo que ladeaba un poco su sonrisa- Me pregunto si continúa con esa misma actitud que me mostró ese día.

—¿No deberíamos ir tras ella también y traerla hasta acá-millyy?

—No es necesario…Su actual capitán terminará llegando hasta aquí tarde o temprano….No gastemos energías en algo que de igual modo va a pasar sin que nosotros movamos un dedo.

—Siempre eres tan astuto-milyy.

—Además vendrán acompañados de gente muy curiosa. Tú sabes que siempre he tenido simpatía por las personas peculiares e interesantes.

El mar yacía totalmente calmo y el clima simplemente era perfecto, sin ningún avistamiento de posible tormenta o cualquier otro factor ambiental que complicara la navegación por aquel territorio. Sin embargo, no había que confiarse, aquel mar era impredecible y aterrador.

¿Pero quién podría preocuparse del clima que en el mar imperaba cuando la navegación se hacía en lo alto del cielo gracias a una criatura que parecía haber sido sacada de un cuento poco convencional?

—Usopp, pesquemos un poco –sugería Luffy a su fiel amigo-.

—No seas tonto, no podemos pescar…porque el mar está a unos ciento cincuenta metros de donde estamos nosotros –le decía Usopp jalando al capitán para que no lanzara inútilmente la caña de pescar a un mar inexistente-.

—No tiene caso que lo intentes Luffy –Nami se negaba a las ocurrencias del moreno- Mañana bajaremos al mar para que el ryuda pueda alimentarse, por ahora tendrás que soportar tus ganas de pescar.

—Pero Nami…-se quejaba Luffy en tono infantil-.

—Creo que tendremos que bajar ahora Nami-swan –decía Sanji-.

—¿Y eso? –cuestionó Chopper-.

—Las provisiones se nos han terminado…Este troglodita ha devorado todo, incluso lo que escondía de él –dijo con enfado mientras regañaba con la mirada a su capitán-.

—Shishishishi.

—Parece ser que no tenemos más opción –sonreía divertida la arqueóloga-.

—Saben, lo he venido pensando desde que salimos de la isla Labyrin, ¿cómo se supone que haremos para aterrizar en el mar con el ryuda? –preguntaba Franky; un cuestionamiento que sin duda había pasado por la gran mayoría de los presentes, exceptuando al capitán claro estaba-.

La velocidad había condenado a aquel descenso, tornándolo brusco y complicado. El mar quedó brevemente dividido en dos secciones, provocando el nacimiento precipitado de monstruosas olas que se propagaron hacia dos direcciones totalmente opuestas, perdiendo su ímpetu conforme avanzaban sobre aquel prolongado mar.

El agua salada había empapado brevemente la cubierta de aquel llamativo barco y ahora simplemente escurría presurosa hacia el mar. La tripulación entera había resentido aquel abrupto aterrizaje comandado por su alocado capitán, quien simplemente sonreía ampliamente mientras alzaba sus manos en petición de que se repitiera tan descabellado aterrizaje. Una idea que en ese momento no fue apoyada por nadie.

Ya habían resuelto uno de sus problemas: el aterrizaje, ahora simplemente tenían que restablecer provisiones haciendo uso de la pesca, no obstante, existía un pequeño problema.

—Y a todo esto, ¿qué es lo que comen los ryuda? –preguntaba con interés Usopp quien ya portaba su caña de pescar en manos-.

—Reyes marinos –contestó Lynn campantemente-.

—¿Eso no significa que…nos dejará sin presas? –continuaba el moreno-.

—Teóricamente hablando así es –agregaba Lynn-.

—¡¿Entonces qué demonios comeremos nosotros?! –le cuestionaba eufórico Usopp-.

—¡Una isla! –gritaba Luffy desde las alturas; se había encargado de treparse al mástil del barco-.

—¿Una isla? Creía que nos faltaba para llegar a Parablanc –comentó Nami- Aunque ninguna de las tres flechas del log pose se mueven de forma frenética. Por lo que puede decirse que no son islas peligrosas.

