Muchas gracias por sus reviews a Nortia, BlackCherryBlood, Paladium, J. S. Armstrong, Cristina y Herla-King.
Y gracias por la paciencia. Lamento estar tardando en subir los capítulos. Podría darles todos mis motivos, que son buenos, pero no es cuestión de aburrirlos. Sin embargo, si bien no prometo nada, creo que pronto podré comenzar a subir un poco más rápido. Así que bueno, los dejo con el capítulo, que espero les guste, e intentaré darme prisa con el siguiente.
Capítulo 21: Vuelo en la noche.
–¿Lista? –preguntó Severus.
Lily asintió. Había hecho exactamente lo que Severus le había dicho; había corrido a la habitación, se había vestido y había tomado un par de cosas que supuso necesitaría en Hogwarts, llenando los bolsillos de su abrigos con su cepillo de dientes, su varita, uno de los camisones de Eileen y varias prendas de ropa interior, antes de bajar las escaleras. Mientras tanto, Severus había ido a cada habitación y destruido toda evidencia que pudiera sugerir que alguien, además de sí mismo, había estado viviendo bajo ese techo, dejando el lugar tan vacío y falto de vida como había estado antes de que ella llegara. Aun así, debieron esperar un par de horas a que anocheciera, ya que Severus afirmaba que sería demasiado peligroso para ella intentar entrar en Hogwarts mientras fuera de día.
Ahora que finalmente salían, Lily le echó una última mirada a la habitación y se sintió extrañamente nostálgica. A pesar de lo frustrante que había sido estar encerrada dentro de esa casa fría y decadente por tantos meses, comenzaba a sentirla como su propio hogar… Un hogar que probablemente no volvería a ver jamás. Había sido casi como un amigo para ella, pero ahora, de improviso, debía dejarlo para siempre.
–Voy a extrañar este lugar –dijo, suspirando melancólicamente, pasando la mano por la defensa de la escalera.
–¿Estás completamente segura de no haber olvidado ninguna de tus cosas? –preguntó Severus, solemne, acomodándose su capa negra sobre los hombros–. No quiero dejar ningún rastro de ti que Bellatrix pueda encontrar si decide volver. No debe haber nada que le indiqué que has estado ocultándote aquí.
–Sí, estoy segura. Me llevo todo lo que traía conmigo. Tengo puesta mi ropa debajo de ésta y todo lo otro que tengo está en mis bolsillos –replicó Lily, señalando su abrigo.
–Bien –dijo Severus–. Eso es todo, entonces. Vámonos a Hogwarts.
Posó suavemente una mano sobre su hombro y su otra mano alrededor de su cintura, teniendo cuidado de no sostenerla más cerca de lo necesario.
Lily deseó en secreto que la sostuviera más fuerte.
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Segundos más tarde, Lily y Severus aparecieron en la cima de una colina ventosa, cerca del límite del bosque. El paisaje era inconfundiblemente escocés, pero Lily no estaba segura de dónde se encontraban. Observó la franja estrecha y blanquecina del lado oeste del horizonte, donde el sol acababa de ponerse, pero no fue capaz de divisar Hogwarts.
–¿Dónde estamos? –preguntó, girando sobre sus talones y presionando su cabello contra sus hombros para evitar que se enredara por el fuerte viento.
–Estamos en el extremo sur del Bosque Prohibido, a casi quince millas de Hogwarts –replicó Severus, mirando con decisión al cielo negro que se recortaba tras los árboles–. Hubiera sido muy peligroso aparecer más cerca de Hogsmeade. El castillo, Hogsmeade y los terrenos que rodean al pueblo están bien protegidos contra visitantes no autorizados. El lugar ha sido maldecido. Cualquiera que se acerque demasiado a los terrenos luego del toque de queda, es inmediatamente apresado por los hombres del Señor Tenebroso.
–Entonces, ¿cómo entraré sin que lo noten? –preguntó Lily.
Prácticamente tenía que gritar para hacerse oír debido al viento.
–Volaremos –replicó Severus llanamente–. La maldición del toque de queda no nos afectará si no tocamos la tierra. La forma más segura de entrar al castillo es volar sobre el Bosque Prohibido directamente hasta mis aposentos, ocultos con un hechizo de invisibilidad.
–¿Volar? –dijo Lily con nerviosismo. Inmediatamente se puso pálida–. No, no. Nonono. ¡Por favor, no me hagas volar! Le tengo un miedo terrible a las escobas, ¿recuerdas? ¿Primer año, lecciones de vuelo, yo siendo arrastrada a través del suelo embarrado para ser arrojada al lago por una escoba en mal funcionamiento? ¡Estuve a punto de ahogarme! ¡No me he subido a una escoba desde entonces!
