Capítulo 21

Antes del final

No debería asumir cosas. Sé perfectamente que no debería. Especialmente no cuando se trata de ti porque tú jamás me has juzgado. Pero Tonks, ¿qué se supone que debo pensar cuando te veo abrazando a Lupin… cuando durante meses has estado ocultando a dónde vas y con quién, como si fuera de vida y muerte que nadie se enterara?

No creyó que se encontraría en esa situación. Pero bueno, tampoco había creído que ese nuevo profesor con el que había tropezado casi medio año atrás se convertiría en alguien tan importante para ella. No son la clase de cosas que se planean, ¿cierto?

Durante medio minuto se sintió atrapada en la pregunta de su amigo. ¿Todo a su alrededor había comenzado a moverse con demasiada prisa o el tiempo había decidido detenerse? Habría creído cualquiera de las dos opciones.

Pero entonces, medio minuto después, pensamientos más coherentes comenzaron a surgir. Reprodujo imaginariamente el momento del día anterior en que Lupin la había abrazado y entendió porque su amigo estaba parado frente a ella con el ceño fruncido y al menos una docena de interrogantes en su mirada. Y si a eso le agregaba lo misteriosa que se había comportado últimamente…

¿Qué se suponía que contestara? Estaba claro que Henry ya había llegado a sus propias conclusiones.

¿Y cómo se suponía que explicara lo que había visto? Podría decir que era el cumpleaños del profesor y que lo había felicitado. Podría fingir no saber de qué hablaba y negar cualquier afirmación futura del chico…

Podría inventar cualquier cosa.

Merlín, Merlín…

Tonks cerró los ojos y tomó un profundo respiro

Y entonces decidió decir la verdad. Abrió los ojos y con tranquilidad contestó a la pregunta de su amigo.

– Sólo fue un abrazo, Henry – se cogió ligeramente de hombros –. Sólo eso.

El muchacho negó suavemente con la cabeza.

– Lo que vi no fue sólo un abrazo, Tonks – él dijo –. Se abrazaban como si… como si no hubiera ningún otro sitio en el que quisieran estar en ese momento. Vi a dos personas que se quieren sosteniendo a la otra y me pregunto cuándo es que eso pasó. Pero sobre todo…. – el chico suspiró – sobre todo me preguntó cómo es que eso pasó. Puedes ver por qué me preocupo, ¿verdad?

Tonks se a alejó de Henry hasta el otro lado del pasillo para poder sentarse contra la dura pared de piedra. El chico se quedó en donde estaba, pero estaba girado hacia ella.

– Fue sólo un abrazo – ella repitió mientras cruzaba las piernas.

Henry gruño por lo bajo con irritación.

– Ojalá hubiera sido algo más, Henry, créeme – soltó Tonks con determinación. Lentamente, el chico volvió a dirigir su mirada hacía ella con una ligera sorpresa deslizándose sobre sus facciones – Porque si, tienes razón; no quería estar en otro sitio mientras lo abrazaba. Y esa es la verdad, pero eso no significa que el abrazo fuera algo más que sólo un abrazo – enfatizó.

Bajo la mirada y a partir de eso se extendió un largo silencio. Al cabo de un par de minutos, cuando se sintió más calmada, pensó en levantarse para ir a desayudar, pero entonces Henry dio los pasos que tenía que dar para llegar hasta ella y se sentó a su lado. Se puso lo suficiente cerca como para dar pequeños golpes en el zapato de la chica con su propio pie.

– Veo que hay muchas cosas que no sé – él murmuró con un tono quedo. La chica sólo asintió –. Parece… complicado.

– Porque lo es – admitió la chica –. Desearía que no lo fuera.

– Perdona por abordarte de esa forma, es sólo que…

– Estabas preocupado – ella terminó su oración. Más silencio, pero esta vez duró poco.

– Si es él, ¿verdad? A quien ves a altas horas de la noche, de quien no querías que supiéramos – él preguntó. Tonks sólo asintió.

