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Horarios

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La universidad es conocida por la gran cantidad de tiempo que demanda, como tú y Haru han podido comprobar. Y es ésta misma falta de tiempo que no les deja pasar tiempo como pareja. Cuenta la leyenda que antes de todo eso, ésas noches tenían lugar por lo menos tres veces a la semana.

Pero, como dije, sólo cuenta la leyenda, ya que esas noches desaparecieron entre llegar tarde, clases machacadoras, entrenamientos intensivos... y Makoto.

Éste día saliste temprano y decidiste esperar en el departamento de tu ~chef- de medio tiempo-novio-tiempo completo~ (que también era de su mejor amigo) que no había llegado aún. Cuando llegó, te saludó depositando un beso en tu cabeza.

-¿Qué tal…?- Repentinamente alcanzó tus labios dejándote con la pregunta aún en la boca. A pesar de haber sido novios durante dos años, sus besos son algo que no tienen comparación ni tampoco un tipo de rutina o tiempo. Desde que recuerdas siempre te ha tomado por sorpresa.

Lentamente succiona tu labio inferior y al separarse, revuelve tus cabellos con sus ojos azules fijos en los tuyos. Entra a la cocina y saca lo que hay que calentar del refrigerador.

-El entrenador nos dejó salir antes.- explica mientras prende fuego. – Creo que por su aniversario.

-Oh. Pues, que bien.- Se te hace extraño que su entrenador haya hecho eso porque las veces que acompañaste a Haru no te quedó la menor duda de que ése tipo no tiene consideraciones por nadie. Como sea, antes de pensar más en ello Haru te tiende tu plato.

Te sientas en la pequeña sala mientras tu novio se apretuja a tu lado. Las voces de los que están en la tele los distraen mientras cenan. Entonces notas que falta el plato de Makoto que no habías visto siquiera en la cocina. Se te hizo raro. Makoto siempre pasaba a cenar.

-¿Makoto no vendrá?-

-Más tarde. –murmuró Haru al cabo de unos minutos en los que había fruncido los labios. Pero siguió mirando el televisor. Insistes con tu mirada a la que él te responde de reojo, sabiendo que pides una explicación. –Tuvo que salir hoy.- da por toda respuesta para seguir comiendo. Hubieras jurado que eso era normal, casi normal, de no ser por que Haru estaba notablemente tenso y Makoto te habría avisado también.

-Oh…- sentías que te estaba ocultando algo pero Haru era un misterio con patas así que no le diste importancia. Platicaron un poco sobre su día y al final sobre el día siguiente sobre si podían verse o no por las clases. Verse solo al inicio y final del día resultaba agotador y a ambos les sobraban ganas de verse más tiempo.

-A este paso no vamos a poder vernos nunca.

-Depende.-

Volteas en su dirección. ¿Depende de qué? Te preguntas, pero lo único que parece fungir de respuesta es la forma en que te besa, una mezcla de calma, paciencia y tranquilidad con pasión y devoción al estilo-Haru.

-Makoto tuvo un cambio de horarios- apenas lo escuchas entre los besos que se dan –varias horas y tres días a la semana.- sus dedos a lo largo de tus piernas te hacen sonreír.

No comprendes a dónde quiere llegar. ¿Qué tienen que ver los horarios de Makoto con los de ustedes?

-Son días…horas, en los que solía estar con nosotros…- enredas tus dedos en las hebras negras de él. Sus manos están en tu espalda y ambos han acabado recostados en el piso. –Hoy es uno de esos días.-

Bingo.

Ahora que recuerdas, las veces que Haru y tu tenían algún día libre Makoto los acompañaba, al igual que en algunas horas libres. Y las piezas encajan en tu cabeza: no habías visto espacios en los que sí estaban juntos, pero por la presencia de cierta persona no los notabas; no porque resultara esta, si no porque no les daba ése espacio que ambos anhelaban y anhelan.

Internamente le agradeciste a Makoto, aunque no supieras muy bien qué había hecho que "Mako-chan" cambiara de horarios. Seguramente había una mirada silenciosa de Haru implicada en ello.

Pero dejaste de pensar en eso cuando las manos de tu novio volaron hasta tus caderas, haciéndote sentir escalofríos en el proceso. Tu sudadera –holgada como te gusta- pronto abandonó tu cuerpo. Luego la remera de Haru le siguió. Las palabras sobran –siempre lo hacen- puesto que Haru es más de demostrar con sus manos que… DIOS…que con otras cosas. Lo dijo Nagisa una vez: "Haru-chan siembre ha sido muy bueno con las manos."

"No sabes cuánta razón tienes, Nagisa…" fue tu último pensamiento antes de que tus dedos se detuvieran sobre la goma elástica del bañador de Haru, mientras éste inyectaba placer con cada beso sobre tu piel.

El recordatorio de agradecerle más tarde a Makoto quedó hasta el fondo de tu memoria cuando dos dedos del joven sobre ti presionaron un lugar en específico en tu muslo. Un pequeño grito y Haru sonrió. ¿Cómo podía Haru sonreír de lado de manera tan sensual mientras tú te estabas muriendo con un simple toque?

Ah. Pero la venganza es dulce. Relajaste tu rostro hasta no dejar que una pequeña sonrisa se moviera tus mejillas. Ni tus ojos pestañearon de más o tus labios se fruncieron. Parecía que no sentías nada pero sin ser indiferente. Haru se dio cuenta relativamente rápido.

-¿Sucede algo?-

-En realidad, no. Nada.- murmuraste con una voz que al escucharte Haru flipó. – Pero creo que ésta vez me toca arriba. – entrecerraste los ojos y con las manos sobre el cuello de Haruka comenzaste a empujarlo hacia un lado hasta que cayó sobre el sofá. Sonreíste. Él pasó saliva notablemente.

De manera lenta, con sus manos sobre tu cintura, tu lengua tuvo un largo recorrido desde tu clavícula hasta su abdomen, por el que dejabas varios besos hasta llegar a la parte más importante donde te detenías y sólo tus labios rozaban.

Cuando veías a Haru nadar creías que no había nada más hermoso o perfecto. Pero más allá sabías que él era bello por el simple hecho de ser quien era. Y claro que también pensabas que era perfecto cuando lo escuchabas gemir por tu causa.

Sus manos buscaron las tuyas y se entrelazaron. Poniéndolas sobre su cabeza se las arregló para sujetarte con una de ellas mientras con la otra te provocaba escalofríos al jugar con los tirantes y el broche de tu sujetador.

Por un momento pensaste que la calma que manejaban era rara; el no haberse visto por meses por lo general tendía a terminar en una fuga de pasión incontrolable. Pero todo iba muy tranquilo, desde cómo jugaban los dos con el cuerpo del otro hasta que entró en ti y no se detuvieron.

Ah, claro. El preservativo, el preservativo. No hay que omitir eso. Y sus dedos contando tus costillas después de que acabaron. Y volvieron a empezar. Y tus piernas enredadas con las suyas, tus manos aventurándose más allá de su cadera o esos pectorales que no podías decir que no habías extrañado.

Habrían comenzado una tercera vez de no ser por la puerta que se abrió dejando ver a un Makoto con los colores pasándole por la cara a una velocidad vértigo. Bueno, Haru había dicho que llegaría tarde. Y así fue.

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/u/ Mil trescientas cinco palabras *se siente muy feliz* Besos de chocolate /u/