Disclamer: Los personajes y características de la película Frozen y sus consecuentes libros, son propiedad de Disney y de nadie más. Así que si alguien dice lo contrario miente.

¡Yaaay! nuevo capítulo :D


Life's too short
Capítulo XXI


~Hablemos de esto~

[Elsa]

Anna se mordía el labio inferior nerviosa, su talón no dejaba de picar contra el suelo y no paraba de resoplar.

— ¿En qué piensas?— terminé preguntando.

— ¿Por qué tarda tanto el doctor?— respondió exaltada.

— ¿Y a parte de eso?— no tenía claro cómo se lo estaba tomando.

— ¿Y tú? ¿Qué se te pasa por la cabeza? O sea, ¿por qué? ¿a caso te parezco atractiva?

— Sí.— dije con seriedad.

— ¿Sexualmente?— eso lo preguntó con algo de miedo.

— Sí, mucho.

— Joder…— se frotó la sien sin saber cómo reaccionar ante eso.— Vale, hagamos una cosa, a partir de ahora serás totalmente sincera conmigo, no quiero que vuelvas a guardarte nada para ti ¿me oyes? Tengo que saber qué se te pasa por la cabeza, por muy vergonzoso que sea ¿vale?

— Bueno, lo intentaré…

— ¿Hay algo más que me quieras contar? ¿Otro bombazo que deba saber?

— No… no sé. Me gustas mucho, eso es todo.

— ¿Cuánto?

— Creo que estoy enamorada de ti.— resopló.

— ¿A eso te referías con lo que dejaríamos de ser hermanas? ¿Eso es lo que no podías contarme?

— Sí… perdona por preocuparte.

— ¿Preocuparme? Eso fue lo siguiente de preocuparme, me asustaste de verdad, no vuelvas a hacer algo así.

— Lo siento…

— Y deja de disculparte, así no arreglas nada.

— Vale, perdona.— suspiró. Viendo que no venía nadie, nos pusimos a hablar del tema.

— ¿Desde cuándo piensas en… esas cosas?

— Supongo que desde el día que me besaste en los labios por primera vez.

— Ya veo… tiene sentido, sí, pero ¿cómo demonios pasaste de eso a masturbarte pensando en mí?

— No lo sé ¿vale? Simplemente pasó y ya está, no es mi culpa que me sienta atraída por ti de esa forma.

— ¿Y entonces…? Dios mío, pero es que esto es tan… surrealista… ¿Estás pensando en enrollarte conmigo ahora mismo?

— No.

— ¿De verdad?

— Sí, Anna por favor, no alucines, no sabes lo duro que es esto para mí.

— Y para mí también ¿no te jode? ¿Cuántas veces lo has hecho?

— ¿El qué?

— Lo de anoche.

— Dos… o tres.

— ¿Cuándo y dónde?

— ¿En serio quieres saberlo?

— Tengo que saberlo, no quiero pensar que lo hacías en la cama mientras dormía.

— Vale, pero cálmate.

— Estoy calmada.

— A ver… La primera vez lo hice hace tres días en el baño, cuando me quedé sola después de decirte que me marcharía, luego hace dos días por la noche, en el baño también y la última ayer…

— Entonces la primera vez lo hiciste antes de que te besara.

— Sí… es que tuve un sueño ese día…

— Explícamelo.

— Buff, a ver… estaba en la bañera y luego aparecías tú desnuda-

— Suficiente. ¿Has tenido más sueños de esos conmigo?

— Un par.

— En cuatro noches, genial. ¿Y qué has hecho para evitarlo?

— ¿El qué?

— No sé, ¿todo? ¿Sabes lo que pasará si alguien descubre esto?

— Kristoff lo sabe y no pareció importarle.

— Espera, ¿¡qué!?

— No alces la voz.

— ¿Se lo dijiste a él antes que a mí?

— No, claro que no, me pilló hablando conmigo misma cuando entró aquí sin permiso. Dije las peores palabras en el peor momento.

— ¿Qué dijiste?

— Algo así como, Elsa, no vuelvas a masturbarte pensando en Anna.

— Anda que tú también eres discreta…

— Pensaba que no habría nadie.

— Bueno, supongo que no dirá nada, es un buen tipo, pero si alguien más se entera te caerá una buena.

— Tendré cuidado.

— No, vas a dejar de hacer esas cosas, y punto.

— No puedo.

— Pues cuando tengas ganas a media noche me despiertas y te quitaré esas ideas de la cabeza.

