Buenos días, buenas tardes o buenas noches tengan todos ustedes mis lindos conejitos.
¿Me extrañaron?
Yo se que no, porque no tiene mucho que estuve por aquí. Aun así, lo prometido es deuda y aquí esta el segundo capítulo/momento que les prometí, del cual estoy convencida el final les va a gustar. Pero como no quiero arruinarles la sorpresa…
Ni digimon ni sus personajes me pertenecen, y este fic esta dedicado a nuestra adorable Ahiru-san
L'éternité d'un instant.
Glitter in the Air
Aquella era una ocasión especial, un evento que los tamers esperaban con ansias y alegría, y al tratarse de la primera navidad sin contratiempos que pasarían junto a sus amigos digitales no era para menos su emoción. Estando de acuerdo en que debían celebrarlo, los tamers comenzaron a planear un festejo especial.
― Si quieren lo podemos hacer en mi casa ― ofreció el Akiyama, ganando la casi inmediata aprobación de sus dos más grandes seguidores.
― ¿Seguro? ¿No será problemático con todos nosotros ahí? ― pregunto Takato quien a pesar de desear ofrecer su casa del mismo modo que el mayor, no se valía de todo el espacio que los niños y los digimons requerían.
― Seguro, no será ningún problema. ― Y con eso convenciendo a la mayoría, el lugar estaba decidido.
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En víspera de navidad, y que ninguno de los niños sabía bien donde se ubicaba la casa del tamer legendario, todos optaron por encontrarse en la guarida de Guilmon y de ahí ser llevados por el mismo Ryo a su hogar.
― Demonios ¿Por qué se tarda tanto? Me estoy congelando aquí ― hablo la Makino, frotándose las manos constantemente a pesar de llevar guantes.
― Seguro ya no tarda ― trato de calmarla como siempre Takato ganándose una mirada asesina de su amiga, que siempre lo hacía ponerse nervioso.
― Miren ahí viene ― Hablo esta vez Juri señalando el camino por donde un muy tranquilo Ryo llegaba.
― ¡Al fin! ¡¿Qué no sabes lo que es llegar a tiempo?! ― reprocho Ruki, con claros deseos de asesinar al mayor.
― Lo siento, pero ¿Qué puedo hacer? No está en mi naturaleza. ― contesto el ojiazul de esa misma despreocupada forma que siempre sacaba de quicio a la reina digimon.
Ryo esperaba una respuesta, de hecho está listo para iniciar una nueva batalla verbal con la pelirroja mas esta fue interrumpida antes siquiera de iniciar. ― El caso es que ya estás aquí. Es mejor que nos vayamos, ya esperamos suficiente ― Ryo no conocía muy bien a Jenrya, pocas veces había tenido la oportunidad de interactuar con él de manera más personal, pero al escuchar el tono de voz con el cual le hablaba y la forma en la cual su entrecejo levemente se fruncía al pasar a su lado, supo que no era muy de su agrado, pero el motivo era lo que más le causaba curiosidad.
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Al llegar al hogar del tamer legendario, las reacciones de sorpresa no se hicieron esperar, pues aquella era una gran bella casa que fácilmente podía pasar por una mansión.
― ¿Tú vives aquí Ryo? ― pregunto Juri aun sin salir de su asombro.
― Sí, aunque no lo crean este es mi humilde hogar. ― respondió el Akiyama en broma.
Por dentro el lugar mantenía la belleza vista desde el exterior, con bellos acabados y una gran estancia, el rey digimon los guio hasta llegar a una habitación rebosante de adornos y manjares que de inmediato dejo a todos con la boca abierta, o casi, pues Ruki y Jenrya mantenían sus miradas indiferentes a aquellas excentricidades.
― Bueno, ¡que inicie la fiesta! ― y aunque aquellas palabras pronunciadas por Kenta sobraban, los tamers y los digimons no tardaron en iniciar con su festejo.
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De la comida ya quedaban pocas cosas, aunque los menores ya habían caído exhaustos, en la habitación aun podía sentirse el alegre ambiente de festejo y diversión.
― Ruki… ― Renamon llamo a su tamer al notar como esta salía de aquel lugar donde sus amigos aun se encontraban.
― Necesito ir al baño ― respondió la Makino calmando de inmediato a su protectora.
A pesar de que no había dicho exactamente una mentira Ruki aún no se sentía con ánimos de volver. Mojándose la cara y mirándose al espejo del baño, Ruki se sentía extrañamente mareada.
