Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer

Gracias a Isa por corregir este capítulo (si ven errores es porque le metí mano)

Música de este capítulo :

I Can't believe Im losing you-Frank Sinatra

You're so right (for what's wrong in my life)-Frank Sinatra

All my tomorrows-Frank Sinatra

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21-FI

Noche de Halloween

—Esto no me gusta, no es buena idea, Marie —dice Edward caminando ansiosamente detrás de la puerta del baño de Marie.

—¡Estoy bien! Además quiero ir, necesito la distracción y Rose ha querido verme en este estúpido y ridículo disfraz por días, no quiero decepcionarla —ella grita detrás de la puerta que está semi abierta.

—Éste no es el momento en que estés pensando en darle gusto a nadie, debes pensar en ti y tu... —Edward se detiene al ver salir a Marie del baño.

—¿Qué? —ella pregunta extrañada mientras se pone el último arete en la oreja izquierda.

—¿Ése es tu disfraz? —él pregunta en voz grave y ciertamente atónito.

Marie ve su disfraz, que realmente no es disfraz; es un lindo vestido un poco del lado tétrico pero supone que encaja bien con el día.

—¿Sí? —ella lo dice insegura, pensando que a Edward no le gusta—. ¿Crees que es muy dramático? Le dije a Rose...

—No, no, no, es... es... —dice Edward levantando su mano apuntando al encaje de su cintura—, bonito —dice tragando saliva—. Más que bonito..., es... ¿Es eso transparente o tiene tela debajo? —él pregunta preocupado acercándose a ella.

Marie sonríe y deja que él inspeccione el vestido.

—Gracias a Dios —dice Edward aliviado en voz baja cuando nota que es tela.

—¿Crees que usaría algo tan atrevido? —ella pregunta riéndose ligeramente. Edward la voltea a ver serio y no contesta—. Claro que no usaría algo así, de hecho casi no lo hago, pero Rose suele ser muy persuasiva —ella dice caminado hasta el otro lado del cuarto para ir por sus zapatos.

—Bueno, me alegra que lo usaras, te ves exquisita —él dice nerviosamente; no tiene idea por qué se siente como si tuviera quince años.

—¿Eso crees? —ella pregunta volteándolo a ver y portando una enorme sonrisa.

—Oh sí —él dice estupefacto.

X*-*-*X

La casa de los McCarthy-Hale siempre ha sido extravagante, pero ahora, a media luz de las velas, gente disfrazada y decoraciones de temporada, se siente como entrar en una vieja mansión lúgubre. El ambiente hace que se le enchine la piel a Marie.

Al entrar, ve aproximarse a su amiga y vecina que está disfrazada de algún personaje griego, porque trae una túnica.

—Miren quién llegó. Te dije que ese vestido sería genial... Espera, ¿dónde está el sombrero de viuda negra que te di? —dice Rose inspeccionando el traje de Marie.

—Está en casa, creo que era demasiado, Rose, aun para este día —comenta Marie aún intimidada por el ambiente tétrico del lugar.

—¿Eres una viuda negra? —pregunta Edward gratamente sorprendido.

—Sí, idea de Rose —comenta Marie con una sonrisa.

Rose ni siquiera se siente avergonzada y encoge los hombros.

—Velo como una advertencia —dice Rose apuntando a Edward.

Al parecer Rose tampoco es partidaria de Edward y esa forma poco sutil de mostrarlo deja a Edward levantando su ceja en indignación.

—¿Y qué personaje griego eres, Rose? —pregunta Edward con un tono de voz burlón.

—¿Griego? Pensé que era romano. No sé, Edward, se ve sexy y es lo que importa. Además, ¿qué no todos en Europa por esa época se vestían igual? —ella pregunta confundida.

Marie y Edward se voltean a ver sin saber si ella está hablando en broma.

—En fin. ¿Y tú qué se supone que eres, Edward? No entiendo tu disfraz —dice Rose moviendo su mano hacia a la vestimenta de Edward, el cual trae un traje negro, un sombrero alto, una capa y un bastón.