— Está bien.

— Vale… entonces… ¿te has aprovechado de mí mientras estaba dormida?

— ¿Qué? No, por supuesto que no, nunca te haría nada que no quisieras.

— ¡Y yo qué sé! Ya no sé qué esperarme de ti… No lo hiciste pero ¿se te pasó por la cabeza?

— Varias veces, sí… pero puedo controlarme hasta ese punto.— no paraba de resoplar, podía ver la decepción en su mirada.

— …— entonces tocaron a la puerta.

— ¿Alteza? El médico está aquí.

— Adelante.

Anna se levantó para recibirlo. Le contamos sobre mi entre comillas torpeza al caerme por las escaleras y me hizo quitar el pijama por si tenía alguna herida grave pero no tenía más que algún golpe que se convertiría en moratón.

Con el pijama de vuelta, me revisó el tobillo y tras comprobar la zona afectada, me lo vendó. Dijo que le aplicara frío con hielo o con mis poderes y que el dolor desaparecería en unas horas, no era nada grave.

Antes de que se fuera, nos trajeron el desayuno y finalmente, nos dejaron en paz para seguir con nuestra charla.

— Vale, cuando terminemos de comer me harás una lista detallada de todo lo que quieres hacerme, de lo que se te pasa por la cabeza, algo así como una lista de deseos. Tengo que saber a qué me enfrento.

— D-de acuerdo… supongo que es buena idea aunque…— no lo veía del todo claro.

— Claro que sí.

— ¿Estás segura?

— Sí, y mira, si lo haces bien te daré un beso en los morros.— al momento me puse a buscar papel y lápiz.

— ¿Tantas ganas tienes de que te bese?

— Sí.

— Pero termina de comer.

— Después.— me quitó el papel de las manos.

— Come, no me hagas repetirlo.— no me quedó otra que hacerle caso.

— Oye… ¿a ti te gusta… que te bese en los labios?— siempre quise hacerle esa pregunta, ahora era el momento.

— Sí, es muy agradable— me sorprendió su respuesta— pero no está bien y lo sabes de sobra.

— Ya…

— Supongo que a ti te volverán loca…

— Más o menos… no puedo resistirme a ellos.

— Entonces… ¿eso significa que no te gustan los chicos?

— No lo sé… no he tenido muchos amigos como comprenderás…

— Claro… Supongo que saldrías conmigo antes que con Kristoff.

— Por supuesto.

— ¿Y si conocieras a un príncipe con poderes como tú?

— No lo sé Anna, dudo que eso exista.

— Ya… bueno, la verdad es que yo también saldría contigo antes que con Kristoff,— eso me confundió— pero no te lo tomes al pie de la letra.

— Pensé que te gustaba Kristoff.

— Sí me gusta, pero como amigo. No se me ha pasado ni por la cabeza tener algo más que eso con él.

— ¿Por qué? Es un buen partido.

— No lo sé… no me atrae de esa forma…

— ¿Y yo sí?

— Tampoco… pero lo veo más posible.— ¿eso significaba que había alguna posibilidad de que hiciéramos cosas juntas?

— Interesante…

— Creo que lo estás malinterpretando.

— Te estás poniendo roja.

— No es verdad.— no lo hacía, pero se lo dije para molestarla.

— ¿Te gustaría probar cosas pervertidas conmigo?

— No, ese problema lo tienes tú, no yo.

— ¿Seguro?

— Sí.— noté en su respuesta un pequeño y escondido no.

— ¿Seguro~?

— Qué sí, déjame.

— No sé, pero noto cierta reticencia en tus palabras…

— Vale, está bien, ya que estamos te lo diré pero contrólate ¿quieres?

— Claro.— presté más atención que nunca.

— Yo… nunca me he masturbado y… me gustaría probarlo.

— ¿Nunca lo has hecho?— me extrañó, con lo curiosa que es y sus caóticos quince años…

— Y… como mamá no está… tendrías que enseñarme tú…

— Cuando quieras.

— ¿Ves? Ya estás pensando mal. Con una clase teórica me bastaría.

— Tiene que ser práctica.

— No, ¿a caso mamá te hizo una clase práctica?

— No… pero entre nosotras hay confianza y somos casi de la misma edad.

— Olvídalo, no debí haberte dicho nada.

— No digas eso, la masturbación es uno de los mejores placeres de la vida, debes explorar tu cuerpo. Yo podría enseñarte muchas cosas.

— Basta, ya no quiero que me enseñes nada.

