::: De momentos dulces y sensuales :::


Shizuru POV´s

Con mi amada Natsuki fuera del hospital, yo me sentía mucho más tranquila. Después de lo sucedido con Marguerite, me había abordado una insana necesidad de estar cerca de mi novia todo el tiempo del que dispusiera; es por ello que, cuando mi linda lobita por fin salió de aquel "infierno", según la definición de las ahora Kruger, no pude si no mas que sonreír encantada ante el acontecimiento. Si bien no pude ir a su encuentro cuando le dieron de alta, todo por asuntos escolares, eso no evito que le visitara cada mañana, antes de ir a la escuela, dado que ella aun requería de una semana más de reposo en las comodidades de su casa, y todas las tardes, hasta que la hora se volvía demasiado indecente como para que una señorita anduviera en las calles. En ese aspecto Oka-san fue sumamente comprensiva. Había contratado a un chofer que apenas dando las diez de la noche, no importo lo mucho que le rogara para que sobrepasara aquel horario, se estacionaba afuera de la casa de las Kruger y esperaba a que saliera para llevarme a casa. Así también, me proveyó de un asistente de chofer que se encargaba de llevar mi flamante convertible a casa apenas le entregara las llaves de mi "bebe" y yo subirme al coche Mercedes-Benz Clase E-Guard que muy "amablemente" Oka-san me había impuesto. Y del cual, por cierto, también "disfrutaría" mi lobita en cuanto regresara a la universidad. Casi puedo escuchar el grito inconforme que lanzara a los cielo al saber que no conducirá mas su amada Ducati. Lo cual, en cierta parte, me alivia. ¡Esas cosas son la muerte!, por mucho que me excitara al deleitarme con la figura de mi novia en traje de cuero sobre aquel ostentoso y sensual vehículo. Tal vez, y solo tal vez, el amor de mi novia por aquellas sensuales motocicletas se me estaba contagiando. De ser sincera, ya había perdido la cuenta de las veces en que había desnudado a mi sensual novia con la mirada cuando estaba encima de aquel caballo de acero.

Durante las tardes de aquellos días, procuraba mantenerla entretenida la mayor parte del tiempo posible, considerando que mi inquieta novia no podía estar sentada en un lugar, quietecita, por más de cinco minutos. Mi Natsuki, mi podre y linda Natsuki. No sé si decir que sufrió mucho estando a mi cuidado o si lo disfruto en sobremanera. Durante dos tardes consecutivas, me di a la tarea de armarle una pasarela de lencería fina con todo el repertorio de mi amado guardarropa. El rostro sonrojado y la mirada predadora no me fueron indiferentes en el rostro de mi lobita. Casi podía jurar que le falto muy poco para lanzárseme encima, importándole muy poco el dolor y la pierna enyesada. Admito que, en varias ocasiones, sucumbí a la carita de cachorrito hambriento y moribundo que aparecía en sus facciones, y me le acercaba para que viera más de cerca "la mercancía". Fue inevitable que en la mayoría de esas veces me atrajera hacia sí misma y me besara con toda la fogosidad que tenia disponible, atajando mi cuerpo con su única extremidad sana y haciendo que me posara encima de ella (y en dichas ocasiones, procuraba mantener la mayor parte de mi peso lejos de las dolencias de mi amada), y en medio de aquellos juegos y mimos, donde nuestras lenguas danzaban ferozmente, soltábamos alguno que otro suspiro de deseo reprimido, suspiros de anhelo.

Al final, terminaba recostaba a un lado de mi novia, acariciándole el abdomen por debajo de sus delgadas playeras, dibujando con las yemas de mis dedos en aquel lienzo de carne mientras ella acariciaba mis cabellos con una parsimonia casi hipnotizante, la cual, me adormecía lo suficiente como para dejar pensar en nada más que en aquella acción por parte de ambas.

