Gracias por leer.
GreenEyesSpn: Muchas gracias por tu comentario y por seguir esta rara historia. Todo se sigue enrareciendo, creo que yo me tiraré a las vías del tren xD jajajajajaa. Espero que este capítulo te aclare las cosas un poco y te agrade. Sí, Dean necesita vacaciones dentro de su apretada agenda.
Dedicado a GreenEyesSpn, por seguir esta enredada historia, mil gracias.
Ya saben, Supernatural no es mío.
Ahora o Nunca.
Mary y John ven a su hijo marcharse con Jessica, ellos miran alrededor al darse cuenta que están solos, quisieran tener una cita romántica, subir a la rueda de la fortuna, compartir algodón de azúcar e intercambiar arrumacos, sin embargo tienen que trabajar. Avanzan por la feria, observan todo, buscan a su objetivo, entonces lo ven. Les sorprende ver a Dean solo, observa un juego mecánico al saludar a alguien arriba.
Los Winchester intercambian una mirada, Mary saca una cerbatana, dispara al cuello de Dean, ellos corren al saber que es ahora o nunca. Se ponen al lado de Dean, lo cargan entre ambos al sacarlo de ahí.
Sam ve a Jessica, ella le sonríe al confiarle que no sabe por qué fue, de pronto le pareció una idea genial. Ella ve su reloj, se disculpa con Sam al marcharse, porque ella y Dona acordaron ir a cenar. Se despiden, entonces Sam ve a su padre acercarse con premura, al verlo sabe que algo malo pasa:
— ¿Qué sucede? — John dice sin dar explicaciones:
— Debemos irnos Sam. —
Sam lo sigue sin dejar de preguntar sobre por qué, qué hicieron, qué está mal. John recuerda lo preguntón que siempre fue Sam. Llegan a La Impala, Mary ya está ahí, Dean está atado y sedado en el asiento de atrás. Sam grita:
— ¿QUÉ HICIERON? — John dice al meterse en el asiento del conductor:
— ¿Quieres hablar con él sí o no? — Sam reconoce a regañadientes:
— Sí. —
Se mete dentro del auto que sale a toda velocidad de ahí. Se dirigen a unas bodegas abandonadas que vieron de camino ahí. Se estacionan frente, lo suficientemente cerca, pero de modo que auto no sea fácilmente visible. Bajan a Dean, lo cargan entre Sam y John al llevarlo dentro. Mary toma una silla vieja que está tirada, la coloca en medio del basto espacio, ponen a Dean ahí al esposarlo de manos y tobillos.
Sam toma aceite santo del porta equipaje de La Impala, hace un círculo alrededor de la silla. Dean dice cuando todos ya están ahí:
— No creerán que será así de fácil. —
John ya ha probado que no es un monstruo, sólo falta tirarle agua bendita, cosa que hace. Dean sonríe al decir:
— Siempre tan cuidadoso. — John dice de manera implacable:
— Todo apunta a que eres un impostor. ¿Cómo es que Dean Winchester murió dos horas después de nacer? — Dean se sorprende, los mira al preguntar:
— ¿Quién les dijo eso? — Sam acusa:
— Luciel. — Dean manda:
— Luciel, Castiel, Gabriel, Baltazar y Anna salgan de inmediato. —
Los nombrados salen de sus escondites. Luciel de atrás de una caja, Gabriel sale de atrás de un pilar, Baltazar baja las escaleras, Anna sale de su escondite de atrás de una pared. Dean los mira al decir:
— Expliquen uno por uno. — Los Winchester no pueden evitar sorprenderse, porque no supieron cuando llegaron. Castiel dice:
— Te vine siguiendo. — Baltazar señala a Castiel:
— Vine tras Castiel. — Gabriel dice con una paleta en la boca:
— Vine siguiendo a este par. — Anna dice con una sonrisa:
— Vine a verte. — Dean mira fijamente a Luciel. Luciel balbucea:
— Yo… pues… Es lo que vi. — Dean acusa:
— Mentiste al respecto. — Luciel se defiende:
— No, es lo que vi. — Dean dice frunciendo el ceño:
— ¡Así no pasó!, lo que pasó fue… — Se detiene, sonríe al asegurar. — Lo hiciste al propósito, viste a un homónimo de algún otro año, así no sería mentira. Quieres acorralarme para que lo diga, pero eso no pasará. — Mira a los ángeles. — Todos fuera, menos Luciel. —
Luciel abre la boca, pero todos los demás se han marchado. Dean le dice:
— Hablaremos de esto después. Te has ganado un castigo, el de Karate Kid. — Luciel se queja:
— No… otra cosa. — Dean le da una mirada, guarda silencio. El mayor dice:
— Será ese. Todos los autos, el camión también, es mejor que inicies ya amigo. —
Luciel abre la boca para decir algo, pero Dean le da otra mirada, sale arrastrando los pies al quejarse en voz baja. Dean pregunta:
— Lucy, ¿de qué año era?
