Hola a todos, antes de que empecéis a leer este fic quiero deciros que los personajes no me pertenecen a mí, sino a la gran Rumiko-sensei y que la historia tampoco me pertenece sino a la gran escritora Jesireth de cem(punto)zoo. Esto no es ningún plagio ya que yo estoy en total desacuerdo con eso. Yo, ladrona de almas, he pedido permiso para publicar esta historia aquí y Jesireth me lo ha concedido. Aclarados estos puntos que disfrutéis del fic: El ladrón Red Rose

Nota autora

Bienvenida las nuevas lectoras y gracias por sus post, incluyendo los que borraron que fueron muchos. Bien para empezar les tengo unas malas noticias, la primera estoy enferma de virosis y con vomito a cada5 minutos... la segunda, ando súper recontra estresada con el trabajo final de la universidad lo que ocupara mi tiempo las próximas 3 semanas. Por lo que es probable que no coloque conty en algunas de esas tres, así que ya tienen la razón de si por casualidad e atraso alguna de las próximas semanas, sin embargo intentare no atrasarme. La buena noticia es que les hice un capitulo especial donde esta narrado por Inuyasha SIIIIIIII, pero solo después de la línea _ para aclarar la pregunta de que carrizo es lo que descubrió el rey ajajajaja. Por cierto Inu no es pervertido, sino que el pobre se aguanto demasiado tiempo para obtener lo que quiso y ahora que lo tienen lo va a aprovechar al máximo, además de que ama a Kagome, plenamente. Les doy un consejo, no sientan pena por Kouga, solo se los digo no se vayan a llevar sorpresas. En fin otra razón por la que el capitulo es especial es porque esta hecho súper largo, por compensación de faltar alguna semana ok. Bueno espero que lo disfruten.

Capitulo 21: Un Día En El Ejercito(Capitulo especial, narrado por Inuyasha)

Me dirigí una tanto nerviosa hacia el estudió. Y ¿si alguien nos hubiese descubierto a Inuyasha y a mi? ¡no! Es imposible. Nadie conocía ese lugar. Seguramente deseaba platicarme con respecto a otra cosa.

Entre al estudio aparentando estar calmada, sentía nervios por si le había ocurrido algo malo a mi padre, o a mi madre.

– Su majestad.- pronuncié tímidamente, mientras cerraba la puerta tras de mi.

– Pasa Kagome.- escuche.

Lo busque con la mirada por ese enorme estudio, el se encontraba frente a la mesa de estrategias para combates. Movía muñecos en forma de soldados, estaba planificando tácticas de ataque.

Levanto su vista cuando me coloque frente a él. Inuno se levanto de la silla y me abrazó con ternura.

– Con tanto ajetreo no te podido preguntar ¿cómo te sientes?- mencionó como un padre preocupado por su hija.

– Estoy bastante bien, rey Inuno.- aseguré con voz dulce.

– Me alegra, pero es hora de que te comenté algo bastante serio.- su mirada mostraba preocupación por mi.

– ¿Qué acaso le ocurrió algo a mi padre, o a mi madre?- inquirí angustiada.

– No, no es nada de eso.- comentó con voz tranquilizante.

– ¿Entonces?-No entendía que hacia allí.

– Se me ha sido informado de algo nada prudente.- comenzó con voz serio.

Ay no, entonces alguien nos había visto en el lago ese día. Eso significaba la muerte tanto para Inuyasha como para mi. Tragué con dificultad.

– Así…- intenté permanecer calmada.

– Al parecer el regimiento que le a tocado dirigir a Inuyasha es un poco problemático, no es prudente tener tantas revueltas en las tropas a pocos días de empezar el combate en el palacio de Higurashi.- culmino de explicar.

Sentí en ese momento como el alma me regresaba ala cuerpo, me había puesto nerviosa para nada. Lo raro era que Inuyasha hubiese tenido problemas con los gitanos, después de todo el me había escrito todo lo contrarió a no ser que…

– ¿Quién le a notificado tal imprudencia?- inquirí tranquila.

– Mi hijo me ha enviado una carta, una parte dice que se encuentra bien y que se lo notifique a Kikyo y la otra parte, dice que necesita ayuda con los gitanos debido a que muchos de estos no lo obedecen porque no sabe absolutamente nada de su cultura.- expresó preocupado.

