Y... después de casi dos semanas ausentarme... aquí estoy de nuevo, reportandome con un nuevo capitulo, el cual espero y disfruten.
21. Habilidad
Despertó tranquilamente mientras abría pesadamente los ojos. Sentía como si hubiera pasado una eternidad recostada sobre aquella cama, puesto que se sentía repuesta.
Giró sobre su cuerpo, quedando recostada boca arriba, por un momento tuvo la sensación de que podría caerse al suelo, pero al estirar la mano se percató de que aún había más espacio en la cama. Ante aquello, pestañeó unos momentos, tratando de enfocar, ya que aún veía difuso. Palmeó varias veces a sus lados y, cuando su vista logró ser clara, se dio cuenta que se encontraba sola en aquella amplia cama.
— ¿Loki? — preguntó en voz baja, mientras un vacío comenzó a inundarla.
Cuando no escuchó respuesta, tras varios segundos, se incorporó pesadamente en la cama, mientras cubría su desnudez con la fina sabana que había usado para dormir. Buscó con la mirada algún indicio del paradero de su amante, pero solo se encontró con aquel silencio y aquella sensación de soledad que le estaba taladrando el alma.
Loki se había ido y la había dejado en aquel lugar como si se tratara de nada. Al parecer solo le había importado el sexo y el satisfacer aquel deseo que tenía guardado en lo más bajo de su ser.
Se llevó una mano a la boca y, debido al dolor que comenzó a experimentar, empezó a llorar.
¿Cómo había sido tan tonta al creer que realmente le importaba a Loki, a ese dios que era ruin y perverso? Como siempre, se había dejado llevar por el momento y había creído algo que no era. Tal vez si, el dios se había mostrado tierno y muy dulce en todo momento y pareció ser que realmente le importaba todo lo que ella sintiera. Pero había olvidado algo muy importante en todo aquello: Loki era el dios de las mentiras.
Se sintió sucia y humillada, ¿Cómo había vuelto a caer otra vez? Confió ciegamente en el hombre, porque algo en su interior le aseguraba que todo era verdad y aun se lo seguía diciendo.
Se llevó una almohada a la cara y, apretándola contra esta, soltó un potente grito que, el cual le desgarró la garganta, fue ahogado por la almohada. Había sido tan tonta para creer que había bondad en aquel hombre, había sido tan estúpida que quiso negarse a creer que las palabras que le había dicho días atrás, durante su visita en la celda de él, se trataban de mentiras. Pero al parecer, el dios le había dicho la verdad aquel día: ella solo era una diversión, una herramienta que le ayudaría a recuperar su magia.
— Maldición — gruñó entre dientes mientras soltaba la almohada y se recostaba sobre la cama.
Cerró sus ojos y comenzó a llorar. Por un momento, todo aquello le pareció ajeno: el como Loki le había dicho las cosas y el como ahora se levantaba de aquella cama y este no estaba. Tal vez estaba malinterpretando las cosas, tal vez Loki no se había ido y pronto volvería. Pero también era posible que este se hubiera ido.
Cualquiera que haya sido la opción, lo mejor para ella era seguir adelante. Si algo aprendió durante su vida es que todo es cuesta adelante. Ya no quería seguir sufriendo más, y aquello le dolía como si se tratara de hiel recorriendo sus venas. El dolor era inevitable pero el cómo lo tomaba ella era lo que podía controlar.
— Ya no más — se dijo mientras se llevaba sus manos a la cara y comenzaba a limpiar sus húmedas mejillas.
Esa mañana se levantaría, se pondría algo de ropa cómoda, y trataría de evitar que todo aquel dolor se reflejara. Necesitaba saber a dónde se había ido Loki y sabia de alguien a quien podría recurrir.
— ¡Buenos días, Señorita Lerman! — escuchó una voz etérea, inundando toda aquella habitación, con una canción, que ella muy bien reconocía, de fondo.
— ¡Demonios! — exclamó exaltada mientras se incorporaba velozmente en la cama. Aquella voz la había sacado de sus pensamientos y la había asustado.
— Son las 10 de la mañana, con una sensación térmica de catorce grados en la Ciudad de Nueva York — terminó de informar aquella voz en la habitación.
Sophie buscó por todos lados de dónde provenía aquella voz, hasta cierto punto podía reconocerla, mas no sabía de dónde.
Se levantó y comenzó a recoger su pijama del suelo, se la colocó y, una vez que se terminó de cambiar, llevó sus manos a la pared, en busca de alguna anomalía.
— ¿Qué busca, Señorita Lerman? — preguntó curiosa la voz.
— Algún cable, bocinas o micrófono que te ayude a hablar — expuso mientras seguía por toda la pared.
— Temo decirle que no lo encontrara, señorita. Soy mucho más que simples cables y bocinas.
Sophie alzó la vista, se cruzó de brazos y enarcó una ceja. Fijó sus ojos rojos por el llanto en el techo y esperó a que la misma voz volviera a decir algo.
— ¿Y que eres, entonces? — preguntó después de varios minutos de silencio.
— Soy la Inteligencia Artificial que se encarga de todo el monitoreo de la torre como también de todo lo referente al Señor Stark — soltó con voz neutra.
— El mayordomo artificial de Stark… — se aclaró ella misma mientras agachaba la mirada y comenzaba a analizar todo.
Había escuchado que la inteligencia, al igual que su ego, de aquel inventor no tenía límites y ella era fiel testigo de aquello, pero nunca antes había imaginado que hubiera llegado tan lejos.
Tony Stark era un vivo ejemplo de la excentricidad, lo creía capaz de crear un mayordomo robótico y tangible, para que anduviera en toda la torre y cumpliéndole todos sus malditos caprichos. Pero por el simple hecho de ser él, aquello no le había bastado, necesitaba ser algo más grande, y debía de suponer que por eso había creado un IA capaz de tener todo controlado y así poder manejar todos los asuntos de seguridad. Había matado dos pájaros de un tiro.
— Y dime, mayordomo electrónico, ¿Cuál es tu nombre? Porque dudo que tu amo te haya dejado sin identidad.
— JARVIS, señorita. Y supone usted bien. De hecho, cuento con identidad, hasta personalidad propia si busca algo de consuelo por lo ocurrido esta mañana — comentó con burla aquella voz.
Si, en definitiva, aquello era invento de Stark: el muy narcisista había instalado su propio humor en aquella inteligencia, hasta podía ver su misma personalidad instalada en aquellas etéreas palabras.
— ¡Mucho gusto, JARVIS! — soltó ella con sorna.
— El placer es mío, Señorita Lerman.
— ¿Algún pendiente?
— El señor Stark me pidió que le avisara en cuanto usted despertara, ¿Desea que lo haga?
Sophie suspiró.
— No, iré yo a buscarlo — dijo con una media sonrisa. — Necesito hablar con él, ¿podrías decirme en donde esta?
— Se encuentra en su taller — dijo cortésmente aquella voz.
— ¡Perfecto! — alzó los brazos mientras daba un suspiro. — Ese hombre no sabe hacer otra cosa. ¿Podrías guiarme, querido JARVIS?
— Sería un honor, señorita.
Al menos, el encontrar a la única persona que le podría decir donde estaba Loki, no sería tan complicado.
— ¡Hola, Tony! — dijo con una sonrisa en el rostro, mientras veía como el millonario saltaba en su silla al escuchar aquella inesperada voz.
— ¡Por dios, que todo el mundo ahora puede violar mi seguridad! — gritó mientras agitaba el taladro con una mano y sujetaba su máscara con la otra. — ¿Cómo entraste sin ser anunciada?
Sophie le sonrió y se acercó hasta él, a pasos agigantados. Llevaba puesto una playera azul con un pantalón de mezclilla que encontró en la bolsa que Steve le había dado.
— Le pedí a JARVIS que me dijera dónde estabas y que no te lo comentara — soltó ligeras risas.
Tony alzó la vista hacia el techo y soltó un gruñido bajo.
— Traidor — acusó a su IA.
— Yo solo sigo ordenes, Señor — se excusó la IA.
Tony bajó el rostro y dio un prolongado suspiro, para después enfocar su vista a la chica recién llegada, la cual parecía recién levantada. No pudo evitar sonreírle.
— No puedo tener siempre la fidelidad de todos — se lamentó mientras dejaba de lado el taladro y ponía su codo sobre la meza, recargando su mentón sobre su palma. — ¿Haz estado cómoda en mi torre?
Ella sonrió.
— Por supuesto — se llevó sus manos a su espalda y comenzó a observar todo a su alrededor, todo en aquella torre era totalmente diferente a como ella lo imaginaba. — Todo es peculiarmente extravagante, como si estuviera gritando tu nombre a todos.
Tony le sonrió de medio lado mientras tomaba una pluma y comenzaba a jugar con ella entre sus dedos.
— Como siempre debió de haber sido, todo el mundo debería de estar gritando mi nombre.
Ella rodó los ojos. En verdad, a pesar del tiempo pasado y las experiencias vividas que le conocía a Stark, este no había cambiado en nada, a su parecer, seguía siendo aquel hombre que solo buscaba ser el centro de atención, hacer cosas para que lo vieran y lo alabaran.
Hasta cierto punto, aquello le recordó a Loki. El hombre siempre había buscado la atención de ella y de todos a su alrededor, ya sea mostrándose de forma altanera o haciendo algo destructivo que dañara a los otros. "O besándote" le dijo una voz interior que la hizo sonrojarse por unos instantes.
Sacudió la cabeza y volvió a posar la vista hacia el inventor que estaba frente a ella. En verdad, Loki y Tony eran muy parecidos en algunos aspectos, pero había cosas que debía de apremiar al dios, las cuales superaban al hombre frente a ella.
— Sabes, encontré un hombre más imbécil que tú — tras dar un prolongado suspiro, se cruzó de brazos y recargó todo su peso sobre el pie izquierdo.
— ¡Vaya, alguien me ha superado! — se llevó sus manos a la cara, remarcando dramatismo. — Nunca pensé que llegara el día en que Tony Stark sea el segundo en algo.