—Dr. Jekyll —él contesta sonriente, orgulloso de no verse muy ridículo y además de tener un disfraz anacrónicamente apropiado, sin decir que el personaje es un doctor igual que él, doctor loco ...pero doctor.

—Vaya, qué romántico, ustedes dos son asesinos seriales —dice Rose con sarcasmo.

—Me gusta la decoración, pero admito que me da escalofríos. Muy atinado, Rose —comenta Marie inspeccionando las decoraciones en rojo, telarañas en el candelabro y la media luz de las velas que están macabramente derretidas en las esquinas.

—Vengan, les presentaré a unos amigos y pondré alcohol en sus manos para que a las 12 am estén debidamente sueltos, lo van a necesitar —dice Rose caminado.

Rose es seguida por Marie del brazo de Edward, hasta que están frente al bar.

—¿Sueltos para qué? —pregunta Edward seriamente.

—Para la sesión espiritista —ella responde lacónicamente, poniendo una copa de algún tipo de licor negro en la mano de cada uno.

Marie sonríe y Edward frunce sus cejas acercando sus labios al oído de su esposa.

—¿Sabías de esta... sesión espiritista? —pregunta Edward con molestia y Marie sólo encoge los hombros—. ¿Crees que es una buena idea someterte a este tipo de circo después de lo que pasó esta madrugada? —pregunta esta vez Edward volteándola a ver.

Su esposa muerde su labio inferior y, dudosa, mira hacia donde están las demás personas; ella misma no sabe si es buena idea, pero tiene curiosidad, y ésa siempre ha sido su debilidad.

—Estoy bien, Edward. Además es inofensivo, y tengo curiosidad, ¿no tienes curiosidad de ver algo así? —pregunta ella inocentemente.

Su esposo bufa en incredulidad.

—No, claro que no. En primer lugar no creo en esas patrañas de trucos y luces. Y segundo, esto sólo provoca histeria masiva. Cuando menos lo sepas todos van a asegurar que han visto u oído cosas. Pero todo está aquí —dice Edward apuntando a su frente—, lo digo como experto —termina de decir con una sonrisa.

—Sí, supongo, pero vamos, ¿no tienes nada de curiosidad? ¿Ni un poquito? —ella pregunta con una sonrisilla.

Edward la mira detenidamente y termina por sonreír en resignación, luego suspira y la toma del brazo.

—Tal vez un poco. Vamos, hay que socializar.

En la siguiente hora, la pareja se mueve por la fiesta siendo presentados a diversos amigos de Rose y Emmett; el cual está vestido al estilo griego-romano al igual que Rose. Edward se siente un poco fuera de lugar, pero Marie se ha relajado y eso, a sus ojos, ya es ganancia.

La música que suena no es el tipo que le guste a Edward, pero de pronto Frank Sinatra está en el ambiente y el impulso de tomar a Marie y bailar es más fuerte a medida que la ve a unos metros de ella. Camina hacia donde está su esposa hablando con Rose y la toca de la cintura. Marie, sorprendida, voltea y toca su corazón por el susto que le ha dado su esposo.

—Lamento haberte asustado —él dice con una sonrisa.

—No, es sólo que este día y la decoración lugubre no ayuda mucho —ella comenta nerviosa y a la vez emocionada por el contacto de Edward.

—¿Bailas conmigo? —él pregunta un poco nervioso.

Marie sabe cómo le gusta bailar a Edward con Frank Sinatra; lo hizo el día de su compromiso, y el solo recuerdo la hace sonrojarse.

—Claro —ella responde y luego toma su mano.

Ambos se ponen en la sala de baile empezando a bailar en tono quedo y en ritmo suave. Él pone las manos en la diminuta cintura de Marie, sintiendo el encaje que lo ha vuelto loco toda la noche. Ella rodea sus manos en su cuello acercándose a él.