– ¿Así?- pregunte haciendo que no sabía nada al respecto, Inuyasha conocía mejor que yo las culturas gitanas. Así que algo tramaba para que su padre me lo comunicará.

– Por eso se me ha ocurrido enviarte a que lo ayudes.- pidió con voz suplicante.

– ¿Por qué yo?

– Se que tu abuela te narraba historias gitanas, de seguro podrás ayudarlo con tu amplio conocimiento acerca del tema.- expresó un tanto angustiado.

– Me encantará ir a ayudarlo.- dije co una sonrisa dulce.- Por favor no se preocupe. Sin embargo ¿por qué me envía a mi y no a su esposa?- obviamente porque Kikyo no conocía ni de lejos a los gitanos, pero para desviar sospechas no estaba demás la pregunta.

– Pues para empezar dudo mucho que ella posea conocimiento al respecto, pero sobre todo porque si la envió a ella, mi hijo estará más concentrado en estar en la cama con ella que en entrenar a la tropa.- admitió un tanto avergonzado.

Sonreí intentando no carcajearme, por la simple idea de que Inuyasha aun no había consumado su matrimonio, mucho menos estar con ella en la cama en una carpa.

– Partirás mañana mismo al atardecer, le enviaré una carta a mi hijo diciéndole que irá una persona perfecta para el trabajo.- comento con una dulce sonrisa.

– Muy bien, Rey Inuno por favor no diga que soy yo, deseo darle una sorpresa a Inuyasha.- expliqué.

– Si, será más divertido de ese modo.- rió el rey.

Me acerqué a Inuno y lo abracé, este se sorprendió por mi acción, sin embargó a los instantes me dio un fuerte abrazó paternal.

– Promete que tendrás cuidado, sabes que eres como una de mis hijos. No soportaría que algo te ocurriera, o a Inuyasha en ese lugar.- comentó dulcemente.

– Se lo prometo.- deposité un leve beso en la mejilla y salí del estudio.

Me desperté de madrugada, como lo hacia desde que había llegado aquí. Con pesar abrí los ojos, di un enorme bostezo mientras estiraba mi cuerpo tenso debido a la cama incomoda en la que dormía. Me coloqué las botas negras, que se hallaban junto a mi cama y me levante.

Ya habían pasado varias semanas desde que había llegado y aun podía sentir el leve aroma de Kagome impregnado en mi cuerpo, cosa que me gustaba mucho, cada vez que recordaba sus roces en mi piel me hacían estremecer, por estar recordándola tanto, tuve que ir al rió mas cercano y bañarme como dos horas para intentar calmarme.

Lave mi rostro en la ponchera de agua que se encontraba en una de las mesas de guerras en la carpa. Cepille mi rostro y até mi cabello en una cola alta. Me coloque la camisa de capitán y salí a despertar a los gitanos y hombres que pertenecían a la tripulación bajo mi mando. Pero antes de despertarlos me reuní con Miroku para que tocará la trompeta.

Entre en la carpa de este, era un poco más pequeña que la mía pero igualmente cómoda. Estaba recostado boca abajo, durmiendo sin camisa y soltando baba sobre la almohada. Tomé un pequeño vaso que se encontraba junto a una jarra cristalina sobre la mesa y lo llené de agua. Me acerqué a él y se lo vertí en la cara.

– SE HUNDE EL BARCO, SE FILTRA EL AGUA, ¡SOS, SOS!¡AUXILIO! PERVERTIDOS Y MUJERES PRIMERO- comenzó a gritar, mientras agitaba todo su cuerpo como si estuviera nadando.

– Miroku, ¡ya despierta!- grité con el ceño fruncido.

Abrió los ojos y se tranquilizó solo por un instante, se tocó la cara mojada y me vio molesto.

– ¡¿Por qué me despiertas así?- gritó enojado, colocándose de pie para enfrentarme cara a cara.

– Porque deberías estar despierto desde hace horas, ya amaneció y aun no has levantado a las tropas.- reclamé con voz calmada.

– ¡SI! Pero no te da derecho mojarme.- reclamó furioso, con los ojos muy abiertos, parecía que se le iban a salir.

Me senté en la silla, junto a la mesa y crucé los brazos, dio un largo suspiró y lo miré fastidiado.

– Solo vístete y deja de discutir.- pedí.