— Créeme, hay cosas en las que has dejado de ser primer lugar — rodó los ojos ella, mientras a su mente venían los recuerdos con Loki. Tuvo que girar su rostro para que el filántropo no la viera sonrojarse.
— Pues teniendo a un dios como referencia, hasta el más experimentado se ve opacado — dijo con un leve tono de picardía.
Sophie giró su rostro hacia Tony, el cual le sonreía divertido mientras volvía a su posición inicial: recargado en la mesa en un codo mientras reposaba su mentón en su palma.
— Creo suponer a quien te refieres, preciosa, lo que me lleva a lo siguiente: ¿Qué tal tu noche gloriosa? — su sonrisa se amplió tan grande, que pudo asustar un poco a Sophie.
— ¿Disculpa? — alzó una ceja confundida.
— ¿Acaso fue el mejor sexo que hayas tenido?
Sophie lo miró con los ojos abiertos entendiendo a que se refería, para después comenzar a sentir como los colores se le subían al rostro.
Maldijo, internamente, el momento en que introdujo a Loki a la discusión que, aunque lo haya hecho de manera disfrazada, era claro a quien se estaba refiriendo. Pero aunque todo aquello hubiera salido, la verdadera interrogante aquí era: ¿Cómo demonios sabía Tony lo ocurrido en aquella noche?
— ¿Cómo…?
— JARVIS está en todas partes y, a pesar de todo, me es leal a mí — sus ojos parecían de un pequeño niño al cual le acabaran de decir que era el mejor en algo.
Y ahora todo tenía sentido. Al parecer, era cierto que tenían cámaras en todas partes, y si eso era cierto, eso significaba que…
Sophie se acercó al genio y lo abofeteó con fuerza.
— ¡Eres un puerco, Edward Stark! — le gritó ella molesta mientras apuñaba las manos a sus costados y respiraba profundamente.
Tony se llevó una mano a la mejilla y comenzó a masajearle.
— Eso es cierto, pero no por lo que crees — soltó en su defensa el genio. — No vi nada, JARVIS solo me informó que Loki había ido a tu habitación. Lo que hicieron, tú me lo acabas de confirmar. — volvió a sonreírle.
Ella gruñó y le propició a darle una punta pies al hombre.
— ¡MIERDA! — gritó adolorido el genio. — ¿Y este por qué fue?
— ¡Por entrometido! — se cruzó de brazos ella, mientras le daba la espalda.
Escuchó como el hombre intentaba ponerse en pie y como soltaba alaridos.
Sí, todo era tal como lo recordaba.
A pesar de que hubieran pasado casi cinco años, Tony seguía siendo el mismo imbécil de siempre. Coqueteándole, alardeando sobre sus cosas y buscando seducirla a como diera lugar y todo esto mientras estaba borracho. Ahora las cosas no cambiaban en absoluto, a excepción del alcohol en su sistema, del cual aún tenía sus dudas.
Debía de aceptar que Tony siempre iba a ser Tony, y eso era algo que ni el tiempo cambiaria, pero debía de aceptar que a ella le agradaba tal y como era, si no fuera así, no se estaría riendo mientras simulaba estar molesta con él, pero era obvio que ella nunca lo aceptaría, ni aunque lo amenazara con su armadura.
— Vamos, cariño — comenzó a decirle mientras la tomaba de los hombros y buscaba girarla, — solo busco conocer mejor a mi enemigo, teniéndolo metido aquí, necesito tener armas contra él…
— ¿Loki está aquí? — preguntó ella un tanto confundida.
— Claro, está en su celda, ¿Por qué no debería de estar aquí? — arrugó el ceño confundido mientras la miraba extrañado.
Los ojos de ella se abrieron y cerraron velozmente por unas fracciones de segundos. Al parecer el dios no la había dejado, ni utilizado. Solo se había ido a su celda buscando no ser reprendido por haber escapado de esta.
Por unos momentos se sintió aliviada, todo aquel enojo y dolor que había sentido había sido en vano. Todo lo que se recriminó había sido solo por culpa de ella, se había torturado sin razón. Sin darse cuenta, Tony había quitado un gran peso de encima de ella, cosa que agradeció.
Carraspeó la garganta y volvió a posar la vista hacia el genio, debía de terminar aquella conversación e ir hasta Loki y poder hablar con él, lo ansiaba. Al parecer su fuente de información había sido muy útil después de todo.
— ¿Quieres saber que tan fogoso es? — preguntó ella mientras alzaba la ceja, tratando de impregnar un tono de voz seductor.
— No exactamente, pero podría ser un inicio — Tony tragó saliva muy forzadamente mientras la veía seriamente.
Sophie asintió y se acercó hasta su oído.
— Compruébalo por ti mismo.
Tony soltó unas ligeras risas y posó sus ojos sobre ella.
— Por tu simple aspecto mejorado y tu sonrisa de oreja a oreja que no se te ha borrado desde que comenzamos a hablar de ello, puedo apostar que fue divino.
— ¡Oh, cierra la boca! — dijo ella mientras se soltaba del agarre del genio y comenzaba a caminar con rumbo a la salida de aquel taller. — Lo que deberías de hacer es mostrarme el camino a la cocina, que me estoy muriendo de hambre.
— Claro, hermosa — se adelantó hasta ella y se posicionó a su lado. — Cualquiera tendría mucha hambre después de una noche de sexo desenfrenado con el dios de las travesuras.
Sophie se molestó y le propició unos golpes al hombre mientras este se cubría.
En verdad, todo era como hace cinco años. Aunque lo negaran y pareciera lo contrario, en verdad se extrañaban y se alegraban de verse después de tanto tiempo.
Y, al parecer, ninguno de los dos había cambiado con respecto al otro.
— ¿No hay nada para comer a excepción de estas Pop-tarts? — preguntó molesta mientras cerraba una de las puertas de la alacena con fuerza.
— De hecho — comenzó Tony mientras jugaba con el vaso con whisky que tenía en las manos, — ni siquiera Pop-tarts, son de Thor y no te recomiendo que las toques, si no quieres terminar aplastada por Mjolnir.
Sophie suspiró. Tomo una de las cajas de galletas medio vacías que había en la alacena, agarró la poca avena que había en el bote, sacó la poca leche y lo vertió todo en una pequeña taza para tomar café, dentro de la cual aún le falto un poco de espacio para poder llevarla al tope. ¡Grandiosa suerte la de ella!
Llevó su taza, junto con una cuchara cafetera, a la barra en donde se encontraba sentado Tony y se sentó frente a él. Tomó la cuchara y se llevó a la boca aquel revoltijo que deseó con todas sus ganas que fuera cereal. Hasta cierto punto le supo bueno, pero aun así, no era su amado cereal.
— No entiendo cómo es posible que seas rico y no tengas nada de comida decente en la alacena — dijo ella tras haberse llevado ya varias cucharadas a la boca.
El genio dio un sorbo de su bebida y dejó el vaso vacío sobre la barra.
— Hemos estado ocupados con lo de la invasión — se encogió de hombros.
Sophie dio un prolongado suspiro de resignación y continúo disfrutando de su nuevo platillo.
La puerta de la cocina se abrió y dejo entrar a un trio de chicas las cuales traía cargando unas cuantas bolsas de plástico.
— ¡Por fin podremos comer como Dios manda! — soltó una mientras dejaba las bolsas sobre la barra.
— Vaya sorpresa, la rata salió de su laboratorio — dijo otra de las chicas mientras le daba un codazo a Tony. — Otra diferencia que hay entre Hank y tú.
— Janet — comenzó Tony mientras se giraba hasta ella, — ¡hay un millón de diferencias entre la hormiga y yo! Comenzando por el hecho de que yo soy realmente apuesto y él… ¡vamos! El solo es Hank.
La mujer negó con la cabeza mientas reía ante el comentario y le propinaba otro codazo al hombre.
Sophie solo observaba todo aquello de forma ajena. Muy a pesar de que conociera a Tony, nunca fue buena relacionándose con muchas personas, sobre todo con las mujeres de Tony, puesto que eran de mundos completamente diferentes. Pero estas chicas se veían tan distintas a las chicas que frecuentaba Tony en las fiestas. Así que prefirió solo seguir degustando lo poco que le quedaba en la taza.
— ¡Hey, miren! — gritó la chica que había hablado primero. — ¡La chica de Loki!
Sophie abrió los ojos grandemente mientras se atragantaba con el último bocado que se había metido a la boca. ¿Acaso esa era la forma en la que la conocían a ella? ¿Cómo la chica del villano?
— ¡Darcy! — gritó en son de regaño la que no había hablado desde que habían llegado mientras se acercaba a Sophie. — ¡Se más respetuosa!
Le comenzó a dar palmeadas en la espalda, al igual que el genio —el cual no había dejado de reírse desde que mencionaron aquello—, hasta que logró pasar por completo lo que tenía en la boca, dejando libre de obstrucción su garganta.
— Disculpa a Darcy, es un poco impropia — soltó la mujer mientras le sonreía levemente.
— ¡¿Cómo que impropia?! — se alarmó la chica de gafas y cabello largo y oscuro.
Tony dejó de reírse y se sirvió otro trago de Whisky. Posó su mirada sobre Sophie y le propició una sonrisa.
— Ella es Sophia Lerman — la señaló mientras la aludida solo daba, educadamente, un ligero movimiento de manos en son de saludo. — Y la aguafiestas de Darcy ya dio los pormenores de su situación.
Sophie gruñó y le dio una palmeada fuerte en la espalda del billonario, a lo que Tony solo reaccionó a reírse un poco. Al parecer, el hombre disfrutaba de todo aquello.
— Sophie, ellas son Janet — señaló a la mujer de cabellos cortos, de color castaño y ojos azules, — y ella es parte de los vengadores, es conocida como la Avispa.
— Mucho gusto — saludó la aludida con una sonrisa.
— Igual — sonrió de medio lado Sophie.
— Y — dio un sorbo rápido a su vaso y señaló a la mujer que la había auxiliado junto a la chica de anteojos, — ellas son Jane y Darcy.
— Un placer, Sophia — le dijo Jane mientras le estrechaba la mano.
Sophie le regresó el gesto con la misma sonrisa.
