CAPÍTULO 20
La tensión se podía cortar con un cuchillo. El ambiente estaba enrarecido presagiando la tormenta que estaba a punto de desatarse en esas cuatro paredes.
—¡Dime que todo tiene una explicación lógica, Charlie! —Suplicó una llorosa Bella—. Di-dime ¿Qué hace una foto de mi madre aquí, contigo?, ¡Explícame porque me has mentido!
—Bella, te juro que voy a explicártelo todo, pero necesito que te tranquilices. —Charlie se acercó y la ayudó a levantarse—. Siéntate y hablemos.
Bella tomó asiento frente al escritorio, Charlie ocupó el sillón frente a ella. Ambos estaban nerviosos. Él no dejaba de retorcer sus manos y ella seguía aferrada a las viejas fotos que habían desencadenado todo.
—¿Conocías a mi madre? —Preguntó Isabella.
—Sí.
—¿Sabías que yo era su hija antes de venir aquí?
—Sí.
—Todo este tiempo me has estado mintiendo. Cuando te he hablado de ella, sobre mi vida, lo sabías y has hecho como si no me conocieras, ¿por qué?
—Porque soy un cobarde. Porque necesitaba que me dieras tiempo para explicarte todo, —Se justificó.
—¿Explicar qué?
—Tu madre vivió aquí cuando era joven. Un día, desapareció sin dejar rastro ni una explicación, nadie supo nada de ella durante años. Hace unos meses, tras el fallecimiento de mi padre, encontré un sobre con sus datos. Ahí supe que había fallecido y que tú existías.
—¿No fue casualidad que yo viniera aquí, verdad?, —Preguntó Bella.
—Sí y no. Hacía tiempo que me estaba planteando el tema de la alimentación ecológica, digamos que pudo ser el destino. Cuando empecé a buscarte y descubrí que tu rector había sido compañero mío de estudios lo tomé como una señal. No quiero que pienses que te traje aquí sólo por ser hija de Renné. Si no hubieras sido veterinaria, te habría buscado igualmente y después hubiera contratado a otra persona para el puesto, Bella.
—Pero sigo sin entender, ¿Por qué tanto interés? —Bella estaba envuelta en una nube de confusión. Su madre siempre se había mostrado cerrada en cuanto a su pasado, y descubrir esto de manera tan repentina y sin esperarlo, había sido toda una sorpresa.
—Porque tu madre y yo estuvimos juntos, Bella. —Charlie extendió los brazos y agarró fuertemente las manos de la chica por encima de la mesa—. Nosotros éramos pareja. Tenía pensado pedirle matrimonio. Bella...tú…eres mi hija.
Charlie notó cómo el peso de su corazón se aliviaba, esa carga que llevaba ocultando desde descubrió la noticia se aligeraba y por fin podía dar las explicaciones necesarias.
La reacción de Bella fue de esperar. Apartó sus manos de él, se levantó de un golpe dejando caer la silla hacia atrás; más lágrimas anegaron sus ojos al tiempo que negaba con la cabeza.
—¡No!, ¡No!, —Gritó de nuevo—, ¡No, no, no, no!, ¡No puede ser! —El llanto se volvió descontrolado—, ¡Tú...tú...no!, ¡Tú no puedes ser mi padre!
—¡Bella, por favor!, ¡Tienes que escucharme!, ¡Deja que te explique cómo ocurrieron las cosas! —Charlie intentaba hacerla entrar en razón.
—¡Tú no puedes!, ¡No puedes!, ¡Nos abandonaste!, ¡La dejaste sola! —Bella no era dueña de las palabras que salían de su boca. El dolor por la mentira y el abandono hablaban por ella.
—¡No!, ¡No!, ¡No!, ¡Jamás haría eso!, ¡Yo no sabía que estaba embaraza!, ¡Ella se fue! —Charlie rompió a llorar. Ese hombre adulto, seguro de si mismo, se rompió en mil pedazos dejando salir el dolor acumulado en su corazón durante años. Bella empezó a serenarse. Ante ella estaba un hombre devastado.
—¡Nunca la habría dejado ir, Bella!, ¡Jamás! Ella era mi vida, lo era todo para mí y tú..., tú habrías sido la alegría más grande que nos pudo ocurrir. Entiendo tu dolor, tu confusión, pero tienes que dejar que te explique cómo ocurrió todo.