—¡Qué aburrido! –chilló el capitán quien había estirado su cuello para poder ver adecuadamente aquel artilugio de navegación-.

—Tendremos que ir a la isla por provisiones –dijo Sanji-.

—Seguramente llegaremos a esa isla…-expresó pensativa Lynn- La Isla Nefrit.

Ante los ojos de los curiosos no había nada raro sucediendo en la costa de aquella nueva isla, sólo la calma del oleaje, las blancas arenas y las palmeras que rodeaban el sitio, ocultando la ciudad. Los nuevos visitantes se habían encargado a la perfección de resguardar sus embarcaciones y ahora simplemente tocaban tierra firme, transitando entre la pequeña jungla tropical que tenían frente suyo.

El clima era agradable, motivaba a permanecer la mayor parte del tiempo dentro del mar, surfeando y realizando cualquier otro tipo de actividad que involucrara al agua; pero no tenían esa opción, había una simple tarea que cumplir y no podían distraerse con ese tipo de cosas por el momento.

Un poco de fruta jamás estaba de más, especialmente en un día caluroso donde la lluvia se veía lejana. Por lo que el agua proveniente de esos grandes cocos era un verdadero placer.

Las cestas se llenaron rápidamente de frutos coloridos y de delicioso aroma y ni siquiera habían transitado la mitad del sendero que les llevaría a la ciudad. Un paraíso tropical oculto entre los peligrosos mares del Nuevo Mundo.

—Una isla tropical, esto sí que es agradable –decía Nami quien sujetaba su cabello y se colocaba unos lentes de sol tono rosáceo-.

—Hay suficiente comida en esta mini jungla –indicaba Sanji quien cargaba una cesta totalmente llena de fruta- Seguramente se trata de una isla comercial.

—Es comercial, pero no tanto por su fruta –aclaraba Lynn quien se había tomado la molestia de usar un cómodo top lila, un short del mismo tono y unas sandalias- Lo que aquí se vende es algo más interesante y bonito.

—¿De qué se trata? –le preguntaba Franky-.

—¿Y arruinarles la sorpresa? –explicaba divertida- Esperen a llegar y lo descubrirán por ustedes mismos.

Maravilloso era una manera de describir la recién descubierta ciudad, una cuya calles se encontraban hermosamente conformadas por cuadrados perfectos de tono esmeralda, relucientes y llamativos mientras que las casas de tamaño modesto, hechas fundamentalmente de concreto poseían un techo muy peculiar, uno que no podrían imaginarse tan fácilmente.

Las enroscadas raíces de esos gruesos árboles envolvían desde arriba las secciones altas de las casas y se hundían sin condolencia alguna en la suave tierra que rodeaba a las edificaciones, creando un cuadro peculiar pero hermoso. No obstante, no terminaba solamente en eso, sino que había algo adicional que sin duda dejaría boquiabierto a uno que otro curioso.

¿Acaso se trataban de hojas relucientes y brillantes o era una mera alucinación?¿Por qué no se movían con el viento que soplaba entre las ramas de las altas copas?¿Por qué eran tan bellas?¿Qué eran en realidad aquellos árboles?

—¿Pero qué…sucede con esas hojas? –preguntaba Nami agudizando su mirada hacia las altas copas-.

—Eso es lo que en esta ciudad se comercia –informó Lynn-.

—¿Hojas? –decía Usopp tras enfocar mucho mejor su vista-.

—No en realidad –dijo sonriente Lynn- Tomen una hoja y sabrán a lo que me refiero.

Aquello era una petición que estaba de más, ya que alguien ya se encontraba arrancando sin consideración alguna las hojas de uno de los árboles más cercanos, creyendo una buena idea el lanzarlas hacia aquel pequeño reno y tirador.