— Oh vamos…

— ¿Tú… cuando empezaste?

— Pues… a los trece años, creo. ¿Cómo no has tenido curiosidad hasta ahora?

— Bueno, quizás lo probé algún día, pero nada…

— Pues esta tarde te enseño.

— ¡Qué no! Así no vamos a solucionar tu problema.— tenía que intentarlo.

— ¿Y cómo vamos a hacerlo?

— Aún estoy pensando en ello, por ahora termina de comerte eso y haz la lista. Después ya veremos.

— Bueno…— ella quizás era la peor persona que podría ayudarme, pero era la única y necesitaba estar a su lado.

Terminé de comer rápidamente y cuando fui a ponerme a escribir, alguien llamó a la puerta.

— Alteza, ¿se encuentra bien?

— Entre, la puerta está abierta.— entraron dos de los máximos responsables.

— Hemos oído que ha sufrido un accidente, ¿cómo se encuentra?

— Bi-

— Se ha caído por las escaleras.— interrumpió Anna riendo.

— Bien. Me he torcido un poco el tobillo pero no es grave. La reunión se hará tal y como estaba previsto, en media hora me presentaré en el despacho.

— De acuerdo. ¿Todo bien entonces? Si desea reposar o tomarse el día libre…

— No será necesario, estoy bien, no hay de qué preocuparse.

— Muy bien… hasta luego entonces, con su permiso.— se fueron sin decir más.

— Anda que tú también, podrías haberles pedido el día libre.

— Sí claro, y luego me voy a darme un chapuzón para hacer reposo. A ver… ¿qué debería poner en la lista?

— Veamos… pon lo que te gustaría hacer conmigo, cosas que no sepa, tus deseos más oscuros… y sé concreta.

— Buff… está bien, pero serán un poco…

— No importa.

— Luego me darás un beso ¿verdad?

— Que sí, vamos empieza.

Y así, empecé escribiendo una a una las cosas que se me pasaban por la cabeza. Por supuesto había muchas otras, pero eran derivaciones de otras que ya había anotado.

— Creo que ya está…

— Menos mal, pensé que no terminarías nunca… Déjame ver…— no se lo di hasta que recibí mi recompensa.

— Hicimos un trato.

Se acercó con una sonrisa y la cogí del cuello para darnos algo más que un beso. Estuvimos unos segundos saboreando nuestros labios, perdiéndome en un mar de sensaciones que me extasiaba, hasta que me apartó— Vale ya.

Respiró hondo intentando centrarse.

— ¿Qué tal?— pregunté, parecía nerviosa.

— ¿E-el qué?

— El beso.

— Am, bien, ha sid- no ha estado mal.

— ¿A que ahora quieres más?

— No, ¿yo? eso tú, veamos- vamos a ver… em…— se puso a leer la lista pero sabía que tenía ganas de más, quizás no tantas como yo pero sí que querría repetirlo. Poco después cogió el lápiz para apuntar algo. Empecé a dudar de la efectividad de su ayuda.

Faltaban quince minutos para tener que irme y me cambié de ropa mientras se la leía detenidamente.

— Eso de mis otros labios ¿te refieres a…?

— Sí, justo ahí.

— Vale…— ya estaba terminando con la lista, y cuando lo hizo me la devolvió— Es que no te gusta mi ropa ¿o qué?

— Desnuda estás más guapa.

— Genial. He marcado con una equis las que podrían ser divertidas.

— ¿Y eso?

Al final, la lista terminó tal que así, dejó un par de anotaciones.

X Besarte en los labios de todas las formas posibles.
· Desnudarte ahora mismo.
X Enseñarte a masturbarte y a tener un buen orgasmo.
· Hacerte el amor.
· Masturbarnos juntas y/o darnos placer mutuamente.
X Darte un masaje por todo el cuerpo (desnudas)
? Dormir en la cama (desnudas). [Con ropa interior me lo pensaría]
X Darnos un baño juntas (desnudas).
· Probar el sabor de tus otros labios y darte placer con mi lengua.
X Beber alcohol juntas (sólo un poco).
· Taparte los ojos con una venda para jugar contigo (desnudas).
· Jugar con consoladores.
· Hacerte cosquillas (desnudas).
? Bailar contigo (desnudas). [¿Hace falta estar desnudas para eso?]

— Pero ¿qué significan las equis?

— Cosas que podríamos hacer algún día.

— Y… ¿haremos alguna de esas cosas hoy?