– No es lo que parece – la chica susurró cuando vio a unos chicos saliendo de la sala común de Hufflepuff –. Pero sé cómo puede ser interpretado y no quería meter en problemas a Remus.

– Remus – Henry murmuró, como si la idea de llamarlo por su nombre fuera sorprendente –. Así que… ¿qué es exactamente lo que hacen tan tarde?

– Hablar. Hablamos mucho y pasamos el rato. A veces él califica trabajos y yo sólo estoy allí leyendo alguno de sus libros. Hacemos lo que haría cualquier pareja de amigos… pero las circunstancias quizá no son ideales. Esta toda esa diferencia de edad, y el hecho de que paso demasiado tiempo en su despacho y…

– Y que te gusta – dijo el muchacho, finalizando esta vez lo que ella decía. Tonks sonrió tristemente.

– Y que me gusta mucho – continuó ella –. Pero amigos es lo único que podemos ser… y lo odio.

Henry pasó su brazo por arriba de lo hombros de la chica y la acercó hacia él para envolverla en un abrazo.

– Si lo pienso bien, la verdad es que no me sorprende que te guste alguien que no te debería gustar. Es muy Tonks. – el chico dijo contra su frente para después besarla allí. La chica sonrió un poco.

Cheryl salió poco después y preguntó con extrañeza qué era lo que estaban haciendo sentados en el suelo. Ambos se pusieron de pie y los tres se marcharon a desayunar.

Henry podía entender perfectamente porque a Tonks le gustaba Lupin, en serio. Después de todo, él mismo había sentido una instantánea admiración por él. Aunque claro, eso no había llegado tan lejos como lo que su amiga sentía por el profesor.

Esa mañana las primeras dos horas de clase eran de Defensa Contra las Artes Oscuras y Henry había dedicado los primeros quince minutos a observar a su profesor con más detenimiento que nunca. El hombre estaba hablando sobre un hechizo, pero él no ponía atención a nada de lo que decía.

En un lapsus de quince horas la forma en que veía a Lupin había cambiado al menos un par de veces. Antes de haberlo visto abrazando a su amiga era simplemente el amable y dolorosamente cálido profesor al que admiraba y veía como una figura a seguir. Después del abrazo, sin embargo, la idea de que el hombre estuviera jugando con Tonks le molestó mucho y no le permitió conciliar el sueño con facilidad. Había estado realmente cerca de que comenzara a detestarlo, pero ahora…

Suspiró y volteó a ver a Tonks. Ahora volvía a ser simplemente el amable y cálido profesor de siempre después de lo que su amiga le había dicho cuando la confrontó. Merlín, a quien detestaba un poco era a sí mismo por haber sido tan directo y haber demandado respuestas que no le correspondían. Sin embargo, las circunstancias no eran mucho mejores sólo por saber que entre su amiga y el profesor no existía lo que él había imaginado… que había sido una relación romántica o algo por el estilo. Aún quedaba por considerar lo que ella sentía por Lupin… y lo qué él sentía por ella.

Recordaba bien la forma en que Lupin la abrazaba. Y podría apostar lo que fuera a que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras sentía algo por su mejor amiga. Algo, no sabía qué, pero existente e importante.

La clase terminó al cabo de dos horas y el profesor los despidió con su característica sonrisa amable. Henry comenzó a guardar sus cosas cuando distraídamente volteó a ver al profesor Lupin. Su atención en él no había durado más de un segundo de no haber notado la delicada mirada furtiva que el profesor mandaba en dirección a Tonks.

Era tal la ternura con la que la miraba, como si esos quince segundos en que se permitió poner sus ojos sobre ella fueran los mejores de su día. Como si el colorido cabello de la chica coloreara su propio mundo. Fue entonces que recordó un día en particular de finales del año pasado, cuando los cuatro amigos reproducían la música de Isaac en un pasillo del séptimo piso, cantando y bailando como si sus vidas dependieran de ello. Lupin se había acercado hacia ellos con curiosidad y Tonks lo había convencido para que bailara con ella.