Gritos llenos de quejas fueron dirigidos hacia el capitán, uno que sólo se reía y descendía del árbol con algunas de esas interesantes hojas.

—¿Qué se supone que es esto? –Luffy mordisqueaba con gran ahínco la dura hoja que sostenía- No se puede comer –se quejaba-.

—No creo que sea buena idea comerte eso, Luffy –la castaña simplemente observaba a su capitán-.

—¿Realmente es lo que pienso que es, Lynn? –cuestionaba Robin ya con una de esas hojas en manos, examinándola con cuidado-.

—¿Jade…? –decía Nami con asombro sosteniendo una de esas hojas- ¿En serio…es posible que algo como esto sea real?

—Los árboles que están aquí son especiales y no los hay en ninguna otra isla del Nuevo Mundo. Sus hojas en realidad están hechas de jade verde y su tono cambia conforme las estaciones. Es un espectáculo realmente hermoso –comentaba Lynn mientras sostenía una hoja de aquel árbol- Son árboles de jade.

—Es muy bonito –Chopper sujetaba la pequeña hoja de la que se había apropiado-.

—Aunque no es tan valioso como el oro, se vende a muy buen precio –comunicaba Robin- Aunque estos árboles deben de valer mucho más que otra cosa. En verdad que hemos venido a dar a una isla muy particular.

—Pero no es momento de admirar los árboles, chicos –señalaba Sanji, quien ya se había percatado de la rapidez con los que los habían rodeado-.

Las vestimentas de aquellos pobladores estaban lejos de ser elegantes y llenas de glamour; eran más bien frescas, adaptadas al ambiente tropical en el que coexistían; consistiendo así de trajes blancos, de bordados coloridos y que sin importar lo complejo que pudiera resultar el adorno que se postraba sobre sus cabezas, hechos a base de plumas y jade de diversas tonalidades, siempre concluían su atuendo con sandalias de madera.

No llevaban consigo armas algunas, sólo contaban con altos hombres de tez morena y musculosos que bien podrían significar adversarios dignos de los cuales cuidarse y que no les miraban de forma amistosa, al igual que el resto de los pobladores.

El jefe, el más anciano de todos, poseía unas cejas increíblemente tupidas y extrañamente curvadas hacia arriba como si estuviera enfadado, pese a que era imposible ver sus ojos. Su nariz gruesa y caída le daba un aspecto parecido al del tucán y sus numerosos tatuajes parecían hacer alusión a la historia de su pueblo.

—Los piratas no son bienvenidos a nuestras tierras –les avisaba aquel viejo jefe- Así que les sugiero que regresen por donde vinieron.

—Sólo venimos por provisiones, no venimos a causar problemas –estipulaba Sanji con tranquilidad-.

—Si así fuera no estarían destruyendo nuestros preciados árboles –contraatacó verbalmente el anciano-.

—Fue mera curiosidad, no es que fuéramos a hacerles algo en realidad –se integró a la charla Franky-.

—Nos iremos en cuanto terminemos de restablecer nuestras provisiones –decía Robin mirando con seriedad al jefe-.

—Así que no tienen que ponerse tan a la ofensiva –dijo por último Usopp-.

—La palabra de los piratas jamás será confiable –comentaba el jefe- Váyanse antes de que usemos la fuerza –sonaba amenazante mientras aquel grupo de grandes hombres quedaban detrás de él, dispuestos a lanzarse ante la más pequeña señal de su jefe-.

—¡Jefe, se ha terminado la ofrenda! –gritaron los pobladores repentinamente-.

—…Luffy…-pensaron al mismo tiempo el resto de la tripulación del sombrero de paja-.

—¿Qué han dicho? –interrogaba el hombre- ¡Eso es imposible! –exclamaba dando media vuelta, dirigíéndose sin titubeo alguno hacia el final de la peculiar calle hecha de jade- Una cantidad como tal no puede ser devorada en tan breve tiempo.