— No. Cuando vea que progresas quizás dejo que me emborraches, pero sólo un poco. Nunca he probado el alcohol.

— Vale…— seguí haciéndome la trenza delante de nuestro nuevo espejo con varias dudas— Pero si algún día hacemos las equis, ¿eso no va a ser contraproducente? ¿No se suponía que ibas a ayudarme?

— Sí, pero no… O sea… te pondré un ejemplo. Imagínate que un niño tiene una pelota y ni se la mira, ¿qué pasará si se la quitas?

— Que ¿se quedará sin pelota?

— No, querrá jugar con ella, ¿por qué? Porque se la has quitado y no puede hacerlo. Eso es algo parecido, quieres hacer esa lista de cosas conmigo primero porque está prohibido y eso te da morbo o lo que sea y luego tienes más ganas de hacerlo, y segundo porque tienes dieciocho años y perdona pero no tienes amigos, creo que es hasta normal que te sientas atraída por mí partiendo de esa base, es normal que quieras tener sexo y como sólo me tienes a mí… pues eso. Luego está el tema de tus poderes, necesitas calor y cariño, y esto pues no ayuda mucho que digamos. Por eso, aunque no estoy muy segura de ello, creo que si hacemos algunas de esas cosas que están en la lista, se te pasarán poco a poco las ganas y se te pasará ese vicio que tienes, de alguna forma. Luego ya buscaremos a algún príncipe o algo que pueda satisfacer tus deseos…

— Vaya… Menuda explicación…

— Sí, no sé, es lo que pienso. ¿A que ya no tienes tantas ganas de besarme como la primera vez que lo hicimos?

— Bueno, aún tengo tu saliva en los labios del que nos hemos dado antes.

— A eso me refiero, creo que si nos besamos de vez en cuando cada vez lo verás más normal o aburrido y entonces podrás dejar de hacerlo sin problemas. Ante todo quiero que seas feliz y si ahora te dijera que no te acercaras a mí creo que conseguiría el efecto contrario y cada vez tendrías más ganas ¿no crees?

— Pues sí… no esperaba que pudieras llegar a una conclusión así.— en parte tenía razón, no sabía si esa era la mejor solución, pero podría funcionar.

— Ha, ¿has visto? Si es que soy un genio.— se levantó de la cama cuando ya estaba terminando de arreglar mi pelo— ya me darás las gracias.

Me ayudó a retocar la trenza y viendo que ya estaba lista, me dio un beso en la mejilla.

— Estás muy guapa por cierto.— sonreí con mi corazón— ¿Vas a irte ya?

— Ya casi es la hora.

— ¿Estarás bien?

— Sí, no te preocupes, puedes ir a jugar con Kristoff si quieres.

— No, hoy creo que me quedaré por aquí, por si acaso.

— No hace falta, en serio.

— Yo creo que sí.

— Cómo quieras…— me dio un abrazo y otro beso en la mejilla.

— Gracias por todo, eres la mejor.— nos cogimos de las manos balanceándolas hacia delante y hacia atrás.

— No sé qué harías sin mí.

— Yo tampoco… Te quiero Anna.

— Deja de decir eso… ya lo sé… yo también…— sus manos se detuvieron y me miró poniéndose de puntillas. Entonces me dio un rápido beso en los labios— Te lo has ganado, por confiar en mí.

Sonreímos, luego se lo devolví y nos dejamos llevar unos segundos por esa agradable sensación, sin despegarnos, besándonos sin parar. Solté sus manos para hacerme con su cintura y acercármela sin separarme de sus labios. Ella no parecía querer parar, hasta que me empujó.

— ¡Vale! Ya está bien…— ahora sí que estaba sonrojada— Espero que te hayas quedado a gusto.

— Mucho. Hasta luego Anna. Ah, casi se me olvida, ¿iremos a bañarnos al mar al final?

— N-no lo sé, supongo. Vete ya anda, y trabaja duro.

— Eres adorable.

— Hasta luego.— salí con una sonrisa pintada en la cara.

Fui hacia el despacho casi sin sentir el dolor del tobillo, dando brincos de felicidad por el último beso que nos dimos. Empecé a dudar por el éxito del plan de Anna pero no le di más vueltas, me centré en dar lo mejor de mí ahí dentro.

No tenía muy claro lo que nos iba a deparar el futuro, pero estaba segura de que iba a ser bueno si estaba a su lado.


Biaxxx: de nada :) Es un verdadero placer escribir esta historia. Gracias por la review.

¿Votos a favor para ver a Anna borracha? :D