—Rose te ha secuestrado de mi lado toda la noche—dice Edward con una sonrisa torcida. Marie sonríe y asiente.

—Quiere que conozca a todos y quieren que todos me conozcan, ¿qué fascinación le ha dado porque sepan quién soy?

—Tal vez quiere presumir que al fin le cae bien a alguien —Edward dice bromeando, para recibir como respuesta a su comentario un golpecito juguetón de su esposa.

—No seas así. Rose es una gran amiga y... hace tanto que no tenía una amiga —dice Marie tratando de no sonar melancólica por Alice. Sabe que, extrañamente, nadie podrá reemplazar lo que tenía con ella.

—Lo siento, eso fue insensible de mi parte. Me alegro que tengas a Rose y te haga compañía, más estos días... —Edward interrumpe su oración y luego sonríe—. No estés triste, voy a cuidar de ti, te lo prometo. —Edward toca su cara, al ver como ella se ve notablemente asustada, y luego besa su frente.

—Amo esta canción —ella dice recargando su cabeza en el pecho de Edward para ocultar el temor en sus ojos.

—¿Sabes? Mi padre solía poner a Sinatra en esos días de ocio cuando era pequeño y mi madre le rogaba porque la sacara a bailar; mi padre odiaba bailar. Cuando mi padre al fin accedía, mi Madre lo tenía bailando hasta que se terminase el disco —Edward dice riéndose—. Lo que nunca entendí es por qué si no le gustaba bailar, siempre la ponía, sabiendo que mi madre no lo dejaría en paz hasta que bailara con ella —él se pregunta distraídamente.

—A lo mejor lo hacía porque quería ver a tu madre feliz, sabiendo que eso la animaría y él pudiera..., por un momento dejar de pensar en su odio por el baile y darle eso..., esos minutos de felicidad —dice Marie suspirando.

Edward la mueve y levanta la cara de su esposa.

—Creo que tienes razón —él dice tocando su mejilla con su pulgar—. Creo que..., en el fondo, lo hacía por eso. Tú deberías ser la psiquiatra, siempre ves cosas que fallo en ver, especialmente con mis padres —él dice sonriente.

Al fin, Marie sonríe y sacude su cabeza.

—No es eso, es sólo que a veces... me trato de poner en el lugar del otro, y creo que me gusta ver lo bueno de la gente, pero no significa que tenga razón.

—Creo que eres increíblemente empática y... sensible —él dice seriamente—. Es raro ver a alguien así, a veces no puedo entender cómo eres tan... comprensiva. Menos conmigo, que Dios sabe soy un horrible esposo —Edward dice sacudiendo su cabeza.

—Pero estás aprendiendo, Edward. Nadie dice que tienes que ser perfecto. Además no voy a ir a ningún lado; puedo esperar a que aprendas de tus errores, puedo ofrecerte mi comprensión porque eres mi esposo, no hay nada que no hiciera por ti.

Las palabras de Marie asustan a Edward en más de una manera, pero también lo hacen sentirse reivindicado. Marie lo ha perdonado tantas veces, tantas... y siempre termina fallándole de una forma u otra. No tiene idea si su misericordia sea tan grande y fuerte si algún día le dice la verdad. Y ahora, cuando ella habla de perdón y de no irse, desea decirle la verdad, más que nada. Sin embargo, tiene miedo de perder esto, de perder el derecho a tocarla y ver sus ojos de adoración; es adicto a esos ojos que lo miran sin juzgar y le dan una extraña sensación de libertad para ser él mismo.

Y es ella la que lo enferma y la que lo cura de soledad. Es ella la que le da esa percepción de sentirse seguro, de tener algo tuyo y no querer dejarlo. Ella lo ofrece y no sabe lo que ofrece; no tiene idea que él es un ladrón furtivo que la está despojando de todo poco a poco. Incluso ahora, Edward quiere tomar y tomar. Quiere engullir esa culpa y olvidarla. Es tal la desesperación voraz de poseer esta lánguida alma frente a él, que no se da cuenta que el abismo de la desesperación los consume a ambos.

