Hola a todos! ignoro cuanta gente seguira interesada en la historia despues de mi larga ausencia y la publicacion del 6º libro, que tira por la borda una buena trama del fic, pero aqui lo traigo, con verdaderas intenciones de terminarlo.

como explicacion dire que mi tardanza se debe a los grandes problemas que me ha creado el chap 23, pero ya esta terminado (aunque no me gusta mucho el resultado) asi que intentare seguir mas rapido escribiendo, aunque no se como ire publicando.

bueno, espero que os guste el capitulo, si os sirve de aliciente, es uno de los que mas orgullosa me tienen, asi que dejare de disculparme y contestare los reviews que probablemente hayais olvidado haber escrito...

Por ultimo añadir que LO SIENTO MUCHO!

Clawy: Hola! y aqui llegó el reencuentro con la familia, Alex vuelve a casa por Navidad. un capitulo muy navideño en unas fechas tan señaladas... Espero que te guste!

KaosBlack: Hola! En primer lugar, siento muchisimo mi retraso, espero que este capitulo realmente merezca esa espera... Los recuerdos son muy importantes en este nuevo capitulo, de hecho, señalan el principio del gran conflicto que plantea el fic. Me alegro que te gustara la prueba del torneo, no imaginas lo que me costo escribirla...espero que disfrutes con este chap. Un besazo!

Marce: hola! la verdad es que alex es un pozo de contradicciones, pero esta en una edad dificil, es muy rebelde y se deja malinfluenciar... pero madurará, aunque costara un ratito todavia. Helen es un personaje que me gusta mucho, la voz serena que necesita alex, y a quien siempre he imaginado que seria la perfecta chica slytherin, fria, distante y calculadora, no por ello mala persona. Y elliot... ya se dara cuenta de quien le quiere por quien realmente es... Chao, un beso.

Tenshi Lain: hola! la verdad es que la pocion recordadora no es un juguete, y traera grandes consecuencias que veras a continuacion. es una lastima que no recordara lo que ella queria, la habria servido para atar algunos cabos y evitar futuros errores. Por otra parte, me alegro de que seas sincer cuando hablas de la primera prueba, la verdad es que le faltó algo, espero que las proximas te parezcan mejores. (si no es asi, vuelve a criticarme). en enfrentamiento en slytherin me parecio necesario para mostrar como funciona el codigo de honor de las serpientes, demostrar lo conflictiva que es esa casa y el verdadero honor de andrea y alex. Y las navidades en la casa de los black seran de todo menos tranquilas, aqui las tienes...

Bueno, no sabia si decir tambien que estoy ligeramente atascada en un punto especialmente crucial del fic, pero una vez superado ese bache todo ira sobre ruedas, pues ya tengo algunas escenas posteriores escritas. Os comentare por vuestro interes que la historia de alex acabara en su 4º curso, donde tendra lugar el desenlace final, y acabare con este fic interminable. Eso significa que si alguien esperaba que llegara al 7º curso, sera mas corto que vuestras espectativas (algo que considero una buena noticia, dada mi lentitud). sin mas demora os presento:

UNAS TENSAS NAVIDADES


-¿Dónde estoy? –preguntó Alex a su padre mientras la sra. Weasley se llevaba a Thomas irritada.

-Esta es la antigua mansión de los Black. Te acuerdas de cuando te hablaba de mi padrino Sirius¿no?

-Sí.

-Aquí se crió.

Alexandra miró a su alrededor. Exceptuando el sombrío pasillo que habían cruzado, el resto de la casa estaba iluminada y parecía más un departamento del ministerio de magia que una casa que hubiera pertenecido a magos tenebrosos. Harry, detectando el rumbo de los pensamientos de su hija, quiso explicarle que la casa llevaba años reformándose porque se había convertido en la sede de una organización mágica que luchaba contra el mal: la orden del fénix.

-Por supuesto, todo lo que te estoy contando no debe saberlo NADIE que pertenezca a Slytherin.

-Lo sé, papá.

-Nos quedaremos aquí temporalmente hasta que encuentre un nuevo sitio donde vivir.

-Me parece bien –comentó la chica distraída mirando a su alrededor.

La casa, que ahora era acogedora, irradiaba luz. Nada parecido a lo que se había imaginado por las palabras de su padre, o por el aspecto exterior. Al final del pasillo, se entreveía una sala llena de gente, a juzgar por las voces que se oían a través de la puerta entreabierta. Harry se apresuró a cerrar la puerta, que la niña había empezado a mirar curiosa, y condujo a su hija hacia el piso superior.

-Te conduciré a tu nuevo cuarto. Te aviso de que aquí no tendremos la intimidad que teníamos en casa, porque esta mansión nunca esta vacía. Desde que Sirius murió, hemos ido nombrando distintos guardianes de esta sede, que debían residir aquí por si alguno de los miembros necesitaba contactar con la Orden. Ahora, dada nuestras circunstancias, yo soy el guardián.

Habían llegado enfrente de una puerta blanca y dorada.

-Esta era la antigua habitación de Sirius. Es la única modificación decorativa que hemos hecho en esta planta, no queríamos atraer maldiciones sobre nosotros por "profanar" las habitaciones de los Black. Yo duermo en el antiguo dormitorio de sus padres, al final del pasillo. No te recomiendo que vengas si no es por motivos de extrema urgencia.

La chica se fijó en que el resto del pasillo era oscuro, no de colores luminosos como el piso inferior.

-Por supuesto, no tienes acceso a toda la casa. Puedes estar en este cuarto, buscarme en el mío si es muy necesario, pasar el tiempo en el salón y comer en el comedor SOLO cuando te avise Mipsy. –recalcó- para cualquier cosa que necesites, la tendrás a tu disposición.

-¿Por qué no puedo frecuentar el comedor?

-Porque es donde nos reunimos los miembros de la organización. Reuniones secretas, obviamente, no intentes escuchar a través de las puertas.

La chica enrojeció. Tenía demasiada experiencia en ese tipo de escuchas.

-Bueno, si tienes algo mas que decir, llámame –dijo Harry mientras salía del cuarto.

-Me alegro de que estés bien, papá. –murmuró la chica.

Harry volvió sobre sus pasos y abrazó a la chica.

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-¡Guau, esta mansión es increíble! –exclamaba Thomas. Un rato después que Alex, Brokehurst y él había llegado a Grimmauld place Bill Weasley con su hija Caroline, y los tres niños se encontraban charlando en el salón. -¿Qué tal el viaje, canija?