Los siguientes días fueron un poco más de lo mismo, exceptuando el hecho de que ayudé a mi linda novia a regularizarse con sus deberes escolares. Aunque la muy astuta logro que me quedara con algún camisón de seda, sumamente cortos y escotados, mientras estudiábamos recostadas en la cama de su habitación estudiando. Al final del día, cuando la luz del sol comenzaba a tornarse anaranjada, le hacia un pequeño test de lo que había asimilado. Por cada respuesta correcta dejaba un beso húmedo a lo largo de su hombro, rumbo a sus labios, no sin antes tentarle lo suficiente como para que deseara besarme desesperadamente. Era sumamente divertido ver sus reacciones frustradas cuando fallaba alguna respuesta, y en réplica a su fallo descendía por su clavícula, alejándome de sus labios mientras refunfuñaba inconforme. Dicho juego también me jugaba en contra, puesto que mi amada novia no se quedaba tranquila y aceptaba el castigo como si nada; por cada respuesta incorrecta, cada que me alejaba de sus labios, ella acariciaba mi espalda con movimientos ascendentes y descendentes, siempre a lo largo de la columna, mientras me alaba hacia su cuerpo, intoxicándome con su calor corporal mientras soplaba lentamente aire cálido entre sus labios hacia mis hombros y oídos, susurrando mi nombre con aquella sensual y pecaminosa voz, la cual me incitaba a devorarla irremediablemente.

Llegado el manto nocturno, guardábamos nuestras cosas, ambas nos vestíamos adecuadamente e íbamos a la cocina. Principalmente para hacerle la cena a mi amada novia. Esos días, Oka-san procuraba mantener a su amada novia, mi actual suegra, (lo sé, suena demasiado bizarro) lo más entretenida que pudiera. Ambas ya estábamos enteradas de las acciones del inepto progenitor de mi lobita, por lo que mantener a las Kruger entretenidas era primordial. La ira que me consumía era efímera comparada con la de mi madre. Lo mismo sucedía con mi cuñada, Kaón. Quien presa de su cambiante humor, algo supuestamente milagroso según las palabras de mi novia, se veía aliviada cuando mi prima Himiko la secuestraba todas las tardes pare alejar las preocupaciones de su alma y pensamiento. En cuanto a mi prima rubia; sinceramente jamás la había visto tan diabólicamente apacible cuando la noticia le fue dada. Sea lo que fuera que planeara, Oka-san y yo, estábamos con ella.

Terminada la cena, procurábamos pasar unos momentos en la sala. Veíamos televisión, jugábamos un rato con la consola de Natsuki (la cual tuvo que enseñarme para que servía cada botón en el control) o solo permanecíamos sentadas en el sofá, escuchando algo de música ligera mientras esperábamos a que alguna de las Kruger mayores arribara a la casa. Siempre mirándonos a los ojos, acariciándonos furtivamente o besándonos con toda la ternura de la que disponíamos. Y poco después de la llegada de las Kruger, el chofer de mi madre se anunciara para llevarme a mi residencia. Alejándome de mi amor. A la espera de una noche más para poder estar con mi lobita, poder abrazarla, besarla y mimarla tanto como mi alma me lo gritaba.


Les hago entrega de este ligeramente sensual capitulo. Escrito en menos de lo que me esperaba. Espero fuera de su agrado. Siendo sincera, solo actualice considerando que el capitulo anterior tuvo un índice de interés aceptable. Y lo seguiré actualizando conforme ese índice permanezca estable. ¿Por qué? Porque soy caprichosa y es el mes de mi cumpleaños y se me permite ser todo lo caprichosa que me apetezca este mes. Ahora bien. Si habrán notado hay un nuevo fic recién salido del horno. Será actualizado regularmente por una razón sumamente personal. No espero les agrade del todo. La trama será cruda. Pero necesaria.

Ahora bien. Tengo una disyuntiva que debe tomarse a consideración. Para el siguiente capítulo ¿Les apetece algo lemon o consideran que ya no pueden aguardar mas a la reunión familiar de las Viola&Kruger? Los dejo a su criterio.

Gracias a quienes se tomaron la molestia de dejar su comentario. Es por ustedes que escribo puesto que son sus palabras de aliento las que me impulsan a escribir. Un enorme y estrecho abraso para ustedes. Recuerden que les amo.

Siendo todo por el momento, me despido.