Maldición, eso había pasado frente a sus narices y sólo ahora lograba identificar algo que le había parecido curioso mientras los observaba bailar, pero a lo que no le había prestado demasiada atención y eso era la familiaridad que parecía existir entre ambos. En su momento creyó que quizá se debía a la personalidad serena y amable de Lupin, y la facilidad de Tonks para conectar con cualquiera. Pero por supuesto, había sido algo más que eso… y no lo había notado.

Pero ahora estaba más claro que nunca, y no pudo hacer nada para evitar la tristeza que lo cubrió por completo mientras salía del aula junto a sus dos amigas.

– Tonks y Lupin – fue lo primero que salió de los labios de Henry cuando se encontró con Isaac afuera de un aula del quinto piso tras media hora de que se hubiera terminado la última clase.

– Hola a ti también – Se extrañó Isaac – ¿Qué con ellos?

Pero el chico no respondió, señaló con la cabeza a la puerta del aula y animó al otro chico para que entrara en ella.

Tonks y Lupin – repitió el muchacho de cabello castaño en un tono de voz más alto que la primera vez mientras le daba la espalda a su novio. Buscaba en su cabeza las palabras adecuadas para explicarle todo lo que había descubierto en el día.

– Oh, ya… eso.

Henry se detuvo en seco. Había algo interesante en el énfasis que Isaac había puesto sobre la última palabra. Se giró para verlo.

– ¿"Eso"? ¿Qué quieres decir con "eso"? – Henry pregunto, pero el otro chico no necesito responderle para llegar a una rápida conclusión –. Ya lo sabías – susurró –. Sabías que hay algo entre Tonks y… y él.

– Bueno… – Isaac titubeó.

– ¿Ella te lo contó?

– ¿Te lo contó a ti? – el muchacho de pelo negro lo miró con sospecha.

– ¡Pregunté primero!

– Si, pero quizá sé más cosas que tú y si contesto podría decir algo que ella no quiera que sepas, ¿sabes? – Isaac razonó –. Es mi amiga.

Henry enarcó una ceja.

– Y yo soy tu novio.

– Mmm… si, y eres realmente lindo, pero ella sigue siendo mi amiga – el otro chico sonrió. Henry bufó y se sentó en una silla. Hubo silencio hasta que Isaac lo rompió –. No me contó nada, Henry, yo lo descubrí y le deje saber que me preocupaba… y lo que supe después fue que no había nada de qué preocuparme. Pero es triste, ¿sabes?…

Henry alzó la mirada hacia su novio. Isaac había torcido sus labios en una pequeña y triste mueca.

Si, él sabía a qué se refería.

– Lo son todo para el otro… pero en realidad no son nada – Henry murmuró –. Estaba molestó, Isaac. Pensé que, una vez más, Tonks estaba haciendo algo que no debería y de cierta forma es así, pero esta vez no se trata de ella actuando impulsivamente. Esta vez… maldición…

– Esta vez está haciendo todo lo posible por no actuar impulsivamente y eso le duele – Isaac continuó por él, entendiendo de inmediato hacia donde quería llegar –. Lo curioso es que, conforme más se opone a actuar impulsivamente, a dejarse llevar por lo que siente por él… más lo quiere. Y es por eso que es tan triste, porque pase lo que pase, no van a ganar – finalizó el chico de Slytherin mientras acercaba una silla hacia su novio, la ponía frente a él y se sentaba.

– Detesto esto – suspiró Henry, encorvándose ligeramente.

– También yo.

– ¿Desde cuándo lo sabes? – le preguntó al cabo de unos segundos.

Isaac pareció sonreír al recordar.

– Desde que los vi bailar.

Isaac lo había notado, ¿pero no él?

Henry frunció el ceño ante eso.

– Te detesto.

Su novio sonrió más. Comenzó a acercarse hacia él hasta poder depositar un pequeño beso en su frente.

