Capitulo 22

Perro viejo, lobo nuevo

Sirius se apareció en las afueras de Grimauld Place, pero en lugar de ingresar a su domicilio comenzó a pasear por la calle.

Estaba harto de deber recurrir a su animagia para andar libremente por la ciudad.

Se reía del ingenio de Hermione, al igual que el de Tonks, ambas demostraban que eran mujeres de un solo hombre y la verdad estaba contento por ellos.

Agudizó su olfato, estaba cerca y una sonrisa pareció dibujarse en su hocico perruno.

Ingresó a un callejón oscuro y se convirtió en humano.

Su apariencia había cambiado desde que se había fugado de Askaban, estaba más limpio, pero mantenía un aire desordenado que según él lo hacía más sexy.

Pronto llegó a una puerta de una casa vieja, incluso parecía abandonada, golpeó varias veces de forma sincronizada, como repitiendo un código de acceso y luego la unos instantes la puerta se abrió.

- ¡Sirius! – lo recibió una voluptuosa mujer de tez blanca, rubios cabellos y ojos pardos.

- Rebecca – Saludó él - ¿Estás ocupada?

- Nunca para ti. – Le contestó sensualmente la chica dejándolo pasar.

Los miembros de la orden le decían que se arriesgaba mucho saliendo, y más por unos encuentros clandestinos, pero él pagaba muy bien por el silencio, entre otras cosas, y además necesitaba el desahogo sexual.

No era indeciso como Remus, ni abnegado como Ron, ni caballeroso como Harry, aunque respetaba la posición que cada uno adoptaba para su vida.

A veces le gustaba hacer rabiar a sus novias y a ellos mismos, pero sabía que nunca tendría chance con alguien como Tonks, Hermione o Ginny, además que las dos últimas eran demasiado jóvenes, pero en realidad no tendría chance con ninguna chica bien, como decía Molly y lo cierto era que tampoco lo quería.

Ya estaba muy mayor para esas cosas, aunque no criticaba a los que, como Remus, apostaban al amor a su edad.

Pero él prefería degustar de los placeres terrenales, físicos y no caer en el amor idílico de las novelas románticas.

Y en eso estaba dejándose llevar por lo corporal, sabiendo que no había ningún sentimiento más allá de la necesidad de desahogo de ambas partes.

Hoy sería Rebecca, mañana Miriam y pasado Violeta, pero nunca se aprovechaba de ellas, ya que todas las mujeres que frecuentaba sabían de sus condiciones y su modo de pensar y compartían esa actitud despreocupada del sexo y la vida.

Luego se iría, muchos pensarían que vacío por dentro pero se equivocaban, su corazón estaba lleno de amor, por sus amigos, sus conocidos y por sobre todo por su ahijado; y para él eso era más que suficiente.

Remus se paseaba de un lado al otro, había llegado muy feliz al ver como los muchachos habían pasado la prueba más que bien y además estimulado por el amor que ambos se profesaban, pero al llegar y no encontrar a Sirius se preocupó, iba a salir cuando su amigo entró.

- buen día – saludó despreocupado el animago

- ¿Buen día? ¿Buen día? – Lo amonestaba el licántropo. Sirius meneaba la cabeza cansado.

- Vengo de pasar una buena noche, no la arruines – Declaró

- No es mi intención arruinarte nada – Lo miraba Remus seriamente – Pero al menos podrías dejar dicho que salías.

- lamento que no tengas vida propia lunático. Me voy a dormir – Y Sirius se marchó dejando sorprendido y enojado a Lupin.

Enojado por la falta de consideración de su amigo, pero aún más porque a pesar de su falta de tacto Sirius tenía razón.

No tenía vida propia.

Paseo, otra vez nervioso por la estancia y luego se detuvo

- ¡No más! – exclamó yendo a la chimenea y desapareció.

En su casa, Tonks había terminado de bañarse, se paseaba con una bata por las cocina, sus padres ya habían salido y ella se disponía a imitarlos ya que hoy debía ir a la academia de aurores a dar unas clases especiales.

Pero primero se bebería un té, se acomodó la bata y con un simple movimiento de varita dispuso de una humeante taza de la perfumada infusión.

Recordó el picnic vespertino, ver a Hermione y Ron tan enamorados la ilusionó, pero Remus seguía sin dar el primer paso.

¿Debería darlo ella?

Pero tenía miedo, miedo de que el silencio de Lupin significara que no la quería.

Suspiró resignada y con la taza a medio llenar en mano se dispuso a marcharse a su habitación para alistarse. Ya estaba al pie de la escalera de acceso a los dormitorios cuando un estallido en la chimenea la hizo girar.