Nos conocimos muy jóvenes. Ella tenía veintidós y yo veinticuatro. Llegó al pueblo y me conquistó. Nos conocimos en la oficina de correos, yo me colé y ella se puso hecha una furia. —Una sonrisa triste se dibujó en la cara de Charlie—. Discutimos y nos dijimos de todo lo peor, la gente nos miraba como a dos locos. Nos vimos al día siguiente por casualidad, nos pedimos perdón, la invité a cenar y a partir de ahí nos volvimos inseparables. La amaba y ella a mí. Teníamos sueños, un plan de vida juntos, viviríamos aquí en el rancho y formaríamos nuestro hogar. Pero de repente, todo se esfumó. La noche de mi vigésimo sexto cumpleaños, durante mi fiesta, desapareció. Me dejó sin una explicación y con un anillo de compromiso en el bolsillo. Esa noche iba a pedirle que se casara conmigo.
—¿Por qué?, ¿Por qué haría algo así si estabais tan enamorado?, ¿Por qué se marchó? —Bella no lograba entender que podría haber pasado para que su madre se marchara de esa forma.
—No lo descubrí hasta hace unos meses, el mismo día que supe de ti. —Explicó Charlie—. Durante años la busqué sin obtener resultados.
Cuando se marchó se cambió el apellido, se registró como Reneé Dawyer cuando su verdadero nombre era Renné Lawson., por eso nunca la encontré.
—Dices..., dices que hace meses lo descubriste, ¿Cómo?
—Mi padre contrató un detective. Quería tranquilizar su conciencia antes de morir. Él y mi hermano fueron los culpables de su marcha.
—¿Por qué?, ¿Qué pasó?
—Mi hermano Bill siempre fue problemático, estaba enamorado en secreto de tu madre, o encaprichado, quien sabe. Siempre envidió los logros de los demás. Yo no lo vi, pero mi padre sí. Le mandó a vivir lejos con un tío mío, pero eso no sirvió de nada.
Cuando volvió, el día de la fiesta se intentó propasar con tu madre. Intentó forzarla, mi padre los descubrió y lo evitó. En lugar de actuar como debía, ocultó el hecho por lealtad a su hijo o para evitar el escándalo, no lo sé. Obligó a tu madre a marcharse, la acompaño hasta la estación de autobuses y le prohibió cualquier contacto con nosotros, la amenazó. —El relato de Charlie estaba lleno de dolor y tristeza.
—No.…no puede ser..., ¿Cómo es posible?, ¿Cómo pudo esconder eso?, ¿Por qué no lo denunció? —Bella no esperaba que el pasado de su madre ocultara esa historia.
—No lo sé. Él nunca fue un mal hombre, solamente tomó decisiones equivocadas. No estoy intentando justificarle, aún estoy dolido por cómo actuó y no creo que pueda perdonarlo nunca. Dejó una carta en su testamento dónde explicaba todo.
Bella seguía sin poder creer la rocambolesca historia, parecía una película.
—Bella, siempre busqué a tu madre. La busqué hasta que no me quedaron fuerzas. Al final pensé que quizás ella no quería ser encontrada.
Isabella se levantó, el asombro y la inquietud no la abandonaban
—No puedo creerlo, yo..., esto es demasiado para mí.
—Lo sé. —La tranquilizó Charlie acercándose a ella. Sé que es demasiada información de un sólo golpe, pero Bella, piensa que al menos he podido encontrarte. Ahora estás aquí y.… podemos conocernos, intentar formar esa relación que se nos ha negado durante años…, Bella, hija...
La muchacha rompió a llorar.
—No me llames así, por favor, yo no puedo…, ahora no puedo...
Charlie entendía que todo esto la hubiera tomado por sorpresa, pero aun así el rechazo le dolió.
—Bella, te daré todo el tiempo que necesites, pero... ¡Piénsalo por favor! ¡No me niegues la oportunidad de formar parte de tu vida ni tú de la mía!
—Yo..., ahora no puedo..., necesito tiempo..., necesito…, necesito salir de aquí. —Se dirigió a la puerta y abandonó el despacho. Una sensación de ahogo la estaba invadiendo, sentía que en cualquier momento podía colapsar. Charlie fue detrás de ella.
—¡Bella, por favor!, ¿Dónde vas?, ¡No puedes salir en ese estado de nervios!, ¡Bella!, —Gritaba el hombre, pero su voz se desvanecía, un zumbido atronaba sus oídos.
Las lágrimas acumuladas en sus ojos hacían que su vista se volviera borrosa por lo que chocó con Emily pues no había visto que la mujer se dirigía hacia ella y que ahora la sostenía entre sus brazos. La cocinera, que era casi cómo una madre para Charlie, había escuchado las voces pero prefirió mantenerse al margen. Ese era un asunto que tenían que arreglar padre e hija. Al ver el estado en el que se encontraba Isabella y las lágrimas que anegaban sus mejillas la abrazó.
