Kareshi Kanojo no Jijô
'LATER'
EP.21: La revelación (II). Sorpresas.
-Yukino. No te tomes a mal lo que te vamos a decir, pero…- empezó Tsubaki Sakura-, creemos que has sido verdaderamente idiota.
La pelirroja la miró con duda y extrañeza. Sabía de sobras lo que había hecho mal. ¿Pero acaso ellas también sabían? Sin contar a Tsubaki, que estaba enterada desde un principio.
-Por tu cara diría que no estás muy segura de lo que hablamos¿me equivoco?- irrumpió Aya.
-Me puedo imaginar a qué os referís. ¿Pero cómo lo sabéis?- se dirigió a la psicóloga-. ¿Acaso, tú…?
-Lo siento por decírselo sin tu permiso, Yukino- la interrumpió-, pero es que ya se estaban preocupando demasiado por la situación. Vinieron ha hablar conmigo y no pude negarles nada. Era demasiado evidente.
La profesora dio un suspiro y se restregó los ojos con las manos en señal de consternación.
-Se que es duro de explicar Yuki- volvió a decir la escritora-, pero creo que ya es hora de que expliques todo.
-Desde la razón por la cual os separasteis, hasta lo que pasó esta semana.
Yukino miró por unos momentos a la morena, mientras ésta, Tsubaki, la observaba con algo de culpabilidad.
-Lo siento. Pero ya no pude callar más- confesó-. Entiende mi posición. Si yo hubiera hablado antes, tal vez todo esto no habría pasado. Lo tuve que decir cuando hablaron de que Sôichirô se iba. Comprendes como me sentía ¿no? La culpabilidad me estaba consumiendo.
-Tú no hiciste nada. No tenías porqué sentirte culpable.
-¡Tal vez no hice nada, pero tampoco lo expliqué cuando sabía que debía de haberlo hecho hace años!
El silencio reinó por unos momentos en la sala. Ninguna de las cuatro mujeres que había se atrevía a romperlo. La tensión que también reinaba en el ambiente podía cortarse con una cuchilla desafilada. No sabían que decir y prefirieron mantener el misterioso silencio aprovechándolo para buscar palabras adecuadas.
-Creo- habló por fin Aya- que deberías empezar explicándonos, con ayuda de Tsubaki, claro, que es lo que pasó. Qué os empujó a Sôichirô y a ti a dejar vuestra relación después de cuatro años.
No obtuvo respuesta de ninguna de las presentes. Tan solo se oyó otro suspiro, esta vez también de arrepentimiento, por parte de la pelirroja, quien al poco comenzó ha hablar.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
-"Maldigo mi mala memoria"
La niña pelirroja caminaba por las diferentes calles de su barrio con un solo objetivo en su cabeza: llegar a casa de su padre. Y lo antes posible. Pero eso se le hacía una tarea demasiado difícil porque… no sabía donde se encontraba ella. Después de salir de casa con decisión se había puesto a pensar sobre lo que había escuchado allí de la misma voz de su madre. ¿Cómo podía haber hecho eso? Ella en ningún momento había interferido en esos asuntos porque pensaba que su madre acabaría confesando tarde o temprano –más tarde que temprano-, pero se había equivocado. Debió intervenir desde un principio… ¡Y había tenido una decena de oportunidades! Sin embargo… no lo hizo para no molestarla. Y ahora, que por fin había tenido la gran oportunidad otorgada de primera mano por su abuela, la había desperdiciado tan 'maravillosamente' bien.
No podía continuar así. ¡Tenía que hacer algo ya si quería recuperar a sus padres!
Y también estaba… ese problema. Se acordaba muy bien del camino que había hecho con Sôichirô el día que se chocaron, pero… ¡no se acordaba de dónde se habían encontrado! Eso era lo único que odiaba de ese barrio: el lío de calles que tenía y que la mayoría de las casas eran iguales hacía que se confundiera fácilmente. Lo único que recordaba era que había un buzón en medio de la calle, pero… podía haberlo en cualquiera y confundirse… tenía que prestar más atención al paisaje que le pasaba por delante.