– Eso no es verdad.

Él estaba en lo cierto.

Tonks no tocó al despacho de Remus cuando llegó. Abrió la entrada de su habitación, en donde el hombre se encontrada sentado con la espalda en la cabecera de la cama. La pequeña habitación la iluminaba una vela que tenía justo al lado, sobre la mesa de noche. Tenía un libro abierto entre sus manos, del que despegó la mirada en cuanto la vio entrar. Sin decir hola o algo por el estilo, Tonks se quitó los zapatos, se subió a la cama y se sentó al lado de Remus para poder descansar la cabeza sobre su hombro.

– ¿Estás bien? – lo escuchó preguntar con voz gentil.

– Ajá.

Remus cerró el libro, lo dejó sobre su regazo y con una mano levantó suavemente el mentón de la chica. La miró a los ojos.

– ¿Segura?

Ella sonrió un poco y asintió. Remus quitó su mano y rodeó a la chica con ambos brazos en un cálido abrazo. La besó en la coronilla y Tonks se permitió suspirar profundamente mientras lo abrazaba de vuelta.

Le había afectado un poco la forma en que Henry la había abordado esa mañana. La había entristecido admitir en voz alta que no tenía importancia nada de lo que sintiera por Remus. Lo único que quería era abrazarlo y permitirse creer, por unos instantes, que nada de lo que sentía por él estaba mal.

Remus estaba acostumbrado a que Tonks no apareciera por semanas enteras en su despacho debido a la tarea que tenía o por cualquier otro motivo. También estaba acostumbrado a que la chica se presentara de repente, y cada vez que eso sucedía, el tiempo se detenía. Si, era cierto que aún se la encontraba en los pasillos y en clases, pero nada se comparaba como su compañía durante largas horas o las platicas infinitas que de alguna u otra forma siempre terminaban en risas.

La semana previa a su cumpleaños fue una de esas en que la única interacción que mantuvo con ella fue un par de sonrisas en los pasillos del colegio. Aunque la extrañó, también entendía perfectamente que no fuera a verlo. El día de su cumpleaños, sin embargo, tuvo de ella más de lo que podría haber deseado.

Después del desayuno tuvo clases con los chicos de Hufflepuff de quinto grado. Al finalizar la clase, Tonks se esperó a que todos sus compañeros (incluidos sus dos amigos) se marcharan para acercarse a su escritorio. La chica echó un vistazo sobre su hombro para después mirarlo con una sonrisa alegre en sus labios.

Y Merlín, su sonrisa lo iluminaba todo.

– Feliz cumpleaños, Remus – dijo. Parecía debatirse entre si debía abrazarlo o no, y al final se decidió por lo primero. Le dio un rápido abrazo y un rápido beso en la mejilla –. Tengo una tarea para ti – dijo apenas se separó de él. Remus alzó las cejas.

– ¿Y eso consiste en…?

– No vayas a tu despacho después de que terminen las clases. Ve hasta que sean las diez de la noche, ¿de acuerdo? ¡Oh! Y toca cuando llegues. – dijo la joven comenzando a retroceder hasta su asiento para coger su mochila –. Nos vemos.

Y sin más, se marchó.

¿Qué se traía entre manos?

Durante el resto de la mañana su mente se dividía entre sus clases y lo que fuera que Tonks estuviera tramando, pero para cuando llegó la tarde ya se había olvidado por completo de la chica. Sin embargo, cuando finalizó la última clase y se disponía a ir hacia su despacho, recordó que no podía en ese momento, así que abrió un libro y lo leyó hasta que decidió ir a cenar. Ya en la mesa de los profesores se permitió mirar hacia la mesa de Hufflepuff en búsqueda de alguna cabellera colorida, pero no encontró a Tonks por ningún lado.

Después de cenar fue a la biblioteca y estuvo allí hasta que el reloj de la señorita Pince marcaba cinco minutos para las diez. Finalmente.