— Te sorprendería lo mucho que tienes en común con este par — soltó Tony con sorna. — Por ejemplo, Jane es novia de Thor, el medio hermano de tu chico; y Darcy, es la visitante número uno a la celda de TÚ chico.
— ¿Conoces a Loki? — preguntó alzando una ceja Sophie mientras se cruzaba de brazos, Darcy asintió levemente, un poco intimidada. — ¿Cómo lo soportas con su mal carácter?
La chica de gafas soltó unas ligeras risas, mientras se subía el puente de sus antejos.
— ¿Exceso de paciencia? — se encogió de hombros.
Sophie asintió, para después soltar unas risas junto a Darcy.
— Bien, ya que las chicas llegaron con el mandado… ¿jugaran a la cocinita? — se levantó de sus asiento el genio mientras se volvía a servir más licor en su vaso.
— Algo así — expuso Janet mientras se acercaba a las bolsas. — Veremos que podemos preparar para comer, ya estoy harta de la comida rápida.
— Si quieren — comenzó Sophie mientras observaba a la avispa, — les puedo ayudar. Se cocinar — sonrió levemente.
— ¡Perfecto! — exclamó el millonario mientras le daba un sorbo a su vaso, podía apostar que el hombre se ya encontraba algo ebrio, después de tanto beber. — Mami nos preparara de comer. ¡Muero por saber qué es lo que harán! Así que, yo ya no las interrumpo, preciosas.
Y tras decir esto, salió de la cocina. Las cuatro mujeres se observaron un instante, para después observar como Darcy iba y se sentaba a la barra.
— A mí ni me metan a la cocina — se excusó la castaña mientras cruzaba sus brazos sobre la barra y posaba su cabeza sobre estos, — no me gustaría volver a recibir los regaños de Tony tras haber hecho estallar su cocina.
— Cierto, fue tan divertido — se rio Janet.
— ¿Has hecho estallar una cocina? — preguntó algo curiosa Sophie.
— Si y de la forma más ridícula — respondió Jane mientras se comenzaba a reír.
— ¡Oigan! Puedo decir, en mi defensa, que yo no tenía la menor idea de que ese plato era de aleación de aluminio. ¡Parecía cerámica pura! — se defendió algo exaltada la chica mientras soltaba gruñidos.
Sophie abrió los ojos grandemente para después comenzar a reírse a la par con Janet y Jane, solo para que después se les uniera Darcy.
Al parecer, no sería tan complicado el convivir ahí.
Ya había puesto las cosas en claro entre ambos bandos. Tanto Loki como Sophie sabían de la posible existencia de Steve y de Darcy, respectivamente, en la vida del otro.
No es que fuera mucho de su incumbencia, pero le era interesante el conocer la reacción del dios de las travesuras ante todo aquello, ya que Sophie no era de las personas explosivas que golpeaban a cuanta mujer se le pusiera enfrente de su hombre.
Para Tony todo era, más bien, como un servicio social que prestaba a su antigua amiga y al posible villano reformado.
Bajó hasta el piso de entrenamiento, en donde sabía que podía encontrar a cierto soldado, ya que quería confirmar, algo que el ya conocía muy bien, lo que en realidad sentía el soldado. Entró a la habitación y se encontró con Steve, el cual golpeaba un saco de boxeo con mucho esmero, traía puesto su usual camisa blanca de interiores y un pantalón deportivo de color negro.
— Te puedo asegurar que no importa cuanto lo golpees, esa cosa siempre regresara a ti, te lo juro — soltó el hombre de hierro mientras dejaba el vaso vacío en una de las bancas de aquel gimnasio.
— Supongo que como ya estas pasado de copas, nadie aguantó tu compañía y por eso estas aquí — reviró el comentario mientras no dejaba de golpear el saco.
— ¡Todo el mundo ama a Tony Stark, Capitán Pilates! — alzó los brazos al aire y se señaló a sí mismo.
— Claro, eso es algo indiscutible — dijo con sorna. Dio un par de golpes más al saco y se apartó de el para ir por una botella que se encontraba a los pies de Stark y bebió de ella. — ¿A que debo este honor, Stark?
— Pensé que estarías con Thor — le soltó el billonario tras haber buscado al dios con la vista.
— Si buscas a Thor, se fue con Banner a entrenar la puntería del Halcón. Aun no entiendo cómo es que el Doctor aceptó aquella locura de ser perseguido por Barton. — decía mientras guardaba su botella en la mochila y volvía al saco.
— Bueno, como no es a Thor a quien busco, eso es algo irrelevante — sonrió Stark mientras posaba su vista hacia el soldado, el cual había comenzado a golpear de nuevo el saco. — Pero sería muy divertido de ver.
— Entonces…
— Vengo para decirte — dudó por unos momentos, en los cuales pensó muy bien las palabras a decir, ya que debía de decirlas de forma correcta, — que Darcy ha pasado mucho tiempo con Loki.
— Eso es algo que ya no me sorprende — soltó con fastidio el soldado sin dejar de lanzar golpes. — Dime algo que no sepa, Stark
— ¿Qué trajo el mandado? — Steve solo rodó los ojos.
Tony se llevó las manos a las bolsas de su pantalón, carraspeó la garganta y le sonrió al soldado.
— Y Sophie ya despertó.
Los golpes dejaron de sonar en aquel gimnasio. El soldado había dejado de moverse y sujetó con fuerza aquel saco de boxeo, cosa que provocó que la sonrisa del genio se ampliara más.
¡Bingo! Había dado en el clavo. El Capitán América, el justo e ingenuo Steve Rogers se había encaprichado con la chica de otro hombre, y no de cualquier otro hombre, si no más y menos que con la chica del dios de las mentiras. Eso era algo realmente interesante, de lo cual se podría aprovechar en su momento. Para Stark, toda información recabada de cualquier fuente, era información que podría utilizar luego a su favor, ninguna se desperdiciaba.
Logró escuchar como la respiración del soldado se hacía más espesa y vio como la espalda del hombre se comenzaba a tensar.
Pero tras unos segundos, todas aquellas reacciones desaparecieron y el rubio continúo con sus movimientos torpes de golpear al saco.
— Me alegro — su voz era un tanto temblorosa. — ¿Y cómo se encuentra?
— Mucho mejor — le sonrió el moreno mientras rodeaba el saco y veía de frente al rubio. — De hecho, está ayudando a Janet y Jane a preparar la comida.
— Que bueno — siguió golpeando, pero ahora con la cabeza gacha, como queriendo ocultarse de la mirada inquisitoria del filántropo. — Tal vez me pase, más adelante, a saludarla.
Tony sonrió y no pudo evitar soltarle algunas cosas.
— Si sabias que ella y Loki son algo más que amigos, ¿verdad? — comenzó el millonario mientras tomaba el vaso de la banca y comenzaba a jugar con él en las manos. — Lo supuse cuando platique con ella hace unos momentos, ¡Dios! Debiste de haberle visto el rostro sonrojarse, se veía tan tierna.
Steve comenzó a golpear con más fuerza aquel saco con cada palabra que el genio decía, cosa que a Tony no tomo por sorpresa, puesto que ya esperaba aquella reacción.
El inventor le sonrió y lo despidió con la mano.
— Bueno — comenzó mientras se daba la vuelta, — solo venía a avisarte lo de Sophie, ya que se han vuelto muy amigos. Adiós, fortachón.
Se retiró de ahí con una enorme sonrisa burlona plantada en el rostro. Sabía que lo que estaba haciendo, hasta cierto punto, era un tanto deshonesto, pero las cosas debían mostrarse tal como eran. Si el capitán se encaprichaba con una mujer que nunca le correspondería, solo terminaría sufriendo. Además, el hombre ya tenía a su propia chica, la cual se encontraba babeando por él, y estaba seguro que la pobre de Darcy no lo esperaría eternamente. Sumándole a eso que no sería muy grato el reducir sus fuerzas solo porque cierto dios del caos se sintiera amenazado y quisiera matar a cierto súper soldado.
En esos momentos, Tony dudó en que si debería luchar contra Loki por el título de "Dios de las Travesuras".
Loki resopló, alto y con potencia.
— ¡Es justo y necesario que analice tu magia! — acusó Stark mientras entraba a la celda del dios y las puertas se cerraban tras de sí. — Dime, ¿De qué me sirve tener las mejores celdas del mundo, si tú te las pasas de largo?
El Jotun sonrió y levantó el rostro hacia el inventor, el cual había tomado y girado una silla para sentarse en ella y recargar sus brazos en el respaldo.
— Yo no soy de este mundo, Stark — soltó con superioridad mientras se incorporaba del camastro y se sentaba con las piernas sobre la superficie. — Pensé que eso ya lo había dejado en claro.
— Discúlpame, cornudo, — rodó los ojos — es solo que te vez tan... común, que lo había olvidado.
Loki gruñó mientras contenía las ganas de estrangular al genio. Suponía que el mortal era experto en sacar de sus casillas a cualquiera, pero que disfrutaba de practicar aquello, especialmente, con el dios.
Tony le sonrió divertido, mostrando aquellos dientes blancos, y se sacudió un poco el cabello con la mano.
— Esta bien no eres común, no te encrespes — su tono era un poco más animado. — No me gustaría arruinar tu excelente y glorioso día. Uno siempre se levanta de buen humor después de tener uno de esos días.
Loki alzó la ceja confundido.
— ¿De qué días hablas, Stark? — rio débilmente mientras se cruzaba de brazos.
El genio lo observó con picardía para después carraspear la garganta y comenzó a jugar con sus propios dedos.
— Dime, ¿en verdad Sophie se ve igual de linda estando desnuda?
Carmesí fue el color predominante del dios una vez hubo entendido a que se refería el inventor con aquellas palabras. Unas potentes carcajadas predominaron la celda cuando el rostro del dios se ocultó entre sus propias manos. ¿Cómo demonios se había enterado el mortal de aquello?
Loki tomó la almohada del camastro y la lanzó con fuerza contra el hombre frente a él, deseando con todas su fuerzas que aquello fuera Mjolnir.
— ¡Tranquilo, galán! — detuvo sus risas y tomó el proyectil entre sus manos mientras lo comenzaba a inspeccionar. — No pienso robarte a tu chica, es solo que la conozco desde tiempo atrás y, por más que le pedí una cita, ella nunca salió conmigo.