Continuó caminando durante diez minutos más, sin resultados. Había perdido la esperanza de encontrar la calle correcta cuando se cruzó con una mujer que, al parecer, venía de hacer la compra. Decidió probar suerte y preguntar.
-Disculpe- empezó tímidamente para llamar la atención de la mujer.
-¿Sí?- ella se había parado enfrente y la miraba con interés-. ¿Querías algo, guapa?- le preguntó amablemente mientras se ponía a la altura de la niña.
-Es que… ¿usted no sabrá de algún buzón por aquí?- la miró nerviosamente-. Uno de color amarillo que parece viejo y es un poco más alto que yo.
-Un buzón…- la mujer rubia pareció pensarlo un momento mientras fruncía el ceño-. Mmm… creo que… pero no estoy segura- parecía hablar consigo misma mientras pensaba.
-Si no lo recuerda… no pasa nada- la interrumpió la niña, al ver que la chica no lo tenía muy claro-. De verdad… ya lo encontraré.
-No, espera… creo que…, sí… mira. Si sigues esta calle- le señaló la calle perpendicular a la que estaban-, al final te encontrarás con un pequeño puesto de comida ambulante. Justo la calle de la derecha, si recuerdo bien, tiene que ser la que tiene el buzón que buscas.
-¡Gracias!- le dijo Sue, contenta.
-Hace tiempo que no pasaba por aquí, pero creo que es por ahí. Si no, pregúntale al vendedor de la tiendecita. Seguro que él te puede indicar mejor.
-Vale- contestó la niña empezando a caminar y saludando a la mujer-. ¡Gracias de nuevo!
-¡De nada, preciosa!- le chilló viendo como la niña corría-. Que chiquilla mas linda- sonrió-. Espero que la mía lo sea también- añadió tocándose el vientre abultado.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
La casa se encontraba totalmente en silencio. La tensión y el nerviosismo eran palpables al tacto. En ella, tres mujeres se mantenían, evidentemente, en silencio mirando a una cuarta que aguantaba los sollozos.
-Esto sobrepasa mi imaginación- habló por fon Aya.
-No es nada del otro mundo. Todos sabíamos los problemas que tenían durante ese tiempo.
Volvieron a quedarse completamente en silencio. Ninguna de las presentes se atrevía a hablar. Tsubaki era la única que, aunque se mantenía callada, tenía demasiadas cosas que decir acerca de todo lo explicado hacía tan solo unos momentos. Básicamente quería, por decirlo de algún modo, reñir a Yukino; aunque lo hubiera pasado tan mal durante el tiempo que estuvo en Kyoto, eso no era excusa para haberse callado. Sôichirô también lo había pasado realmente fatal.
El timbre de la casa se oyó, rompiendo el silencio monótono. Ninguna se movió por un momento.
-Voy yo- se ofreció finalmente, la morena.
Fue hasta la puerta con una ligera idea de quién podía ser. Al abrir se confirmaron sus sospechas.
-Hola Tsubaki- saludó una Tsubasa un tanto cohibida, desde la entrada.
-Hola- contesto-. Te esperábamos hace un rato. Pasa- finalizó haciéndose a un lado.
En el salón aún seguían en silencio, cada una meditando y sacando sus propias conclusiones, hasta que la voz de la rubia las sacó a todas de sus cavilaciones.
-¡Yukino!- fue lo que dijo nada más entrar a la sala.
Lo siguiente que se vio fue a una mata de cabello rubio lanzándose encima de la profesora.
-¡Tsubasa!- se sorprendió mientras correspondía su abrazo-. No sabía que vendrías. Pero mírate…- la separó un poco para observarla mejor-. ¡Estás guapísima! No has cambiado nada. Para ti no pasan los años¿eh?
Las dos sonrieron y volvieron ha abrazarse bajo la atenta mirada de las otras chicas, las cuales sonreían ante la escena.
-¡Aya, Rika!- volvió a enfatizar-. Perdón, no os había visto.
-Tranquila Tsu- la disculpó Rika-. ¿Cuánto hacía que no nos veíamos?