Se estremeció al recordar su última experiencia sobre una escoba voladora… Había pasado dos semanas en la enfermería recobrándose de aquel accidente y luego de eso se había negado rotundamente a participar de otra clase de vuelo. Había mantenido los pies firmemente sobre el suelo desde entonces; prefería cualquier otro medio de transporte antes que las escobas.
–Sí, nunca me han gustado mucho las escobas, tampoco –dijo Severus distraídamente, mientras conjuraba un hechizo de invisibilidad alrededor de ambos–. Sólo sujétate fuerte y no tengas miedo.
Y con eso, tomó en brazos a Lily, que estaba desprevenida y, corriendo colina abajo, levantó vuelo.
Antes de que Lily pudiera comprender lo que sucedía, estaban volando en el aire, por encima de las copas de los árboles del Bosque Prohibido. Lily gritó y rodeó el cuello de Severus con sus brazos, aferrándose a él como a un salvavidas, observando horrorizada mientras se elevaban cada vez más alto en el aire. Severus la cargaba como un Serafín, a pesar de que nada lo estaba sosteniendo.
Una vez que el susto inicial se hubo disipado, Lily (que aún se encontraba demasiado aturdida como para hacer preguntas válidas como "Ey, Severus. Parece que estás desafiando la gravedad. ¿Te importaría explicarme brevemente cómo, exactamente, es esto posible y por qué, si me permites preguntar, nunca se te ocurrió contarme sobre tu desvergonzado desdén por las leyes de la física?" o una versión más corta de la misma pregunta, como "¿Qué mierda está pasando?"), soltó una exclamación de júbilo. Había olvidado por completo cómo se sentía volar. La dejaba sin aliento. Por un momento, olvidó por completo dónde estaban, quiénes eran y por qué se había sentido tan asustada, y se concentró en el maravilloso sentimiento de ingravidez que le provocaba estar planeando a través del aire en los fuertes brazos de Severus.
Una vez que hubieron subido tanto que sus cabezas casi rozaban las nubes más bajas, dejaron de elevarse y comenzaron a avanzar a través del frío viento nocturno. Severus adoptó una posición vertical, estirando las piernas para poder ponerse de pie sobre una columna de aire, como si se tratara de algo sólido. Sin previo aviso, soltó las piernas de Lily, aunque mantuvo los brazos fuertemente sujetos alrededor de sus hombros. Ella gritó e inmediatamente rodeó su cuello con los brazos para evitar caer, casi dándole un codazo en el ojo por el pánico.
–Lily, me estás asfixiando y nos estás haciendo caer. A menos que quieras que muramos instantáneamente… detente –dijo Severus con tranquilidad–. Tan sólo baja los pies y camina. No caerás mientras yo te esté sosteniendo.
Muerta de miedo, pero conciente de que probablemente sería mejor hacer exactamente lo que Severus decía, bajó los pies con cuidado, sintiendo la nada, terrible e implacable, debajo de ellos. Bajó la mirada hacia los pies de Severus y soltó un grito ahogado; Severus no sólo estaba volando. Estaba caminando… No. Deslizándose a través del cielo. Y daba la impresión de que podría haberlo hecho con mucha más elegancia si Lily no lo hubiera estado arrastrando como a una bolsa de papas.
–¿Cómo lo haces? –preguntó sin aliento.
No obtuvo respuesta de Severus, quien estaba muy ocupado intentando que se mantuviera derecha y avanzara por su cuenta.
–Camina –dijo simplemente.
Y eso fue lo hizo Lily. Dio valientemente un paso hacia adelante, luego otro. La sustancia sobre la que caminaba no parecía sólida. Era aire, simple y llanamente, pero cuando Lily dio un paso ligero y vivaz hacia delante, la gravedad pareció olvidar que ella existía. En lugar de caer, se deslizaba hacia adelante con cada paso que daba, como si estuviera patinando sobre un hielo brumoso.
–Eso es. Sólo camina y mantén tus ojos en el horizonte. Ayuda a mantener el equilibrio –dijo Severus, bajando su brazo derecho hasta su cintura mientras sujetaba su brazo con su brazo izquierdo, de modo que ambos pudieran caminar más fácilmente.
Ella estaba tan pegada contra su costado que podía escuchar como su pecho vibraba cuando hablaba y eso la hacía estremecerse más que el miedo a la muerte o el entusiasmo por el vuelo… Lo cual, pensaría más tarde, decía mucho sobre la forma en que había comenzado a sentirse con respecto a Severus, a pesar de que aún se negara a reconocer la verdad.
