Hola a todos...

¿Cómo están?, espero que muy bien y felices. He aquí el Extra I de este fic.

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es obra de nuestro Hima-papa.


Mi historia no es tan interesante, si nos ponemos a pensar. ¡Oh!, lo siento… mis modales. Mi nombre es Antonio Fernández Carriedo y les contaré un relato sobre 3 amigos que se fueron a Inglaterra a conseguir una mejor vida.

Antes de eso, les contaré como era mi vida mucho antes de conocer a ese par. Nací en Sevilla, hijo de una familia de escasos recursos económicos y el menor de dos hermanos. Mi hermano mayor era algo más estricto y no le agradaba hablar conmigo, por lo que entablar una conversación con él era más imposible que ir a Francia (que como verán, para nosotros era un caso improbable en ese momento). Mis padres siempre se preocupaban de que a nosotros nunca nos faltara algo, por lo que pasaban trabajando, dejando así, nuestra crianza a nuestro abuelo.

Mi adolescencia no tuvo muchas novedades, bueno la verdad, ¿qué novedades se le puede pedir a un adolescente que nada le importa más que su vida? Aunque yo nunca fui así, siempre estaba pendiente de lo que pasaba en mí alrededor. Comencé a darme cuenta de las cosas que afectaban el mundo, como la homosexualidad, la drogadicción, el sexo prematuro (considerando que con 15 años, si nunca te habías acostado con alguien, eras raro) y todas las cosas que uno a esa edad cree entender, pero en el fondo no lo hace. Yo probé muchas cosas, debo admitir, pero nunca me excedí con ellas.

Una vez terminé la escuela, les pedí a mis padres si podía especializarme como cocinero. Mi madre no se negó, pero mi padre no estaba muy de acuerdo con mi decisión. Decía que ser cocinero me mantendría en la pobreza, pero decidí de todas formas seguir con esto, porque no iba a cambiar lo que era por mucho que estudiara algo que me trajera más dinero. Además, había aprendido a vivir así, no iba a ser algo nuevo para mí. Durante la especialización, se dieron cuenta de mis habilidades culinarias. Al principio no lo creía, pero una vez fue avanzando el curso, me daba cuenta de que de verdad era bueno.

Cuando terminé el curso, comencé a trabajar en un restaurante cercano a mi hogar, porque quería ahorrar dinero para viajar a Francia, por mejores posibilidades de trabajo. Estuve trabajando hasta los 20 años, cuando tuve el dinero suficiente para estar al menos 6 meses sin trabajar en Francia. Mis padres estaban bastante deprimidos de que su pequeño hijito se fuese así, pero debía hacerlo.

-Te vamos a extrañar demasiado, Antonio.- dijo mi padre, abrazándome en el aeropuerto.

-Solo prométenos que estarás bien.- sonrió melancólicamente mi madre.

-Estaré bien.- dije con una enorme sonrisa.- Los llamaré cuando llegue a Paris.- así sin más, me fui en busca de una oportunidad.

Al llegar, me di cuenta de un gran detalle ¡NO TENÍA NINGUNA REFERENCIA SOBRE DONDE QUEDARME!, por lo que le pedí a un extraño que me orientara. Fue en ese momento como conocí a Francis, un francés rubio, de ojos azules tan fuertes como el mar, alto, delgado y muy cortés.

-¿Necesitas ayuda?- sonrió.

-Si, por favor.- sonreí por cortesía.- Es la primera vez que vengo a Paris y no sé dónde quedarme.- suspiré avergonzado.

-¡Oh!, no sé qué hotel te puedo recomendar.- me miró, mientras pensaba en un lugar.

-No importa donde sea, mientras pueda quedarme un largo tiempo.

-¿Cuánto tiempo planeas quedarte?- sonrió.

-Pienso quedarme hasta que pueda conseguir un departamento y un empleo.- lo miré nervioso.

-Ya veo, entonces tengo el lugar perfecto.- guiñó su ojo y comenzamos a caminar.

-Por cierto, soy Antonio… mucho gusto, señor.- sonreí y le di la mano, en señal de saludo.

-Bonnefoy.- me miró.- Francis Bonnefoy, encantado Antonio.- sonrió y seguimos caminando.

-De verdad, muchísimas gracias por ayudarme Francis.- dije con algo más de confianza. No se me daba ser muy formal con las personas, porque se sentía algo frío.

-De nada, Antonio.- sonrió y se detuvo en una casa.- Llegamos.

-¿Es aquí?- lo miré confundido.

-Sí, es la casa de mis padres, están arrendando la habitación que era originalmente mía.- sonrió el francés.- No han conseguido arrendatario porque nadie está interesado en buscar una habitación, así que no te preocupes.

