Notas, disclaimer, algo que decir:
Fue un capitulo difícil.
¿Cómo describir cosas de una forma que llegue?
Lean y averigüen como lo solventé.
¿Dé que color es el amor que sientes?
Vigésimo primer pergamino
De la libertad
Sabía que debía rezar, pero no encontraba las palabras adecuadas. Uno de aquellos soldados apareció en la celda al día siguiente con actitud expeditiva.
-Señor, acompañadme.
El otro séquito de monjes se cernieron a su alrededor apenas salió del calabozo. Eren veía en sus ojos la sombra de muerte, de su muerte, y supo que en esos momentos ninguna otra cosa los satisfaría. El día era alegría en compañía del sol y una suave brisa acarició el castaño cabello. Una cuadrilla de hombres con indumentarias de verdugos y las picas apuntadas hacia el suelo le aguardaba para escoltarla.
Toda la ceremonia propia de la ejecución de un traidor estaba ya preparada.
Rodeado por la guardia, Eren salió por la puerta principal. Los seguía una larga hilera de monjes y caballeros. En el patio los recibió la exaltada multitud.
-¿Dónde está Erwin, Armin o la reina?- preguntó el ojos verdes con una débil voz.
-Por su culpa, han sido capturados por órdenes del rey.
Eren se sumió en una depresión mucho mayor. Todo lo que amaba o estaba relacionado con él se dañaba. Calló ya su última voluntad. A su vez, su aparición desató una oleada de incontenibles remordimientos.
-¡Es el rey!
-¡Mirad qué han hecho con él!
-¡Lo llevan a la hoguera!
Unos cuantos espectadores, hombres y también mujeres, trataron de romper el cordón formado por la guardia y fueron repelidos sin contemplaciones. Con gritos y lamentos, la multitud lo siguió hasta el exterior del castillo y luego por la amplia calzada.
-¡Mi señor! ¡¿Quién velará por nosotros en adelante?
-¡Dioses! ¡Escuchad nuestra plegaria! ¡Salvad al rey!
Ahora toda la gente del pueblo había salido ya de sus casas y, sollozando y coreando su nombre. A Eren se le cautivó el corazón y pensaba en lo hermosa que era su gente que ahora quedaban en manos de un clérigo oportunista y salvaje.
Fuera del pueblo, en el nivelado campo de liza, se alzaba una alta estaca, recortándose su negra silueta contra el cielo. En la base había oscuros haces de leña apilados. Cerca, dos fornidos monjes preparaban afanosamente las antorchas junto a la cuba de brea.
A Través de un claro abierto entre las nubes, se veía una franja en el cielo con tonos rojizos por un sol acalorante y sanguíneo. El río que discurría por el llano, los lejanos bosques y el horizonte estaban bañados en ámbar y en oro.
Eren percibió la belleza de la vida como nunca antes, y el terror de la muerte cayó sobre él, anegando su mente. Le temblaban de tal modo las piernas que apenas podían caminar, y tenía el corazón contraído como un puño de piedra.
"Si me desplomo aquí, en el camino tendrán que llevarme a rastras hasta una pira. No, No puedo dar un espectáculo, así.
No puedo dar un espectáculo así. Soy el rey"
Las ásperas cuerdas se le hendieron en las muñecas, los tobillos y el cuello. Desde allí arriba, el mundo se reducía a un mar de coronillas tonsuradas. Eren apenas podía ver a los caballeros al entre la multitud. Eren observó como sus queridos ciudadanos se abrazaban unos a otros, incapaces de hacer nada por su Rey. Incapaces de salvar a su protector. Ya en ese estado, Eren estaba abstraído de la vida, como si un muerto fuere.
-Caballero Eren Jaeger, no Rey. Es hora pues que cumple su condena.-Comentó el monje Khalos. Eren reaccionó con el último intento de sobrevivencia pero se vio atado de pies y manos; Inmovilizado sin percatarse.
-¿Qué?- preguntó
-¡Encendedla!
Un antorcha pequeña pero con una ávida llama entró en contacto con la preparada debajo de Eren. La altura era como de metro y medio distante del suelo. Pasaría como diez minutos antes que alcanzare al rey. Los guardias cruzaron sus picas y entrelazaron los brazos, esforzándose por contener a la muchedumbre encolerizada. El gritería se hizo ensordecedor en búsqueda de los últimos vestigios de conciencia por parte de un clérigo abominable. Eren admiró la llama encendida a poco de él y un clamor de vida inundó su pecho. El rey era un humano con razón y como tal, se aferraba a la vida.