Se volvió más sencillo cuando dejó de estar asustada. Pronto caminar en el aire fue casi tan fácil como caminar en la tierra, de modo que dejó de concentrar toda su atención en el movimiento de sus pies y comenzó a observar el mundo que la rodeaba.
La noche era increíblemente hermosa. Había unos finísimos rastros de nubes sobre ellos, pero el cielo estaba prácticamente despejado y brillaba iluminado por la luz de la luna llena, que brillaba intensamente entre un mar de estrellas. La tierra debajo de ellos no era menos espectacular; el bosque, la colina y los terrenos iluminados por la luz de la luna parecían fotografías sacadas de un libro de historia, y el pueblo distante lucía como un manojo de piedras preciosas contra el negro horizonte.
La vista era increíble. Pero pronto Lily se encontró mirando a Severus.
Éste tenía la vista fija hacia delante, con una mirada solemne y concentrada en sus ojos negros, y la luz de la luna iluminaba su rostro pálido y anguloso. Lily notó que nunca antes lo había visto tan atractivo, con la luz de la luna y el viento atrapado en su cabello negro, lucía tan audaz, tan decidido, tan fuerte, no había la más mínima falta de confianza en sus facciones. Sentía el calor de su cuerpo y el latido de su corazón a través de la tela de su ropa, y sintió una emoción con la que nunca podría haber competido la emoción por volar.
Tras varios minutos en los que Lily lo contemplaba embobada, Severus la miró de reojo, encontrándose con su mirada de adoración. Se puso nervioso. Se desconcentró y casi cayó (Lily soltó otro chillido), pero afortunadamente se las ingenió para recobrar el equilibrio y decidió no volver a mirar a Lily mientras estuvieran en el aire.
Casi una hora después, vieron las torres de Hogwarts emergiendo en el oscuro horizonte.
–¿No pueden vernos desde abajo? –preguntó Lily, mientras volaban a través del pueblo de Hogsmeade, que lucía deprimentemente sombrío y silencioso, incluso desde aquella altura.
–No, estamos a salvo –replicó Severus–. El hechizo de invisibilidad nos cubrirá. He viajado ida y vuelta por este mismo camino incontables veces (casi todas las veces que fui a verte), y nunca me han visto. Ahora, agárrate fuerte. El descenso puede ser un poco brusco.
Se acercaban a Hogwarts a gran velocidad. Lily volvió a rodear el cuello de Severus con los brazos y se preparó para la colisión al tiempo que se dirigían hacia una de las torres. Aterrizaron atropelladamente con un ruido sordo; Severus tuvo que sostenerla contra el empinado borde el techo para evitar que ambos cayeran.
–¿Estás bien? –preguntó.
Lily asintió frenéticamente, aunque todavía respiraba entrecortadamente.
–Bien –replicó él, soltándola–. Mi dormitorio está justo allí. Entremos antes de que alguien nos vea.
Se deslizaron por el borde del tejado y descendieron al balcón de Severus, al cual, afortunadamente, era sencillo acceder.
–Así que –dijo Lily llanamente, mientras Severus bajaba al balcón–. Puedes volar.
–Sí –dijo él simplemente–. Lamento no haberte advertido. Pensé que no estarías muy emocionada ante la perspectiva de viajar así debido a tu miedo a las alturas y no tenía tiempo de convencerte. Hubiera sido demasiado peligroso para ambos permanecer fuera por mucho tiempo.
Él le ofreció su mano para ayudarla a descender y ella la tomó. La mano le tembló, un poco.
–No le tengo miedo a las alturas –dijo, mientras seguía a Severus dentro de la oscura habitación–. Le tengo un miedo irracional a las escobas. Hay una diferencia. Hoy salté de una ventana, ¿recuerdas?
Severus había desaparecido en la oscuridad y no le respondió.
–¿De modo que así es como has estado viniendo a verme todos estos meses? –dijo, mirando por la ventana–. ¿Trepando a los tejados, saltando por las ventanas y volando a través del bosque sin escoba? Una forma de viajar un poco arriesgada, ¿no crees? Nunca pensé que…
De repente, todas las luces de la habitación (cientos y cientos de velas) se encendieron, y Lily pudo ver a dónde la había llevado Severus exactamente. Jadeó, asombrada, y olvidó por completo terminar la oración.
El cuarto de Severus tenía casi el tamaño de una capilla pequeña (incluso recordaba a una; el techo con forma de arco, sostenido por gruesas columnas y las ventanas, largas y estrechas, conferían un estilo Gótico a la sombría habitación. Aún así, el cuarto no resultaba intimidante o deprimente; era cálido y acogedor como una biblioteca. Los colores de la habitación eran verde, azul, plata y oro, y Lily recordó una cueva sumergida bajo el agua, a pesar de que estaban en lo alto de una torre.