-¿Francis, eres tú?- sentí una voz femenina dentro de la casa.

-Oui, tengo un arrendatario.- gritó el francés que estaba a mi lado.

-Magnifico, has que entre.- grito muy animada la mujer.

-Sí, mamá.- sonrió y abrió la puerta.

Desde ese momento, no me pude alejar de Francis. Cuando me dijo que tenía una pastelería, le pedí de inmediato si podía contratarme en ella. Al principio se negó porque decía que "no es algo que a todos les guste". Yo quedaba con una cara de estupefacción muy grande "pero son pasteles, a todos les gustan los pasteles" pensaba. Le insistí tanto, que me llevó a la pastelería y me mostró el menú. En ese minuto entendí por qué no quería darme empleo… su pastelería era una de tipo erótica.

-¿En serio puedes venderle esto a las personas?- dije sorprendido.

-Claro y es por eso que no tengo tanto personal, además de Gilbert.- sonrió.

-Pero él solo lava los platos y hace aseo.- lo miré, mientras el alemán salía de la cocina.

-¿A quién le dices eso?- me miró serio.- Yo hago más que eso, ayudo a darle asombro a este lugar con mi asombroso ser.

No pude evitar reír después de escuchar esa frase.- tío, pero ¿qué asombro le das a este lugar?

-Pues, dejo los pisos tan relucientes que la gente puede mirar su horrible reflejo en ellos.- sonrió con superioridad el alemán.

-Ya, ustedes dos.- nos miró Francis.- deberían comportarse… ahora van a trabajar juntos.- sonrió.

-¿¡QUÉ!?- dijimos al unísono con Gilbert, él porque estaba molesto y yo porque tenía un trabajo como cocinero.

-Lo que escucharon, Antonio inicias mañana y Gil, vuelve a la cocina.- dijo Francis, sonriente.

-Gracias, Francis…- dije con mucho ánimo.- De verdad que no te fallaré.

-Eso espero.- sonrió.

Y así fue como conseguí mi empleo en la pastelería de Francis. A pesar de que no era lo mío las formas de esos pasteles, sentía que tenía una oportunidad de llegar a la cima de la gastronomía. No saben cuan agradecido estoy de eso con él.

Al día siguiente, llegué temprano y comencé a cocinar. En ese día, Gilbert aún me tenía bronca por lo que le dije, aunque no sabía que hice mal… solo le pregunté cómo le daba asombro al lugar.

-Muévete, español.- decía cada vez que estaba en su zona de trabajo.

-Espera, Gil.

-No puedo esperarte mucho, niño consentido.- me miró muy serio.- He trabajado más tiempo con Francis que tú y no porque un tipo sin hogar haya llegado, significa que yo deba irme.- dijo serio.

-Espera.- suspiré.- No quiero pelear contigo, perdón si dije algo que te ofendiera de alguna forma, pero eso no te da derecho a ser cruel…- bajé la mirada y me alejé del lugar.

-Eh, espera Antonio.- me llamó.- Lo siento, creo que me pasé con lo de "chico sin hogar"…

-Está bien, no hay problema.- sonreí a medias.

-Bueno, empezamos con el pie izquierdo…- suspiró.- Lo siento, soy Gilbert Beilschmidt, el asombroso Gil para los amigos.- rió con una risa muy peculiar, jamás la había escuchado antes, sonaba como un "Kesese…"

-Antonio Fernández.- sonreí.

-Veo que ya se llevan un poco mejor.- dijo Francis, una vez entró a la cocina.

-Sí, el español no es tan malo como pensé…

Fue en ese entonces, cuando inició nuestra amistad. Obviamente, hablaba más con Francis al principio, pero de a poco comencé a entablar más conversación con el asombroso Gil, formando así nuestro trío de amigos.

El tiempo así fue pasando entre nosotros y más nos queríamos (suena cursi lo que digo, pero es la verdad… aun no sé qué haría sin ellos). Teníamos juntas después del trabajo, conocíamos nuestras casas (aunque Francis sabía muy bien como lucía mi dormitorio) y disfrutábamos de nuestra compañía. Durante ese tiempo me di cuenta también de que Francis estaba casado y que tenía una pequeña hija, llamada Agnes, una bebe con unos ojos iguales a los del francés y su cabello igual a su madre Jeanne. Nos llevábamos muy bien entre todos, además de que la esposa del francés era muy amable y dulce.

Por eso, ese 30 de Mayo, cuando yo tenía 21 años, fue uno de los más duros para mí. Ese día todo iba normal, con un pedido urgente y un Francis muy alterado, toda esa "calma" se desvaneció cuando comenzó a sonar el teléfono.