Edward sabe que el corazón es un arma, es una navaja afilada de doble filo que no tiene clemencia ante la duda. Es la decisión la que lo tortura, pero no es una decisión consciente, nunca lo fue. Marie es todo lo que quiere tener y se niega a tomar, es la mujer que está en este mundo para calibrar su alma ajustando los engranes de su corazón. No hay nada, poco o mucho que pueda hacer ahora, más que someterse a las delicadas manos de esta mujer y a esos labios que son el único refugio que le queda.

La mano que no toca su mejilla está temblorosa, su corazón late rápidamente al mismo tiempo que sus ojos se enfocan en besarla, sólo besarla ligeramente. Mientras se acerca a sus labios puede sentir como su nariz es invadida por el perfume de Marie, ése que secretamente ha estado buscando en cada rincón de su casa. Sus labios se parten y se mojan expectantes a un tacto suave. Roza sus labios con los de Marie; es apenas un toque tentativo, hasta que por primera vez, él toma la iniciativa de continuar el beso cuando, con su lengua, toca el labio superior de Marie. Puede sentir la delicada lengua de Marie tocando sus labios, eso lo incendia, lo perturba de que lo único que se le venga a la mente fue cuando ella tuvo su verga entre esos mismos dulces, rosados y poco inocentes labios. La imagen permite que él avance y dé la fuerza al beso mordiendo el labio inferior de Marie. Al oírla gemir apenas perceptiblemente, se le olvida que están frente a decenas de personas y que la música es ruidosa. Su mano sube al cuello de su esposa y la jala para tener más acceso a su boca. Marie cede; es tan dócil y suave a sus manos. Hay un carraspeo que suena como un ruido blanco, ignorable y lejano.

Su otra mano la jala de la cintura hacia él y sube hasta tocar su espalda desnuda que él toca delicadamente con sus dedos. Marie no ha movido sus manos de su cuello, pero ahora mete sus dedos entre el cabello de Edward, el cual gime como respuesta.

—¡Oh, aquí estás Marie! —dice Rose, ignorando el hecho de que ha estado parada frente a la pareja por unos buenos diez segundos.

—¿Rose?—dice Marie separándose de su esposo apenas un poco.

—Marie, tengo que presentarte a esta chica, es mi modista y quiero que te conozca para... —Rose se detiene al ver que Marie se ve propiamente besada y Edward le está lanzando miradas poco amables—. Mmmm, sí, puedes besarla en tu casa todo lo que quieras, pero ahora es mía. ¡Bye bye, Edward! —dice Rose tomando la mano de Marie.

Marie sonríe a su esposo y éste la jala dándole un último beso antes de que Rosalie-secuestra-esposas-Hale se la lleve. Edward odia a Rosalie Hale.

Poco antes de las doce, Jasper hace su aparición ganando audiencia y atentos espectadores a su carismática presencia, incluyendo a su esposa. Edward lo saluda con un movimiento de la cabeza, mientras ve que su empleado se dirige conversacionalmente a Marie, que está a unos metros de él. Edward está sentado en el bar mirando la escena y se sorprende ver a Marie reír y bromear con Jasper. Pero tan pronto como sucede, Jasper se disculpa y camina hacia él.

—Déjame adivinar, ¿Jack el destripador? No..., te falta sangre —Jasper dice poniendo su mano en su mentón—. ¿Drácula? Eres lo suficientemente pálido —dice Jasper sentándose a un lado de Edward.

—Doctor Jekyll —contesta Edward aburrido tomando de su extraño licor negro.

—Oh claro..., apropiado —musita Jasper con una ceja levantada—¿No vas adivinar quién soy?—pregunta Jasper emocionado, como niño.

Edward lo mira de arriba a abajo y luego suspira.

—Dorian Grey—dice Edward apáticamente.

