Capitulo 21 " la vida sin ti"
La cruda realidad lo golpeaba cada vez más fuerte, mientras más tiempo pasaba más se daba cuenta de que Aome estaba pérdida por culpa suya en una inconciencia de la que no lograba despertar. Lo sabía perfectamente pero no lo aceptaba ante nadie, no quería decirlo en voz alta por que eso significaría que era verdad.
Se levantó de la cama como usualmente lo hacía, se quedaba acostado aunque no pudiera dormir, solo lograba conciliar el sueño unas cuatro horas diarias, pero desde el accidente así había sido, solo veía el cuerpo de Aome, su sangre en sus manos, no, el sueño había pasado a ser simplemente una horrible necesidad en lugar del placer que era antes.
Eligió el primer traje que vio y se metió a bañar. Durante todo este tiempo había adoptado la costumbre de encender la televisión en cualquier canal solo para escuchar algo de ruido en el departamento. Desde hacía seis meses ningún otro habitante más que el había dormido ahí, no quería rentar ninguna habitación, no quería tener más compañía que no fuera Aome, además debían ser del agrado de Aome por que cuando volviera en si debería estar de acuerdo con los inquilinos.
Se dirigió a la cocina y se sirvió una taza de café y un pan tostado, el comer era también únicamente una necesidad que algunas veces no cubría como debería. Había bajado algunos kilos esos últimos meses, sin querer realmente. Su cuerpo había pasado de ser corpulento, con masa muscular para ser modelo a un cuerpo esbelto, delgado, como para ser jinete de caballos de carreras. Su salud estaba perfectamente , su familia por supuesto no pensaba lo mismo. Su padre o su hermano lo visitaban dos veces al mes, esas dos veces, su madre iba con ellos, se encargaban de ver algunos asuntos de la constructora y de hacerle algunos comentarios, claro que todo era por que creían que en cualquier momento tomaría la iniciativa de quedarse sin vida, pero no era así, tenía una deuda pendiente con Aome, no podía dejar este mundo así.
Sin darse cuenta dieron las siete y salió apurado del departamento. Hoy como martes tenía que llegar más temprano a la oficina para poder salir más temprano e ir a con Aome al hospital. No se perdonaba cuando no podía asistir.
Llegó como de costumbre a la oficina más temprano que todos, no estaba ni su secretaria ni nadie más. Entró tranquilo a su oficina y dejo los papeles en el escritorio. Vio entonces la foto de Aome encima. Estaba sonriendo, para el. Estaba casi seguro que esa sonrisa no la volvería a ver, por lo menos no dirigida a el, cuando Aome despertara, por que estaba convencido que lo haría, iba a irse de su lado, ¿y quien podía culparla? La había tratado como basura cuando lo único que ella quería era comprobar que el estaba con vida. Aún recordaba bien esa tarde, nunca en su vida tuvo más emociones que aquel día.
Justamente después del accidente, cuando Aome estaba ya en la ambulancia Kouga llegó, le preguntó que había pasado y el contestó como un autómata, enseguida recibió un excelente derechazo del chico y la verdad de lo que había sucedido. En esos momentos se sintió tan mal, tan poca cosa que si considero seriamente el buscar la salida más fácil. Incluso había pensado que si lo hacía discretamente nadie se daría cuenta debido a la fuerte conmoción por el accidente en metro que había, lo tomarían como una víctima más. Pero Kouga lo había hecho reaccionar, " ni se te ocurra escapar , tienes una deuda con ella" le había dicho, y el lo había aceptado.
Esa misma noche, ahí en la sala de espera del hospital había tomado la resolución de vivir para hacer feliz a Aome. No importaba si ella quería irse de su lado, el se lo permitiría, la dejaría rehacer su vida con alguien más, y le daría todo para que ella viviera bien, si quería la mejor universidad, el se la costearía, ¿una casa?, el podría dársela. Todo para que ella viviera feliz, para que pudiera cubrir esa deuda con ella.
Escuchó la puerta abrirse, era Suri, su secretaria que entraba con su té matutino. Lo vio y le sonrió, el solo asintió con la cabeza, hace tanto que no sonreía que ya no le resultaba familiar el hacerlo.
- hoy se le ve más cansado – le dijo Suri preocupada. Inuyasha agradecía la preocupación de sus empleados que al parecer desde lo del accidente se encargaban más de su salud como si se fuera a derrumbar en cualquier momento.
- no es nada, gracias Suri – dijo Inuyasha girando su silla para no verla.
- le recuerdo que su padre llegará en cualquier momento – le dijo y el solo asintió.