-Muy tranquilo, gracias por tu interés –contestó la pequeña Caroline con tanta educación como frialdad.

El chico la miró extrañado y se acercó a Alex para susurrarla:

-Que cambiada está¿qué clase de disciplina tienen en Beuxbatons?...Ya verás cuando se entere de que voy a pasar con ellos las navidades –rió.

-¿Y eso?

-Mis padres están en Albania, ya sabes, con eso de los dragones y reclutar gente para la Orden, así que me quedo con Bill y Fleur. En año nuevo quizá vengamos todos, incluidos los gemelos y Ron para estar con Harry.

-¿Y tu tía Ginny?

-No sé... creo que las va a pasar en Australia conociendo a sus nuevos suegros...

-¿En Australia?

-Sí, es que esta chica es así, cada vez se busca más lejos los novios. La encargan que reclute nuevos miembros para la Orden y mira...

La puerta donde se celebraba la reunión se abrió y los magos empezaron a salir de la sala. Muchos de ellos echaban pequeños vistazos hacia el salón para ver a la hija de Harry Potter, que les devolvía la mirada con desconfianza. También podía oír retazos de conversaciones susurradas:

-Será mejor que reforcemos la seguridad... –decía una bruja de capa púrpura.

-...un equipo de diez magos será suficiente... –le respondía un hombre alto y corpulento.

-...¿Y qué dijo Hermione?... ¿Y crees que funcionará?... –decía mientras tanto la Sra. Lupin a otra mujer.

-...¿A quién podríamos infiltrar?...

Por ultimo salieron Brokehurst, Harry y Ron.

-¡Insisto en que puede ser una buena espía! –exclamaba Ron entusiasmado.

-No querrá unirse –decía Harry sombrío.

-No queremos que se una, solo que actué como espía. Un escarabajo¿quién va a sospechar de ese animalejo? –insistía Ron.

-No es ningún secreto para nuestros enemigos su identidad animaga. –refutaba Harry.

-Pero puede pasar desapercibida. –decía Ron –Y Hermione la tiene bajo control.

-Pero preferiría estar en Azkaban por ser una animaga ilegal que caer en las garras de los magos tenebrosos. –decía Harry.

-Entonces debemos encontrar otro método para coaccionarla que no sea declarar su identidad animaga –sugirió Brokehurst –sacar sus trapos sucios.

-Susan trabaja en el profeta –decía Ron animado. –seguro que ella encuentra algo de su vida pasada.

-Está bien, coméntaselo a tu mujer –cedió Harry no muy convencido- Pero ten en cuenta...

Alex se acercaba disimuladamente sin darse cuenta de que a su lado, Thomas hacía lo mismo, para oír mejor. Cuando les vio Brokehurst, reaccionaron demasiado tarde y les pilló in fraganti en sus intentos frustrados de escuchar la conversación. Sonrió de lado y cerró la puerta del salón con un leve movimiento de varita.

-¡Maldito Brokehurst! –exclamó Thomas.

Caroline y Alex le lanzaron una mirada de reproche.

La Sra. Weasley entró en el salón para llamar a los niños para la cena. Se sentaron alrededor de la mesa los Lupin, los Longbottom, los Finch-Flechley, Molly Weasley, Caroline, Thomas, Bill, Ron, Brokehurst, Harry, Alex y un anciano que asustó a los tres niños cuando le vieron. Tenía unos pocos pelos canos y largos, caminaba encorvado, le faltaba un brazo, y tenia dos ojos desiguales, uno azul y grande y otro negro pequeño.

-Ese es Ojoloco Moody –susurró Harry al oído de su hija –un auror retirado, que nos ayuda tácticamente en la Orden.

Al otro lado de la niña, Thomas comía encogido en su asiento, abrumado entre los ojos violetas de Brokehurst y los ojos desiguales de Ojoloco Moody.

-Y decías que te daban miedo los ojos de Brokehurst... –murmuró Alex a su amigo, socarrona.

-No comentes –respondió él.

-Harry, aprovecha que la niña aun es pequeña, que luego crecen tan rápido... –decía la Sra. Lupin- luego pasa como con Matt, que no quieren pasar las fiestas en familia.

-Jamás te habría imaginado hablar así, Tonks –decía él entre risas.

-Yo tampoco –respondía ella en el mismo tono.

Luna Finch-Flechley hablaba de algún tipo de criatura mágica con Brokehurst.

-¿Encontraste alguna prueba de su existencia? –preguntaba él.

-Los vi con mis propios ojos –dijo ella, con su cara de perenne locura señalándose los ojos.

Neville Longbottom, mientras tanto, vigilaba a su mujer de cerca, para evitar que por su condición de muggle fuera atacada por Mipsy o el cuadro de la Sra. Black.

Mientras tanto, al otro lado de la mesa...

-Yo creo que no conseguiremos hacer ningún avance hasta que no eliminemos del poder a Lucius Malfoy –decía Bill Weasley.

-Pero no estamos lo suficientemente preparados como para desvelar nuestra posición. –decía Lupin.

-El poder de los magos tenebrosos está aumentando –intervino Brokehurst taciturno –debemos actuar rápido. -Molly Weasley, detectando el rumbo que tomaba la conversación, envió a su nieta Caroline a la cama, que aceptó a regañadientes.

-Pero no precipitadamente –opinaba Lupin.

-Se esta extendiendo hacia Hogwarts. Yo lo he visto... –insistía el hombre de los ojos violeta.

-Basta ya de hablar de política y asuntos de trabajo –dijo una sonriente Molly Weasley con firmeza. Sus ojos (en los que no participaba la sonrisa) dejaban bastante patente que más que una sugerencia era una orden.

-Estoy de acuerdo –intervino una voz ronca que Alex identificó como la del hombre que se sentaba enfrente suyo, Ojoloco Moody. Sus ojos, (ambos) estaban clavados en ella. –no es una discusión apropiada para niños. –añadió, recalcando la última palabra.

Harry miró furioso al hombre.

-No hay ningún "niño" aquí presente –dijo con rabia contenida recalcando la palabra "niño"- No hay nada de lo que podamos hablar que mi hija no deba saber.

-No estaría tan seguro –susurró Moody, mirando con su ojo negro a Harry y con el azul a su hija.

-Pero yo sí, y soy yo quien debo juzgar si nuestras palabras son adecuadas para la niña...

La escena se había tornado tensa, y tanto Ojoloco como Harry hacían caso omiso de las advertencias del resto de los comensales. Thomas, mientras tanto, miraba a Alex.