-Eh… pues… unos ¿seis¿Siete meses?- pensó en voz alta haciendo una mueca infantil-. ¡Qué más da! Me alegro de verte- finalizó abrazando también a la psicóloga.
-Pero dime Tsubasa¿cómo has estado?- preguntó Aya-. Me dijiste que habías estado enferma el mes pasado.
-¿Enferma?- se sorprendió Tsubaki-. ¿Por qué no me habías dicho nada?
-Ah… bueno, es que…- empezó con nerviosismo-, no hace mucho que empecé a encontrarme mal; la comida no me sentaba bien, me mareaba de vez en cuando e incluso llegué a desmayarme.
-¿Mareos y desmayos?- repitió Yukino con sospecha-. Eso es síntoma de…- cayo en la cuenta repentinamente y la miró con sorpresa-. ¡Un momento! No estarás…- viendo el asentimiento de la rubia una sonrisa se cruzó en su cara y volvió ha abrazarla-. ¡Aaaah¡¡Cuánto me alegro¡¡¡Felicidades!
-Gracias Yuki- esbozó una sonrisa.
-Un momento¿qué me he perdido? No entiendo nada- irrumpió Tsubaki.
-Yo tampoco- corroboró la psicóloga.
-Chicas- les dijo Aya-¿no os habéis dado cuenta? De Tsubaki me lo espero, pero… ¿tú, Rika? Parece mentira.
-¿Qué quieres decir?- preguntó mientras la rubia y la pelirroja empezaban a reírse.
-Pues mira¿no os habéis fijado? Rika, tú llevas más tiempo sin verla. ¿No le notas nada diferente?- preguntó la escritora, tan observadora como de costumbre.
-Mmm- la aludida la analizó por unos momentos-. Ahora que lo dices… no te lo tomes a mal Tsu, pero… ¿has engordado?
Tsubaki al oír eso observó mas detenidamente a su pequeña amiga. Sí… ahora que se fijaba, sí que era cierto. Se la veía… un poco más ancha de cintura y caderas.
Miró a la rubia a los ojos buscando respuestas a lo que ella solo sonrió para después contestar.
-Estoy embarazada.
La reacción de la psicóloga y la entrenadora fue sorpresiva: Rika fue directa a abrazar a la futura madre mientras que Tsubaki se había quedado completamente muda. En realidad, no se lo esperaba.
Después de ser abrazada por la castaña, Tsubasa miró a su mejor amiga, quien tenía la cabeza desviada, evitando verla directamente a los ojos. Se acercó a ella y la cogió de las manos.
-¿Por qué no me lo dijiste?- preguntó amargamente.
-No quería preocuparte. A parte de que ya tienes suficiente con lo que aguantas.
-¿A que te refieres?- volvió a preguntar, nerviosa.
-Te casas en menos de un mes. Ya tienes suficiente en mente con eso. A parte- miró de nuevo a la profesora, de espaldas a ella-, hace tiempo me di cuenta de que sabes todo lo de Yukino.
Las dos aludidas se sobresaltaron y la encararon mientras ella tan solo sonreía.
-¿A que no os lo esperabais?- preguntó-. La siempre despistada Tsubasa sabe percatarse de cosas. Siempre me hago la despistada, pero sé mas cosas de las que vosotros os imagináis. Lo único es… que me hago la loca, desinteresada, como si todo me diera igual
-Siempre pensé que algo sí que fingías- interrumpió Rika-. Era demasiado evidente como para que no te dieras cuenta.
-¡Si es que os poníais ha hablar delante de mis narices!- espetó-. Pero bueno. Creo que nos estamos yendo por las ramas. ¿Para qué me habéis hecho venir? Porque dudo muchísimo que se una simple visita de cortesía. Cuando he llegado teníais todas, cara de funeral. Decirme… ¿qué ocurre?
Las caras que se habían ausentado durante aquel breve lapso de tiempo, volvieron al instante a la faz de las chicas.
-Tsubasa, Sôichirô se marcha- Aya fue directamente al quid de la cuestión.
-¿Qué!- la noticia la había pillado completamente por sorpresa.