—¡¿Cómo lo supiste?!—dice Jasper decepcionado.

—No lo sé... pareces Dorian Grey pero...rubio—dice Edward con una sonrisa.

—Bueno, creo que el arte imita la realidad—dice Jasper arreglando su pañuelo desinteresadamente.

—Definitivamente—contesta Edward viendo a Marie a lo lejos.

A veces es doctor Jeckyll con ella y a veces es doctor Hyde y como el personaje, a veces no lo puede controlar.

—Un escarabajo por favor.— dice Jasper haciéndole un gesto al cantinero.

—Así que así se llama este extraño brebaje —dice Edward viéndolo detenidamente y con curiosidad.

—Es sólo vodka con suero de regaliz negro y jarabe de mandarina, creación de Rose. Lo ofrece cada Halloween, aunque admito que su "Hemorragia" me gusta más; es como un Bloddy Mary pero mucho, mucho más dulce.

—Quiero uno de esos —dice Edward rápidamente al cantinero.

—¿Cuántos escarabajos llevas? —pregunta Jasper preocupado.

—Pff, dos, o tres —dice Edward jugando con su vaso vacío mientras ve a su esposa al otro lado del salón.

Al menos tiene que agradecer que Rose la distraiga, y tiene que admitir que Marie tenía razón, esto es mejor que quedarse en casa. El único problema es que Rose ha capturado a su esposa toda la noche.

—Eso es extraño —comenta Jasper tomando de su escarabajo.

—¿Qué cosa? —pregunta distraído sin voltearlo a ver.

—Tú, mirando a tu esposa, como si fuera tu esposa, tú sabes..., la mujer que amas y juraste adorar por toda la eternidad hasta el fin de los tiempos...

Edward voltea ante el comentario de Jasper.

—¿A qué te refieres? —él pregunta un poco defensivo y curioso.

—Bueno, todos los eventos sociales que he compartido contigo y tu esposa, tú estás regularmente mirando a otros... lares.

—No sé de qué hablas —dice Edward fingiendo desinterés y bebiendo de su "hemorragia".

—Oh, ¿ahora niegas que no estabas comiéndote con los ojos a Katherine Price? Porque aquí, entre nos, la única que no se dio cuenta de eso fue Marie. Te aseguro que el esposo de Katherine Price estaba muy enterado de tus miradas indebidas.

Edward voltea molesto y le lanza una mirada a Jasper.

—Te pago para investigar a F.S., no para ser mi maldita consciencia o me des sermones moralistas —dice Edward en voz dura.

Jasper ríe, pero es sarcásticamente.

—Y yo aquí pensaba que éramos amigos, mi error —dice Jasper levantándose del asiento.

Edward exhala y lo detiene poniendo su mano en su brazo.

—Lo siento, es sólo que ese... tema es algo delicado para mí —dice Edward en voz baja tratando de sonar arrepentido por sus palabras.

—Delicado es poco al parecer. Y tengo que preguntarte esto, Edward, ¿estás teniendo un affair con Katherine Price? —pregunta Jasper sin rodeos.

—¡Maldita sea, Jasper! ¡Baja la voz! —dice Edward en susurro.

—Así que tienes un romance con esa mujer, engañas a tu esposa... —Jasper es interrumpido por Edward.

—No, ¿está bien? No tengo ningún tipo de romance o relación con ella, Kate es mi... ex —Edward dice bajando la cabeza.

—Ajá. —Es todo lo que comenta Jasper.

—Okay, tal vez no tenga un romance con ella, pero se lo propuse —dice Edward sin saber por qué demonios le confiesa eso a Jasper.

—Wow, sí que eres estúpido —dice Jasper más para sí mismo.

—Jasper, te estoy diciendo esto porque espero que sepas mantenerlo en secreto y porque pensé que no me ibas a juzgar... —empieza a decir Edward exasperado.