– Esta bien, no me apresures. Salgo en unos momentos.- comentó mientras se colocaba los pantalones, sobre su ropa interior. Se quedo mirándome como si esperara a que me retirara. – Se que me amas. pero necesito privacidad para cambiarme "cariño".- dijo imitando una voz femenina. Fruncí el ceño.

– Cuando termines, despiertas a los soldados. Los quiero formados en 15 minutos, "amorcito".- esto último lo dije fingiendo una voz muy femenina.

Me levanté y salí de la tienda. Comencé a caminar en dirección al campo que usábamos para entrenar. Tomé uno de los rifles, los cargue de pólvora y apunte directamente al blanco de flechas. Hoy les iba a imponer una prueba bastante difícil. Y para eso debía dañar varios blancos.

Escuche el toque de trompeta, por lo que termine de dar varios tiros.

Luego de acabar con los últimos 60 blancos, todos dañados en el interior menos uno, el cual usaría de demostración. Me encamine para enfrentar a mis hombres a mitad del campamento. Todos portaban una desaliñada apariencia como los gitanos que eran, obviamente no poseían una formación perfecta debido a que solo teníamos semanas de entrenamiento y la verdad yo era muy consentidor en eso de "formarse" excepto hoy.

Había recibido una carta de Kouga indicándome que pronto se reuniría con mi tropa para atacar… no me agrado la idea.
En fin, me coloque frente a ellos y me vieron como un amigo más, gran error.

– Soldados hoy ya he dejado de ser su amigo y me he convertido en su peor pesadilla.- explique con voz seria.

Uno de ellos, comenzó a carcajearse. Era nada más y nada menos que uno de los pequeños. Obviamente había niños que fueron reclutados en esto, no me gustaba la idea por lo que solo les ordenaba preparar la comida y repartirla, luego de eso podían ir a hacer lo que se les diera la gana, eso si dentro de los limites del campamento.

En total habían como 5 niños en mi tropas una era la pequeña Ai, era una niña realmente tierna, siempre vestía su falda hasta las rodillas y usaba su cabello atado en un moño alto, sus ojos parecían el océano debido a su color tan denso y profundo; le encantaba usar aretes de corales mientras danzaba graciosamente.

Después estaba el pequeño Shion, era de cabello corto y su tez morena, ojos color caramelo, era un niño realmente muy tímido pero el que proporcionaba la música de la guitarra en las noches, para celebrar la aparición de la luna sobre nosotros, le solía decir a los gitanos que para que ese niño fuera tan gentil y a la vez tocar ese instrumento como un demonio.

La valiente y desafiante Asagi, ella era la que protegía los pequeños Shion y Ai, siempre usaba una cola alta, sus ojos eran azules como el cielo y su actitud desafiante. A pesar de ser tan obstinada me agradaba mucho, me recordaba a Kagome cuando era pequeña cundo se ponía furiosa. Solo que con Asagi tenía que aceptar ese comportamiento diario.

Daiyo era otro súper molesto chico junto a su hermano gemelo que siempre se me olvida el nombre… A si Roku, en fin se que los dos pelirrojos me sacaban de mis casillas, para empezar se habían pintado partes del cabello de color verde, cosa que hacían que se vieran súper raros, incluso para ser gitanos, sus pieles eran morenas y me sacaban de quicio… eso ya lo había mencionado.

Por último pero no menos importante, el menos de todos, no tiene más de 8 años, pero eso no significaba que se salvaba de mis golpes en la cabeza, el pequeño y desesperante niño pelirrojo, ojos esmeralda y actitud desafiante y dulce, mi pesadilla desde que llegue y mi razón para proteger aunque lo negara, me había encariñado con ese mocoso. Me refiero al enano de Shippo. El culpable de que perdiera el control tan fácilmente.

Me acerque al pequeño mocoso que no dejaba de reírse y lo miré con una expresión furiosa.

– ¿Algo de lo que dije te causa risa?- pregunté intentando mantener mi autocontrol.

Vi claramente como Shippo se le abrieron los ojos al máximo por los nervios, seguidamente dio un paso hacia atrás sin dejar de mirarme nervioso.

– Y ¿Bien?- pregunté mirándolo frío mientras a mi ceja le daba un tic nervioso.