-Tu hija... –empezó a decir Ojoloco.

-¿Es que debo recordarte los efectos que la desinformación causaban en mí? –interrumpió Harry elevando la voz- ¿Lo mal que lo pasé por encontrarme aislado del mundo mágico y las actividades de Voldemort!

-¡No estamos hablando de ti, Harry!

-¡Alastor! Esta discusión no tiene sentido y lo sabes, si no quieres hablar en presencia de Alexandra, ya hablaré yo con ella en privado.

Ojoloco iba a contestar, pero Lupin intervino:

-¡Basta ya! –gritó. Todos le miraron extrañados, era la primera vez que oían gritar al tranquilo Lupin. –Thomas, Alexandra, subid a dormir. Es tarde, deberíamos irnos todos a descansar.

Su firmeza hizo que sin una queja, todos se movilizaran. Los Lupin, los Longbottom, los Flint Fleechey y Ron se fueron a sus respectivas casas, y los demás se repartieron por las habitaciones de la mansión Black.

Thomas, Harry y Alex subían en silencio. Cuando padre e hija se quedaron a solas, antes de entrar en el cuarto que la niña compartía temporalmente con Caroline, la chica le preguntó a Harry qué problema tenía Ojoloco con ella.

-Ojoloco tiene problemas con todo el mundo, es desconfiado a la fuerza. –respondió él evasivamente. –Ha luchado durante mucho tiempo.

-Con Thomas no tenía problemas.

-Charlie y Amy no estaban. Molly Weasley se habría negado a que se siguiera hablando del tema en presencia de su nieto.

-No me convence esa explicación...

-Mañana te lo explicaré todo... ahora ve a dormir. –le rogó Harry.

Cuando entró en la habitación una voz la reveló que Caroline no estaba dormida:

-Es porque eres una Slytherin.

-¿Tú que sabrás? –la dijo Alex de malas maneras.

-Os habéis dejado la puerta entreabierta y he oído las voces. Ojoloco no se fía nada de ti –dijo con voz cantarina la niña de pelo plateado, disfrutando la situación.

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Cuando Alex abrió los ojos no reconocía el lugar donde estaba. Se levantó desorientada y entonces recordó que se encontraba en Grimmauld place. Bajó las escaleras y fue al comedor, donde vio que Caroline y Molly Weasley estaban despiertas.

-¡Hola, querida! Por fin te has despertado.

-Hum... –refunfuñó la chica aun cansada.

-Oh, ven pequeña, dime ¿Qué te apetece desayunar¿Gachas¿Cereales¿Un zumo o unas tostadas?

-Un zumo, gracias.

-Mipsy se podrá encargar de eso, señora Weasley –dijo la elfina ofendida porque la mujer intentara quitarle el trabajo.

La radio mágica estaba sonando.

-"Y, a sólo dos partidos de la final, Inglaterra perdió contra España en los mundiales, tras una jugada espectacular de su buscador, Manuel Torres..."

La Sra Weasley cambió de emisora pero la nueva tampoco fue de su agrado.

-"El director del departamento de Seguridad mágica, Percy Weasley, ha vuelto a hacer unas sorprendentes declaraciones: -la Sra. Weasley apagó la radio cuando una seria voz comenzó a hablar. -"Respecto al desagradable asunto ocurrido..."

Se hizo un largo silencio tras escuchar la noticia sobre el único Weasley que no había sido invitado a la boda de Ron.

Bill y Thomas, que habían dormido juntos, bajaron en ese momento.

-Nos volveremos a casa después de desayunar, no me gusta dejar a Fleur sola tanto tiempo. –anunció el hombre.

Por último bajaron Moody, Brokehurst y Harry, bien despiertos. Declinaron la oferta de la Sra. Weasley de ayudarles con la casa, diciendo que con Mipsy tendrían suficiente, además de que la elfina no permitiría que nadie la ayudase con las tareas domesticas; y los Weasley se fueron a la Madriguera. Para entretenerse, Alex bajó de su baúl el libro de los augurios que había robado de la biblioteca del colegio y lo empezó a leer.

Brokehurst estaba sentado en el sofá, con los ojos cerrados concentrándose en algo. Harry, a su lado, escribía cartas. Alex había estado pendiente de las conversaciones entre Ojoloco y su padre, pero el tema de la noche anterior no se volvió a tocar. Había un tenso silencio desde entonces. Brokehurst abrió los ojos, sin que ninguno de los presentes se diera cuenta.

-¿Cuál fue ese augurio? –preguntó Brokehurst de repente a la chica, recordando su reunión en el colegio al ver el libro que tenía entre las manos.

Tras una larga pausa contestó reticente:

-Sobre una amiga, vi una calavera en sus cereales –Escuchando sus palabras empezó a pensar... ¿Se reiría de ella¿Qué pensaría Harry¿Helen de verdad tenía la muerte a los talones?

Harry levantó la vista rápidamente de sus cartas y miró a su hija.

-¿Esa calavera tenía una serpiente en la boca? –preguntó.

-No lo sé...- respondió Alex vacilante- era solo una silueta.

-Te dije que no lo dieras importancia –contestó Brokehurst, tajante.

-¿Qué no lo diera importancia? –preguntó Harry.

-Harry, no te metas en esto.

-¿Y si es un augurio?

-Ni Hermione ni yo creímos conveniente...

-Conozco a Hermione y sé su postura hacia los augurios, pero tú, Kurt...

-¡Yo soy un profeta! Reconozco un augurio cuando lo veo, y eso no lo era.

-Si yo hubiera hecho caso de los augurios cuando...

-¡La muerte de Erica no se podría haber evitado, Harry! –se anticipó Brokehurst. –Cuando alguien pierde a un ser querido se empeña en creer que los astros ya habían dado suficientes señales de aviso a pesar de no ser así.

Harry se calló.

-Tu hija es afortunada de no poseer la Vista. –entonces, dirigiendo la vista hacia la chica dijo- Alex, créeme. Si a Helen le fuera a pasar algo yo te avisaría.

-¿Cómo sabe que es sobre Helen el augurio? –preguntó Alex intrigada.

Su conversación se vio interrumpida cuando Ojoloco pasó a llamar a los dos hombres, diciendo que Hermione Granger se encontraba en la chimenea, esperando para hablar con ellos.