-Que alguien atienda eso.- dijo con una sobrecarga de estrés muy grande el francés.

-Yo voy.- sonreí y tomé el aparato.- Pastelería del placer, buenas tardes…

-Sí, ¿hablamos con el señor Francis Bonnefoy?- se oyó del otro lado de la línea.

-Francis está algo ocupado, pero ¿puedo tomar yo su orden?- dije como si se tratara de otro cliente más.

-No queremos un pastel, somos los bomberos…- sentí como si fuese un regaño.- La casa del señor Bonnefoy se está incendiando y necesitamos que venga con la mayor rapidez posible…

-Entendido.- colgué y miré con cara de espanto a todos.

-¿Era la señora?- dijo el francés, preocupado de que haya sido ella.

Al principio me costó darle la noticia, pero tomé aire y hablé con la mayor calma posible.- No, eran los bomberos.- bajé la mirada, con gran tristeza.- Tu casa está en llamas.

-¡¿QUÉ?!- fue lo último que oí de Francis, porque inmediatamente salió corriendo.

Nos quedamos mirando con Gilbert, algo apenados.- Deberíamos seguirlo.- estaba realmente muy preocupado.

-Sí, vamos.- cerró la pastelería y comenzamos a correr detrás del francés.

Cuando llegamos, vimos el peor escenario jamás pensado. La casa de Francis estaba echa un desastre, no había nada rescatable en ese lugar, pero lo peor fue la cara de mi amigo al dar la vuelta… era una cara de tristeza, melancolía, pena, no era la cara a la que siempre estuvimos acostumbrados.

-Francis…- sentí que dijo Gil.

-¡LAS HE PERDIDO!- esa frase fue como un golpe en el pecho para mí. De verdad estimaba muchísimo la familia del francés y sentí como si hubiese perdido parte de la mía también.

-Lo lamento.- suspiré y abracé a mi amigo. No sabía lo que era perder a un familiar por culpa de un accidente, pero quería que supiera que yo estaba ahí, a su lado, en las buenas y en las malas, como él ha estado conmigo. De repente sentí como Gil se unía a nuestro abrazo, también le ha afectado la gran perdida.

Después de eso, Francis comenzó a faltar al trabajo y comenzamos a perder clientes.

-Pero, señora…- suspiré muy cansado, mientras veía a otra clienta irse del local.

-Lo siento, yo esperaba algo mejor de este lugar.- se retiró sin más que decir.

La señora se había ido porque dijo que nuestros pasteles ya no eran los mismos, algo que no podíamos discutir, porque faltaba nuestro cocinero estrella y dueño del lugar.

-Bueno, otra clienta insatisfecha.- suspiró Gil.

-Así es, si sigue así…- suspiré. Sabía que si seguíamos perdiendo clientes, íbamos a quebrar y cerrarían la pastelería.

-Sí sigue así ¿qué?- mi comentario fue interrumpido por el francés.

-Francis…- dijimos al unísono con Gilbert, pero nos detuvimos cuando vimos que el hombre que teníamos en frente nos miraba seriamente.

-¿Pasa algo?- estaba preocupado, ese no era nuestro Francis.

-Bueno, quiero decirles esto de manera directa.- hizo una pausa y continuó.- La pastelería va a cerrar, por lo tanto están despedidos.

Nuestras caras de asombro fue digna de retratar en una pintura. No creímos que el francés saliera con una noticia tan dura.

-¿Qué?- fue lo único que pudo decir Gil, sin salir de su asombro.

-Eso chicos, los despido.- nos miró y se fue.

Gilbert, al ver que se había ido, soltó sus pensamientos.- Ese idiota, ¿¡QUÉ NO PIENSA QUE SUS ACTOS TRAEN CONSECUENCIAS!?

-Tranquilo, era de esperarse también.- sonreí.- Lo mejor será que comencemos a buscar un nuevo empleo.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?- me miró y suspiró.

-Pues, creo que así soy yo.- sonreí y guiñé mi ojo.- Estaremos trabajando nuevamente, lo sé.

-Me gustaría ser tan optimista con esta situación.- suspiró nuevamente.- Pero, es difícil para un chico como yo conseguir un empleo con el sueldo que me daba Francis.

-¿Me estás diciendo que el asombroso Gil no confía en sí mismo?- reí.- Vamos tío, ya verás cómo conseguimos un empleo.

-Danke, Antonio.- sonrió.

La verdad es que lo que decía y lo que pensaba eran cosas distintas, pero debía mantener la calma y ser optimista. Lo que pensaba es que sería difícil conseguir un empleo, porque no tenía mucha experiencia.