Era una habitación increíblemente hermosa, llena de magníficos detalles. Había una chimenea, grande y ornamentada, con pequeñas columnas que tomaban la forma de grifos; tapices medievales colgando de las paredes, que mostraban dragones, monstruos marinos y otras hermosas criaturas. Sobre el escritorio había una estatua pequeña de una gárgola y en una de las ventanas, un catalejo de oro. En una de las esquinas, había un gabinete de cristal lleno de una gran variedad de pociones de todo tipo, forma y color, todas ellas (como Lily supuso con seguridad), hechas por el mismo Severus. Había un fresco encantado en el techo que representaba todos los signos astrológicos contra un cielo nocturno.
Como la casa de Severus en El Fin de la Hilandera, la habitación estaba escasamente amueblada; además del escritorio y el gabinete de pociones, los únicos muebles que había eran dos enormes estanterías de libros al fondo de la habitación, la cama adoselada de cortinas verdes, el gran sillón frente a la chimenea y unas pocas mesitas y taburetes. Sin embargo, la habitación lucía mucho más acogedora, cálida y más llena de vida que la casa en la que Lily había pasado los últimos meses. Era evidente que Severus pasaba gran parte de su tiempo en aquella habitación, porque en todos lados había señales de él, desde las capas negras que colgaban de la pared, hasta las notas garabateadas con su caligrafía en el escritorio. El lugar lucía como Severus.
Lily pasó un buen tiempo sin hacer nada más que dejar su boca abierta, sorprendida, hasta Severus finalmente rompió el silencio.
–¿Sucede algo malo? –preguntó, quitándose la capa y arrojándola sobre el sillón.
–No, nada. Es sólo que… ¡Creo que nunca he estado en una habitación tan espectacular como ésta! –dijo Lily, fascinada.
Severus le echó una mirada aburrida a la habitación.
–Sí, todas las habitaciones de esta torre son bastante extravagantes –replicó sin entusiasmo, ciego a la belleza de su hogar.
–Bueno, aun así es la más hermosa que he visto. Casi más hermosa que el Gran Salón –dijo Lily, sonriendo–. Nunca esperé que tu habitación fuera tan impresionante.
–¿De veras? –preguntó Severus, levantando una ceja–. ¿Y qué esperabas?
–Oh, lo de siempre –replicó ella, encogiéndose de hombros–. Esquinas oscuras y fantasmagóricas. Alfombras de animales. Sospechosos experimentos científicos a medio terminar. Cabezas en frascos…
Severus frunció profundamente el ceño. Lily le dirigió una sonrisa traviesa.
–No me imaginaba algo tan hermoso, eso es todo. Por ninguna razón en particular –replicó, acariciando con su mano el suave terciopelo verde del sillón que se encontraba frente a la chimenea.
Recién entonces, Lily reparó en un gran cuervo que estaba posado sobre un busto de Apolo sobre una de las estanterías de libros. Inclinaba la cabeza y la observaba con recelo.
–¡Hola! –le dijo tímidamente al pájaro negro–. ¿Cuál es tu nombre, bonito?
–Su nombre es Dante –explicó Severus, dirigiendo al cuervo una media sonrisa rápida–. Los cuervos me resultan más inteligentes y astutos que las lechuzas. Tampoco requieren demasiada atención. Dante ha sido mi leal compañero por años.
De pronto, Lily se dio cuenta que Severus estaba cerca de ella nuevamente… Aparentemente, demasiado cerca para que se sintiera cómoda, ya que una vez más era conciente de la electricidad que había entre ellos, la cual disminuía su habilidad para pensar de manera racional.
–Y… ¿Dónde duermes? –preguntó, sólo para tener una excusa para poder alejarse unos pasos de él.
–Puedes quedarte con la cama –dijo Severus, señalando la cama adoselada que se encontraba en el medio de la habitación.
–No, no quiero robarte tu cama –replicó Lily, haciendo una mueca, avergonzada–. No quiero darte más problemas de los que ya te he dado. Dormiré en el suelo, si no te importa. Está bien, de veras.
–No voy a dormir en mi cama, de todas formas. No lo he hecho prácticamente desde que la tengo –dijo Severus.
Lily levantó una ceja, perpleja.
–Los estudiantes han comenzado una rebelión contra los Carrow… y contra mí, obviamente –dijo Severus, respondiendo a la pregunta que ella no había hecho–. Algunos se han escondido, y sólo salen por la noche para hacer revuelo y demostrarnos que no van a rendirse. Es completamente inofensivo para nosotros. Pero los Carrow están tomando la desobediencia muy en serio. Cualquiera que sea sorprendido en los corredores luego del toque de queda es severamente castigado.