—¡Hey! Yo nunca dije que no te iba a juzgar, pero tampoco pienso darte más sermones. Sólo que estoy sorprendido, porque no entiendo, simplemente no lo hago —dice Jasper un poco molesto, no lo puede ocultar.

—¿Qué no entiendes? —pregunta Edward confundido.

—Lo que no entiendo y me gustaría que me explicaras, es ¿por qué quieres tener un romance con Katherine pretenciosa-esposa-trofeo-Price teniendo a Marie como esposa? —pregunta Jasper duramente.

Edward se queda callado por unos segundos y toma de su trago para encontrar las palabras.

—No es tan sencillo como piensas y Kate no es pretenciosa—dice Edward en murmullo.

—No, supongo que no y yo soy un sinvergüenza con bajos estándares morales—comenta Jasper bufando en incredulidad.

—Kate me dejó por Garrett justo cuando le propuse matrimonio, rompió mi corazón en mil pedazos y pensé que estos seis años lo había superado, pero al parecer no.—dice Edward cortante y rápidamente, luego suspira— Cuando la vi ese día en el club de golf... No sé, Jasper, no sé cómo explicarlo, pero tenía que tratar de recuperarla —dice Edward tristemente.

—Pero no lo hiciste... —infiere Jasper.

—No. Kate me ha dicho claramente lo enamorada que está de Garrett —dice Edward con desprecio—, y que jamás lo va a dejar.

—¿Y qué hubiera pasado con Marie? ¿Hubieras pedido el divorcio? ¿Hubieras mantenido tu relación en secreto? —pregunta Jasper curioso.

Edward sacude la cabeza y decide contarle todo sobre su terrible decisión de casarse con Marie; la codicia, su padre, las mentiras, el amor no correspondido y terminando con el chantaje de Charles para que él no se divorcie.

—Estás jodido —dice Jasper un poco sorprendido—, al menos, claro, que contra chantajees a Charles Swan. Creo que ahora todo tiene sentido. Sin embargo debes admitir que la única inocente aquí es Marie. Si te divorcias de ella... ¿sabes lo que le pasará legalmente? —pregunta Jasper preocupado.

Edward lo mira incrédulo, ¿legalmente? Eso nunca había pasado por su mente, pero no cree que sea tan grave.

—Edward, por como me lo estás contando, su padre prácticamente se deshizo de ella al permitirle casarse contigo y está además el antecedente de la madre de Marie. ¿Qué crees que será lo primero que hará Charles Swan con Marie cuando te divorcies? —pregunta Jasper levantando su ceja.

—Mierda —dice Edward perplejo—, la va a encerrar de por vida... Oh mierda —dice Edward buscando a Marie entre la multitud, y cuando la encuentra su mirada se ancla a ella.

—Exacto, así que te advierto que si vas a chantajear a Charles, no sólo le pidas un deslinde de divorcio, sino que además firme el alta mental de su hija.

—Pero Marie no puede ser dada de alta —Edward dice en voz baja.

—Entonces estás en un grave problema mi amigo —dice Jasper volteando a ver a Marie a lo lejos.

Ambos hombres ven al sujeto en cuestión reírse y abrazar a Rose. Nadie podría notar su oscuro secreto, nadie sabe que detrás de esos hermosos e inocentes ojos cafés hay algo que está roto y es irreparable.

X*-*-*X

Las campanadas suenan tenebrosamente, y contrario al ambiente, la gente se ve contenta ante la atmósfera artificial de miedo. Mientras la gente se congrega en la mesa principal, que sólo porta un mantel fino y velas, Edward busca a su esposa.

Marie está con otra joven mujer y parecen entablar una amena conversación.

—Oh Edward, te estuve buscando. Ésta es Jane. Jane, éste es mi esposo Edward —dice Marie viendo a su esposo sonreír forzadamente.

Jane y Edward intercambian saludos.

—Rose dice que la sesión espiritista está por comenzar, pensé que querías estar en ella —él dice más como pregunta la última parte.