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La vida en Grimmauld place era agitada. A todas horas había alguien que enviaba lechuzas con pequeños mensajes, hacían cortas visitas o hablaban a través de la chimenea. Alex vagaba de habitación en habitación, aburrida, teniendo en cuenta que de la mitad de ellas era expulsada porque allí se trataban "asuntos secretos". Harry siempre estaba ocupado y taciturno, Brokehurst en estado de trance la mitad de las veces y Moody y la chica se evitaban. Ella no podía evitar la mueca de desprecio que se dibujaba en los labios cuando le veía, y él la miraba con desconfianza. Durante la comida, los cuatro estaban en silencio.

-Sr. Brokehurst... –llamó Alex deseando que el hombre no estuviese concentrado, para romper el hielo.

-Llámame Kurt –contestó el al cabo de un rato.

-¿Qué hubiera pasado si algún alumno hubiera poseído la Vista?

-Depende de la edad –contestó él tardando aún más tiempo.- Si consideramos que es mayor para tomar sus propias decisiones, se lo habríamos comunicado y le habríamos entrenado para dominar sus visiones en la mayor cantidad posible. De lo contrario, hubiéramos aletargado el don.

-¿Aletargado?

-Sí, contenerlo mágicamente para que nadie lo detecte. Es difícil, pero no tenemos más opciones.

-¿Por qué?

-Porque si algún mago tenebroso hubiera descubierto que un niño tiene poder premonitorio, ese niño habría corrido peligro. –intervino Harry.

-Y además, los adolescentes sois maleables. –añadió Moody. –No nos podemos arriesgar a que ese poder esté en manos del enemigo.

-Y yo soy el enemigo¿no Moody? –explotó la chica, sin poder evitarlo. –Por ser Slytherin.

-¡No, pequeña, no por ser Slytherin! –estalló el anciano- ¡Por ser hija de esa arpía de Erica Snape y nieta de esa mala pécora de Morgan Lestrange!

-Alastor... –advirtió Harry.

-¡Me he pasado casi 50 años luchando contra la estirpe de los Lestrange! –seguía, ignorando a Harry- Perdí un brazo luchando contra Morgan Snape, para después tener que luchar contra los deseos de venganza de la niñata de su hija. Eres como ellas, lo supe desde que te vi entrar.

-Creía que quedó bastante claro que Erica se unió a nosotros –dijo fríamente Harry.

-Alexandra no es Erica, Moody –dijo Kurt –te lo puedo asegurar yo, que conocí a Erica como nadie.

-Solo espero que no os equivoquéis –dijo por último Moody antes de abandonar la habitación.

La habitación se quedó sumida en el silencio. La joven se sentía terriblemente culpable de que la opinión del grupo de dividiera a causa suya, pero también arropada por la confianza que su padre depositaba en ella.

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Esa noche, el ambiente Navideño se podía respirar. Los Potter y Moody se habían tomado una tregua, y el aspecto de Kurt era más alegre. Cuando Harry preguntó a su amigo a que se debía esa leve sonrisa dijo que recibirían una visita agradable.

-¡Claro, Santa Claus, con su saco repleto de regalos! –dijo Harry jovial.

-Casi casi aciertas, Harry –dijo una seductora voz femenina a sus espaldas.

Harry se giró y se encontró con una joven de bonitos rizos pelirrojos.

-¡Maddy! –exclamó.

Kurt Brokehurst ensanchó su sonrisa. ¿Hacía cuánto que lo sabía? Tras la mujer pelirroja estaba un alto y corpulento hombre rubio, habían pasado a la mansión probablemente gracias a Brokehurst. Alex les reconoció de una de las fotos que Kurt le había enseñado cuando estuvo en su despacho. Ella era Madelaine, creía recordar, y él, Stan.

Harry abrazó alegre a los extraños.

-Ya era hora de que volviéramos a quedar¿no, chicos? –dijo Madelaine. –El antiguo grupo.

-Hay costumbres que no deberían perderse –dijo Harry.

Entonces el hombre rubio reparó en la presencia de Alex.

-¿Esta es tu hija, Harry? –preguntó.

-Oh, Dios mío. ¡Esta crecidísima! –exclamó sorprendida Madelaine. Se acercó a la pequeña y la acarició la cara -Algo más esbelta que Erica, menos mal, pero tiene sus hermosos rasgos.

Harry sonreía orgulloso.

-¿Sabes quienes somos nosotros, querida? –preguntó la mujer a Alex.

-Unos magos oscuros buscados por toda Europa. –contestó Ojoloco Moody sin dar tiempo a la niña a abrir la boca.

Los desconocidos repararon entonces en su presencia. La sonrisa de Madeleine se había borrado.

-Si alguien me necesita, estaré en mi cuarto –se despidió Moody fríamente, subiendo a la planta de arriba.

-Veo que nuestra presencia es non grata –comentó Stan.

-Bueno, respondiendo a mi propia pregunta, te diré, querida, que somos antiguos amigos de Erica –se respondió Madeleine como si la interrupción anterior nunca hubiera tenido lugar. –Estuvimos muy unidos hasta que las circunstancias nos obligaron a separarnos. Entonces prometimos que nos encontraríamos al menos una vez cada dos años, promesa que no hemos cumplido desde entonces. Apuesto a que no le has contado todo esto a la niña, Harry.

-Algo la he comentado, sí –eludió Harry.

-¿Por qué estáis aquí? –preguntó Kurt, desconfiado.

-¿No podemos simplemente querer disfrutar de vuestra compañía? –Madeleine fingió ofenderse.

-Maddy, nos conocemos –dijo simplemente Brokehurst.

-Necesitamos vuestra ayuda –intervino Stan.

-¿Nuestra ayuda? –preguntó Harry.

-Como bien ha dicho vuestro amigo Moody, nos buscan por toda Europa –Explicó Stan- Necesitamos protección, ya no solo estamos siendo perseguidos por aurores, sino también por Blackblood.

-¡Pero si está muerto! –exclamó Kurt.

-Eso creíamos –repuso Maddy fríamente.

-¿Quién es ese hombre? –preguntó Alex sin poder evitarlo.

-El más peligroso de nuestros enemigos. –dijo Harry, sombrío- Estudió en Dark Magic con nosotros. Muy poderoso... y ambicioso. Nosotros estudiábamos magia negra para hacer justicia, para tener armas contra los magos tenebrosos. –Kurt, Stan y Maddy asintieron- él lo hacía para adquirir más poder.

-Es un ladrón de talentos –especificó Kurt- mata a otros magos para quitarles su magia.

Alex estaba aterrorizada. Nunca podía haber imaginado que pudiera existir ese mal.