-Chicas, mejor será explicarlo desde el principio- dijo finalmente Yukino.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
No muy lejos de allí, Sôichirô terminaba de preparar su maleta para irse al día siguiente a primera hora. Debía de dejar todo listo y el piso preparado para el tiempo que iba a estar fuera que, por lo que él mismo calculaba, lo indefinido acabaría definiéndose en mucho. Después de prepararlo todo se sentó en el sofá a pensar. Se le hacía raro volver a donde un día estuvo viviendo su dura infancia y adolescencia. Su padre, muy gustoso, le había cedido su casa para que la usara como quisiera y el no había dudado en aceptar. Pero, aunque estuviera allí con sus padres, no podría evitar que la mente se le llenara de recuerdos, los momentos vividos allí con su, para entonces, novia, fueron muchos y muy intensos.
Se frotó los ojos intentando evocar esos recuerdos. No. No debía pensar en nada, en nada que le llevara a recordar. Era demasiado doloroso todo como para soportarlo por mucho tiempo más. Se levantó del sofá, transcurridos unos minutos en los que solo se oía el 'tic-tac' del reloj, y fue a la cocina con la intención de despejar su mente, tal vez con un café o una cerveza. Se decantó por lo último. Al menos no pensaría. Se concentró en la simple tarea de sacar la botella de la nevera, coger el abridor… cuando se disponía a utilizarlo con la chapa del botellín, se vio interrumpido por le timbre. Miró hacia la puerta un momento y recordó que Rika le había prometido acudir para despedirse. Sí. Debía ser ella. Fue al recibidor con tranquilidad y abrió la puerta confiado, sin tan siquiera comprobar sus sospechas por la mirilla.
-Te esperaba mas tarde Ri…
No acabó la frase, ya que en el lugar en que debería haber estado la psicóloga se encontraba una niña de pelo largo y pelirrojo, con ojos gris azulado y de mejillas sonrosadas. Daba la impresión de que acababa de correr mucho. Pudo identificarla como la hija de la persona que más quería ignorar en ese momento.
Genial. Simplemente genial. No bastaba con querer olvidar a alguien para que algo te lo recordara aún más. En ese caso Sue. Pero ella solo era una niña que no tenía culpa de nada, era un alma inocente y la más afectada en cierto modo. Una víctima más.
-Ho-hola- su voz temblaba y parecía muy preocupada por algo, a pesar de su corta edad.
Sôichirô salió de su asombro y se colocó a su altura para encararla mejor.
-Hola- le devolvió el saludo con una sonrisa-. ¿Qué te trae por aquí? La última vez te perdiste y acabaste chocando conmigo. ¿Qué te has perdido?
-¡N-no!- se exaltó-. No es nada de eso. Eh…
-¿Entonces?- le preguntó algo intrigado.
-Esto… ¿puedo pasar?- pidió temerosa.
-Claro- el moreno se levantó y se hizo a un lado para dejar pasar a la pequeña, la cual entró tímidamente.
Fueron al salón y se sentaron en el sofá, uno enfrente del otro. Sôichirô la miraba expectante. ¿A qué había ido? Se la notaba realmente nerviosa y agitada, muy poco normal para alguien de siente años. ¿Qué le ocurriría?
-¿Quieres algo para tomar?- le ofreció.
-¿Eh? No, no. Gracias.
-Bueno pues entonces dime¿en qué puedo ayudarte?
La niña pareció pensárselo dos veces, pero al final se levantó, rodeó la mesa que separaba los dos sillones y se puso justo enfrente de él, mirándole directamente a los ojos y poniendo nervioso al profesor.
-Eh…- empezó, o al menos lo intentó.
-Dime.
-Es que…- parecía que no le salían las palabras-. Tengo que decirte algo que tendrías que saber.
-Mmm- el chico la miró unos momentos-. ¿Y qué es?
-Pues…- volvió a callar, buscando las palabras adecuadas.
-A ver. Tranquila, que estás muy alterada. Respira hondo un poco y luego sigues.
La niña le hizo caso y respiró unas cuantas veces que al rato parecieron funcionar porqué se la vio más tranquila. Después de un breve lapso volvió ha hablar.