No tuvo tiempo de nada, ni siquiera a reaccionar cuando la figura se le acercó y la rodeo en sus brazos haciendo que la taza que tenía en su poder cayera al suelo.

- ¿Remus? – Susurró

- He deseado esto por mucho tiempo – Dijo él antes de besarla apasionadamente.

Tonks se dejó avasallar por la posesión de Lupin. Nunca creyó que ese momento llegaría y mucho menos de esa manera.

Remus aún estaba más sorprendido pero se dejó llevar por su lobo interno, que estaba más que deseoso de poder demostrar su capacidad.

Su condición lo hacían un hombre prudente y reservado, un solitario, pero esa soledad a diferencia de Sirius le dolía.

El quería amar y ser amado, quería una familia, pero vivía con temor de demostrarlo ¿Quién en su sano juicio podría siquiera pensar en él como posible candidato?

Entonces aflojó el agarre, se separó de ella y la miró, realmente Tonks era hermosa. ¿Cómo se le ocurrió pensar a él o a los demás que ella pudiera desearlo o quererlo?

- Lo siento, esto es un error, un completo equívoco, has de cuenta que jamás ocurrió – Y se dispuso a marcharse, se dirigió a la chimenea pero la voz de la chica lo detuvo.

- ¡No te atrevas a irte! – Él quedó estático de espaldas a ella - ¿Quién te crees que eres…?

- Por eso mismo debo irme – la interrumpió él – No soy nadie.

- ¡No me interrumpas cuando hablo! ¿Quién te crees que eres para venir a mi casa – Lupin agachó la cabeza – abrazarme como un demente – ahora el hombre se tapaba la cara con sus manos para evitar llorar, era más claro que Tonks estaba disgustada y ella siguió – besarme como un poseso y luego intentar irte sin hacerme el amor? – Él comenzó a virar para comprobar si había escuchado bien y al hacerlo pudo observar como ella desataba su bata y la dejaba caer al piso quedando completamente desnuda frente a él.

- Quiero ser tuya Remus, yo lo he deseado por mucho tiempo también.

Lupin comenzó a transpirar, no sabía que hacer o decir, pero su lobo interior estaba desaforado, saltaba dentro de él y hacía bailecitos de victoria impulsándolo a seguir adelante, pero él no podía dejarse llevar por esas salvajes emociones internas, debía ser precavido como siempre.

Tonks comenzó a avanzar y su corazón parecía que le iba a salir del pecho.

- ¡Alto! – Le dijo y la chica quedó quieta en el lugar – Creo que no sabes lo que estás haciendo, no soy un buen partido para nadie, no tengo fortuna, mis empleos son inconstantes, tengo más edad que tú y si por si todo eso no fuera ya poco yo soy un licántropo. Y…

- ¿Crees que no pensé en todas las cosas que me has dicho? – Lo interrumpía ella acercándose nuevamente - ¿Me crees tan descerebrada como para ni siquiera tomar en cuenta cada uno de los aspectos que me has dicho y muchos más? – estaba a escasos metros de él y Lupin podía apreciar la perfección del cuerpo femenino, blanco, escultural, perfecto y no tardó en compararlo con el de él, lleno de cicatrices e imperfecciones. Y retrocedió - ¡Alto! – ahora dijo ella deteniéndolo y llegando hasta él poniendo su mano en su rostro a lo cual Lupin cerró los ojos deleitándose con la suavidad de los dedos femeninos que recorrían sus facciones, dibujaban las aún marcadas cicatrices de su rostro y al abrir los ojos se encontró con los de ella.

- Tonks yo…

- Shhhh – Lo callaba ella comenzando a despojarlo de su capa. Él se dejaba hacer, se sentía un impúber en manos de ella y poco a poco ella comenzó a desprender los botones de su camisa.

- Mi cuerpo…

- No me interesa tu cuerpo, no del todo – Sonrió ella pícaramente – Aunque he oído en algún lugar que los hombres lobos pueden ser muy salvajes. ¿Lo eres?

- No te burles de mí – Ella lo abrazó fuerte y el calor que invadió el cuerpo de Remus aún por sobre la tela de la camisa lo estremeció

- Nunca me burlaría de ti. ¿Cómo hacerte entender que no me importa ninguno de tus defectos? ¿Qué yo no veo nada de lo que dices? ¿Qué lo único que quiero es pertenecerte? Remus ¡Yo te amo! – Y sin esperar respuesta lo besó, abrazándolo aún más fuerte.