-¿Fue él quien te atacó, papá?

-No –respondió Harry. –pero ya sabemos quienes fueron. Y tendrán su respuesta. –añadió, amenazador.

-Vaya vaya, Harry. Veo que no somos los únicos que estamos en problemas –dijo Maddy.

-Sólo unidos podremos vencerle. La última vez que estuvimos a punto de acabar con él fue cuando estábamos todos. –dijo Stan, volviendo al tema.

-Ahora no estamos todos –replicó Harry, irritado. –Erica no está, y Anthony tampoco.

Se creó un profundo y largo silencio.

-Debemos encontrar a Anthony –dijo Kurt.

-¿Crees que no le hemos buscado¡No quiere ser encontrado! –exclamó Stan.

-Kurt y yo le buscaremos –dijo Harry. –pero vosotros debéis asumir nuestros deberes en la Orden.

-No hay ningún problema. –dijo Maddy. –Demostraremos a tus amigos que somos de confianza.

-Además, nosotros tenemos ventaja sobre ellos a la hora de infiltrarnos por los bajos fondos –dijo Stan.

Todos quedaron pensativos. Entonces Harry se fijó en su hija y decidió que ya era hora de que la pequeña estuviese en la cama. Tras unas ignoradas protestas de la chica, tuvo que subir al piso superior y caer rendida en las suaves sábanas que la tapaban.

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"-Erica, Alex, Erica. Si hubiera prestado más atención a sus palabras, a sus pesadillas¡a su comportamiento! habría notado... ¡ahora no estaría muerta! Pero estaba tan obsesionado con cazar magos tenebrosos... ¡como Crouch!

Harry miraba a Erica con los ojos desorbitados, se acercaba y la agarraba por los hombros. La hacía daño.

-La historia se repite... –susurraba."

-¡Señorita Alex¡señorita Alex, despierte! –decía una chillona vocecilla junto a su oído.

La chica abrió los ojos con dificultad, deslumbrándose con los rayos del sol que penetraban por el espacio que había entre las cortinas. Había sido un sueño... No era la primera vez que soñaba con un recuerdo olvidado desde que tomó la poción recordadora. Volvió a cerrar los ojos, pero la insistencia de Dobby la impidió volver a dormir.

-¡Los regalos! –gritó el elfo, emocionado.

La joven se incorporó de golpe. ¡Ya era Navidad! Bajó de un salto de la cama tropezándose con un pico de las sábanas que arrastraba por el suelo, y con los ojos semicerrados, se agachó sobre los brillantes papeles de colores, detectando tan solo formas borrosas. A sus espaldas Mipsy reprendía a Dobby por haber despertado a su amita, y la chica estaba demasiado somnolienta para defender al elfo.

Enseguida se perdió entre montones de papeles multicolores con chillidos de emoción cada vez que veía un nuevo regalo. Una elegante (y cara) túnica por parte de los Avery, un libro que desechó enseguida de Hermione Granger, un bonito reloj de parte de Helen, un ajedrez mágico de parte de Ron y Susan Weasley, un libro de hombres lobo, de parte de los Lupin, un kit de bromas mágicas de Charlie Weasley y el mejor de todos: una escoba de carreras de último modelo de parte de Harry Potter. La chica salió corriendo con lágrimas en los ojos hacia la habitación de su padre agradeciéndole el regalo, y le despertó de su sueño. El hombre no se mostró muy enfadado, al contrario, sonrió aun medio dormido.

A espaldas de Alex estaba Maddy, que venía del cuarto de baño tapada por un corto camisón verde. ¿Qué hacía en la habitación de su padre? La chica sospechó que habían dormido juntos, y enrojeció fuertemente al imaginar que hubiera entrado en la habitación tan solo 10 minutos antes. Ninguno de los adultos parecía incómodo, así que Alex contempló la posibilidad de que cada uno hubiera dormido en su cuarto, y Maddy se hubiera acercado al verla a ella.

-¡Oh, querida! Ya te has despertado. Tengo un regalo para ti. –dijo sonriente Maddy.

La pequeña se sorprendió, Harry estaba curioso. Él tampoco sabía que la mujer pelirroja había traído un regalo para su hija.

-Creo que ya va siendo hora de que tengas una mascota. –anunció, sacando de un baúl una caja con agujeros. –La pedí por encargo, no es una especie que se pueda pasear por el callejón Diagon fácilmente.

La mente de la pequeña volaba. ¿una lechuza? Imposible, la caja era muy grande. ¿una camada de gatitos? No oía maullidos... Tal vez un era un perro. Al menos tenia el alivio de saber que no era un sapo.

Se acercó a la caja y la abrió... ¡obteniendo un saludo de su mascota!

-Holas –siseó la serpiente sacando la cabeza de la caja.

-¡Oh, es preciosa! –exclamó la chica- La llamaré Nía.

Maddy la miraba con una amplia sonrisa. Harry sin embargo, no parecía muy convencido.

-¿Esa especie es ilegal? –preguntó a la mujer, que estaba sentada en un extremo de la cama.

-No lo sé –dijo ella con despreocupación –pero es lo de menos, creo que ella y Alex se entenderán muy bien –añadió, ensanchando su sonrisa.

-¿No resultará peligrosa?

-¡Tu hija la podrá domesticar sin problemas!

-El término domesticar ofende a Nía –dijo la chica, interviniendo en la conversación.

-No sé si Hermione la permitirá que la tenga en Hogwarts. –dijo él. Se había levantado y se estaba vistiendo con sus usuales colores negros.

-No tiene por qué enterarse, solo hay que darle a Nía instrucciones de que no abandone la habitación de Alex. –decía Maddy.

-No me convence mucho –decía Harry saliendo de la habitación.

La mujer le siguió, intentando convencerle y Alex escuchó sus voces hasta que bajaron a la cocina. Para romper el hielo Alex le preguntó a Nía qué comida era la que le gustaba, (ratas y pequeños roedores), cual era su país de origen (Brasil, la selva amazónica) y le dio instrucciones para pasar desapercibida en Hogwarts. Cuando salieron para ir al cuarto de la pequeña, Dobby, que estaba en el pasillo con unas cuantas toallas en las manos, gritó y desapareció al ver la descomunal serpiente. Mipsy la llamó, y la dijo que había olvidado abrir un pequeño regalo. Cuando entró, en un pequeño envoltorio negro, había un objeto algo pesado del tamaño de un vaso. Era una especie de vasija de color marrón, con unos extraños símbolos a su alrededor. Con algo de dificultad abrió la tapa, y vio un remolino de una extraña sustancia plateada. El regalo era de Severus Snape, y en una nota decía que era su pensadero, donde podría encontrar sus recuerdos seleccionados de Erica. Lo que olvidaba decir era cómo se podían ver.