-Bueno pues… lo que quería decirte es que… mi madre te está mintiendo.
El profesor se sorprendió al principio, pero luego sonrió tristemente.
-Ya me he enterado de todo. Me lo dijo esta semana. Así que no te preocupes por eso que no molestaré más a tu madre.
-No es eso- le interrumpió-. Te ha mentido sobre mi padre.
-Sí, ya se que es Seishi.
-¡No¡Él no!- dijo bruscamente.
-Pero si es tu padre…
-No lo es- murmuró dejando de mirarle. Sôichirô no entendió o creyó no entender lo dicho por la niña.
-¿Qué dices?
Sue le miró a los ojos fijamente mientras lágrimas amenazaban por salir de sus ojitos ya humedecidos. Decidió ser más clara al hablar.
-Seishi Hato no es mi padre- afirmó con firmeza-. Mi madre lo usó como tapadera.
Hubo un momento de silencio mientras ellos no desviaban la mirada el uno del otro, dando pie a seguir con la confesión.
-Mi único y verdadero padre… eres tú.
El silencio volvió a reinar en la casa en la que tan solo se oía, de nuevo, el monótono 'tic-tac'. Sôichirô mantuvo sus ojos fijos en la niña. Esa que le acababa de decir que era su hija. ¿Cómo era eso posible? Debía de tratarse de un sueño o una broma de muy mal gusto. Sonrió y la miró con ternura mientras le puso una mano en la cabeza, acariciándola con cariño.
-Sue- empezó-. Se que te gustaría que yo fuera tu padre. Ya me lo habías dicho antes. Pero no es a mí a quien le corresponde esa responsabilidad. A Seishi se le ve muy buen chico y…
-No me crees ¿verdad?- interrumpió con un susurro amargo.
-Me gustaría creerte, pero se que eso no es cierto.
-Si que es cierto- contradijo-. Y tengo pruebas. Te demostraré que tengo razón.
Sôichirô vio la decisión reflejada en los bellos ojos de la niña y decidió dejar que hablara.
Sue se separó de el y fue hasta donde hacía poco estaba sentada. Ahí había dejado un pequeño cuaderno al entrar, lo cogió y se lo mostró al entrenador, que se estaba empezando a asustar.
-Esto te tiene que servir- dijo alcanzándole el cuaderno para que lo cogiera-. Aquí esta todo escrito por ella- hubo un silencio-. Léelo, por favor.
Sôichirô volvió a mirarla con intriga, pero dirigió su interés a la libreta. Abrió la portada y se encontró con algo escrito: "Yukino Miyazawa. Diario 1998". Sin duda laguna era su letra.
-¡Pero esto es su diario!- se alteró-. ¡Es privado¡¡No puedo hurgar en él!
-¡Tan solo léelo!- gritó de manera desesperada la niña.
Finalmente le hizo caso y empezó a leer desde el principio. Pero volvió a ser interrumpido.
-A partir de noviembre, por favor.
La miró de nuevo y resopló. Su instinto le decía que hiciera caso, así que fue pasando páginas hasta encontrar una. "5 de noviembre". Decidió, finalmente, empezar por ahí. Leyó sin mucho interés aparente, bajo la atenta mirada de Sue, que se había sentado de nuevo en su sitio y apretaba sus manos en el regazo sacando a relucir su evidente nerviosismo.
Una exclamación de sorpresa salió de la boca del entrenador momentos después, mientras se llevaba una mano hacia ella. Terminó de leer el trozo que fuera que estuviera leyendo y miró con lágrimas en sus ojos a su, ahora lo sabía, hija.
Continuará…
Inoportunas notas de la autora: ¡Nihao!
¿Qué tal estáis? Yo sobreviviendo, pero bueno. Aquí me tenéis de nuevo después de… cuanto ¿dos¿Tres semanas? No creo ni que llegue al mes entero.
En fin… os daréis cuenta de que me estoy poniendo las pilas ¿no? Quiero acabar este fic cuanto antes para dedicarme al otro a medias y a mis nuevas maquinaciones… jijijiji (para mas información consultar con la autora vía mail. Gracias). En fin. Vamos a lo que vamos.
