Dos días después, Tsubasa y Ero fueron a ver a Roy. Tras golpear la puerta varias veces, el anciano les abrió y Ero le abrazó con fuerza.
Roy: ¿Qué pasa, hijo?
Ero(llorando): Vas a ser abuelo.
Roy(llorando): ¿Qué? Eso es magnífico.
Padre e hijo estuvieron un rato abrazados, llorando de alegría. Tsubasa observaba la escena sonriente, él y el resto de la manada también se habían enterado de aquella nueva vida el día anterior, llenando de lametones a la pareja. Cuando Roy se recuperó de la felicidad, les pidió que entrasen. Fast se encontraba en otra habitación con su familia, durmiendo, así que decidieron hablar bajo.
Roy: Yo también os tengo una noticia, no tan buena como ésta, pero puede ayudarnos a derrotar a Iru.
Tsubasa: ¿Cuál?
Roy: He encontrado a una familia que sufre el mismo hechizo que vosotros, los Daishi.
El lobo blanco se quedó de piedra, ¡otra familia hechizada!
Roy: Jiro les hechizó hace treinta años. El cabeza de familia, Iyo, fue maldecido junto con su novia Yocko, cuando aún eran adolescentes. Tras buscar a Jiro, sin éxito, decidieron vivir como lobos y ahora tienen un clan formado por sus hijos y por otros lobos que se les unieron. Son muy buenos en la lucha, sobre todo Iyo, quien luchó contra tu madre, Tsubasa.
Tsubasa: ¿Mi madre peleó contra él? ¿Y por qué?
Roy: Ella trató de convencerles de que no merecía la pena vivir en el bosque ocultos como ratas y rendirse, y también que le ayudasen a luchar contra Jiro. Pero Iyo no le escuchó y Natsuko le desafió en combate. Estaba lastimada por una lucha que había tenido con Jiro, pero tu madre era muy cabezota y decidió desafiar a un lobo más experimentado y además cuatro años mayor que ella. Iyo le dijo que primero debía luchar contra su mejor guerrero, Aniku, un enorme lobo gris que tenía unos dientes que parecían de acero. Ella aceptó y peleó con maestría, y se lanzó contra su oponente con el Colmillo Volador, pero sus heridas le impidieron usar toda su fuerza y Aniku le hizo un tajo en el vientre, dejándola inconsciente. La llevé a mi casa y la curé, pero cuando Natsuko despertó, quiso volver allí y enfrentarse al lobo otra vez. Pero se lo impedí, no podía permitir que luchase en ese estado. Tras darse cuenta de que no Iyo no iba a prestarle su ayuda, Natsuko decidió combatir sola, con la única ayuda de tu padre, la de su familia, y la mía.
Tsubasa se quedó un rato pensativo, ahora que lo pensaba, su madre tenía una cicatriz en el vientre que parecía hecha por un cuchillo muy afilado. Pero ella le dijo que fue por una pelea con los Kanda y le creyó.
Ero: ¿Estás sugiriendo que debemos pedirle ayuda a ese tal Iyo?
Roy: Sólo es una idea, tal vez haya cambiado de parecer. La tierra está inquieta, la batalla final se acerca. Debéis encontrar a alguien que os ayude, Iru es aún más fuerte que Jiro y vosotros solos no podréis con él.
Tsubasa: ¡Está decidido! ¡Iremos a ver a ese tal Iyo!
Ero: Pero, ¿y si sigue en sus trece y se niega?
Tsubasa: Entonces le convenceré con el Colmillo Volador de mi madre. Cuando ella luchó estaba herida, pero yo estoy en plena forma, así que tenemos una posibilidad.
Ero: Sí, tienes razón.
Tsubasa: Partiremos mañana.
Cuando los lobos se dispusieron a marcharse, Roy le dio otro abrazo a su hijo.
Roy: Cuida de Erina y del pequeño.
Ero: Lo haré, y cuando nazca, lo traeré para que lo conozcas.
Roy: Gracias, Ero. Tened cuidado.
Tsubasa y Ero galoparon hasta la madriguera para contarles a los demás lo de Iyo. Todos se quedaron sorprendidos al saber que Tsubasa y Sanae no eran los únicos con el hechizo lupino.
Sanae: Debemos convencerle de que se una a nosotros.
Kumi: Pero hay un problema: No sabemos dónde vive.
Kanda: Yo sí.
Tsubasa: ¿Dónde?
Kanda: Al sureste del bosque, su clan es enorme, más o menos como el de los Kanda. Son unos cuarenta lobos, machos y hembras.
Ero: ¿Tantos?
Erina: Con tantos de nuestro lado podremos acabar con Iru.
Sanae: Pero, ¿y si no le convencemos?
Tsubasa: Tendré que luchar con él.
Sanae: ¿Qué? No, ¿y si te hace daño?
Tsubasa: Tendré que correr ese riesgo.
Sanae: Pero…
Tsubasa: Sanae, es la única posibilidad que tenemos para derrotar a Iru. Piensa en Hayate, ¿quieres que acabe como los Daishi, como un lobo?
La loba café se quedó callada, su esposo tenía razón. Era todo o nada, debían conseguir ayuda si querían volver a la normalidad. A la mañana siguiente, Tsubasa se dispuso a salir con Kanda para buscar a los Daishi. Sanae se acercó al lobo blanco y le lamió el hocico.
Sanae: Ten cuidado.
Tsubasa: Tranquila, volveré.
Y dicho esto, Tsubasa le dio un último beso a su mujer y salió al galope siguiendo a Kanda.