Lupin creía estar en el cielo, ella lo amaba a pesar de todo y contra todo y no dudó más, correspondió el abrazo y el beso y demostrando que era cierto, que los licántropos eran salvajes, dejó que el lobo que estaba deseoso de salir lo hiciera, la alzó y sin dejar de besarla la condujo escaleras arriba.

- la segunda puerta a la derecha – Sólo dijo Tonks entre sus labios para indicarle cual era su habitación y él la llevó hasta allí.

Cuando ingresaron no esperó y la tiró en la cama, colocándose sobre ella, imprimiendo su cuerpo sobre el de Tonks, recorriendo con sus manos la tersa piel que se le ofrecía.

Ella gemía demostrando que estaba en la gloria y comenzó nuevamente a desvestirlo y notó su turbación.

- Yo creo que tu cuerpo es perfecto – Le decía

- No lo conoces – Decía él temeroso de mosrtarse.

- Si, lo conozco – Decía ella y él se levantó para poder verla a los ojos.

- ¿Cómo dices? – Ella se mordió el labio inferior y lo miró sonriente en un gesto que a él le supuso demasiado excitante.

- Una mañana, tú volvías de una de tus noches y yo entré sin darme cuenta en el baño.

- ¿Sin darte cuenta? – Preguntó ahora él sonriente y a ella le supuso una sonrisa extremadamente sensual

- Bueno, al principio fue sin querer, pero al verte tendido en la bañera, con los ojos cubiertos por una toalla, no pude evitar quedarme mirándote.

- Mis cicatrices… - Pero ella comenzó a despojarlo de la camisa y esta vez él hizo silencio y se dejó hacer, cuando le retiró la prenda ella giró hasta quedar sobre él y comenzó a recorrer con las yemas de sus dedos cada una de esas marcas sin dejar de mirarlo. Luego se inclinó y comenzó a recorrerlas con su lengua él gimió y su nombre comenzó a salir de sus labios.

- ¡Nyn…!

- ¡Tonks! Dime Tonks – le ordenó ella interrumpiéndolo.

- No – respondió él – Te diré mi amor.- Ella sonrió sin dejar de recorrer las marcas del torso masculino y luego comenzó a bajar al vientre y cuando llegó al pantalón comenzó a desabrochar el cinturón, a bajar el cierre y comenzó a deslizarlo hasta tener acceso a su virilidad que ya estaba deseosa de ser explorada, como ella.

La tomó con su mano y luego la llevó a su boca, provocando un gemido en él que ya sin poder esperar más la giró sin impedirle continuar con su tarea, dirigiendo el sexo de ella sobre su rostro y comenzando a explorarla con su lengua.

- ¡Remus! – Gimió ella – ¡Mi amor! – Y él se sentía en el paraíso, por sentir lo que sentía y por ofrecer el mismo gozo a ella.

Con sus dedos la penetraba y ella continuaba lamiendo su erección que se elevaba al cielo, implorando por la caricia que no se hacía esperar.

Así estuvieron hasta que ella estalló en un orgasmo y él saboreó el resultado de su acción, deleitándose con el sabor que de ella emanaba.

Luego la levantó y se colocó sobre ella, sin dejar de mirarla por un instante comenzó a penetrarla, lentamente, disfrutando de cada milímetro que su miembro ingresaba en el interior femenino, sintiendo el calor abrasador que aún quedaba del clímax anterior y deleitándose de los gemidos y jadeos que llegaban a sus oídos.

- Te amo Tonks. – Y ella sonreía porque esa declaración era más excitante que el orgasmo que había tenido, pero sabía que aún no había experimentado ser poseída por él y ahora lo estaba haciendo, la potencia de Lupin ingresaba en ella haciéndola estremecer, de pasión.

Los cuerpos sudorosos y calientes se abrazaban entregándose con todas las ansias de haber esperado tanto tiempo en decidirse, pero había valido la pena ya que la entrega era total y plena, era exquisita y potente y ella no tardó en llegar a otro orgasmo.

- Te amo Remus – Le decía al llegar al paraíso y él renovó el moviendo, sin dejarla descansar, quería que sintiera que él deseaba poseerla y que la quería para toda la vida y que nunca jamás se arrepintiera de su decisión de elegirlo a él, él que no era nadie, pero que era el ser más importante junto a ella.

Y su orgasmo llegó junto a otro nuevo de ella y sus cuerpos se abrazaron como si hubiesen sido catapultados y luego de subir al cielo caían en espiral hasta el lecho donde se habían entregado al mayor de los placeres.

Cuando las respiraciones se calmaron Lupin comenzó a llorar, Tonks se preocupó y se irguió para tomar su rostro con sus manos.

- ¿Qué te sucede? - Le preguntó preocupada.