— ¿Qué? — Dean sonríe, esa media sonrisa petulante:
— ¿Qué año era el registro que viste en los libros de la muerte? — Luciel responde:
— Mil seiscientos ochenta y tres. — Dean dice:
— Bien, apresúrate que hablaremos después de estos jueguitos mentales. —
Luciel asiente al seguir su camino igual de cabizbajo, sale de la bodega, entonces Mary acusa:
— Tú nos dejaste raptarte. — Dean no lo niega:
— Así fue. — Sam pregunta:
— ¿Por qué? — Dean responde:
— Siempre hay alguien alrededor, el teléfono suena, es del trabajo, alguna cacería, uno de mis amigos. — Sam se disculpa:
— Esto no tiene que ser así, podemos hablar sin que estés encadenado. — Dean dice con suavidad:
— Siempre has sido bueno Sam, eres una buena persona, amable y dulce, ingenuo. Siempre he estado orgulloso de ti y siempre he querido que seas feliz. —
Sam ve a Dean, siente las lágrimas rodar por sus mejillas, John pregunta:
— ¿Quién lo hizo? — Dean mira a otro lado al negar a responder. — Dean. — El aludido responde:
— Deben irse, no hay más tiempo para charlar. — John tira una cerilla encendida al aro el cual se enciende de inmediato. — Como sea, deben irse. — Sam cuestiona:
— ¿Por qué? — Dean dice:
— Max ya está aquí. — Sam cuestiona:
— ¿Quién es Max? —
Una joven hermosa entra, su cabello negro luce alborotado, está vestida de negro, las lágrimas ruedan por sus mejillas al decir:
— Eres real… ¡MALDICIÓN ERES REAL! — Dean responde petulante:
— Te lo dije. — Ella niega:
— Ellos dijeron que no, que eras una alucinación colectiva. —
Mary y John le apuntan a la recién llegada. Ella los ignora al inicio, pero después reaparece tras ellos, va a romperles el cuello. Dean le toma las muñecas al decirle:
— Debemos irnos. — Ella asiente al voltearse, le pellizca el rostro antes de abrazarlo al llorar. — ¿Cómo están ellos?
— Estamos muriendo, todos. Debes volver, sólo tú tienes la cura dentro de ti. — Dean le dice:
— Encontraremos la forma. — Él la suelta al decirle. — Vamos. — Ella niega:
— Ellos ya están aquí. — Dean asiente, saca una jeringa, le dice a Max:
— Necesito una muestra de sangre. — Ella descubre su brazo al asentir. Dean toma la muestra, mientras Sam cuestiona:
— ¿Quién ya está aquí?, ¿qué significa esto? — Max le dice:
— Somos producto de un proyecto secreto. Fuimos genéticamente diseñados, sin embargo todos mostramos fallas. — Dean dice:
— Alex. — Alex sale de atrás de una puerta, toma la jeringa que Dean le lanza. — Mantén a salvo a los Winchester. — Alex comenta:
— Cuídate que aún me debes una carrera. —
Dean asiente antes de encaminarse fuera, Max lo sigue, ambos camina con paso largo y firme. Las puertas se abren de golpe, entra la luz de un reflector, después se ven las siluetas de hombres armados. Ellos levantan las manos, dejan que los esposen y se los lleven. Sam intenta ir, detenerlos, pero Alex le corta el paso al decir:
— Así debe ser. — Sam cuestiona:
— ¿Por qué? —
Escuchan la conmoción alejarse, Alex responde:
— Es el camino que eligió. — John cuestiona:
— ¿Qué quieres decir? —
Alex se quita el casco, deja ver sus ojos teñir sus iris de rojo, muestra sus colmillos al decir:
— Yo no conozco a Dean Winchester, pero si a Miguel. — Mary cuestiona:
— ¿Por qué debería creerte vampiro? — Alex dice con humor:
— Podemos hablar de mí toda la noche o hablar de Miguel. Es ahora o nunca. — Sam pide:
— Háblanos de Miguel. — Alex dice:
— Hablemos en un lugar más confortable. —
Alex se encamina fuera, los Winchester lo siguen a regañadientes, afuera los espera una limusina negra. El chofer abre la puerta de inmediato, Alex se mete al coche, el chofer espera a que los Winchester suban. La puerta se cierra. El auto no tarda en entrar movimiento. Sam cuestiona:
— ¿Qué tienes que decir? — Alex cuenta:
— Al inicio sólo eran Dios, Miguel y Luzbel… — Lo piensa. — Yo aún no existía, así que no estoy seguro de muchas cosas. Antes de eso, Dios creó un alma, juntos navegaron por la oscuridad, hasta que Dios creó la luz y a Luzbel. Aquella alma se quedó a cargo de Luzbel, le enseñó todo lo que sabía. Dios creó a los Leviatanes, pero ellos eran voraces, quisieron tomar todo para ellos, comer todo. Dios creó la Espada del Cielo, un ser sin alma, con un poder aterrador, el cuál sólo seguía ordenes, una herramienta. La Espada del Cielo desterró a los Leviatanes al purgatorio, pero destruyó casi toda la creación de Dios. Dios le encerró entonces. — John dice con impaciencia:
— Ve al grano. — Alex sonríe sin ocultar su dentadura blanca.