Aquellas palabras hicieron sonreír con superioridad al dios.
— No compares lo que yo soy con lo que tú eres, Stark — se levantó del camastro y, posando sus manos a su espalda, caminó hacia una de las paredes cristalizadas del lugar, la cual reflejaba su propio rostro. — Era obvio que ella prefiera mi compañía sobre la tuya.
— Como también prefiere la compañía del capitán — y tras decir esto, lanzó la almohada en contra del dios, el cual, debido al reflejo, reaccionó a cacharla.
Giró su cuerpo, encarando al inventor, el cual había recargado su mentón sobre el respaldo de la silla, con fastidio.
— Te refieres a...
— Si, Rogers ha estado muy al pendiente de la salud de nuestra pequeña chica — la mirada del dios se desvió hacia el objeto que sostenía en las manos y comenzó a sentirse un poco preocupado.
El día se había tornado muy lento desde el momento en que había ocurrido aquello y lo había dejado con aquella duda clavada en el corazón. ¿Acaso el capitán estaría interesado en su Sophie?
No era que el genio se lo hubiera dicho tan explícitamente, es solo que el estarle mencionando al soldado en una misma oración junto al nombre de la mujer, en contadas ocasiones, era algo que si había logrado ponerle los pelos de punta y alertarlo sobre aquella posibilidad. Sabía bien que Sophie era muy bien parecida, ¡Por Yggdrasil, ella era hermosa!, pero no tenía en mente que alguien más se pudiera interesar en ella. De hecho, uno ya lo había hecho, y el hombre había acabado muerto, ¿Por qué no debería de hacerlo otro hombre?
Las manos de Loki comenzaron a temblar y decidió apuñarlas con fuerzas antes que hiciera algo estúpido. Trató de calmarse mientras respiraba profundamente y cerraba sus ojos.
Sophie no podía interesase en alguien más, ella ya estaba con él y ellos ya se pertenecían mutuamente, así que no podían ir buscando alguien más con quien estar. Ella era de él y él de ella, y las cosas eran perfectas así.
Se llevó una mano al corazón, buscando sentir sus propios latidos de corazón en la busca de algún consuelo.
"No seas tan inseguro"
— No molestes — soltó Loki con fastidio mientras seguía recostado sobre el suelo.
Uróboros siseó y comenzó a arrastrarse hasta la posición del dios mientras disminuía su tamaño.
"Necesito que me expliques que era lo que estabas buscando con tus acciones" dijo en tono molesto el guardián mientras se posicionaba sobre el torso del Jotun.
— Uróboros, se mas especifico — abrió sus ojos y los posó sobre la serpiente.
Esta lo miraba con el ceño fruncido, al parecer parecía en extremo molesta, sin motivo aparente.
— ¿Qué demonios te pasa ahora?
La serpiente gruñó mientras movía su cabeza, haciendo que sus plumas se agitaran.
"¿Por qué te revolcaste con la mortal?" su voz se había elevado varias octavas, de hecho podía asegurar que el timbre de voz le podría pertenecer a una mujer.
El hombre le sonrió con malicia y, llevando su mano hacia su torso, comenzó acariciar el plumaje de su guardián.
— ¿Y por qué no? — su tono de voz era bajo, pero se sentía seductor. — O, ¿Acaso estas celosa?
La creatura arrugó el rostro y lo desafió, mostrando sus grandes colmillos mientras retrocedía al tacto del dios.
"No sabes lo que acabas de desatar, dios del caos" su voz se había vuelto gruesa y grave mientras comenzaba a aumentar su tamaño sobre el delgado cuerpo del hombre, el cual comenzaba a resentir el peso de aquella creatura.
— ¡La ayude con el vínculo! — gritó con el poco aire que tenía dentro, mientras intentaba liberarse del pesado cuerpo de su guardián.
"Corrección, fortaleciste el vínculo".
— ¿Qué no…? — soltó un alarido antes de continuar con la pregunta, mientras seguía forcejeando con la serpiente, la cual se resistía a soltarlo. — ¿Qué no se supone que ese era el plan?
Los ojos de Uróboros se volvieron rojos, mientras que su piel, del color del alabastro, comenzó a tornarse de un azul marchito. Podía distinguírsele en su rostro el enojo, el cual era intenso y profundo.
"Haz ligado tu vida a la de ella". Acercó su rostro hasta el del dios mientras no dejaba de enseñarle aquellos afilados colmillos.
Loki comenzó a zafarse del enorme cuerpo de aquella creatura. Cuando logró liberar su cuerpo de aquella prisión que había formado su guardián, comenzó a jadear pesadamente.
Alzó su vista hasta aquellos ojos rojos que lo miraban como si quisieran devorarlo y frunció el ceño.
— Se suponía que ya estábamos ligados — se llevó una mano al pecho mientras sentía como su corazón latía a mil por hora, — ¿Cuál es la diferencia ahora?
La serpiente cerró su hocico y relajó su mirada, como si su enojo hubiera comenzado a disminuir. El dios la analizó por completo, aquella apariencia le recordaba mucho a él y le confirmaba que tanto él como su guardián eran parte de uno mismo.
"Ahora el vínculo es oficial. Ambos se entregaron en cuerpo y alma, como un matrimonio. Ahora se deben de pagar tributos entre ustedes."
— ¿Eso qué significa?
"Que tu magia le pertenece a ella, como también su magia te pertenece a ti". El color de la creatura volvía, lentamente, a su color original, mientras el dios perdía la vista en la nada.
— Ella… ¿Ella tiene magia? — preguntó con voz temblorosa.
Una vez que Uróboros volvió a su original apariencia, dio un prolongado suspiro, para después girar su rostro hacia su costado.
"El poder ver auras es el mejor indicador de un ser mágico".
— Eso… eso es bueno — soltó con una sonrisa de medio lado.
El solo pensar en que su mujer podría utilizar magia como él fue algo realmente gratificante. Al fin había encontrado alguien con sus mismas habilidades.
"Eso no es lo único". Giró su rostro hacia el dios, el cual había vuelto a tener su atención. "Otro de los tributos, además de robar parte de su esencia de vida, es que cada herida que recibas, a ella le afectara".
Los ojos de Loki se abrieron grandemente ante aquello. No podía estar hablando enserio.
"Además", continuó el guardián mientras acercaba su cabeza hacia el dios, "cuando ella expire, tu perderás lo más preciado para ti".
— ¿Qué acaso los que hicieron este vínculo no pensaron en sus repercusiones? — se quejó el dios mientras se cruzaba de brazos. — En verdad, estaban locos.
"Los creadores fueron Odín y Frigga" soltó sin más el guardián.
Loki solo resopló. Se comenzó a incorporar, para después comenzar a sacudirse las manos.
— No sé qué es lo que te altera tanto de todo esto, Uróboros — decía mientras se sacudía las ropas de un polvo inexistente, pero que él sentía la necesidad de sacudir.
"Me altera, hijo de Jotunheim, la inconsciencia y la forma tan irracional que tomas todo esto. Te he dicho todo lo que pasa con este vínculo y aun así insististe en completarlo. Ahora, debes de llevarlo con respeto".
— Te aseguro — comenzó mientras fijaba su vista, con un semblante serio, a la serpiente, — que lo único que deseo es poder estar a su lado, no busco hacerle daño. Y tú, más que nadie, sabes que mis palabras son sinceras.
"Soy consciente de eso, hijo de Odín. Pero también tú debes de ser consciente de que ella no es eterna, tendrá que morir tarde que temprano". Loki desvió la mirada de su guardián, mientras él apuñaba sus manos y se mordía el labio inferior.
Uróboros tenía razón, debía de recordar que Sophie no compartía su condición de longevidad, puesto que su vida corría en solo unos instantes, de los cuales, él no podía detener. Aquello, por más correcto y normal que fuera, le dolía y le estaba causando un enorme pesar.
Loki.
Escuchó aquella voz como si fuera un simple susurro. Buscó por todos lados, de donde pudo provenir aquella voz, pero solo se encontró con la enorme serpiente frente a él.
"Debo decirte, hijo de Laufey, que no siempre estaré disponible para ti de ahora en adelante. Puesto que, tras el vínculo, las creaturas de ambos seres se volverán una para ser su guardián como seres unidos".
El dios posó sus ojos en su guardián y este le sonrió débilmente mientras en su mirada reflejaba una profunda tristeza.
Loki.
Volvió a insistir aquella voz, esta vez con más fuerza.
"Supongo que esta será nuestra despedida, caminante del cielo".
— Espera, ¿qué? — exclamó confundido.
"Hasta pronto, Loki".
La serpiente se comenzó a desvanecer frente a él, mientras el intentaba alcanzarla, pero aquella enrome habitación blanca se lo impedía, mientras más avanzaba, más lejos parecía estar de su guardián.
— ¡Uróboros! — gritó con fuerza mientras estiraba la mano.
— ¡LOKI!
Abrió los ojos de golpe y se encontró con la mirada dulce de Sophie, esta le estaba sujetando la mano que estaba estirando mientras que le daba pequeños mimos a la misma.
— ¿Una pesadilla? — preguntó curiosa la mujer.
El dios se levantó exaltado de la cama y comenzó a respirar apresurado. La mujer llevó una de sus manos a su mejilla y comenzó hacer pequeños círculos con sus dedos por todo su pómulo. Sintió como retiraba una pequeña lágrima, de la cual no se había percatado. ¿Había llorado por la desaparición de su guardián?
Cerró sus ojos, fuertemente, mientras pensaba en Uróboros e intentaba volver a aquella habitación blanca. Pero nada pasó. Al abrir los ojos se encontró sentado en su camastro y viendo las mismas paredes de aquella celda en la que se encontraba.
Al parecer, Uróboros si se había ido.
— Oye, ¿todo bien? — insistió la mujer mientras sujetaba su barbilla y lo forzaba a mirarla a los ojos.
— Eso… eso creo — dijo sin mucha emoción.