En eso, el llanto de un niño atrajo su atención trayendo recuerdos de Imre cuando era pequeño.
-Mi hijo… -Empezó a decir lentamente debido a la atadura de su cuello. Tomó fuerzas de su aliento y continuó- ¡Por favor! ¡Todos habitantes de Alles! ¡Proteged a mi hijo, el Rey Imre! ¡No os preocupéis por mí, esta noche pasearé por el mundo que se extiende más allá de las estrellas! ¡Madres! Iros con sus hijos, no dejéis que vean este acto! ¡No dejéis que se envenenen el corazón!
Eren notó el ascenso del aire caliente preparando su mortal fin. El clamor de la muchedumbre adquirió un tono más agudo, como el lastimero gemido del viento. La leña crepitó y el fuego saltó de haz en haz, desprendiéndose de cada uno de ellos una cegadora columna de humo gris.
El grito fue ensordecedor. Surtidores de chispas se elevaban desde el fuego, y una densa humareda envolvió a Eren, ocultandolo a la vista. Le escocían los ojos, la nariz y la garganta. Estaba asfixiándose.
Poco a poco iba muriendo.
Tosió exasperado. Sus pulmones buscaban aire pero solo inhalaban uno gris y venenoso. ¡Qué horrible era aquella pena para morir! Agradeció de repente que su padre perdonara las feas torturas de muerte, otorgándole trabajo forzado y artístico a los culpables.
El Señor Oscuro, según decían, acudía en busca de sus elegidos. Aparecía al galope en su corcel negro y se llevaba al Otro Mundo las almas. Eren, en su agonía esperaba por el señor oscuro.
Sus ojos se turbaron en lágrimas, le ardía el pecho y le corría fuego por las venas. El humo lo cegaba y ya apenas podía respirar.
Ya que el Señor Oscuro se aproximaba, estaba Eren listo a abandonar su cuerpo. El chacoloteo de los cascos sonó junto a una pira, el antiguo rey percibió una nueva presencia en la plataforma, agitando el aire. Una silueta oscura se acercaba a través de las arremolinadas columnas de humo. Empuñaba un cuchillo y Eren supo que le cortaría la garganta, ya que si vida era el sacrificio que había ido a reclamar. Cerró los ojos como última voluntad
"¡Hundid el filo en mi carne, Señor"
Notó la fría hoja en el cuello y aguardó el golpe final.
Sintió un apresurado beso y escuchó las entrecortadas palabras del ángel de la muerte. La más maravillosa voz para despedirse de este mundo
-¡Eren! ¡Resiste!
La voz de Levi Rivaille le daba ánimos frente a él. Las suaves palmadas de Levi Rivaille lo desperbana de un posible desmayo próximo. Los labios de Levi fueron aquellos inquietos que los salvaban de la muerte.
-¡Despierta, Eren! ¡Joder! ¡Despierta!
Eren sintió desprenderse la cuerda que le oprimía el cuello. Una mano le sacudía bruscamente el hombro y, detrás de él, un cuchillo cortaba las otras cuerdas.
-Su alteza, mantened las manos hacia dentro. La hoja está muy afilada. - Decía la dulce voz de Isabel.
"Levi"
Con mucho esfuerzo, abrió los ojos al llamado del pelinegro. Halló sus ojos grises preocupados, con el rostro ennegrecido por el humo y el yelmo salpicado en sangre.
-Mantén tus manos hacia dentro. La hoja está afilada- Dijo Levi con claro alivio en su rostro. Luego lo tensó nuevamente.
Una impetuosa sensación de fuerza recorrió sus venas. Encogiendo los puños, rompió las hembras restantes para percatarse que Levi cortaba con gran agilidad las cuerdas de los tobillos. Al cabo de un momento, Eren quedó libre.
-¡Por aquí!- escuchó la voz de Erwin a su derecha. También él era libre.
Levi tomó a Eren por la muñeca y la arrastró hacia el borde la plataforma. Abajo, en el tumultuoso revoltijo, caballeros montados peleaban contra monjes y caballeros en tierra. Entre el humo y las llamas, tan cerca del fuego como le era posible, Armin aguardaba en su montura sujetando el caballo de Levi y de Erwin. A su lado, Isabel, Hanji Y Farlan peleaban para repeler ataques.
Sin vacilar demasiado, saltaron sobre los caballos.
Eren sintió el pelo fuerte del animal y suspiró largas bocanadas de aire. Había escapado del círculo de leña en llamas, estaba fuera, vivo y a casi salvo.