Su padre llegó media hora despues, ataviado con unos planos y su portafolio inseparable. Se sentó después de abrazar a Inuyasha calurosamente. Lo vio ceñudo y lo examino con la mirada.
- has bajado de peso desde la última vez?
- no, es el traje que me hace ver más delgado – dijo Inuyasha serio. Su padre por supuesto que no le creyó.
- ya veo, te traigo unos nuevos planos, espero los podamos revisar hoy – le dijo su padre sonriendo. Inuyasha vio los planos, eran muchos, se tardarían todo el día, lo mejor era dividir el trabajo en dos sesiones.
- podemos ver una parte hoy – dijo
- ¿ tienes otro compromiso?
- es martes – dijo Inuyasha como si eso respondiera todo pero después añadió. – tengo que ver a Aome, le prometí leerle el nuevo libro sobre arte contemporánea que salió.
- Inuyasha – dijo su padre en un tono cansado abandonando toda fachada de buen humor – deberías considerar seriamente lo que te propuso el doctor.
Si, recordaba bien esa propuesta de hace dos semanas. Había sido un jueves, leía al parecer una novela romántica cuando el doctor encargado de la salud de Aome había entrado. Traía el expediente de Aome en las manos y encontraba difícil el comenzar la plática. Desde ese instante Inuyasha se había dado cuenta de que algo no estaba bien. Le había propuesto el desconectar a Aome, le dijo que le convenía por su bolsillo, su estabilidad económica, claro que esto no le convenció, su estabilidad económica era su problema, quería a Aome en el mejor lugar de la ciudad. El tenía todos los derechos sobre ella al pagar la cuenta del hospital por lo que las decisiones familiares le tenían sin cuidado. No podía dejar morir a Aome.
- ya quedo zanjada esa cuestión – dijo tranquilamente – ya dije que no.
- pero hijo…
- padre, ¿tienes prisa por esos proyectos no es así? ¿Por qué no comenzamos de una buena vez?
El padre de Inuyasha se resignó a hacerle caso a su hijo, por lo menos ahora seguía con su vida normal. Cuando había sucedido lo del accidente Inuyasha era una persona desconocida para el y su familia, era un manojo de emociones a punto de estallar y la compañía había sido abandonada por su parte. Al parecer las necesidades económicas para mantener a Aome en el hospital le había hecho volver al trabajo y poco a poco a algunas actividades normales. Lo cierto era que no sabía que sucedería con su hijo cuando Aome muriera, tenía tanto miedo de esto que prefería no pensarlo aunque eso significara posponer el asunto.
Revisaron los planos hasta que dieron las cinco de la tarde, para ese entonces Inuyasha ya estaba un poco impaciente y malhumorado, su padre reconoció que quizás no era buen momento para seguir con la revisión y quedaron en seguir con el trabajo el día siguiente.
Sin demora alguna Inuyasha salió de la oficina con algo de trabajo pero mas tranquilo. Llevaba ya el libro que quería leer para Aome y unas cuantas cosas que ella necesitaba, según la enfermera Gaby, la encargada de Aome le hacía falta ya jabón, shampoo, y le llevaba un peine nuevo y una bata nueva, rosa esta vez.
Al llegar al hospital Inuyasha estacionó su auto en un lugar con sombra cerca de la puerta de entrada. Saludo a la recepcionista, su nombre era Haruhi y era buena persona, siempre amable, siempre dispuesta a informarle a las personas donde estaban sus familiares.
Había sido de mucha ayuda en sus primeras visitas, por que Aome era víctima de varios análisis por lo que la cambiaban constantemente de habitación. Era un caos por lo que siempre tenía que preguntar donde estaba Aome ese día. Para obtener información más fácil había dicho que era su prometido, nadie lo dudo después de sus constantes visitas, incluso la familia de Aome le había dicho que esperaban eso. Claro que cuando despertará Aome decidiría ella si quería seguir con eso de ser prometidos y casarse o no.
Llegó al tercer piso donde se encontraba Aome, en la sala de espera vio a la señora Higurashi, estaba sin duda saliendo de la habitación de su hija, Sota iba con ella. Al verlo la señora sonrió y Sota solo se le quedo viendo, serio.
- buenas tares señora – dijo Inuyasha. La madre de Aome le saludó de vuelta
- buen día Inuyasha – dijo la mujer. - ¿Cómo va todo?
- bien, vengo a ver a Aome – dijo el mostrando un libro – creo que le gustará.
- hablando de eso, creo que debemos hablar – dijo la mujer. Su aspecto era triste, desolado.
- ¿es acerca de la petición del doctor? – inquirió Inuyasha
- así es, yo creo que…
- no se desconectará – sentenció Inuyasha antes que la señora dijera algo más – seguiré pagando los gastos del hospital.