– Es que… pareces un tonto dándonos tantas ordenes, después de todo tu eres el primero que se la pasa vagueando en la noche con los demás gitanos y…- y así golpee su pequeña cabecita causando le crecieran varios chichones.

Sacudí mis manos como si estuviera retirando el polvo y miré a mi tropa de modo frío.

– ¿Pasa algo?- pregunté autoritario. – Que les quedé claro a todos, por más amigos que seamos soy su capitán y si digo que hagan algo, lo hacen a la perfección o ya verán.- advertí.

Los gitanos se giraron y realizaron una formación perfecta. Encarando a mi ayudante Miroku. Me acerqué a él y miré de modo autoritario a mis obedientes gitanos.

– Excelente, así me gusta. Bien vamos a estar claros en algo, les he enseñado a matar con cuchillos, espadas, arcos y flechas aun hay que practicarlo y el rifle no lo saben utilizar.- recalqué.

– Hoy les voy a enseñar a usarlo, por favor síganme al campo de arquería.- pedí.

Me siguieron de inmediato, sin romper la perfecta formación. El pequeño Shippo se quedo junto con los demás niños preparando el desayuno.

Al llegar les pedí que se acercaran a los blancos, si se habían percatado había un pequeño agujero de bala justo en el centro de estos.

– Señor Inuyasha ¿Qué haremos? Me refiero, ya notamos los pequeños agujeros en los blancos, pero ¿cómo esto nos enseñara a usar los rifles?- preguntó uno de mis soldados más jóvenes.

El joven Kohaku, el hermano menos de Lady Sango. Otro que disfrutaba de mi sobreprotección. El muy tarado se había inscrito como voluntario en la guerra, y había venido con Miroku.

– Verán, quiero que observen esto.- ordené.

Tomé uno de los rifles y me coloque a una distancia de 15 metros del blanco. La mitad de los hombres me siguieron mientras que la otra mitad se quedo junto con Miroku en el blanco. Cargué el rifle y le coloque pólvora. Me coloque en posición para disparar y así lo hice.

De inmediato los hombres junto al blanco aplaudieron impresionados por haber dado justo en el centro del blanco.

– Muy bien, eso es algo fácil, dar en el centro del blanco con una pequeña bala a 15 metros de distancia. Sin embargo, ustedes no solo harán eso. Contestando a tu pregunta Kohaku, ustedes van a atinar a ese pequeño agujero que hice y lo van a traspasar con una bala, a la misma distancia de 15 metros.- expliqué con una sonrisa orgullosa en mi rostro.

– Pero capitán es imposible.- objetó nada más que el tonto de Hobo… bueno realmente se llama Hojo, pero eso no hace que me agrade.

Se preguntaran ¿por qué me cae mal Hojo? Verán, el no es un gitano, es un noble igual que Kouga, Miroku, y Kohaku. El problema que tengo con él, es que cada vez que ese cabeza de aserrín iba al palacio a visitar a Kagome, le regalaba flores, o coqueteaba con ella, cosa que me sacaba de mis casillas. Claro Kagome era muy inocente para notarlo, pero yo me daba cuenta y me molestaba. Ahora me iba a vengar por esos pequeños detalles que le hacia a MI mujer.

– Para que veas que no, cabeza de aserrín.- reté.

Tomé nuevamente el rifle y apunte justo al pequeño hueco que había realizado anteriormente con la bala. Disparé de nuevo. La bala hizo un enorme estruendo cuando salió disparada. En ese momento escuche nuevamente los aplausos y sonidos de sorpresa y admiración, por haber traspasado la Bala por el mismo agujero que había hecho antes.

– Para ustedes es más fácil debido a que yo ya he hecho los agujeros en el centro del blanco, ustedes solo deberán atravesarlos.- reí sinvergüenzamente, mientras veía a Hojo con la cara descompuesta.

– Señor Inuyasha, si alguien más puede demostrar que puede hacerlo, con gusto nos someteremos el entrenamiento.- pidió el cabeza de aserrín cuando recupero el habla.

Los gitanos asintieron no muy convencidos de desafiar mis ordenes. Suspiré y asentí victorioso.

– Bien, en ese caso, Miroku has esto.- llamé con una sonrisa.

Miroku se acerco y realizo la misma hazaña que yo en pocos instantes. El resultado perfecto.