La quijada de aquel anciano se estrelló contra el suelo al tiempo que sus ocultos ojos abandonaban sus cuencas oculares. ¿Cómo era posible que un simple ser humano pudiera haberse devorado la gran cantidad de comida que se encontraba almacenada en ese poco convencional y gigantesco bowl ubicado en ese gran espacio que a simple vista podría ser visto como un centro ceremonial?¿Qué se supone que haría ahora?

—¡MALDITO PIRATA, TE HAS COMIDO TODA NUESTRA OFRENDA! –gritó con todo lo que pudo aquel hombrecillo sin demasiado éxito; aquel ladrón yacía completamente dormido, ignorante del problema que había causado su imponente apetito-.

No era de sorprenderse que ahora fueran señalados no sólo con las miradas, sino también por esas puntiagudas lanzas, que si bien eran fáciles de romper, poseían una coloración poco agradable en las puntas, acompañado de un olor peculiar.

—Están envenenadas…-indicaba temeroso el médico-.

—Todo es culpa de Luffy –se quejaba Nami con enorme molestia-.

—No creo que estés en posición de decirlo, no cuando cargas entre tus brazos tremenda cantidad de jade –decía Usopp con resignación-.

—Y ahí está nuestro capitán…-soltaba Sanji sin sorpresa alguna al contemplar al moreno completamente dormido y rodeado por oscuras cadenas, siendo arrastrados por esos fortachones que anteriormente les habían amenazado con la mirada-.

—Parece ser que estamos en serios problemas…Yohohoho.

—Estamos totalmente rodeados y tienen a Luffy de rehén –suspiraba Zoro-.

—….En esta isla no hay mujeres…-se quejaba el esqueleto-.

—¡Eso no interesa ahora! –gritaba Usopp no sólo a Brook, sino también a Sanji, que compartían el dolor por tal trágico hecho-.

—Su capitán ha devorado nuestra ofrenda, así que ustedes tendrán que pagar por eso –insinuaba con enfado el jefe-.

—¿Ofrenda? –Robin yacía interesada ante las palabras del jefe- ¿Es que acaso hay alguien que se encarga de pedirles ofrenda a cambio de no hacerles nada?

—No tenemos por qué decirles nada –contestó malhumorado el hombre-.

—Ey, ey, no se precipiten, podemos llegar a un acuerdo y así nadie saldrá herido –negociaba Usopp-.

—No creo que nuestras palabras importen, Usopp-san –estipulaba el esqueleto quien ya se encontraba desenfundando su peculiar espada-.

—Hagámoslo de una buena vez por todas –sonreía Zoro colocando sus espadas en la posición correcta, listo para la inevitable batalla que se avecinaba-.

—Creo que no hay más alternativa –exponía Robin preparándose para hacer gama de sus habilidades-.

—Habrá que hacerlos entender con golpes –sonreía el cocinero guardando sus manos en sus bolsillos-.

—¡Deténganse! –irrumpió una voz femenina que descendía desde las altas copas de los árboles-.

Cabello bermellón, corto y completamente rizado acompañado de ojos tono chocolate que se perdían indudablemente en la tostada tonalidad de su piel, resultado de un bronceado perfecto y constante. Su voluptuoso cuerpo no pasaba desapercibido por los hombres, mismos que miraban gustosos cada una de las facciones que esa joven dama poseía.

Una larga falda tono pistache con cortes a ambos lados de sus piernas, un top que exponía de manera peligrosa los pechos de aquella mujer y aretes de jade de un tono intensamente dorado, conformaban su atuendo. Era sin duda una mujer hermosa que podría enamorar a cualquier hombre si se lo propusiera.

—Zelenyy, ¿por qué defiendes a estos barbáricos hombres?

—Porque estos piratas no pueden ser malos…si vienen acompañados de él.

—¿A quién te refieres con "él", Zelenyy? –cuestionaba el jefe a la joven-.

—De Rayleigh –contestó con una sonrisa-.