–¿Castigado? –preguntó Lily, con los ojos muy abiertos.
–Torturado –dijo Severus, dirigiéndole una sombría mirada–. De todas formas, eso es sólo si los atrapan los Carrow. Por supuesto, yo prefiero castigos más leves. He convencido a los Carrow de que el Señor Tenebroso quiere que me gane la confianza de los estudiantes representando a la autoridad más amable, mientras ellos han conseguido una reputación de bestias despiadadas. Les he dicho que es una parte crucial de un plan sumamente sofisticado para vencer la resistencia de los estudiantes. Por eso no me cuestionan cuando evito utilizar la violencia contra los estudiantes, pero no tengo una excusa apropiada para poder restringir su sed de sangre. De modo que la única forma que tengo de protegerlos es mantenerme siempre un paso por delante de los Carrow, especialmente por la noche.
–Esto –continuó, tras un breve pausa, señalando una hilera de pequeñas campanas de plata, que colgaban de la pared, cerca de la cama. Cada una de las campanas estaban marcadas con una letra y un número–, me advierte cuando alguien está violando el toque de queda. Comienzan a sonar cuando alguien pasa delante de alguno de los detectores mágicos que he colocado alrededor del colegio. Tengo una similar protegiendo la puerta principal del Fin de la Hilandera. Me avisó de Bellatrix. Cuando una de las campanas suena por la noche, me levanto inmediatamente para averiguar quién está ahí afuera. Muchas veces se trata de Peeves, Filch o la vieja gata de Filch. Otras, es algún miembro del profesorado dando un paseo nocturno. Y a veces, muy a menudo, se trata de algún estudiante que intenta hacer algo heroico y entonces es cuando necesito estar allí. Si alguno de los hermanos Carrow atrapa a los estudiantes, el castigo será cruel y terrible. Pero si los encuentro yo, puedo darle al chico un castigo piadoso. Para eso estoy aquí.
Lily abrió la boca, horrorizada. Esperaba que Severus sólo estuviera bromeando, pero el dolor que había en sus ojos era suficiente para que supiera que le estaba diciendo la verdad.
–¿Y por eso no duermes de noche? –dijo.
Ahora se daba cuenta cuán cansado lucía Severus. Parecía que no hubiera dormido bien en semanas.
Él asintió rígidamente, aún contemplando las campanas de plata que colgaban de la pared.
–Sí. Es por eso que no duermo.
–¿Cómo puede existir gente como ésa? –preguntó ella asqueada–. ¿Cómo pueden lastimar a los niños como si nada?
–Pueden, lo han hecho y lo seguirán haciendo. Tan seguido como se les dé la gana, usando cualquier excusa que encuentren –replicó Severus, sin emoción en su voz–. Supongo que es parte de la naturaleza humana. Dale a una persona el poder suficiente y su crueldad no tendrá límite. Todos somos bestias en el fondo.
Miró a Lily y ella pudo ver un rastro de tristeza en sus ojos.
–No puedo detenerlos. Reciben las órdenes directamente del Señor Tenebroso. Han sido asignados para aplastar el espíritu de la rebelión por cualquier medio. Su trabajo es someter a los estudiantes, torturando y castigando a todo aquel que se anime a desafiarlos.
Lily se sentó en silencio en una de las sillas, sintiendo que un gran peso le caía encima. Severus nunca le había contado los detalles de su misión secreta en Hogwarts. Ella sabía que las cosas estaban mal, pero nunca se imaginó que estuvieran tan mal, tanto para los estudiantes, que habían vivido bajo una constante amenaza de violencia, como para Severus, quien debía emplear la mayor parte de su tiempo y recursos intentando protegerlos en secreto. Sintió la culpa carcomiéndola por dentro cuando pensó en todo el tiempo y la energía que Severus había invertido en ayudarla, cuando podría haber pasado todo ese tiempo descansando o cuidando de los niños. Y ella sólo le había dado problemas, berrinches y penas a cambio.
Una parte de ella deseaba nunca haber llegado hasta él, porque sentía que no le había dado nada más que problemas.
Justo entonces, una de las campanas de plata comenzó a sonar. Severus tomó inmediatamente su capa y caminó silenciosamente hasta la puerta. La miró por sobre su hombro antes de marcharse.
–Bienvenida nuevamente a Hogwarts, Lily –dijo agriamente–. Lamento que ya no sea como lo recuerdas.
01/07/2012 07:20 p.m.