La semana después, se anuncia el cierre definitivo y que prontamente sería una peluquería. Fue un asco esa semana, estábamos desesperados buscando trabajo en lo que sea. Fue cuando un restaurante que estaba recién empezando nos contrató, como meseros.

Mientras nosotros rehacíamos nuestras vidas, Francis estaba destruido y cada día era peor. Llegó a emborracharse con todo el alcohol que encontraba y con el dinero que tenía, buscaba prostitutas en demasía. Pero una noche de Agosto, fue cuando lo encontré peor.

Estaba caminando solo, recién había terminado mi turno en el trabajo. Seguí mi camino hacia la casa de los padres de Francis, cuando de repente me di la vuelta en un callejón y lo encontré ahí, como un vagabundo.

-¡FRANCIS!- corrí hacia él, preocupadísimo.

-¿Quién es?- sonrió. Sentí como se acercó a mí, obviamente ebrio.- Ah, eres tú, Antonio.

-¿Qué hay con esa reacción tan fría?- lo miré sonriente.- Ya veo, creo que estás decepcionado porque no soy una bella tía.- reí.

-Puede ser, pero igual eres sensual.- sonrió y se acercó a mí.- Siempre he pensado que sería hermoso escucharte gemir debajo de mí.

-¿Qué coño, tío?- lo miré sorprendido.- Que no te alcance para las prostitutas, no significa que yo vaya a aceptar eso.

-Vamos, no seas aguafiestas.- lo siguiente que pasó fue extraño. Me había acorralado contra la pared de ese callejón.

-¡CÓMO SIGAS ASÍ, TE VA A LLEGAR UNA OSTIA!- solté serio.

-No seas así, prometo hacerte sentir bien.- sonrió y comenzó a besar mi cuello.

-Francis, que te detengas, joder.- estaba desesperado, esperando la reacción del francés.

-Vamos Antonio, deja cumplir mi deseo como el amigo que eres.- comenzó a tocar mi entrepierna.

-¡NO DIGAS QUE NO TE LO ADVERTÍ!- grité, mientras le daba un puñetazo que lo dejó inconsciente.

Me sentí culpable y me compadecí de su situación. Me lo llevé a la casa de sus padres, como pude. Al fin y al cabo, era mi amigo y necesitaba de mí en esta situación tan difícil para él. Cuando llegué, su madre me miró seria.

-¿Qué le pasó a mi hijo?- sentí la preocupación en sus palabras.

-Le han querido asaltar al parecer, me lo encontré ya en este estado.- mentí, porque no quería que se enterara de que su hijo quiso violarme y mucho menos que yo le di el golpe que lo mantiene en ese estado.

-Mon Dieu.- suspiró la mujer, llevando a su hijo a la habitación más cercana.

-Mamá, ¿qué pasa?- se acercó la joven Monique, de 11 años de edad.

-No es nada, hija.- sonrió su madre, para darle tranquilidad.- Vuelve a dormir, mañana tienes escuela.

-No quiero ir a la escuela.- su madre se acercó a ella.

-Debes ir a la escuela, necesitas educarte.- sonrió.- Vamos, te voy a dejar a tu habitación.

-Está bien.- suspiró la pequeña.

-Antonio, te dejo a cargo de esto.- suspiró y se fue con la niña.

Me encargué de limpiar el rostro de Francis, mientras seguía en su inconsciencia. Después le puse hielo en su golpe.

-¡Ah, helado!- se quejó de repente el francés.

-Francis.- hice un sonido para que se quedara en silencio.- Tranquilo, estás en tu casa.

-¿Dónde están mis mujeres?- sonrió. Yo lo miré triste, a sus mujeres se refería a su familia.

-Francis, estás en la casa de tus padres.- sonreí a medias.

-Pero dime, ¿ellas están en casa?- me miró llorando.- ¿A quién engaño?, nunca podré volver a casa.

-Francis.- lo abracé y evité llorar con él.

-Antonio, las extraño tanto.- se abrazó a mí, mientras lloraba su perdida.

-Lo sé.- suspiré y no pude aguantar que cayeran unas lágrimas de mis ojos.

Me quedé a su lado, abrazado a él, hasta que se quedó dormido. Lo dejé sobre la cama en la que suelo dormir y vi cómo se acercó su madre.

-Antonio.- sonrió.- Gracias por cuidar de mi Francis.

-No me lo agradezca, es uno de mis mejores amigos.- sonreí tímidamente.

-Lo sé.- me abrazó.- Pero, él está pasando un momento horrible y no creo que se reponga tan rápido. Tengo que pedirte un favor.