La pequeña no pudo resistir el impulso de tocar esa sustancia y sumergió los dedos en la vasija. Sintió como si una poderosa fuerza tirara de ella y de repente el mundo se difuminó a su alrededor, ya no estaba en esa habitación de Grimmauld place, sino en el andén de una estación.

Miró a su alrededor y encontró a un hombre conocido, el profesor Snape, con su usual capa negra esperando la llegada de un tren. Cuando él miró hacia su dirección, se ocultó tras una mujer de capa violeta, y él no la vio. Pero empezó a dudar que él pudiese verla aunque se pusiese delante de él haciendo señales con la mano cuando una familia la atravesó. En ese recuerdo, ella era invisible, pero no lo había sabido hasta ahora porque nunca había estado en el interior de un pensadero.

El tren llegó, y un joven Snape parecía nervioso por la llegada de la persona a la que esperaba. Alex perdió de vista a su profesor cuando la gente empezó a bajar del tren y a encontrarse con sus familiares. Alex atravesó una pareja que se abrazaba para ver mejor a Snape. Cuando el andén estaba casi vacío bajó una pequeña figura cubierta por una capa negra con una gran capucha que la tapaba todo el rostro, seguida de una elfina. Erica. La chica levantó la vista y le arrojó la maleta a su tío, que la recogió sorprendido:

-Toma. –dijo simplemente.

El hombre reaccionó rápidamente y le arrojó la maleta a su vez a la muchacha, que la cogió sobresaltada.

-Yo no soy tu criado. –dijo.

Alex pudo ver la expresión de Erica, que se encontraba furiosa. Cogió la maleta orgullosamente y empezó a andar con la cabeza bien alta, sin hablar con Snape. Alex se fijó en su madre. Era una chica de casi 17 años que tenía su misma altura, la de una chica de 13 años, a pesar de caminar lo más erguida posible, lo cual no decía mucho a su favor.

Alex se dio cuenta de que no tenía que caminar detrás de ellos, porque el lugar en el que se encontraban se movía al mismo ritmo que Snape. A través de la chimenea de El Caldero Chorreante viajaron a la casa de Snape, que era oscura, y estaba llena de libros y frascos con horripilantes criaturas. Erica miró a su alrededor con desprecio.

-Voy a preparar tu cuarto –murmuró Snape adentrándose a través de una puerta.

La joven dejó la maleta en el suelo y se quitó la capa, que su elfina, Mipsy, se apresuró a recoger y doblar. Alex se sorprendió de ver a su elfina tan joven, pero observó que el tiempo no había cambiado su carácter servicial. A la tenue luz de la casa de Snape Erica examinó los rasgos de su madre. Era de corta estatura, pero de constitución rolliza y con seductoras curvas que Alex siempre había envidiado. Su nariz era pequeña y bonita; sus ojos, negros y profundos, con largas pestañas; y sus labios, finos y curvados en una permanente mueca de desprecio. Su cabello era largo, negro y ondulado, su piel, pálida. Daba la impresión de ser una delicada muñeca de porcelana, pero Alex sabía que las apariencias engañaban, pues por los comentarios que había oído de su madre, no era una chica indefensa.

Snape volvió a salir de dentro de la habitación y la dijo a la chica que ya estaba todo listo.

-¿Quieres cenar algo? –preguntó.

-No tengo hambre –contestó ella fríamente. Entró a la habitación seguida por su fiel elfina Mipsy y cerró la puerta.

El hombre se quedó a solas en el salón (observado por Alex) y suspiró, cansado. Le esperaba un duro verano conviviendo con la chica.

De repente, Alex se encontraba de nuevo en Grimmauld place. Era la hora de comer y Mipsy había hecho uso de su poder para sacar a su ama de los recuerdos en los que se hallaba sumergida. "Más tarde podrá seguir viéndolos" dijo. Alex había perdido la noción del tiempo en el interior del pensadero, olvidó que fuera el mundo seguía su curso.

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Durante la comida, Alex observaba a Maddy y cómo se comportaba con su padre, pero para su sorpresa coqueteaba tanto con él, como con Stan como con Kurt, lo cual no aclaró la duda que tenía en la cabeza. Kurt la regaló un amuleto que ella agradeció con una sonrisa, y Stan una foto donde aparecían Erica, Anthony y él mismo.

Alex terminó apresuradamente de comer para escribir una carta a Helen, mientras oía los reproches de Mipsy de la falta de educación que suponía levantarse en una comida si no habían terminado de comer los demás comensales, pero ella no la hizo ningún caso.

Por la noche, llegaron numerosos invitados. Bill, Fleur y Caroline Weasley con Thomas, Ron y Susan Weasley, que ya tenía un avanzado embarazo, los Lupin y otros miembros de la Orden del Fénix. Todos ellos observaban a Alex con curiosidad y la saludaban con palabras cariñosas por su padre. Thomas se acercó excitado a Alex y le empezó a contar lo que le habían regalado hasta que la presencia de Maddy le distrajo, y se dedicó el resto de la noche a seguir con la vista y la boca abierta el recorrido que hacía la exuberante mujer mientras Caroline y Alex le miraban con reproche. La pequeña Weasley lucía un bonito vestido de fiesta azul que le habían regalado sus abuelos, con la misma gracia que una experta modelo. Era una chica simplemente preciosa, y Alex sintió envidia de su deslumbrante belleza. Harry mientras tanto hablaba animadamente con Ron de quidditch. Ron se dirigió a Alex cuando se acercó a ellos.

-Me ha dicho tu padre que te ha comprado una escoba de carreras –la comentó.

-¡Sí! –exclamó ella emocionada –estoy deseando entrar en algún equipo de quiddith.

-Pero tradicionalmente las chicas no lo tenéis fácil para entrar en el equipo de Slytherin –objetó Ron, con el ceño fruncido.

-Bueno, tiene como última opción hacer lo que hizo Erica –dijo Harry.

Los otros dos le miraron interesados.

-Ella era la "suplente" de uno de los golpeadores, Crabble, y estaba tan indignada que le dejó fuera de combate unas pocas horas antes de uno de los partidos intoxicándole con un bollo. –rió Harry.

-¿De verdad? –preguntó Alex maravillada.