— Miguel siempre se culpó de la caída de Luzbel. Se le olvidó como ser un hermano para convertirse en un general temible. Un día él se quedó catatónico, encerrado dentro de si, mirando a la nada. Pocas ocasiones parecía lucido, pero jamás habló. Dios vino un día, se sentó a su lado, tomó su mano al hablarle sobre un niño muy especial, su nombre Sam Winchester. — Mary exclama:
— ¿Qué?, ¿por qué? — Alex dice con una calma aterradora:
— Porque él es inocente. Él no tiene la culpa del trato que hizo señora. Dios sabía cuán mal irían las cosas. — Sam pregunta:
— ¿Qué le dijo Dios a Miguel?, ¿qué tiene que ver con Dean?… — Alex responde:
— No escuché toda su plática. Dios le explicó a Miguel que todos o la gran mayoría de sus recuerdos angélicos serían tomados, sólo se le dejaría el poder necesario para proteger a Sam y su padre hasta que debiera renunciar a ello, sería humano en cuerpo y alma, podría caer en tentación, sufrir, amar y tendría las mismas debilidades y oportunidades que los otros humanos. Dios le explicó que dejaría en gran arcángel Miguel, para ser sólo Dean Winchester, debía aprender y formarse de nuevo. Miguel miró a Dios, entonces dijo: "sí." — John, Mary y Sam han quedado sin palabras por un momento. — Dios tomó el alma de Miguel, hizo que fuera como él dijo que sería, entonces me la confió a mí. Miré a lo que se quedaría en el lugar de Miguel, vi a ese ser despiadado, vil, que sólo sigue órdenes buscando hacer el mayor daño. Dios me ordenó marcharme, así lo hice, llevé aquella alma a la casa de los Winchester, la puse en el producto recién concebido dentro del vientre de Mary Winchester. — Sam indaga:
— Lo que dijo Luciel sobre la parca, que se llevó el alma de Dean cuando tenía dos horas de nacido. — Alex dice con una sonrisa llena de ternura:
— No se trataba de Dean Winchester. Luzbel en ocasiones hacia eso, dar datos inexactos, así Miguel lo corregía y terminaba diciendo todo. Esta ocasión no le funcionó, pues Dean no es exactamente el Miguel que todos recordamos. Dean siempre fue Dean, hermano y protector de Sam Winchester. — Sam cuestiona:
— ¿Por qué decidió esto?, ¿por qué no sigue siendo mi hermano? — Alex niega al decir:
— No lo sé, sólo él puede saberlo y Dios. — John pregunta:
— ¿Por qué nos dices esto? — Alex responde sin titubear:
— Quiero salvar a Miguel, para hacerlo debo salvar a Dean. Dean debe estar junto a Sam Winchester. — Mary pregunta:
— ¿Por qué?
— Porque a diferencia de Luzbel, Sam le brinda la fuerza que necesita, lo obliga a seguir a seguir luchando, sin importar lo muerto que esté en el interior, del sufrimiento, de la culpa, del dolor, de todo. Si Miguel y Luzbel siguen juntos, Miguel morirá, hablo de una muerte real. — Sam pregunta:
— ¿Va a matarlo con su espada? — Alex niega:
— Los ángeles no mueren tan fácil. Hablo de su alma, será destruida, desaparecerá de todo lugar, no estará en el cielo, el infierno, el purgatorio, la tierra o en cualquier lado. Prefiero que no se acuerde de quién soy, del cielo, de nada referente a nosotros, sólo sea Dean Winchester y siga vivo. Porque mientras Dean viva, aún tengo la esperanza que Miguel regresará. — John cuestiona:
— ¿Cómo muere un ángel? — Alex niega:
— No voy a decirlo, no es algo que los cazadores deban saber. — Mira a Sam. — Los ángeles tienden a desaparecer cuando han cumplido su misión. Dean y Luciel están a punto de terminar su misión aquí, no te queda mucho tiempo. —
El chofer abre la puerta. Los Winchester saben que la charla ha terminado. Bajan al verse frente a los dormitorios de Stanford. John le da una advertencia a Alex:
— Iré por ti. — Alex no responde la amenaza, sólo asiente antes de que la puerta se cierre.
La limosina se aleja, Gabriel aparece dentro, le pregunta a Alex:
— ¿Se trata de él? — Alex asiente:
— El Apocalipsis. —
Los Winchester entran a los dormitorios, necesitan descansar, poner sus ideas en orden, buscar una coherencia a esta situación.