Pero enseguida advirtió que se encontraba en medio de otra clase de infierno. El fragor de las armas, los aullidos de cólera y los gritos de dolor vibraban en el aire mientras los caballeros de Alles batallaban para abrirse paso entre la apiñada multitud. Los hombres de la guardia ofrecían escasa resistencia, y muchos se regocijaban abiertamente de su huida. En cambio los monjes, pese a estar desarmados, peleaban como posesos, cogiendo troncos encendidos de la hoguera para atacar a caballos y jinetes, derribando a los caballeros de sus sillas y golpeándoles brutalmente una vez caídos.
-Vámonos Eren- Dijo Levi blandiendo su espada y otorgándole otra al soberano. Eren admiró la escena en cámara lenta.
Todo eso era increíble.
-¡Caballeros!- rugió la voz de Erwin.- ¡Es ahora o nunca! ¡Tomad sus espadas y dejad Alles! ¡Alzad la voz en contra de un mandatario ofuscado y vivan sirviendo al señor!
-¡Adelante!- dijo sonriendo Hanji tomando velozmente su caballo. Obligando al caballo a volver la cabeza, se puso en marcha flanqueada por los sonrientes Farlan e Isabel. Seguidos de cerca con Armin, quien había aupado a la reina. Todos blandían sus espadas desenfrenadamente para abrirse camino entre la turbamulta
Aferrado a su caballo, evitando desmayarse o algo similar, Eren trataba de no ver aquel combate por donde le habrían paso. Pero sí lograba ver las víctimas de la irracionalidad de su castigo.
"Imre, hijo mío"
Y aunque Eren no lo notara, Levi iba extremadamente pendiente de su salud y velando por su protección. Con un grito triunfal, el pelinegro traspasó la última fila de guardias y espoleó al caballo hacia el llano abierto. Enfrente se extendía el bosque, y más allá un camino sin obstáculos, la posibilidad de huida y la libertad, todo lo que Eren podía haber deseado. Tosiendo, se agarró con fuerza al caballo mientras la desordenada formación avanzaba a todo galope.
-¿Adónde vamos? -preguntó la voz agotada de Eren por encima del trepidante ritmo de los cascos del caballo.
-Por ahora, a un punto en el bosque del oeste. Allí está la campaña de resistencia.
-Pero. ¿Y luego?- volvió a preguntar el rey.
-Al mundo.- Dijo Levi muy seguro de su respuesta. Sólo pensaba que Eren estaba libre, que podría tocarlo y amarlo cuanto quisiera. Qué disfrutaría de la persona que ama. Prosiguieron su veloz viaje en sollozando de alivio, riendo de satisfacción. Levi, como desde un principio, cabalgaba a un lado de Eren sin dejar de vigilarlo.
-Su alteza. Descansemos- sugirió Armin viendo el estado de Eren.
-No, vamos.
-Erwin- dijo Levi a su otro lado- ¿Hay noticias de mi hijo?
El rubio negó con la cabeza antes de afirmar: "Seguiremos preguntando hasta que alguien sepa de él"
-Siento ser una molestia, Levi- susurró Eren. El sol le drenaba las fuerzas.
-No repitas eso- dijo seriamente el aludido mientras continuaban el camino. - Tu eres la razón de mi vida.
En el fondo, de algún lugar del recóndito corazón de Levi Rivaille, sabía que algo pasaba con su hijo. Imposible que desapareciera de la vida de todos sin más. ¿Cómo es posible que Erwin no sepa?.
Si. Si sabia. Pero aquel no era el momento para confesar la verdad.
Prosiguieron su veloz viaje en la oscuridad, sollozando de alivio, riendo de satisfacción. Y en el atardecer de lo que sería un bello día lleno de gloria. Llegaron al campamento donde fueron recibidos con vítores y alegría.
Habían salvado al rey a punto de morir
-Eren. Hemos llega.. ¡Eren!
El cansancio hizo estragos con el rey, quien cayó del caballo con brusquedad siendo rápidamente atrapado por los brazos de Levi. Cómo era bajo de estatura, el pelinegro se comportó como un apoyo cargando el peso total del ojos verdes.
-¿Podremos celebrar Levi?- preguntó Farlan, ayudando a aquel que consideraba su hermano.
-Si. Ayúdame a poner a su alteza en mi tienda. Yo lo cuidaré y da órdenes para que nadie se acerque hasta que él se recupere. Mientras tanto, beban las provisiones. Mañana no estaremos aquí.
-¡Si señor!- sonrió Farlan con ánimo.