Buscó respirar más pausadamente, mientras intentaba perderse en los enormes ojos de la mujer. Sabía que nunca se cansaría de verlos, sobre todo por el hecho de que se habían vuelto un consuelo indispensable para él, un recordatorio de que ella solo lo miraba a él, que solo era de él.
Sophie le regaló una media sonrisa y propició a girar la silla que antes había usado Tony. Se sentó en ella y, subiendo los pies sobre los muslos del dios, cruzó las piernas.
Loki alzó una ceja mientras la observaba con fastidio.
— ¿Qué haces? — preguntó con molestia el Jotun.
— ¿Yo? — el hombre rodó los ojos y se cruzó de brazos para después recargarse sobre la pared de cristal.
— No veo a nadie más, mujer.
Sophie arrugó los labios, para después mirarlo con diversión.
— Subo mis pies sobre ti — señaló sus propias piernas — ¿No se nota?
— ¡Déjate de cosas, Sophie! — espetó el moreno mientras quitaba las piernas de la mujer del lugar donde descansaban.
— ¡Vaya! Alguien no amaneció de buen humor hoy — apuntó la mujer mientras daba un ligero respingo.
El dios la observó por un momento con el ceño arrugado, para después irlo suavizando. Por extraño que pareciera, no podía estar enojado con la mujer por las palabras de Tony. En realidad, si el capitán se hubiera fijado en ella, era algo de lo que no la podía culpar.
Dejó escapar un suspiro y posó sus ojos sobre de ella. Abrió la boca para decir algo, pero el quejido de la voz de la mujer lo obligó a cerrarla.
— Tu huiste de mi cama al amanecer, se supone que yo debía de ser la enojada — remarcó las palabras con intención de regañar mientras se cruzaba de manos y piernas.
Las facciones del dios volvieron a dar un cambio.
— Y yo te dije que te vería hasta mañana — la mujer giró su rostro hacia el de él y lo miró molesta, mientras el alzaba una ceja y se encogía de hombros.
— ¿Tan molesta es mi presencia? — preguntó ella.
El hombre se levantó del camastro y comenzó a caminar alrededor de la mujer.
— No me molesta — soltó con desgana mientras se posicionaba detrás de ella, la tomaba de los hombros y acercaba su boca a su oído. — Solo que… llegas con esa actitud tan hiriente que no hago más que defenderme, querida.
Loki besó su lóbulo mientras sentía como ella se estremecía ante aquel contacto.
— ¿Así que no olvidaste lo de anoche? — lanzó la pregunta mientras soltaba unas ligeras risas.
El dios sonrió y se incorporó de nuevo.
— Como podría olvidarlo…
— Y, supongo, que también recibiste la visita de Tony.
Esas palabras le arrebataron el aliento y le provocaron que abriera grandemente los ojos. Se vio a si mismo reflejado en aquel cristal que le servía como espejo. La sonrisa de la mortal era amplia y hermosa.
Tras unos escasos minutos de estar con la vista fija en aquellos cristales, relajó el semblante y soltó unas ligeras risas.
— Comenzó con una indirecta… — inició el dios con ironía.
— Y uno terminó revelándole la verdad — concluyó ella la frase, para después soltar unas risas. — Típico en Stark. Recuerdo alguna vez haberle propuesto el ser detective, pero me dijo que era una pérdida de tiempo.
— Créeme, nunca sería famoso — le soltó mientras le daba una palmeada en el hombre y volvía hacia su camastro. — Con esa actitud tan… ególatra, no le agradaría a nadie.
Loki se tumbó sobre las sabanas revueltas del camastro y se acomodó lo más cómodo que pudo, tratando de tener de frente a la mortal.
Ella alzó una ceja y negó divertida.
— Mira quien lo dice, el ego con patas — lo acusó con sorna.
— Al menos yo digo la verdad cuando digo que soy importante y alguien grande.
— ¡Claro! — alzó las manos de manera exagerada. — Solo que, después de Thor, tú eres el hombre más viejo en esta Torre.
El Jotun arrugó el ceño y miró con fastidio a la mujer, la cual solo soltaba ligeras risas. La simple mención de su inferioridad comparado con Thor le molestó, pero lo que más le caló, fue el hecho de que ella hubiera hecho aquella comparación.
Hizo uso de todo su autocontrol para no lanzarse contra ella y matarla. En otras circunstancias, Uróboros hubiera actuado como su conciencia, pero dada la situación actual, no podía contar más que con su propio control.
Fijó su mirada molesta hacia el techo de aquel lugar y erradicó toda emoción de su rostro.
— ¿Viniste a molestarme?
— No, — contestó secamente ella — vine a visitarte y a traerte algo de comida. Quería saber cómo estabas y pensé que tenías hambre…
El dios evitó confrontarla, porque sabía que la mujer estaría con una expresión acongojada, el mismo vínculo le estaba gritando su estado de ánimo. Para ser sinceros, Loki siempre le parecía hermosa con su sonrisa, y amaba verla de aquella forma; pero ahora que ella estaba con aquel semblante, y sabiendo que fue provocado por su culpa, evitaría a toda costa el verla.
Sophie se puso de pie, tras unos minutos de ser ignorada y le dio la espalda al hombre.
— Si necesitas algo, solo… házmelo saber — escuchó sus pasos andar, lejos de él, con rumbo a la salida de aquel lugar.
Loki apretó sus puños y se mordió el labio.
— Necesito… — comenzó el mientras sentía como el miedo a perderla se apoderaba de él; no entendía como, pero últimamente sus emociones estaban haciendo con su razón lo que querían. — Necesito compañía.
Los pasos de la mujer se detuvieron y ella giró sobre sí.
— Puedo decirle a alguien que te acompañe, no sé, como a Darcy…
— No, no entendiste — comenzó con voz frágil el dios. — Necesito TÚ compañía.
— ¿Para mantenerme callada y sumisa mientras tú me ofendes? — se cruzó de brazos mientras su voz sonaba altanera. — No estoy para esos juegos Loki, ya no.
El hombre tragó saliva ante aquellas palabras. Era obvio lo que ella pretendía con aquellas palabras: el reclamarle todo el tiempo que vivió junto a ella, forjando una relación a base de mentiras. Y no la culpaba, estaba en todo su derecho de reclamarle, hasta de incluso abandonarlo, se lo merecía. Pero aun así, ella estaba ahí, ella decidía estar a su lado, el preocuparse por él, el traerle alimento y el no hacía más que recriminárselo mientras le demandaba su compañía.
Fijó sus ojos en los de ella, la cual tenía una mirada un tanto dolida, soltó un ligero suspiro y, tragándose todo su orgullo, decidió hacer algo que, tal vez, no haría nunca.
— Lamento haber dicho tantas mentiras — dijo tratando de sonar lo más sincero posible, puesto que era verdad, era sincero.
Sophie dio unos pasos y se acercó a él, mientras el dios seguía en su posición, recostado sobre aquel camastro, sin dejar de ver el techo.
— He dicho tantas mentiras en mi vida que se ha hecho tan difícil decir la verdad cuando quiero decirla — dio un ligero suspiro mientras le daba la espalda a la mujer. — He vivido tantas cosas que me hirieron que creo que miento para evitar para que hieran. Así que… lamento tanta mentira, no me gustaría herirte más…
Se acurrucó y se abrazó a sí mismo. Se sentía tan vulnerable al decir todo aquello y solo era un parte de lo que realmente sentía. Su pasado y aquellos traumas y heridas causadas en el pasado se hicieron presentes, querían estallar, pero sabía que no eran momento, no podía seguir así de vulnerable, no frente a ella que lo veía como un dios, un hombre cruel y poderoso. El hombre que le había hecho tocar el cielo durante la noche…
Una caricia alcanzó su espalda, como un dulce roce de una rosa, reconfortándolo. Se giró, para ver de dónde provenía y se encontró con la dulce sonrisa de la mortal, la cual estaba a la altura de la suya. Aquello le recordó todas aquellas veces en la que la mujer iba y lo despertaba a su habitación.
— Pues, entonces, — comenzó con su radiante sonrisa, especialmente para él — vamos a conocerte más. Quiero saber más de ti.
Los ojos del dios se abrieron grandemente cuando la mujer se acercó a él y le planto un beso, tierno y decidido, en los labios.
— Así que… aliviánese y cuéntamelo todo — le dijo después de haber separado sus labios de los de él.
Loki le sonrió débilmente, mientras se comenzaba a incorporar, sentía como su cuerpo era librado de un gran peso. Como si se fuera esfumado por arte magia…
— ¿Te gustaría saber acerca de magia? — le preguntó tras varios minutos de silencio y tras haber recordado las palabras de su antiguo guardián.
Ella asintió.
— Entonces…. Cuéntame todo sobre la magia — le sonrió mientras se dirigía de nuevo a su asiento. — ¡Vamos, soy toda oídos!
— ¿Qué me dirías si te afirmara que tú puedes hacer magia? — le señaló con la interrogante mientras le sonreía galantemente.
— Supongo que sería debido al vínculo y que me gustaría comprobarlo — soltó animadamente.
— Dame tu mano — ordenó el dios.
Colocó su propia mano frente a la mujer en la espera de la de la chica, la cual colocó su mano temblorosamente. El dios la encerró con su otra mano y comenzó a acariciarla con ternura, haciendo círculos con su dedo sobre su palma.
— Si mi memoria no me falla, que en verdad lo dudo, — la mujer soltó ligeras risas ante el comentario del hombre — una vez me comentaste que puedes ver auras y yo recuerdo haberte mencionado que había algo más haya que la simple ciencia. ¿Cierto?
— Si, lo recuerdo — dudó unos instantes mientras fijaba sus ojos en el agarre de Loki. — Pero no entiendo…
El dios cerró sus ojos y concentró su magia en la palma de su mano.
— Las auras, no son más que la esencia mágica de un individuo — comenzó a sentir como su mano se tornaba cálida. — Si tú puedes ver esas esencias mágicas, significa que has dado un paso para poder manipularlas.
— ¡Dios, tu mano está brillando! — exclamó con energía la mujer.
Loki abrió sus ojos y vio cómo su magia se manifestaba como una simple irradiación verde. Sonrió ante aquello.
— Esto es lo que tú conoces como aura — le señaló el mientras alzaba su mano. — Las auras… ¿las puedes ver todo el tiempo?