-Claro.- la miré sonriente.

-¿Puedes cuidarlo?- suspiró.- Necesita una persona que lo quiera y que se preocupa de su bienestar y no encuentro otra que no seas tú.

-Yo me encargaré de él, señora Bonnefoy.- sonreí.

-Por Dios, te he dicho que no me digas así.

-Lo sé, pero no puedo actuar con usted como un igual, uno porque es la arrendataria de mi habitación y dos porque es la madre de mi amigo.

-Pero él que sea la madre de tu "amigo" no significa que tenga que ser tratada como una anciana.- rió. Me sorprendió que hiciera énfasis con la palabra amigo.

-¿Por qué de repente hace énfasis en la palabra amigo?- la miré confundido.- Nosotros somos amigos.- sonreí.

-A pesar de que no quiero ser tratada como una anciana, sé cómo funciona el mundo.- rió.- y tú, querido, sientes una atracción hacia mi hijo.

-¿¡QUÉ!?- estaba sorprendido. ¿Qué yo quería a Francis como más que un amigo?

-Ya veo, estás reprimiendo tus sentimientos muy bien.- sonrió.- Iré a calentar tu cena.- sin más, se fue a la cocina.

Me quedé observando el rostro de Francis mientras dormía, con una sonrisa en el rostro. Definitivamente, la madre del francés no estaba del todo equivocada. Sentía un cariño especial hacia él desde que me ayudó a instalarme en la casa de sus padres. Fue así cuando me di cuenta de que ese idiota me gustaba.

Los días siguieron avanzando y yo seguía con ese horrible empleo. El que estuviese Gilbert lo hacía menos tedioso, pero la paga era una miseria y no había un día en el que no nos sobreexplotaran.

-Como odio a este tipo.- dijo Gil, en un susurro molesto. El jefe nos trataba como si fuésemos ratas y él, un gato.

-Tranquilo Gil, nos puede escuchar.- solté serio, pero manteniendo la compostura.

-Hello, is somebody here?- sentí que dijo un hombre muy serio.

-¿Sabes hablar inglés?- susurré a Gil.

-No ¿y tú?- me preguntó de la misma manera el alemán.

-Yo me encargo.- susurré y guiñé mi ojo. Me acerqué al extraño señor, quien se veía como si fuese un monarca inglés.- Hello, what do you want to eat?

-Oh, hello.- sonrió.- What do you have?

-Well, I have…- señalé un plato del menú, el cual era bastante popular.

-Ok, I want this.- sonrió el hombre, a lo que yo también sonreí, por cortesía.

-Ok, do you want something to drink?

-Yes. I want orange juice, please.

-One moment.- sonreí y pregunté si había jugo de naranja.- You got lucky, we have orange juice.

-Ok.- sonrió y pedí la orden al chef. Cuando me encontré con Gil, me miró sorprendido.

-¿Qué acaba de pasar allá?- dijo serio.

-Te diré, ya que tus ojos están defectuosos por hoy.- reí.- Atendí a un hombre.

-Eso lo sé, idiota.- me miró serio.- ¿Cuándo aprendiste a hablar inglés?

-Cuando iba en la escuela, tomé inglés y francés.- sonreí.

-Eres sorprendente.- sonrió.- Te diría asombroso, pero de eso me encargo yo.- rió.

Cuando me anunciaron que la orden estaba lista, le serví al inglés lo que había pedido. El hombre me miró sonriente y comenzó a comer.

-Do you want something else?

-No thanks…- sonrió.- What's your name?

-Antonio Fernández, sir.- sonreí.

-Well, Mr. Fernández, do you want to work in England?- me miró muy serio.

-Why do you ask that?- lo miré confundido.

-You don't know my name, that's what I thought.- sonrió.- I'm Nicholas Shepard.

-Nice to meet you, Mr. Shepard.- sonreí nuevamente y seguí atendiendo las demás mesas que tenía a mi cargo.

Lo que pasó después fue algo muy extraño. El inglés había terminado de comer, pagó la cuenta y se fue con un montón de hombres a su alrededor.

-¿Quién era ese hombre?- me miró Gil.

-Me dijo su nombre, era Nicholas Shepard.- sonreí.

-¿¡ES UNA BROMA!?- me miró serio.- él es el Primer Ministro de Inglaterra.

-¿Qué?- lo miré sonriente.

-Apuesto que no sabías quien era.- me miró como si hubiese cometido el peor pecado de la vida.- Es muy conocido por ser el Primer Ministro que ha llegado soltero al poder.

-¿y eso qué, Gil?- sonreí.- Aquí fue otro cliente más.