-Ya me extrañaba a mí que esa chica llegara al puesto por motivos naturales –reconoció Ron, entre risas. –¿Y nunca lo sospecharon sus compañeros de casa? –preguntó intrigado.

-Me imagino que sí –respondió Harry –pero ninguno quería enfrentarse a ella y terminar como Crabble, una semana en la enfermería con retorcijones de barriga.

Los hombres reían mientras una nueva idea se formaba en la mente de la perversa chica.

-¿Y ella era buena jugadora? -preguntó

-Bueno, tenía puntería, volaba bien... podría decirse que sí –respondió Harry.

-El problema es que con Harry de buscador ningún equipo tenía ninguna oportunidad. –dijo Ron, halagador.

Alex se alejó mientras los hombres seguían bromeando, y encontró a Thomas hablando con Tonks.

-¿Y eso duele? –preguntaba Thomas a la mujer, al verla cambiar el tamaño de sus labios.

-¡No! –dijo ella –hace cosquillas.

Entonces le empezó a crecer una larga y lacia melena rubia y cambió los rasgos de su cara para asemejarlos a los de Fleur y Caroline Weasley. Los pequeños quedaron impresionados y ella entonces sonrió, desvelando una horrorosa dentadura donde faltaban dientes y los pocos que tenía estaban negros. Recuperados de la primera impresión, los dos niños empezaron a reírse. La mujer recuperó entonces su aspecto ¿original? (o al menos el que tenía cuando Alex la vio por primera vez) con una melena semirrizada castaña y ojos del mismo color.

-Cuando yo tenía tu edad cambiaba de look continuamente–le contó la mujer a Alex –y llevaba cortes de pelo muy modernos de colores chillones.

-Aún lo sigues haciendo, querida –dijo Lupin a sus espaldas, riendo.

La joven se separó de ellos y Brokehurst se interpuso en su camino.

-Alex, quería hacerte una pregunta que acabo de recordar. ¿Desde que te tomaste la poción recordadora has vuelto a tener algún recuerdo?

-Eh... bueno, sí, pero ninguno tan intenso como el primer día.

-Y generalmente los tienes estando relajada. Mientras duermes¿no?

-Sí –confirmó la pequeña recordando que ese mismo día había tenido un recuerdo del verano anterior. -¿Debería preocuparme?

-No, -la tranquilizó Kurt –Según Hermione es normal que después de tan tremenda dosis que te tomaste te queden "residuos". Irán despareciendo gradualmente, aunque a veces es bueno recordar esas cosas...

-¡Kurt, deja asuntos de trabajo estando de vacaciones! –gritó Justin Flint Fleechey a sus espaldas. Por su tono de voz Alex supo que iba ligeramente bebido. Acto seguido, arrastró al hombre de los ojos violeta hacia él.

Alex se quedó pensando en lo que le había dicho. No había olvidado la frase de su padre ("estaba tan obsesionado con cazar magos tenebrosos... ¡como Crouch! ...La historia se repite") , y como nunca entendió el comportamiento que él tuvo ese día del verano anterior, encontró necesario buscar una explicación. Lo primero sería averiguar quien era ese tal Crouch, y estando rodeada de tantos contemporáneos de su padre, no le sería difícil.

Se acercó a Ron Weasley, que se encontraba sentado en ese momento.

-Eh... ¿Ron? –titubeó.

El hombre la miró y sonrió.

-Dime, pequeña

-Verás, estaba ayer haciendo la tarea de historia de la magia contemporánea, y había un ejercicio sobre un tal... Crouch. Le pregunté a mi padre quién era, pero no me lo quiso decir, dijo que buscara en un libro –inventó sobre la marcha

-Ay, Harry cada día se parece más a Hermione. No te preocupes por los deberes pequeña, ahora diviértete.

La chica puso una cara de angustia que ella misma denominaba orgullosa como infalible. E infalible era...

-Bueno, de todas formas me encanta ayudar con los deberes –mintió Ron. –Bueno, Crouch era jefe de mi hermano Percy. Era el director del departamento de cooperación mágica internacional.

-Ugh –dijo Alex con cara de desagrado.

-Sí, yo también opino eso, un auténtico aburrimiento... Pero él no siempre había estado en ese departamento... antes, durante el auge de Voldemort había sido el director del departamento de seguridad mágica... creo. Bueno, pues este hombre era un obsesivo. Muy ambicioso, todo lo hacía para ir escalando puestos en el ministerio, su carrera era imparable. Y pretendía terminar con todos los magos tenebrosos al precio que fuera...

Se volvió muy duro con sus leyes, les dio permiso a los aurores para matar en vez de capturar... digamos que para acabar con Voldemort creía necesario usar sus mismos métodos; Mucha gente estaba de acuerdo con él, incluso se llegó a creer que podría ser el futuro ministro de magia.

-¿Y que pasó?

-Pues que se vio envuelto en un escándalo familiar. Su propio hijo era un mortífago. Resulta irónico ¿verdad? Estaba tan ocupado luchando contra el mal que no lo vio debajo de sus mismas narices. En su misma casa. Y claro, su popularidad cayó en picado porque...

Alex dejó de escuchar. Se había quedado helada. Las voces de Harry y Ron se repetían en su cabeza como un maldito eco que la atormentaba:

"estaba tan obsesionado con cazar magos tenebrosos... ¡como Crouch!..."

"este hombre era un obsesivo. Muy ambicioso. Y pretendía terminar con todos los magos tenebrosos al precio que fuera..."

"Su propio hijo era un mortífago..."

"Estaba tan ocupado luchando contra el mal que no lo vio debajo de sus mismas narices. En su misma casa..."

"La historia se repite..."

"Su propio hijo"

"Su propio hijo"

"Su propio hijo"

-Alex¿estás bien? Estás pálida. –la voz preocupada de Ron la sacó de sus pensamientos.

-¿Eh? –musitó Alex con dificultad. Tenía la garganta reseca. –Sí, sí, estoy bien. Necesito ir al baño.

La chica salió corriendo de la sala, y se encerró en uno de los baños.

Su padre se había comparado con un hombre que había descuidado tanto la educación de su hijo que éste se había unido al bando enemigo. Sus ojos se humedecían. ¿Qué opinión tenía de ella su padre¿Una asesina en potencia¿Entonces qué hay de toda esa confianza que había depositado en ella durante las navidades¿Era acaso todo ello fingido, para hacerla creer que confiaban en ella y que no se uniera al bando tenebroso¿Era un teatro para que no desvelara ningún secreto de la Orden? Las lágrimas empezaban a correr por sus mejillas.