Ella negó con la cabeza mientras la agachaba.
— Solo cuando alguien está muy emocionalmente explosivo…
— Necesitas de las emociones para verlas — afirmó el moreno mientras chasqueaba la lengua. — Puedo ayudarte con eso.
— ¿En serio?
— Así es, pero necesitaras de mucha práctica.
— Eso significa que…
— Tienes que visitarme todos los días — le sonrió divertido él.
— ¡Que fastidio! — rodó los ojos Sophia.
El Jotun le dio un apretón a la mano de ella con fuerza haciéndola exclamar de dolor, solo para después bufarse débilmente.
— De acuerdo maestro — comenzó ella mientras se acercaba más a él. — ¿Qué es lo primero que debo aprender?
— Me duele la cabeza — le anunció Sophie mientras se tumbaba sobre el camastro. Sacó su teléfono mientras respiraba pesadamente, al ver la hora arrugó el ceño y volvió su mirada a la del dios con molestia. — Son las ocho de la noche, Loki, ¡Por Dios! Llevamos practicando más de cuatro horas, necesito descansar y comer algo.
Llevaban practicando desde que habían terminado de comer lo que ella había traído en unas charolas las cuales había dejado sobre la mesa, era normal que su cuerpo se hubiera desgastado y le estuviera pidiendo el descanso y un poco de combustible.
El dios la observó de brazos cruzados mientras alzaba una ceja, dándole énfasis a su aspecto demandante. Sophie podía afirmar que el hombre podía ser bastante rígido y maduro cuando se lo proponía.
— Aun no has logrado mantener a la vista tu esencia, no es suficiente — su voz era potente y un tanto fría.
— No tengo suficiente energía como tú — su voz se escuchaba muy pesada y su respiración delataba la falta de aire de la que sufría, se hundió más en asiento y se fue tumbando de lado sobre el camastro. — Soy una mortal, ¿lo olvidas?, me canso mucho más rápido que tú.
Observó como Loki movía la quijada mientras mantenía sus labios sellados. La miró por unos segundos con un semblante duro, solo para que segundos después lo suavizara y soltara un ligero suspiro.
— De acuerdo, — dijo con voz más suave — puedes descansar, mañana continuamos con el entrenamiento.
— ¡Gracias! — exclamó ella en un suspiro mientras intentaba incorporarse.
El Jotun le ofreció la mano y ella, con una media sonrisa, la aceptó. Pero no contó con que el hombre comenzara apretujarle la mano con fuerza.
— ¡Hey, me lastimas! — le recriminó ella, tratando de zafarse de dicho agarre que había comenzado a acentuarse con más fuerza.
La mirada del hombre no mostraba nada de expresión, pareciera como si no estuviera haciendo esfuerzo alguno. Supuso que esa fuerza era algo propio de un dios como él.
Soltó un alarido cuando sintió como uno de sus huesos comenzaba crujir ante el agarre. Aquello molestó a la mujer. ¿Cómo podía estar el hombre provocándole este dolor ahora, si horas atrás le había dicho que no quería herirla más? En verdad, la naturaleza del dios del caos era muy contradictoria.
Intentó, con todas sus fuerzas, zafarse de dicho agarre, pero solo logró incrementar su dolor y su desesperación. Cerró sus ojos en la espera de que el dios le terminara de romper otro hueso, mientras buscaba relajar su torcida y herida mano, ya que, era lo único que podía hacer.
Tras esperar nos segundos el desenlace de su pobre mano, la presión sobre esta desapareció por completo. Confundida, decidió abrir los ojos para ver qué era lo que había hecho desistir al dios en su acción y se encontró con que su propia mano estaba emanando un brillo de color verde agua.
Las manos del dios se habían apartado y su mirada no dejaba de posarse sobre esta.
— Lo has logrado — la apremió el dios mientras su voz sonaba débil, como en un estado de incredulidad.
Ella llevó su otra mano, con miedo, hasta aquel brillo. Sintió como su otra mano era contagiada con el mismo brillo, pero cuando la alejaba de esta, el brillo desaparecía de su mano sana.
El dios se acercó más a ella y sujetó su mano herida, la que emanaba aquel brillo, con cuidado.
— El punto entre la frustración y la felicidad: la relajación — soltó aun con aquella débil voz.
— Tu provocaste eso… — le regañó ella mientras bajaba el volumen de su voz.
— Lo sé y lo siento — acercó su mano a su boca, mientras ella se quejaba por el dolor, el hombre sopló sobre de ella y la besó con ternura. — Espero que esto funcione.
Ella miró con confusión su mano, mientras sentía como el dolor se sentía más presente mientras sus huesos se comenzaban a reacomodar en su mano, erradicando las fisuras y dejando todo como estaba.
Una vez la magia del dios dejó de estar presente, ella condujo su propia mano más cerca de sus ojos y comenzó a examinarla.
— ¿Qué significa el color? — preguntó ella con curiosidad, sin apartar la vista de esta.
— Solo me confirma lo que yo ya sabía de ti, lo que tú eres…
— Y eso es…
— Se asocia con la protección y la curación emocional — se acercó a ella mientras sujetó su mentón y levantaba su rostro. — Y eso es lo que tú eres en mí, mi estabilidad emocional y mi protección contra mí…
— Loki — lo nombró débilmente mientras cerraba sus ojos y sentía como los labios del aludido se unían a los de ella.
En ese momento, pensó que su tiempo en aquella torre sería tan gratificante como divertido.
— Ya les dije todo lo que recuerdo, — se cruzó de brazos y subió las piernas sobre la mesa — no sé qué más necesitan de mí.
— La verdad, señorita Lerman — en verdad parecía molesto aquel hombre que se había presentado frente a ella con el nombre Nick Fury, líder de una organización cuyo nombre era S.H.I.E.L.D.
Sinceramente aquello era lo que hacía molesta su estancia en aquel.
En el momento en que se había despedido de Loki y había salido de aquella celda que ya había comenzado a marearle entre tantos espejos, una horda de soldados la esperaban liderados por Fury, el cual la miraba con su único ojo con molestia.
La habían arrastrado hasta esta cámara de interrogatorios y no habían dejado de atosigarlas con las mismas preguntas, una y otra vez: ¿Cómo conoces a Loki?, ¿Estas bajo la influencia del dios?, ¿Qué había ocurrido durante el ataque a Nueva York?, ¿Y qué papel tenia ella en todo eso?
En verdad la habían mareado, pero eso no significaba que ella no cooperaria. Les contó todo lo que recordaba y sabia, no entró mucho en detalles porque eso sería revelar su situación sentimental con el dios y pensaba que posiblemente eso le afectaría tanto a ella como a Loki, y era algo que no estaba dispuesta hacer.
Y después de insistir tanto en saber más, ella se había quedado sin información y con un creciente dolor de cabeza, el cual la había comenzado a irritar.
Se llevó sus manos a sus sienes y comenzó a masajearlas. Al menos, agradecía el hecho de que habían sido tan considerados de traerle una taza de té para su malestar y le habían ofrecido unos bocadillos que le habían ayudado a saciar su tan revuelto estómago.
— Les he dicho todo lo que recuerdo y lo que se, — llevó una de sus manos a la taza y bebió un sorbo de esta — es todo lo que podrán sacar de mí, porque es todo de lo que tengo consciencia.
Fury arrugó el ceño y, llevando sus manos hacia enfrente de él, se acercó más a ella.
— ¿Esta segura, señorita Lerman, que no está bajo el control de ese enfermo? — volvió a insistir el hombre de piel morena mientras usaba un tono de voz más demandante. — Puede que le haya prohibido decir ciertas cosas.
Sophie rodó los ojos e, haciendo a un lado su taza y bajando sus piernas de la mesa, imitó la posición de su interlocutor.
— ¿Y usted está seguro que entiende el hecho de que Thanos me hirió de muerte y que estuve inconsciente por dos días, después de que ese enfermo me curó? — bramó desafiante mientras imitaba su volumen. — Puede ir a preguntarle al Capitán Rogers si aún duda esa parte, Señor.
Fury se alejó de ella y gruñó débilmente.
El hombre que había estado a su lado, se acercó hasta él y, mientras le sujetaba el hombro, le susurró a su oído.
—… Es todo lo que sabe, Señor — alcanzó a entender ella.
Sonrió con molestia y se recargó de nuevo en su silla.
— ¡Ve!, hasta su hombre me cree más que usted. Hágale caso.
El líder de aquella organización soltó un ligero soplido por la nariz, mientras cerraba su ojo.
— De acuerdo, puede irse — soltó con resignación mientras volvía a fijar su ojo en la mujer.
— ¡Ya era hora! — exclamó ella mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la salida de aquel lugar que se había vuelto tan abrumador y fastidioso.
— Pero, — la potente voz del hombre la hizo detenerse y girar para encararlo — la esperó mañana a las cinco en este mismo lugar para seguir con el interrogatorio.
— ¡¿QUE?! — gritó molesta Sophie. — ¿No estará hablando enserio, verdad?
Fury le sonrió con malicia. Si, estaba hablando y muy enserio.
— El agente Filtz — comenzó mientras señalaba al hombre a su izquierda, el cual estaba completamente erguido y su mirada era tan fría y seria — será quien la acompañe a partir de mañana. Si recuerda algo, el será quien estará para escucharla.
Ella soltó un prolongado suspiro y volvió a girar hacia la puerta.
— Supongo que no me queda de otra — abrió la puerta con una mano y alzó la otra para despedirse. — Nos vemos mañana y espero que te agrade dibujar, porque no pienso perder mi tiempo haciendo nada en este lugar.
Y tras decir esto, cerró la puerta y se encamino hacia su habitación.
Al caminar por uno de los pasillos, se encontró con una mujer de cabellos rojos, la cual le pareció realmente hermosa. Su cuerpo era delineado y muy bien formado, por un momento le hizo olvidar el coraje que le había hecho pasar aquel desconfiado hombre del parche.
Por estar perdida en el cuerpo de ella no se percató de que la mujer la estaba viendo también, de hecho, hasta le sonreía de cierta manera, la cual hizo que Sophie desviara su mirada apenada.