El alemán siguió con su cara de "cometiste un error", pero no creo que sea para tanto, además yo creo que la gente que tiene mucha atención del público no busca eso.

-Antonio, mira.- miré a la dirección donde señalaba Gil y me di cuenta de que Francis vino a nuestro trabajo.

-Hola chicos.- dijo el francés, con una media sonrisa.

-Hola.- sonreí nervioso.

-¿Cómo están?- nos miró. Al parecer algo había pasado.

-Estamos bien, ¿y tú?- Gil estaba serio, mirándolo.

-Aquí.- suspiró.- ¿A qué hora salen del trabajo?

-Aún nos queda mucho trabajo, pero Antonio tiene la tarde libre.- Gil me miraba.

-¡Ah, sí!, salgo en 15 minutos.- sonreí.

-Está bien, te espero afuera.- así se fue del restaurante, a esperarme.

Suspiré por lo bajo y marqué mi tarjeta de salida. ¿Qué le habrá pasado, para estar así? La verdad es que estaba muy preocupado. Al salir, Francis me agarró del brazo y comenzamos a caminar.

-Quería hablar con los dos, pero creo que por separado será mejor.- suspiró.- ¿No te he hecho daño mientras he estado ebrio?

-No, ninguno.- me apresuré a decir, con una sonrisa torcida.

-¿Estás seguro?- me miró serio.- No quiero que me ocultes nada, Antonio.

-Estoy seguro.- lo miré.

-No me ocultes nada, Antonio.- siguió diciendo.

-Si sabes lo que hiciste, ¿por qué preguntas entonces?

-Sabía que terminarías diciendo cosas así.- suspiró.- Solo dime que hice y que debo hacer para corregirlo.

-De verdad que no es necesario que intentes enmendarlo.- sonreí.- Entiendo que no quisiste hacerlo, no estabas consciente cuando pasó.

-Aun no me has dicho que ha pasado.

-Y no es necesario que te lo diga.- sonreí.

Cuando terminé de decir eso, él detuvo su caminata.

-Vamos Francis, no seas así.- me di la vuelta y sonreí.

-Dime lo que hice, o si no dejo hasta aquí nuestra amistad.

-¿No estás siendo demasiado drástico?- sonreí a medias.- Te estoy diciendo que no es necesario que hagas nada.

-Pues no quiero quedar con la consciencia sucia, sabiendo que te hice algo que no recuerdo.- siguió serio y estático.- Quiero estar bien contigo, no quiero que queden cosas malas entre nosotros.

Fue cuando entonces me di cuenta de que Francis no iba dejar esto de esta manera. Suspiré resignado.- Casi me violas, sino hubiese sido porque te di ese golpe, quizás que hubieses hecho.- bajé la mirada.

Lo siguiente que pasó no me lo esperé, me abrazó y suspiró.- Pardon Antonio.

-Te dije que no importaba.- correspondí su abrazo. Extrañaba esa cercanía con el francés.

-¿Cómo que no importa?- me subió el rostro e hizo que lo mirara.- No puedo olvidar lo que te hice, y más sabiendo que después me llevaste a casa de mis padres.

-Eso fue porque no pude dejarte en ese callejón inconsciente.- suspiré. Las palabras que debía decir después se me hacían amargas.- A pesar de todos, somos amigos y de los mejores.- sonreí.

-Eres asombroso, Antonio.

-Déjale el asombro a Gil.- reí y el soltó una risa floja.

Seguimos caminando por un parque, mientras le comentaba lo que habíamos hecho con Gilbert mientras él está sumergido en su depresión. Nunca había sentido a Francis tan cerca de mí, aunque quizás eso sea porque era la primera vez que lo sentía así desde que me había dado cuenta de que me gustaba.

Después de eso, el tiempo avanzó muy rápido. Había ido a España para el año nuevo, para celebrarlo en familia, posteriormente volví a Francia para seguir trabajando.

Siendo muy honesto, odiaba mi trabajo y lo único que quería era una oportunidad para hacer lo que me propuse. Nunca pensé que mi tortura acabaría con una llamada lejana.

-Hello, Mr. Fernández.- había contestado la llamada de un desconocido, pero en cuanto escuché su voz, me di cuenta de que no era tan desconocido.

-Mr. Shepard.- dije sorprendido.

-Por favor, dime Nick.- me sorprendí nuevamente, eso lo había dicho en español y muy bien usado.

-Bueno, Nick.- dije soltando una risita floja.

-Te llamo porque quiero saber qué opinas de la pregunta que te había hecho hace un tiempo atrás.

