Buenas!
Vale, me acabo de dar cuenta de que me equivoqué al anunciar el próximo capítulo, en el capítulo anterior XDDD ya está corregido por el momento.
Shinichikudo12: pues aquí tienes el siguiente capítulo, espero que te guste ;) gracias por tu review como siempre
06 de Julio.
La maldad. Palabra muy subjetiva que cada persona piensa de un modo distinto. Según el diccionario, esa palabra significan las cosas negativas o con falto de cualidades. Durante tres años yo estuve viviendo con personas que creían que lo que hacían estaba perfectamente bien. Pero yo sabía que esa no era la definición de bien que yo tenía, aunque no dijera nada. Robar y matar en nombre del futuro de una nación jamás debería de estar consentido. Pero por supuesto de personas corruptas que deberían pero no impiden la maldad, hay en todos y cada uno de los países. En realidad, no esperaba encontrar a ese chico que hablara de esa manera. Definitivamente Victor Hugo tenía razón.
Kizuna.
Masaru-kun.
Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.
Victor Hugo (Novelista francés).
Kazuki señaló hacia el banco que había al otro lado de la subida de la plaza, mientras pasaban por el lado del estanque elevado.
— Míralos, ya están todos allí.
Kizuna lo miró, tenía el ceño fruncido.
— ¿Tanto he tardado en arreglarme? —preguntó ella.
— No, que va. Si llegamos antes de tiempo —Kazuki suspiró viendo como Takuma hablaba con los demás advirtiéndolos de su llegada. Kotarou, Alumi, Yuna y Mizuki los miraron, Kyooi sonrió sin levantar los ojos del libro que tenía en sus manos—. Lo que me extraña es que Kyou haya llegado antes de tiempo.
Kizuna lo miró confundida: ¿qué tenía de raro eso? Unos aplausos interrumpieron los pensamientos de ella, seguidos por la voz grave de un joven.
— Así que los rumores eran ciertos —dijo—. Hattori Kizuna ha vuelto de entre los muertos.
Kazuki lo fulminó con la mirada, en el momento en que saltó del alto muro del estanque, para ponerse de pie. Era el mismo chico que había empujado a Kizuna en el ascensor del hospital. Ahora podía verlo mejor: el chico tenía su tez pálida y demacrada y el parche en su ojo izquierdo, le hacía aparentar más edad. Tenía tantos pendientes en sus oídos, como cicatrices en su cara, su pelo negro estaba grasiento, y vestía una chaqueta de cuero negra y por encima de ella brillaba el colgante plateado de una calavera. Si no fuera porque brillaban, Kazuki hubiera jurado que los ojos de esa calavera eran restos de sangre ya seca con ese tono granate característico.
— ¿Y tú quién eres? —preguntó él con enfado.
— Vaya Kazuki-kun, me duele que no me recuerdes, teniendo en cuenta de que estuve a punto de matarte cuando éramos unos críos —dijo el joven.
— Me acordaría de eso —Kazuki se rio.
— Cuando teníamos cinco años —respondió él.
— ¿Masaru-kun, verdad? —Kizuna frunció el ceño, haciendo que Kazuki la mirara—. La pelea clandestina, Kazuki.
— Ah, sí, eso —Kazuki suspiró y lo miró—. Más quisieras que haber intentado matarnos, ni siquiera nos golpeaste una sola vez. ¿Y? ¿Qué quieres, Masaru-kun? —preguntó pronunciando su nombre con fastidio.
— He venido a buscaros —respondió él.
— Ya nos has encontrado, ¿para qué? —Kazuki lo miró con indiferencia.
— Os reto a una pelea justa, para ver quién de los tres es el mejor —Masaru-kun hizo una mueca parecida a una sonrisa.
— No, gracias —Kazuki suspiró largamente—. Primero un dos contra uno, jamás es justo; y segundo me da pereza. Si no tienes nada más, nos vamos.
Kazuki cogió la mano de Kizuna y tiró de ella hacia el banco en dónde estaban sentados los demás. Vio como Kyooi los miraba de reojo sin cerrar el libro y los demás los observaban con atención. Masaru-kun se puso al medio del camino con tanta rapidez, que Kazuki pensó que había aparecido de la nada.
— No es una opción el negarse —dijo él.
— Oye, las peleas clandestinas no son algo de lo que debas estar orgulloso —dijo el hijo Hattori—. Ya son malas las que son con animales, así que no quieras ir diciendo por ahí que te hicieron participar en ellas —por encima del hombro de Masaru vio como Kyooi cerraba el libro y se levantaba del banco, como preparándose para venir corriendo hacia ellos.
— Quiero saber quién habría ganado en una pelea justa —insistió el joven con parche—. Y con lo de justo —interrumpió antes de que Kazuki dijera nada—, me refiero a que nadie os prive de golpearme, como hizo vuestro padre. Si es que podéis.
— Ya te he dicho que no vamos a pelearnos contigo —Kazuki siguió andando, pero cuando estuvo al lado del chico, este le golpeó con su puño en la cara. Kazuki cayó al suelo, llamando la atención de todos los que estaban a su alrededor y haciendo que los demás de Jiyuu corrieran hacia ellos. Kizuna se puso al medio para evitar que Masaru-kun volviera a golpearlo, pero Kazuki se levantó rápido y le cogió el brazo—. Me he roto un diente —se quejó poniendo su mano delante de su boca.
— ¿Qué sucede? —preguntó Takuma poniéndose al lado de Kizuna y mirando al chico de tez pálida.
— Nada —dijo Kazuki—. Lo siento, me he golpeado con tu puño —Kazuki hizo una reverencia. Takuma se giró para empujar a Kizuna lejos de ese chico, mientras Kazuki se cubría la boca con la mano y terminaba bajándola con el diente encima—. No creo que esto de la cicatrización rápida incluya la recuperación de huesos —miró a Kyooi que se echó a reír.
— Dile al dentista que te la vuelva a poner, eso seguro funciona —intervino Alumi.
— No seas malvada —se quejó Kazuki—. ¿Sabes lo que duele el maldito dentista?
— ¿Estás bien Kazuki? —preguntó Takuma.
— Sí —él afirmó con la cabeza—. Será mejor que nos vayamos, porque ya vendrán suficientes fans a interrumpirnos por el camino.
— Cierto, cierto —Yuna afirmó con la cabeza—. ¿Tenéis algo pensado para comprarle a Nanami, por su cumpleaños?
— Pues la verdad es que no tengo ni idea —respondió Kyooi pasando por el lado de Masaru, que estaba empezando a enrojecer de rabia.
Kizuna lo miró preocupada, esperando que reaccionara de nuevo, pero los dejó pasar a todos por su lado sin hacer nada. Ella pasó la última y fue entonces cuando escuchó algo que la hizo detener.
— Malditos hijos de Jun —Masaru lo había dicho muy flojito, pero realmente lo había escuchado tanto ella, como Kazuki y Kyooi.
— ¿Eso ha sido un insulto? —Kyooi se giró para reírse con Kazuki, pero se calló al ver que Kizuna se giraba confundida a mirarlo.
— ¿Qué sabes tú de eso? —susurró ella mirándolo.
— Kizuna, ¿qué sucede? —Kazuki volvió sus pasos para poderla proteger si hacía falta.
— ¿Qué sé? —Masaru sonrió mientras todos se detenían para mirarlos—. Todo lo que Hattori Mamoru le contó a Kikyo-sama cuando estuvieron en su luna de miel.