Intentó desviarse de su camino, pero por una extraña razón, la mujer impactó contra su hombro con fuerza, haciendo que la castaña se tambaleara y callera al suelo.
Logró escuchar como un mohín, procedente de la pelirroja la cual remarcó más sus pasos una vez que se comenzó a alejar, se hacía presente en aquel silencioso pasillo.
Al parecer, su tiempo ahí, no sería tan grato después de todo.
Una vez que se terminó de secar, salió de la regadera y se enredó la toalla al cabello. Se vio por unos momentos en el espejo y se dedicó una débil sonrisa.
Tomó su ropa, la cual descansaba sobre el lavamanos, y, tras ponerse un poco de crema por todo su cuerpo, comenzó a vestirse con su ropa para dormir.
Estaba en extremo cansada y un buen sueño era lo que necesitaba para que su cuerpo pudiera reposar y su mente dejar de dar vueltas en tantas cosas y experiencias vividas.
Sophie no era de las personas que disfrutaba mucho del preocuparse por todo. Evitaba a toda a costa hacerlo, pero cuando la realidad la abrumaba y le hacía enfrentarse a este tipo de cosas, le era inevitable el preocuparse.
Y en ese momento no era la excepción. Tanto lo que había aprendido con Loki, como lo vivido durante su tiempo en aquella cámara de interrogatorios como también al momento de salir. En verdad, ¿que se creía aquella chica pelirroja para tumbarla de aquella manera y después burlarse de ella en vez de ayudarla? Con todo eso, pudo suponer que lo que más había marcado su día había sido aquel impacto con aquella mujer, la cual la había hecho enfurecer.
Salió hecha una furia del cuarto de baño, al parecer su idea de calmarse con una duchar había fracasado y no le quedaba de otra más que tratar de conciliar el sueño a pesar de todo.
Pero su objetivo se vio nublado cuando sintió unas manos que ella conocía muy bien rodeándola y recorriendo su abdomen con completa libertad.
— ¿No llegue a tiempo para la ducha? — preguntó con lujuria la varonil voz de Loki en su oído.
La mujer sintió como el dios comenzaba a jugar con su lóbulo con su lengua y no pudo evitar soltar un suspiro ante aquello.
— No creo que nos hubiéramos duchado si tu hubieras llegado de esta forma — le anunció la mujer mientras comenzaba a girar lentamente para encararlo.
— Como tampoco dudo que puedas dormir tras esto — le sonrió con picardía para después lanzarse sobre su cuello y llevar sus manos hacia su espalda.
Ella sonrió divertida mientras llevaba sus manos a la cabeza del hombre y lo sujetaba de su corta melena negra, haciendo que este la encarara.
— Pueda que sí, todo dependerá de ti, mi querido amigo — dijo desafiante mientras se apoderaba de sus rosados y fríos labios.
El hombre ronroneó y, tras arrancarle la toalla del cabello y lanzarla a dios sabe dónde, la condujo velozmente hacia la cama en un ágil movimiento.
Los días transcurrieron y las visitas de Loki en la noche, como también las de ella a su celda, comenzaron a ser un ritual entre ellos. Aquello la hacía más que feliz a ella, porque en verdad no tenía ninguna queja contra el dios, en serio ¿Quién podría quejarse de que un dios nórdico, casi insaciable, te visitara todas las noches a fortalecer un vínculo que podría matarte si este se debilitaba? Por lo menos, ella no. Lo único que si podría molestarle era el hecho de que dicho dios siempre desaparecía antes de que ella despertara.
Había socializado más con los extravagantes habitantes de aquella torre, los cuales formaban parte de un grupo denominado Vengadores. Además de divertirse y entablar una ligera amistad con Jane, Janet y Darcy, también conoció a Pepper, la chica del glamoroso Tony Stark, y a Carol Danvers, una mujer un tanto seria al principio pero con buenas intenciones. Dentro de ese grupo, también encontró al reconocidísimo Doctor Henry Pym, el hombre de la sonrisa irremplazable, y al desaparecido Doctor Bruce Banner, hombre tímido y muy buen consejero, como también al Rey de un país que no conocía, T'Challa, el cual era un poco más reservado pero aun así no dejaba de ser inteligente y muy sabio, y por fin conoció al hermano de Loki, el sonriente e infantil Thor, el cual también visitaba, a veces con ella y en ocasiones con Tony, al molesto dios de las travesuras, como también le agradecía cada que podía el que hubiera cuidado de su hermano tras su caída. Pero a pesar de las personalidades tan opuestas de todos los superhéroes, la convivencia en aquella torre era divertida y cambiante.
Lo único que si odiaba de aquel lugar eran las visitas al cuarto de interrogatorios con Leo Filtz*, el agente —considerado mano izquierda de Fury— el cual había sido el encargado de custodiarla durante su interrogatorio, no había resultado ser tan agradable como ella había esperado, ya que siempre la estaba cuestionando sobre todo lo que pensaba y hacía con Loki, como también le cuestionaba sobre su vida, al grado de llegar a inmiscuirse en sus líos amorosos y su pasado con Jonathan. En esa ocasión no había soportado el interrogatorio y se había retirado del lugar. (*Nota: Leo Filtz pertenece al universo cinematográfico de Marvel, ignoro si ha aparecido en algún comic, pero sí sé que aparecerá en la nueva serie de S.H.I.E.L.D.)
También había descubierto la identidad de la gruñona pelirroja, la cual era parte tanto de los Vengadores como también de la agencia secreta, como también conoció la razón por la cual aquella mujer la trataba tan mal cada vez que se encontraban.
— Eres la chica de Loki, fin del asunto — le había confirmado Tony una mañana tras tropezar de nuevo con la espía y haber sido escoltada por el millonario a disfrutar, ambos, de un café.
— Pero no entiendo por qué es la única que parece ser que me odia — decía mientras movía sin sentido la cuchara dentro de la taza con café. — Todos los demás me han tratado bien, ella es la única...
— Son como las relaciones de ricos, — comenzó el genio tras haber dado un último sobro a su bebida y se ponía de pie con la taza en mano — tu chico se metió con la mente de su chico y por eso la chica te odia — se encogió de hombros y fue al lavatrastos a dejar la taza mientras uno de sus robots comenzaba a lavarla.
Fue en ese momento que descubrió también la identidad del último Vengador: Clint Barton, alias Ojo de Halcón.
— La mente de Barton fue una de las más interesantes de controlar — confesó Loki cuando le había preguntado sobre el asunto. La sonrisa del dios era radiante y su mirada era divertida. — Era como si tuviera acceso a dos mentes, en realidad.
Sophie lo miró con molestia mientras el hombre se ponía cómodo sobre su camastro y sonreía con autosuficiencia.
— Tanto Barton como Romanoff están conectados de maneras que ni yo mismo comprendo — su semblante había cambiado a algo más serio. — Y puedo apostar que ni ellos mismos son conscientes de esto.
Y con eso había concluido que ambos agentes serian un misterio para ella. Aun no conocía a Barton en persona, pero sentía que el hombre la trataría igual, o hasta peor, que la pelirroja. Pero a pesar de eso tenía el consuelo de que el hombre estaba en misión y no volvería hasta dentro de unos días.
Después de tanto ajetreo y tantas cosas vividas dentro de aquella torre, una semana había transcurrido muy velozmente.
Y esa tarde, como siempre, estaba practicando con Loki. Ya había avanzado en su manejo de la magia y todo gracias al dios, pero no por las formas más tiernas si no por las más rudas. Suponía que, para el hombre, fue el único método que conocía de enseñanza y, aunque odiara lo déspota y agresivo que se ponía, era muy bueno como tutor.
La mujer cayó rendida exactamente cuando el reloj marcó las ocho en punto. Se tumbó sobre el camastro después de haber dispersado toda su esencia mágica de todo su cuerpo y dio un prolongado suspiro.
— Cada vez termino mucho más cansada — soltó de jalón, mientras se llevaba las manos al rostro.
— Me estas brindando parte de tu esencia, ¿Que esperabas? — explicó toscamente el dios mientras se sentaba sobre la silla y se cruzaba de brazos. — ¿Rejuvenecer?
— ¿Podrías ser más tierno en tus palabras? — pidió ella mientras se masajeaba las sienes y miraba de reojo al hombre. — Sé que debes de ser estricto conmigo, pero al menos podrías hablar más tiernamente, o al menos educado.
Loki alzó una ceja mientras esbozaba una sonrisa divertida.
— ¿Buscas ternura en el dios del caos y la destrucción? — se puso de pie y dio unos pasos hacia la mujer.
De hecho, le sonaba contradictoria ahora que lo escuchaba del dios. Ahora entendía por qué el hombre solo era tierno en contadas ocasiones, o al menos parecía serlo, porque desde el punto de vista de la castaña el hombre carecía de aquel tipo de muestras de afecto.
Sophie comenzó a retroceder, hasta donde la pared de la celda se lo permitía, en el momento en que la cara del moreno comenzó a parecerle amenazadora. Tenía miedo, porque a pesar de que conocía la ruleta emocional del dios, aun ignoraba como reaccionaria después.
— ¿Que... Que haces, Loki? — preguntó mientras le temblaba la voz y sujetaba con fuerza los bordes del pequeño colchón.
El hombre le sonrió con malicia, para después lanzarse sobre de ella y tomarla de los brazos con fuerza. Sophie cerró sus ojos, presa del pánico que estaba experimentando.
Pero en el momento en que sintió el impacto del dios sobre su cuerpo, en vez de sentir el frio y duro cristal, sintió la suavidad de su cómodo y afelpado colchón de la que era su habitación en aquella torre de locos.
Sintió como los labios del ojiverde comenzaban a rozar con delicadeza su tenso cuello hasta llegar a su frágil oído.
— Puedo ser más tierno, si tú eres la que lo pide — ronroneó en su lóbulo para después comenzar a besarlo.
Ella abrió los ojos y se encontró que estaba en su habitación. ¿Cómo mierdas habían llegado hasta ahí tan rápido?
El dios que estaba sobre de ella la encaró y le sonrió con lujuria.