Con cuidado depositaron al rey en la cama del élite. Eren ardía en fiebre y dormitaba. Pero estaba vivo. Rivaille agradeció a los dioses por admirar a su amor sano, en sus brazos.
Una promesa surgió del fondo de su corazón. Una promesa donde protegería cada aliento de Eren.
El tiempo dió pie al inicio de la celebración, donde comida y bebida alegraron el corazón de los cansados soldados. Muchos durmieron, otros simplemente se unían a la fiesta para poder comer con gozo.
Era un fiesta de libertad en muchos sentidos.
Pocos eran los soldados que no estaban tan activos participando. Erwin y Armins guardaban un secreto espeluznante.
Ethan se había ido a la fatídica campaña del norte.
-¿Cómo está la reina?- preguntó el líder élite a su compañero rubio.
-Descansa desde que llegó. Ella y su doncella guardan el sueño acumulado por varios días de suplicio.
-¿Hay noticias de Ethan?
-Sobre eso, no sé como decirle a Sir Rivaille…
El silencio se adueñó de la estancia mientras la música del festejo sonaba en el fondo. Erwin miró las siluetas bailar alrededor del fuego antes de continuar su oración.
-Entiendo como te sientes. Yo tampoco sé cómo contarle.
Eren se despertó agitado, sudoroso. La fiebre había pasado y ya era de noche. Escuchó algarabía de fondo y sintió como su mano era apretada por alguien. Levi también había despertado, pues había sucumbido bajo la fuerza del sueño de dos días sin dormir. Eren sonrió.
Eran libres.
Aún bajo los efectos del fuego y el terror a la muerte, el rey tosió y se abrazó a su soldado, tembloroso y necesitado de consuelo como un niño. Así que Rivaille le contó las circunstancias que lo llevaron a regresar en su ayuda, incapaz de marcharse u dejarlo abandonado a su suerte.
Todos los élites que huyeron con él insistieron que debían acompañarlo, y todos los caballeros secundaron la propuesta. Así que enviaron un paje con un caballo veloz para que les trajera noticias del castillo tan pronto como se conociera la suerte de Eren. Cuando se enteraron del castigo luego del juicio decidieron soltar a los soldados y formar aliados para el rescate. Lograron de milagro llegar a tiempo de arrebatar al ojos verdes de las llamas. Y agazapados a la espera en el linde del lejano bosque, no se atrevieron a abandonar su escondrijo por temor a atacar demasiado pronto.
—Me atormenta pensar el miedo que debéis de haber pasado — declaró Levi con firmeza, mirando con atención al otro hombre. Consciente de que el recuerdo ya nunca se borraría de su memoria. Pero Eren le acarició el brazo y le besó el rostro, pidiéndole que apartara esos pensamientos de su mente. Estaban juntos, y vivos, y con eso bastaba por el momento. A continuación, Eren se echó a reír con sinceras ganas pese al escozor provocado en su garganta por el humo, y suavemente saboreó el hechizo de sus labios.
-Tengo hambre, mi amor- dijo el ojos verdes sorpresivamente mientras sonrojaba al élite. Ante la inminente orden, salió el pelinegro en búsqueda de comida para él y para Eren.
Eren miró al techo de la tienda y, de alguna forma, se dejó caer por el pensamiento de la vida. Si Rivaille hubiera llegado unos segundos más tarde no estuvieran ahí, compartiendo una cena con tanta felicidad.
Pero ¿qué haría de ahora en adelante?
"Huir con Levi"
Sonrió ante la oportunidad magnifica de dejar todo atrás y lanzarse a la aventura del amor.
-Eren. Hay carne caliente y vino. Vamos a comer.
El beso de Eren lo recibió en la tienda. Rivaille casi deja caer la bandeja para poder besar los labios suaves de su amado rey. Con cuidado, tomó la mano de Eren y lo guió a la cama.
-Levi. Te amo tanto.- dijo Eren sonriendo amablemente ante su hombre. El pelinegro sonrió, haciendo vibrar el corazón del ojos verdes.
-Yo te amo mucho más de lo que crees.- dijo firme el pelinegro acariciando su cabello.
En verdad estaba tan feliz de conservar a Eren vivo y a su lado.
-Pero te suplico comamos. Necesitas estar fuerte.
-¿Para qué?
Rivaille empezó a comer con ganas dejando la respuesta al aire.
Estaban los dos en una tienda sin que nadie los molestara.
Era obvio.
El rey se sonrojó mientras comenzaba a comer. Apretó la mano de Levi.
Aquella era un noche de libertad.