—¡Mi niña!, —La consoló—. Tienes que calmarte y entender cómo sucedieron las cosas. No actúes en caliente o puede que en un futuro te arrepientas.
Bella, al escuchar a la mujer se separó de ella.
—¿Tú también lo sabías?, ¿También tú me mentiste Emily?
—Cariño, nadie ha querido mentirte, Charlie sólo estaba esperando el momento oportuno para explicártelo todo. —Dijo mientras limpiaba las lágrimas que surcaban su rostro.
—¡No intentes justificarlo!, —Bella se apartó de ella.
—Bella, ¡Emily tiene razón! —Charlie se encontraba detrás de las dos mujeres. Sus ojos brillaban con una mezcla de emoción, tristeza y melancolía.
—¡No te creo!, ¡No puedo creerte! Si de verdad hubiera sido así..., ¿Por qué fingir que no me conocías?, ¿Por qué preguntar por mi pasado, cuando en realidad lo sabías todo?
—¡Porque no sabía cómo enfrentar el asunto! —Charlie Swan estaba abatido—. ¡Mi intención nunca ha sido hacerte daño, Bella!
—¡Esto...es demasiado!, Necesito... salir de aquí, lo siento. —Con los ojos anegados por las lágrimas abandonó la casa corriendo. Charlie intentó salir detrás de ella gritando su nombre, pero Emily lo detuvo.
—¡Déjala, Charlie! Necesita tiempo para asimilarlo todo. —La mujer intentaba consolarlo.
—¡No puede irse sola así, en ese estado!, ¡No tiene a nadie más aquí!
—¡Tranquilo! Estoy segura de que irá con Edward.
—¡La he perdido, Emily!, —Se lamentó Charlie—. ¡He perdido la oportunidad de recuperar a mi hija!, ¡Lo único que me quedaba de Renné!
—¡Eso no es así! Es normal que esté confundida, Charlie. Recuerda cómo te pusiste tú cuando leíste la carta de tu padre. Isabella ha descubierto una parte importante de su pasado que ha estado vetada para ella durante toda su vida, así, de repente y por casualidad. Está en shock, y cuando se calme y analice las cosas hablará contigo y todo se solucionará. ¡Tiempo al tiempo, hijo! —Sentenció Emily al tiempo que lo abrazaba cómo cuando era un niño de doce años.
—¡Eso espero, Emily!, ¡Eso espero!
๗๗๗
Isabella salió disparada de la casa sin saber muy bien a dónde ir. Allí dentro se estaba ahogando, no podía asimilar todo lo que le había sido revelado. Acababa de descubrir que la nueva vida que había empezado a construir allí estaba edificada sobre una base de mentiras. Las luces de un coche dirigiéndose hacia ella hicieron que frenara en seco.
Vio como Edward se bajó del coche y se dirigió hacia ella. Parada allí en mitad del rancho, rodeada de tierra y rota por el dolor y las lágrimas hicieron que él, asustado, temiendo lo peor llegara y la rodeara entre sus brazos.
—¿Qué te pasa, Bella?, ¿Qué ha pasado?, ¿Estás bien? —Edward la separó ligeramente para observarla mejor. Bella seguía llorando, balbuceos incoherentes escapaban de su boca.
—¡To...do..es...men...tira!, —Consiguió hablar,—¡Tengo que irme de aquí!
—¿Qué?, ¡No, no, no!, Bella, ¿Qué ha pasado?, ¿Por qué dices eso? —Miles de pensamientos acudieron a la cabeza de Edward. Era imposible que ella se hubiera enterado de la verdad sobre Tania. James se había ido y nadie más lo sabía, ¿Habría vuelto a hablar con ella?
—¡Tranquilízate, Bella! ¡Vamos a casa a hablar! Estás muy nerviosa y eso no te hace bien tienes que calmarte.
Agarrándola por los hombros la dirigió hacia su cabaña. Allí una vez dentro logró convencerla para sentarse en el sofá. Bella continuaba llorando, aunque de manera más calmada.
—Cariño, —Susurró arrodillándose frente a ella— Tienes que contarme que ha pasado para que pueda ayudarte.