Recordó la expresión de su padre cuando dijo esas palabras. Como la miraba con el terror pintado en la cara, con los ojos fuera de sus órbitas. En ese momento, y era ahora cuando lo comprendía, no la estaba viendo a ella, estaba viendo al fantasma del hijo de Crouch. En lo que ella podía llegar a convertirse.

Si tanto miedo tenía a que esto ocurriera... ¿Qué sentido tenía el comportamiento de Harry de los últimos días? Fingiendo que no existían secretos entre ellos... Se había pasado toda su vida eliminando de ella todo rasgo que la pudiera asemejar a su madre. Sacando a Erica de la vida de la chica para que no siguiera su camino... Ocultando toda aquella información que supusiera para la pequeña un conflicto con la ideología, el futuro, la vida que Harry había predestinado para ella. Pero él no había previsto que ella entrara en Slytherin. Y le suponía un conflicto interior, puesto que no sabía si en esa casa su hija cuando saliera de la escuela volvería a ser la misma.

-¡Señorita Alex! –La voz de Dobby a través de la puerta la sacó bruscamente de sus reflexiones. -¿Se encuentra bien?

-Sí –respondió ella, pero las lágrimas ahogaron su voz –Sí –repitió con más firmeza. –creo que algo que he comido me ha sentado mal.

-Ah, es que su padre se encuentra preocupado por usted –dijo el elfo.

"Pues se va a preocupar aún más, hasta que le salgan canas" pensó la chica con ira.

-Oh, dile que no se preocupe, pero que me voy a subir a acostar ya, que estoy cansada. –dijo a través de la puerta.

Oyó como el elfo se alejaba tras la orden. La chica se miró en el espejo y se limpió las lágrimas de la cara con la manga. Aún tenía síntomas de haber llorado, y sus ojos amenazaban con volver a derramar lágrimas a borbotones, así que decidió subir rápidamente antes de que nadie la viera. Llegó arriba, cerró la puerta con un fuerte golpazo y se acercó a la cama lentamente, cansada, con los ojos aún rojos.

-Oh, permíteme adivinar... te ha dejado el novio ¿verdad? –dijo una voz socarrona a sus espaldas.

La chica se giró velozmente con una mirada fulminante dirigida al destinatario de esa voz. Un hombre con puntiaguda barba la miraba con expresión aburrida desde el interior de un cuadro. Era la primera vez que veía el ocupante de ese cuadro, que hasta el momento había sido un lienzo en negro.

-¡Déjeme en paz! –Alex no estaba de humor para aguantar a retratos bromistas.

-El mismo mal genio del padre... No sé que he hecho yo para pasarme la eternidad aguantando a adolescentes prepotentes –dijo Phineas Nigellus, poniendo los ojos en blanco.

Ella no contestó. Se fue hacia la cama y recogió el pijama.

-¿Va a estar mirando cómo me quito la ropa?

-Hum, ardo en deseos –dijo él sarcásticamente girándose para dejarla intimidad.

Aun desconfiante, la chica se cambió mientras decía:

-Está aquí para espiarme¿verdad?

-Oh, cierto, olvidaba que el mundo mágico gira alrededor de la joven Alexandra Potter y que la máxima preocupación de los magos más poderosos de Inglaterra es enviar a un retrato a espiarla, de hecho, no tengo otra misión en la vida que informar a la Orden cada vez que la niña decide pintarse las uñas o leer una de esas estúpidas revistas que leéis las adolescentes. –dijo él, irónico, aún de espaldas.

-Para haber sido Director de un colegio no tienes mucha idea de adolescentes, no todas somos así –dijo ella, herida en su orgullo.

-Y ahora mismo estoy hablando con la excepción que confirma la regla¿no?

Ella se tumbó en la cama, decidida a no responder.

-Ahora me gustaría dormir¿será tan amable de dejarme a solas? –preguntó con falsa amabilidad la chica.

Al cabo de unos momentos solo la respiración de la joven y los gemidos de algún tipo de espíritu de la buhardilla se oían en la habitación.

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-Ah¡ya estás despierta!

Alex había bajado arrastrando los pies a la cocina. Era muy tarde, pero no había pasado una buena noche. Los residuos de los recuerdos habían aumentado la noche anterior, y se la había pasado entera rememorando los malintencionados comentarios que había tenido que escuchar continuamente en boca de todos cuando entró en Hogwarts. Harry la miraba sonriente, pero ella no pudo responderle así.

-¿Te encuentras mejor?

-Sí.

-Vaya susto que le diste a Ron, se pasó toda la noche diciendo que jamás llegaría a ser un buen padre si los niños se ponen enfermos al oírle dar explicaciones. –dijo Harry riendo.

Maddy y Stan pasaron en ese momento. Harry les miró de reojo y volvió a hablar a la chica.

-Verás, esto que tengo que decirte es duro.

La chica levantó la vista de sus gachas sin interés.

-Stan, Maddy y yo vamos a partir en busca de Anthony cuando acaben las vacaciones de Navidad. Simplemente estoy harto de esta casa, ahora entiendo a Sirius, y ya estoy repuesto del ataque que sufrí. Así que... bueno, es posible que no tengas noticias mías en bastante tiempo. Por supuesto, intentaré conectar contigo siempre que pueda.

-Ajá...

Harry estaba extrañado.

-¿Ajá¿Sólo vas a decir eso¡No quería ninguna situación melodramática, pero al menos esperaba que esto te disgustara un poco!

-Ya eres mayorcito para decidir lo que haces. Yo no te voy a imponer mis preferencias. –dijo Alex fríamente.

Harry la miraba de hito en hito:

-¿Se puede saber qué diablos te pasa?

Stan y Maddy le lanzaron una mirada de advertencia.

-Bien –repuso Harry algo más sosegado- me alegro de que mi partida no te afecte en absoluto, después de todo, yo velo por tu felicidad –añadió con algo de ironía.

Salió enfurecido de la cocina, y Stan y Maddy le siguieron. Mipsy, que había estado presente en toda la escena, miró extrañada a su ama. No era normal que la chica no mostrara ninguna pena ante la pérdida de contacto con su padre. Pero nada era normal desde que Alex había empezado el colegio. Nada era normal desde que Erica había muerto.


Y hasta aqui nuestro capitulo de hoy. Si alguien sigue interesado en el fic, por favor, que de muestras de ello, sería de agradecer... un beso a todos