- Voy a arruinar tu vida. - Le decía él - Nunca me debí permitir llegáramos a esto

- ¿Esto? - Decía ella sonriendo - Esto fue lo más maravilloso que alguna vez me pasó. - Y besaba sus lágrimas haciéndolas desaparecer.

- Estás loca - Le decía

- Si, loca por ti. - Y seguía sonriendo ahora contagiándolo a él.

- ¿Qué dirán tus padres?

- No creas que no pensé en ello, ya lo hice hablé con ellos de mis sentimientos, ellos me quieren y quieren lo mejor para mí, y lo mejor para mí eres tú. - respondía segura.

- parece que tienes todo fríamente calculado.

- Por supuesto, cuanto tiempo estaremos de novios, cuando nos casaremos, cuantos hijos tendremos - Entonces sintió que él se estremecía - ¿Qué? - Le preguntó.

- Hijos. ¿Te arriesgarías a tener hijos conmigo?

- Vamos avanzando - Respondía ella y él la miró interrogante - Al menos no cuestionaste casarte conmigo, con lo cual ya lo puedo dar por hecho.

Él la abrazaba también sonriente.

- No, ese es otro punto a tratar pero me parece más preocupante el tener hijos.

- ¿preocupante? Me parece que va a ser muy excitante buscar un bebé contigo, máxime si le entregas tanta pasión al intento de procrear. Es más ¿Quién no dice que ya esté gestándose un pequeño Lupin dentro de mí?

Él se levantó, de la cama como si algo lo hubiese picado.

- ¡No es posible! - Tonks reía irguiéndose sobre sus codos.

- Si no lo sabías los bebés vienen al mundo de la forma que acabamos de hacer tú y yo, no vienen de un repollo, ni los trae la cigüeña.

- No me cuidé, y tú… - Luego se detuvo - Tú puedes tomar una poción, es posterior al coito, para evitar el embarazo

- ¿Si? - Le dijo ella burlona - Si no lo decías no me enteraba - Respondía como dándole a entender que sabía muy bien de lo que hablaba - Por si no te diste cuenta ya tengo un poco de experiencia - Confirmó con sus dichos.

De repente Remus se sintió pequeño, lo estaría comparando, se arrepentiría de haber estado con él, habría colmado las expectativas.

- Bueno, entonces calculo que la beberás. - Intentó sonar catedrático. Ella comenzó a reír

- tal vez - decía

- ¿Tal vez? ¡Tú estás demente! ¿Tal vez qué?

- Tal vez la tome si me das algo a cambio. - Decía sugestivamente recostándose en la cama y estirando los brazos hacia arriba. Lupin trago saliva y mientras se acercaba murmuró

- Debes tener en cuenta que soy un lobo viejo y cansado.

- ¡Patrañas! - Le decía ella - Nunca un hombre pudo sacarme más de tres orgasmos seguidos - Y luego se tapó la boca con la mano por la infidencia, pero Lupin se acercó orgulloso, su ego estaba altísimo. ¿Así que el lobo aún tenía sus mañas?

- ¿Tres? - Decía él - Bueno, deberé esforzarme un poco más entonces, para que tomes la poción.

- O tal vez al ver el espectacular amante que eres decida quedarme embarazada para atraparte.

- No hace falta, ya me atrapaste, desde el primer momento en que te vi. - Y la besó fervientemente.

- En serio, yo nunca haría algo sin estar los dos de acuerdo, pero realmente para mí sería el punto más alto de felicidad si pudiera darte un hijo.

- ¿Aún con las posibles consecuencias?

- ¿Cuáles? Ser amable, correcto, hermoso e inteligente como su padre.

- O licántropo. - Decía él

- Estamos peleando en una guerra para desterrar la desigualdad y discriminación del mundo mágico, yo lucharé para que se extienda a todos los tipos de excepciones que existan. Y nunca pensaré que mi hijo es diferente si nace como tú, por el contrario, creeré siempre que es maravilloso y digno de ser amado y querido por todos y los que nos rodean sabrán quererlo y cuidarlo de que nunca se sienta diferente, porque para ellos, como para nosotros jamás lo será.

- ¡Eres maravillosa! - Le decía él. - perdón por tardar tanto en decidirme.

- Tú necesitabas tu tiempo, pero ahora no lo perdamos más hablando. ¿A ver que tiene este viejo y cansado lobo? - reía ella tomando su virilidad ya lista para volver a penetrarla. - Yo no lo noto, ni tan viejo, ni tan cansado señor.

- es que esto es lo que tú me provocas - decía él hundiéndose en ella y demostrándole que nada era imposible cuando los cuerpos y las almas se unen con amor de por medio.