Se encaminó hasta su despacho y cuando llegó a la puerta, tocó. Sólo unos segundos después Tonks abrió y a Remus no le pasó desapercibido que la chica pareciera querer ocultar algo adentro, porque el hombre lo logró distinguir nada ante la rapidez de ella para salir.

Remus se cruzó de brazos mientras le lanzaba una mirada que demandaba explicaciones. Ella lo entendió, porque rodó los ojos.

– Ya verás. Vamos, cierra los ojos – le dijo. El mago negó divertido con la cabeza, pero obedeció y se dejó guiar por la chica dentro del despacho –. No los abras ni un poco. Eh… un poco a la derecha, por favor. Sip… ¿puedes agacharte y gatear un poco hacia adelante?

– ¿Gatear? – se extrañó Remus.

– ¿Si? Sólo un poco.

El hombre hizo lo que le pidió e intentó de verdad no abrir los ojos pese a que la curiosidad que sentía incrementaba a cada segundo. Al agacharse y poner sus manos sobre el suelo, sus manos no tocaron el suelo de piedra como esperaba que pasara, sino una tela delgada y suave.

– Detente allí… espera – murmuró ella y a continuación escuchó que la entrada a su pequeña habitación se cerró –. Ahora acuéstate.

– Tonks…

– ¡Vamos, Remus! – la chica exclamó cerca de él.

Se acostó bocarriba.

– ¿Y ahora…?

– Ahora abre los ojos – dijo ella con dejo de excitación.

El hombre obedeció una vez más y lo que sucedió frente a sus ojos lo dejó sin habla. Las paredes estaban cubiertas de cobijas y sabanas, todas ellas de diferentes colores, aunque con una predominancia del color azul. Y sobre sus cabezas, había una escena de estrellas, algunas más cercanas que otras. Lo más sorprendente era que no parecía haber un techo sobre ellos, pero si un cielo nocturno dentro de la habitación. Y en el fondo, o arriba, o al final (era difícil saber qué expresión era la correcta), estaba la luna… una luna llena.

Remus se enderezó lentamente, absorto y fascinado.

Una noche estrellada y de luna llena dentro de su habitación…

– Es una simulación… – escuchó a Tonks a su lado. La chica también estaba sentada, pero en lugar de mirar hacia arriba, lo miraba a él –. Más o menos… – y como si decidiera que necesitaba explicarse, se quitó los zapatos, se puso de pie y subió a la cama. Remus la observó tocar algunas de las pequeñas estrellas desde su sitio en el suelo.

Se quitó los zapatos y se subió con ella. No podía creerlo… sabía qué encantamiento había empleado la chica, pero estaba sorprendido con que hubiera logrado crear una escena tan realista, porque ahora estaba de pie en medio de diminutas estrellas que flotaban a su alrededor. Levantó la mano y al tocar una con uno de sus dedos, ésta brilló un poco más. Alejó su dedo. Merlín…

Miró a su alrededor con una sonrisa para finalmente poner su atención en la chica frente a él, quién ya lo miraba.

– Es increíble – le dijo él –. Gracias.

Tonks respondió con una sonrisa, se bajó de la cama y fue a coger de la mesa de noche un pastel en el que Remus no se había fijado. Se sentó con la bandeja frente a ella en la cama y él la imitó. Prendió las velas con su varita y volvió a mirar al hombre.

– Pide un deseo, Remus.

Pero Remus no pidió nada cuando sopló las velas. Una parte de él se negaba querer más de lo que la vida la daba… y otra parte de él sabía que todo cuanto deseaba ya estaba en esa habitación con él.

Las vacaciones de Semana Santa les sirvieron a Cheryl, Henry y Tonks para ponerse al corriente con sus deberes, pero no podían quejarse después de ver la cantidad de deberes que tenía Isaac. "Es lo que hay…" había murmurado el chico de Slytherin un lunes por la mañana después de haber pasado horas enteras en la biblioteca.