—Gracias —ella sonríe y luego se dirige a Jane—. ¿Vas a ir también? —pregunta Marie.

—¡Oh no! Le tengo terror a esas cosas, prefiero pasar el resto de la velada aquí con el resto, ese tipo de cosas no es lo mío —dice Jane.

—Bueno, yo no, más bien es curiosidad. Espero verte más tarde —dice Marie levantándose del asiento y despidiéndose de Jane.

Este tipo de cosas es lo que la hacen sentirse normales, en Chicago jamás hubiera podido conocer a tanta gente en un mismo día. Desde la última fiesta de caridad, cuando tuvo un episodio, nunca se atrevió a estar en un lugar así y sentirse tan suelta. Aun en aquel entonces podía sentir sus alucinaciones rondar, pero ahora es como si no existieran. Marie se siente ligera y quiere olvidar que esta madrugada tuvo un desagradable encuentro con Aro. Además, Edward se ha portado tan bien y es tan atento... No quiere hacerse muchas esperanzas, pero al parecer éste ha sido un buen día.

Edward y Marie entran al salón donde está la mesa ya preparada. Todos están tomados y sentados, susurrando entre ellos. Edward se sienta en la silla tercera del lado derecho y Marie queda en la silla segunda. Rose se sienta a un lado de Marie y Emmett en frente de Rose. Los demás invitados rodean el resto del lugar y extrañamente Jasper no se encuentra entre los curiosos invitados que desean presenciar una sesión.

—Luces —dice Rose al mayordomo y pronto su deseo se hace realidad cuando una tenue luz de vela es todo lo que cubre el salón.

En el fondo, una mujer sale de un cuarto. Es mayor, tal vez unos 60 o 65 años, trae un vestido de encaje azul y púrpura que adorna con joyas llamativas sobre su cuello y brazos. Con cada paso que da, sus accesorios hacen ruidos metálicos que te hacen pensar como si un cascabel estuviera en su cuello. Marie trata de notar si en verdad trae uno, pero no lo puede comprobar por la falta de luz.

Cuando la mujer está a punto de sentarse, voltea directamente con Marie; la mira detenidamente por lo que pudieran ser minutos, pero seguro fueron segundos.

—¿Alguien aquí cree en Dios? Levante la mano —pregunta la mujer en una voz grave y con un extraño acento.

Toda la audiencia, inclusive Edward, Rose y Emmett, levantan la mano.

—Bien, eso facilita las cosas. Ahora tómense de la mano —dice la mujer—, y por ningún motivo se suelten de sus compañeros o la sesión no será propiamente terminada —comenta la mujer misteriosamente.

Edward aprieta la mano de Marie y ésta le responde con una sonrisa nerviosa. Él se acerca a su oído.

—¿Estás bien?

—Sí —ella contesta en voz baja.

La mujer cierra los ojos y empieza a hacer ruidos extraños con su garganta, es un zumbido que reverbera por toda la mesa. Todos por igual se miran unos a otros y luego a la mujer, preguntándose qué está haciendo.

—Siento una presencia, dime tú nombre —pregunta la mujer con los ojos cerrados.

La mesa empieza a moverse extrañamente y todos se exaltan, menos Edward, que voltea los ojos poco impresionado.

—Dime entidad, ¿quién eres? ¿Qué haces aquí? —pregunta la mujer.

En respuesta las ventanas se mueven ligeramente y las luces se prenden y se apagan.

La gente empieza a hablar y asustarse.

—¡Callen! —grita la mujer con fuerza—. Dime tu nombre, espíritu, ¿quién eres?

Más movimiento.

—Pff, son trucos —dice Edward un poco en voz alta.

Marie lo mira abriendo sus ojos tratando de que controle sus comentarios. Edward se resigna y exhala en aburrimiento.

—Dime tu nombre, entidad —dice la mujer.

Aro.

Marie puede escucharlo tan claro como puede verlo al fondo del salón y entonces grita en horror.