— Esa mujer secuestró a nuestro padre —respondió Kazuki—. Jamás estuvieron de luna de miel.
— Claro que sí —Masaru se encogió de hombros—. Por lo que ella cuenta, fue muy bonito.
— Empiezas a hablar como aquellos que han leído el libro de June —susurró Kizuna—. ¿Tú lo has leído, verdad?
— Creo que tú tenías el original, yo tengo la única copia que existe en todo el mundo, por el momento —Masaru levantó sus cejas con orgullo—. Esa copia fue creada por el mismo Jun y Kikyo-sama lo modificó, añadiendo la explicación de la muerte de su creador.
— ¿Qué sabes de ese tipo? —Kazuki lo miró con aburrimiento, no quería tratar más con Masaru, así que si mostraba interés estaba convencido de que él les haría pelear a cambio de la información.
— ¿Aparte de que es vuestro creador científico, y por lo tanto vuestro verdadero padre?
— Mi padre es Hattori Mamoru —Kazuki frunció la nariz, se sentía ofendido con sus palabras.
— Esto también lo has olvidado, ¿verdad? —preguntó Kizuna haciendo que todo el grupo la miraran confundidos.
— Disculpa, ¿qué he olvidado? —Kazuki frunció el ceño—. Creo que no puedo olvidar quién es mi padre, ¿no?
— La primera pelea de papá y mamá fue por nuestra culpa —susurró ella—. Nos escondimos en el pasillo y escuchamos sus palabras desde ahí. Mamá acababa de rescatarnos con Masaru-kun de ese lugar y estaba enojada porque papá estaba herido de nuevo. Cuando estábamos en el coche, papá le preguntó por lo que había sucedido en el laboratorio y mamá le respondió que le había dolido a él. Y entonces, cuando estábamos en casa…
Kazuki abrió los ojos. Se acordaba de eso. De repente todo lo que su hermana le estaba diciendo apareció en su cabeza como flashes que le hicieron hablar.
— Dijiste que porque me dolió… —interrumpió Kazuki, haciendo que todos lo miraran confundidos por sus palabras. Kizuna también recordaba las palabras de Mamoru—. Me había olvidado por completo de eso. Un segundo —Kazuki miró a Masaru con el ceño fruncido—. ¿Estás diciendo que el tipo que ha dejado por escrito que alguien debía de matar a Kudo Asami y a todos sus ascendientes y descendientes es nuestro padre? Eso no tiene sentido.
— Y que lo digas, que no lo tiene —dijo Hyou acercándose por el lado y poniéndose al lado de Masaru.
— Chandler —susurró Kizuna.
— Hyou, me llamo Hyou —dijo él con una ceja arqueada.
— Sakura-obachan —se sorprendió Yuna al verla ponerse detrás de Masaru.
Iki se puso al otro lado de Hyou.
— ¿Qué es lo que estás diciendo Hyou? ¿Qué no tiene? —preguntó Himitsu acercándose a ellos con las manos en sus bolsillos.
— Significado —Hyou miró a Kizuna—. Nada, no importa —añadió mirando a Himitsu.
— Bien, Saku, todo tuyo —Himitsu miró a Yuna—. ¿Aún estáis aquí?
— Bueno, nos encontramos con este tipo que le dio un puñetazo a Kazuki —dijo Yuna señalando a Masaru, que estaba quejándose porque Sakura le había esposado, cuando estaba él con la guardia baja.
— Vaya, ¿a parte de detenerte por el asesinato de tus padres también tendremos que detenerte por violencia? —Himitsu lo miró.
— En serio, hoy das más miedo que de costumbre Secret —interrumpió Iki mientras Sakura empezaba a registrar al chico, tocándole todo el cuerpo y haciendo que Masaru se siguiera quejando—. ¿Te ha sentado mal la comida o algo?
— Estás siendo desagradable, Life —Himitsu lo miró con el ceño fruncido.
— Vaya, eso sí que es extraño —Masaru sonrió—. Los que la enterraron viva son conocidos de su familia.
Himitsu cogió al chico por la camisa.
— ¿De qué hablas? —lo miró con frialdad.
— Ya, ya —Iki lo empujó hacia atrás, haciendo que Himitsu lo soltara.
— ¿Un libro? —Sakura sacó de dentro de su chaqueta el objeto.
— El libro rojo —susurró Kazuki mientras Sakura le daba el objeto a Hyou.
— El símbolo de ese tipo —Hyou le dio el libro a Iki para que lo aguantara y entonces levantó la manga derecha de Masaru—. Secret —le llamó la atención para que viera. En el brazo de Masaru estaba tatuado un símbolo parecido al de Kizuna.
Himitsu se abalanzó encima del chico, pero Iki se interpuso entre ellos y lo aguantó con un brazo rodeando su espalda y con el resto de su cuerpo cubriéndole el camino.
— No pasa nada, Secret, todo está bajo control —Iki lo empujó hacia atrás y levantó sus manos cogiendo aire, para luego bajar sus manos y sacar el aire—. Respira hondo, jefe.
— Como si eso funcionara —Secret frunció su nariz con enfado—. ¿Sabes lo que es eso, chico?
— Sí, algo que me abre muchas puertas —Masaru sonrió satisfecho.
— Algo que te las cierra todas si te topas con nosotros —informó Hyou—. Serás trasladado a Estados Unidos y sentenciado a muerte, sin derecho a un abogado o a un juicio justo.
— La justicia no permite esto —Masaru lo miró encarándolo, mientras Kazuki miraba a Kizuna, que se había cogido el brazo con fuerza.
— El Programa está por encima de la justicia japonesa —informó Iki girándose hacia él—. Has matado a tus padres, quienes estaban siendo protegidos por el Programa, y por lo tanto no tienes opción a ser tratado como humano. De ahora en adelante, vas a dejar de comer y beber, serás llevado con un avión de máxima seguridad sin previo aviso y serás sentenciado a muerte una vez pises suelo estadounidense.
— Eso es imposible —dijo Masaru.
— ¿No te ha contado esa parte el libro rojo? —sonrió Himitsu con ironía—. Mala suerte. Deberían de advertirte de que si te atreves a hacer algo como lo que pone allí, que irías a la cárcel, mínimo.
— Si no hubieras matado a dos protegidos del FBI, tal vez hubieras tenido la suerte de no toparte con nosotros, aunque toda la policía te hubiera enviado directamente con el Programa y serían los mismos resultados —informó Hyou—. Aunque, de ellos podrías haber escapado fácilmente, de nosotros no.
— Te lo tienes muy creído, viejo —Masaru lo fulminó con la mirada.
— Soy bueno en mi trabajo —Hyou sonrió.
— ¿Y el libro? —Himitsu suspiró largamente.
— Es de ese tipo —Iki le alargó el libro.
— Jun —Himitsu lo miró—. ¿No se suponía que Dean era quién tenía ese libro?
— Drake era quien debería de haber investigado los restos de las mazmorras. Nosotros no teníamos conocimiento de ningún libro —dijo Sakura mirando hacia Kizuna.
— Masaru-kun acaba de decir que él tenía la única copia que existía en todo el mundo de ese libro —informó ella.
Himitsu arqueó una ceja mirándola. Kizuna se quedó estática.
— Está bien —finalmente Secret suspiró y se giró hacia Iki—. Life, Saku, id al Programa a traer a este.