-¿Cuál, señor?- no recordaba que pregunta había hecho.

-Si vendrías a Inglaterra a trabajar…- hizo una pausa, para tomar aire.- He estado buscando una persona que se viese de confianza y que me tratara como igual.

-Pues, sería un cambio muy radical.- sonreí.

-Pero si te digo que tengo un trabajo para ti como cocinero, ¿vendrías?

-Pues, me agrada esa oferta, pero no tengo dinero para llevar todas mis cosas y viajar a Inglaterra.- suspiré.- Además, mi inglés no es tan bueno.

-No te preocupes, no tengo problemas en hablar español o francés contigo… y por el dinero, no te preocupes, puedo comprar el pasaje.

-Sería estupendo, pero…- había otra razón para quedarme en Francia y ese era mis amigos, sobre todo Francis.- Aun tengo un inconveniente, ese es que tengo muy buenos amigos aquí y uno está pasando por una horrible situación moral y no puedo dejarlo solo.

-Si les ofrezco un empleo contigo, ¿vendrías?

-¿Está seguro de hacer eso?- estaba bastante sorprendido.- No hay muchas personas, que por contratar un nuevo empleado, hace esas cosas.

-Tienes razón.- dijo mientras reía.- Pero, quiero de verdad que trabajes conmigo.

-Pues si puedo llevarme a Francis y a Gilbert, está bien.

-Está decidido, te mandaré los pasajes de avión por correo.

-Está bien, los estaré esperando.

-Cuento contigo.- sin más que decir, colgó.

Inmediatamente, corrí a la casa de Gilbert para decirle la maravillosa noticia. El alemán estaba en shock, al igual que yo, pero aceptó con gusto. Ahora el problema era Francis, sabía que no iba a salir del país tan fácilmente.

A la semana después, me llegaron los pasajes de avión. Todo iba perfectamente, pero solo había un problema, el viaje sería el 30 de Mayo, en la noche.

Lo hablé con Gil y dijo que debíamos avisarle lo más rápido posible. Lo malo es que ese día era 29, al día siguiente partiríamos. La mañana siguiente, me levanté lo más rápido posible y corrí a casa de Gil, para buscarlo en la ceremonia del primer año de muerte de su familia.

Al llegar al cementerio, nos dimos cuenta de que no había aparecido en dicho lugar. Asustados, fuimos corriendo a casa del francés a darle las buenas noticias. Como nos costó convencerlo, pero lo logramos. Volví a la casa de sus padres, a ordenar mi maleta.

-¿Interrumpo?- sentí que se acercó la madre de Francis, sonriendo.

-Para nada, Sra. Bonnefoy.- sonreí.- Estaba ordenando mis maletas.

-¿Vas de viaje?- me miró con intriga.

-Más bien, me voy a trabajar a Inglaterra.- cerré la maleta y suspiré.

-Vaya, me alegro por ti.- sonrió y me abrazó.- Te merecías ese trabajo.

-Gracias.- sonreí.- Por cierto, Francis y Gil vendrán conmigo.

El rostro de la madre del francés reflejaba mucha sorpresa.- ¿Cómo has convencido a mi hijo de que abandone Paris?

-Pues, con palabras.- reí.

-No creí que se fuera…-suspiró.- Pero, si le hace bien salir de su tierra natal, para buscar otra oportunidad.

-Eso fue lo que le dije.- sonreí.- De verdad, perdón por llevarme a su hijo.

-No es eso lo que me preocupa.- sonrió.- Sé que lo cuidarás con tu vida…

-Sí, algo así.- la miré.- No se preocupe, Francis estará bien.

-Gracias por ayudarlo, Antonio.- sonrió a medias.

Después de esa charla, le pagué el último mes de alquiler y me fui en un taxi, a buscar a Gil. Cuando llegué, me di cuenta de que estaba en la calle sentado.

-Vamos Gil, estamos atrasados.- reí y subió rápidamente.

El auto aceleró hasta la casa de Francis. Suspiré mientras miraba por la ventana y sonreí.

-Volveremos a trabajar juntos.

-Sí, es verdad.- sonrío el alemán.

-Estoy feliz por eso.- lo miré sonriente.

Llegamos a casa de Francis y él aún no estaba listo. Lo ayudamos a terminar y fuimos al aeropuerto. Dejamos nuestras maletas y fuimos a la sala de embarque. Nuestros pasajes eran en primera clase, increíblemente. Subimos al avión y así partió nuestra aventura hacia tierras inglesas, pero a mi lo que más me importaba era tener a mis mejores conmigo nuevamente.


¡ESPERO TE HAYA GUSTADO!