– Muy bien ahora a trabajar, ya han perdido demasiado tiempo adulándome, por cierto Hojo, has 40 flexiones antes de comenzar a trabajar con el rifle, por intentar desobedecerme.- ordené.

Los gitanos se pusieron a trabajar y pedí a Miroku, amablemente que los vigilara, incluyendo a Hobo.
Las horas pasaron y el pequeño mocoso de Shippo entro a mi tienda. Yo me encontraba planificando, analizando y trazando tácticas posibles para el combate que se realizaría en unos días.

– ¿Qué haces aquí Shippo?- pregunté confundido, el no solía entrar a mi tienda.

– Recibiste esto, y Roku no la quiere traer por miedo a que lo golpees como a mi.- expreso el niño con voz disgustada mientras sostenía un pequeño sobre con dos cartas.

Una era de mi querida Kagome y la otra de mi padre. Decidí primero abrir la de mi amada, luego de despedir al niño con un "gracias".

Me recosté en la cama y comencé a leerla.

"Hola baka, mejor dicho… hola mi amado Inuyasha, espero que hoy estés bien. Yo lo estoy, como te prometí escribo a diario, a este paso voy a hacer un libro je je. Hoy el día estuvo bastante interesante en el palacio. Para empezar Sango ha estado muy preocupada por Miroku, así que dile a ese pervertido que le escriba. Con respecto a tu esposa, también deberías de enviarle aunque sea una carta, ya que ayer casi se muere de la envidia de no haber recibido ninguna carta, y yo de haber recibido dos, una de Kouga y una de "Kouga" ósea tú. Te escribo para decirte que te extraño mucho Inuyasha, estoy ansiando volver a verte como loca, y con gusta repetir lo ocurrido en el lago secreto. Aunque tu quieres que sean dos días, ¿Qué tal una semana? No te parece mejor…

Al leer eso me coloque súper rojo, Kagome no solo me extrañaba sino que quería que estuviésemos juntos de "esa" forma durante una semana GRANDIOSO. Continué leyendo.

" Era una broma, tonto así que borra esa sonrisa pervertida de tu cara. En tu carta me pusiste como sentías que era tu vida sin mi a tu lado… Sin embargo has descrito como era la mía sin mi junto a ti. Cada instante es tan frío y duro como un tormento. Todo lo que hago, todo lo que huelo, todo lo que veo me recuerda ti, a tu olor, a tu piel, a tu forma de ser, y eso me enloquece. Te prometo que nos veremos más pronto de lo que piensas. Te lo juró.

PD: Te amo más que a mi vida, jamás lo olvides. Y no te enojes conmigo por no decirte lo que te espera…"

Ella era tan dulce, tan perfecta, tan hermosa. Como la amaba, si me pusiera a darle a las estrellas razones por las que la amo de segura las estrellas no alcanzarían. Esa mujer era todo para mi, y pobre idiota que intentase acercarse a ella. Aunque a veces me disgustaba que me conociera tan bien, el saber que mi cara de pervertido se alzaría con su comentario, fue un poco bajo de su parte jugar con mis sentimientos de esa manera. Y a ¿Qué se refería con eso de lo que me espera?

– Mejor leo la carta de mi padre.

Me levanté y comencé a analizarla, los pelos se me pusieron de puntas al leer lo que decía. Kikyo venía a ayudarme con los gitanos. Estos e ponía malo. La guerra no era nada comparado con la llegada de Kikyo. Que mal. Ojala fuera una muy mala jugada por parte de un error de escritura o algo, una especie de broma.

Continuara_ _
Espero que les haya gustado
Nos vemos en la próxima conty
Adelanto:
– Vamos a ver si cantas como gitano, si no, no te obedeceremos en la batalla.
Espero que les haya gustado

Nota ladrona de almas

Las imágenes las encontrareis en la siguiente página:

http:/foro(punto)cemzoo(punto)com/f85-fanfics-sobre-rumiko-takahashi/210628-el-ladron-red-rose-7(punto)html

Desearía recordar que la historia NO me pertenece a mí, sino a Jesireth de cem(punto)zoo.

Debo agradecer a inuykag4ever, setsuna17 y Rutabi de saotome por sus reviews. Para ellos y para todos los que leen esto les dedico este capitulo, espero que lo hayan disfrutado. Hasta la proxima, bye.