— Recibido —Sakura tiró de Masaru—. Vámonos, perrito.
— ¿Con quién te crees que estás hablando, bruja?
— No soy una bruja —Sakura frunció sus labios mientras Iki los seguía con un suspiro.
— Hyou da el aviso —Himitsu afirmó con la cabeza—. Si puede ser que avisen a Spike, a los hermanos Takahashi y a los otros dos.
— Recibido —Hyou iba a irse.
— E intenta localizar a Drake —respondió Himitsu.
— Drake está aquí —el chico se abrazó a Himitsu—. Cuánto tiempo mi amor platónico…
— Suéltame ahora mismo —Himitsu levantó su mano al aire dispuesto a darle un codazo al hombre.
— No seas así —Drake se apartó de él—. ¿Por qué me buscas, Himitsu-kun? ¿Has decidido dejar a tu mujercita y venirte a vivir conmigo en los montes?
— ¿Te falta oxígeno en el cerebro o algo por el estilo? —Himitsu se giró para mirarlo después de suspirar largamente.
— Bueno, eso puede ser —Drake sonrió—. Acabo de terminar de subir el Everest y me siento realmente aburrido, porque han dejado de existir montes para mí.
— Siempre te queda el Fuji-san, entra bien a dentro y quémate —interrumpió Hyou.
— ¿No tienes nada que hacer tú, hoja verde? —preguntó Drake fulminándolo con la mirada.
— Estoy esperando a observar si lo vas a besar o no para reírme un rato —sonrió él.
— ¡Lárgate a hacer lo que te he pedido, idiota! —Himitsu lo gritó enojado.
— Recibido —Hyou saludó de manera militar y luego sonrió hacia los jóvenes, para terminar yéndose corriendo de allí.
— Aunque de ganas no me faltan, chico —Drake movió sus cejas arriba y abajo, haciendo que Himitsu se apartara de él rápidamente.
— A mí no te acerques, ya me pareció suficientemente desagradable que se lo hicieras a Hattori —se quejó el chico cubriendo su boca con el libro.
— ¿Qué es esto? —preguntó Drake al ver las letras y el símbolo.
Drake se acercó para cogerle el libro, pero Himitsu se echó para atrás de nuevo hasta chocarse con la fuente.
— ¿Por qué le tiene miedo? —Kyooi miró a Yuna.
— Ni idea —Yuna se encogió de hombros.
— Creo que yo sí me hago una idea —Alumi sonrió con malicia—. Y estoy ansiosa por verlo.
— Dame eso, idiota —Drake tiró del libro y se alejó de él, para hojear el objeto—. ¿Qué narices es este objeto? Realmente parece la letra de mi hermanastro.
— Tú tenías que haber destruido todo lo relacionado con ese tipo, así que dímelo tú —se quejó Himitsu. Si había cambiado de tema se habría olvidado de lo demás, así que no había peligro de acercarse a él de nuevo.
— Me gustaría decírtelo —Drake suspiró—. Pero entre sus pertenencias no había nada como esto, ni referencia ni citación al respecto —Drake se giró para mirarlo—. Incluso destruí el veneno de Miura que tenía colgando de su cuello.
— El veneno de Miura sigue existiendo —susurró Kizuna en un hilo de voz, que Drake escuchó perfectamente.
— ¿Disculpa? —Drake la miró de arriba abajo—. Vaya, ¿tú no eres Kizuna? —ella afirmó con la cabeza un poco ruborizada.
— Ni se te ocurra acercarte a ella —Himitsu se puso al medio de los dos—. Solo falta que la asustes más de lo que asustaste a su padre.
— No seas así, solo beso a hombres —Drake sonrió victorioso, haciendo que Alumi sonriera satisfecha—. ¿Por qué dices que el veneno de Miura sigue existiendo, hermosa flor?
— Pues porque me lo dieron a mí —respondió ella levantando la mirada hacia él—. Aunque no hizo el efecto que describen en el libro.
— Entonces no es el veneno de Miura —Drake arqueó una ceja.
— No es por eso que no me hizo efecto, se lo dieron a otras cuatro personas más. Dos de ellos están ciegos y los otros dos mudos —informó Kizuna—. Por suerte a mí eso no me afectó.
— Supongo que el antídoto que le dieron a tu madre, también lo tienes tú en tu cuerpo, los talismanes tienen el efecto durante unos cuatro o cinco años, y tu naciste con ellos en tu cuerpo —Drake frunció el ceño—. Pero yo estoy convencido de haber destruido el veneno.
— Dean lo volvió a crear —dijo Kizuna—. Tenía la fórmula para hacerlo a dentro del libro, y Chevelier y Travis son hijos de científicos, así que no les costó mucho esfuerzo crearlo de nuevo. Además, después lo mejoraron para que hiciera los tres síntomas siempre y volvieron a darlo a otras tres personas. Murieron ciegas, sordas y mudas. Y una de ellas presentaba también signos de falta de tacto y de gusto.
— Completamente insensibles —Drake frunció el ceño—. ¿Y cómo es que yo no me he enterado de esto?
— Porque lo consideraron una epidemia y los quemaron antes de que se esparciera por todo el Canadá —Kizuna forzó una sonrisa.
— Entiendo —Drake frunció el ceño—. ¿Y cómo obtuvieron la fórmula estos chicos? ¿Con el libro dices?
— Sí, Jun lo dejó en el libro, junto a los instructivos de la bomba —Kizuna frunció el ceño.
— ¿Instructivos de la bomba? —Drake la miró con indiferencia—. ¿Puedes contármelo desde el principio, por favor? —preguntó él.
— ¿Podemos irnos a casa de los Hattori? —Himitsu suspiró—. Demasiados testigos por aquí.
— Cierto —Drake sonrió—. Te sigo.
— Para variar, tu sentido de la orientación es pésimo —Himitsu suspiró—. ¿Puedo saber cómo llegaste aquí?
— Con ayuda —Drake sonrió mientras se señalaba su nariz—. Sigues oliendo a muerto.
— Gracias —Himitsu rodó los ojos—. Sigo odiándote por decir eso. ¿Y? ¿Por qué has vuelto a Japón?
— Porque Black Christmas ha escapado, y venía a ver si ya había encontrado a Yui o no —Drake suspiró.
— Ahá —Himitsu frunció el ceño—. ¿Cuántos días hace de eso?
— Pues… —Drake sonrió avergonzado—. Treinta y siete días.
— ¿Has tardado treinta y siete días en venir aquí desde esa isla en dónde lo encerraste? —Himitsu sonrió—. Vaya, hiciste un nuevo record.
— ¿Te estás burlando de mí, Himitsu-kun? —Drake lo miró con una ceja arqueada.
— No, no me atrevería a burlarme de tu poco sentido de la orientación —Himitsu sonrió—. ¿Quieres que te lleve con Yui entonces? ¿O te apetece llamarla de una vez por todas antes de que ese maldito la encuentre?—en realidad Himitsu conocía de la detención de Black en el hospital, pero le gustaba asustar a la gente.
— En serio me gustaría saber cuándo usas la ironía conmigo, Boss —Drake arqueó una ceja.
— Te pondré un cartelito la próxima vez —Himitsu suspiró—. Y de paso con un mapa, aunque dudo que sepas interpretarlo. Vamos, anda.
— Está bien —Drake sonrió—. Sabía que seguir el olor a muerte que desprendes me llevaría a algún sitio.