—¡No puedo!, ¡Ahora no, Edward!, Lo único que necesito es olvidar, no pensar, ¡Ayúdame a olvidar, Edward! —Aprovechando la ventaja de su posición, rodeó a Edward con sus brazos y se lanzó a besar su boca. Era un beso ansioso, húmedo, necesitado. Tiró de su agarré acercando más el cuerpo de Edward hacia ella, haciendo que ambos quedaran recostados sobre el sofá, uno encima de otro. Su lengua exploraba la boca de él a la vez que sus manos desabrochaban la camisa y lo acariciaban sin dejar un palmo de piel sin ser tocado.
—Bella…, Bella, cielo, —Intentó separarse él—. No creo que sea buena idea.
—¡Lo es! —Insistió ella a la vez que acariciaba el miembro de él por encima de los vaqueros, —¡Por favor!, ¡Por favor!
Edward no pudo ceder ante la súplica necesitada de ella. La agarró entre sus brazos y entre besos y caricias se dirigió hacia el dormitorio, la depositó suavemente en la cama y comenzaron a quitarse la ropa y a iniciar una lucha para ver quién volvía loco de placer antes al otro.
Bella recorrió el cuerpo de él depositando besos y pequeños mordiscos que le hicieron perder la razón. Sus manos, lo acariciaron de manera ardiente hasta que se apoderaron de su miembro iniciando un tortuosos sube y baja acompañado por su boca haciendo que el éxtasis estallara en él.
Edward, sin quedarse atrás, se apoderó de sus senos intercalando caricias y besos húmedos. Sus dedos se perdieron en su interior, matándola con un suave bombeo y torturando su clítoris haciendo que alcanzara su orgasmo de manera inminente.
Rendidos tras la lucha, Edward se colocó encima de ella y comenzó a penetrarla suavemente. De repente, ella apresando su cintura con las piernas, hizo que él entrara de golpe clavándose en ella.
—Shhh, despacio, pequeña. —La acarició suavemente a la vez que empezaba a moverse en su interior.
—¡Te necesito!, ¡Necesito esto!, —Dijo acercando su pelvis a él—. Ahora mismo eres lo único real en mi vida, la única parte sincera, mi presente y futuro.
Las palabras de ella despertaron un escozor en el interior de Edward, pues sabía que eso no era del todo cierto.
—¿Por qué dices eso, Bella? —Le preguntó intrigado y temeroso de su respuesta.
—¡Ahora no, Edward!, —Susurró ella mientras besaba sus labios y se frotaba contra él—. ¡Ámame y olvidemos el resto del mundo!
Dejando las palabras en el olvido, sus cuerpos salieron al encuentro del placer, chocando sus caderas, acariciando sus cuerpos, jadeando, buscando sus miradas, hasta que juntos se dejaron ir.
Saciados de placer, ambos estaban abrazados en la cama. Sus respiraciones se habían calmados. De lado, sus cuerpos encajaban a la perfección. El brazo de Edward rodeaba su cintura depositando sus manos agarradas sobre su vientre. La nariz de él despertaba cosquillas en su nuca con cada exhalación.
—¿Vas a decirme que ha pasado? —Preguntó Edward apretando más su agarre—. ¿Por qué estabas así cuando llegué?.
—¿Es necesario? —Bella se volteó al tiempo que con su dedo acariciaba la mandíbula de él— ¿De verdad quieres romper este momento?
—¿Si necesito saber que te estaba provocando tanto dolor? Quiero saber todo lo que te pasa, Bella, todo aquello que te hace bien y mal, pero sobre todo me gustaría saber que te ha alterado tanto como para querer irte de aquí. Si no quieres contármelo, respetaré tu silencio.
Bella sabía que él tenía razón. Clavando su mirada en sus ojos verdes y sacando fuerzas de su corazón herido habló.
—Descubrí unas fotos en el despacho de Charlie.
—¿Unas fotos...? —Preguntó confundido.
—Unas fotos de él con mi madre, Edward. Charlie me ha estado engañando durante todo este tiempo. Charlie... es mi padre. —Sólo en ese momento, allí, rodeada por los brazos de Edward, Bella fue consciente de la verdad que había descubierto horas antes. Tenía un padre. Charlie, el hombre que desde un principio la había acogido como a una hija, lo hizo porque de verdad ella lo era. Era su hija.
Y las emociones continúan. Ya sabemos como ha reaccionado Bella al descubrir la identidad de Charlie, ¿Qué pasará cuando descubra la verdad acerca de Edward y Tania?
¿Confesará Edward su secreto después de lo ocurrido?
Muchas gracias a todos por los favs, follows y por los reviews. Siempre es un placer leer vuestras opiniones a través de los comentarios.
Estoy deseando saber que os ha parecido el capítulo.
Espero que os haya gustado el capítulo.
Nos seguimos leyendo
