Ya había pasado un mes o tal vez más desde mi resurrección y bueno, la manada y Danush se habían encargado ya por completo de convencerme de que estaba viva, pero aún tenía esos sueños raros, del viejo bar, del pueblito, del puerto y sus navíos atracados, del mar enfurecido y de mi llegada a aquél lugar.
Cuando le conté a todos, cómo es que había llegado a ese bar, me miraron preocupados y Danush tocó mi frente como si estuviera delirando, pero juro que no lo estaba.
Era raro estar de vuelta, todos me trataban con pinzas, como si me fuera a romper, pero era ilógico, ya estuve muerta una vez, un rasguño no me mataría, o quizá si.
Ya no era la misma de antes, era algo rara, no quiero decir que antes no era rara y ahora si, no, sólo que era más rara de lo normal, no confiaba en nadie aunque eso suene a algo que ya hacía. No sólo no confiaba en nadie, mi mente trabajaba distinto, ideando planes de la nada, complotando contra los demás, y lo mejor del asunto es que aún no me dan mi lista, me prohibieron salir a cazar mientras me recupero, me recupero de qué, es la pregunta.
Todos los días veía a todos moverse de un lado a otro, yo salía de mi casa y caminaba al taller, mirando a los dos lados de la calle antes de cruzar, no queríamos que algo me arrollara cuando les costó tanto revivirme. Llegaba al taller sin problemas y veía a los lobos ya trabajando felizmente. Embry se acercaba y me saludaba cariñosamente, pero sólo así. Espiaba a la loba de vez en cuando, dormía sobre el sillón cómodamente, dejando a la manada parada o sentada en el suelo cuando flojeaban, pero aún así la dejan dormir allí porque les caía bien.
Todos los días era lo mismo, me aburría, y prefería morir y divertirme donde estaba antes, pero todo cambió cuando llegó Lucian un tarde de esas en las que me aburría aún más.
-Lucian- Saludó Embry levantando la mano mientras caminaba a su encuentro y se limpiaba la grasa de las manos.
-Qué tal, vengo con buenas noticias- Miró por encima del hombro de Embry y me vio tirada en el suelo amarrando una tuerca a un hilito –Lola, cómo estás?- no contesté, así que sin más remedio regresó la mirada a Embry. –Qué ya no habla?-
-Por supuesto que habla- se limpiaba las mano con un viejo trapo mientras ladeando la cabeza, me preguntaba –Cuánto es dos más dos, Lolita?-
-Dije que soy un pirata, no estúpida- seguí amarrando la tuerca
-Al menos sigue igual de ruda- Lucian sonrió a medias.
-Cuál es tu buena noticia?-
-Voy a casarme- alcé la cabeza en seguida y me acerqué cautelosamente a los dos lobos, me paré justo a lado de Embry, Lucian extendió la mano y le entregó a Embry una invitación en un bello sobre de color perla. Se la arrebaté antes de que la tomara –Espero verlos allí, es importante para mí, que vayan mis amigos-
-Felicidades, viejo- Embry sonrió honestamente y le tendió la mano a Lucian y este respondió el saludo. Yo examinaba detenidamente la invitación y de pronto rompí el silencio.
-Una boda, ¡Amo las bodas! ¡Ron por todas partes!- Me brillaron los ojos de la emoción, le di la invitación a Embry y felicité a Lucian abrazándolo fuertemente.
-De verdad eres rara- dijo Lucian soltándose entre risas. Embry me jaló del gorro de la sudadera hacia atrás, junto a él.
-A poco no es simpática?- Dijo Embry recargando su codo sobre mi hombro.
Lo miré altaneramente y dije.
-Ahora, qué usaré para la boda?-
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