— ¿El olor a muerte? —Yuna frunció el ceño.
— Chicos, id a lo vuestro, Takuma-kun y Kotarou-kun, necesito que vengáis con nosotros. Kyooi, tienes que proteger a Kizuna, ¿vale? Vamos a vuestra casa.
— Un segundo, no vamos a comprar un regalo sin Kotarou y Takuma —dijo Kyooi—. Himitsu-ojiichan, en serio…
— Chicos, no creo que escuchar de esto os ayude mucho ahora mismo —respondió Himitsu.
— ¿Qué quieres? A nosotros también nos interesa lo que corresponda a nuestros amigos —Kyooi lo fulminó con la mirada.
Himitsu rodó los ojos, porque claramente no había esperado esa reacción y Drake se rio.
— ¿Qué? ¿No te ha salido? ¿Vas a tener que contarle tus secretos a tu hija? —dijo.
— ¿Quieres que te deje aquí, hasta que Shouta-sensei te encuentre para darte la paliza de tu vida? —Himitsu lo miró con una ceja arqueada—. Porque sabes que aún debe de golpearte por intentar besar a su novia, por aquél entonces.
— Oh, eso creo que lo ha olvidado. ¿Y cómo narices te enteraste tú de eso si fue antes de que salieras de ese lugar? E incluso antes de que Asami-chan naciera —Drake sonrió—. Además, después de lo del campamento, de seguro que ha olvidado por completo lo de mi amada Yui-chan.
— Oye, sigo preguntándome el motivo por el que no has llamado a Yui-san —Himitsu interrumpió—. ¿No será porque sabes que si Shouta-sensei es quien coge el teléfono te va a colgar y no dejará que ella lo coja?
— Estás delirando, tío —Drake sonrió. Se giró para irse hacia una dirección.
— Vamos al restaurante de Yui, Drake —Himitsu lo detuvo. El chico señaló hacia otra dirección y Himitsu rodó los ojos—. ¿Voy a tener que cogerte de la mano para llevarte?
— Te odio con toda mi alma —dijo Drake.
— Ah, no me digas que aún no sabes en dónde está —Himitsu se rio.
— Claro que sí —se quejó él—. Lo que pasa es que llevo mucho tiempo en la montaña y me cuesta ahora adaptarme a la ciudad.
— Ah, tu excusa perfecta, ¿eh? Espero que no dejes de seguirme en ningún momento, Vineyard —Himitsu suspiró largamente y se alejó de allí.
Los chicos y Drake lo siguieron.
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Cuando Kira, Mamoru y Asami llegaron en el restaurante, la pequeña estaba preguntando en dónde estaba Kizuna.
— En seguida los llamamos, ¿vale? —Asami aguantó la puerta abierta mientras los otros dos entraban.
— O no, porque están aquí —Mamoru señaló hacia la mesa, en dónde estaban los gemelos sentados.
— Chicos, ¿qué ha pasado? —Asami se acercó a ellos mirando a Himitsu que mantenía sus brazos cruzados al lado, mientras Kira corría a abrazar a Kizuna.
Hyou estaba apoyado en la pared del comedor, junto a Drake, mientras Kyooi, Yuna, Alumi, Mizuki, Takuma y Kotarou se callaban sentados en el banco.
— ¿Himitsu? ¿Has sido tú quién ha enviado el aviso? —preguntó Mamoru—. ¿Y qué hace este aquí?
— ¿Tanto me has echado de menos, Hattori? —preguntó Drake sonriendo.
— Precisamente quiero que te vayas del país, estúpido —respondió él.
— No puedo irme, me han obligado a quedarme —Drake sonrió—. Aunque es bonito el lugar, en realidad.
— ¿Podemos dejar esto para luego? —Asami miró a Mamoru advirtiéndole de que dejara el tema—. Me gustaría que me contarais que está sucediendo.
— Lo siento, Asami, pero yo te pido que no escuches lo que tenemos que hablar aquí —respondió Himitsu—. Creo que Hattori puede entender lo que está sucediendo y sabrá como advertirte de un modo que no te afecte tanto.
— ¿Afectarme? —Asami parecía enojada—. ¡Disculpa, Himitsu! ¡Creo que esto deberías de habertelo pensado antes de relacionar a Jun con mi hija!
— Bueno, ya está —Yui salió de la cocina con una bandeja llena de bebidas mientras Himitsu se acercaba a Asami y le ponía una mano abierta en su cara. Yui empezó a repartir a los que allí estaban
— Esto no tendría que haberlo usado contigo —dijo él, mientras entraban Shinichi, Kaito, Shiho, Tetsuya, Yuki, Jaaku y Chizuko por la puerta—. Lo siento.
Himitsu apartó la mano y chasqueó sus dedos. Al acto Asami cayó dormida. Pero antes de que tocara el suelo, Mamoru la cogió en brazos.
— ¿Pero qué…?
— No sabes lo peligroso que es para un hipnotizador, conocer las técnicas de un psicólogo y psiquiatra —sonrió Himitsu.
— Espero de verdad que jamás hubieras usado esto con mi hija —se quejó Jaaku.
— ¿De dónde sales tú, Ojiichan? —Yuna lo miró sorprendida.
— Bueno, estábamos con tu madre y tus tíos, esperando a si volvíais. Y entonces Yuki ha dicho no sé que de un aviso, así que hemos venido —Jaaku se hizo sitio en el banco y se sentó, vigilando en todo momento a Himitsu—. ¿Y? ¿Qué has hecho?
— El hipnotismo no es algo de lo que me sienta orgulloso, Jaaku-san, ya lo sabes —susurró él.
— ¿Y por qué has hecho eso en mi hija si se puede saber? —Shinichi frunció el ceño.
— Por Hanabi Ronald, una vez más —Himitsu se acercó a la mesa y cogió el libro, que lo lanzó hacia Kaito—. Que no solo ha tenido contacto con Kizuna y los del Canadá, sino también aquí en Japón. Esta es una copia del libro de Dean. Así que podemos empezar a sospechar que hay más de uno por aquí. Y este, lo tenía el chico que rescatasteis de la pelea clandestina.
— Ese tipo está muerto, tal y como has dicho —Kaito miró el libro, hasta que vio la portada—. Aunque no esperaba que hubiera escrito un libro. ¿Qué es esto?
— Te lo dije que las mazmorras habían sido reabiertas —susurró Shinichi mientras entraban Takeshi, Hiro, Chieko, Akira y Sara.
— ¿Hanabi Ronald escribió un libro? —preguntó Shiho—. ¿Qué podemos esperar de esto? ¿Torturas?
— Torturas que él puso en práctica con Asami-chan, por supuesto —dijo Hyou—. Y este libro en particular viene con un aditivo de Kikyo, en el que cuenta acerca de la muerte de Jun. Y por lo tanto de la venganza que se debe de tomar por aquellos que han matado a la Organización. Algo que no sabemos del cierto si lo contiene el libro que tiene Dean.
— Lo mejor del libro, en realidad, es cuando dicen que deben de matar a Kudo Asami y a todos sus ascendientes y descendientes —añadió Himitsu—. Pero bueno, eso seguís sabiéndolo.
— Oh… —Shiho le quitó el libro a Shinichi—. Entonces, ¿por qué habéis dado el aviso a todos? Solo con la familia Kudo había suficiente.