- Inuyasha…- no sabía si la señora estaba aliviada o enfadada pero Inuyasha no cambiaría de opinión.
- con su permiso.
Dejó a la madre de la chica en el pasillo y entró a la habitación de Aome. Estaba tan silenciosa como siempre, la luz del sol de la tarde entraba por las ventanas calentando el cuarto poco a poco. El sofá que usualmente usaba estaba cerca de la cama y Aome, tan linda como siempre, algo pálida, delgada y con una mirada en paz. Se acerco y se sentó junto a ella, le tomó de la mano y se la besó.
- traje un libro que te gustaría Aome – dijo abriendo el libro que traía en la mano. – te lo voy a leer.
Comenzó a leer, no se detenía trataba de que sus palabras fueran claras para que ella las entendiera desde donde estaba. Se aflojo la corbata poco a poco y vio a Aome con dulzura.
Detuvo la lectura, ya no quería leerle, quería estar con ella, viva, con ella hablando, abrazándole, ¿Por qué no despertaba? Se llevó la palma de mano a su frente y cerró los ojos.
" despierta Aome, regresa a mi" pensaba una y otra vez, como si fuera un rezo con el cual Aome podría despertar y amarla de nuevo.
Pero sabía que no era tan fácil, el había sido un estúpido, marcado por la desconfianza de un engaño anterior creyó que ella lo engañaba de nuevo, pero claro no vio la cara de preocupación, el sudor de su frente causado por la fiebre y el esfuerzo que había hecho, la acusó, la insultó y aún así ella lo siguió, y le llamó varias veces, el había estado tentado a voltear pero su orgullo se lo negó, y el destino lo había castigado quitándosela.
Pero no era justo, el castigado debió ser el, el atropellado debería ser el, esa cama, ese cuarto, todo debería ser de el, y no se arrepentiría de sus palabras si algún día las cosas se revertían, el lo aceptaría con gusto por que se lo merecía.
- Dios, castígame a mi pero regresa a Aome – dijo en voz alta.
- la vida no te alcanzará para remediar el mal que le hiciste – dijo una voz desde la puerta. Inuyasha sabía que era Sango.
Desde el accidente le había tomado rabia, saber que el la había rechazado y que por su culpa Aome estaba en la cama la había llevado a odiarlo, o al menos eso pensaba el pero no le respondería, ni siquiera peleaba con ella por que cada una de las acusaciones el se las reprochaba todos los días.
- me voy, entraré cuando hayas terminado – dijo Inuyasha levantándose.
- ¿Por qué sigues viniendo? ¿por culpa?
- Aome es importante para mi – dijo Inuyasha – es el amor de mi vida.
- pues …
- ahórrate tus reproches diarios, me los se de memoria.
Salió de la habitación y se dirigió a la cafetería del hospital, la comida era buena para ser de hospital y no había comido mucho.
Al entrar vio a Miroku tomando un café con aire pensativo. Se sentó frente a el y pidió algo de comer.
- vaya, pensé que te encontrarías con Aome- dijo su amigo sonriendo.
- estaba pero prefiero dejar a tu mujer sola con ella – dijo Inuyasha
- lamento la actitud de Sango de verdad – dijo Miroku apenado – he tratado de hablar con ella pero no entiende de razones.
- esta bien, la entiendo.
- por otro lado estoy preocupado por ti, estas más flaco que antes ¿comes bien?, no que pregunta, por supuesto que no lo haces, Inuyasha, amigo, deberías de seguir con tu vida, durante estos seis meses has estado como en pausa…
- es que nadie lo entiende Miroku, Aome es mi vida, si ella esta aquí entonces mi vida sigue aquí – dijo Inuyasha serio.
- Inuyasha… ¿Qué harás si Aome no despierta?
- no lo digas Miroku, ella lo hará – dijo con total convicción .
- espero que por tu bien así sea.
- bien, cambiando de tema ¿Cómo van las cosas con tu matrimonio?
- perfecto, el problema es que con el embarazo de Sango los gastos son fuertes, ya sabes, estoy considerando tomar otro trabajo.
- pero eso te quitaría el tiempo con ella
- si pero ¿Qué otra cosa puedo hacer?
- puedo…
- ni lo pienses – dijo Miroku – ya tengo suficiente con como te trata como para deberte dinero también, ya pensaré como salir de esta.
- como quieras.
La plática termino amigablemente, Inuyasha estaba seguro que Sango sería una madre excelente, no tenía dudas, quería la felicidad para sus amigos, si el no era feliz por lo menos sus familiares y amigos podrían serlo, el se encargaría de ello.