—¡Marie! —grita Edward asustado.

—No se suelten las manos —advierte la mujer, y afortunadamente todos le hacen caso.

—Edward, Edward..., algo no está bien —ella dice con pánico.

La mujer la mira entrecerrando los ojos y luego sigue la mirada de Marie. La mujer se pone blanca como papel cuando ve la esquina del salón.

—Esta sesión ha sido terminada. No eres bienvenido a este mundo, a esta casa, espíritu, comando a que te vayas —dice la mujer apresuradamente.

Hay cierto alivio en todos cuando la mujer pronuncia esas palabras, y más rápido de lo que piensa, todos ya están en el otro salón, excepto Marie, Edward, Rose, Emmett y la mujer.

—¿Estás bien? Estás pálida, ¿necesitas agua? —pregunta Rose preocupada.

—No se ve nada bien, puedo llamar a un doctor —dice Emmett, y luego recuerda a Edward.

—Yo soy doctor, Emmett. Marie va estar bien, sólo necesita descanso.

—Claro, perdón, pero ¿seguro que está bien? Se ve un poco... rara —dice Emmett preocupado al ver a Marie con ojos abiertos y mirada perdida.

—Está bien, sólo debo llevarla a casa a dormir. Le dije que no era buena idea venir —dice Edward enojado.

—¿Por qué? ¿Qué pasó, Edward? —pregunta Rose asustada.

—No es nada de que te preocupes, Rose. Marie no ha dormido bien, sufre de insomnio y pesadillas, pero le daré algo para que duerma y estará bien —dice Edward tratando de sonar convincente. Lo que quiere más que nada es llevarse a su esposa de aquí y ponerla en cama.

La mujer ha visto la escena y no se ha movido de la silla ni un momento, y no es hasta que Rose y Emmett salen del salón que se acerca a Marie.

—¿Cómo estás, chiquilla? —pregunta la mujer con una voz más tersa de la que usó en la sesión.

—Está bien, es sólo... —empieza a decir Edward, cansado de repetir lo mismo.

—A mí no me vengas con eso, tu esposa está lejos de estar bien. Esta mujer está siendo acosada y su don atrae cosas...

—¿Su don? —Edward dice extrañado y enojado.

—Su don, su poder, llámale como quieras —dice la mujer tocando la cara de Marie que aún sigue en shock—. Nena, nena mírame —dice la mujer en voz dulce.

Marie responde ligeramente y la mira, pero aún se puede ver la confusión en sus ojos.

—No tienes idea de nada, ¿verdad? —la mujer pregunta—. Nadie te ha dicho o te ha explicado lo que eres.

Marie aprieta la mano de Edward, pero no responde verbalmente. Una lágrima cae a su mejilla.

—Mi esposa no está bien, señora...

—Madame Yankov, Irina Yankov —dice la mujer.

—Madame... Yankov, mi esposa sufre un severo trastorno mental... —Edward es recibido con una carcajada.

—Tu esposa no está loca —dice la mujer a Edward con incredulidad—. ¿Eso crees que pasa aquí, nena? —pregunta Madame Yankov a Marie, la cual parece responder:

—Lo vi... lo vi... Al hombre del sombrero; su nombre es Aro y quiere que muera en la piscina —dice Marie con voz temblorosa y llanto en sus ojos.

La mujer toca su cara para calmarla, pero Edward se lo impide.

—No, no va a meterle ideas a mi esposa. Ella está gravemente enferma, necesita su medicina y dormir..., necesita descansar y... —él empieza a decir desesperadamente mientras levanta a Marie de la silla—. Vamos, Marie, voy a llevarte a casa —dice Edward suavemente a su esposa.

Marie asiente, pero no deja de mirar a Madame Yankov

—Ven a verme cuando estés lista, e ¿Isabella? —dice Madame Yankov haciendo que Marie le ponga atención—. Yo también lo vi.


Ahí está, al poco entendedor, pocas palabras ;)

Saludos,

Eve