— Sabemos que ya han entrado un montón de los tipos que vienen a matar a los Kudo, entraron junto a ese tal Nathan al aeropuerto desde el Canadá, hace una semana —informó Hyou—. Y contando que robaron el libro hace cinco días, podemos asegurar de que todos estamos ya en el punto de mira de estos tipos.
— Sí, claro —Kaito suspiró—. Por el momento deberíamos de alejar a Asami-chan de cualquier conocimiento de esto.
— Pero no podemos ocultarle cosas, solo la enojaríamos —se quejó Mamoru.
— Oh, por supuesto, es peor que se enoje con nosotros a que vuelva a coger otro Shock Caótico —Kaito lo fulminó con la mirada.
— Deseo menos que nadie que vuelva a sufrir otro shock debido a ese tipo —se quejó Mamoru encarándolo con enfado—. Pero también conozco la desesperación de no conocer la realidad.
— Hattori, detente un momento —Tetsuya suspiró—. ¿Qué probabilidad hay de que esos tipos hayan leído este libro y vengan a matar a Asami?
— Todas, porque ellos fueron los que desactivaron la bomba y por lo tanto los propietarios de la fábrica y del libro —intervino Kizuna—. Además de que ellos son los que averiguaron el nombre de Fire, al encontrar las fichas escondidas en el libro.
— ¿De qué estás hablando? —preguntó Tetsuya.
— Bueno, le pedimos a Kizuna que hiciera un dibujo de lo de las fichas, puesto que ella solo dibuja aquello que recuerda —intervino Hyou—. El nombre de Kudo Asami, junto al de Fire; el de Kudo Yui junto a Spike; el de Odagiri Shouta junto al de Martini —Hyou lo miró con una sonrisa—. ¿Quieres que prosiga, Bloody Mary?
— Así que Kikyo hizo los deberes, ¿eh? —susurró Tetsuya en voz elevada. Forzó una sonrisa, mientras recibía un codazo por parte de Sara—. Entonces, en cierto modo es culpa nuestra que Jun pudiera escribir ese libro —Tetsuya se encogió de hombros.
— Más bien culpa mía —dijo Sara.
— Pero de todo esto, ¿qué es lo que nos queréis decir? —preguntó Shinichi.
— A parte de incendiar nuestra casa, robaron el libro de Jun, con esas fichas. Pero resulta que este libro también lo tenía Masaru y también parece haber esas fichas —Hyou movió la cabeza, haciendo que Shinichi abriera el libro y empezara a buscar en el cartón grueso que tenían las portadas.
Hasta que encontró una pequeña obertura en dónde puso el dedo y pudo sacar un montón de papeles, que cayeron a sus pies. Takeshi, que estaba a su lado, se arrodilló al suelo para recogerlos, pero se quedó parado al ver lo que era.
— ¿Qué narices es esto? —Takeshi se levantó con uno de los papeles en su mano y miró a Hyou—. Toda la información de Sara está aquí.
— No solo ella —Himitsu suspiró—. Los peligrosos Takahashi, también. Cualquiera que haya estado relacionado con la familia Kudo y las primeras víctimas de las mazmorras. Esto junto al bloc de dibujo de Kizuna, que estaba junto al libro y que también robaron, se ha convertido en la mejor arma que pudieran tener. No sabemos si Masaru-kun es el único que ha leído el libro aquí en Japón, tal vez haya más personas.
Sara se arrodilló para recoger todos los papeles y suspiró.
— Incluso tienen las fechas y el motivo por el cual nació Tooichi, Takeshi —Sara se levantó y le pasó los papeles a su marido.
Él lo cogió rápidamente antes de que Shinichi pudiera alcanzarlo y le dio un vistazo rápido. A cada línea que leía más se enojaba y más apretaba sus puños temblorosos, hasta que los papeles empezaron a arrugarse y Sara le puso una mano encima de la suya para que no dañara todo aquello.
— Algo que no dijimos a nadie y está aquí escrito —Takeshi miró a Sara—. ¿Qué está sucediendo?
— Estas fichas las hizo Kikyo, así que podemos asegurar que la información es muy precisa acerca de nuestras vidas —dijo Hyou—. Lo hizo antes de llevarse a Kizuna y a Kira.
— Por supuesto lo único que cambia aquí es la dirección errónea de la familia Hattori —añadió Himitsu.
— Porque se fueron a Osaka después de aquello y cuando regresaron a Tokio lo hicieron en el edificio de los Miyano —confirmó Shinichi—. Entiendo.
— ¿El qué? —Kaito lo miró.
— Te dije que estaba investigando un asesinato por el que no tenía ni una sola pista, ¿verdad? —Shinichi lo miró unos segundos y luego miró a Himitsu—. La pistola que usaron no había sido usada en ningún otro caso aquí en Japón, no había ni una sola huella dactilar y el asesinato se había cometido a unas calles alejadas de la casa de la mujer. Quién la encontró, no la conocía, cuando estaba en el portal de su casa. Esa mujer, fue asesinada el mismo día que Hikaru y era quién estaba viviendo en vuestra antigua casa —miró a Mamoru—. Tal vez eso nos ayude, puesto que ellos creerán que han matado a Asami y durante un tiempo no la persigan.
— Bueno, eso explica la alerta encima de Asami —Yui suspiró—. Pero sigo preguntándome el motivo por el que habéis puesto una alerta encima de mí.
— Qué rápida eres cuando quieres, Spike —Drake se acercó a ella con una sonrisa.
— ¿Qué sucede? —Yui suspiró con cansancio—. Ya te dije la última vez que no podías quedarte con nosotros porque Shouta te odia.
— Oh, no es eso —Drake sonrió—. Black Christmas escapó.
— ¡¿Cuándo?! —Yui gritó mirándolo.
— Bueno, desde hace diez minutos que ya han cumplido los treinta y ocho días —Drake se encogió de hombros.
— ¡¿Y no pudiste llamarme para informarme ese mismo día?! —Yui lo cogió por el cuello de la camisa y lo zarandeó.
— En realidad sigo sin entender el motivo por el que lo quisiste dejar vivo, Yui-chin —Kaito suspiró—. Ese tipo es tan peligroso como Jun.
— ¡¿Y a vosotros qué narices os importa eso?! —Yui se giró enojada hacia él—. ¡Vosotros escogisteis lo que hacer con los que os hicieron daño, yo decidí perdonarlos!
— ¿Y por eso decidiste matar a Cow finalmente? —Drake suspiró—. Qué despiadada eres, matar a tu padre biológico.
Yui se giró fulminando con la mirada al hombre, que se apartó de ella en silencio.
— Estaba tan loco que era capaz de matar a Shouta por casarse conmigo. Simplemente hice lo que pude para salvar a los míos —susurró ella—. ¿Y? ¿Cómo pasó esto? ¿Es que lo sacaste de allí?
— Te gustaría culparme de algo, ¿no es cierto? Ya que soy hijo de ella.
— No, simplemente te estoy pidiendo explicaciones —Yui lo cogió del jersey y tiró de él para encararlo bien.
— Alguien vino, mató al guardia y lo sacó de ese lugar —dijo Drake en un suspiro—. No sé nada más que eso. Llegué cuando el guardia llevaba más de tres horas muerto, así que seguramente ya habrá llegado hará unos cuantos días a Japón. Por suerte, por lo que veo, aún no se ha puesto en contacto contigo.