La final de Quidditch se llevaría a cabo el primer sábado después de Semana Santa y todos estaban emocionados y nerviosos por lo que pudiera pasar en el partido. Sería entre Slytherin y Gryffindor, y las otras dos casas del colegio estaban apoyando completamente a Gryffindor. El día anterior al partió Cheryl le preguntó a Isaac si se sentaría con el resto de los de Slytherin a apoyar a su casa o si prefería sentarse con ellos.

– Creí que había dejado claro que no me importa la rivalidad que existe entre las casas.

Y si por si no le había quedado claro, el sábado por la mañana lo encontraron en el vestíbulo para ir hacia el campo de juego con un letrero que decía "¡Vamos, Gryffindor!". Cheryl no podía dejar de reír cuando vio que algunos chicos y chicas de Slytherin miraban desdeñosamente al mayor de sus amigos, quien sostenía con orgullo el cartel.

– Amo a un tonto – sonrió Henry, quien llegó un par de minutos después a su encuentro porque no podía encontrar uno de sus zapatos.

– Y que lo digas – dijo Cheryl cuando pudo dejar de reír.

Y los cuatro amigos se encaminaron hacia el campo de Quidditch.

El partido comenzó quince minutos después de que lograran encontrar un sitio en las gradas, y fue el juego más sucio y bárbaro que hubieran presenciado desde que entraron al colegio.

– ¡Esto no puede ser legal! – dijo Cheryl, apenas audible por el bullicio y los gritos de excitación y enojo que surgían de todas partes. Los jugadores de Slytherin aprovechaban cualquier oportunidad para golpear a los del quipo contrario y de vez en cuando los gemelos Weasley les devolvían las jugarretas.

– ¡Eso qué importa! ¡Esto es increíble! – exclamó Isaac sosteniendo su cartel en lo alto. Henry parecía de la misma opinión, porque miraba con fascinación las jugadas. Tonks jamás había entendido del todo el amor hacía el Quidditch, pero estaba claro que ese partido sería memorable en años venideros.

Hubo un momento en que parecía que Harry había visto la snitch. El chico se precipitó en picada, pero cuando estaba a punto de alcanzarla, el buscador del otro equipo, Malfoy, sujetó la cola de la escoba de Harry para impedir que la agarrara. La snitch volvió a esfumarse y las gradas se llenaron de gritos furiosos por parte de la mayoría del público, pero por vítores animados por parte de los de Slytherin.

Y por si su cartel no fuera aún prueba alguna de que no le importaba la casa a la que pertenecía, Isaac estaba parado en su asiento mientras gritaba con desaire al buscador de Slytherin.

Cuando el marcador marcaba 80 a 20, favor Gryffindor, Harry volvió a dirigirse en picada en la dirección opuesta en la que estaba. La atención se centró en él y en Malfoy una vez más. Y entonces, sucedió…

Gryffindor ganó. Las gradas rugieron en gritos y canticos de victoria. El capitán del equipo de Gryffindor abrazaba a su buscador mientras lloraba. Isaac lanzó su cartel al aire para poder abrazar a Cheryl mientras saltaban efusivamente. McGonagall también lloraba y había rostros sonrientes donde quiera que Tonks mirara. Como en muchas otras ocasiones, la chica busco el rostro de Remus y lo encontró un par de gradas más arriba. El hombre miraba hacia el campo, exactamente hacia donde Harry estaba. La sonrisa orgullosa en sus labios lo decía todo.

Remus algunas veces hablaba de sus amigos, y sabía que había sido muy unido a los padres del chico. También le había contado de lo feliz que había estado por verlo después de tantos años, ya que la última vez que lo había visto era sólo un bebé. Debía ser agradable ver el grandioso trabajo que había hecho durante el partido y más aún verlo triunfar…

Tonks pensó que así era como se suponía que la vida fuera. Los buenos ganan, la gente se reencuentra y todos festejan el triunfo de otros. Era simplemente hermoso.

Nada podría salir mal, ¿cierto?