— ¿Significa que las clases terminaron por hoy? — bufó ella mientras le devolvía la sonrisa.
El dios se limitó a asentir para después lanzarse a sus labios con fiereza.
Al menos, si no podía tener la ternura del dios, tendría la pasión y afecto del mismo.
— JARVIS, almacena estos documentos en mi servidor privado — ordenó el genio mientras movía velozmente los dedos a través de su teclado virtual. Tony Stark no era muy amante de escribir él mismo las cosas, de hecho, siempre le dictaba lo que quería escribir a su IA. Pero por una extraña razón, que él pudo definir como capricho, decidió hacerlo por sí mismo.
— Enseguida, señor — aceptó JARVIS mientras transportaba los archivos de una carpeta a otra en la pantalla táctil holográfica.
El genio terminó lo que estaba escribiendo y observó con detalle el resultado de su trabajo mientras le daba un sorbo a su bebida, la cual no podía simular ser un inofensivo café.
Llevaba días trabajando en aquel proyecto y sabía que por fin podría empezar a desenvolverse como debía una vez que hiciera una última cosa en ese día.
— JARVIS podrías decirme si Sophia ya salió del pent-house de nuestro dios favorito — dejó de lado su vaso de cristal y comenzó a jugar con sus dedos mientras enfocaba su vista en la desordenada mesa. Sabía que si Pepper veía aquel desastre, un regaño seria lo menos que la mujer podría darle.
— Acaba de salir...
— ¡Vaya! — exclamó mientras se ponía de pie el genio y no dejaba de ver el reloj de la pantalla digital. — Esta vez lo dejó temprano. Por fin tendré tiempo de charlar con ese hombre y de pedirle la prueba de amor más poderosa: su sangre.
Caminó unos pasos, con dirección hacia la puerta de su taller, cuando su IA lo detuvo.
— Debo informarle, señor, que el Señor Laufeyson tampoco se encuentra en la celda — en su voz pudo identificar algo de nerviosismo.
Stark rodó los ojos y soltó un pronunciado bufido.
— ¡Por dios! Ya está de nuevo con Sophie — sonó irritado. — ¿Pretende dejarla zamba o qué?
Presintió como su mayordomo virtual comenzaba a articular palabra pero Tony lo silencio mientras alzaba la mano.
— No respondas, JARVIS.
Era definitivo, había un ser mucho más insaciable que él.
La despertó un cosquilleo en sus piernas.
Comenzó a tantear con sus manos el lado contiguo de la cama y se regocijó al sentir la espalda torneada de su dios de las mentiras.
Era la primera vez, después de toda esa semana, en la que el dios no desaparecía antes de que ella despertara, y eso la hacía más que feliz.
— Buenos días — le susurró al oído mientras le daba un ligero beso en la espalda.
El dios solo soltó un respingo mientras se giraba y la encaraba con una extraña sonrisa en el rostro, supuso que el hombre aún seguía dominado por el sueño y por eso aún no tenía control de sus facciones.
— Te quedaste — continuó diciendo ella con voz terrosa.
— Si quieres…. Me puedo ir — le soltó mientras recargaba su sonrisa hacia su costado y sus ojos permanecían cerrados, su voz era el vivo ejemplo de la pereza.
Ella se aferró más a él, entrelazando sus piernas en las caderas del dios, mientras negaba débilmente.
— Prefiero que estés aquí, a mi lado.
Loki soltó unas ligeras risas, para después irla rodeando con sus brazos y comenzar acariciarle la espalda.
— Saben que no pase la noche en la celda — insistió el hombre.
— Me importa un rábano que lo sepan o no — gruñó molesta. — Puedo usar a Tony y Steve como apoyo contra Fury.
— Te has vuelto muy cercana al soldado, ¿cierto? — abrió sus ojos y enfrentó a la mujer.
— ¿Celos? — alzó una ceja ella.
— Nunca podría estar celoso de un simple mortal…
— Si como no — rodó los ojos mientras soltaba unas ligeras risas.
La mujer sabía la verdad, Loki estaba celoso. Pero ella disfrutaba ver como el dios se sentía amenazaba por un hombre que acababa de conocer. No es que Steve fuera feo, simple y sencillamente, no era Loki. Y, suponía que, aunque lo fuera, ella elegiría siempre a su cascarrabias dios nórdico del caos y de la destrucción, más del 100% de las veces lo haría.
De repente, sintió otro cosquilleo recorrerle parte del abdomen y comenzó a empujar al moreno.
— Basta, me haces cosquillas — soltó ella entre ligeras risas.
— Ni si quiera te estoy tocando, mujer…
Sophie terminó de abrir por completo sus somnolientos ojos y no dudó en alzar la colcha que los cubría para ver de qué se trataba.
Casi se le salía el corazón cuando se encontró con la cabeza de una serpiente de color alabastro con plumaje en tonalidades de verdes muy llamativas, con unos cuernos de color negro sobre su cabeza.
— Se… se… — tembló por un momento mientras intentaba conectar las palabras. — ¡SERPIENTE! — exclamó con voz potente mientras se levantaba velozmente y comenzaba a saltar al lado de la cama mientras señalaba el lugar.
El hombre terminó de despertar y se sentó sobre la cama mientras comenzaba a retirar las colchas de la cama.
Y ahí estaba de nuevo, aquella amenazante criatura, escudriñándola con esos penetrantes ojos verdes, haciéndola sentirse inferior e indefensa.
Se recargó más sobre la pared de aquella habitación que había comenzado a sofocarla.
— ¡Mátala, mátala! — chilló aterrada mientras no dejaba de temblar.
El dios solo se limitaba a observar al animal como si de un tesoro se tratase.
— ¿Uróboros? — oyó preguntar al hombre con voz tenue y segura.
Lo que le faltaba, el hombre conocía a la serpiente y, lo mejor aún, podía hablar con ella, puesto que el animal había asentido levemente.
Si, este sería un día de locos.
Mew! Pues supongo que merezco regaño, me salte la barda la semana pasada por no publicar, pero había empezado sin mucha inspiración y, aun teniendo todo el capitulo en mente, no fluía por mis dedos y ¡plop! no escribía nada.
Mas, ¡Gracias a Dios! logre escribir esto, aunque tiene escenas que no quedaron como tenia en mente, pero aun así, lo logre terminar :D.
Y si chicas... ¡Tenemos a un dios Insaciable!
Bueno, al menos siento que aproveche ese tiempo muerto para ordenar la lista de canciones de los capítulos ya que tenia una lista hecha en mi cel y esta desapareció al igual que la lista de otras de mis historias, así que tuve que volver a hacerlas entre todas las canciones de mi reproductor... Pero, por desgracia, cuando uno ocupa las cosas, estas desaparecen y no aparecen hasta que las dejes de buscar, así que eso hago, la dejo de buscar para que esta llegue a mi... Pero creo que no funciona .-. ... Así que espero que para la próxima actualización ya la tenga lista xDD... (si es que recuerdo colgarla xDD)
Ahora, lo que sigue... Agradecimientos. Como siempre, adoro todos los comentarios que dejan y también agradezco que pasen a leer eso :3
Maia2: Gracias por tu comentario! Me alegro que te haya gustado como se involucro Tony, de hecho ahora hizo mucho mas que involucrarse xD. Y tras esto, Loki se ha enterado, pero lo esta tomando un tanto... calmado, hasta ahora, veremos como reacciona mas adelante con todo lo que se viene. Y si... el vínculo ya esta formalmente hecho y ya no habrá forma de romperlo, solo queda sobrevivir y sabe manejarlo adecuadamente.
MarianHiddleston: Claro que te extrañe, querida! Ya sabes que adoro tus comentarios tan... tu! xD ... Me alegro que te haya gustado la escena Lime, si, en verdad me preocupaba, puesto -como ya lo había mencionado antes- nunca antes había escrito una escena así siempre escribía la de después, mas nunca el antes... De hecho, la mayoría del tiempo la escena solo quedaba en mi cabeza, nunca la plasmaba en palabras. Espero y hayas disfrutado de este capitulo también y si... Loki es por naturaleza, inestable, así que si, aveces puede ser muy cruel.
Andre013Hiddles: Sorry por tardarme... pero, aquí esta! Tada! Me alegro que te haya gustado el capitulo, si, el vinculo ya se completo oficialmente y pues ya están ligados, pero aquí termino de explicar esos detallitos de vinculo y vimos como Sophie esta sacando jugo de dicho vinculo xDDD... Y con lo referente a escribir así .. prometo que mejorare, estoy empezando (mentiras, apenas iré mañana xD) a ir a unos talleres con los escritores de mi ciudad para mejorar y poder darles lo mejor... por que lo que sigue, debe de estar bien hecho, porque si no... pew! todo se viene abajo...
anakaren. romosoto: Gracias por tu comentario! Jejeje... no se, no merezco aplausos, aun me falta mucho para ser una buena escritora ^^U ... Y me alegro que te haya gustado el cunchiplancheo de estos dos (disculpa la palabra, pero por mi rancho [ajua!] así se le dice xD). Espero hayas disfrutado de este capitulo también, ya que aquí también hacen sus cositas, hasta fastidian a Tony con eso y lo dejan en segundo puesto xDDD..
Lily: Mew! Sabes, Vínculo no es uno de mis capítulos favoritos, no se... de los que he escrito, supongo que estaría en un debate entre Presente y Aura, aunque el primero siento que le gana por poquito xD... Pero si me pongo a decir de toda la historia, ammm, aun no lo escribo xDD. Y que bueno que mi descripción de Loki sea buena, espero no salirme nunca de lo que intento con este hombre. Y sobre lo de la crisis... si, te entiendo, mi madre también me ha aplicado lo mismo y es horrible .-.
yuzurika: Me alegro que ta haya gustado! Como siempre, gracias por el comentario! Y pues como vera, aunque fue un poco tarde, aquí traigo un capitulo nuevo, el cual hayas disfrutado... Te aseguro que el siguiente ya esta en proceso y espero que lo disfrutes tanto como los que hasta ahora van!
Bueno... eso seria todo... espero y no tardarme en actualizar el siguiente capitulo. Nos vemos en la siguiente actualización.
Cambio Y Fuera ~