— ¿Sabes que la vida de mis hijos es la más preciada para mí, verdad? —Yui sonrió fríamente.
— ¿Qué?
Yui le dio un puñetazo con toda su fuerza, haciendo que el hombre cayera al suelo.
— Eres el peor humano posible —dijo una vez el silencio estaba presente en todo el lugar.
— ¡Mamá! —Takuma se levantó del banco y se acercó a ella.
— Tranquilo —Yui levantó sus manos hacia él—. Llama a tu padre y dile que venga aquí en cuanto pueda, ¿vale?
— Pero…
— Hazlo, Takuma —Yui lo ordenó.
— Está bien —Takuma volvió hacia el banco sacando su teléfono móvil y escribiendo un mensaje.
— Bien, Drake, tengamos una conversación adulta de una vez por todas —Yui suspiró cruzando sus brazos—. ¿Dónde está Black?
— Ni siquiera lo sé —se quejó él—. ¿Cómo podría saberlo?
— ¿De dónde vienes? —preguntó Yui.
— Creo que dijo que había subido el Everest —intervino Himitsu.
— Papá… —Yuna le hizo una mirada para decirle que se mantuviera en silencio.
— ¿El Everest? —Yui sonrió—. ¿Así que ahora por fin podrás hacer lo que se te está encomendando, verdad?
— ¿De qué hablas? —preguntó Drake.
— Tu deber era vigilar a Black, ¿por qué no estás tú muerto entonces, en lugar de ese guarda de seguridad? —preguntó Yui sonriendo con malicia.
— Cada vez que haces esa mirada me dan ganas de besarte —Drake sonrió igual que ella.
— Oh, prueba a hacerlo. Te reto a ello —Yui se encogió de hombros.
— Tienes tres minutos para salir de aquí y salvar tu vida, Drake-kun —susurró Kaito—. La última persona a la que Yui-chin le dijo eso sigue en coma en Estados Unidos.
— No me hará daño —sonrió él levantándose—. Porque soy el único que puede detener a Black.
— Oh, no creo que eso te salve —dijo Shinichi—. Porque sabe que nosotros la podemos proteger de ese idiota. Y más Shouta, que le tiene muchas ganas desde que estaban prometidos.
Drake se rio.
— En realidad siento pena por ti, Yui —suspiró finalmente el hijo de Chris Vineyard—. Tu vida ha sido mucho más complicada que la mía. Y finges estar feliz, cuando en realidad sientes odio hacia ti misma —Drake se levantó del suelo y espolsó sus manos.
— Eso no es cierto —se quejó ella desviando la mirada.
— Sabes que sí lo es —Drake la cogió del brazo con fuerza, para obligarla a mirarlo a la cara—. Detendré a Black, te lo prometo. Pero, por ese motivo deberé de ser tu sombra, una vez más, Yui. Y eso solo te hará daño a tu familia, una vez más.
— Entonces no lo hagas —dijo ella—. Podré arreglármelas yo sola.
— Coméntalo con tu marido, antes de decidir por ti misma —Drake sonrió—. Creo que Shouta-sensei estará de acuerdo conmigo.
— A regañadientes, como siempre —susurró ella soltándose de su agarre—. Lo siento, pero no puedo hacerlo. Va en contra de mi moralidad recibir ayuda o ayudar a cualquiera que sea de su familia, en una segunda oportunidad. Black morirá en cuanto el Programa le coja de nuevo, puesto que como hice con mi padre, no voy a dar una segunda oportunidad.
— Empiezo a creer que no quieres ayudarte a ti misma, tampoco, por el mismo motivo —Drake sonrió forzadamente hacia ella—. No es una opción ser salvada, Yui.
— Puedes irte por dónde has venido, Drake. No necesito la ayuda de los descendientes de esa gente para sobrevivir —dijo Yui con una voz autoritaria.
— Yui, basta —intervino Shinichi finalmente. Pero antes de que pudiera decir algo más, Drake la cogió por la espalda, poniendo su nariz en el cuello de ella y cogiéndole las muñecas hacia atrás.
— Sigues oliendo a muerte, igual que tu padre —susurró a su oído—. ¿Cuántos años tienes? ¿Cincuenta? Black también, Yui. Y lo único que os distingue es que él se ha estado entrenando en esa cárcel para darte caza, mientras tú te dedicabas durante catorce años a jugar a la familia feliz. Dejaste el negocio de tu verdadera familia hace mucho tiempo y eso será lo que terminará contigo.
— ¿Puedes dejar de oler a la gente? Das asco —suspiró Yui, mientras Takuma y Kotarou se levantaban del banco para ir hacia ellos si era necesario—. ¿Catorce años? ¿Qué pasó hace catorce años porque tengas tan controlado el tiempo?
— Tu padre, Cow Michael, te atacó en el bar. ¿O es que olvidaste el hombre al que hiciste ejecutar y el que te ha dado ese olor tan característico, que Black aún puede notar? —Drake puso sus labios en el cuello de ella, haciéndola estremecer.
— ¡Suelta a nuestra madre! —gritó Takuma finalmente dando un par de pasos hacia ellos.
— Takuma, quieto —Shinichi le puso un brazo adelante, mientras seguía mirando a Yui.
Shouta entró cerrando la puerta tras de sí.
— ¿Es que quieres morir, hijo del diablo? —dijo al ver la situación en la que estaba Yui.
— Suéltame, Drake —se quejó ella.
— Adelante muéstrales a tus hijos aquello que corre por tus venas, pequeña diablo —susurró Drake a su oído—. Muéstrales aquello que nos hace como hermanos y que tanto odias tener —Drake sonrió hacia Shouta mientras besaba el cuello de Yui—. ¿O es que acaso vas a admitir tu debilidad tan fácilmente?
— Yo no soy una asesina, Drake —susurró ella mirando a Shouta con seriedad. Drake soltó una de las manos de ella para cogerla por la barbilla.
Shouta iba a acercarse, pero Kaito y Shiho lo detuvieron.
— Sí lo eres —sonrió Drake alzando la voz, para que todos lo escucharan bien—. Mataste a tu madre, y ordenaste matar a tu padre. Y eso Black lo sabe y es lo único que puede usar en tu contra.
— Yo no los he matado —susurró Yui con la voz cortada.
— Lo hiciste. Mataste a tu madre biológica con ocho años. Eres una asesina como la mayoría de los adultos que estamos aquí —Drake sonrió satisfecho, notando un leve temblor en ella.
— ¡YO NO LO HICE! —Yui golpeó con fuerza con su brazo liberado y Drake se apartó sonriendo. Yui empezó a golpearlo con fuerza, pero ninguno de sus golpes le daba a él. Drake cogió sus manos en uno de esos golpes y la puso contra la pared—. ¡Suéltame!
— Yo no he entrenado más que tu, Yui y puedo demasiado fácil contigo —Drake la empujó hacia el suelo—. Te has debilitado y crees poder con todo, pero… aún a tu edad y sigues siendo una niña de ocho años asustada.
— Eso no es cierto —susurró ella desviando la mirada.
— ¿Entonces por qué estás llorando, Yui? —Drake se apartó de ella. Kaito, Shiho y Shinichi se apartaron también, dejando que Shouta, Takuma y Kotarou se acercaran a ella—. ¿Por qué tienes miedo si realmente crees poder contra él? —Yui se quedó callada, mientras Shouta la abrazaba—. Porque sabes que él tiene las mismas armas que yo tengo en tu contra. Parece ser que has olvidado todo lo que Smith Mary te enseñó en esos ocho años.