¿Qué puedo decir?, este extra estaba escrito hace mucho tiempo, por lo que le di solo unas pequeñas correcciones :3 ¡Así fue como pasó la vida de Antonio! (en realidad, era el único del que desconocíamos su procedencia y como terminó siendo amigo de Francis y Gil y por eso decidí hacer este extra). Otra cosa, el diálogo en inglés, para quién no lo maneje bien, trata sobre la orden de Shepard y cuando terminó la comida, inmediatamente le ofreció trabajar con él :3

Como siempre digo, sus reviews me ayudan a continuar la historia y a tener una perspectiva del lector. ¡HE LLEGADO A LOS 100 REVIEWS! muchísimas gracias a todos ustedes por ayudarme a mejorar y por sus comentarios sobre la historia, créanme que los recibía con una sonrisa en el rostro y estaba ansiosa por subir el capítulo para comentar con ustedes sobre este fic :3 Ahora a comentar los reviews del epílogo.

SamanthaPhamtomhive: ¡ME ALEGRA SABER QUE TE GUSTÓ MI FIC! de verdad, esto lo hago por ustedes. Ahora perdóname por hacerte llorar D: no fue mi intensión D: pero me alegra saber que lo compensé todo con el final. Tranquila, este no es el último fic FrUK que haré, de hecho tengo uno escrito en mi computador, lo subiré cuando tenga una cantidad razonable de capítulos... solo diré que es un HeteroFrUK, espero te guste cuando lo suba~ Nos leemos pronto y espero más reviews tuyos :3

Dratín: ¡MUCHAS GRACIAS POR SER EL REVIEW 100! Eres tan linda~ :3 Comentando el fic, el epílogo derrama miel (o eso creo), de hecho a mi también me sorprendió que Arthur se decidiera a tomar esa decisión (se escribió solo el epílogo, sobretodo por las partes del inglés) y sé que fue muy pronto la entrega del niño, pero bueno, creo que la trabajadora social sabía que ellos iban a cuidar bien del niño :3 (tranquila, yo también lo veo como el hijo del SuFin :3) Francis fue ukeado de palabra, pero no pierde su lugar en la cama 1313 eso lo demostraré en el extra FrUK :3 y Arthur será un buen padre, hasta que Peter se independice XDDDDD en fin, nos leemos en el siguiente review~

NoeNoel: ¡ME HALAGA QUE ME AGRADEZCAS TANTO! de verdad ha sido un gusto entregarles esta historia :3 Si, fue un hijito :3 sabía que a muchas le daría ternura (: Sobre la cena, sabía que tenía que hacer un momento de pequeña tensión, sino no sería FrUK XDDD y así resultó e.e Me alegra saber que consideres que los personajes me quedaron geniales, de verdad te lo agradezco :3 me haces sentir que cumplo mi rol de escritora y tranquila, seguiré escribiendo e intentaré superarme :3 Como dije antes, tengo un fic FrUK en mi computador que subiré cuando tenga una cantidad considerables de capítulos, pero según mi mejor amiga, está quedando genial. Sobre los Extras, pues el primero es de la vida de Antonio antes de ir a Inglaterra, el segundo está en conversación mental(?), el tercero será el Spamano, el cuarto el PruAus y el quinto, FrUK :3 así será el orden (: espero te guste el extra~

Mei-chan95: ¡ME ALEGRA SABER QUE TE GUSTÓ EL EPÍLOGO! de hecho me dio mucha risa escribir esa parte, cuando Arthur le dice a Francis que será la madre XDDDDD fue demasiado extraño e.e Ay, no me digas que me amas, me harás sonrojar :$ además, sabes que me encanta escribir por leer los comentarios (: me siento tan bien :3 Por cierto, no te preocupes, puedes dejarme el review en Facebook e igual te lo comentaré aquí. ¡ÉXITO EN LA U! te irá excelente. Eres una mujer capaz de lograr todo lo que se propone y con una inteligencia maravillosa (de hecho, admito que me sorprendió ver lo sabia que eres, a tal extremo que me sentía algo tonta, pero eso se me pasó :3) y bueno, me alegra saber que te gustó mi idea. TRANQUILA, NO HABRÁ UN EXTRA USUK... ¿De dónde sacaste eso? XDDDDDDDDDDDD en fin, espero te guste el Extra~

BCharlotte: Amor mío, sé que publiqué el extra sin mandártelo, pero creo que ahora debo confiar en mí como para subir un capítulo sin pedirte tu opinión... además de que leíste la primera parte de este extra :3 No sé que más decirte, te amo~

Sin más que decir, esperen el siguiente extra con ansias~

Nos leemos pronto.

Au revoir~