¿A que os gusta el capítulo¿A que si? Si es que lo sabía. Es uno de los que más me ha costado escribir por no decir el que más hasta ahora, pero el capítulo 22 –que ya he empezado a redactar y va sobre ruedas XD- me costará mucho más.
¿Os habéis sorprendido? Espero que sí. Y también espero recibir noticias de todo aquél que me lee, porque últimamente ya no me escribe sus opiniones casi nadie –mis amigas no cuentan que ya me lo dicen de palabra XD-
Bueno. Quiero decir que este capítulo va dedicado a Magda (¿era así no? UUU) que últimamente está muy agobiada y espero que le haya gustado mi dedicatoria. Y también a… ¡Mi Sikuti del alma¡Gracias por enviarme los caps por mail¡No se que haría sin ti!
Bueno… sin más dilación… mmm… ¿Queréis un pequeño adelanto del 22? No se ni para que pregunto… seguramente si… o no… quien sabe, pero que lo lea quien quiera¿ok¡¡Y que conste que son trocitos salteados! Para que no se desvele nada. Aquí va:
"Querido diario:
Hace algunos días que no escribo, pero es que, a parte de no tener mucho tiempo con la universidad, he tenido problemas con Sôichirô. No entiendo qué le pasa. Está muy raro desde hace algunos días. Hoy he intentado hablar con él pero se ha negado rotundamente. (…) ¡Pero yo quiero ayudarlo! (…)."
"(…) Sôichirô está aún más frío y distante que nunca. (…) no me llama y cuando yo lo hago no contesta a mis llamadas. (…). He intentado hablar con él de nuevo infinidad de veces en estos cinco días sin ningún resultado, aunque he conseguido que me evite e incluso que me eche de su casa. (…)… no se que sería de mí."
"(…) pero ha venido Sôichirô más tarde y cuando ha visto a Tonami se ha puesto hecho una furia. (…). Hace un año nunca hubiera pensado que acabaríamos tan mal. (…) he sido una de las que ha salido más malparada. (…). Quiero olvidarlo, quiero olvidarlo. ¡Quiero olvidarlo¿Por qué me ha hecho esto? (…)… no parecía él, era otra persona… ¡Ese no era el Sôichirô que yo conocía! Todo es una pesadilla. Esto no está pasando…"
…………
-¿Cómo has podido hacerme esto¿Por qué te has comportado así¡¡No lo entiendo!
-¡Ella no tiene la culpa!- el chico salió en su defensa-. Tu no sabes lo mal que lo ha pasado.
-Pues yo no lo habré pasado tan mal durante los años… ¡Pero lo estoy pasando ahora¡¡Todo de golpe!
Hubo otro silencio. Todos miraban expectantes a los dos chicos esperando su siguiente movimiento.
-Por favor Seishi… no te metas- le suplicó la pelirroja llamando la atención de todos y haciendo que el aludido se hiciera un lado para que pudiera encarar a su ex-novio.
-No me esperaba eso de ti Yukino. Te has comportado de una manera muy rastrera. Se que yo no soy el mejor ejemplo, pero yo he ido cambiando con los años. Parece que para ti siempre es lo mismo- se agachó dejando estupefacta a la profesora, que había empezado a llorar, y se dirigió a la niña que en ese momento quedaba enfrente suyo-. Te prometo que nos veremos pronto. Pero compórtate y… de todas maneras, ayuda a tu madre en todo.
La pequeña asintió y abrazó a su padre fuertemente mientras él se lo devolvía. Lagrimas habían empezado a salir de los ojos de Sue y Sôichirô hacía lo imposible por no llorar.
…………
Bueno… creo que hasta aquí… ¡Que sino no querréis leer el siguiente porque lo contaré todo aquí! XD en fin… nada más.
Preguntas, comentarios, algún dato, maldiciones, un Syaoran a ser posible o si no un Drew Fuller… XDD bueno… reviews o mails!
Nada más por esta vez. ¡Nos veremos pronto!
. : Hikari
Katsuragi : .
Miembro de la Orden Siriusiana (¡Aah¡Por fin¡Siempre quise decirlo!)