— ¡No te atrevas a nombrarla! —gritó Shouta encarándolo—. ¡¿Se puede saber que os pasa a todos?! —miró a Shinichi con odio.
— Black Christopher ha escapado de la cárcel en dónde Yui lo encerró —informó Shinichi—. Yui está demasiado debilitada como para encararlo, así que la decisión es tuya, Shouta-kun.
— ¿Qué? ¿Cómo que ha escapado? —Shouta miró a Drake, hablando casi en susurros—. ¿Por qué? ¿Tú no eras quién lo estaba vigilando?
— En realidad… —Yuki decidió intervenir mientras Tetsuya se echaba a reír—. Ya ha sido detenido, hace ya dos semanas que está en el Programa.
— Ha escapado esta mañana —informó Hyou, haciendo que Tetsuya se callara y todos lo miraran sorprendidos—. Mientras lo mantuviéramos en el Programa era fácil que eso sucediera. Por poco no matan a Irie por llevárselo.
— ¿A qué te refieres? —preguntó Kaito con el ceño fruncido.
— Bueno, creo que viendo lo que se está cociendo alrededor de los Kudo, creo que puedo saber bien quiénes lo han sacado de allí —Drake miró a Kizuna—. A que estoy convencido de que esta niña sabe quién es la persona que lo sacó de allí —Drake cruzó sus brazos.
— ¿Tienes una imagen de quién lo sacó de allí? —preguntó Hyou sacando una fotografía de su chaqueta.
— Aquí —Drake se sacó otra foto de su bolsillo interior.
— Muéstrala —ordenó Hyou. Ambos las giraron a la vez.
— Estos son los que el otro día atacaron la casa Shiroma —Yuki observó la fotografía que tenía Drake en su mano.
— Kizuna, ¿reconoces a alguien? —Hyou se acercó a ella y le mostró las dos imágenes.
Ella las miró durante un rato y luego señaló la imagen de Hyou.
— Grace. Siempre lleva esa capucha azulada, y su arma es esta ametralladora. Vosotros mismos la visteis el día en que atacó el hospital.
— La chica que Hikaru tuvo que detener. Él murió cuando la rescataron de sus manos —Himitsu miró a Hyou con el ceño fruncido.
— Buena francotiradora, en realidad —Hyou se encogió de hombros—. Ella se cargó todas las cámaras de seguridad, para que no viera aquellos que iban a entrar. Pero no se dio cuenta de que había una cámara oculta en el árbol de delante que mostraba la puerta del Programa.
— ¿Qué querrían estos jóvenes de Black? —Shiho suspiró largamente y luego miró a su hijo esperando una idea—. Bueno, de seguro lo van a armar bien.
— Sí —confirmó Mamoru—. Así que realmente están todos juntos.
— También podemos suponer que Kikyo está relacionada con ellos, además de ese chico —suspiró Hyou.
— Kikyo está completamente desaparecida —informó Himitsu—. Pero no parece estar en Japón, puesto que las cámaras de seguridad que grabaron a los tipos del Canadá no la grabaron a ella.
Kizuna observó a Kazuki mientras el hombre seguía hablando. Él mantenía la mirada al suelo y no iba a decir nada, aunque tuviera miedo de esa mujer. Finalmente ella decidió interrumpirlo.
— Ese monstruo está en Japón —informó.
— Oye —Kazuki la miró con sorpresa.
— ¿De quién hablas? —preguntó Shinichi.
— De Kikyo —Kizuna no lo miró—. La vimos con Kazuki al salir del hospital y acompañaba a Masaru-kun, y a Grace.
— ¿Y por qué no dijisteis nada? —Mamoru la miró sorprendido—. ¿Por qué os lo habéis callado?
— Te juro que jamás olvidaré la cara de la mujer que me golpeó porque le había dicho que mi madre era mejor que ella —dijo Kazuki apretando sus dientes con fuerza—. Por supuesto no iba a decir nada de ella. Estoy temblando de miedo de solo recordarla.
— Está bien —Shouta habló finalmente. Se había quedado quieto observando los movimientos de Drake en todo momento—. Acepto tu ayuda. Con la condición de que no te quedarás en ningún momento a solas con mi mujer. No me fio de ti, Vineyard, ya lo sabes.
— Por las venas de tu mujer también corre la misma sangre asesina que la mía, Odagiri, no lo dudes —Drake sonrió.
— No hace falta que me digas quién es mi mujer. Sé perfectamente quién es, cuando yo fui el que estuve a punto de matarla, con la sangre de la que tanto te honras tú —Shouta levantó su brazo derecho—. Prométeme por esto que no harás nada fuera de lugar, Drake.
— Te lo prometo por el orgullo de mi madre —Drake levantó también su brazo derecho—. Mi único objetivo, como siempre, es Black, nada más. Además, te prefiero a ti que no a Yui-chin.
— Está haciendo lo mismo que ese hombre —dijo Yuna mirándolo con el ceño fruncido.
— Cierto —Takuma afirmó con la cabeza—. ¿Por qué hacéis esto con el brazo?
— Por jurar por la vida que nos ha llevado hasta aquí —dijo Drake sonriendo—. ¿Con quién te encontraste que hiciera esto?
— Con el inútil que dejaste escapar —Yuki le tiró una patada golpeándolo mientras dejaba sus brazos cruzados.
— ¿Qué? —Yui miró a Yuki desconcertada.
— Cuando detuvimos a Black, hace dos semanas, estaba intentando matar a Yuna —informó Tetsuya—. Por casualidad Takuma estaba allí.
— Te odio —susurró Yui en un hilo de voz que sus hijos pudieron escuchar, mientras intentaba evitar mirar a la persona a la que se lo había dicho.
— Lo sé —Drake sonrió con tristeza—. Pero no voy a cometer el mismo error dos veces, y lo sabes.
— Cómo no la protejas, te haré mucho daño, Vineyard —Shouta lo miró—. ¿Por qué no vas a descansar Yui? ¿La acompañáis, Takuma, Kotarou?
— Ah, sí, claro —los dos se apresuraron a empujar a su madre hacia las escaleras, mientras Shouta se quedaba mirando al hijo de Vermouth.
Drake olió el aire.
— Por favor, vuestros hijos también huelen a muerte —soltó el aire satisfecho con una sonrisa que hizo que Shouta lo mirara con odio.
— Drake… —suspiraron Shinichi, Kaito y Shiho a la vez mientras rodaban los ojos.
— Solo por curiosidad —dijo Shouta—. ¿Cuánto vale para ti el orgullo de tu madre?
— Era una broma —se rio Drake—. Una broma. Vuestros hijos no huelen, porque no pasaron por ese lugar y ya son demasiadas generaciones. Al menos no tanto como vosotros dos.
— Voy a golpearte —suspiró Shouta.
— Oye, que yo me conformo con todo. Aunque tenga que dormir al medio de las escaleras —sonrió Drake encogiéndose de hombros.
— Mientras encuentres correctamente el baño —respondió Shouta haciendo que Yuki, Tetsuya y Chizuko se rieran al recordar los días del campamento.
— Eso ha sido un golpe muy bajo, Shouta-san —se quejó Drake.
— Para ti Odagiri —respondió Shouta, mientras Takuma y Kotarou volvían a bajar.