― Así que aquí es donde viniste a ocultarte ― No podía saber que tan mal estaba como para no notar que la puerta se había abierto y Ryo entraba sino hasta tenerlo a su lado. ― Wow, ¿Te encuentras bien? ― A sus catorce años y con amigos a quienes en ocasiones les gustaba "festejar" de mas, Ryo conocía el aspecto que tenía alguien que había bebido de más y con mejillas sonrojadas y mirada un poco perdida, Ruki no se veía muy diferente a esos amigos. El único problema con esa teoría era que lo más cercano a alcohol que había habido en esa fiesta, se trataba de un pastel envinado, cuyo sabor no era muy fuerte en realidad.
― Creo que voy a vomitar ― menciono la Makino, sacándolo de sus pensamientos y volviendo su atención a ella, quien parecia que efectivamente de un momento a otro sacaría todo lo que había comido esa noche, incluyendo el pastel envinado del cual solo había comido una rebanada.
― No, espera, no lo hagas sobre mi ― ayudándola a inclinarse sobre el inodoro y escuchando la puerta abrirse de golpe mostrando a un Jenrya que parecía hacer todo lo posible por contenerse. Ryo no se esperaba que de esa forma descubriría el motivo por el cual parecía desagradarle al Lee.
― Ruki, ¿Estas bien? ― Prácticamente Jenrya lo había empujado lo más lejos posible de su amiga ocupando su lugar. ― ¿Qué fue lo que le paso? ― pregunto, aunque Ryo estaba seguro que lo que había querido decir era "¿Qué le hiciste?"
― Bueno, al parecer Ruki no tiene una muy buena tolerancia al alcohol que digamos ― respondió, omitiendo intencionalmente y por el momento sus sospechas sobre el pastel envinado. El auto control de Jenrya por un momento pareció abandonarlo al creer que el Akiyama había embriagado a su amiga intencionalmente, tomándolo del cuello con claras intenciones de golpearlo, Ryo había visto suficiente. ― Al parecer nuestra querida reina se emborracho con el pastel. No hay de qué preocuparse sentirá mejor una vez que vomite todo. ― libre de un no muy convencido Jenrya, Ryo acomodo su ropa y salió del baño dejando atrás a sus amigos, pero no sin antes dedicarle unas últimas palabras al peliazulado ― Sera mejor que te apresures.
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Puede que estuviera un poco ebria, y que devolviendo todo lo que hasta el momento había comido, pero aun asi Ruki estaba lo suficientemente consiente como escuchar la pequeña riña que los tamers mantenían. Preocupándose al no escuchar nada luego de unos minutos levanto la mirada encontrándose tan solo con unos ojos grises.
― ¿Te encuentras mejor? ― le pregunto Jenrya extendiéndole un pedazo de papel con el cual ella podría limpiar los últimos rastros de aquel bochornoso momento. Ruki asintió, tomando el papel que se le ofrecía, y caminando tambaleante al lavado se enjuago la boca. ― Si quieres aun podemos esperar para regresar.
― Creo que ya no ausentamos lo suficiente ― respondió mas lucida que antes, y apoyándose de donde podía inicio su camino de regreso.
Jenrya no tardo en alcanzarla y ayudarla a apoyarse en él ― Descuida, te soltare al llegar con los demás.
― Gracias.
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Se suponía que no debía terminar así, se suponía que el rey y la reina digimon entrarían juntos y entonces no tendrían más opción que seguir la tradición, se suponía que solo se trataba de una inocente broma pero entonces algo salió terriblemente mal. Porque Ryo no regreso con Ruki, porque en su lugar Jenrya y ella entraron juntos, porque los dos habían caído en la trampa y ahora no tenían más opción que seguir con la tradición.
― No es extremadamente necesario que lo hagamos ― Dijo Jenrya preguntándose a quien de todos se le habría ocurrido dejar un muérdago colgando de la puerta, mismo por el cual Ruki y él se entraban por debajo.
― Vamos Jen, no seas aguafiestas, es solo un besito ― Gritaba Hirokazu, emocionado a pesar de no se trataba de la idea original.
― Si Jen, no seas tímido, Ruki no te va a morder… a menos que eso te guste ― grito esta vez Kenta.
― Chicos si ellos no quieren, no tienen que hacerlo ― repuso Juri, pero en el interior igual de emocionada que sus amigos.
― ¿Qué dices Juri? ¡Pero si es la tradición! ― defendió Hirokazu como si el no hacerlo significara el fin del mundo o algo similar.
― Pero…
― ¡Bueno ya! Si tanto lo quieren ― quizá fue que aún había alcohol en su sistema, quizá el hecho de que sabía que no los dejarían en paz hasta hacerlo, quizá realmente tenía un oculto deseo de hacerlo desde mucho tiempo atrás. Fuera cual fuera la razón, Ruki había tomado a Jenrya del cuello y con caras rojas por parte de ambos, había plantado su primer beso en la mejilla del Lee. ― ¿Satisfechos?
Sabían que… Mariniti comenzó los "Sabían que…" por puro capricho.