— Bueno, todos conocemos a Kikyo, así que no habrá mucho problema —susurró Tetsuya.
— Qué va —Kizuna respondió rápidamente—. Se ha cambiado los ojos, el pelo y la piel.
— ¿Lentillas de colores? —Shinichi frunció el ceño.
— ¿Se ha teñido y bronceado? —preguntó Kaito—. Eso es nuevo. Los asesinos ahora saben lo que hacer para no ser reconocidos.
— ¿No lo hacías tú, ladrón idiota? —Shinichi lo miró de reojo mientras se cruzaba de brazos haciendo reír forzadamente al nombrado.
— ¿Pero cómo supo Kikyo algo que solo sabíamos Takeshi y yo? —preguntó Sara mirando a Kaito con miedo.
— ¿Qué es lo que no sabemos acerca de Tooichi? —Kaito arqueó una ceja mirándolos.
— Lo que provocó el parto de Sara —respondió Takeshi mirando al suelo—. Nadie debería de saberlo.
Kaito quitó los papeles de las manos de ellos y empezó a leer en silencio. Poco a poco fue palideciendo hasta mirar a su hijo.
— Estáis de broma, ¿verdad? —Kaito lo miró.
— Jamás bromearíamos con algo como eso papá, tú viste una situación similar con Saguru-ojisan —dijo Takeshi—. Sara nació por el mismo motivo que Tooichi.
— ¿Y por qué no dijisteis nada?
— ¿Valía la pena decir que esas brujas se habían juntado a Jun? —Sara suspiró sin mirarlo—. No valía la pena, por supuesto. Podemos suponer y deberíamos de temer el poder que tienen las Kurogane —chasqueó la lengua—. De nuevo se están metiendo en donde no les llama nadie y de nuevo van a pagar caro haberse unido al bando equivocado.
— Sí, mira quién fue a hablar —Hiro suspiró—. La que por poco no deja que nos ahogáramos por orden de Jun.
— Ya basta —Takeshi cogió a su hermano por el cuello de su camisa—. Eso no importó entonces y sigue sin importar ahora.
— ¡Por supuesto importó! —Hiro gritó—. ¡Fue por culpa de ella que estuviste a punto de morir, Takeshi! ¡Y sigo sin confiar en ella desde que hizo aquello!
— ¿Acaso no fuiste tú el que me empujó al mar y les dijo que me dejaran morir? —Sara lo miró de reojo cruzándose de brazos.
— Y aún así estáis casados —dijo Alumi. Los tres que estaban peleando los miraron, dándose cuenta de que todos los jóvenes estaban escuchando y mirándolos confundidos.
— Bueno, jamás me he alegrado de ser hipnotizada por Jun —Sara se encogió de hombros—. Sea como sea, las Kurogane no van a detenerse si es por el bien de su magia —miró hacia Kaito.
— Sí, sé cuanto odian el hecho de que parte de vuestra familia se hayan unido a los Kuroba —dijo él—. Akako-chan me informó y también supe acerca del precio que íbamos a pagar por ello.
— ¿Entonces por qué me dejaste unirme a Sara? —preguntó Takeshi mirándolo.
— ¿Acaso es mi decisión prohibirte algo, Take? —Kaito sonrió—. Esa fue tu decisión y tu responsabilidad. Tú también sabías a lo que te enfrentabas.
— Hace un buen rato que he perdido el hilo —Hyou levantó las manos al aire para que se callaran—. ¿Quiénes son las Kurogane? ¿Y qué tienen que ver con todo eso?
— Solo hay un modo por el que Kikyo podría saber acerca de esto —Sara cogió los papeles de nuevo y los movió al aire—. Ese día, estuvimos metidos en una pelea que mi familia ha tenido por varias generaciones de terreno mágico —Hyou rodó los ojos. De nuevo salía esa palabra—. No pienso contarte lo que es eso y tampoco te interesa. Por mala suerte dejé de tener mis poderes cuando Jun por poco no mata a Takeshi, pero la explicación no era simplemente que una bruja no podía llorar, sino que los poderes se sellan en el cuerpo para su siguiente descendiente. Al ser atacados por magia, Tooichi quién ya estaba empezando a mostrar los síntomas de la brujería, se descontroló y por poco no me mata.
— Dejando de lado lo absurdo de esta conversación —Shinichi negó con la cabeza, interrumpiendo—. ¿Estás diciendo que esas Kurogane te atacaron ese día, no es cierto?
— Sí, y solo estábamos nosotros cuatro en el bosque, así que puedo asegurar que solo ellas lo saben —Sara sonrió—. Pero por el contrato de los lazos que mantenemos en nuestra familia se nos está prohibido hablar acerca de lo que haya sucedido en las batallas. Pero no se nos está prohibido escribirlo.
— Y si Hime-chan y Yami-chan están implicadas, empiezo a entender el motivo por el que esos tipos del Canadá pudieron entrar sin problemas —Takeshi movió los hombros con incomodidad—. No hay manera de saber nunca una hipnosis de magia.
— Sí, por eso fue la excusa perfecta de esta bruja de aquí —Hiro señaló a Sara con una ceja arqueada.
Sin decir nada, Sara cogió la mano de Hiro y obligando a dar un giro al chico, terminó por tumbarlo al suelo.
— Mira, sin magia puedo hacerlo también —dijo sonriendo hacia él.
— Bueno, el tema es que nosotros podemos proteger a Kizuna —sonrió Kyooi.
— Así se habla —Takuma se rio chocando las manos con él—. Yo también.
— Chicos, ¿habéis entendido lo que han dicho? —Kizuna los miró confundida—. Ellos son asesi…
— Y nosotros tus amigos —interrumpió Kazuki—. Así que déjalos que vengan, que les diremos cuánto daño te han hecho todos.
— Avisaré a Tooichi para que esté alerta de las Kurogane, ¿alguien sabe si tuvieron descendencia esas chicas? —suspiró Sara.
— Y nosotros empezaremos a movernos por el Programa —Takeshi miró a Kaito mientras negaba con la cabeza—. ¿Te parece bien?
— Sí, yo también volveré al Programa —Kaito miró a Shiho.
— Tengo otras cosas de las que preocuparme que volver a ese lugar y recordar de nuevo todo aquello —Shiho miró a Shinichi.
— No volveré al Programa, pero haré suficiente con Heiji desde la comisaría —dijo él—. Para empezar deberíamos de avisar a los demás. Esas Kurogane, Black, Kikyo y los tipos del Canadá. ¿Por qué me da la sensación de que cuanto más grandes más enemigos tenemos?
— Porque ese es el trabajo que escogiste, idiota —Kaito se rio con fuerza.
— Sí, y tu sin escogerlo también estuviste presente —Shinichi sonrió con malicia.
— Ya, quién me pedía ir a salvar a cierto enano que correteaba por los alrededores de la playa, ¿eh? —dijo Kaito mientras Shiho sonreía y los abrazaba a ambos.
— No, si es que en el fondo os amáis vosotros dos —dijo.
— Ni en mil años —dijeron ambos apartando la mirada hacia otro lado y cruzando sus brazos.
— Es en momentos como esos en que estos dos parecen gemelos —Tetsuya miró a Yuki y a Chizuko que afirmaron con la cabeza.
Hasta aquí. Deseo que les haya gustado! ;)
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Próximo capítulo: 'Jiyuu 04: entrevista a Yuna'.
